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Trump dice que Xi le va a ayudar a solucionar el problema de Irán

Donald Trump ha buscado en Pekín algo más que una reunión y una foto con Xi Jinping. Ha buscado, además, una salida a la guerra de Irán. En una entrevista con Fox News, tras reunirse con el líder chino, el presidente de Estados … Unidos aseguró que el líder del gigante asiático se ha ofrecido a ayudar a resolver la guerra con la teocracia islámica y a reabrir el estrecho de Ormuz, convertido ya en el gran cuello de botella de la crisis. «Le gustaría ver un acuerdo», ha dicho abiertamente el dirigente norteamericano. Y ha añadido que Xi le había transmitido: «Si puedo ser de alguna ayuda, me gustaría ayudar».
La admisión no es menor. China es el principal comprador del petróleo iraní y uno de los pocos actores con capacidad real de presión sobre Teherán. Trump lo sabe. Por eso ha presentado la reunión no solo como un encuentro entre dos potencias rivales, sino como una posible vía para desatascar una guerra que ha encarecido la energía, ha bloqueado rutas comerciales y ha colocado a Washington ante una negociación muy difícil. Hasta ese punto, el mandatario norteamericano había dicho que no necesitaba ayuda en Irán.

Según Trump, Xi también quiere ver abierto Ormuz y se ha comprometido a no enviar material militar a Irán. Pekín, sin embargo, no ha confirmado esa versión. La Casa Blanca se ha limitado a decir que ambos líderes han coincidido en que el estrecho debe permanecer abierto para garantizar el flujo de energía. China, por su parte, ha mantenido su cautela habitual y ha dicho solo que Oriente Próximo ha sido parte de la conversación.

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David Alandete

Trump necesita mostrar que domina la crisis, que el final está al alcance de la mano, pero al mismo tiempo busca que China ayude a cerrarla. Marco Rubio había preparado el terreno al decir que Washington quería convencer a Pekín de desempeñar un papel más activo ante Irán. Luego ha matizado que Estados Unidos no necesitaba ayuda china. La contradicción refleja el momento: la Casa Blanca quiere mediación, pero no quiere admitir dependencia.
La reunión ha tenido, además, otro frente, Taiwán. Xi ha advertido a Trump de que un mal manejo de esa cuestión puede llevar a ambos países al conflicto. Es el aviso que sobrevuela toda la cumbre. China puede usar su influencia sobre Irán como palanca para arrancar gestos de Washington en Asia, sobre todo en Taiwán.

Tregua entre potencias

Trump ha llegado a Pekín con un tono muy distinto al de la guerra comercial de hace apenas un año. No ha habido amenazas ni gestos de ruptura, sino una escenificación de cercanía con Xi. China lo ha recibido con todos los honores y ambos líderes han tratado de presentar la relación como una tregua estable entre dos potencias que compiten, pero que también se necesitan.
Xi ha pedido a Estados Unidos que no trate a China como un adversario, pero ha dejado clara su línea roja: Taiwán. Para Pekín, ese sigue siendo el asunto central y el que puede hacer saltar por los aires cualquier entendimiento.
Trump, en cambio, ha llevado la visita al terreno que más le interesa: los negocios, aunque no solo. Ha presumido de la comitiva empresarial que le acompaña, con nombres como Elon Musk, Jensen Huang o Tim Cook, y ha dicho que están en China para mostrar respeto y buscar oportunidades. La reunión ha durado dos horas, el doble de lo previsto, y ha terminado con una invitación a Xi para visitar la Casa Blanca en septiembre. El mensaje de fondo es claro: China quiere menos apoyo de EE.UU. a Taiwán; Trump quiere más apertura económica para las empresas estadounidenses.

Publicado: mayo 14, 2026, 4:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-dice-ayudar-solucionar-problema-iran-20260513222747-nt.html

Donald Trump ha buscado en Pekín algo más que una reunión y una foto con Xi Jinping. Ha buscado, además, una salida a la guerra de Irán. En una entrevista con Fox News, tras reunirse con el líder chino, el presidente de Estados Unidos aseguró que el líder del gigante asiático se ha ofrecido a ayudar a resolver la guerra con la teocracia islámica y a reabrir el estrecho de Ormuz, convertido ya en el gran cuello de botella de la crisis. «Le gustaría ver un acuerdo», ha dicho abiertamente el dirigente norteamericano. Y ha añadido que Xi le había transmitido: «Si puedo ser de alguna ayuda, me gustaría ayudar».

La admisión no es menor. China es el principal comprador del petróleo iraní y uno de los pocos actores con capacidad real de presión sobre Teherán. Trump lo sabe. Por eso ha presentado la reunión no solo como un encuentro entre dos potencias rivales, sino como una posible vía para desatascar una guerra que ha encarecido la energía, ha bloqueado rutas comerciales y ha colocado a Washington ante una negociación muy difícil. Hasta ese punto, el mandatario norteamericano había dicho que no necesitaba ayuda en Irán.

Según Trump, Xi también quiere ver abierto Ormuz y se ha comprometido a no enviar material militar a Irán. Pekín, sin embargo, no ha confirmado esa versión. La Casa Blanca se ha limitado a decir que ambos líderes han coincidido en que el estrecho debe permanecer abierto para garantizar el flujo de energía. China, por su parte, ha mantenido su cautela habitual y ha dicho solo que Oriente Próximo ha sido parte de la conversación.

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  • David Alandete

Trump necesita mostrar que domina la crisis, que el final está al alcance de la mano, pero al mismo tiempo busca que China ayude a cerrarla. Marco Rubio había preparado el terreno al decir que Washington quería convencer a Pekín de desempeñar un papel más activo ante Irán. Luego ha matizado que Estados Unidos no necesitaba ayuda china. La contradicción refleja el momento: la Casa Blanca quiere mediación, pero no quiere admitir dependencia.

La reunión ha tenido, además, otro frente, Taiwán. Xi ha advertido a Trump de que un mal manejo de esa cuestión puede llevar a ambos países al conflicto. Es el aviso que sobrevuela toda la cumbre. China puede usar su influencia sobre Irán como palanca para arrancar gestos de Washington en Asia, sobre todo en Taiwán.

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Trump ha llegado a Pekín con un tono muy distinto al de la guerra comercial de hace apenas un año. No ha habido amenazas ni gestos de ruptura, sino una escenificación de cercanía con Xi. China lo ha recibido con todos los honores y ambos líderes han tratado de presentar la relación como una tregua estable entre dos potencias que compiten, pero que también se necesitan.

Xi ha pedido a Estados Unidos que no trate a China como un adversario, pero ha dejado clara su línea roja: Taiwán. Para Pekín, ese sigue siendo el asunto central y el que puede hacer saltar por los aires cualquier entendimiento.

Trump, en cambio, ha llevado la visita al terreno que más le interesa: los negocios, aunque no solo. Ha presumido de la comitiva empresarial que le acompaña, con nombres como Elon Musk, Jensen Huang o Tim Cook, y ha dicho que están en China para mostrar respeto y buscar oportunidades. La reunión ha durado dos horas, el doble de lo previsto, y ha terminado con una invitación a Xi para visitar la Casa Blanca en septiembre. El mensaje de fondo es claro: China quiere menos apoyo de EE.UU. a Taiwán; Trump quiere más apertura económica para las empresas estadounidenses.

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