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Leocenis García: «No se puede hacer la transición desde la oposición, se hace desde el poder»

Desde 2008, el opositor venezolano Leocenis García ha sido detenido en nueve ocasiones y ha acumulado cerca de seis años de confinamiento en distintas prisiones durante los mandatos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro –incluyendo 86 días de huelga de hambre–. Tras año y … medio en el Rodeo I, una cárcel tristemente conocida por las condiciones infrahumanas que padecen sus reclusos, García ha recuperado la plena libertad, beneficiado por la Ley de Amnistía y tras mediaciones de José Luis Rodríguez Zapatero y del estadounidense Roger Carstens con el Gobierno de Delcy Rodríguez. ABC conversa con él a su paso por Madrid para conocer su visión sobre el complejo escenario político en Venezuela.
—¿Qué país encontró al salir de prisión tras casi dos años de encierro?

—Encontré un espíritu general de prudencia y resiliencia. Veo a una población, y este es el gran peligro para nosotros los políticos, que es mucho más madura que su dirigencia. Mientras la clase política brama y grita, el país está tranquilo, ordenado y con un optimismo contenido. La prioridad absoluta de la gente es la urgencia económica, estabilizarse y normalizar lo que ya es la realidad en la calle: una economía dolarizada. Lo dicen las encuestas más serias, como la presentada recientemente por Mark Feierstein en Washington. La gente quiere resolver su economía, no está pidiendo elecciones de forma desesperada. [Según el estudio citado, los venezolanos priorizan la economía frente a la consolidación democrática en una proporción de 8 a 1. Sin embargo, dos tercios de los encuestados mantienen su deseo de celebrar elecciones este mismo año].

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Entrevista

Andrés Gerlotti Slusnys

—¿Esa «tranquilidad» no es una consecuencia directa del miedo y el trauma por la represión que se desató tras el fraude?
—En Venezuela no hay miedo hoy día, hay escepticismo. La gente critica al Gobierno abiertamente en espacios públicos y privados. El tema es que las redes sociales superan a la realidad y generan una falsa imagen. Si te guías por internet, crees que el país entero clama por la caída de Delcy Rodríguez. Pero si vas a Las Mercedes o Altamira [zonas de clase media-alta de Caracas] o a los barrios, ves que Venezuela está en calma, esperando soluciones reales. Hemos empezado con una amnistía política, pero debemos avanzar hacia una amnistía económica para que la empresa privada pueda funcionar. Esta última etapa de transición, presidida por Delcy Rodríguez, debe terminar en democracia: y la democracia significa alternancia y pluralidad. Hoy, tanto en el chavismo como en la oposición, operamos bajo el catecismo estalinista del líder único.
—Cuando habla de esa «calma», asume que la gente no clama por la destitución de Delcy Rodríguez. Pero en diciembre, bajo el mando de Maduro, también se veía ese intento ciudadano de llevar una vida normal, y eso no quitaba que la inmensa mayoría quisiera que abandonara el poder…
—Yo no soy psiquiatra, y tampoco puedo hablar de ese país que usted vio porque yo estaba en una cárcel, aislado y sin acceso a noticias. Le hablo del país que me encontré al salir. Yo vengo del mundo empresarial y de los medios de comunicación; yo tenía el grupo editorial 6to Poder, que me expropió Maduro. Para mí es muy fácil hablar con los factores reales de poder: el sector financiero –que es el único sector privado que sobrevive–, los gremios, las universidades y los militares. En ellos veo un ambiente de reposo. Quieren ir hacia la democracia, pero saben que no podemos saltar de la situación de facto de Maduro a otro extremismo. La realidad es que el nuevo ministro de Defensa ha dejado claro que la doctrina militar es nacionalista y chavista. Para garantizar la estabilidad, no puedes apartar la mirada de la Fuerza Armada Nacional. No se puede hacer una transición desde la oposición, se hace desde el poder. La transición ya empezó y la preside Delcy Rodríguez. Nuestro papel es ayudar a que tenga éxito.
—¿Confía en que el chavismo se desmantele a sí mismo para que se concrete esa transición?
—El chavismo tiene hoy alas de derecha y de izquierda, y se preparan para el futuro. Para lograr la alternancia necesitamos reformar la Constitución de 1999 [modificada por Hugo Chávez]. Hay que eliminar la reelección presidencial indefinida, recortar el periodo de mandato, blindar el respeto a la propiedad privada y definir claramente que nuestro modelo es una economía social de libre mercado, abandonando este andamiaje socialista. Eso sí, somos el reservorio petrolero más importante de Occidente, no podemos hablar frívolamente de privatizarlo todo; el Estado debe mantener una concepción social estratégica.
—¿Cree que habrá elecciones a corto plazo?
—No. Habrá una transición construida y colegiada, que requiere un gran pacto nacional con la Iglesia, los empresarios, los trabajadores y la comunidad internacional. Cuando bajen los aplausos y la emoción, la gente no elegirá al que grite más, sino a una figura de consenso respaldada por los factores de poder reales.
—Usted valora a Zapatero porque medió en su liberación. Pero es íntimo de la cúpula represiva, su entorno está salpicado de corrupción y ha avalado fraudes electorales. ¿Cómo puede verlo como parte de la solución y no del problema?
—Soy pragmático: para Europa y Estados Unidos, Zapatero es un mal necesario. Quienes ostentan el poder en Venezuela solo confían en él como actor internacional de la izquierda. Si quieres lograr la transición y que la dictadura no se eternice, lo necesitas. De hecho, tras los comicios donde ganó Edmundo González, Zapatero jamás dijo que hubiese ganado Nicolás Maduro.
—Tampoco dijo lo contrario.
—Porque la diplomacia es prudencia y tragar grueso. Una cosa es hacer activismo político, que solo masajea el ego, y otra es hacer política. Yo opté por callar las graves torturas que sufrí en Rodeo I porque quiero ser un factor de unidad y respaldar la estabilidad democrática del actual Gobierno de transición. El problema de la oposición es que llevamos 25 años sin gobernar, y aun así queremos darle lecciones a figuras que saben lo que es el poder. Y le envío un mensaje a mis amigos del Partido Popular en España: están cometiendo el error histórico de apoyar el activismo en lugar de la política.
—¿Cuál es su relación con María Corina Machado?
—Lo único que diré es que, como premio Nobel de la Paz, ella tiene ahora la gran oportunidad de contribuir a la concordia, aunque lamento que no vaya a tener protagonismo interno en los próximos años. Hablé con ella hace cuatro años y le advertí: «El problema no es electoral, es de confianza militar. Mientras digas que la Fuerza Armada son unos narcotraficantes, jamás llegaremos al poder».

«La oposición venezolana padece de infantilismo político; un líder que no puede hablar con su adversario es un fracasado»

—¿Qué autocrítica hace a la oposición?
—Padecemos de infantilismo político. No puede ser que Donald Trump bromee con que Venezuela será el estado 51 de EE.UU. y la clase política opositora se ría y calle en lugar de responderle que eso es inaceptable. Le cuento un secreto: a finales de 2023, el embajador James Story me pidió ir a Boston a ver al asesor de una importante dirigente opositora. Le advertí que, aunque ganara Edmundo González, sin una gramática que los militares aceptaran, no habría éxito. Ese señor nunca me entendió. El chavismo lleva 25 años gobernando; nosotros llevamos años haciendo activismo. Un líder opositor que no puede hablar con su adversario es un fracasado.
—Hace seis años aseguraba que no respetaba a Delcy Rodríguez. ¿Sigue pensando así?
—La gente cambia de opinión. Hoy reconozco a una mujer académicamente formada, que es fría, pragmática y sabe leer los tiempos. La respeto como adversaria. Según la línea sucesoria y los dictámenes tras la salida de Maduro, a ella le corresponde terminar el mandato, y nosotros respaldamos esa estabilidad. A cambio, le exigimos que respete a quienes estamos contribuyendo a esta transición, que libere al resto de presos políticos y escuche nuestras urgencias económicas.
—¿Cómo visualiza el fin de esta etapa que lidera Delcy Rodríguez?
—La política es cambiante, no tengo el catalejo de un almirante ni soy adivino. Pero la lógica indica que, por el apoyo que tiene de la Fuerza Armada Nacional, por su entendimiento con Estados Unidos y por el ambiente de amnistía que promueve, ella va a terminar el mandato. El principal problema que tenemos todos –los que están en el Gobierno y quienes estamos en la oposición aspirando a llegar al poder– es el tiempo. Para salir de esto, existe una propuesta, apoyada por los expresidentes Ernesto Samper [Colombia], Martín Torrijos [Panamá] y José Luis Rodríguez Zapatero, que plantea una reforma constitucional para ir preparando el camino hacia unas elecciones competitivas y aceptadas por todos. Soy de las pocas voces que insiste en esta salida, porque no es verdad que vaya a haber elecciones en nueve meses, como dicen algunos sectores.
—¿Cuáles son sus próximos planes en este nuevo escenario?
—Contribuir a la transición. Voy a Washington a explicar que el viejo esquema de la tiranía se acabó. No podemos seguir con el disco rayado de repetir que Delcy Rodríguez es una criminal. Tenemos que discutir estabilidad y economía. El país no quiere más gritos; quiere certidumbre, que la economía funcione y que la gente valga mucho y los políticos valgan poco. Que a la gente le importe muy poco todos los discursos que dan todos los días al presidente porque la economía marcha bien, porque las sociedades tienen seguridad.

El mito de Mythos

Hay algo deliciosamente irónico en que una inteligencia artificial se llame Mythos y que no la podamos tocar ni con un palo, como los dioses antiguos, omnipotente, invisible y con un departamento de comunicación bastante eficaz. El nombre escogido viene de mythos, ese relato griego que no tenía por qué ser verdad, pero que sonaba lo suficientemente bien como para colarse en la cabeza de la gente y convertirse en creencia. Y aquí estamos, veintimuchos siglos después, escuchando un relato bastante parecido: Anthropic ha creado una IA tan lista, tan brillante, tan peligrosamente eficaz que ha decidido no sacarla al mercado, porque podría encontrar fallos en sistemas críticos y explotarlos, vamos, que no es que rompa cosas, es que sabe exactamente dónde apretar.Hasta aquí, la historia tiene todos los ingredientes de tragedia griega: poder desmedido, peligro latente, prudencia heroica; solo falta una banda sonora épica y Nolan explicando las necesidades metafísicas de hacer la película. Pero conviene detenerse un segundo, porque no estamos hablando sólo de tecnología, estamos hablando de narrativa y de cómo se cuenta la tecnología, y Mythos, más que un producto, es un argumento, la IA que no puedes usar porque es demasiado buena, la máquina que, por responsabilidad, se queda en el cajón, la empresa que, en mitad de la carrera armamentística digital, levanta la mano y dice hasta aquí.Si nos ponemos clásicos ya sabemos cómo acaban estas cosas, alguien termina abriendo la caja y entonces sí que se acaba el mito y empieza el problemaUno casi se imagina a los ingenieros mirándose entre ellos con gesto solemne, diciendo que han ido demasiado lejos y apagando el interruptor, la imagen de Schwarzenegger diciendo adiós con la mano mecánica porque skynet nunca va a existir gracias a estos anónimos héroes, pero también hay una lectura menos épica y más terrenal. ¿Que pasa si este relato no habla tanto de lo que Mythos hace como de lo que quieren que creas que hace? Porque, seamos sinceros, pocas cosas generan más fascinación que lo prohibido, inaccesible, o “demasiado peligroso para el público general”, que es una frase que siempre funciona de maravilla, el truco es antiguo, se usa desde las tragedias griegas: no hace falta enseñar al monstruo si consigues que todo el mundo se lo imagine.Y mientras tanto nosotros encantados, porque Mythos encaja perfectamente en el momento cultural, desconfiamos de la tecnología pero no podemos dejar de usarla, nos inquieta pero nos seduce, nos promete soluciones y nos vende problemas nuevos a estrenar, eso sí, con una diferencia importante respecto a los mitos clásicos, antes al menos sabíamos que eran mitos, ahora el relato viene envuelto en titulares bastante serios, y eso le da un aire de verdad que cuesta discutir, aunque en el fondo siga siendo una historia bien contada.No se trata de decir que Mythos no exista o que todo sea humo, el punto es otro, entender que también estamos consumiendo un relato sobre esa tecnología, uno que mezcla realidad, prudencia, estrategia y un poquito de espectáculo, porque en el fondo Mythos no es sólo una inteligencia artificial, es una historia sobre una inteligencia artificial, y como toda buena historia funciona porque queremos creerla, aunque si nos ponemos clásicos ya sabemos cómo acaban estas cosas, alguien termina abriendo la caja y entonces sí que se acaba el mito y empieza el problema.

Trump anuncia un alto el fuego entre Israel y el Líbano de diez días

Uno de los grandes frentes de la guerra de Irán se destensa: Donald Trump ha anunciado este jueves que Israel y el Líbano han acordado un alto el fuego de diez días que comenzará en la medianoche del jueves al viernes.«Acabo de mantener … conversaciones excelentes con el muy respetado presidente Joseph Aoun, del Líbano, y con el primer ministro israelí Bibi Netanyahu», comunicó el presidente de EE.UU. en su red social. «Estos dos líderes han acordado que para llegar a la paz entre sus países, comenzarán de manera formal un alto el fuego de diez días a las cinco de la tarde de la costa este de EE.UU. (medianoche en Oriente Próximo)».

El multimillonario neoyorquino añadió que ha instruido a su vicepresidente, J. D. Vance; a su secretario de Estado, Marco Rubio; y al jefe del Estado Mayor, el general Dan Caine, que «trabajen con Israel y el Líbano para conseguir una paz duradera».
En su mensaje, sin embargo, no hay ninguna mención al principal factor de la guerra entre los dos países: Hizbolá, la guerrilla terrorista apoyada por Irán, que controla buena parte del Líbano. Después, ante la prensa, Trump se mostró confiado en que la milicia respetará el alto el fuego: «Creo que lo harán», dijo, y aseguró que será el Líbano quien «se ocupe» de ellos para lograrlo.

El alto el fuego se produce en medio de una intensificación de la mediación de Pakistán para que EE.UU. e Irán retomen las conversaciones directas que fracasaron el pasado fin de semana. El objetivo prioritario de Trump es que Teherán acepte renunciar a su programa nuclear. El multimillonario neoyorquino volvió a tirar este jueves de optimismo para asegurar que el acuerdo «está muy cerca» y defendió que quizá no haya que estirar la tregua de dos semanas que concluye el próximo miércoles.
El bloqueo del estrecho de Ormuz y la expansión de la guerra al Líbano son dos dificultades añadidas para lograr la paz. Los ataques israelíes han dejado más de 2.000 muertos hasta ahora en el Líbano y han forzado el desplazamiento de más de un millón de personas.

Décadas de guerra

Israel y el Líbano están técnicamente en guerra desde la misma creación del Estado judío en 1948. Su fundación fue respondida por sus vecinos con la primera guerra árabe-israelí y ha tenido fogonazos de campañas militares de forma sucesiva, las últimas tras los atentados de Hamás en Israel en octubre de 2023. Al ser preguntado por cuál es la diferencia esta vez para que haya paz duradera entre ambos países, Trump respondió: «Yo».
La reunión de Washington fue la primera conversación directa entre delegaciones de ambos países desde 1993, como Trump celebró en su mensaje. Pero el presidente de EE.UU. quería mucho más. En la víspera, anunció que los líderes de ambos países tendrían conversaciones directas este mismo jueves, lo que hizo pensar en una negociación entre Netanyahu y Aoun o el primer ministro libanés, Nawaf Salam.
Pero eso no ha ocurrido. Aoun mostró durante el jueves su negativa a hablar con Netanyahu mientras no hubiera un alto el fuego y todo apunta a que el cese de las hostilidades se ha logrado de forma indirecta.
Trump se implicó con fuerza en estos esfuerzos diplomáticos y descolgó el teléfono para hablar con Aoun. No consiguió la conversación directa, pero poco después de su mensaje publicó uno nuevo con un anuncio de futuro: «De forma adicional al último comunicado, voy a invitar al primer ministro de Israel, Bibi Netanyahu, y al presidente del Líbano, Joseph Aoun, a la Casa Blanca para las primeras conversaciones significativas entre Israel y el Líbano desde 1983», dijo en un posible referencia al acuerdo firmado el 17 de mayo de aquel año, con la intermediación de EE.UU. La cumbre podría ocurrir «en cuatro o cinco días», detalló el presidente después.

Reacción libanesa

«Doy la bienvenida al anuncio de un alto el fuego por parte del presidente Trump, una exigencia central del Líbano que hemos buscado desde el primer día de la guerra y nuestro principal objetivo en la reunión en Washington del martes», reaccionó el primer ministro Salam en redes sociales. «Al tiempo que felicito a todos los libaneses por este logro, rezo por los mártires que han caído, afirmo mi solidaridad con sus familias, con los heridos y con los ciudadanos forzados a huir de sus ciudades y pueblos».
El alto el fuego en el frente libanés era una de las exigencias planteadas por Irán desde el primer día de la tregua acordada con EE.UU. Israel se oponía de manera firme e intentó separar los dos frentes, pero finalmente Trump ordenó el cese temporal de las hostilidades. Washington presentó el alto el fuego como una muestra de confianza en el trabajo del Gobierno de Beirut, pero Teherán clamó victoria por este éxito y el presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó que un alto el fuego en el Líbano es «tan importante» como en Irán.

El alto el fuego en el frente libanés era una de las exigencias planteadas por Irán desde el primer día de la tregua acordada con EE.UU.

El llamado Eje de la Resistencia, formado por Hizbolá, las milicias chiíes de Irak y los hutíes de Yemen, ha resultado clave durante la guerra de 40 días para expandir el conflicto a nivel regional y los iraníes no podían abandonar al Partido de Dios. Una de las grandes incógnitas es saber si este alto el fuego será como el que entró en vigor en noviembre de 2024, que se quedó en papel mojado porque los israelíes no pararon de bombardear en ningún momento. Tampoco parece factible que la tregua llegue acompañada de la retirada del Ejército hebreo, que ocupa una amplia zona del sur y donde planea levantar al menos quince bases.

Los ataques continúan

La cuestión clave es si Israel y Hizbolá respetarán la tregua. Un diputado veterano asociado con la milicia proiraní, Hassan Fadlallá, aseguró a Reuters poco antes del anuncio de Trump que habían sido informados de la posibilidad de un alto el fuego por parte del embajador de Irán en Beirut. Al ser preguntado si Hizbolá respetará el cese temporal de hostilidades, Fadlallá aseguró que eso dependía de que Israel también lo hiciera.
En el Líbano, un país con sus facciones políticas fracturadas y donde Hizbolá tiene el mando ‘de facto’ en amplias zonas, la recepción de la tregua apunta a ser desigual. «Mientras persista la ocupación de nuestra tierra, el Líbano y su gente tienen el derecho de resistir por todos los medios», aseguraron fuentes de Hizbolá a Al Yasira.
Desde Israel, el anuncio de la tregua fue acogido con indignación por los sectores más derechistas del país: consideran que permitirá a Hizbolá tomar aire y rearmarse y hará más vulnerables a las comunidades cercanas a las frontera con el Líbano, las que más sufren los ataques de las milicias pro-iraníes.
Como ha ocurrido en anteriores altos el fuego, se esperaba que ambos bandos continuaran con ataques hasta la entrada en vigor de la tregua. Poco después del anuncio de Trump, la agencia nacional de noticias del Líbano informó de un ataque mortal israelí en el área de Zahrani, con al menos ocho civiles muertos y más de treinta heridos. Se trata de uno de los ataques más destructivos de los últimos días.

La diplomacia de los drones de Zelenski en el golfo Pérsico

No es la frase que se esperaría de un presidente, pero Donald Trump espetó: «No pensó que tendría que besarme el culo…ahora tiene que ser amable conmigo», en alusión a Mohammed bin Salman. Lo hizo el 28 de marzo en Florida ante una … audiencia formada por empresarios saudís. Un día antes y a miles de kilómetros, el Príncipe heredero de Riad cerraba junto a Zelenski el primer acuerdo de cooperación en defensa a 10 años.
Con esta firma y las posteriores, los aliados de Washington en Oriente Próximo sumen, tácitamente, que el poderío militar estadounidense tendría ahora ciertos límites. Los drones shaheds iraníes golpeando países vecinos han propiciado el aterrizaje de Ucrania en el Golfo. Una región esquiva que ha tratado de mantener el equilibrio entre Moscú y Kiev desde 2022. La clave de este movimiento es la experiencia del Ejército de Zelenski en la lucha antidrones. Unas capacidades militares avaladas en la batalla; la palanca de Ucrania, un país mediano, para tratar de consolidar su lugar destacado en un orden internacional que se fragmenta.

«La contribución de Ucrania a la seguridad en Oriente Próximo y el golfo Pérsico será también una contribución real a la seguridad global», subrayó Zelenski al inicio de su gira el pasado 26 de marzo. El país invadido ya no apela solo a la solidaridad. Kiev se presenta ante el mundo como un actor capaz de ofrecer soluciones fiables y económicas en momentos críticos. «Durante estos diez años, nos centraremos en la coproducción, construyendo plantas de fabricación y líneas de producción en Ucrania y en estos países», puntualizó Zelenski. La diplomacia ucraniana también está en conversaciones para alcanzar acuerdos similares con Jordania, Kuwait, Baréin y Omán.

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Álex Bustos

La invasión a gran escala pasa del frente a la trinchera diplomática. La gira de Zelenski tiene dos vertientes claras. Por un lado, Kiev trata de asegurar fuentes de financiación, acceso a armamento insustituible y recursos energéticos. El otro aliciente del mandatario ucraniano es mantener el foco internacional en la guerra europea y trasladar la idea de que el apoyo ruso a Irán es un vínculo ineludible entre los dos conflictos. «Esta guerra crea una oportunidad para estrechar lazos con gobiernos que tradicionalmente han preferido relacionarse con Rusia», destaca para ABC, Vadym Kovalenko, analista sénior de Resurgam, plataforma analítica ucraniana.

Kiev trata de asegurar fuentes de financiación, acceso a armamento insustituible y recursos energéticos

Ucrania busca oportunidades dentro de los retos que nacen tras la guerra de Estados Unidos e Israel contra Teherán. «La gira es un intento de sentar las bases de una arquitectura de seguridad en la que Ucrania ocupe un lugar importante. Pero demasiado pronto para evaluar la eficacia de estos esfuerzos», afirma Kovalenko.
El conflicto abierto en el Golfo junto al cierre del estrecho de Ormuz y la flexibilización de las sanciones al petróleo resultan un alivio para las arcas del Kremlin. Los ingresos procedentes de la venta de hidrocarburos sirven para alimentar la maquinaria de guerra rusa. Por ello, Ucrania ha intensificado en las últimas semanas sus ataques contra el sector energético del Kremlin, especialmente contra las terminales exportadoras de sus puertos del Báltico. Unos golpes perpetrados con aparatos de largo alcance y de producción nacional.

Asistencia mutua

Los bombardeos combinados de Moscú con misiles y drones acosan día y noche a las ciudades de retaguardia y la infraestructura civil. Para protegerse, las Fuerzas ucranianas han ideado una defensa aérea sostenida por capas. Son varias soluciones tecnológicas diseñadas para abarcar todo el rango de amenazas a diferentes altitudes. Los interceptores operan en una red que integra sensores, radares, grupos de defensa móviles, software y demás elementos de la guerra electrónica. Esta es la experiencia que Zelenski ofrece a los países árabes.
Más de 200 especialistas militares ucranianos ya se han trasladado a la zona para guiar a los nuevos socios en el derribo de los shahed. «Estamos exportando nuestro sistema de defensa, las habilidades de nuestros guerreros y el conocimiento que posee nuestro Estado», resaltó el mandatario ucraniano durante el viaje.

«Estamos exportando nuestro sistema de defensa, las habilidades de nuestros guerreros y el conocimiento que posee nuestro Estado»

Volodímir Zelenski
Presidente de Ucrania

A pesar de la eficacia demostrada por Kiev contra los drones, todavía depende de los socios para abatir misiles enemigos. Los escasos sistemas Patriot de fabricación estadounidense son clave. Y en Oriente Próximo gozan de un buen número de ellos. «Se trata de asistencia mutua. Nos interesan las capacidades antibalísticas, ya que tenemos una escasez en ese campo. También afrontamos desafíos relacionados con la energía», manifestó Zelenski durante su estancia en Qatar.
La gira ucraniana en Oriente Próximo es una oportunidad para conseguir capital alternativo en un momento crítico. Las cuentas ucranianas dependen de unos fondos bloqueados en Europa por la negativa de Hungría. Con estos tres acuerdos firmados con Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, el país invadido busca «relaciones sistémicas, donde los exportadores obtengan ingresos y Ucrania reciba fondos suficientes para invertir en la producción nacional», afirma Zelenski.

Ucrania mira a Ormuz

El bloqueo del estrecho de Ormuz se ha vuelto un quebradero de cabeza para Trump que, además, arrastra a la economía mundial. A través de este enclave estratégico, bajo control iraní, transitaba a diario hasta el 20% del petróleo que se consume a nivel internacional. El líder estadounidense ha tanteado sin éxito a varios países para abrir por la fuerza el paso. Ante la falta de voluntad de otros socios, Ucrania ha sacado sus cartas. El país en guerra sabe cómo arreglárselas también en el frente marítimo. En 2022, Kiev no contaba con una flota propiamente dicha, pero consiguió abrir corredores económicos en el mar Negro desalojando y diezmando a la armada rusa.
«Ucrania logró crear un complejo sistema de protección para buques de carga contra todo tipo de amenazas en la ruta marítima desde las aguas territoriales de Rumania hasta la región de Odesa», manifestó Andri Klymenko, miembro del Instituto de Estudios Estratégicos del mar Negro, a Politico.
Zelenski recalca que durante la guerra abierta pueden también abordarse las negociaciones para abrir el estrecho. Pero ante el supuesto de que Washington optase por un arreglo unilateral, desde Ucrania saben lo que hace falta. «Se necesitarían interceptores, convoyes militares para escoltar los buques, una amplia red integrada de guerra electrónica y otras herramientas», recetó el presidente.
Ucrania, con menos hombres y menos recursos, tuvo que tirar de ingenio para resistir la embestida rusa. El conflicto contra Irán ha extendido a otras latitudes los impactos de drones y misiles. Las lecciones que Kiev aprendió en el frente son demandadas en Oriente Próximo.

Currículo militar

Con cuatro años de guerra a sus espaldas, el Ejército ucraniano sabe cómo bregar con los aparatos autónomos. En la defensa y también en el ataque. El currículo militar de Kiev ha dado un salto exponencial desde 2022. Y esta pericia es su mejor carta de presentación para consolidar un lugar propio en la primera línea del escenario mundial emergente.
El ejemplo más nítido de cómo un país mediano puede resistir a la embestida de un enemigo mayor, es precisamente la experiencia de Ucrania. Las grandes potencias, como Estados Unidos o Rusia, han dado cada una a su manera un puñetazo sobre la mesa del derecho internacional. Pero ya no tienen la última palabra. Los países medianos, especialmente aquellos con capacidades militares específicas, serán cada vez más decisivos.

Kiev pone los ojos en África
El jefe de la Oficina del presidente de Ucrania, Kirilo Budánov, trabaja en una estrategia para ampliar la presencia de su país en el continente africano. A finales del mes de marzo, Budánov convocó una reunión con funcionarios del Ministerio de Exteriores y miembros de la inteligencia para evaluar las relaciones entre Kiev y los gobiernos de África. Con especial énfasis en la región del Magreb y el África subsahariana.
«Por primera vez, Ucrania se ha propuesto influir de manera integral en la situación del continente africano y proteger sus intereses nacionales en esta parte del mundo», afirmó Budánov.
El antiguo jefe de la inteligencia militar de Kiev quiere que su país se convierta en un actor «geopolítico competitivo e influyente» que, gracias a una estrategia clara, sea capaz de promover «sus intereses económicos, de seguridad y de otra índole en todo el planeta» en un escenario donde Rusia y China tienen una presencia destacada.

Cuando Kirilo Budánov todavía era el jefe de la inteligencia militar del país, dijo: «Ucrania o se convierte en parte de lo nuevo, o crea lo nuevo, o la otra opción no le servirá a nadie». El país europeo ha plantado su diplomacia de defensa con la gira de Zelenski en el Golfo. Una visita que apunta directamente a Estados Unidos, el garante de la seguridad en Oriente Próximo. Trump, instalado en la soberbia, ha querido minimizar la aportación ucraniana. Pero los aliados de Washington en la región se apresuraron a firmar acuerdos de defensa con Kiev.

Recolectar agua, comer bayas y moverse de noche: ¿es posible sobrevivir tras ser derribado por el enemigo?

El 2 de junio de 1995, mientras patrullaba la zona de exclusión aérea de la Operación Deny Flight impuesta por la OTAN sobre Bosnia-Herzegovina, el F-16 de Scott O’Grady fue alcanzado por un misil tierra-aire. Tras el impacto, el entonces … piloto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos se eyectó y aterrizó en territorio hostil: durante seis días, se vio obligado a esconderse en los bosques y a moverse solo de noche para evitar ser capturado, además de alimentarse de hierba, hojas, hormigas y agua de lluvia recolectada con una esponja.
Dos décadas antes, el ahora coronel retirado estadounidense Roger Locher vivió una situación más penosa si cabe. Durante la guerra de Vietnam, en 1972, el avión en el que viajaba fue abatido a solo 60 kilómetros de Hanói, en cuyos alrededores tuvo que ocultarse durante 23 días para evadir al enemigo. Perdido en plena selva, sobrevivió a base de plantas y bayas, aunque perdió casi 25 kilos. Para rescatarlo, la Fuerza Aérea detuvo temporalmente los ataques para concentrar los esfuerzos en su búsqueda. Ahora, otro piloto norteamericano está desaparecido en Irán después de que Teherán abatiera su caza este sábado.

El avión, un caza F-15, fue derribado a primera hora de la tarde del sábado. Los dos tripulantes se eyectaron del aparato, pero solo uno fue localizado posteriormente y puesto a salvo de inmediato. En ese momento, comenzó una lucha de las fuerzas estadounidenses contra el tiempo y contra Irán, que ofreció una recompensa por el soldado norteamericano, de acuerdo con los medios de comunicación del régimen del ayatolá.

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Sin embargo, una vez fuera del caza, ¿cómo es posible sobrevivir? ¿Qué hay que hacer en primer lugar? ¿Cuántos días puede aguantar alguien sin asistencia? ¿Es factible repetir la hazaña de O’Grady y Locher? Con la conciencia de que la tecnología ha experimentado una evolución extraordinaria desde la guerra de los Balcanes y más aún desde Vietnam, a estas preguntas han respondido a la agencia de noticias AFP un expiloto de la Fuerza Aérea y un rescatador.
«Te dices: ‘Dios mío, hace dos minutos estaba en un avión de combate, volando a 800 kilómetros por hora, y un misil acaba de explotar, literalmente a 4,5 metros de tu cabeza’», afirma el general de brigada retirado Houston Cantwell, que ahora trabaja en el Instituto Mitchell de Estudios Aeroespaciales. En este sentido, recalca que el piloto tiene «la mejor perspectiva» de hacia dónde ir y qué lugares evitar cuando todavía sobrevuela el terreno con el paracaídas.
Una vez en el suelo, destaca, es necesario hacer una valoración del propio estado, puesto que el salto en paracaídas conlleva el riesgo de sufrir lesiones en los pies, los tobillos y las piernas. A continuación, los aviadores determinan dónde se encuentran, si están tras las líneas enemigas, dónde pueden esconderse y cómo comunicarse. Además, si se trata de un entorno desértico -como es el caso-, encontrar agua se convierte en una prioridad.
«Mi prioridad sería el camuflaje, porque no quiero que me capturen. Hay que intentar llegar a un lugar desde donde te puedan rescatar», señala Cantwell, que destaca cómo la conciencia de que existen unas labores de auxilio aportan tranquilidad al militar afectado. Como espacios ideales para una potencial evacuación, apunta a una azotea en un ambiente urbano o a un descampado en un entorno rural y aconseja, asimismo, moverse por la noche y llevar una pistola en cada vuelo.
Sobre el rescate en sí mismo, el sargento mayor retirado Scott Fales explica que tanto «la inteligencia humana como la de imágenes» se emplean actualmente para localizar al piloto perdido. Una vez localizado, se formula un plan de rescate en tiempo real dentro de los helicópteros. Ya en tierra, el equipo se asegura de que el soldado extraviado sea realmente la persona buscada y realiza una evaluación de las amenazas frente a las necesidades médicas.
Sin embargo, antes del salvamento, el piloto debe sobrevivir por sus propios medios. Para lograrlo, O’Grady pasaba casi todo el día boca abajo, cubierto con una manta de camuflaje y sin moverse para evitar que los helicópteros o las patrullas terrestres lo vieran. Solo se desplazaba unos pocos cientos de metros cada noche en busca de bosque denso donde esconderse mejor y no encendió su radio de emergencia durante los primeros días por miedo a que el enemigo rastreara la señal, únicamente la utilizaba en brevísimos periodos para escuchar aviones aliados cerca.

Scott O’Grady tras el rescate.

(Tana R. Hamilton)

Algo similar hizo Locher, que se trasladaba principalmente de noche o en el crepúsculo y, durante el día, se ocultaba en la vegetación más densa posible. A veces permanecía inmóvil durante horas mientras escuchaba a los granjeros y soldados norvietnamitas pasar a pocos metros de él. Además, se dirigió hacia las montañas para alejarse de las zonas pobladas en los valles, lo que dificultaba que las patrullas enemigas lo encontraran por casualidad.

Roger Locher tras su rescate.

(Fuerza Aérea de los Estados Unidos)

En cuanto a la alimentación, ambos se nutrieron a base de frutas y bayas que reconocían como seguras, como las papayas silvestres en el caso de Locher. Asimismo, masticaban tallos de plantas para obtener algo de energía y dependeían de la lluvia y del rocío para beber agua, que el primero recogía con hojas grandes de la selva y el segundo con un esponja, ya que aproximarse a un río era demasiado arriesgado. El piloto estadounidense actualmente desaparecido, si sigue con vida, deberá aprovechar todo su ingenio para emular la gesta de sus compatriotas.

Max Bazerman, profesor en Harvard: «Toda guerra termina en una negociación»

Durante décadas, la negociación se enseñó como un conjunto de técnicas universales aplicables a cualquier contexto: anclar con una oferta agresiva, buscar acuerdos «win-win», dividir la diferencia o presionar con el poder propio. Sin embargo, el mundo en el que esas fórmulas se popularizaron … ya no existe. El profesor Max Bazerman (Pittsburgh, EE.UU., 1955), autor de ‘Negociación’ (Ed. Deusto, 2025), sostiene que hoy el contexto pesa más que nunca. La digitalización de las relaciones económicas, el impacto de la pandemia, los cambios en las alianzas comerciales y la creciente fragmentación geopolítica han alterado tanto la forma como los interlocutores de la negociación. Bazerman ha presentado su libro en la Fundación Rafael del Pino y en esta conversación analiza por qué muchas estrategias clásicas están sobrevaloradas, cómo negociar cuando el poder es desigual, qué riesgos tiene mentir en una mesa de negociación y por qué incluso las guerras, tarde o temprano, se acaban resolviendo mediante acuerdos.
En su libro sostiene que el juego de la negociación ha cambiado. ¿Qué es lo que más ha cambiado en los últimos años: las reglas, los actores o el contexto?

Diría que todo eso forma parte del mismo fenómeno: el cambio del contexto. Siempre ha importado, pero ahora importa más que nunca. Un ejemplo muy claro fue la pandemia. Antes de la pandemia la mayoría de los negociadores pensaban que era esencial reunirse cara a cara. De repente descubrimos que podíamos negociar en línea. Ese simple cambio altera profundamente la dinámica: la preparación es distinta, la coordinación con el propio equipo también. Además, la globalización ha cambiado con quién negociamos. Durante mucho tiempo muchas personas negociaban principalmente con interlocutores similares a ellas. Hoy negociamos cada vez más con personas de culturas, sistemas políticos o intereses muy distintos. Y, más recientemente, los cambios en la política comercial han alterado aún más el escenario.

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¿Puede poner un ejemplo de cómo el contexto cambia completamente una negociación?
Un buen ejemplo es el comercio internacional. Durante muchos años Estados Unidos mantuvo relaciones comerciales bastante estables con socios como Canadá o la Unión Europea. Eso cambió radicalmente cuando se introdujeron aranceles y negociaciones comerciales mucho más duras. El resultado no es solo que se recaude dinero con esos aranceles. El efecto más profundo es que otros países empiezan a buscar nuevos socios comerciales. Por ejemplo, Canadá –tradicionalmente un aliado muy cercano de EE.UU.– ha buscado fortalecer relaciones comerciales con China. Y esos cambios en las alianzas económicas no se revierten fácilmente.
Desde su perspectiva, ¿Donald Trump es un buen negociador?
Creo que obtiene beneficios a corto plazo ignorando costes muy significativos a largo. Si medimos el éxito simplemente por el dinero recaudado mediante aranceles, podríamos decir que la estrategia funciona. Pero el coste es que muchos países dejan de confiar en EE.UU. como socio estable. Cuando un país deja de ser percibido como fiable, otros actores empiezan a diversificar sus relaciones. Y ese tipo de pérdida de confianza tiene consecuencias duraderas.

Cambio de contexto

«Hoy negociamos con culturas, sistemas políticos e intereses distintos, y eso transforma por completo la preparación y la dinámica»

En un mundo marcado por guerras –Ucrania, Gaza, Irán–, ¿sigue habiendo espacio para la negociación?
Toda guerra termina en una negociación. Puede tardar meses, años o incluso décadas, pero siempre ocurre. Incluso si una parte derrota completamente a la otra, hay algún tipo de negociación posterior sobre cómo se organiza la paz. La diferencia es que el contexto militar y político determina en qué condiciones se negocia. El equilibrio de poder, las alianzas internacionales o la percepción pública influyen mucho en el resultado.
Durante décadas se enseñó la negociación como un conjunto de técnicas. Usted dice que el contexto ahora es decisivo. ¿Qué errores cometen quienes siguen aplicando recetas estándar?
El principal error es ignorar cómo han cambiado las condiciones. Tomemos el caso de las negociaciones ‘on-line’. Cuando las reuniones eran presenciales, si yo estaba negociando contigo junto a mis colegas, podíamos pedir cinco minutos, salir de la sala y discutir nuestra estrategia. Hoy muchas negociaciones ocurren en Zoom, con personas en lugares distintos. Eso obliga a prepararse de otra manera y a coordinarse con herramientas diferentes. Los cambios en el contexto están ocurriendo cada vez más rápido, y quienes siguen usando las mismas estrategias de siempre pueden quedarse atrás.
La cultura suele mencionarse como un factor clave en negociaciones internacionales. ¿Cuál es el mayor malentendido?
Hay dos errores opuestos. El primero es ignorar las diferencias culturales y asumir que todos deberían negociar como nosotros. El segundo es el contrario: aprender algunos rasgos culturales y convertirlos en estereotipos. Pensar que «todos los españoles negocian así» o que «todos los estadounidenses hacen esto». En Psicología sabemos que solemos pensar que los miembros de nuestra cultura son muy diversos, pero los de otras culturas son todos iguales. Y eso conduce a errores.
Muchas personas llegan a la mesa con menos poder que su contraparte. ¿Cuál es la estrategia más inteligente en ese caso?
La clave es desarrollar alternativas. En la teoría de negociación hablamos de la «mejor alternativa a un acuerdo negociado». Si tienes otras opciones, tu posición mejora. Esto es exactamente lo que vemos ahora en el comercio internacional: países que dependían mucho de un socio buscan nuevos socios para equilibrar la relación.

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Una estrategia clásica consiste en empezar con una oferta extremadamente agresiva para «anclar» la negociación. Usted la cuestiona. ¿Por qué?
Porque está muy sobrevalorada. Hacer una oferta extrema puede tener sentido, pero debe estar dentro de un rango razonable. Si es completamente absurda, la otra parte simplemente abandona la negociación. Imagina que vendes una casa por 800.000 euros y el rango realista está entre 750.000 y 800.000. Si empiezo ofreciendo 740.000, estamos dentro de una zona negociable. Pero si empiezo ofreciendo 400.000, no vas a contraofertar. Probablemente terminarás la conversación.
Sin embargo, la investigación psicológica muestra que incluso los anclajes absurdos pueden influir.
Eso es cierto en muchos experimentos, pero esos estudios tienen limitaciones. En los experimentos o simulaciones académicas, los participantes no suelen abandonar la negociación. En el mundo real sí lo hacen. Por eso creo que la investigación a veces sobreestima la eficacia de los anclajes extremos.
El concepto de ‘win-win’ domina gran parte de la literatura sobre negociación. Usted lo matiza.
El término tiene buenas intenciones, pero puede ser engañoso. En negociaciones complejas con muchos temas sí es posible crear valor: tú valoras más una cosa, yo otra, y podemos intercambiar concesiones. Pero incluso en esas situaciones, al final también hay que dividir ese valor creado. Y ahí reaparece el conflicto. Por eso prefiero hablar de dos objetivos: crear el mayor valor posible y después repartirlo.

El experto en negociación de la escuela de Harvard.

(Tania Sieira)

Usted también advierte contra el uso de la mentira. Muchos negociadores la consideran parte del juego.
Puede dar pequeñas ventajas a corto plazo, pero tiene costes enormes. Si no confío en ti, es muy difícil identificar oportunidades de cooperación. Además destruye relaciones a largo plazo. Y en muchos contextos, esas relaciones valen mucho más que cualquier ventaja puntual.
¿Qué puede hacer un negociador si sospecha que la otra parte está siendo deshonesta?
Una estrategia útil es lo que podríamos llamar ‘triangulación’. Consiste en hacer preguntas desde distintos ángulos para comprobar si las respuestas son coherentes. Muchas personas que mienten no recuerdan exactamente lo que dijeron antes. También es importante hacer preguntas claras y específicas. Las preguntas ambiguas facilitan las respuestas engañosas.

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«El mayor error es creer que negociar es presionar: los mejores escuchan, preguntan y entienden qué importa a la otra parte»

Internet y la inteligencia artificial están transformando muchas transacciones. ¿Cómo cambiará la negociación?
Cada vez negociaremos más con algoritmos o bots. Por ejemplo, cuando tienes un accidente con el coche, antes hablabas con una persona de la aseguradora. Ahora es muy probable que interactúes primero con un sistema automático. Y en el futuro veremos bots negociando con otros bots. Eso significa que la persuasión emocional será menos importante. Lo esencial será la estrategia y el contenido de la negociación.
Hoy muchas negociaciones ocurren en redes sociales o bajo una enorme presión pública. ¿Cómo afecta esa exposición a la posibilidad de alcanzar acuerdos?
La presión pública cambia profundamente el comportamiento de los negociadores. Cuando cada movimiento es observado por una audiencia –votantes, accionistas o seguidores en redes sociales–, las personas sienten la necesidad de parecer fuertes y coherentes con sus posiciones previas. Eso dificulta hacer concesiones, incluso cuando esas concesiones serían razonables o necesarias para alcanzar un acuerdo. En privado es más fácil cambiar de posición, explorar opciones o reconocer que la otra parte tiene un buen argumento. En público, todo eso se vuelve más complicado. Por eso, muchas negociaciones importantes todavía requieren espacios privados donde las partes puedan hablar con más libertad.
Si pudiera desmontar un solo mito sobre la negociación que todavía domina en el mundo empresarial y político, ¿cuál sería?
El mito de que negociar consiste principalmente en ser duro o en presionar más que la otra parte. Muchas personas creen que el buen negociador es quien domina la conversación, quien habla más fuerte o quien logra imponer su posición. En realidad, los mejores negociadores suelen hacer algo muy distinto: escuchan más, hacen mejores preguntas y tratan de entender qué es lo que realmente importa para la otra parte. Esa información es lo que permite encontrar acuerdos inteligentes. La negociación no es solo un juego de fuerza; es, sobre todo, un ejercicio de comprensión estratégica.
Y si tuviera que elegir una habilidad clave para los profesionales de hoy, ¿cuál sería?
Voy a elegir dos. La primera es aprender a pensar desde la perspectiva de la otra parte: entender sus intereses, sus incentivos y sus alternativas. La segunda es desarrollar una mentalidad de creación de valor: no asumir que el pastel es fijo, sino buscar formas de ampliarlo.

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En el futuro no solo negociaremos con inteligencia artificial, sino que veremos sistemas de IA negociando entre sí. ¿Qué podemos esperar cuando, por ejemplo, ChatGPT negocie con otro sistema similar?
Probablemente veremos cada vez más agentes de inteligencia artificial negociando en nuestro nombre. Para muchas transacciones rutinarias será lo más eficiente. Pero eso plantea una cuestión nueva: cómo instruimos a esos agentes. El resultado de la negociación dependerá en gran medida de cómo formulamos las instrucciones o el ‘prompt’ (instrucción) que les damos. De hecho, algunos investigadores ya experimentan con esto. Los estudiantes diseñan un agente de inteligencia artificial para negociar y luego esos agentes compiten entre sí en torneos. Así se analiza qué tipo de instrucciones producen mejores resultados. En ese sentido, una habilidad emergente será saber cómo dirigir a la inteligencia artificial para que negocie por nosotros.
Muchos analistas sostienen que el mundo actual está dominado por la mentalidad del juego de suma cero, es cada vez más competitivo y menos cooperativo.
Creo que esa percepción es correcta, pero también creo que es un error estratégico adoptar una mentalidad puramente de corto plazo. Las políticas que generan beneficios inmediatos pueden tener costes mucho mayores más adelante. Y lo mismo ocurre en la negociación: quienes piensan solo en ganar hoy suelen perder en el largo plazo.