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San Andrés, más allá del sol y playa

La isla insignia de Colombia resurge con una oferta imperdible de restaurantes, actividades deportivas y turismo de naturaleza, sol y brisa incluidos.

Foto: Pixabay

Si por estos días tienes pensado irte de vacaciones al Caribe, debes detenerte y considerar a San Andrés, un destino que nunca pasa de moda. Aunque por décadas, esta bellísima isla ha estado en la mente del turista que busca ‘sol y playa’, lo cierto del caso es que la oferta va muchísimo más allá.

Luego de dos huracanes que destrozaron a Providencia y Santa Catalina –Eta e Iota-, y de las enormes pérdidas sufridas por la ausencia de turistas entre abril y septiembre ante la cuarentena extendida, parece que la mejor forma de devolverle algo de esplendor al archipiélago es visitándolo.

El esfuerzo inicial ha estado en cabeza de los hoteleros. Son ellos quienes reiniciaron actividades desde cero, literalmente con 0% de ocupación. “Abrimos no solo para impulsar la hospitalidad, sino además para reactivar la economía del Departamento alrededor del turismo”, declaró a la revista Gerente John May, gerente general del Hotel Brisa del Mar by Faranda.

Para reforzar su argumento, May dice que es imperativo generar confianza en el viajero, “con instalaciones bioseguras, con procedimientos de limpieza y desinfección exhaustivos y con estricto acatamiento a los protocolos del gobierno, de la industria y de nuestra cadena, Faranda.”

En este hotel, las camareras –ataviadas con trajes antifluidos, careta plástica y máscara facial-, llevan un equipo de aspersión con el cual desinfectan los colchones, almohadas, closet y baño una vez el turista abandona la habitación.

La situación no es diferente en la piscina, el restaurante, los pasillos y el lobby. El objetivo: conservar el distanciamiento social y generar espacios más seguros, más limpios.

“En medio de la pandemia, es una bonita sorpresa encontrar que San Andrés es un destino realmente bioseguro”, comentó Ismael Bedoya, un bogotano que llegó de vacaciones con su familia para “poner un granito de arena en la reconstrucción del tejido social, que depende casi al 100% del turismo”, dice.

En una línea similar se ubica Raquel Garavito, presidente de Fontur, para quien es importante impulsar el turismo alrededor de la bioseguridad. “Eso se logra articulando a los hoteles, los restaurantes, comercios y tour operadores para aplicar protocolos de de bioseguridad que generen espacios seguros con distanciamiento social”.

A diferencia de otras playas publicas como las de Santa Marta, donde es necesario un registro previo para ingresar, las de San Andrés son de más fácil acceso. En cada una, incluyendo Rocky Cay, Cocoplum, Spratt Bight y Sound Bay entre otras, se puede descansar tranquilamente hasta el anochecer. Por ejemplo, la Playa Principal, ubicada en centro, está abierta hasta las 12 de la noche.

A su alrededor, comienzan a reabrir los comercios. Grandes tiendas de calzado comparten clientes con perfumerías y licoreras. Algo similar sucede con las tiendas ropa y electrodomésticos. Poco a poco, los turistas comienzan a llegar a la isla para hacer turismo de compras y ahorrar, ya que muchos artículos están exentos de IVA.

Turismo de Naturaleza

La naturaleza como atractivo turístico también está despegando en esta nueva normalidad. La oferta es amplia y sorprendente, empezando por el cayo de Johnny Cay, a 15 minutos en lancha.

Allí los visitantes son recibidos con música nativa en una playa de arena blanca y los suficientes restaurantes para deleitarse con la pesca del día. Los platillos están estandarizados en precios y así lo hacen saber quienes atienden. Un pargo rojo vale $40.000 al igual que un arroz con camarones o una cazuela marinera. Una bandeja de frutos del mar cuesta $75.000, mientras que un ‘Coco Loco’, un coctel realmente loco preparado con 7 tipos de licor, cuesta $35.000.

De regreso, vale la pena pedirle al lanchero que se detenga en El Acuario, en Haynes Cay, y en otros islotes cercanos donde se puede caretear para ver el fondo marino y cientos de peces multicolores.

Lea también: Así va la recuperación de San Andrés y Providencia tras 15 días del paso del huracán Iota

Uno de los imperdibles es Big Pond, una laguna natural de agua dulce que sirve de hábitat para numerosas babillas. Allí, un grupo de raizales las alimenta y las cría como si se tratara de animales domésticos. Los turistas, sorprendidos y curiosos, se acercan a tomarse selfies junto a ellas.

La mejor forma de contemplar el famoso ‘Mar de los Siete Colores’ con los que se clasifica a San Andrés, es en parasailing. Desde una lancha en movimiento, es posible elevarse a unos 100 metros en un parapente halado. La vista de la isla y el color del océano es alucinante.

El Parque Regional de Manglares Old Point tienen uno de los secretos mejor guardados de la isla. Allí, es posible tomar un tour guiado en kayaks transparentes para conocer este magnífico ecosistema. También se puede hacer snorkeling para nadar junto a las medusas y luego disfrutar de un delicioso refrigerio isleño con pescado frito, pan de fruta, yuca nativa y limonada natural.

Gastronomía Caribe

La experiencia culinaria ha tomado fuerza en la isla con restaurantes de grandes preparaciones y sabores siniguales. La oferta inicia con las famosas Fair Tables, unas mesitas de comida típica apostadas al frente de las principales playas donde los raizales venden los mejores platos típicos.

Las albóndigas de pescado y de caracol, a $5.000, comparten menú con los crab backs y las crab pattys, empanadas de cangrejo con un sabor espectacular.

Otros platillos obligados en la gastronomía isleña son las tartas de plátano (plantain tart), los buns (panecillos dulces) y los Johnny Cakes, un pan de maíz sin levadura con grasa de panceta.

Hay muchos restaurantes locales con toques tradicionales, especialmente al borde del océano y debajo de una palmera, que ofrecen anillos de calamar, tilapia y mojarra acompañada de patacones con suero, arroz caribeño con coco y ensalada del día.

Sería interminable describir una a una las actividades y experiencias que se pueden realizar en San Andrés, especialmente por la diversidad cultural, con música que invita a la fiesta, con platillos que impactan los sentidos, con naturaleza que invita a relajarse, pero sobretodo, con la gran hospitalidad isleña y el don de gentes de sus habitantes. Un paraíso para disfrutar, aquí, en Colombia.

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