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Funcas calcula que el uso del suelo vacío elevaría un 18% el parque de viviendas en grandes ciudades: «Está en manos muertas»

España dispone de una gran cantidad de suelo aún sin edificar, gran parte de ellos de titularidad pública. Al menos un 30% de ese suelo vacante pertenece a ayuntamientos por cesiones legales. Así lo ha asegurado Ignacio Ezquiaga, investigador de Funcas, durante su intervención en el XLIII seminario de economía organizado en Santander por la APIE y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). El think tank calcula que el suelo vacío de las quince mayores áreas urbanas de España ayudaría a incrementar el parque disponible en un 18%. «Hay muchas viviendas que podrían acometerse, y no precisamente en zonas recónditas», ha asegurado Ezquiaga. Pone como ejemplo el caso de Murcia, región en la que podría llegar a duplicarse el número de inmuebles si se llevan a cabo este tipo de proyectos. «La mayor parte del suelo está en manos muertas desde la crisis financieras. Es decir, de agentes que no quieren promoverlo», ha remarcado. En el informe presentado este martes ha hecho un repaso por el mercado de la vivienda desde la burbuja inmobiliaria (1998-2008) para concluir que los suelos financiados previamente y absorbidos por grandes fondos y Sareb no han regresado al mercado como se había previsto. De hecho, Ezquiaga critica que pese a la abundante liquidez, la inversión en edificación residencial es escasa, algo que ha llevado a paralizar muchos proyectos en fase inicial. Si en 2011 la banca financiaba suelo por el equivalente a tres millones en viviendas, en el momento actual Sareb tiene proyectos abiertos para unas 400.000 potenciales. «Tenemos que conseguir que estos suelos vuelvan al mercado, que lo inunden de precios bajos y construyan», ha explicado. En su opinión, una de las soluciones pasaría por penalizar la ociosidad de esos suelos. El experto considera que la política de vivienda debería incluir medidas que permitan volver a poner en el mercado dichos terrenos en aras de movilizar el patrimonio municipal y destinarlo a vivienda pública, así como a liberar los suelos privados «encapsulados». Para ello, pone sobre la mesa la posibilidad de establecer sanciones como la pérdida de derechos edificatorios si pasa un largo periodo de tiempo sin ejecución o la edificación forzosa de solares. En materia fiscal, Ezquiaga defiende la aplicación de un Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) sobre el potencial de edificabilidad en lugar de hacerlo solamente sobre el suelo. KPMG apuesta por más incentivos fiscales En contraposición, el responsable del sector inmobiliario de KPMG, Carlos Bardavío, atribuye la crisis de acceso actual más a la falta de vivienda en alquiler que a la normativa vigente. El experto ha asegurado que con las políticas impulsadas se ha reducido la oferta para arrendamiento, a lo que se suma la competición del hogar tradicional con el alquiler turístico, el de temporada, el enfocado en estudiantes y el dedicado al arrendamiento por habitaciones.Si bien defiende la colaboración público-privada en aras de promover nuevas viviendas en alquiler en suelo público, Bardavío se ha centrado en las ya construidas, que están en manos de pequeños propietarios. En este sentido, ve necesario apostar por una mayor seguridad jurídica e incentivos fiscales, sobre todo, los hogares vulnerables, dado que la ley de vivienda ha tensionado aún más el mercado, provocando la retirada de un gran número de viviendas. 

Garamendi activa la maquinaria electoral: CEOE fijará fecha para elegir un nuevo presidente antes de lo previsto

Antonio Garamendi ha decidido activar la maquinaria electoral antes de tiempo. El presidente de la gran patronal CEOE, la organización empresarial más representativa del país, reunirá al Comité Ejecutivo de la organización el próximo miércoles 1 de julio. Tal y como ha adelantado Colpisa  y ha podido confirmar este periódico, el órgano ejecutivo de la patronal decidirá ese día una fecha para celebrar elecciones.Fuentes oficiales de CEOE señalan que no se trata de un adelanto electoral, dado que la organización tenía como límite el mes de noviembre para convocar el proceso, pero podía fijar una fecha en cualquier momento anterior. El motivo que arguyen en la presidencia de CEOE para lanzar el proceso antes de esta fecha es evitar que coincida con la cumbre iberoamericana que se celebrará en Madrid los días 4 y 5 de noviembre.El actual presidente, Antonio Garamendi todavía no ha confirmado oficialmente su candidatura, pero todo hace pensar que se presentará a la reelección para optar a un tercer mandato. El empresario vasco accedió a la presidencia de CEOE en el año 2018 y revalidó el cargo por cuatro años más en 2022 sin gran oposición. Entonces, Garamendi se impuso a Virginia Guinda, candidata impulsada por la patronal catalana Foment del Treball, por un 86% de los sufragios.Por el momento, no se ha confirmado si se presentarán o no candidaturas alternativas a la de Garamendi. Pero dentro de la patronal, el principal antagonista al actual presidente en los últimos tiempos ha sido Gerardo Cuerva, expresidente de Cepyme, la organización que representa a las pequeñas y medianas empresas del país. El momento álgido de el enfrentamiento entre Cuerva y Garamendi se vivió el año pasado, cuando se convocaron las elecciones de Cepyme. En aquellos comicios, Garamendi impulsó a una candidata alternativa a Cuerva, Ángela de Miguel, a la que entregó su respaldo explícito. Cuerva salió derrotado, pero lo hizo por un escaso margen en una campaña marcada por el cuestionamiento de Garamendi al frente de CEOE.El empresario murciano que presidió Cepyme entre 2019 y 2025 se desmarcó de la línea oficial fijada por CEOE en varias ocasiones. Rechazó explícitamente la reforma laboral, que CEOE pactó con sindicatos y el Gobierno. Y en los últimos compases de su mandato elevó el tono contra el Ejecutivo, con declaraciones encendidas sin autorizar por Garamendi. Sin embargo, las cosas han cambiado bastante en el último año. El presidente de CEOE ha endurecido el tono considerablemente contra el Ejecutivo ante los casos de corrupción que rodean al PSOE y frente a los cambios en la legislación laboral que impulsa la vicepresidenta segunda y Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.En la Asamblea General de CEOE, celebrada la semana pasada, Garamendi aprovechó su intervención para denunciar la «deriva institucional» en la que quienes gobiernan tienen sumido al país por estar «más pendientes de sus intereses electorales e ideológicos», al tiempo que ha acusado en particular al ministerio de Trabajo de dinamitar el diálogo social para imponer un «ideario político e ideológico».

Goldman Sachs da un 'tirón de orejas' a España por el gasto en medidas contra la crisis energética

Goldman Sachs da un tirón de orejas a España por el gasto en medidas destinadas a contrarrestar los efectos de la guerra de Irán en la energía. Toque de atención de uno de los mayores bancos de inversión del mundo que, al mismo tiempo, mantiene unas previsiones más favorables para el país que para el resto de grandes economías del euro y que pone en valor el hecho de que esa «superioridad del comportamiento macroeconómico» siga siendo visible tanto en términos de actividad como en la valoración de la deuda soberana.La firma recuerda cómo desde la crisis energética de 2022, España ha sido el país «menos expuesto» entre las grandes economías de la Eurozona al incremento de los precios de la energía. Pese a ello, destaca, el Gobierno «ha desplegado una de las respuestas fiscales relacionadas con la energía más contundentes de la región». A la vez, la entidad apunta que la decisión de no priorizar el gasto en defensa y la relativa protección frente al shock energético «han permitido a las autoridades ofrecer apoyo económico sin deteriorar de forma sustancial la posición fiscal general».Desde Goldman Sachs sostienen que la menor intensidad energética de la economía española contribuye a contener el impacto directo sobre el crecimiento, mientras que los riesgos fiscales permanecen gestionables a pesar de una respuesta de política económica «relativamente significativa».Aunque el aumento de las ayudas ha sido el mayor entre los países que comparten el euro, el saldo fiscal sigue figurando entre los más sólidos del área. La combinación de políticas económicas ha sido relativamente expansiva, pero no ha perjudicado la credibilidad soberana del país, ya que España continúa siendo el único miembro de la Eurozona para el que prevén una reducción de la ratio deuda pública/PIB durante los próximos tres años.El informe señala que la economía española se encamina hacia una desaceleración como consecuencia del shock energético, si bien seguirá mostrando un mejor desempeño que la zona euro. «España afrontó esta crisis energética desde una posición relativamente sólida», apunta, y sitúa el avance del PIB este año en torno a su media histórica de largo plazo o por encima. A la vez, el saldo fiscal primario (la diferencia entre los ingresos y los gastos no financieros, excluyendo expresamente el pago de intereses de la deuda) presenta una «comparación favorable con episodios anteriores» y se sitúa en el tercer nivel más elevado de los últimos diecinueve años.El turismo y la incertidumbre política, riesgos a vigilarDesde Goldman identifican dos riesgos a vigilar que sí pueden tener impacto en el crecimiento. El primero sería que la crisis energética afectase al sector turístico español y al del Sur de Europa en general. «Un aumento de los costes de viaje provocado por la energía no solo reduciría el número de visitantes, sino que también afectaría de forma más intensa al componente de mayor valor añadido de la demanda externa», advierte.En un escenario de este tipo y, dada la relevancia de la temporada alta — que se desarrolla entre junio y septiembre— y el peso de los turistas que llegan por vía aérea  sobre el gasto total, en el banco de inversión calculan que cada reducción del 10% en las llegadas de turistas por avión podría recortar el PIB español aproximadamente un 0,3%.El otro elemento a vigilar sería que la incertidumbre política persistiese. En Goldman Sachs recuerdan que desde las elecciones anticipadas de 2023, Pedro Sánchez dirige un Ejecutivo en minoría que no ha logrado aprobar unos presupuestos generales completos. Aunque esta capacidad limitada para moldear la política fiscal no ha impedido la reducción del déficit público, el apoyo procedente del Fondo Europeo de Recuperación ha desempeñado un papel fundamental para mantener el crecimiento de la inversión a pesar de la fragmentación política.»Una incertidumbre política prolongada podría erosionar la confianza de los inversores y debilitar nuestra visión favorable sobre las perspectivas de España»»Con la finalización del programa europeo prevista para este año, la necesidad de contar con un Gobierno capaz de aprobar presupuestos anuales cobrará una importancia aún mayor», señalan. Las encuestas apuntan a un desplazamiento gradual del apoyo electoral desde el PSOE al PP, con una orientación fiscal más conservadora.No obstante, en la firma añaden que también sugieren una probabilidad significativa de que las elecciones de 2027 vuelvan a dar lugar a «un Parlamento fragmentado, incapaz de generar una mayoría clara y estable». De cara a esos comicios, es probable que los inversores presten especial atención al riesgo de una nueva legislatura sin mayoría suficiente y a la posibilidad de que continúe la dinámica de gobiernos minoritarios.Una incertidumbre política prolongada podría «erosionar la confianza de los inversores en la continuidad del proceso de transformación de la economía española y debilitar los argumentos que sustentan nuestra visión favorable sobre sus perspectivas económicas», zanjan.

Hormesis corporativa: el entrenamiento de las empresas antifrágiles

No todos los sistemas responden igual ante la presión. Algunos se rompen cuando reciben un impacto. Otros logran resistirlo y volver a su estado anterior. Pero hay sistemas que, si son expuestos a la dosis adecuada de tensión, no solo resisten: mejoran. Esta diferencia permite distinguir tres conceptos: fragilidad, resiliencia y antifragilidad.La fragilidad describe aquellos sistemas que se deterioran ante el estrés, la presión o la incertidumbre. Son estructuras que funcionan mientras el entorno es estable, pero que se quiebran cuando aparece una perturbación relevante. En el mundo corporativo, una organización frágil puede parecer sólida en tiempos de calma, pero revela sus debilidades cuando llega una crisis: falta de coordinación, ausencia de liderazgo, mensajes inconsistentes o incapacidad para tomar decisiones bajo presión.La resiliencia es la capacidad de resistir un impacto y recuperar el estado anterior. Un sistema resiliente absorbe la tensión, se adapta durante un tiempo y vuelve a funcionar. En una empresa, la resiliencia permite superar una crisis sin quedar destruida. Es una cualidad esencial, pero no necesariamente implica aprendizaje profundo ni transformación. La organización resiste, pero no siempre sale mejor preparada.La antifragilidad, en cambio, va un paso más allá: es la capacidad de salir reforzado de la presión, el conflicto o la incertidumbre. Este término, acuñado por Nassim Taleb, define que un sistema o empresa antifrágil no solo soporta el estrés, sino que utiliza esa experiencia para mejorar. Aprende, corrige vulnerabilidades, fortalece sus procesos, entrena su toma de decisiones y aumenta su capacidad de respuesta futura.Una de las formas de desarrollar antifragilidad es a través de pequeñas dosis de estrés controlado. En biología, este fenómeno se conoce como hormesis: la exposición moderada a un agente estresor puede activar respuestas adaptativas beneficiosas. El ejercicio físico es un ejemplo evidente. Someter al cuerpo a una tensión manejable fortalece los músculos, mejora el sistema inmune y prepara al organismo para esfuerzos mayores.Esta lógica también puede trasladarse al mundo corporativo. Las organizaciones no se vuelven antifrágiles evitando toda tensión, sino aprendiendo a exponerse de forma controlada a pequeños estresores que las preparen para escenarios más exigentes. Simulacros de crisis, entrenamientos de portavoces, revisión de protocolos, análisis de vulnerabilidades, auditorías o pruebas de coordinación interna funcionan como dosis horméticas: incomodan, pero fortalecen.Y esa exposición controlada debería extenderse a todos aquellos escenarios que pueden tensionar simultáneamente la operación, el cumplimiento y la reputación de una organización: ciberataques, alertas alimentarias, denuncias de consumidores, auditorías o sanciones de autoridades, denuncias internas, accidentes o conflictos laborales… En todos ellos, llegar entrenados permite responder con mayor coordinación, consistencia y credibilidad.Y esa exposición controlada debería extenderse a todos aquellos escenarios que pueden tensionar simultáneamente la operación, el cumplimiento y la reputación de una organización: ciberataques, alertas alimentarias, denuncias de consumidores, auditorías o sanciones de autoridades, denuncias internas, accidentes o conflictos laborales… En todos ellos, llegar entrenados permite responder con mayor coordinación, consistencia y credibilidad.Desarrollar estrategias antifrágiles implica, por tanto, no esperar a que la crisis sea el primer momento de presión. Supone introducir mecanismos de preparación progresiva: identificar riesgos, ensayar respuestas, entrenar liderazgos, aprender de los incidentes menores y convertir cada tensión en una oportunidad para mejorar capacidades, protocolos o normativas.En algunos casos, este proceso permite incluso invertir el signo del riesgo. Esto sucede cuando la identificación y el ensayo ante una amenaza potencial, especialmente las de impacto potencial más severo, impulsan una decisión estratégica, como una inversión clave en tecnología o la adopción de un nuevo protocolo operativo, que no solo fortalece a la organización ante futuras presiones, sino que evita que la crisis llegue a materializarse. En estos casos, el riesgo deja de ser un pasivo para convertirse en una ventaja competitiva.

China desafía al poder del petróleo para convertirse en el primer «electroestado» global

China debería estar muy preocupada. Cada día consume entre 15 y 16 millones de barriles de petróleo, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Importa cerca de tres cuartas partes de ese volumen y alrededor de la mitad llega desde Oriente Medio. Si alguien tenía motivos para mirar con miedo hacia el estrecho de Ormuz, era precisamente Pekín.Esa dependencia lleva años quitando el sueño a los dirigentes chinos. Ninguna gran potencia quiere dejar una parte tan importante de su economía en manos de rutas marítimas que no controla. Tampoco depender de regiones donde una crisis geopolítica puede disparar los costes energéticos de la noche a la mañana. Por eso, mucho antes de que la transición energética se convirtiera en una prioridad para Europa o Estados Unidos, China ya había comenzado a invertir cantidades gigantescas de dinero con el objetivo de reducir el peso del petróleo dentro de su economía.Según la AIE, la electricidad representa cerca del 30% del consumo final de energía del país, una proporción superior a la de Estados Unidos y a la media europea. Detrás de ese porcentaje aparecen más de diez años de inversiones en redes eléctricas, energía solar, baterías, transporte ferroviario y vehículos eléctricos que han ido modificando poco a poco la forma en la que funciona la segunda economía mundial.El cambio se mide sobre el asfaltoUna parte de esa transformación ya circula por las carreteras chinas. Bloomberg estima que la flota de vehículos eléctricos del país está desplazando más de un millón de barriles diarios de petróleo, una cantidad equivalente aproximadamente a toda la producción de crudo de Omán. Las previsiones, apuntan además, a que otros 600.000 barriles diarios de demanda podrían desaparecer durante los próximos doce meses si se mantienen los actuales ritmos de electrificación.Las cifras llaman todavía más la atención cuando se observan las ventas. El mercado chino comercializa más de 12 millones de vehículos eléctricos al año, más que el total de automóviles vendidos conjuntamente en algunos de los principales mercados europeos. La consecuencia es que la demanda de gasolina ha regresado a niveles comparables a los observados durante los confinamientos de 2022, pese a que la movilidad y la actividad económica se encuentran hoy muy por encima de aquellos registros. Mientras el automóvil privado concentra la atención de fabricantes e inversores, los analistas energéticos observan cada vez con más interés otro segmento menos visible. En 2020, prácticamente el 99% de los camiones pesados vendidos en China utilizaban motores diésel. Cinco años después, los modelos eléctricos ya representan cerca del 9% de las nuevas matriculaciones y la tendencia sigue acelerándose.La evolución parece modesta hasta que se recuerda qué papel desempeñan estos vehículos dentro de la economía china. Son los encargados de transportar materias primas, componentes industriales y mercancías a través de miles de kilómetros de carreteras que conectan fábricas, puertos y centros logísticos. Cada punto de cuota que gana la electricidad tiene un efecto mucho mayor sobre el consumo energético que en el automóvil privado. CATL, el mayor fabricante mundial de baterías, prevé que la electrificación del transporte pesado continúe avanzando durante esta década y llegue a representar una parte muy relevante de las nuevas ventas antes de 2030.Cambio energéticoReducir la dependencia del petróleo, sin embargo, solo era una parte del plan. La otra consistía en controlar las industrias necesarias para sustituir esa materia prima. Según la AIE, China concentra alrededor del 80% de la capacidad mundial de fabricación de paneles solares, lidera la producción global de baterías y mantiene una posición dominante en varias fases del procesamiento de minerales estratégicos.Cuando el crudo se dispara, los gobiernos y las empresas aceleran inversiones destinadas a electrificar el transporte, la industria y la generación eléctrica. Redes, baterías, sistemas de almacenamiento, vehículos eléctricos y paneles solares pasan a ocupar una posición más relevante dentro de las estrategias energéticas nacionales. Y una parte creciente de esos equipos sale de fábricas chinas. El mismo petróleo que durante décadas otorgó influencia a productores como Arabia Saudí, Rusia o Irán está impulsando ahora inversiones destinadas a consumir menos petróleo. Cuanto mayor es la preocupación por la seguridad energética, mayor suele ser el interés por las tecnologías que permiten reducir la dependencia de los combustibles fósiles.Adam Tooze, un destacado historiador económico británico y profesor en la Universidad de Columbia, utiliza el término “electroestado” para describir economías capaces de construir influencia alrededor de la electricidad del mismo modo que otros países construyeron su poder alrededor del petróleo y el gas. China sigue siendo el mayor importador de petróleo del planeta y, al mismo tiempo, lidera la producción mundial de buena parte de las tecnologías destinadas a reducir el consumo de petróleo.