Publicado: abril 26, 2026, 12:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/butler-washington-presidente-marcado-intentos-asesinato-20260426041226-nt.html
La segunda vida política de Donald Trump ha estado marcada por la violencia. En el verano de 2024, en medio de la campaña presidencial para recuperar las llaves de la Casa Blanca, sobrevivió de milagro a un intento de asesinato.
Ocurrió en Butler, una … localidad en la Pensilvania rural, en un mitin al aire libre, el 13 de julio de aquel año. En medio de una cascada de fallos en el perímetro de seguridad, un joven se encaramó a un edificio cercano al escenario y pudo apuntar con tranquilidad al entonces candidato. Llevaba un arma de precisión y el tiro no era complicado.
Pero el atacante, Thomas Crooks, de 20 años, erró. Solo una de sus balas tocó al multimillonario neoyorquino. Le rozó su oreja derecha. Se quedó a milímetros de ser fatal. Una de las balas sí encontró a una víctima: un bombero local que asistía como público y perdió la vida.
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La reacción de Trump a ese momento será la imagen que quedará para siempre de su carrera política. Rodeado de miembros de agentes del Servicio Secreto, se levantó y, mirando a las decenas de miles de personas que estaban en las campas de Butler, levantó el puño. Con el rostro manchado de sangre, gritó ‘fight, fight, fight’. ‘Luchar, luchar, luchar’, lo que se convirtió en ese instante en uno de sus lemas de campaña, que corean en cada mitin sus seguidores.
La demostración espontánea de coraje de Trump, su capacidad de convertir un momento de riesgo máximo en una demostración de fortaleza fueron formidables. Para muchos, ese día ganó la elección, por mucho que los demócratas trataran de levantar el rumbo con su cambio de candidato, del deteriorado Joe Biden a Kamala Harris.
El episodio también disparó el mesianismo que Trump tiene para parte del electorado conservador, algo que él mismo ha cultivado desde entonces. «Mucha gente me ha dicho que Dios me salvó la vida por una razón, para salvar a este país y devolver a EE.UU. su grandeza», dijo en Florida la noche que celebró su victoria electoral en 2024.
Ese no fue el último intento de acabar con su vida. Dos meses después del de Butler, el 15 de septiembre de 2024, un atacante trató de asesinar a Trump cuando disfrutaba de su gran afición, el golf. Fue Ryan Wesley Routh, un hombre de 58 años, que fue sorprendido por la seguridad del candidato cuando estaba apostado en una verja en el campo de golf propiedad de Trump en West Palm Beach, donde tiene su residencia.
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Estaba apuntando un rifle a 370 metros de Trump cuando fue descubierto. Le dispararon, huyó y fue detenido poco después.
Pudo haber habido más intentos. La fiscalía de Nueva York aseguró que el Gobierno de Irán encargó a un grupo de iraníes el asesinato de Trump antes de la elección con la que volvió a la Casa Blanca.
Los disparos de este sábado, durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, no ocurrieron en la sala en la que estaba el presidente de EE.UU. El atacante no llegó a entrar en el lugar donde Trump iba a ofrecer el habitual discurso divertido, lleno de chistes, tradicional de este evento, el primero en el que el multimillonario republicano iba a participar como presidente.
Pero ha sido un nuevo episodio de violencia política en una era turbulenta. Entre quienes estaban en la ceremonia estaba Erika Kirk, la viuda de Charlie Kirk, el activista conservador que murió asesinado durante una conferencia en un campus de Utah el pasado otoño. Su muerte sacudió a EE.UU.: Kirk era un aliado férreo de Trump y una de las figuras políticas más populares en el conservadurismo estadounidense, que había sido capaz de conectar al actual presidente con una nueva generación de votantes jóvenes. Una cámara captó a Erika Kirk abandonando la sala, entre lágrimas, en medio de otro episodio de violencia política.
