La violencia política se recrudece en EE.UU. con el tercer atentado contra Trump - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia


La violencia política se recrudece en EE.UU. con el tercer atentado contra Trump

La esperada noche del regreso de Donald Trump a la cena de gala de los corresponsales de la Casa Blanca, su anticipado ajuste de cuentas con los medios a los que tanto parece detestar pero de los que tanto depende, terminó en pocos segundos convertida … en una escena de caos y terror: disparos en las inmediaciones del salón principal del hotel Hilton, centenares de corresponsales tirados en el suelo intentando protegerse —entre ellos el de este diario— y el presidente evacuado por el Servicio Secreto junto a la plana mayor de su Gobierno.
Eran en torno a las 20:30, hora de Washington, cuando el sonido seco de varios estallidos rompió la algarabía de la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, un evento que reúne cada primavera a unos 2.500 invitados entre periodistas, políticos y personalidades. Hasta ese momento, la escena era la habitual: se acababa el primer plato, llegaba el segundo, los camareros se abrían paso entre las mesas, había conversaciones cruzadas y los teléfonos móviles estaban ya encendidos a la espera del discurso presidencial.

El presidente de Estados Unidos acababa de ocupar su lugar en la mesa principal, junto a la primera dama, Melania Trump, y la presidenta de la asociación, la corresponsal de CBS Weijia Jiang. En aquella gigantesca sala del hotel Hilton, uno de los más emblemáticos de Washington, se concentraba buena parte de la línea de sucesión presidencial: el vicepresidente, J. D. Vance, y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson. Un atentado allí habría tenido consecuencias difíciles de medir.

Noticia relacionada

David Alandete

Trump diría después que tenía preparado un discurso demoledor, casi antológico, para atacar con dureza a la prensa, pero el atentado fallido lo dejó descartado. Era, además, su regreso a una cena a la que se había resistido a volver desde 2011. Aquel año, sentado entre los invitados, fue humillado por Barack Obama, que lo presentó como una broma política y se burló de su posible salto a las primarias republicanas. Aquella noche alimentó una ira difícil de contener y terminó convertida, con el tiempo, en uno de los episodios simbólicos de su camino hacia la toma del Partido Republicano y la presidencia. Desde entonces, ya como candidato y como presidente, Trump no volvió a acudir a la cena y la boicoteó durante años.
Apenas veinte minutos después de su retorno, mientras en el escenario se desarrollaba una actuación de magia de un mentalista israelí, se escucharon los primeros ruidos que algunos, incluido este corresponsal, confundieron con platos cayendo. «Pensé que era una bandeja», diría después el propio Trump, en línea con la confusión inicial que se extendió por la sala durante unos segundos decisivos.

«Cuerpo a tierra, cuerpo a tierra»

La percepción cambió de inmediato cuando los gritos empezaron a propagarse entre las mesas y varios asistentes se lanzaron al suelo al comprender que eran disparos. Desde distintos puntos del salón se oyeron órdenes claras: «Cuerpo a tierra, cuerpo a tierra», mientras agentes del Servicio Secreto irrumpían con las armas desenfundadas, tomaban posiciones estratégicas, algunos subidos a las mesas, y barrían la sala con los cañones de sus fusiles en busca de una amenaza.
La reacción fue automática: periodistas, altos cargos y acompañantes se refugiaron bajo las mesas o se pegaron a las paredes, en un intento instintivo de protección. Los cuerpos, vestidos de gala, caían al suelo en cascada, en una reacción en cadena, mientras el bullicio daba paso a un silencio tenso, nervioso.
El asiento asignado a ABC estaba a escasos metros del escenario, donde se encontraban el presidente y la primera dama. Desde allí se vio con claridad la secuencia de la evacuación. Vance salió primero, por una puerta distinta, porque estaba solo y podía ser retirado con más rapidez por sus escoltas. Al otro lado de la mesa, en cambio, estaban Trump, Melania y la secretaria de Prensa, Karoline Leavitt, muy avanzada en su embarazo, a punto de dar a luz. El Servicio Secreto creó de inmediato un perímetro en torno a ellos para sacarlos de la sala.
Trump no se dejó arrastrar sin más. Pidió explicaciones, quiso saber qué ocurría y dio instrucciones para que se priorizara la evacuación de la primera dama, de la secretaria de Prensa y de los periodistas más próximos. No quiso agacharse ni salir encorvado. Tras un empujón de los agentes, cayó brevemente, fue ayudado a incorporarse y abandonó el salón en pie, rodeado por su escolta, en medio de gritos, empujones y el movimiento caótico de cientos de personas.

Armado con una escopeta

La evacuación se extendió rápidamente al resto de miembros del Gabinete presentes en el acto, incluidos el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de la Guerra, Pete Hegseth; y el director del FBI, Kash Patel. En el exterior del salón, en una parte más elevada del recinto, el atacante había avanzado armado con una escopeta, una pistola y varios cuchillos hacia uno de los puntos de control de seguridad.
Había logrado superar un primer filtro en el hotel y se dirigía hacia la zona donde se encontraba el presidente cuando fue interceptado por agentes del Servicio Secreto. Se produjo entonces un intercambio de disparos en las inmediaciones del acceso al salón, sin que el atacante lograra entrar en el recinto principal. Un agente resultó herido de bala en el pecho, aunque el impacto fue detenido por su chaleco antibalas, según confirmaron las autoridades.
El sospechoso fue reducido y detenido con vida, y trasladado posteriormente a un hospital bajo custodia policial. Las primeras informaciones lo identificaron como Cole Tomas Allen, un hombre de 31 años, residente en Torrance, California. Había viajado en tren, pasando por Chicago, y se hospedaba en el hotel.
Esto es lo que grabé dentro del Hilton segundos después del atentado: primero el estruendo, disparos, bandejas cayendo, luego el silencio, todos tirados al suelo, después el caos. Periodistas y políticos bajo las mesas, yo me levanté a grabar con el móvil y agentes del Servicio… pic.twitter.com/3KPyCsfQau— David Alandete (@alandete) April 26, 2026
Las autoridades señalaron desde el primer momento que habría actuado solo, aunque la investigación sigue abierta para determinar posibles conexiones o motivaciones. El FBI asumió la investigación y comenzó a analizar sus dispositivos electrónicos, sus desplazamientos y los escritos encontrados en su vivienda y en su habitación de hotel. Las primeras hipótesis apuntan a que su objetivo eran miembros de la Administración, posiblemente el propio presidente, aunque se trata de una evaluación preliminar.
Dentro del salón, la confusión persistió durante varios minutos, con instrucciones contradictorias entre fuerzas de seguridad y organizadores del evento. En un primer momento, algunos responsables sugirieron que la cena podría continuar, en línea con el deseo expresado por el propio Trump de no alterar el acto, como cuando en su intento de asesinato en Pensilvania en 2024 se levantó de inmediato, puño en alto, gritando: «Luchad, luchad, luchad».

Comparecencia en la Casa Blanca

Incluso se llegó a preparar el ‘teleprompter’ para el discurso presidencial mientras los camareros recolocaban mesas y servilletas. Pero la decisión final fue evacuar completamente el edificio, ante la recomendación de las autoridades. Weijia Jiang, la presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, tomó el micrófono y comunicó a los asistentes que debían abandonar el salón. «Gracias a Dios, todo el mundo está a salvo», dijo, antes de que se iniciara la salida ordenada de los invitados.
La evacuación se produjo con una lentitud pesada, con cientos de personas descendiendo por escaleras mecánicas y pasillos mientras agentes federales aseguraban el perímetro. No pocos periodistas se perdían en el recinto, un laberinto de escaleras mecánicas, trastiendas y pasillos sin luz.
En el exterior, la escena era de desconcierto: grupos de periodistas tratando de reconstruir lo ocurrido, llamadas a familiares y primeras conexiones en directo. Calles cortadas y varios mensajes del presidente en redes: primero, que quería volver a dar el discurso; después, fotos del atacante ya reducido, desnudo, en el suelo; finalmente, una convocatoria en la sala de prensa de la Casa Blanca.

Y así fue. Trump reapareció en la Casa Blanca, aún vestido con esmoquin, para ofrecer una comparecencia. Desde la sala de prensa, acompañado por la primera dama y altos cargos de su Administración, calificó el episodio como «muy inesperado». Relató que apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de ser evacuado y elogió la actuación del Servicio Secreto.
También restó dramatismo a su estado emocional. «No soy un caso perdido», afirmó, al describir cómo afronta este tipo de situaciones. Al ser preguntado por ABC sobre si teme un auge de la violencia política, dijo que no, que son gajes del oficio, que tener tanto éxito y ser tan osado expone a cualquiera: «Lo he asumido, aunque nadie me había dicho antes que este trabajo iba a ser tan peligroso».
En un tono poco habitual, aprovechó para agradecer a los periodistas su cobertura y llegó a elogiar a Weijia Jiang, la presidenta de la Asociación de Corresponsales, por la organización del evento. «Hiciste un trabajo fantástico», le dijo al darle la primera pregunta de la rueda de prensa. Ella se veía aún nerviosa, conmocionada.
Trump no quiso valorar cómo pudo ocurrir que, por tercera vez, un hombre armado lo tuviera en la línea de fuego, tras los dos intentos de 2024. En la gala hubo huecos en el perímetro de seguridad. Este diario pudo acercarse en la alfombra roja a los secretarios de Estado, Rubio, y de la Guerra, Hegseth, sin haber pasado por dispositivo de seguridad alguno. Antes de entrar al recinto hubo que cruzar unos arcos detectores de metales, sin más. No se comprobó la lista, el nombre ni el carné de identidad. Bastaba con enseñar un tarjetón que podía haber sido fotocopiado.

La investigación continúa, centrada en esclarecer el motivo, el recorrido y las posibles conexiones del atacante. Las autoridades insisten de momento en que el sistema funcionó y que el sospechoso fue detenido antes de alcanzar su objetivo. Pero la pregunta de fondo sigue abierta: cómo logró acercarse tanto un hombre armado a uno de los eventos más vigilados del calendario político estadounidense.

Publicado: abril 26, 2026, 2:46 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/disparos-cena-corresponsales-atentado-trump-hilton-20260425195604-nt.html

La esperada noche del regreso de Donald Trump a la cena de gala de los corresponsales de la Casa Blanca, su anticipado ajuste de cuentas con los medios a los que tanto parece detestar pero de los que tanto depende, terminó en pocos segundos convertida en una escena de caos y terror: disparos en las inmediaciones del salón principal del hotel Hilton, centenares de corresponsales tirados en el suelo intentando protegerse —entre ellos el de este diario— y el presidente evacuado por el Servicio Secreto junto a la plana mayor de su Gobierno.

Eran en torno a las 20:30, hora de Washington, cuando el sonido seco de varios estallidos rompió la algarabía de la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, un evento que reúne cada primavera a unos 2.500 invitados entre periodistas, políticos y personalidades. Hasta ese momento, la escena era la habitual: se acababa el primer plato, llegaba el segundo, los camareros se abrían paso entre las mesas, había conversaciones cruzadas y los teléfonos móviles estaban ya encendidos a la espera del discurso presidencial.

El presidente de Estados Unidos acababa de ocupar su lugar en la mesa principal, junto a la primera dama, Melania Trump, y la presidenta de la asociación, la corresponsal de CBS Weijia Jiang. En aquella gigantesca sala del hotel Hilton, uno de los más emblemáticos de Washington, se concentraba buena parte de la línea de sucesión presidencial: el vicepresidente, J. D. Vance, y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson. Un atentado allí habría tenido consecuencias difíciles de medir.

Noticia relacionada


  • David Alandete

Trump diría después que tenía preparado un discurso demoledor, casi antológico, para atacar con dureza a la prensa, pero el atentado fallido lo dejó descartado. Era, además, su regreso a una cena a la que se había resistido a volver desde 2011. Aquel año, sentado entre los invitados, fue humillado por Barack Obama, que lo presentó como una broma política y se burló de su posible salto a las primarias republicanas. Aquella noche alimentó una ira difícil de contener y terminó convertida, con el tiempo, en uno de los episodios simbólicos de su camino hacia la toma del Partido Republicano y la presidencia. Desde entonces, ya como candidato y como presidente, Trump no volvió a acudir a la cena y la boicoteó durante años.

Apenas veinte minutos después de su retorno, mientras en el escenario se desarrollaba una actuación de magia de un mentalista israelí, se escucharon los primeros ruidos que algunos, incluido este corresponsal, confundieron con platos cayendo. «Pensé que era una bandeja», diría después el propio Trump, en línea con la confusión inicial que se extendió por la sala durante unos segundos decisivos.

«Cuerpo a tierra, cuerpo a tierra»

La percepción cambió de inmediato cuando los gritos empezaron a propagarse entre las mesas y varios asistentes se lanzaron al suelo al comprender que eran disparos. Desde distintos puntos del salón se oyeron órdenes claras: «Cuerpo a tierra, cuerpo a tierra», mientras agentes del Servicio Secreto irrumpían con las armas desenfundadas, tomaban posiciones estratégicas, algunos subidos a las mesas, y barrían la sala con los cañones de sus fusiles en busca de una amenaza.

La reacción fue automática: periodistas, altos cargos y acompañantes se refugiaron bajo las mesas o se pegaron a las paredes, en un intento instintivo de protección. Los cuerpos, vestidos de gala, caían al suelo en cascada, en una reacción en cadena, mientras el bullicio daba paso a un silencio tenso, nervioso.

El asiento asignado a ABC estaba a escasos metros del escenario, donde se encontraban el presidente y la primera dama. Desde allí se vio con claridad la secuencia de la evacuación. Vance salió primero, por una puerta distinta, porque estaba solo y podía ser retirado con más rapidez por sus escoltas. Al otro lado de la mesa, en cambio, estaban Trump, Melania y la secretaria de Prensa, Karoline Leavitt, muy avanzada en su embarazo, a punto de dar a luz. El Servicio Secreto creó de inmediato un perímetro en torno a ellos para sacarlos de la sala.

Trump no se dejó arrastrar sin más. Pidió explicaciones, quiso saber qué ocurría y dio instrucciones para que se priorizara la evacuación de la primera dama, de la secretaria de Prensa y de los periodistas más próximos. No quiso agacharse ni salir encorvado. Tras un empujón de los agentes, cayó brevemente, fue ayudado a incorporarse y abandonó el salón en pie, rodeado por su escolta, en medio de gritos, empujones y el movimiento caótico de cientos de personas.

Armado con una escopeta

La evacuación se extendió rápidamente al resto de miembros del Gabinete presentes en el acto, incluidos el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de la Guerra, Pete Hegseth; y el director del FBI, Kash Patel. En el exterior del salón, en una parte más elevada del recinto, el atacante había avanzado armado con una escopeta, una pistola y varios cuchillos hacia uno de los puntos de control de seguridad.

Había logrado superar un primer filtro en el hotel y se dirigía hacia la zona donde se encontraba el presidente cuando fue interceptado por agentes del Servicio Secreto. Se produjo entonces un intercambio de disparos en las inmediaciones del acceso al salón, sin que el atacante lograra entrar en el recinto principal. Un agente resultó herido de bala en el pecho, aunque el impacto fue detenido por su chaleco antibalas, según confirmaron las autoridades.

El sospechoso fue reducido y detenido con vida, y trasladado posteriormente a un hospital bajo custodia policial. Las primeras informaciones lo identificaron como Cole Tomas Allen, un hombre de 31 años, residente en Torrance, California. Había viajado en tren, pasando por Chicago, y se hospedaba en el hotel.

Las autoridades señalaron desde el primer momento que habría actuado solo, aunque la investigación sigue abierta para determinar posibles conexiones o motivaciones. El FBI asumió la investigación y comenzó a analizar sus dispositivos electrónicos, sus desplazamientos y los escritos encontrados en su vivienda y en su habitación de hotel. Las primeras hipótesis apuntan a que su objetivo eran miembros de la Administración, posiblemente el propio presidente, aunque se trata de una evaluación preliminar.

Dentro del salón, la confusión persistió durante varios minutos, con instrucciones contradictorias entre fuerzas de seguridad y organizadores del evento. En un primer momento, algunos responsables sugirieron que la cena podría continuar, en línea con el deseo expresado por el propio Trump de no alterar el acto, como cuando en su intento de asesinato en Pensilvania en 2024 se levantó de inmediato, puño en alto, gritando: «Luchad, luchad, luchad».

Comparecencia en la Casa Blanca

Incluso se llegó a preparar el ‘teleprompter’ para el discurso presidencial mientras los camareros recolocaban mesas y servilletas. Pero la decisión final fue evacuar completamente el edificio, ante la recomendación de las autoridades. Weijia Jiang, la presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, tomó el micrófono y comunicó a los asistentes que debían abandonar el salón. «Gracias a Dios, todo el mundo está a salvo», dijo, antes de que se iniciara la salida ordenada de los invitados.

La evacuación se produjo con una lentitud pesada, con cientos de personas descendiendo por escaleras mecánicas y pasillos mientras agentes federales aseguraban el perímetro. No pocos periodistas se perdían en el recinto, un laberinto de escaleras mecánicas, trastiendas y pasillos sin luz.

En el exterior, la escena era de desconcierto: grupos de periodistas tratando de reconstruir lo ocurrido, llamadas a familiares y primeras conexiones en directo. Calles cortadas y varios mensajes del presidente en redes: primero, que quería volver a dar el discurso; después, fotos del atacante ya reducido, desnudo, en el suelo; finalmente, una convocatoria en la sala de prensa de la Casa Blanca.

Y así fue. Trump reapareció en la Casa Blanca, aún vestido con esmoquin, para ofrecer una comparecencia. Desde la sala de prensa, acompañado por la primera dama y altos cargos de su Administración, calificó el episodio como «muy inesperado». Relató que apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de ser evacuado y elogió la actuación del Servicio Secreto.

También restó dramatismo a su estado emocional. «No soy un caso perdido», afirmó, al describir cómo afronta este tipo de situaciones. Al ser preguntado por ABC sobre si teme un auge de la violencia política, dijo que no, que son gajes del oficio, que tener tanto éxito y ser tan osado expone a cualquiera: «Lo he asumido, aunque nadie me había dicho antes que este trabajo iba a ser tan peligroso».

En un tono poco habitual, aprovechó para agradecer a los periodistas su cobertura y llegó a elogiar a Weijia Jiang, la presidenta de la Asociación de Corresponsales, por la organización del evento. «Hiciste un trabajo fantástico», le dijo al darle la primera pregunta de la rueda de prensa. Ella se veía aún nerviosa, conmocionada.

Trump no quiso valorar cómo pudo ocurrir que, por tercera vez, un hombre armado lo tuviera en la línea de fuego, tras los dos intentos de 2024. En la gala hubo huecos en el perímetro de seguridad. Este diario pudo acercarse en la alfombra roja a los secretarios de Estado, Rubio, y de la Guerra, Hegseth, sin haber pasado por dispositivo de seguridad alguno. Antes de entrar al recinto hubo que cruzar unos arcos detectores de metales, sin más. No se comprobó la lista, el nombre ni el carné de identidad. Bastaba con enseñar un tarjetón que podía haber sido fotocopiado.

La investigación continúa, centrada en esclarecer el motivo, el recorrido y las posibles conexiones del atacante. Las autoridades insisten de momento en que el sistema funcionó y que el sospechoso fue detenido antes de alcanzar su objetivo. Pero la pregunta de fondo sigue abierta: cómo logró acercarse tanto un hombre armado a uno de los eventos más vigilados del calendario político estadounidense.

Artículos Relacionados