Izkandé y Luna, cuando la esperanza sobrevuela una montaña de escombros - Colombia
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Izkandé y Luna, cuando la esperanza sobrevuela una montaña de escombros

Con Izkandé Martins estuve pocas veces, pero todas valieron la pena. Escribir este texto es posiblemente el ejercicio más difícil de tiempos verbales; es imposible escribir sobre Izkandé en presente o pasado, pues sus hijos aún mantienen la esperanza de que ocurra lo … imposible y la encuentren entre las montañas de escombros del edificio donde vivía.
Martins, de 56 años, vivía en el edificio Parque Azul, ubicado en Tanaguarena, en el estado de La Guaira, una de las zonas más devastadas por los terremotos del miércoles en Venezuela. Vivía en un primer piso. Los vecinos no sabían que se encontraba allí, pero sus hijos creen que ese fue el último lugar donde se encontraba junto a su perra Luna.

Había hablado con su hija Izkanel Pérez una hora antes, pero luego sobrevino la que ha sido una de las mayores tragedias para los venezolanos: dos seísmos que han dejado muertes y devastación a su paso. El país está aún consternado y los días perdieron sus nombres. La urgencia es encontrar a los desaparecidos y a los que aún están con vida.

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Terremoto en Venezuela

Jorge Benezra

Izkanel Pérez vive el peor calvario que alguien pueda imaginar. No se encontraba en Venezuela cuando pasó todo. Ella, que siempre ha estado muy apegada a su madre –casi como si fueran las dos mejores amigas–, ha tenido que vivirlo todo a través de una pantalla. Su hermano es quien se ha encargado de buscar desesperadamente entre los escombros.
A las seis de la tarde ocurrió el seísmo e Izkanel Pérez se enteró aproximadamente una hora después. Le habían dicho que a la zona de su madre no le había pasado nada y eso le dio algo de tranquilidad. Sin embargo, a medida que pasaron las horas, la angustia y el sufrimiento les rompió el pecho en mil pedazos. Cuando empezaron a ver las imágenes del lugar, comprendieron que la situación era alarmante.
Los rescatistas lograron sacar a todos los que se encontraban en el edificio Parque Azul. Pensaron que habían completado el rescate, pero no era así: Izkandé y Luna estaban allí. Al día siguiente, Nelson, su hijo, bajó a buscarlas. Con pocos recursos y pocas manos movieron cemento sin descanso, pero 72 horas después aún no hay noticias de ellas.

Búsqueda suspendida

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La búsqueda incluso fue suspendida porque les dijeron que no podían movilizar recursos para buscar a una sola persona y porque la estructura estaba tan comprometida que podían poner en riesgo a los voluntarios. Sin embargo, su hija recobró nuevamente la esperanza al ver que han encontrado a otros.
Con lágrimas, decía en un vídeo que quería que su madre supiera que no se cansarán de buscarla, que harán todo lo humanamente posible para encontrar su cuerpo con o sin vida. El edificio donde vivía Izkandé se derrumbó hasta la mitad.
«Creemos que quedó atrapada en el sótano, no sabemos qué tan debajo de los escombros está, ayer entraron un grupo de rescatistas y nos dijeron que era casi imposible que mi mamá estuviese viva y que el edificio podía colapsar», cuenta en sus redes sociales. Busca asegurar algo que le permita tener un cierre a esta tragedia, al menos encontrar el cuerpo de su madre y poder darle el último adiós.

Equipos de rescate internacionales colaboran en la búsqueda de supervivientes en La Guaira.

(AFP)

Una sorpresa en el aire

Los planes de su hija cambiaron abruptamente. Le había comprado un billete a su madre para llevarla a Colombia, una sorpresa que le costó mantener en silencio. Ahora, ese viaje luce como un recuerdo triste.
Izkanel cuenta que su madre los amó con todas sus fuerzas y que era capaz de «incomodarse para acomodarlos a ellos». «Siempre lo dio todo por nosotros», dice. También tenía tres nietos a quienes amaba con todas sus fuerzas, así como a sus mascotas, primero a Roco, que ya había muerto, y a Luna, con la que estaba el día que pasó todo.
«Creo que todos necesitamos algo así, nosotros queremos rescatar a mi mamá con vida o sin vida. Ya han rescatado personas y eso me ha devuelto la esperanza. Toda esa calle no ha tenido ayuda. Todo ha sido con rescatistas voluntarios y Protección Civil con lo poco que pueden, pero hace falta más», dice desesperada.

«Nosotros queremos rescatar a mi mamá con vida o sin vida. Ya han rescatado personas y eso me ha devuelto la esperanza»

Izkanel, hija de Izkandé

Izkandé fue la novia de mi padre durante los últimos cinco años. Era una mujer risueña, alegre y siempre perfectamente arreglada; era cariñosa y capaz de transformar un espacio triste en uno alegre. Escribo esto recordando su risa y diciéndome: «Tu papá es un loco». Hoy todos hemos perdido algo o alguien en esta tragedia y nuestro corazón se quiebra.
Su hija aguarda la esperanza de que llegue más ayuda, más equipamiento y más recursos para seguir excavando hasta encontrarlas. Izkandé sigue junto a su amada Luna, de quien no se separó nunca.

Publicado: junio 28, 2026, 10:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/izkande-luna-esperanza-sobrevuela-montana-escombros-20260628025846-nt.html

Con Izkandé Martins estuve pocas veces, pero todas valieron la pena. Escribir este texto es posiblemente el ejercicio más difícil de tiempos verbales; es imposible escribir sobre Izkandé en presente o pasado, pues sus hijos aún mantienen la esperanza de que ocurra lo imposible y la encuentren entre las montañas de escombros del edificio donde vivía.

Martins, de 56 años, vivía en el edificio Parque Azul, ubicado en Tanaguarena, en el estado de La Guaira, una de las zonas más devastadas por los terremotos del miércoles en Venezuela. Vivía en un primer piso. Los vecinos no sabían que se encontraba allí, pero sus hijos creen que ese fue el último lugar donde se encontraba junto a su perra Luna.

Había hablado con su hija Izkanel Pérez una hora antes, pero luego sobrevino la que ha sido una de las mayores tragedias para los venezolanos: dos seísmos que han dejado muertes y devastación a su paso. El país está aún consternado y los días perdieron sus nombres. La urgencia es encontrar a los desaparecidos y a los que aún están con vida.

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    Jorge Benezra

Izkanel Pérez vive el peor calvario que alguien pueda imaginar. No se encontraba en Venezuela cuando pasó todo. Ella, que siempre ha estado muy apegada a su madre –casi como si fueran las dos mejores amigas–, ha tenido que vivirlo todo a través de una pantalla. Su hermano es quien se ha encargado de buscar desesperadamente entre los escombros.

A las seis de la tarde ocurrió el seísmo e Izkanel Pérez se enteró aproximadamente una hora después. Le habían dicho que a la zona de su madre no le había pasado nada y eso le dio algo de tranquilidad. Sin embargo, a medida que pasaron las horas, la angustia y el sufrimiento les rompió el pecho en mil pedazos. Cuando empezaron a ver las imágenes del lugar, comprendieron que la situación era alarmante.

Los rescatistas lograron sacar a todos los que se encontraban en el edificio Parque Azul. Pensaron que habían completado el rescate, pero no era así: Izkandé y Luna estaban allí. Al día siguiente, Nelson, su hijo, bajó a buscarlas. Con pocos recursos y pocas manos movieron cemento sin descanso, pero 72 horas después aún no hay noticias de ellas.

Búsqueda suspendida

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La búsqueda incluso fue suspendida porque les dijeron que no podían movilizar recursos para buscar a una sola persona y porque la estructura estaba tan comprometida que podían poner en riesgo a los voluntarios. Sin embargo, su hija recobró nuevamente la esperanza al ver que han encontrado a otros.

Con lágrimas, decía en un vídeo que quería que su madre supiera que no se cansarán de buscarla, que harán todo lo humanamente posible para encontrar su cuerpo con o sin vida. El edificio donde vivía Izkandé se derrumbó hasta la mitad.

«Creemos que quedó atrapada en el sótano, no sabemos qué tan debajo de los escombros está, ayer entraron un grupo de rescatistas y nos dijeron que era casi imposible que mi mamá estuviese viva y que el edificio podía colapsar», cuenta en sus redes sociales. Busca asegurar algo que le permita tener un cierre a esta tragedia, al menos encontrar el cuerpo de su madre y poder darle el último adiós.


Equipos de rescate internacionales colaboran en la búsqueda de supervivientes en La Guaira.


(AFP)

Una sorpresa en el aire

Los planes de su hija cambiaron abruptamente. Le había comprado un billete a su madre para llevarla a Colombia, una sorpresa que le costó mantener en silencio. Ahora, ese viaje luce como un recuerdo triste.

Izkanel cuenta que su madre los amó con todas sus fuerzas y que era capaz de «incomodarse para acomodarlos a ellos». «Siempre lo dio todo por nosotros», dice. También tenía tres nietos a quienes amaba con todas sus fuerzas, así como a sus mascotas, primero a Roco, que ya había muerto, y a Luna, con la que estaba el día que pasó todo.

«Creo que todos necesitamos algo así, nosotros queremos rescatar a mi mamá con vida o sin vida. Ya han rescatado personas y eso me ha devuelto la esperanza. Toda esa calle no ha tenido ayuda. Todo ha sido con rescatistas voluntarios y Protección Civil con lo poco que pueden, pero hace falta más», dice desesperada.

«Nosotros queremos rescatar a mi mamá con vida o sin vida. Ya han rescatado personas y eso me ha devuelto la esperanza»

Izkanel, hija de Izkandé

Izkandé fue la novia de mi padre durante los últimos cinco años. Era una mujer risueña, alegre y siempre perfectamente arreglada; era cariñosa y capaz de transformar un espacio triste en uno alegre. Escribo esto recordando su risa y diciéndome: «Tu papá es un loco». Hoy todos hemos perdido algo o alguien en esta tragedia y nuestro corazón se quiebra.

Su hija aguarda la esperanza de que llegue más ayuda, más equipamiento y más recursos para seguir excavando hasta encontrarlas. Izkandé sigue junto a su amada Luna, de quien no se separó nunca.

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