Publicado: junio 1, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/carlos-granes-elecciones-presidenciales-colombia-fantasmas-pasado-20260601161856-nt.html
01/06/2026
Actualizado a las 19:44h.
Al final en la primera vuelta de las presidenciales colombianas hubo más sorpresas de las que cabía esperar. Contra pronóstico, el ganador en esta instancia resultó ser el ultraderechista Abelardo de la Espriella, con un 43,7% de los votos, y no el ultraizquierdista … Iván Cepeda, que quedó en segundo lugar con un 40,9%. Paloma Valencia, la heredera política de Álvaro Uribe que intentó sumar votos aliándose con liberales, se desplomó y apenas obtuvo el respaldo del 6,9% del electorado. Sacó casi lo mismo que el centrista Sergio Fajardo, con la diferencia de que para este candidato su 4,2% representa casi un triunfo, al menos una carga de voltios que le devuelve el pulso a un proyecto político que parecía desahuciado. Para ella, en cambio, la distancia abismal con De la Espriella significa una derrota incontestable. La derecha colombiana ahora va por libre, sin una figura como Uribe que la apadrine, a un zarpazo de consolidarse como un proyecto asalvajado, patriótico y tradicionalista, que sólo se distingue del mileísmo o del trumpismo por sus aliños tropicales. Como el reguetón, Abelardo de la Espriella es un producto aspiracional: su estética hortera y su ostentación de nuevo rico, lejos de repeler, han resultado seductoras.
Prueba de su asalvajamiento fue el discurso que pronunció en Barranquilla al conocerse los resultados. A Petro lo llamó «golpista» y de su rival en la segunda vuelta dijo que era un «bandido aliado de narcoterroristas». En el otro extremo, y a pesar de ser un candidato gris con menos carisma que un burócrata de la Bulgaria comunista, Iván Cepeda demostró que bajo su parsimonia y tranquilidad se agitan los mismos demonios petristas. Su primera reacción ante los resultados fue sumarse a la predecible conducta de Petro y no aceptarlos. Quienes creían que Cepeda tendría un comportamiento más institucional, se habrán llevado una sorpresa. No solamente puso en duda la idoneidad del sistema electoral, sino que dividió el mundo en luz y oscuridad, en vida y muerte, en fascismo y libertad, y se dejó tentar por el cliché contemporáneo de ubicarse a sí mismo en la orilla correcta de la historia. Como colofón, descalificó a De la Espriella llamándolo «estafador de estafadores» y representante del «fascismo mafioso».
Para un psicoanalista este escenario debe resultar fascinante, pues los dos candidatos se han convertido en la emanación pesadillesca de los más fieros enemigos de las instituciones colombianas. Cepeda vinculó a De la Espriella con la mafia paramilitar, y De la Espriella, a Cepeda con las guerrillas mafiosas. De nada ha servido que el Estado, mediante la acción de sus fuerzas militares y los procesos de negociación, haya logrado desactivar a las FARC y a las bandas criminales de los noventa. La herida que ha dejado la historia reciente de Colombia inclinó al votante hacia las posturas que permiten mantener viva esa disputa. Más que unos resultados electorales, tenemos una radiografía de los temores y angustias de los colombianos, de la radical división que hay en la sociedad y de la desconfianza visceral que impide cualquier acuerdo nacional o proyecto de Estado.
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Emili J. Blasco
La segunda vuelta será muy reñida y tendrá todos los elementos necesarios para enloquecer a un país y convertir a la mitad derrotada en una fuerza de agitación permanente. Ni Petro ni Cepeda parecen dispuestos a reconocer una derrota, y De la Espriella dijo que defendería la democracia con la razón o con la fuerza. Colombia ya no es un país para moderados ni para liberales. Tal vez ninguno en Occidente lo sea, pero entre todos, es este el que suele traducir sus desacuerdos y confrontaciones en violencia, y nada indica que Cepeda y De la Espriella vayan a hacer algo para devolver la sensatez y conjurar este riesgo.
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