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Trump negocia para seis meses; Xi, para seis generaciones

Este viernes ha finalizado «la cumbre de la década» entre Donald Trump y Xi Jinping, encuentro que no se producía desde 2017. Estos nueve años han dejado un mundo muy diferente al de entonces: la guerra de Ucrania reveló que el orden posterior … a la Segunda Guerra Mundial era una ilusión, el Covid demostró la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales y la inflación ha dañado la credibilidad del dólar como divisa global. Un cambio geopolítico que se explica en mi libro «El eje del mundo que viene: Cómo el Indo-pacífico está transformando el orden global» (Ariel).
Ante este alarmante escenario, Trump quería acudir con las mejores cartas negociadoras a la histórica reunión. De ahí que retrasase este encuentro desde marzo para lanzar su Operación Furia Épica y repetir en Irán el éxito que había logrado en Venezuela con la captura de Maduro: eliminar al aliado de China en la región y secar dos de sus tres fuentes (junto con Rusia) de petróleo barato.

Pero, en contra de lo que decía Virgilio, la diosa Fortuna no siempre favorece a los audaces, y Trump se ha encontrado empantanado en lo que ya se conoce como su Vietnam particular, con un estrecho de Ormuz semicerrado, un programa nuclear iraní todavía operativo a pesar del mediático bombardeo de junio de 2025, unos países aliados de la región asolados por oleadas de ataques iraníes, una base electoral MAGA dividida ante lo que consideran una traición a su promesa de no iniciar nuevas guerras y un barril de petróleo que ha superado los 100 dólares amenazando con provocar otro infierno inflacionario justo antes de las elecciones de medio mandato.

Noticia relacionada

Pablo M. Díez

Se entiende, pues, la necesidad de Trump de dotar a su visita de un cariz económico con el formidable desembarco de consejeros delegados y presidentes de Silicon Valley que oculte el histórico hecho de que EE.UU. ha tenido que pedir ayuda a China para desbloquear el problema de Irán en sus dos frentes: la reapertura del estrecho de Ormuz y la supresión del programa nuclear iraní. Esto supone visibilizar que EE.UU. puede que siga siendo necesario para solucionar los grandes desafíos globales de hoy en día, pero, desde luego, en muchos de ellos está demostrando que no es suficiente. A cambio, ha tenido que enterrar definitivamente el hacha de guerra económica, llegando incluso a proponer crear una Junta de Comercio bilateral, contradiciendo su propia guerra arancelaria. Pero Trump, experto en convertir en virtud la necesidad, ha transformado esta capitulación de su unilateralismo económico en magnanimidad empresarial.
Y, si los objetivos de Trump se han revelado cortoplacistas y erráticos, los de Xi se mantienen estables y a largo plazo. El líder chino ha puesto solo tres exigencias sobre la mesa, las famosas tres tes, por sus nombres en inglés: ‘tariffs’ o aranceles, instando a su fin definitivo; ‘tech’ o tecnología, demandando el fin de las limitaciones a la venta de chips avanzados para IA; y la más delicada de todas, ‘Taiwán’, marcándola como una línea roja frente a la aprobación por Trump de la mayor venta de armas a la isla por 11.000 millones de dólares (9.500 millones de euros) el año pasado y la amenaza de un nuevo paquete este año por 14.000 millones de dólares (12.000 millones de euros).
Y, por si el inquilino de la Casa Blanca dudaba de que las tornas habían cambiado desde su visita de 2017, Xi se ha referido explícitamente al elefante en la habitación que quita el sueño a analistas y estrategas de Washington, la Trampa de Tucídides: el dilema de si el conflicto entre una potencia ya establecida como EE.UU. y otra emergente como China es evitable o estamos condenados a una guerra directa. Por ello, podemos concluir que, mientras Trump ha tenido un horizonte de negociación de seis meses por las elecciones de medio mandato, Xi ha buscado reposicionar a China como un Leviatán global, ambicionando un cambio histórico de generaciones.

Juan Luis López Aranguren

Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Zaragoza y autor de «El eje del mundo que viene» (Ariel)

Publicado: mayo 15, 2026, 2:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-negocia-proximos-seis-meses-proximas-seis-20260515212902-nt.html

Este viernes ha finalizado «la cumbre de la década» entre Donald Trump y Xi Jinping, encuentro que no se producía desde 2017. Estos nueve años han dejado un mundo muy diferente al de entonces: la guerra de Ucrania reveló que el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial era una ilusión, el Covid demostró la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales y la inflación ha dañado la credibilidad del dólar como divisa global. Un cambio geopolítico que se explica en mi libro «El eje del mundo que viene: Cómo el Indo-pacífico está transformando el orden global» (Ariel).

Ante este alarmante escenario, Trump quería acudir con las mejores cartas negociadoras a la histórica reunión. De ahí que retrasase este encuentro desde marzo para lanzar su Operación Furia Épica y repetir en Irán el éxito que había logrado en Venezuela con la captura de Maduro: eliminar al aliado de China en la región y secar dos de sus tres fuentes (junto con Rusia) de petróleo barato.

Pero, en contra de lo que decía Virgilio, la diosa Fortuna no siempre favorece a los audaces, y Trump se ha encontrado empantanado en lo que ya se conoce como su Vietnam particular, con un estrecho de Ormuz semicerrado, un programa nuclear iraní todavía operativo a pesar del mediático bombardeo de junio de 2025, unos países aliados de la región asolados por oleadas de ataques iraníes, una base electoral MAGA dividida ante lo que consideran una traición a su promesa de no iniciar nuevas guerras y un barril de petróleo que ha superado los 100 dólares amenazando con provocar otro infierno inflacionario justo antes de las elecciones de medio mandato.

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  • Pablo M. Díez

Se entiende, pues, la necesidad de Trump de dotar a su visita de un cariz económico con el formidable desembarco de consejeros delegados y presidentes de Silicon Valley que oculte el histórico hecho de que EE.UU. ha tenido que pedir ayuda a China para desbloquear el problema de Irán en sus dos frentes: la reapertura del estrecho de Ormuz y la supresión del programa nuclear iraní. Esto supone visibilizar que EE.UU. puede que siga siendo necesario para solucionar los grandes desafíos globales de hoy en día, pero, desde luego, en muchos de ellos está demostrando que no es suficiente. A cambio, ha tenido que enterrar definitivamente el hacha de guerra económica, llegando incluso a proponer crear una Junta de Comercio bilateral, contradiciendo su propia guerra arancelaria. Pero Trump, experto en convertir en virtud la necesidad, ha transformado esta capitulación de su unilateralismo económico en magnanimidad empresarial.

Y, si los objetivos de Trump se han revelado cortoplacistas y erráticos, los de Xi se mantienen estables y a largo plazo. El líder chino ha puesto solo tres exigencias sobre la mesa, las famosas tres tes, por sus nombres en inglés: ‘tariffs’ o aranceles, instando a su fin definitivo; ‘tech’ o tecnología, demandando el fin de las limitaciones a la venta de chips avanzados para IA; y la más delicada de todas, ‘Taiwán’, marcándola como una línea roja frente a la aprobación por Trump de la mayor venta de armas a la isla por 11.000 millones de dólares (9.500 millones de euros) el año pasado y la amenaza de un nuevo paquete este año por 14.000 millones de dólares (12.000 millones de euros).

Y, por si el inquilino de la Casa Blanca dudaba de que las tornas habían cambiado desde su visita de 2017, Xi se ha referido explícitamente al elefante en la habitación que quita el sueño a analistas y estrategas de Washington, la Trampa de Tucídides: el dilema de si el conflicto entre una potencia ya establecida como EE.UU. y otra emergente como China es evitable o estamos condenados a una guerra directa. Por ello, podemos concluir que, mientras Trump ha tenido un horizonte de negociación de seis meses por las elecciones de medio mandato, Xi ha buscado reposicionar a China como un Leviatán global, ambicionando un cambio histórico de generaciones.

Juan Luis López Aranguren

Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Zaragoza y autor de «El eje del mundo que viene» (Ariel)

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