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Erdogan entierra con sus monumentos y mezquitas la herencia laica de Turquía

Recep Tayyip Erdogan lleva ya en el poder más de 23 años, en los que ha puesto del revés todo el sistema constitucional turco. Con una personalidad arrolladora, este dirigente islamista quiere inmortalizar su herencia con hormigón armado y en una ciudad anodina y más … bien fea como era Ankara.
Para ello, ha construido una serie de gigantescos edificios monumentales como símbolo de su poder, que han sido bautizados como el Palacio Blanco y superan en dimensiones a cualquier otro edificio emblemático, incluyendo la tumba de Mustafá Kemal Ataturk, el fundador de la República de Turquía.

La cumbre de la OTAN le ha servido además para exhibirlo ante los dirigentes aliados.

Noticia relacionada

Enrique Serbeto

Cuando Erdogan se convirtió en primer ministro, el sistema político turco estaba basado en la herencia de Ataturk, quien en 1923 creó una república laica protegida por el Ejército. Durante ocho décadas el sistema funcionó, en el sentido de que los uniformados lograron frenar todos los intentos de reforma por parte de los islamistas, aunque fuera a base de golpes de Estado. La obsesiva publicidad de la figura de Mustafá Kemal, con sus retratos y sus monumentos, se extendió a lo largo del país y en Ankara, la capital que creó él mismo, su mausoleo era el monumento central de visita obligada. En el centro de la ciudad, los edificios construidos en vida del militar languidecían bajo el polvo porque nadie se había atrevido siquiera a tocarlos. La herencia de la República laica pasaba desapercibida en esta ciudad de la Anatolia profunda.
Erdogan ha logrado revertir todo el sistema constitucional, ha eliminado todos los controles para gobernar de forma autoritaria y ha convertido a la República Turca en un sistema presidencialista sin contrapesos que maneja a su antojo. Y, para que no haya ninguna duda, en los últimos años ha ordenado construir su gigantesco «complejo presidencial», que los turcos han bautizado con mucho acierto como como el Palacio Blanco y que es uno de los edificios gubernamentales más grandes del mundo. Si Erdogan hubiera intentado acabar con la profusa iconografía kemalista, seguramente habría fracasado. Su receta consiste en superponer la suya a base de construcciones imponentes llenas de iconografía nacionalista y religiosa.

Erdogan ha revertido el sistema constitucional, eliminado los controles para gobernar de forma autoritaria y convertido a la República Turca en un sistema presidencialista sin contrapesos

Simbólicamente el complejo fue inaugurado en 2014, poco después de que Recep Tayyip Erdogan asumiera la nueva presidencia ejecutiva tras la desaparición del puesto de primer ministro. No es por casualidad que eligiera los terrenos de la Casa Forestal de Ataturk, una zona protegida especialmente simbólica porque formaba parte del diseño inicial de la capital. Ocupa 150.000 metros cuadrados y tiene más de 1.100 habitaciones. Su superficie construida supera ampliamente el complejo que rodea la Casa Blanca o el Palacio de Buckingham e incluye, como corresponde, un sofisticado sistema de comunicaciones militares, sala de crisis, búnkeres preparados para resistir ataques nucleares y medidas especiales contra escuchas electrónicas. Se dice que algunas dependencias se diseñaron sin instalar ni siquiera enchufes, para que nada interfiriera en la detección de dispositivos de espionaje.

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La construcción de este megacomplejo, en el que también destaca la segunda biblioteca más grande del mundo, no ha estado exenta de polémicas que Erdogan ha ignorado soberanamente. Solo se ha anunciado la cifra oficialmente presupuestada que equivalía a unos 600 millones de euros, aunque nadie cree que el coste final no se haya disparado. La Justicia pidió que se paralizaran las obras por diversas razones, pero el presidente no hizo el menor caso porque quería que el proyecto reflejase la imagen de una Turquía poderosa y ambiciosa y la suya como un líder fuerte e implacable.

Mezquitas monumentales

El máximo dirigente turco ha cambiado el panorama del país en todos los sentidos. Bajo su gobierno se se han construido más de 15.000 nuevas mezquitas. Entre ellas destaca la de Camlica, en la parte asiática de Estambul, que tiene una capacidad de 63.000 personas y es la mayor del país. Más pequeña, pero más simbólica, es la que ha mandado construir en la plaza de Taksim, que era el favorito para las manifestaciones de la oposición kemalista. A ambas se suman las monumentales mezquitas que se han levantado en nuevas áreas urbanas de Ankara, Estambul, Bursa, Konya y otras ciudades. La Santa Sofía bizantina que Ataturk convirtió en museo ha vuelto a ser reasignada como mezquita, convirtiéndose en otro símbolo de lo que Erdogan intenta hacer con la herencia del fundador de la República.
La construcción del monumental Palacio Blanco (palacio porque acumula el poder del antiguo sultán y blanco como analogía con la Casa Blanca) quiere ser precisamente la expresión de su visión del país que gobierna. Para ello, sus dimensiones tenían que ser mucho mayores que las del propio mausoleo de Ataturk, que es notablemente más pequeño que el edificio donde Erdogan tiene sus oficinas. Todo está pensado para revertir la herencia del fundador. Hasta en la biblioteca se exhiben de forma preferente los textos antiguos impresos en alfabeto árabe, anteriores al decreto de la adopción del latino en 1928, que abrió las puertas a la influencia occidental y la modernización del país tal como lo concibió Ataturk.

Publicado: julio 7, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/erdogan-consagra-gigantesca-herencia-monumental-sepultar-ataturk-20260707012828-nt.html

Recep Tayyip Erdogan lleva ya en el poder más de 23 años, en los que ha puesto del revés todo el sistema constitucional turco. Con una personalidad arrolladora, este dirigente islamista quiere inmortalizar su herencia con hormigón armado y en una ciudad anodina y más bien fea como era Ankara.

Para ello, ha construido una serie de gigantescos edificios monumentales como símbolo de su poder, que han sido bautizados como el Palacio Blanco y superan en dimensiones a cualquier otro edificio emblemático, incluyendo la tumba de Mustafá Kemal Ataturk, el fundador de la República de Turquía.

La cumbre de la OTAN le ha servido además para exhibirlo ante los dirigentes aliados.

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  • Enrique Serbeto

Cuando Erdogan se convirtió en primer ministro, el sistema político turco estaba basado en la herencia de Ataturk, quien en 1923 creó una república laica protegida por el Ejército. Durante ocho décadas el sistema funcionó, en el sentido de que los uniformados lograron frenar todos los intentos de reforma por parte de los islamistas, aunque fuera a base de golpes de Estado. La obsesiva publicidad de la figura de Mustafá Kemal, con sus retratos y sus monumentos, se extendió a lo largo del país y en Ankara, la capital que creó él mismo, su mausoleo era el monumento central de visita obligada. En el centro de la ciudad, los edificios construidos en vida del militar languidecían bajo el polvo porque nadie se había atrevido siquiera a tocarlos. La herencia de la República laica pasaba desapercibida en esta ciudad de la Anatolia profunda.

Erdogan ha logrado revertir todo el sistema constitucional, ha eliminado todos los controles para gobernar de forma autoritaria y ha convertido a la República Turca en un sistema presidencialista sin contrapesos que maneja a su antojo. Y, para que no haya ninguna duda, en los últimos años ha ordenado construir su gigantesco «complejo presidencial», que los turcos han bautizado con mucho acierto como como el Palacio Blanco y que es uno de los edificios gubernamentales más grandes del mundo. Si Erdogan hubiera intentado acabar con la profusa iconografía kemalista, seguramente habría fracasado. Su receta consiste en superponer la suya a base de construcciones imponentes llenas de iconografía nacionalista y religiosa.

Erdogan ha revertido el sistema constitucional, eliminado los controles para gobernar de forma autoritaria y convertido a la República Turca en un sistema presidencialista sin contrapesos

Simbólicamente el complejo fue inaugurado en 2014, poco después de que Recep Tayyip Erdogan asumiera la nueva presidencia ejecutiva tras la desaparición del puesto de primer ministro. No es por casualidad que eligiera los terrenos de la Casa Forestal de Ataturk, una zona protegida especialmente simbólica porque formaba parte del diseño inicial de la capital. Ocupa 150.000 metros cuadrados y tiene más de 1.100 habitaciones. Su superficie construida supera ampliamente el complejo que rodea la Casa Blanca o el Palacio de Buckingham e incluye, como corresponde, un sofisticado sistema de comunicaciones militares, sala de crisis, búnkeres preparados para resistir ataques nucleares y medidas especiales contra escuchas electrónicas. Se dice que algunas dependencias se diseñaron sin instalar ni siquiera enchufes, para que nada interfiriera en la detección de dispositivos de espionaje.

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Mezquitas monumentales

El máximo dirigente turco ha cambiado el panorama del país en todos los sentidos. Bajo su gobierno se se han construido más de 15.000 nuevas mezquitas. Entre ellas destaca la de Camlica, en la parte asiática de Estambul, que tiene una capacidad de 63.000 personas y es la mayor del país. Más pequeña, pero más simbólica, es la que ha mandado construir en la plaza de Taksim, que era el favorito para las manifestaciones de la oposición kemalista. A ambas se suman las monumentales mezquitas que se han levantado en nuevas áreas urbanas de Ankara, Estambul, Bursa, Konya y otras ciudades. La Santa Sofía bizantina que Ataturk convirtió en museo ha vuelto a ser reasignada como mezquita, convirtiéndose en otro símbolo de lo que Erdogan intenta hacer con la herencia del fundador de la República.

La construcción del monumental Palacio Blanco (palacio porque acumula el poder del antiguo sultán y blanco como analogía con la Casa Blanca) quiere ser precisamente la expresión de su visión del país que gobierna. Para ello, sus dimensiones tenían que ser mucho mayores que las del propio mausoleo de Ataturk, que es notablemente más pequeño que el edificio donde Erdogan tiene sus oficinas. Todo está pensado para revertir la herencia del fundador. Hasta en la biblioteca se exhiben de forma preferente los textos antiguos impresos en alfabeto árabe, anteriores al decreto de la adopción del latino en 1928, que abrió las puertas a la influencia occidental y la modernización del país tal como lo concibió Ataturk.

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