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Netanyahu aprueba nuevos asentamientos en Cisjordania para dificultar un Estado palestino

El Gobierno de Netanyahu ha aprobado una nueva lista de asentamientos de colonos judíos en el Territorio Ocupado de Cisjordania, núcleo fundamental –según los acuerdos de Oslo de los años 90– de lo que sería un futuro Estado palestino vecino al israelí. Los 13 nuevos … asentamientos constituyen, según los críticos, otros tantos clavos en el ataúd de la idea de crear un nuevo Estado. Tanto el primer ministro israelí como su impetuoso ministro de Finanzas, el ultranacionalista Bezalel Smotrich, han repetido muchas veces que «no habrá Estado de Palestina».
El instrumento más eficaz para levantar un muro sin despertar la protesta internacional es, desde hace muchos años, el plan de nuevos asentamientos de colonos ultranacionalistas judíos en los llamados ‘Territorios Ocupados’. El objetivo apunta, según todos los indicios, a anexionarse, poco a poco, ese territorio, y en una fase previa, a complicar las relaciones entre los núcleos urbanos palestinos poniéndose en medio.

Según lo acordado en Oslo y en Madrid, Cisjordania se divide en tres áreas. La zona A, donde se encuentran los principales núcleos urbanos árabes, está bajo el control total de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que preside Mahmud Abás y tiene su capital administrativa en Ramala. La zona B está también bajo el control civil de la ANP, pero el control militar corresponde al Ejército israelí. Finalmente la zona C, que comprende un 60% del territorio de Cisjordania, está bajo control total de Israel.

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Francisco de Andrés

El resultado final, según un estudio que acaba de publicar el diario israelí antigubernamental ‘Haaretz’, es que existen en Cisjordania 470 colonias judías «dirigidas a borrar cualquier posibilidad de creación de un Estado palestino».
Según los Acuerdos de Oslo, Israel debería retirarse gradualmente de la zona C y sobre todo asegurar que entre las zonas A y B haya corredores seguros para que los palestinos puedan moverse. La realidad es lo contrario, y el mapa de Cisjordania se ha convertido en una trampa para los árabes que viven en los ‘Territorios Ocupados’, obligados a ser sometidos a controles israelíes en cada movimiento fuera de su población. Según la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, por sus siglas en inglés), que cita el ‘Haaretz’, existen en la actualidad 925 barricadas del Ejército israelí en Cisjordania, sobre todo en los alrededores de los núcleos urbanos, y las carreteras que conectan las áreas palestinas se han quedado obsoletas.

Restricciones de movimiento

A ello se une que los movimientos entre un núcleo urbano palestino y otro tienen cierto grado de emoción por el hecho de que los militares israelíes tienen la orden de montar controles sin previo aviso. Como consecuencia de esta política, el acceso a servicios y a empleos fuera de la propia localidad para los palestinos ha ido reduciéndose con el paso de los años.

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La realidad de la desconexión entre los palestinos de Cisjordania –musulmanes en su mayoría y una minoría importante cristiana– afecta a los grandes núcleos: Ramala, Hebrón, Nablús, Jericó, Belén; pero sobre todo a los que viven en la zona oriental de la Ciudad Santa. Dos de los medios regionales más anti-Netanyahu, el israelí Haaretz y la cadena catarí Al Yasira, creen que uno de los objetivos de los nuevos asentamientos es hacer prácticamente imposible el flujo de palestinos entre Cisjordania y Jerusalén Este. Todos los gobiernos conservadores israelíes han reivindicado el carácter de Jerusalén como «capital indivisa» del Estado hebreo, y han rechazado en consecuencia la demanda palestina de que la parte oriental (habitada por árabes, y que incluye la Ciudad vieja) sea la capital del futuro Estado palestino.
El recurso a los asentamientos en Cisjordania como ariete principal de la política antipalestina se disparó en 2022, cuando Benjamin Netanyahu formó el Gobierno más derechista de la historia de Israel, y dio entrada al Gabinete a líderes del movimiento de los colonos, obsesionados con la recuperación de «territorio bíblico» para su proyecto sionista. El Gobierno les dio desde entonces dinero y aliento con sus progresivos decretos de autorización.
Fuera del movimiento estricto de los colonos, o del sector más sionista de la población de Israel, el entusiasmo por provocar la cólera de los palestinos con los asentamientos es más que limitado. La opinión pública israelí vibra con todo lo relativo a la defensa del país –en especial después de los ataques del 7 de Octubre– y mantiene un firme apoyo a la lucha contra Irán, Hamás e Hizbolá. Su discutible respaldo a la política de expansión en Cisjordania del Gobierno de Netanyahu tendrá un test claro en las elecciones generales de octubre.

Publicado: julio 8, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/netanyahu-aprueba-nuevos-asentamientos-cisjordania-imposibilitar-estado-20260708015245-nt.html

El Gobierno de Netanyahu ha aprobado una nueva lista de asentamientos de colonos judíos en el Territorio Ocupado de Cisjordania, núcleo fundamental –según los acuerdos de Oslo de los años 90– de lo que sería un futuro Estado palestino vecino al israelí. Los 13 nuevos asentamientos constituyen, según los críticos, otros tantos clavos en el ataúd de la idea de crear un nuevo Estado. Tanto el primer ministro israelí como su impetuoso ministro de Finanzas, el ultranacionalista Bezalel Smotrich, han repetido muchas veces que «no habrá Estado de Palestina».

El instrumento más eficaz para levantar un muro sin despertar la protesta internacional es, desde hace muchos años, el plan de nuevos asentamientos de colonos ultranacionalistas judíos en los llamados ‘Territorios Ocupados’. El objetivo apunta, según todos los indicios, a anexionarse, poco a poco, ese territorio, y en una fase previa, a complicar las relaciones entre los núcleos urbanos palestinos poniéndose en medio.

Según lo acordado en Oslo y en Madrid, Cisjordania se divide en tres áreas. La zona A, donde se encuentran los principales núcleos urbanos árabes, está bajo el control total de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que preside Mahmud Abás y tiene su capital administrativa en Ramala. La zona B está también bajo el control civil de la ANP, pero el control militar corresponde al Ejército israelí. Finalmente la zona C, que comprende un 60% del territorio de Cisjordania, está bajo control total de Israel.

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  • Francisco de Andrés

El resultado final, según un estudio que acaba de publicar el diario israelí antigubernamental ‘Haaretz’, es que existen en Cisjordania 470 colonias judías «dirigidas a borrar cualquier posibilidad de creación de un Estado palestino».

Según los Acuerdos de Oslo, Israel debería retirarse gradualmente de la zona C y sobre todo asegurar que entre las zonas A y B haya corredores seguros para que los palestinos puedan moverse. La realidad es lo contrario, y el mapa de Cisjordania se ha convertido en una trampa para los árabes que viven en los ‘Territorios Ocupados’, obligados a ser sometidos a controles israelíes en cada movimiento fuera de su población. Según la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, por sus siglas en inglés), que cita el ‘Haaretz’, existen en la actualidad 925 barricadas del Ejército israelí en Cisjordania, sobre todo en los alrededores de los núcleos urbanos, y las carreteras que conectan las áreas palestinas se han quedado obsoletas.

Restricciones de movimiento

A ello se une que los movimientos entre un núcleo urbano palestino y otro tienen cierto grado de emoción por el hecho de que los militares israelíes tienen la orden de montar controles sin previo aviso. Como consecuencia de esta política, el acceso a servicios y a empleos fuera de la propia localidad para los palestinos ha ido reduciéndose con el paso de los años.

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El recurso a los asentamientos en Cisjordania como ariete principal de la política antipalestina se disparó en 2022, cuando Benjamin Netanyahu formó el Gobierno más derechista de la historia de Israel, y dio entrada al Gabinete a líderes del movimiento de los colonos, obsesionados con la recuperación de «territorio bíblico» para su proyecto sionista. El Gobierno les dio desde entonces dinero y aliento con sus progresivos decretos de autorización.

Fuera del movimiento estricto de los colonos, o del sector más sionista de la población de Israel, el entusiasmo por provocar la cólera de los palestinos con los asentamientos es más que limitado. La opinión pública israelí vibra con todo lo relativo a la defensa del país –en especial después de los ataques del 7 de Octubre– y mantiene un firme apoyo a la lucha contra Irán, Hamás e Hizbolá. Su discutible respaldo a la política de expansión en Cisjordania del Gobierno de Netanyahu tendrá un test claro en las elecciones generales de octubre.

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