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Trump lanza la Operación Libertad para romper el bloqueo de Ormuz

Donald Trump ha decidido mover ficha en el estrecho de Ormuz después de semanas de parálisis, dudas, vaivenes y negociaciones sin resultado con Irán. Lo ha llamado «Project Freedom», «Operación Libertad», y lo ha presentado ya como una misión humanitaria para ayudar a barcos … comerciales atrapados en una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Pero detrás del nombre hay algo más que una operación de rescate. Es el primer intento directo de Washington de romper el bloqueo impuesto por Teherán en Ormuz desde el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel a Irán, y puede devolver el conflicto a una fase de enfrentamiento abierto.
La operación comienza este lunes por la mañana, según anunció el propio Trump en su red Truth Social. El presidente dijo que varios países «de todo el mundo» habían pedido ayuda a Estados Unidos para liberar sus barcos, bloqueados en el estrecho y convertidos, en sus palabras, en «víctimas de las circunstancias». «Hemos dicho a esos países que guiaremos sus barcos de forma segura fuera de estas aguas restringidas, para que puedan seguir libremente con sus negocios», escribió Trump.

El tono elegido por el presidente fue deliberadamente mesurado, al menos en apariencia. Trump no habló de atacar a Irán ni de abrir una nueva campaña militar. Dijo que el movimiento de barcos busca «liberar a personas, empresas y países que no han hecho absolutamente nada malo». Lo definió incluso como un «gesto humanitario» en nombre de Estados Unidos, de países de Oriente Próximo y, en una fórmula llamativa, «en particular, del país de Irán». La razón que dio es que muchos de esos buques, unos dos mil, llevan semanas atrapados, con tripulaciones que empiezan a quedarse sin alimentos, suministros y condiciones sanitarias adecuadas.

Noticia relacionada

Rosalía Sánchez

El problema es que Ormuz no es un corredor cualquiera. Por ese paso estrecho entre Irán, Omán y Emiratos Árabes Unidos circula, en condiciones normales, alrededor del 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo. Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos contra Irán y Teherán respondió cerrando o restringiendo muy severamente el tránsito, la economía mundial ha quedado pendiente de un cuello de botella de apenas unas decenas de kilómetros.
El precio del Brent sigue por encima de los 100 dólares el barril, más de un 50% por encima de los niveles previos a la guerra, y la gasolina se ha convertido ya en un problema político para Trump a seis meses de las elecciones legislativas de noviembre.
La Casa Blanca llega a esta decisión después de un bloqueo diplomático y militar. Trump no quiere una guerra interminable, pero tampoco acepta que Irán mantenga cerrado Ormuz mientras las conversaciones se estancan. Él dijo a su inicio que la guerra no duraría más de seis semanas y ya se cumplen diez.

El plan cauteloso de Trump

El jueves por la noche se presentó al presidente un plan más agresivo: enviar buques de guerra a través del estrecho para abrirlo por la fuerza. A última hora, Trump eligió una opción más cautelosa, al menos en la primera fase. En vez de anunciar una operación militar ofensiva, optó por una misión de guía y apoyo a barcos atrapados. Es una diferencia importante, pero no elimina el riesgo. En Ormuz, acompañar barcos, escoltarlos o simplemente indicarles una ruta segura puede convertirse en un choque directo si Irán decide impedirlo, con posibilidad de más bajas, también para Estados Unidos.
La respuesta de Teherán fue inmediata. El jefe del mando central iraní, el general Ali Abdollahi, advirtió de que Irán atacará a «cualquier fuerza armada extranjera» que intente acercarse o entrar en el estrecho, «especialmente el agresivo Ejército estadounidense», informa la agencia Ap. Según Irán, Ormuz está bajo control de sus fuerzas armadas y cualquier paso debe coordinarse con ellas «en todas las circunstancias». En otras palabras: Trump presenta la operación como humanitaria pero Irán la considera una violación de su control militar sobre el estrecho.
Ese choque de interpretaciones es el punto más peligroso. Si la ayuda estadounidense se limita a información, coordinación o asistencia a las tripulaciones, la operación puede tener cierto margen de contención. Pero si implica escoltas militares, destructores, aviones y drones acompañando a buques comerciales, el margen se reduce mucho, desde el punto de vista de Irán. Horas después del anuncio de Trump, el Mando Central de Estados Unidos dijo que la misión contará con destructores lanzamisiles, más de cien aeronaves terrestres y navales, plataformas no tripuladas y 15.000 militares. No explicó con detalle cómo se empleará ese despliegue pero la sola enumeración deja claro que no se trata de una operación ni mucho menos menor.
Según la Organización Marítima Internacional, unos 20.000 marineros y 2.000 barcos han quedado atrapados en el Golfo desde el inicio de la guerra con Irán. Hay preocupación por el agotamiento de suministros, la salud física y mental de las tripulaciones y el deterioro de las condiciones a bordo. Un capitán de petrolero citado por la BBC describió días de «ataques, misiles y explosiones» y una situación «bastante tensa». El centro británico de operaciones marítimas ha advertido a los barcos que intenten cruzar Ormuz de amenazas «críticas» por operaciones militares en curso y posibles minas o peligros en las rutas previstas.

La prueba del Estrecho

Trump está bajo presión para romper el control iraní del estrecho porque el bloqueo ha afectado a cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas y ha empujado al alza los precios de la energía en Estados Unidos. La guerra de Irán ya le está dañando al presidente y los suyos en los sondeos. La gasolina, el coste de la vida y la inflación vuelven a entrar en la conversación nacional. Para un presidente que recuperó la Casa Blanca prometiendo fortaleza, orden y prosperidad, ese pequeño estrecho de Ormuz se ha convertido en una prueba interna tanto como internacional.
El otro frente hoy por hoy es la negociación. Irán ha enviado una propuesta de paz de 14 puntos, transmitida por Pakistán, y dice que está revisando la respuesta de Washington. Teherán quiere separar el fin de la guerra y el desbloqueo marítimo de la cuestión nuclear, y dejar las conversaciones sobre su programa atómico para una fase posterior.
Esa fórmula choca con la exigencia central de Washington, que es que Irán acepte restricciones severas, totales, sobre su programa nuclear antes de cerrar la guerra. Trump ya ha dicho que probablemente rechazará la propuesta porque Irán, según él, «no ha pagado un precio suficientemente alto» por lo que ha hecho «a la humanidad y al mundo» durante 47 años.
La «Operación Libertad» nace, por tanto, en una zona gris. No es una ofensiva declarada, pero tampoco una simple misión de asistencia. Su éxito no se medirá solo por cuántos barcos logren salir del Golfo sino por algo más difícil, por si el presidente Trump consigue romper el bloqueo sin romper también el alto el fuego.

Publicado: mayo 4, 2026, 10:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-lanza-operacion-libertad-romper-bloqueo-ormuz-20260503160038-nt.html

Donald Trump ha decidido mover ficha en el estrecho de Ormuz después de semanas de parálisis, dudas, vaivenes y negociaciones sin resultado con Irán. Lo ha llamado «Project Freedom», «Operación Libertad», y lo ha presentado ya como una misión humanitaria para ayudar a barcos comerciales atrapados en una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Pero detrás del nombre hay algo más que una operación de rescate. Es el primer intento directo de Washington de romper el bloqueo impuesto por Teherán en Ormuz desde el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel a Irán, y puede devolver el conflicto a una fase de enfrentamiento abierto.

La operación comienza este lunes por la mañana, según anunció el propio Trump en su red Truth Social. El presidente dijo que varios países «de todo el mundo» habían pedido ayuda a Estados Unidos para liberar sus barcos, bloqueados en el estrecho y convertidos, en sus palabras, en «víctimas de las circunstancias». «Hemos dicho a esos países que guiaremos sus barcos de forma segura fuera de estas aguas restringidas, para que puedan seguir libremente con sus negocios», escribió Trump.

El tono elegido por el presidente fue deliberadamente mesurado, al menos en apariencia. Trump no habló de atacar a Irán ni de abrir una nueva campaña militar. Dijo que el movimiento de barcos busca «liberar a personas, empresas y países que no han hecho absolutamente nada malo». Lo definió incluso como un «gesto humanitario» en nombre de Estados Unidos, de países de Oriente Próximo y, en una fórmula llamativa, «en particular, del país de Irán». La razón que dio es que muchos de esos buques, unos dos mil, llevan semanas atrapados, con tripulaciones que empiezan a quedarse sin alimentos, suministros y condiciones sanitarias adecuadas.

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  • Rosalía Sánchez

El problema es que Ormuz no es un corredor cualquiera. Por ese paso estrecho entre Irán, Omán y Emiratos Árabes Unidos circula, en condiciones normales, alrededor del 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo. Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos contra Irán y Teherán respondió cerrando o restringiendo muy severamente el tránsito, la economía mundial ha quedado pendiente de un cuello de botella de apenas unas decenas de kilómetros.

El precio del Brent sigue por encima de los 100 dólares el barril, más de un 50% por encima de los niveles previos a la guerra, y la gasolina se ha convertido ya en un problema político para Trump a seis meses de las elecciones legislativas de noviembre.

La Casa Blanca llega a esta decisión después de un bloqueo diplomático y militar. Trump no quiere una guerra interminable, pero tampoco acepta que Irán mantenga cerrado Ormuz mientras las conversaciones se estancan. Él dijo a su inicio que la guerra no duraría más de seis semanas y ya se cumplen diez.

El plan cauteloso de Trump

El jueves por la noche se presentó al presidente un plan más agresivo: enviar buques de guerra a través del estrecho para abrirlo por la fuerza. A última hora, Trump eligió una opción más cautelosa, al menos en la primera fase. En vez de anunciar una operación militar ofensiva, optó por una misión de guía y apoyo a barcos atrapados. Es una diferencia importante, pero no elimina el riesgo. En Ormuz, acompañar barcos, escoltarlos o simplemente indicarles una ruta segura puede convertirse en un choque directo si Irán decide impedirlo, con posibilidad de más bajas, también para Estados Unidos.

La respuesta de Teherán fue inmediata. El jefe del mando central iraní, el general Ali Abdollahi, advirtió de que Irán atacará a «cualquier fuerza armada extranjera» que intente acercarse o entrar en el estrecho, «especialmente el agresivo Ejército estadounidense», informa la agencia Ap. Según Irán, Ormuz está bajo control de sus fuerzas armadas y cualquier paso debe coordinarse con ellas «en todas las circunstancias». En otras palabras: Trump presenta la operación como humanitaria pero Irán la considera una violación de su control militar sobre el estrecho.

Ese choque de interpretaciones es el punto más peligroso. Si la ayuda estadounidense se limita a información, coordinación o asistencia a las tripulaciones, la operación puede tener cierto margen de contención. Pero si implica escoltas militares, destructores, aviones y drones acompañando a buques comerciales, el margen se reduce mucho, desde el punto de vista de Irán. Horas después del anuncio de Trump, el Mando Central de Estados Unidos dijo que la misión contará con destructores lanzamisiles, más de cien aeronaves terrestres y navales, plataformas no tripuladas y 15.000 militares. No explicó con detalle cómo se empleará ese despliegue pero la sola enumeración deja claro que no se trata de una operación ni mucho menos menor.

Según la Organización Marítima Internacional, unos 20.000 marineros y 2.000 barcos han quedado atrapados en el Golfo desde el inicio de la guerra con Irán. Hay preocupación por el agotamiento de suministros, la salud física y mental de las tripulaciones y el deterioro de las condiciones a bordo. Un capitán de petrolero citado por la BBC describió días de «ataques, misiles y explosiones» y una situación «bastante tensa». El centro británico de operaciones marítimas ha advertido a los barcos que intenten cruzar Ormuz de amenazas «críticas» por operaciones militares en curso y posibles minas o peligros en las rutas previstas.

La prueba del Estrecho

Trump está bajo presión para romper el control iraní del estrecho porque el bloqueo ha afectado a cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas y ha empujado al alza los precios de la energía en Estados Unidos. La guerra de Irán ya le está dañando al presidente y los suyos en los sondeos. La gasolina, el coste de la vida y la inflación vuelven a entrar en la conversación nacional. Para un presidente que recuperó la Casa Blanca prometiendo fortaleza, orden y prosperidad, ese pequeño estrecho de Ormuz se ha convertido en una prueba interna tanto como internacional.

El otro frente hoy por hoy es la negociación. Irán ha enviado una propuesta de paz de 14 puntos, transmitida por Pakistán, y dice que está revisando la respuesta de Washington. Teherán quiere separar el fin de la guerra y el desbloqueo marítimo de la cuestión nuclear, y dejar las conversaciones sobre su programa atómico para una fase posterior.

Esa fórmula choca con la exigencia central de Washington, que es que Irán acepte restricciones severas, totales, sobre su programa nuclear antes de cerrar la guerra. Trump ya ha dicho que probablemente rechazará la propuesta porque Irán, según él, «no ha pagado un precio suficientemente alto» por lo que ha hecho «a la humanidad y al mundo» durante 47 años.

La «Operación Libertad» nace, por tanto, en una zona gris. No es una ofensiva declarada, pero tampoco una simple misión de asistencia. Su éxito no se medirá solo por cuántos barcos logren salir del Golfo sino por algo más difícil, por si el presidente Trump consigue romper el bloqueo sin romper también el alto el fuego.

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