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Trump cuenta con Sudamérica para aumentar la producción petrolera fuera del Golfo

Uno de los propósitos de Donald Trump, a tenor de sus intervenciones militares –precisamente en Venezuela e Irán, dos países con abundantes reservas de hidrocarburos–, es alcanzar una posición dominante en los flujos petroleros del mundo: de un lado Estados Unidos, como mayor productor … y como aspirante a «gestor» de la producción de algunos aliados, voluntarios o forzados, y de otro China, a la que dosificar su acceso a las energías fósiles como intento de atarle en corto.
En medio de la crisis petrolera, Suramérica se erige como un agente mitigador de la escasez de crudo derivada del bloqueo del estrecho de Ormuz. A finales de 2025, Estados Unidos preveía que el 50% del aumento de producción que se registraría en 2026 provendría de tres países suramericanos: Brasil, Guyana y Argentina; eso sin poder tener aún en cuenta el cambio político y la recuperación del sector que iba a ocurrir en Venezuela. Las actuales dificultades en el Golfo Pérsico pueden incrementar esas perspectivas.

Políticamente se ha introducido el debate sobre si Venezuela se mantendrá en la OPEP, ahora que el abandono de ese cartel petrolero por parte de Emiratos Árabes Unidos (EAU) deja a la organización con un poder menguado. En la última década, la marcha de varios países (entre ellos Ecuador, en realidad de poco peso en la producción total) ha reducido en un 25% la producción de la OPEP, que ha intentado mantener influencia global mediante la asociación con Rusia y otros países bajo la etiqueta OPEP+.

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CLAVES DE LATINOAMÉRICA

Emili J. Blasco

Venezuela es nación fundadora de la OPEP, impulsada originalmente en la década de 1960 por venezolanos y saudíes, y por ahora no tiene urgencia de revisar su pertenencia a la organización. Los límites de producción que esta ha impuesto a sus miembros en los últimos años, como modo de incrementar el precio del barril, no han afectado al país caribeño, eximido de los recortes que acordaba el cartel porque su producción nacional había caído notablemente y se encontraba en serios problemas económicos. Ecuador salió en 2020 justamente para no tener que aminorar el flujo de sus pozos, en un momento además en que quería expandir la explotación, aunque al final en realidad el volumen de esta ha descendido ligeramente.

A Trump le conviene el debilitamiento de la OPEP

A Trump le puede convenir un mayor debilitamiento de la OPEP, pero un abandono venezolano afectaría poco a las cifras del cartel, pues de momento Venezuela aún anda intentando llegar al millón de barriles diarios, lejos de los 3,7 millones que bombeaba en los tiempos de su mayor influencia en la organización (la producción de EAU está en 4,5 millones, de ahí el impacto de su decisión, que deja a Arabia Saudí sin su aliado más fiel en la OPEP).
Fuera del alcance regulatorio de la OPEP, los países que no pertenecen a ella produjeron en 2024 un total de 1,1 millones barriles adicionales, cifra que se elevó a 1,7 millones en 2025, según la Administración de Información Energética estadounidense. Para 2026 estaba previsto un incremento de 800.000 barriles, la mitad de los cuales iba a deberse al aumento de producción de Brasil, Guyana y Argentina. Aunque se trata de volúmenes reducidos que no pueden compensar la retención del flujo desde el Golfo Pérsico que ocasiona el cierre del estrecho de Ormuz, apuntan de todos modos a una perspectiva de mayor peso de Suramérica en el mercado petrolero.
En octubre de 2025, Brasil llegó por primera vez a la cifra de cuatro millones de barriles diarios. En el caso de Guyana, que empezó a producir petróleo en 2019 y desde entonces es uno de los países del mundo con mayor crecimiento de PIB, se prevé la extracción de un millón de barriles diarios en 2027 (se convertiría en la nación con mayor producción per cápita). Por su parte, la Argentina podría llegar a 1,4 millones en 2030.
Salvo por lo que se refiere a Venezuela, Trump no dispone de esas producciones. En Guyana, los principales pozos están explotados por la estadounidense ExxonMobil, aunque en un consorcio donde también está la china CNOOC. De todos modos, la prioridad de Washington es una producción mayor que conduzca a la baja los precios del combustible –cuestión políticamente muy sensible en EE.UU. por la enorme importancia de los desplazamientos internos–, y eso es más factible cuando ocurre fuera de la OPEP.

Publicado: mayo 5, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-cuenta-suramerica-aumentar-produccion-petrolera-golfo-20260505012807-nt.html

Uno de los propósitos de Donald Trump, a tenor de sus intervenciones militares –precisamente en Venezuela e Irán, dos países con abundantes reservas de hidrocarburos–, es alcanzar una posición dominante en los flujos petroleros del mundo: de un lado Estados Unidos, como mayor productor y como aspirante a «gestor» de la producción de algunos aliados, voluntarios o forzados, y de otro China, a la que dosificar su acceso a las energías fósiles como intento de atarle en corto.

En medio de la crisis petrolera, Suramérica se erige como un agente mitigador de la escasez de crudo derivada del bloqueo del estrecho de Ormuz. A finales de 2025, Estados Unidos preveía que el 50% del aumento de producción que se registraría en 2026 provendría de tres países suramericanos: Brasil, Guyana y Argentina; eso sin poder tener aún en cuenta el cambio político y la recuperación del sector que iba a ocurrir en Venezuela. Las actuales dificultades en el Golfo Pérsico pueden incrementar esas perspectivas.

Políticamente se ha introducido el debate sobre si Venezuela se mantendrá en la OPEP, ahora que el abandono de ese cartel petrolero por parte de Emiratos Árabes Unidos (EAU) deja a la organización con un poder menguado. En la última década, la marcha de varios países (entre ellos Ecuador, en realidad de poco peso en la producción total) ha reducido en un 25% la producción de la OPEP, que ha intentado mantener influencia global mediante la asociación con Rusia y otros países bajo la etiqueta OPEP+.

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Venezuela es nación fundadora de la OPEP, impulsada originalmente en la década de 1960 por venezolanos y saudíes, y por ahora no tiene urgencia de revisar su pertenencia a la organización. Los límites de producción que esta ha impuesto a sus miembros en los últimos años, como modo de incrementar el precio del barril, no han afectado al país caribeño, eximido de los recortes que acordaba el cartel porque su producción nacional había caído notablemente y se encontraba en serios problemas económicos. Ecuador salió en 2020 justamente para no tener que aminorar el flujo de sus pozos, en un momento además en que quería expandir la explotación, aunque al final en realidad el volumen de esta ha descendido ligeramente.

A Trump le conviene el debilitamiento de la OPEP

A Trump le puede convenir un mayor debilitamiento de la OPEP, pero un abandono venezolano afectaría poco a las cifras del cartel, pues de momento Venezuela aún anda intentando llegar al millón de barriles diarios, lejos de los 3,7 millones que bombeaba en los tiempos de su mayor influencia en la organización (la producción de EAU está en 4,5 millones, de ahí el impacto de su decisión, que deja a Arabia Saudí sin su aliado más fiel en la OPEP).

Fuera del alcance regulatorio de la OPEP, los países que no pertenecen a ella produjeron en 2024 un total de 1,1 millones barriles adicionales, cifra que se elevó a 1,7 millones en 2025, según la Administración de Información Energética estadounidense. Para 2026 estaba previsto un incremento de 800.000 barriles, la mitad de los cuales iba a deberse al aumento de producción de Brasil, Guyana y Argentina. Aunque se trata de volúmenes reducidos que no pueden compensar la retención del flujo desde el Golfo Pérsico que ocasiona el cierre del estrecho de Ormuz, apuntan de todos modos a una perspectiva de mayor peso de Suramérica en el mercado petrolero.

En octubre de 2025, Brasil llegó por primera vez a la cifra de cuatro millones de barriles diarios. En el caso de Guyana, que empezó a producir petróleo en 2019 y desde entonces es uno de los países del mundo con mayor crecimiento de PIB, se prevé la extracción de un millón de barriles diarios en 2027 (se convertiría en la nación con mayor producción per cápita). Por su parte, la Argentina podría llegar a 1,4 millones en 2030.

Salvo por lo que se refiere a Venezuela, Trump no dispone de esas producciones. En Guyana, los principales pozos están explotados por la estadounidense ExxonMobil, aunque en un consorcio donde también está la china CNOOC. De todos modos, la prioridad de Washington es una producción mayor que conduzca a la baja los precios del combustible –cuestión políticamente muy sensible en EE.UU. por la enorme importancia de los desplazamientos internos–, y eso es más factible cuando ocurre fuera de la OPEP.

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