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Empresarios en crecimiento: aprender a compartir la Dueñez

Cómo preparamos a nuestros hijos para compartir la Dueñez, cómo elegir al líder de la siguiente generación, cómo evitar la lucha por el poder entre ellos, cómo apoyarlos… Complicado ¿no?

Por: Carlos A. Dumois

Ser propietario es mucho más un compromiso y una responsabilidad que un privilegio. Si desde el principio les hacemos creer a nuestros hijos que ellos merecen recibir lo que van a recibir, ya empezamos mal. Yo me incomodo cuando participo en reuniones con hijos de empresarios y empiezan a discutir los derechos de lo que “les toca”. Lo primero que les aclaro es: “Mira, de que tu padre quiera, por generosidad, heredarte algo, eso es cosa de él, pero a ti no te toca nada, porque la herencia es un acto de generosidad, no es un acto de justicia”.

¿Por qué pensamos en la equidad cuando tenemos varios hijos? Por ejemplo, si tenemos cinco hijos: uno muy brillante, dos muy trabajadores, uno que es un vago y uno un poco bruto; es algo común que el empresario piense dejar cinco partes iguales. ¿Qué probabilidad hay de que el más brillante pueda gobernar a los otros cuatro? Lo que realmente les dejamos es un tremendo lío. Lo justo es buscar que a los más talentosos para crear riqueza se les facilite hacerlo.

Hemos trabajado con algunas familias que se han preocupado por inculcar el sentido de Dueñez desde pequeños. Hay una familia en Centroamérica que tiene su propia universidad familiar y tienen un programa cuyo  propósito es sembrar la pasión familiar, y así está declarado el objetivo: sembrar la pasión familiar, que los hijos realmente se contagien con el espíritu del fundador de la empresa y que sientan el compromiso de que ese legado lo sigan multiplicando.

Transmitir la Dueñez es transmitir la querencia. Nosotros hemos utilizado este término de los toros, creemos que lo más importante que una empresa familiar tiene es una voluntad mucho más poderosa que las empresas no familiares. La Dueñez en las empresas familiares se vive con una gran intensidad, el dueño tiene cara, nombre y apellido ¿Por qué las empresas que viven esa intensidad de Dueñez se desempeñan mejor que las empresas donde la Dueñez es anónima y perdida, diluida entre miles de accionistas?

Porque trabajan más por el largo plazo, están dispuestos a vivir períodos de sacrificio, se atreven a seguir estrategias poco usuales, son pioneros, no están cuidando el puesto; lo que están haciendo es cuidando el patrimonio y sienten el gran compromiso de que ese patrimonio se siga multiplicando. ¿Cómo transmitirle eso a los hijos? ¿Cómo lograr que los hijos de verdad aprendan a hacerlo y a hacerlo bien?

¿Cómo enseñarlos a ser comprometidos? Trabajamos mucho en el tema de la querencia y ayudamos a los miembros de una familia, primero, a definir por qué quieren estar juntos. Tiene que haber una razón poderosa, estratégica y práctica; no puede ser por inercia, porque heredaron o porque se apellidan así y les tocó. Tiene que ser porque cada uno es para los demás el mejor socio.

Yo tengo que inculcar a mis hijos que ellos tienen que ser el mejor socio para los demás. Si no, ¿por qué se van a mantener juntos?

Cuando hacemos este trabajo, ayudamos a los miembros de la familia a definir primero su querencia personal: qué quieres hacer con tu vida, con tu tiempo, con tu patrimonio, para qué quieres estar en esta empresa, a dónde quieres llegar, cuáles son tus objetivos más trascendentes y los cuestionamos. Y luego lo comparten entre todos.

Después les preguntamos: ¿y como familia, qué es lo que quieren? les ayudamos a definir una querencia familiar unificada para luego trabajar en definir una querencia empresarial e institucional. Cuando los hijos de verdad se comprometen con esa querencia y se identifican con ella, entonces los empezamos a preparar para ser dueños.

¿Cómo preparamos a nuestros hijos para compartir la Dueñez? En las familias, enseñamos a los hijos a ser solidarios. Pero no enseñamos a los hijos a negociar, a ceder, a conciliar, a escuchar, a comunicarse, a resolver problemas, a encararlos y a enfrentarse cuando tienen discrepancias, a dirimir sus diferencias, a saber manejar conflictos cuando ocurren, y eso es lo que es compartir la Dueñez. Si todos piensan igual, todos menos uno sobran. No queremos que piensen igual. Queremos que piensen diferente.

Pero si queremos que piensen diferente, pues necesitamos que aprendan a ponerse de acuerdo. Y para ello se necesitan reglas claras y transparentes que todo el mundo viva y respete, y una capacidad de dialogar que esté centrada en la capacidad de escuchar. Si no es así, ¿cómo pretendemos que compartan la Dueñez?

Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

* “Dueñez® es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

 

 

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