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Por qué nos sienta tan bien hacer ejercicio físico

Además de prevenir enfermedades como el cáncer o la obesidad, el ejercicio también mejora considerablemente nuestra salud mental.

Foto: Unsplash (bruce-mars)

José Luis Ferrán, Universidad de Murcia; Alberto Barreda Garijo, Universidad de Murcia; Ángel Toval, Universidad de Murcia; Bruno Ribeiro Do Couto, Universidad de Murcia; Daniel Garrigós, Universidad de Murcia; Marta Martínez Morga, Universidad de Murcia y Yevheniy Kutsenko, Universidad de Murcia

A estas alturas, hay evidencia abrumadora de que estar en buena forma física previene el desarrollo de patologías cardiovasculares, obesidad, diabetes, enfermedades neurodegenerativas o cáncer. Por si fuera poco, se ha visto que el ejercicio también mejora considerablemente nuestra salud mental.

Pero, ¿sabemos por qué? Y, sobre todo, ¿cuánta actividad física es necesaria para que alguno de estos mecanismos haga efecto? ¿Da igual el tipo de ejercicio? Es decir, ¿cualquier respuesta motora activa estos mecanismos positivos para la salud?

Los efectos positivos para la salud de la actividad física se producen por mecanismos específicos en los distintos órganos del cuerpo humano.

Para poder responder a todas estas cuestiones hay que empezar por comprender las bases neurales del movimiento. Es decir, cómo se elabora y regula un programa motor en nuestro cerebro.

Circuitos neurales que elaboran los programas motores

El movimiento del cuerpo humano tiene su origen en circuitos neurales que estimulan la contracción de los músculos del cuerpo. En distintos centros neurales de nuestro cerebro y de forma jerárquica se toman decisiones para elaborar y ejecutar un programa motor. El sistema de control del movimiento cerebral incluye tanto actividades motoras rutinarias, como caminar, hasta movimientos más elaborados, como tocar el piano, bailar o lanzar un triple.

En el primer nivel en la jerarquía de la toma de decisiones de movimiento encontramos la corteza cerebral, que da el pistoletazo de salida a la elaboración de un plan motor. La orden transcurre por diversas estructuras cerebrales como las del tronco del encéfalo, cuyas redes neurales ajustan el plan motor. Finalmente, el estímulo definitivo dirigido a la musculatura responsable del movimiento parte principalmente de las redes neurales de la médula espinal.

Lo más interesante es que en cada punto de este camino se toman “decisiones” que pueden modularse.

Modulación dopaminérgica de la capacidad física

De estudiar cómo se ejecuta (y se regula) un programa de ejercicio a nivel cerebral se ocupa nuestro grupo de investigación en neurobiología de la actividad física de la Universidad de Murcia, liderado por José Luis Ferrán. Utilizamos modelos animales, que brindan la oportunidad de entender cómo madura el cerebro durante distintas etapas de la vida en un corto período de tiempo.

A principios de este año publicamos en la revista Molecular Neurobiology nuevos datos sobre el papel del sistema dopaminérgico durante la mejora de la capacidad física. Este sistema participa en la generación de la respuesta motora, y se ve gravemente afectado en pacientes con enfermedad de Parkinson .

Concretamente observamos que, durante la etapa adolescente de los roedores, la dopamina liberada desde los centros neurales dopaminérgicos condicionaba la cantidad de actividad física que un individuo puede llevar a cabo.

Al administrar bloqueantes de la acción dopaminérgica mediada por los receptores D1 se observó que el tiempo de actividad física resistido por los roedores en la rueda disminuía significativamente. De esta forma, se determinó que estructuras cerebrales como las del cuerpo estriado y de otras regiones del cerebro participarían en la modulación de la capacidad de ejercicio, y que esta depende a su vez de la acción dopaminérgica.

Imagen de un cerebro de roedor identificando tirosina hidroxilasa, en el que se destacan las neuronas que producen dopamina.

El descubrimiento tiene importancia. Conocer los mecanismos neurales que regulan la intensidad y el tiempo que se puede permanecer corriendo permitirá potenciar los efectos positivos de la actividad física.

El tiempo que corremos o hacemos cualquier otro ejercicio, sumado a la intensidad a la que lo hacemos, forman parte de lo que se conoce como “carga” de actividad física. Después de todo, si resulta que los beneficios para la salud se relacionan con cargas y tipos específicos de ejercicio, es importante conocerlo. Porque permitirá individualizar la prescripción del ejercicio según el estado de salud, el historial clínico y otras variables propias de cada individuo.

Por si fuera poco, entender cómo se regula y gestiona la respuesta motora podría también mejorar los programas de entrenamiento para los deportistas.The Conversation

José Luis Ferrán, Profesor de Anatomía y Embriología Humana, Universidad de Murcia; Alberto Barreda Garijo, Técnico Superior de Laboratorio en Análisis Clínico y Biomédico, Universidad de Murcia; Ángel Toval, Estudiante de Doctorado. Departamento de Anatomía Humana y Psicobiología, Facultad de Medicina, Universidad de Murcia; Bruno Ribeiro Do Couto, Associate professor, Universidad de Murcia; Daniel Garrigós, Estudiante de Doctorado, Departamento de Anatomía Humana y Psicobiología. Facultad de Medicina, Universidad de Murcia; Marta Martínez Morga, Postdoctoral research fellow, Universidad de Murcia y Yevheniy Kutsenko, Estudiante de Doctorado. Departamento de Anatomía Humana y Psicobiología, Facultad de Medicina, Universidad de Murcia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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