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La guerra de Irán hunde a Trump antes de unas elecciones cruciales

Una profunda caída de Donald Trump en popularidad por la guerra de Irán se manifiesta con gran claridad en varios sondeos recientes, y abre para la Casa Blanca un problema político conocido en la historia de Estados Unidos: las guerras lejanas acaban pasando factura … dentro de casa. Le ocurrió a Lyndon B. Johnson con Vietnam y a George W. Bush con Irak. Ahora Trump llega a las elecciones legislativas de noviembre con una mayoría de estadounidenses que desaprueba su gestión de Irán, con desgaste en economía, inflación y coste de la vida, y con los demócratas viendo una oportunidad para convertir la guerra en el eje de la campaña.
La comparación con viejas guerras es incómoda para la Casa Blanca porque el rechazo a Irán ha llegado muy pronto. Si se combinan los dos indicadores más recientes sobre la guerra (el 66% que desaprueba la gestión de Trump en Irán y el 61% que considera un error el uso de la fuerza militar), el rechazo medio se sitúa en torno al 64%. En mayo de 2006, tres años después de la invasión de Irak, el 59% de los estadounidenses pensaba que aquella guerra había sido un error.

En enero de 1973, el año de la retirada de Vietnam, el 60% decía que había sido un error enviar tropas allí. Vietnam e Irak necesitaron años de desgaste, miles y miles de muertos y una erosión nacional prolongada para alcanzar ese punto. En el caso de Irán, Trump lo ha alcanzado en semanas, con solo un 19% de estadounidenses que considera exitosa la campaña militar.

Noticia relacionada

Guerra en Irán

David Alandete

El sondeo más reciente y alarmante para la Casa Blanca es el de Washington Post-ABC News-Ipsos, publicado este mismo 3 de mayo. Sitúa la aprobación general de Trump en el 37% y su desaprobación en el 62%, la cifra más alta de rechazo en sus dos mandatos. En Irán, el dato es todavía peor para la Casa Blanca: el 66% desaprueba su gestión y solo el 33% la aprueba. La encuesta también muestra deterioro en los asuntos internos más sensibles: su aprobación en economía cae al 34%, siete puntos menos desde el inicio de la guerra; en inflación baja al 27%; y en coste de la vida se hunde hasta el 23%, frente a un 76% de desaprobación.
Otros sondeos recientes confirman la misma tendencia. Pew Research Center, en una encuesta publicada el 1 de mayo, sitúa la aprobación de Trump en el 34%, el nivel más bajo de su segundo mandato, y muestra una caída en la confianza sobre su capacidad para usar la fuerza militar con prudencia: del 46% el verano pasado al 38% ahora. Associated Press-NORC le da solo un 30% de aprobación en economía, ocho puntos menos que en marzo. Y el dato más delicado sobre la guerra es que el 61% de los estadounidenses considera un error el uso de la fuerza militar contra Irán.

Pierde apoyo clave

El cuadro político que emerge de estos sondeos es claro: Trump se hunde en el año de las elecciones parciales de noviembre. No pierde aún a la mayoría de su base republicana, que le es muy fiel, pero sí se debilita entre independientes, votantes republicanos menos ideológicos y trumpistas y sectores que fueron clave en su regreso en 2024.
La guerra de Irán le está contaminando la popularidad en la economía, por el coste de la gasolina, la inflación y demás, justo los asuntos con los que recuperó la Casa Blanca. Para los republicanos, el problema ya no es solo la impopularidad de una guerra exterior; es que esa guerra empieza a convertirse en una amenaza directa para la Cámara, el Senado y la mayoría que sostiene al presidente. Sube de precio el asfalto, el combustible, hasta los preservativos.

La guerra de Irán le está contaminando la popularidad en la economía, por el coste de la gasolina, la inflación y demás, justo los asuntos con los que recuperó la Casa Blanca

En noviembre se renueva toda la Cámara de Representantes, los 435 escaños, y un tercio del Senado, 35 escaños en total contando elecciones especiales. Ahora los republicanos tienen mayoría en las dos cámaras. En la Cámara de Representantes, la mayoría es muy estrecha, por lo que los demócratas necesitan ganar solo unos pocos escaños para recuperarla. Ese es el mayor riesgo inmediato para Trump y su partido.
En el Senado, los republicanos también tienen mayoría, 53 frente a 47 del bloque demócrata, contando a los independientes que votan con ellos. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos para controlar la cámara, porque el vicepresidente J. D. Vance desempata a favor de los republicanos. Los republicanos defienden más escaños en el Senado que los demócratas, pero el mapa sigue siendo difícil para la oposición.

El más impopular

Comparado con la serie histórica moderna, desde que hay sondeos, a un año largo del inicio de mandato, Trump es el presidente más impopular o está empatado en el peor nivel de la era de las encuestas modernas. En su segundo mandato, la casa de sondeos Pew lo sitúa en el 34%, el nivel más bajo de su segundo mandato; el sondeo Post-ABC-Ipsos lo coloca en el 37%, con un 62% de desaprobación, la mayor de sus dos presidencias.
Ya en su primer mandato, Trump fue el presidente peor valorado al cumplir su primer año desde que existen mediciones modernas de Gallup. Ahora, en el segundo, vuelve a moverse en esa zona baja, incluso por debajo de Joe Biden en momentos comparables y cerca de los peores registros de presidentes muy desgastados.
La comparación tiene matices: Nixon cayó mucho más abajo, hasta el 24%, pero eso fue al final de su presidencia, durante el Watergate, no al cumplir un año. George W. Bush terminó en el 34% tras Irak y la crisis financiera; Jimmy Carter acabó en el 34%; Truman terminó en el 32%. Pero en el arranque o primer tramo de mandato, Trump es el caso más débil del periodo moderno, sobre todo por la guerra de Irán.
Una clave del deterioro político de Trump es que las críticas ya no llegan solo de los demócratas o de los medios hostiles, sino también de antiguos aliados y referentes de su propia órbita. El caso más claro es Tucker Carlson, una de las voces más influyentes del trumpismo mediático, que en una entrevista este fin de semana con el ‘New York Times’ sostuvo que Trump actúa en la guerra de Irán más como «rehén» de Benjamin Netanyahu que como un dirigente soberano.
Según Carlson, la decisión real no se toma en Washington, sino en Jerusalén, y el presidente no estaría haciendo lo que quiere, sino lo que le imponen desde Israel. Esa fractura es peligrosa para la Casa Blanca porque golpea el corazón del mensaje ‘América primero’: si incluso sectores de sus bases empiezan a ver la guerra como una operación al servicio de otro país, el problema deja de ser solo electoral y pasa a ser una grieta interna en el movimiento que llevó a Trump de vuelta al poder.
A seis meses de las legislativas de noviembre, con toda la Cámara y un tercio del Senado en juego, el presidente empieza a comprobar que una guerra exterior puede convertirse en una amenaza directa para su legado y su control del Capitolio, crucial para cumplir sus promesas. Por eso ahora clama que la guerra ha acabado, a pesar de que el cierre del estrecho de Ormuz se mantiene.

Publicado: mayo 3, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/guerra-iran-hunde-trump-elecciones-cruciales-20260502022048-nt.html

Una profunda caída de Donald Trump en popularidad por la guerra de Irán se manifiesta con gran claridad en varios sondeos recientes, y abre para la Casa Blanca un problema político conocido en la historia de Estados Unidos: las guerras lejanas acaban pasando factura dentro de casa. Le ocurrió a Lyndon B. Johnson con Vietnam y a George W. Bush con Irak. Ahora Trump llega a las elecciones legislativas de noviembre con una mayoría de estadounidenses que desaprueba su gestión de Irán, con desgaste en economía, inflación y coste de la vida, y con los demócratas viendo una oportunidad para convertir la guerra en el eje de la campaña.

La comparación con viejas guerras es incómoda para la Casa Blanca porque el rechazo a Irán ha llegado muy pronto. Si se combinan los dos indicadores más recientes sobre la guerra (el 66% que desaprueba la gestión de Trump en Irán y el 61% que considera un error el uso de la fuerza militar), el rechazo medio se sitúa en torno al 64%. En mayo de 2006, tres años después de la invasión de Irak, el 59% de los estadounidenses pensaba que aquella guerra había sido un error.

En enero de 1973, el año de la retirada de Vietnam, el 60% decía que había sido un error enviar tropas allí. Vietnam e Irak necesitaron años de desgaste, miles y miles de muertos y una erosión nacional prolongada para alcanzar ese punto. En el caso de Irán, Trump lo ha alcanzado en semanas, con solo un 19% de estadounidenses que considera exitosa la campaña militar.

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    David Alandete

El sondeo más reciente y alarmante para la Casa Blanca es el de Washington Post-ABC News-Ipsos, publicado este mismo 3 de mayo. Sitúa la aprobación general de Trump en el 37% y su desaprobación en el 62%, la cifra más alta de rechazo en sus dos mandatos. En Irán, el dato es todavía peor para la Casa Blanca: el 66% desaprueba su gestión y solo el 33% la aprueba. La encuesta también muestra deterioro en los asuntos internos más sensibles: su aprobación en economía cae al 34%, siete puntos menos desde el inicio de la guerra; en inflación baja al 27%; y en coste de la vida se hunde hasta el 23%, frente a un 76% de desaprobación.

Otros sondeos recientes confirman la misma tendencia. Pew Research Center, en una encuesta publicada el 1 de mayo, sitúa la aprobación de Trump en el 34%, el nivel más bajo de su segundo mandato, y muestra una caída en la confianza sobre su capacidad para usar la fuerza militar con prudencia: del 46% el verano pasado al 38% ahora. Associated Press-NORC le da solo un 30% de aprobación en economía, ocho puntos menos que en marzo. Y el dato más delicado sobre la guerra es que el 61% de los estadounidenses considera un error el uso de la fuerza militar contra Irán.

Pierde apoyo clave

El cuadro político que emerge de estos sondeos es claro: Trump se hunde en el año de las elecciones parciales de noviembre. No pierde aún a la mayoría de su base republicana, que le es muy fiel, pero sí se debilita entre independientes, votantes republicanos menos ideológicos y trumpistas y sectores que fueron clave en su regreso en 2024.

La guerra de Irán le está contaminando la popularidad en la economía, por el coste de la gasolina, la inflación y demás, justo los asuntos con los que recuperó la Casa Blanca. Para los republicanos, el problema ya no es solo la impopularidad de una guerra exterior; es que esa guerra empieza a convertirse en una amenaza directa para la Cámara, el Senado y la mayoría que sostiene al presidente. Sube de precio el asfalto, el combustible, hasta los preservativos.

La guerra de Irán le está contaminando la popularidad en la economía, por el coste de la gasolina, la inflación y demás, justo los asuntos con los que recuperó la Casa Blanca

En noviembre se renueva toda la Cámara de Representantes, los 435 escaños, y un tercio del Senado, 35 escaños en total contando elecciones especiales. Ahora los republicanos tienen mayoría en las dos cámaras. En la Cámara de Representantes, la mayoría es muy estrecha, por lo que los demócratas necesitan ganar solo unos pocos escaños para recuperarla. Ese es el mayor riesgo inmediato para Trump y su partido.

En el Senado, los republicanos también tienen mayoría, 53 frente a 47 del bloque demócrata, contando a los independientes que votan con ellos. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos para controlar la cámara, porque el vicepresidente J. D. Vance desempata a favor de los republicanos. Los republicanos defienden más escaños en el Senado que los demócratas, pero el mapa sigue siendo difícil para la oposición.

El más impopular

Comparado con la serie histórica moderna, desde que hay sondeos, a un año largo del inicio de mandato, Trump es el presidente más impopular o está empatado en el peor nivel de la era de las encuestas modernas. En su segundo mandato, la casa de sondeos Pew lo sitúa en el 34%, el nivel más bajo de su segundo mandato; el sondeo Post-ABC-Ipsos lo coloca en el 37%, con un 62% de desaprobación, la mayor de sus dos presidencias.

Ya en su primer mandato, Trump fue el presidente peor valorado al cumplir su primer año desde que existen mediciones modernas de Gallup. Ahora, en el segundo, vuelve a moverse en esa zona baja, incluso por debajo de Joe Biden en momentos comparables y cerca de los peores registros de presidentes muy desgastados.

La comparación tiene matices: Nixon cayó mucho más abajo, hasta el 24%, pero eso fue al final de su presidencia, durante el Watergate, no al cumplir un año. George W. Bush terminó en el 34% tras Irak y la crisis financiera; Jimmy Carter acabó en el 34%; Truman terminó en el 32%. Pero en el arranque o primer tramo de mandato, Trump es el caso más débil del periodo moderno, sobre todo por la guerra de Irán.

Una clave del deterioro político de Trump es que las críticas ya no llegan solo de los demócratas o de los medios hostiles, sino también de antiguos aliados y referentes de su propia órbita. El caso más claro es Tucker Carlson, una de las voces más influyentes del trumpismo mediático, que en una entrevista este fin de semana con el ‘New York Times’ sostuvo que Trump actúa en la guerra de Irán más como «rehén» de Benjamin Netanyahu que como un dirigente soberano.

Según Carlson, la decisión real no se toma en Washington, sino en Jerusalén, y el presidente no estaría haciendo lo que quiere, sino lo que le imponen desde Israel. Esa fractura es peligrosa para la Casa Blanca porque golpea el corazón del mensaje ‘América primero’: si incluso sectores de sus bases empiezan a ver la guerra como una operación al servicio de otro país, el problema deja de ser solo electoral y pasa a ser una grieta interna en el movimiento que llevó a Trump de vuelta al poder.

A seis meses de las legislativas de noviembre, con toda la Cámara y un tercio del Senado en juego, el presidente empieza a comprobar que una guerra exterior puede convertirse en una amenaza directa para su legado y su control del Capitolio, crucial para cumplir sus promesas. Por eso ahora clama que la guerra ha acabado, a pesar de que el cierre del estrecho de Ormuz se mantiene.

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