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La crisis laborista devuelve al Reino Unido a la inestabilidad del último Gobierno conservador

El motín interno contra Keir Starmer ha devuelto una imagen que el Partido Laborista prometió erradicar cuando regresó al poder en 2024, la de un primer ministro cuestionado por sus propios diputados, dimisiones dentro del Gobierno y una sensación creciente de fragilidad política instalada de … nuevo en Downing Street. Menos de dos años después de la contundente victoria laborista en las elecciones generales, más de 80 parlamentarios del partido reclaman la salida del jefe del Ejecutivo o exigen que fije un calendario para su marcha, mientras más de cien diputados intentan cerrar filas para evitar una batalla por el liderazgo.
La escena resulta familiar para la política británica reciente. Durante los 14 años de gobiernos conservadores, el Reino Unido atravesó una sucesión vertiginosa de primeros ministros. En apenas una década y media, Downing Street estuvo ocupada por David Cameron entre 2010 y 2016; Theresa May entre 2016 y 2019; Boris Johnson entre 2019 y 2022; Liz Truss durante menos de cincuenta días en 2022; y Rishi Sunak entre 2022 y 2024.

David Cameron dimitió tras perder el referéndum del Brexit; Theresa May cayó consumida por la imposibilidad de sacar adelante el acuerdo de salida de la Unión Europea; Boris Johnson fue empujado a abandonar el cargo después de meses de escándalos durante la pandemia; Liz Truss cayó tras el colapso provocado por su programa económico; y Rishi Sunak terminó derrotado en las urnas.

Noticia relacionada

Rosalía Sánchez

Pero la política británica ya había vivido episodios similares antes de la era del Brexit. Margaret Thatcher, probablemente la dirigente conservadora más influyente del siglo XX británico, terminó cayendo en 1990 por la presión interna de sus propios ministros y diputados, después de más de una década en el poder.
La victoria laborista de julio de 2024 había sido interpretada como un respiro de la volatilidad. Starmer llegó al poder con una mayoría absoluta de 403 escaños y un mensaje construido sobre la promesa de restaurar la estabilidad institucional, la disciplina gubernamental y la previsibilidad económica.
La rapidez con la que Westminster ha comenzado a cuestionar el liderazgo de Starmer refleja hasta qué punto la política británica parece haber entrado en una etapa de erosión acelerada de la autoridad en uno de los sistemas parlamentarios históricamente más estables de Europa.

Thatcher, la dirigente conservadora más influyente del siglo XX, terminó cayendo en 1990 por la presión interna de sus propios ministros y diputados, tras una década en el poder

El exministro de Economía ‘tory’ Kwasi Kwarteng declaró a la BBC que la crisis laborista se asemeja al final de la era de Johnson. «Boris se resistía muchísimo a abandonar el cargo. Sentía que todavía tenía más que ofrecer y prácticamente tuvieron que arrastrarlo fuera», afirmó. «Starmer está muy en esa mentalidad. Cree que todavía tiene tiempo». Truss, según dijo, aceptó mucho antes que su posición era insostenible.
La comparación resulta especialmente incómoda para un dirigente que construyó buena parte de su proyecto político sobre el contraste con Johnson y con la turbulenta etapa ‘tory’. Durante la campaña electoral, Starmer insistió en conceptos como «seriedad», «estabilidad» y «gobierno competente».
Dentro de Downing Street, los aliados del ‘premier’ intentan precisamente convertir esa idea de estabilidad en el principal argumento para sostenerlo. El ministro de Defensa, John Healey, afirmó este martes que «la gente está preocupada por los conflictos actuales y las crisis globales que se avecinan», y defendió que «más inestabilidad no beneficia al Reino Unido». Healey añadió que el Gobierno debe concentrarse en «los desafíos económicos y de seguridad inmediatos».
En términos similares se expresó el responsable de Vivienda, Steve Reed, quien advirtió de que «esto no es un juego» y «la inestabilidad tiene consecuencias para la vida de las personas».

Publicado: mayo 12, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/reino-unido-regresa-ciclo-inestabilidad-politica-marco-20260512190137-nt.html

El motín interno contra Keir Starmer ha devuelto una imagen que el Partido Laborista prometió erradicar cuando regresó al poder en 2024, la de un primer ministro cuestionado por sus propios diputados, dimisiones dentro del Gobierno y una sensación creciente de fragilidad política instalada de nuevo en Downing Street. Menos de dos años después de la contundente victoria laborista en las elecciones generales, más de 80 parlamentarios del partido reclaman la salida del jefe del Ejecutivo o exigen que fije un calendario para su marcha, mientras más de cien diputados intentan cerrar filas para evitar una batalla por el liderazgo.

La escena resulta familiar para la política británica reciente. Durante los 14 años de gobiernos conservadores, el Reino Unido atravesó una sucesión vertiginosa de primeros ministros. En apenas una década y media, Downing Street estuvo ocupada por David Cameron entre 2010 y 2016; Theresa May entre 2016 y 2019; Boris Johnson entre 2019 y 2022; Liz Truss durante menos de cincuenta días en 2022; y Rishi Sunak entre 2022 y 2024.

David Cameron dimitió tras perder el referéndum del Brexit; Theresa May cayó consumida por la imposibilidad de sacar adelante el acuerdo de salida de la Unión Europea; Boris Johnson fue empujado a abandonar el cargo después de meses de escándalos durante la pandemia; Liz Truss cayó tras el colapso provocado por su programa económico; y Rishi Sunak terminó derrotado en las urnas.

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  • Rosalía Sánchez

Pero la política británica ya había vivido episodios similares antes de la era del Brexit. Margaret Thatcher, probablemente la dirigente conservadora más influyente del siglo XX británico, terminó cayendo en 1990 por la presión interna de sus propios ministros y diputados, después de más de una década en el poder.

La victoria laborista de julio de 2024 había sido interpretada como un respiro de la volatilidad. Starmer llegó al poder con una mayoría absoluta de 403 escaños y un mensaje construido sobre la promesa de restaurar la estabilidad institucional, la disciplina gubernamental y la previsibilidad económica.

La rapidez con la que Westminster ha comenzado a cuestionar el liderazgo de Starmer refleja hasta qué punto la política británica parece haber entrado en una etapa de erosión acelerada de la autoridad en uno de los sistemas parlamentarios históricamente más estables de Europa.

Thatcher, la dirigente conservadora más influyente del siglo XX, terminó cayendo en 1990 por la presión interna de sus propios ministros y diputados, tras una década en el poder

El exministro de Economía ‘tory’ Kwasi Kwarteng declaró a la BBC que la crisis laborista se asemeja al final de la era de Johnson. «Boris se resistía muchísimo a abandonar el cargo. Sentía que todavía tenía más que ofrecer y prácticamente tuvieron que arrastrarlo fuera», afirmó. «Starmer está muy en esa mentalidad. Cree que todavía tiene tiempo». Truss, según dijo, aceptó mucho antes que su posición era insostenible.

La comparación resulta especialmente incómoda para un dirigente que construyó buena parte de su proyecto político sobre el contraste con Johnson y con la turbulenta etapa ‘tory’. Durante la campaña electoral, Starmer insistió en conceptos como «seriedad», «estabilidad» y «gobierno competente».

Dentro de Downing Street, los aliados del ‘premier’ intentan precisamente convertir esa idea de estabilidad en el principal argumento para sostenerlo. El ministro de Defensa, John Healey, afirmó este martes que «la gente está preocupada por los conflictos actuales y las crisis globales que se avecinan», y defendió que «más inestabilidad no beneficia al Reino Unido». Healey añadió que el Gobierno debe concentrarse en «los desafíos económicos y de seguridad inmediatos».

En términos similares se expresó el responsable de Vivienda, Steve Reed, quien advirtió de que «esto no es un juego» y «la inestabilidad tiene consecuencias para la vida de las personas».

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