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Arcadi España, de mano derecha de Ximo Puig a ministro de Hacienda con Sánchez

Arcadi España García (Carcaixent, Valencia, 1974) será el nuevo ministro de Hacienda en sustitución de María Jesús Montero, que abandona Moncloa para dedicar sus esfuerzos a la campaña electoral en Andalucía. Montero será la candidata del PSOE e intentará recuperar la comunidad más poblada de España tras dos legislaturas del popular Juanma Moreno.España siempre había ejercido la política entre bambalinas, en la sala de máquinas, como asesor, sin saltar al ruedo de la gestión en primera línea. Se le consideraba la materia gris, un hombre de estrategia. Hasta que Ximo Puig, de quien había sido jefe de gabinete en la oposición y en su primera legislatura al frente de la Generalitat, lo nombró conseller de Política Territorial, Obras Públicas y Movilidad. Corría el año 2019, justo antes de la pandemia de covid, y allí empezó a tocar tierra con la gestión del metro, de las obras y de las carreteras. Tres años después, en la última remodelación del Botànic, su destino fue la Conselleria de Hacienda y Modelo Económico, donde pasó a ocuparse de los números y a exigir la reforma del modelo de financiación autonómica. Ahora pasa al otro lado de la batalla.Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat de València, se especializó en gestión pública. El gusanillo político le viene de su padre, un histórico del socialismo en la comarca valenciana de la Ribera Alta que falleció en 2016. Ha ocupado cargos en el PSPV-PSOE y posteriormente en la Ejecutiva federal del partido, donde asumió el área de Transportes y Movilidad Sostenible.De trato afable y con un perfil moderado, tras las elecciones generales de 2023 renunció a su acta de diputado en Les Corts Valencianes e hizo las maletas hacia Madrid, ya que fue nombrado secretario de Estado de Política Territorial tras la última investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Allí ha ejercido de número dos del ministro Ángel Víctor Torres.España no ha perdido su relación con Valencia, ya que suele visitar esta comunidad con frecuencia para actos oficiales y de partido. De hecho, ha sido una de las caras visibles del Gobierno central en la crisis de la fatídica DANA que arrasó media provincia el 29 de octubre de 2024. Con su nombramiento, será el segundo ministro valenciano, junto a la gandiense y titular de Ciencia Diana Morant.»Es una persona recta, inteligente, comprometida, que dará continuidad al buen hacer de María Jesús Montero y que estoy convencido de que, junto a Carlos Cuerpo, ayudará a mantener a España en la senda de transformación y responsabilidad fiscal y prosperidad por la que venimos avanzando», ha dicho Sánchez al anunciar su nombramiento.¿Cuáles son los retos del nuevo ministro Arcadi España?El nuevo ministro de Hacienda tiene por delante varias tareas: una, la presentación en el Congreso de los Presupuestos Generales del Estado de 2026, diseñados por María Jesús Montero y que aún no han llegado a la Cámara Alta pese a anunciarse (y posponerse su entrega) en múltiples ocasiones. Unas cuentas para las que aún no se tienen los apoyos parlamentarios para que salgan adelante, mientras siguen en vigor los de 2023 tras sucesivas prórrogas y con el colchón que confiere haber cumplido con el objetivo de déficit del año pasado.También tiene como reto el nuevo ministro llevar hacia delante el proyecto de financiación autonómica que se aprobó en el Consejo de Política Fiscal y Financiera con el único apoyo de Cataluña —la autonomía más beneficiada del plan junto a Andalucía— y que los partidos de la oposición tachan de «cupo catalán» como precio al apoyo de los partidos independentistas ERC y Junts a la legislatura de Pedro Sánchez. 

La guerra en Irán pone en jaque la recuperación del seguro del automóvil este año

El 2026 se perfila como un año de recuperación para el seguro de coche. La vuelta a la rentabilidad de este ramo después de varios trimestres de revisión de tarifas abre una ventana de optimismo para el sector, que avista una moderación de precios para los próximos meses. Sin embargo, este escenario que proyectaban se ha topado con un factor que no estaba incluido en su cuadro de previsiones: la guerra en Irán. La tensión en Oriente Próximo reaviva la pesadilla de 2022, cuando la espiral inflacionaria tras la pandemia de Covid-19 y el estallido del conflicto bélico en Ucrania abocaron al seguro de coche a sufrir una profunda crisis de la que lograron salir el año pasado. El coste medio de una póliza de coche se ha encarecido alrededor de un 52% en los últimos cuatro años, pasando de los 641 euros a los 975 euros. Aunque las circunstancias son diferentes, dado que a falta de conocer el IPC de marzo, el avance de precios oscila sobre el 2%, frente al 10% que llegó a alcanzar en aquel momento, la situación ha puesto en guardia a las aseguradoras. La subida del petróleo ha derivado en un repunte del precio de la gasolina que puede permear a todas las patas de la economía y desembocar en los temidos efectos de segunda ronda, que derivan en un incremento generalizado de todos los bienes y servicios. Entre ellos también figura la cadena de suministros, que podría repercutir en una subida de precios de los materiales, pero también afectar al baremo de indemnizaciones que se actualiza a finales de año en función del dato de IPC de ese año. En este contexto, las compañías del sector encaran la renovación de las pólizas con total incertidumbre y tratando de equilibrar en la balanza el riesgo de un deterioro de la rentabilidad si bajan precios con la posibilidad de tener que hacer frente a mayores costes. El euríbor a doce meses ya recoge este repunte. El índice de referencia del mercado hipotecario ya se mueve (con datos de este martes) sobre el 2,8%, aunque ha llegado a rozar el 3%, empujando la media mensual de marzo al 2,555%, lo que ya anticipa hipotecas más caras, pero también una posible subida de los tipos de interés. El Banco Central Europeo (BCE) ha mostrado este miércoles su disposición a adaptar el precio del dinero al escenario de inflación, aunque no actuarán hasta contar con información suficiente acerca de la magnitud y la persistencia del impacto del conflicto. De momento, ha revisado al alza la expectativa de IPC para 2026 en siete décimas, hasta el 2,6%, anticipando un encarecimiento de la vida superior al proyectado inicialmente. Esta circunstancia empuja a las aseguradoras a la dicotomía de mantener la estrategia de bajar o congelar tarifas para acelerar la captación de clientes con ofertas gancho, que les abocó a la insuficiencia de primas en momentos de alta inflación; o bien abrirse a una reajuste de precios. Mutua Madrileña, que presentó resultados el 4 de marzo, a los pocos días del inicio de los ataques por parte de Estados Unidos e Israel a Irán, mostró su intención de congelar entre un 30% y un 40% de los seguros. Con datos recabados por la consultora ICEA, Grupo Mutua Madrileña se mantuvo líder el año pasado en el ramo de automóviles con un crecimiento del 13% en el acumulado de los doce meses y sitúa su cuota de mercado en el 18,6%, casi un punto porcentual por encima de Mapfre, que computa una cuota de alrededor del 17,8%. Completan la lista Allianz (12,4%) y Generali (8,46%). La compañía encabezada por Antonio Huertas ha conseguido enderezar la división de coches a costa de perder más de 1,2 millones de clientes en los últimos cuatro años, la mitad de ellos en España. Ahora encara el desafío de recuperar terreno. Línea Directa, en cambio, se desmarca y ya ha avisado de que descarta entrar en una guerra de precios. En su lugar, priorizará la rentabilidad técnica sobre el volumen y la suficiencia de primas. «El sector tiene una enorme responsabilidad», expresó la consejera delegada del grupo, Patricia Ayuela, durante la presentación de resultados. 

El conflicto en Oriente Próximo se traslada ya a la cadena de suministros de India y China

Los ataques de Estados Unidos e Israel de los últimos días han alcanzado parte del complejo de procesamiento de gas de Asaluyeh, en la costa sur de Irán, donde se trata el gas procedente de South Pars, el mayor yacimiento del mundo compartido con Qatar. El mercado entiende enseguida que no está ante un ataque más.Esta infraestructura canaliza buena parte de un yacimiento que suministra más del 70% del gas del país, y desplaza la atención fuera del frente militar. La cuestión ya no es solo qué respuesta prepara Teherán. La cuestión es cuánto de esta tensión puede empezar a filtrarse al gas, a los fertilizantes, al transporte y, desde ahí, a toda la cadena de suministro mundial, y principalmente de Asia.Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Asia concentrará más del 60% del crecimiento de la demanda global de gas hasta 2030, con China e India como principales motores, lo que refuerza la sensibilidad de la región ante cualquier disrupción en suministro.India y China concentran una parte enorme de la demanda incremental de energía y dependen de que el crudo, el gas y el transporte marítimo funcionen con relativa normalidad para sostener industria, exportaciones y consumo interno. Europa sigue muy expuesta al gas, pero llega a esta fase con una demanda industrial más débil, más capacidad de ajuste tras la crisis de 2022 y un sistema que ya ha interiorizado precios energéticos más altos. Asia, en cambio, sigue necesitando volumen, continuidad y costes contenidos.El cuello de botella energéticoIndia aparece en la primera línea de esa presión. Su exposición no termina en el petróleo. También alcanza al gas y a los fertilizantes, dos variables que pesan a la vez sobre la industria y sobre el campo. Si el encarecimiento se mantiene, el efecto no se limita a la factura exterior. Empieza a notarse en costes agrícolas, en transporte y en los márgenes empresariales. En este sentido, el Banco Mundial estima que los precios de los fertilizantes siguen altamente correlacionados con el gas natural, que representa hasta el 70% de los costes de producción.Por otro lado, el ajuste no es automático. India puede cambiar proveedores, pero no puede rehacer de un día para otro la estructura de costes de su agricultura ni sustituir sin prima adicional determinados suministros energéticos. Cuando coinciden problemas en el suministro de gas, presión sobre fertilizantes y encarecimiento del transporte, el golpe no llega por una sola vía.China observa el mismo movimiento desde una posición distinta. Tiene más capacidad financiera, más instrumentos de intervención y una estructura industrial diseñada para absorber parte de los shocks externos. Pero también tiene más que perder si la tensión se prolonga. Su aparato manufacturero necesita energía abundante y previsible para sostener producción, exportaciones y estabilidad de costes en miles de empresas que trabajan con márgenes ajustados.En este escenario, JPMorgan advierte que un aumento sostenido del precio del crudo por encima de los 90 dólares por barril puede recortar el crecimiento de Asia emergente entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales, debido al impacto directo en costes industriales y balanza comercial.Asia absorbe el golpe… y lo exportaAhí está otra de las razones por las que el mercado mira antes a Asia que a Europa. China e India no solo consumen mucha energía. También transforman esa energía en exportaciones, producción industrial y demanda de materias primas para el resto del mundo. Cuando el coste energético se mueve en Asia, la onda expansiva no se queda dentro de sus fronteras. Sale después en precios manufactureros, en cadenas logísticas y en comercio global. Europa sufre el shock y Asia lo retransmite.Por eso la atención se desplaza también hacia las reservas chinas. No tanto por una cuestión táctica inmediata, sino porque Pekín ya ha utilizado en otras fases de tensión la gestión de inventarios como colchón temporal. Si el conflicto mantiene la presión sobre el petróleo, el mercado empieza a descontar que China pueda liberar una parte de sus reservas para amortiguar el golpe sobre costes y suministro. Una señal de que la tensión ha dejado de ser puramente geopolítica para entrar en la gestión económica.Con todo, los ataques a las instalaciones energéticas, obliga a los países de la zona a medir su posición con más cuidado. Si se implican más, aumenta el riesgo de contagio regional. Si intentan preservar distancia, el mercado sigue añadiendo una prima sobre sus infraestructuras y sobre la estabilidad de los flujos energéticos.Ahí aparece también el límite de la política monetaria. La Reserva Federal (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE) pueden reaccionar a la inflación, pero no pueden reconstruir una planta gasista ni reducir el precio de los fertilizantes. La incertidumbre expresada por Jerome Powell en su última comparecencia encaja con ese problema. El origen del riesgo no está en la demanda ni en el crédito. Está en un shock de oferta que nace fuera del alcance de los bancos centrales.