Publicado: mayo 16, 2026, 10:15 pm
Fuente de la noticia : https://www.abc.es/salud/preguntado-director-estudiantes-ganaria-nobel-estado-lista-20260506013339-nt.html
Stefan Hell nació hace 64 años en la remota Transilvania. Sin embargo, los alemanes cuentan como suyo el Nobel de QuÃmica que ganó en 2014 por su contribución fundamental a la microscopÃa de súper resolución. Cuando era un adolescente, sus padres huyeron del … régimen de Ceaucescu y emigraron muy cerca de Heidelberg, la ciudad universitaria por excelencia en la que Hell acabó por hacer carrera como fÃsico antes de unirse al Instituto Max Planck, donde investiga desde hace décadas.
La obsesión de Hell desde muy pronto fueron los microscopios, y más concretamente, cómo lograr que fueran capaces de mejorar su resolución. HabÃa un muro infranqueable en la capacidad de observar lo infinitesimal: el lÃmite de difracción de la luz, algo que se consideraba una ley natural y, por tanto, imposible de superar. Según el célebre principio de Ernst Abbe, padre de la óptica moderna, nuestra capacidad de observar la naturaleza estaba condenada a conformarse con esos 200 nanómetros.
Sin embargo, Hell demostró que este lÃmite no era tal y que el problema podÃa sortearse aplicando el ingenio, por ejemplo, mediante el uso de la fluorescencia. Su trabajo cristalizó en el posterior desarrollo de los nanoscopios, microscopios de súper resolución capaces de observar estructuras (materiales o biológicas) en tiempo real y a una escala de hasta 10 nanómetros.
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Judith de Jorge
Durante muchos años, su investigación se consideró marginal, incluso excéntrica. Pero las múltiples aplicaciones que ha tenido el desarrollo de estos nuevos microscopios, ya sea en microbiologÃa o en nanotecnologÃa, suponen una reivindicación que se ha traducido en numerosos premios y reconocimientos más allá del Nobel. El investigador ha estado en Madrid en la Fundación Ramón Areces para participar en la jornada Nobel Prize Conversations y, entre otras cosas, someterse a las preguntas de ABC.
— Cuando recibió el Premio Nobel, recordó que al principio de su carrera mucha gente despreció su investigación por considerarla extraña o marginal. Ahora que ocupa una posición de liderazgo, ¿cómo trata a los cientÃficos jóvenes que acuden a usted con ideas extravagantes? ¿Les trata de forma más comprensiva debido a su propia experiencia?
—Definitivamente aquello tuvo una influencia en cómo pienso sobre la ciencia y sobre las personas. Esto no solo me ocurre a mÃ; todos tenemos nuestra biografÃa y, basándonos en ella, tomamos decisiones. Mi experiencia me dice que es muy difÃcil saber si alguien va por el camino correcto o no. Mi propio director de tesis en Heidelberg era fÃsico de bajas temperaturas, no estaba especializado en mi campo en absoluto. Intenté convencerle de que habÃa potencial en la microscopÃa, en el problema de la resolución; que habÃa algo profundo por descubrir. Él era un fÃsico muy bueno, no quiero restarle importancia, pero lo descartó. Dijo: «No, no lo creo». Si le hubieras preguntado a finales de los 80 cuál de sus estudiantes ganarÃa un Nobel, te aseguro que yo no habrÃa estado en esa lista. Al cien por cien.
«Saqué muy buenas notas, pero no era de los que levantaba la mano constantemente o hacÃa siempre las mejores preguntas»
Saqué muy buenas notas, pero no era de los que levantaba la mano constantemente o hacÃa siempre las mejores preguntas. Él pensaba en mà como alguien diligente, con talento para lo técnico, pero que probablemente nunca lograrÃa un avance cientÃfico. Y la cosa fue muy diferente. Por eso digo que no se puede saber. Ahora tengo muchos estudiantes y ¿me atreverÃa a decir quién tendrá éxito y quién no? Veo que algunos son más creativos o más ambiciosos. La ambición es muy importante porque te hace recorrer ese kilómetro extra. Basándome en eso puedo intuir algo, pero en general es muy difÃcil de predecir.
—La microscopÃa es una disciplina con potencial para mejorar muchas otras áreas dentro de la biologÃa o la medicina. Pienso en la genética, y por supuesto, en la IA y su capacidad para reconstruir imágenes biológicas. ¿Cuáles de estas aplicaciones le parecen más disruptivas?
—Los puntos que menciona son absolutamente legÃtimos. La IA tendrá un impacto, como en muchos otros campos. ¿Tendrá impacto en la microscopÃa? Por supuesto. No solo en el análisis de imágenes, que es lo obvio, sino también en el diseño de la óptica y en cómo funciona. Las leyes de la naturaleza ya se entienden muy bien. En ingenierÃa, si construyes una casa, no empiezas de cero; si tienes una IA que sabe cómo se construyeron otras casas, pulsas un botón y diseña una nueva según tus gustos. Ya no necesitas al arquitecto. Lo mismo pasará en la óptica. Las reglas son conocidas y puedes pedirle a la IA: «Constrúyeme un microscopio con estas caracterÃsticas».
Las reglas de la óptica son conocidas y puedes pedirle a la IA: «Constrúyeme un microscopio con estas caracterÃsticas»
La pregunta es: ¿saldrá de ahà algo totalmente disruptivo? En este punto, probablemente no, porque la IA combina y extrapola reglas establecidas. Para algo totalmente disruptivo, la IA quizá no esté lista aún, aunque no digo que no llegue a estarlo si le permites cierta «locura» y luego otra IA comprueba si esa locura es factible. En mi caso, yo fui lo suficientemente audaz para desafiar la sabidurÃa aceptada. Entendà que la barrera de la difracción no era tanto una ley fÃsica, sino una interpretación de las leyes fÃsicas. No rompà una ley de la naturaleza, eso serÃa tonto decirlo, pero rompà una ley percibida.
—Algunos de sus compañeros decÃan que usted «esquivó» el lÃmite de difracción, pero usted insiste en que lo «rompió». ¿Cuál es la diferencia?
—Insisto en lo de romper porque pensar que lo rompes es fundamental. Te permite pensar en la innovación de una manera distinta. Por ejemplo, cuando recibà el premio Nobel en 2014, la mejora de la resolución era de un factor 10. Los comentaristas decÃan que habÃamos esquivado la ley. Yo decÃa: «No, la estamos rompiendo, no hay lÃmite». Seguà trabajando y logré otro factor 10. Mucha gente pensaba que era una cuestión semántica, pero no lo era. Se decÃa que la clave para superar la barrera era calcular el centroide de un máximo. Yo sostuve que la clave era jugar con estados de «encendido y apagado». Fui criticado por esto. Pero seguà ese camino y pude avanzar otro factor 10. Aquellos cuya interpretación era incorrecta se quedaron estancados. El pensamiento correcto —y el lenguaje que lo refleja— determina qué harás después. Los humanos tienden a pensar en paradigmas, en cajas. Yo pude seguir adelante porque tenÃa las cajas correctas. En los últimos diez años hemos bajado a nivel molecular, mientras otros no pudieron. Es asà de simple: es vital tener el pensamiento correcto.
— Es muy de Wittgenstein, esa idea de que el lenguaje, las palabras, determinan cómo ves el mundo. Incluso para un fÃsico.
— La naturaleza tiene su propia interpretación de la realidad y no se detiene aquà o allá; la naturaleza es lo que es. Los humanos tenemos interpretaciones que suelen encajar en marcos y paradigmas. A la naturaleza no le importa si tú piensas que la barrera de difracción es un lÃmite. Por eso es malo aferrarse a esos marcos. Un «cambio de paradigma» es básicamente reencuadrar un problema en un lenguaje nuevo.
«Los humanos tenemos interpretaciones que suelen encajar en marcos, pero a la naturaleza no le importa si piensas que la barrera de difracción es un lÃmite»
Por eso no puedo decir cuándo la IA podrá hacer este trabajo. Si le introduces a la IA algún «error» que permita formas diferentes de pensar, entonces será muy poderosa.
— Precisamente, mucha gente se queja de las «alucinaciones» de la IA generativa, ¿pero cree que en ciencia un poco de alucinación podrÃa ser útil cuando hay problemas que nadie ha resuelto usando la lógica convencional?
—Absolutamente. Yo tuve esa idea loca siendo estudiante: «¿Qué problema interesante queda en microscopÃa que valga la pena resolver?». Era la barrera de difracción. Todo el mundo decÃa que no se podÃa. Yo fui lo suficientemente audaz intelectualmente para pensar si eso era realmente una ley de la naturaleza o solo una ley percibida. En aquel momento podrÃas haberlo llamado alucinación, no era más que una intuición.
