Publicado: mayo 5, 2026, 6:00 pm
La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/tecnologia/emprendimiento/entrevista-johanna-jaskowska-artista-digital-filtros-instagram-ia-beauty3000-offf-barcelona_6965483_0.html
En un momento en el que la inteligencia artificial vuelve a redefinir los límites de la creatividad digital, hay nombres que ayudan a entender de dónde venimos. Uno de ellos es Johanna Jaskowska, la artista que firmó uno de los primeros fenómenos virales de Instagram con su filtro Beauty3000 y que hoy explora nuevas formas de expresión visual apoyadas en la IA.
Su paso reciente por OFFF Barcelona —tras haber participado también en la edición de Sevilla— confirma su papel como una de las voces más interesantes en la intersección entre arte, tecnología e identidad digital. De los filtros de realidad aumentada al debate sobre los estándares de belleza, el auge (y caída) de los NFT o el verdadero impacto de la inteligencia artificial en los procesos creativos, Jaskowska ofrece una mirada crítica y poco complaciente sobre cómo usamos —y cómo nos transforma— la tecnología.
Hablamos con ella sobre el origen de Beauty3000, el futuro de la moda digital, el fin de los filtros en Instagram y por qué la IA no es, ni de lejos, ese atajo creativo que muchos creen.
El filtro Beauty3000 fue uno de los grandes impulsos de su carrera, ¿qué le llevó a crearlo?
Cuando empecé a trabajar en Beauty3000 era creative digital en una agencia de publicidad. Mi trabajo consistía en experimentar con tecnología nueva y ver cómo conectarla con la narrativa de una campaña. Unir los puntos, básicamente. Ya estaba experimentando con realidad aumentada para proyectos de clientes, pero también probaba cosas para mí y las publicaba en redes. Recibí buena respuesta de la comunidad y de una cosa fue saliendo otra. Hice un filtro, luego otro, luego Beauty3000 y de un día para otro se convirtió en algo. Se hizo viral.
Con la tecnología, los filtros y las redes, ¿estamos ampliando nuestra identidad o escapando de ella?
Creo que la identidad es fluida. No existe una identidad fija. Puedo ser muy divertida en una fiesta y muy seria en un entorno de trabajo. Eso no es escapar de mí, son distintas versiones de mí según el contexto. En redes sociales puedes explorar eso de muchas formas: crear un personaje, una persona, un alter ego, y narrar desde ahí. Así que lo veo más como una expansión, una exploración de lo que puede ser la identidad en el espacio digital, donde hay más libertad y menos límites. Y los filtros son parte de eso: puedes usarlos para divertirte, para sentirte guapa de una determinada manera o para ver el arte expresarse de una forma u otra.
¿Le preocupa que estemos normalizando rostros que no existen en el mundo real?
Sí y no. Los filtros que te hacen parecerte al estándar de belleza ‘tipo Kardashian’ —ojos de zorro, nariz pequeña, labios grandes, mentón fino— pueden ser preocupantes cuando empiezas a usarlos como referencia en tu vida cotidiana. Cuando empiezas a echar de menos tu propia cara al mirarte al espejo. Ahí sí veo un problema, porque puedes perderte a ti misma o querer parecerte a algo que no refleja tu propia belleza. Pero mis filtros van por otro lado. Son una exploración del futurismo, de bellezas posibles. Juego mucho con la luz. No cambio la estructura ni la forma de los rostros. Y aunque a veces pueda parecer algo alienígena, ese no es el propósito. No quiero que te sientas mal en tu realidad cotidiana. Quiero invitarte a fantasear sobre realidades posibles, en una dimensión más cinematográfica.
Hoy los filtros están en todas partes. ¿Siente que se ha banalizado esa herramienta?
Para ser honesta, desde que Meta Spark cerró en 2025, dejé de hacer filtros y realidad aumentada en redes sociales. Mi trabajo ya no existe en esa plataforma. Reproduje algunos filtros en Snapchat, pero ya no es un espacio donde trabajo activamente. Ahora hago más arte visual y uso mucho la inteligencia artificial en mi obra actual. Lo que sí puedo decir es que desde que Meta Spark cerró, en Instagram hay mucho menos éxito y mucho menos movimiento en torno a la realidad aumentada. Todavía hay filtros en Snapchat y TikTok, pero no soy muy activa ahí. No creo que se haya banalizado. La gente conoce los filtros, los usa o no. Simplemente ya no veo cosas interesantes pasando en Instagram en ese campo.
Cuando creó Beauty3000, ¿le sorprendió que algo tan poco realista conectara con tanta gente? ¿Cree que tendría hoy el mismo impacto?
Sí, me sorprendió. Llegar a 400 millones de usuarios conectando con una visión artística y futurista de la belleza fue una sorpresa enorme. Aunque con perspectiva, tiene sentido. En ese momento los filtros y la realidad aumentada eran algo de nicho, más asociado a lo gracioso y lo divertido, y Beauty3000 fue una de las primeras propuestas con un enfoque artístico. Creo que eso generó la expectativa. También era el inicio del auge de la belleza, la moda y la influencia en la plataforma. Tenía mucho sentido ofrecer experiencias interesantes para explorar la belleza de otra manera. Si tendría el mismo impacto hoy, no lo sé. Quizás sí, quizás no. Lo que sí creo es que cuando algo no existe todavía, aparece de repente y encaja con el momento, ahí es cuando conecta de verdad.
La moda digital es su otra faceta más reconocida y la defiende como alternativa al consumo masivo. ¿Cree que puede escalar o seguirá siendo algo de nicho?
Desde el punto de vista de los videojuegos, ya escaló. Es un mercado enorme y muy mainstream. En cualquier videojuego social hay un mercado gigante de moda digital y assets, en Fortnite y en todos lados, donde puedes comprar skins y prendas digitales con dinero o con cripto dentro de ese entorno. Eso ya existe y funciona a gran escala. Pero para la vida cotidiana, no tiene sentido. Todavía. Este proyecto era un proyecto artístico especulativo, una forma de abrir el debate sobre blockchain, criptomonedas y moda digital en un sentido más amplio. Quizás algún día, si la realidad aumentada se integra de verdad en nuestro día a día y queremos llevar accesorios digitales sobre nuestra realidad, podría pasar. Pero eso es una visión muy futurista. Habrá que esperar y ver cómo evoluciona la tecnología para saber si tiene sentido en la sociedad o no.
¿Qué le diría a alguien que piensa que pagar por ropa que no existe no tiene sentido?
Les diría que tiene sentido si juegas a videojuegos y quieres que tu avatar vaya bien vestido. En ese contexto ya es completamente normal. Pero en la vida cotidiana, estoy completamente de acuerdo con ellos. Yo tampoco compraría unos vaqueros digitales por el simple hecho de tenerlos. Lo que sí compraría es arte, por el hecho de poseer una pieza digital y ser su propietaria. Y eso es exactamente lo que era este proyecto: un proyecto artístico especulativo, no un producto de moda digital en sí mismo.
¿En el futuro vestiremos más a nuestros avatares que a nuestros cuerpos?
No creo que sea lo uno o lo otro. Creo que ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Depende mucho de tu presencia en el mundo digital. Hay personas que no están en el mundo digital y personas que viven principalmente ahí. Los avatares existen dentro de plataformas digitales y necesitas estar presente en ellas para que tenga sentido tener uno. Dicho eso, tengo esta fantasía de que quizás en el futuro llevaremos algo así como una segunda piel muy cómoda y encima de ella accesorios digitales que reemplazarían las prendas incómodas. Es una visión muy especulativa, inspirada en películas como ‘Blade Runner’. No sé si llegará a pasar de verdad. Ya veremos.
¿Vivió el boom de los NFT desde dentro? ¿Qué queda hoy de todo aquello?
En realidad no viví el boom desde dentro porque no fui muy activa en ese mundo. No compré ni vendí durante el boom. Lo que hice fue vender este primer proyecto en 2019, cuando el boom todavía no era una cosa. Era una propuesta interesante para el mundo del blockchain y las criptomonedas en aquel momento. No sé muy bien qué queda de todo aquello ni cuál es el valor de los NFT hoy y tampoco me preocupa demasiado. Creo que cuando se hizo demasiado mainstream, el nicho se hundió. Se volvió tan especulativo y tan orientado al dinero que entró gente con mucho capital y difuminó lo que realmente importaba. Creo que ha vuelto a ser algo de nicho y eso me parece bien. Todavía hay aplicaciones muy interesantes para la tecnología blockchain en el arte. Simplemente creo que debería quedarse ahí.
Utiliza IA en su trabajo. ¿En qué momento deja de ser herramienta y empieza a condicionar la obra? ¿Siente que sigue siendo la autora total de lo que crea?
Sí, definitivamente sigo siendo la autora. Cuando hablamos de IA como si fuera una entidad, hay que recordar que existen muchísimos modelos distintos y muchísimas herramientas diferentes. Todos usamos IA en nuestra vida cotidiana y hay gente que ni siquiera se da cuenta. Cuando hablo de IA generativa en mi trabajo, no es ‘prompt y voilà’. No funciona así. Hay mucho tiempo de edición, de mezclar con fotografía, de entrenar modelos, de iterar, de escalar. Hay muchas capas y pasos y el tiempo que dedico a trabajar cualquier imagen es lo que hace que sea el trabajo de una autora. Podría usar IA como podría usar 3D. Da igual la herramienta. El problema con la IA generativa hoy es cómo se publicita en redes sociales: un prompt y ya tienes el resultado perfecto. Pero los ejemplos que se comparten son el resultado de decenas de iteraciones y lo presentan como si fuera lo más sencillo del mundo. La realidad no es así. Y creo que hace falta mucha más educación en torno a esto.
He leído un artículo en Forbes en el que afirma que ya somos cyborgs porque dependemos completamente de la tecnología. ¿En qué momento dejamos de usarla como herramienta y pasó a definir quiénes somos?
Fue un proceso muy progresivo, paso a paso. Empezamos con el teléfono móvil. Luego llegó el iPhone y abrió la posibilidad de tener en un solo dispositivo todo lo que antes estaba en un ordenador. Luego vino el GPS y pudimos navegar desde el móvil. Luego la cámara y pudimos fotografiar y grabar nuestra vida. Luego las redes sociales y pudimos compartirlo todo en tiempo real. Y poco a poco las redes se volvieron esenciales para recibir noticias, saber de tus amigos, comunicarte. WhatsApp, Messenger, Facebook, Instagram, LinkedIn para encontrar trabajo. Todo eso vive en nuestro móvil.
Ahí es cuando empezamos a depender completamente de la tecnología. Y está bien porque es muy útil en el mundo en el que vivimos. Todos tenemos un yo digital, una presencia online, y una presencia física en el mundo real. Así es como vive el mundo hoy.
¿Es PATIO una reacción al exceso de digitalización?
No. PATIO es simplemente otra extensión de mi trabajo y de lo que estoy construyendo, sin intentar forzarlo estratégicamente. Es más una respuesta al COVID. Estaba trabajando freelance en casa sola y necesitaba volver a un entorno creativo compartido. Construí ese espacio para trabajar con otros creativos, explorar nuevos campos como la fotografía, la IA y todo lo que está llegando. Es un lugar para jugar y experimentar, pero físico. Que es justamente lo que me faltaba.
