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Sale a la luz el pacto con Irán que Trump presenta como una victoria

En el acuerdo de 14 puntos que se ha filtrado este miércoles antes de la firma del viernes, Estados Unidos e Irán pactan el fin permanente de la guerra que comenzó en febrero, la reapertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento progresivo de sanciones, alivio … económico para Teherán y una negociación en 60 días sobre el futuro del programa nuclear iraní. Incluye beneficios claros para Irán, como la venta autorizada de petróleo y petroquímicos, la liberación de fondos congelados, el levantamiento progresivo de sanciones, un plan económico de reconstrucción de al menos 300.000 millones de dólares y el mantenimiento provisional de su programa nuclear mientras se negocia el acuerdo final. La cadena CNN ha tenido acceso a él antes que los demás medios.
La Administración Trump intenta vender el acuerdo como un triunfo porque pondría fin a la guerra, reabriría el Estrecho, limitaría el riesgo de una guerra total y arrancaría de Irán el compromiso de no fabricar armas nucleares. Pero las reservas aquí en Washington son crecientes: el texto deja para una negociación posterior el destino del uranio enriquecido y de todo el programa nuclear iraní, concede a Teherán alivio económico y margen para vender petróleo desde el inicio, no detalla aún mecanismos concretos de verificación y abre la puerta a un levantamiento amplio de sanciones a cambio de compromisos que, por ahora, quedan pendientes de ese otro acuerdo final en 60 días.

El presidente Trump está ya a la defensiva ante las dudas sobre el alcance real del acuerdo. Preguntado si el pacto con Irán es definitivo, respondió durante su visita al G7 en Francia: «No, no es definitivo. Es un memorando de entendimiento». Y añadió una amenaza directa a Teherán: «Si no me gusta, si no se comportan, volveremos a lanzar bombas justo en medio de sus cabezas». Es decir, aunque la Casa Blanca intenta presentar el entendimiento como una victoria diplomática, el propio mandatario admite que no es un acuerdo final, sino un marco provisional que deja abierta la posibilidad de volver a los bombardeos si Irán no cumple. La firma será este viernes en Suiza, y acudirá no el presidente sino su vicepresidente, J.D. Vance.

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Enric Bonet

Para muchos republicanos en EE.UU., las partes más difíciles de asumir son las que parecen conceder pingües beneficios económicos a Irán antes de que quede resuelto el meollo del problema: su programa nuclear. En concreto, el memorando filtrado a CNN prevé ese levantamiento progresivo de sanciones y un plan de reconstrucción y desarrollo de al menos 300.000 millones de dólares. El punto sensible es que todo eso puede parecer una recompensa a Irán mientras el destino del uranio enriquecido, las inspecciones y el desmantelamiento real del programa nuclear quedan para una negociación posterior.
El fondo de reconstrucción es polémico por su tamaño y por el efecto político que tiene. Son, al fin y al cabo, 300.000 millones para la rehabilitación y desarrollo económico de Irán, algo que suena, para los halcones republicanos, a un rescate del régimen. Según Reuters, sería un fondo de inversión privada, no ayuda pública ni reparaciones, con aportaciones de empresas de EE.UU., países del Golfo, Asia, Sudamérica y África, y orientado a energía, logística, manufactura y transporte.

Beneficios económicos polémicos

La Administración Trump insiste en que no habría dinero del contribuyente estadounidense y que el fondo dependería del cumplimiento iraní, incluido el desmantelamiento nuclear y la aceptación de inspecciones estrictas. Pero aun así el problema político es evidente, pues Trump tendría que explicar por qué, después de bombardear a Irán y prometer máxima presión, hasta plantear un cambio de régimen, acepta un plan que puede inyectar capital masivo en la economía iraní, beneficiando al régimen al que acaba de descabezar y al frente del cual está Mojtabá Jamenei, el hijo del anterior líder supremo, Alí Jamenei.

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También puede ser polémico que el texto no especifique aún qué ocurrirá con el uranio altamente enriquecido, que no detalle del todo los mecanismos de verificación y que deje mucho a un acuerdo final posterior. Algunos republicanos ya han pedido más transparencia y detalles en el Capitolio, en especial sobre cumplimiento, sanciones y seguridad regional. El año pasado, 27 de junio de 2025, Trump ya atacó instalaciones nucleares iraníes y dio su programa en ese ámbito por muerto.
En esas complicadas negociaciones, las comparaciones con Barack Obama pueden ser especialmente delicadas para Trump. Durante años el hoy presidente presentó el pacto nuclear previo, el de 2015, como un desastre, un acuerdo débil, lleno de concesiones y favorable a Teherán. Ahora sus críticos pueden decir que él está aceptando algunos elementos parecidos o incluso más difíciles de defender políticamente, como el alivio de sanciones, acceso iraní a fondos congelados, venta de petróleo, negociación diferida sobre el programa nuclear y un compromiso general de Irán de no fabricar armas atómicas.
Además, Obama vendió su acuerdo como un marco nuclear técnico, con límites, inspecciones y verificación internacional. En este caso, según lo que se conoce del memorando, Trump intenta cerrar primero el cese de la guerra y la reapertura de Ormuz, pero muchos detalles nucleares quedan aplazados al acuerdo final de 60 días, que será complicado de cerrar. Eso abre para los demócratas una línea de ataque muy incómoda, que de hecho ya explotan: que Trump bombardeó Irán, declaró victoria y acabó negociando un documento provisional con alivio económico para Teherán antes de cerrar del todo la cuestión nuclear.

Publicado: junio 17, 2026, 8:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/sale-luz-pacto-iran-trump-presenta-victoria-20260616151800-nt.html

En el acuerdo de 14 puntos que se ha filtrado este miércoles antes de la firma del viernes, Estados Unidos e Irán pactan el fin permanente de la guerra que comenzó en febrero, la reapertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento progresivo de sanciones, alivio económico para Teherán y una negociación en 60 días sobre el futuro del programa nuclear iraní. Incluye beneficios claros para Irán, como la venta autorizada de petróleo y petroquímicos, la liberación de fondos congelados, el levantamiento progresivo de sanciones, un plan económico de reconstrucción de al menos 300.000 millones de dólares y el mantenimiento provisional de su programa nuclear mientras se negocia el acuerdo final. La cadena CNN ha tenido acceso a él antes que los demás medios.

La Administración Trump intenta vender el acuerdo como un triunfo porque pondría fin a la guerra, reabriría el Estrecho, limitaría el riesgo de una guerra total y arrancaría de Irán el compromiso de no fabricar armas nucleares. Pero las reservas aquí en Washington son crecientes: el texto deja para una negociación posterior el destino del uranio enriquecido y de todo el programa nuclear iraní, concede a Teherán alivio económico y margen para vender petróleo desde el inicio, no detalla aún mecanismos concretos de verificación y abre la puerta a un levantamiento amplio de sanciones a cambio de compromisos que, por ahora, quedan pendientes de ese otro acuerdo final en 60 días.

El presidente Trump está ya a la defensiva ante las dudas sobre el alcance real del acuerdo. Preguntado si el pacto con Irán es definitivo, respondió durante su visita al G7 en Francia: «No, no es definitivo. Es un memorando de entendimiento». Y añadió una amenaza directa a Teherán: «Si no me gusta, si no se comportan, volveremos a lanzar bombas justo en medio de sus cabezas». Es decir, aunque la Casa Blanca intenta presentar el entendimiento como una victoria diplomática, el propio mandatario admite que no es un acuerdo final, sino un marco provisional que deja abierta la posibilidad de volver a los bombardeos si Irán no cumple. La firma será este viernes en Suiza, y acudirá no el presidente sino su vicepresidente, J.D. Vance.

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  • Enric Bonet

Para muchos republicanos en EE.UU., las partes más difíciles de asumir son las que parecen conceder pingües beneficios económicos a Irán antes de que quede resuelto el meollo del problema: su programa nuclear. En concreto, el memorando filtrado a CNN prevé ese levantamiento progresivo de sanciones y un plan de reconstrucción y desarrollo de al menos 300.000 millones de dólares. El punto sensible es que todo eso puede parecer una recompensa a Irán mientras el destino del uranio enriquecido, las inspecciones y el desmantelamiento real del programa nuclear quedan para una negociación posterior.

El fondo de reconstrucción es polémico por su tamaño y por el efecto político que tiene. Son, al fin y al cabo, 300.000 millones para la rehabilitación y desarrollo económico de Irán, algo que suena, para los halcones republicanos, a un rescate del régimen. Según Reuters, sería un fondo de inversión privada, no ayuda pública ni reparaciones, con aportaciones de empresas de EE.UU., países del Golfo, Asia, Sudamérica y África, y orientado a energía, logística, manufactura y transporte.

Beneficios económicos polémicos

La Administración Trump insiste en que no habría dinero del contribuyente estadounidense y que el fondo dependería del cumplimiento iraní, incluido el desmantelamiento nuclear y la aceptación de inspecciones estrictas. Pero aun así el problema político es evidente, pues Trump tendría que explicar por qué, después de bombardear a Irán y prometer máxima presión, hasta plantear un cambio de régimen, acepta un plan que puede inyectar capital masivo en la economía iraní, beneficiando al régimen al que acaba de descabezar y al frente del cual está Mojtabá Jamenei, el hijo del anterior líder supremo, Alí Jamenei.

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En esas complicadas negociaciones, las comparaciones con Barack Obama pueden ser especialmente delicadas para Trump. Durante años el hoy presidente presentó el pacto nuclear previo, el de 2015, como un desastre, un acuerdo débil, lleno de concesiones y favorable a Teherán. Ahora sus críticos pueden decir que él está aceptando algunos elementos parecidos o incluso más difíciles de defender políticamente, como el alivio de sanciones, acceso iraní a fondos congelados, venta de petróleo, negociación diferida sobre el programa nuclear y un compromiso general de Irán de no fabricar armas atómicas.

Además, Obama vendió su acuerdo como un marco nuclear técnico, con límites, inspecciones y verificación internacional. En este caso, según lo que se conoce del memorando, Trump intenta cerrar primero el cese de la guerra y la reapertura de Ormuz, pero muchos detalles nucleares quedan aplazados al acuerdo final de 60 días, que será complicado de cerrar. Eso abre para los demócratas una línea de ataque muy incómoda, que de hecho ya explotan: que Trump bombardeó Irán, declaró victoria y acabó negociando un documento provisional con alivio económico para Teherán antes de cerrar del todo la cuestión nuclear.

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