Publicado: mayo 3, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/abelardo-espriella-populista-admira-milei-bukele-20260503015003-nt.html
En Puerres, Nariño, en el suroccidente de Colombia, un pueblo de tradición agrícola e indígena, muy cerca de la frontera con Ecuador, la voz de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero suena en la plaza principal del pueblo. El Tigre, como se hace llamar y … como lo promueve con un rugido su jingle de campaña, repite en una grabación que él forma parte de los que nunca han robado dinero del Estado, de los que no han hecho politiquería ni han traicionado al pueblo colombiano, y quien quiere hacer con sus propuestas de gobierno la Patria Milagro. Pero aquí, al borde del país, ese milagro luce distante, postizo, como un real ‘outsider’.
Así se presenta Abelardo de la Espriella, como el candidato alejado de la política tradicional, quien decidió dejar sus negocios personales y su bufete de abogado para atender la amenaza de una radicalización de la izquierda en el poder. De extrema derecha, como se cataloga, a este empresario, penalista, cantante, diseñador de moda masculina, escritor de novelas policiacas, productor de ron e importador de vinos, restaurantero y asesor inmobiliario en Miami, le han alcanzado los 47 años que tiene para hacer muchas cosas, pero también para generar múltiples preguntas sobre su vida, su fortuna, sus cuestionados clientes y su supuesta vinculación con grupos paramilitares, entre otros aspectos que lucen opacos para muchas personas.
Siempre directo en sus comentarios, para el candidato presidencial por el movimiento Defensores de la Patria, los cuestionamientos obedecen a que «Colombia es la capital de la intriga y de la envidia», como lo dijo hace siete años al programa Los informantes, en tiempos donde la política electoral no le interesaba y toda su energía estaba enfocada en sus negocios particulares, la vida en Miami con su esposa, Ana Lucía Pineda, y sus hijos, y en apoyar con donaciones la causa republicana en Estados Unidos. Y sobre tantos cuestionamientos por sus triunfos, De la Espriella con toda claridad lo resumió así: «La vida es una pela de boxeo. No triunfa quien más pegue, sino quien más coñazos aguante».
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Poly Martínez
Y Abelardo parece que los aguanta bien. Al menos en la imagen, siempre controlada, con corte de barba y de pelo perfectos, toda su presentación impecable, vestido con ropas finas, con relojes de marca y cierta altanería que lo hace detestable para muchos y un referente de carácter, buen gusto y triunfo personal para el resto; una figura aspiracional.
Precisamente su vehemencia y una agresiva campaña publicitaria lo han mantenido en el segundo lugar en intención de voto, según las más recientes encuestas, y le ha permitido navegar las turbulentas aguas de la política electoral sin meterse en debates programáticos complicados, evitando el desgaste, al menos hasta una posible confrontación con Iván Cepeda cuando llegue la segunda vuelta.
El Tigre, como se hace llamar y como lo promueve con un rugido su jingle de campaña, repite en una grabación que él forma parte de los que nunca han robado dinero del Estado
Pasado controvertido
Mientras tanto, los golpes que está encajando le llegan del pasado. Específicamente de tres frentes. El primero, en 2008, su papel como representante de David Murcia, quien con su esquema de pirámide financiera arruinó a miles de personas en Colombia, y de quien en ese entonces recibió 760 millones de pesos para hacer ‘lobby’ en el Congreso, pero al parecer no sucedió. El otro flanco viene de su lista de clientes, entre ellos, dos congresistas vinculados al paramilitarismo, el estafador Diego Murcia, Alex Saab, testaferro de Maduro, pero también el propio expresidente Álvaro Uribe, de quien era un radical admirador pero del que ahora guarda distancia, y James Rodríguez.
Pero más allá de genio y figura, la promesa de gobierno de Abelardo es sencilla de plantear, pero no es claro si sería fácil de cumplir: la reducción del Estado en una cuarta parte, a lo Milei, quien es uno de sus referentes preferidos; reducción de impuestos para estimular la inversión, regresar al negocio de los hidrocarburos, construir diez megacárceles (Bukele es su maestro en temas de seguridad), la misma cantidad de centros de salud y retomar la fumigación intensiva de cultivos ilícitos. ¿Con eso basta para liderar a un país? Con seguridad, no. Es más fácil pintarle otra raya al tigre.
