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9 de mayo: Día de Europa y… ¿de la Victoria?

Este sábado, mientras en el Viejo Continente celebramos el Día de Europa como el triunfo de la paz sobre la barbarie, el resto del mundo lee esta fecha de formas radicalmente distintas.Como se explica en mi libro ‘El eje del mundo que viene: Cómo el Indo-pacífico está transformando el orden global’ … (Ariel), nuestra historia global no ha transcurrido ni ha sido percibida igual por todos, y esas diferencias definen hoy el equilibrio de poder. Y es que, si preguntamos a un europeo, a un ruso, a un estadounidense y a un chino cuándo terminó la Segunda Guerra Mundial —infierno arquetípico de cuyas cenizas nació el orden mundial actual— o, incluso, qué se celebra exactamente, cada uno dará una respuesta radicalmente distinta, representando los diferentes bloques actuales y la mutua incomprensión entre ellos.

Para los europeos, este 9 de mayo celebramos el paso del conflicto a la cooperación recordando la famosa Declaración de Schuman de 1950, germen del proyecto de unificación y reconciliación europeas, nacido de los horrores y la devastación de la guerra para evitar que ésta volviera al continente. Esta fraternal celebración sustituye festivamente en nuestra memoria la rendición incondicional de Alemania el 8 de mayo a las 22:43 (hora de Europa Central). Para Europa, la paz real no fue el fin de los disparos, sino la superación del odio y el hermanamiento en un proyecto europeo de potencias que durante décadas se habían matado unas a otras en los peores conflictos de la historia.

Noticia relacionada

Miriam González

Para Rusia, en cambio, esta fecha no conmemora la paz cooperativa, sino el triunfo militar del 9 de mayo (ya eran las 00:43 del día siguiente en Moscú cuando Alemania capituló) en un conflicto al que ni siquiera llaman Guerra Mundial, sino Gran Guerra Patriótica, y el surgimiento de un actor geopolítico global que hoy Putin quiere restituir. Así, el líder ruso ha encabezado el Desfile de la Victoria en la Plaza Roja empleando esta memoria de 1945 para reforzar su popularidad interna ante una guerra de Ucrania enquistada desde hace cuatro años, mientras se ve obligado a realizar la primera parada militar desde 2007 sin tanques ni equipo pesado militar ante la amenaza de ataques ucranianos. Una circunstancia que choca con su triunfalista discurso en el que ha proclamado que «Rusia lucha contra toda la OTAN».
Para Estados Unidos, y a pesar de celebrar el fin de la guerra en Europa, su cronología está marcada por el Pacífico: el conflicto termina oficialmente con la capitulación de Japón a bordo del USS Missouri en la Bahía de Tokio el 2 de septiembre, tras los devastadores bombardeos incendiarios de Tokio y los atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Este cierre marcó el nacimiento de la era atómica, la consolidación de EE.UU. como una superpotencia global con su principal capacidad de proyección asiática enraizada en Japón y el nacimiento de la Guerra Fría, una era donde Europa es más vista como una parte del tablero de juego global que como un jugador. Así, desde los pasillos de Washington, el Viejo Continente es considerado a menudo como el hermano débil al que ha habido que rescatar de sus propias dictaduras, como ha deslizado Donald Trump en su discurso donde ha destacado «el triunfo monumental estadounidense frente a la tiranía en Europa».

El fin de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico marcó el nacimiento de la era atómica

Por último, es en China donde el eje cronológico y geopolítico se desacopla completamente. Para el gigante asiático, la Segunda Guerra Mundial no terminó en 1945, sino que es un capítulo más del llamado Siglo de las Humillaciones que se inicia en 1839, con la Primera Guerra del Opio, y termina no con la expulsión de los japoneses en 1945, sino con el fin de la Guerra Civil China en 1949 y la fundación de la República Popular China. Un evento que provocó la retirada de las fuerzas nacionalistas del Kuomintang a Taiwán y su pervivencia bajo la forma de la República de China, hoy reconocida por apenas once estados miembros de la ONU y la Santa Sede, pero que puede ser la chispa que encienda la hojarasca de la competición hegemónica global entre EE.UU. y China.
Cuatro fechas del fin de la guerra más destructiva de la historia. Cuatro diferentes momentos de nacimiento del nuevo orden mundial. Cuatro visiones geopolíticas radicalmente distintas. Esta asincronía histórica explica por qué hoy nos cuesta tanto llegar a consensos: no es solo que tengamos intereses diferentes, es que habitamos memorias diferentes. Hoy, más que nunca, debemos ser conscientes de que no podemos construir un futuro común si seguimos ignorando cómo cada pueblo y potencia interpreta su pasado. Feliz Día de Europa.

Juan Luis López Aranguren

Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Zaragoza y autor de ‘El eje del mundo que viene’

Publicado: mayo 9, 2026, 12:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/mayo-dia-europa-dia-victoria-20260509174101-nt.html

Este sábado, mientras en el Viejo Continente celebramos el Día de Europa como el triunfo de la paz sobre la barbarie, el resto del mundo lee esta fecha de formas radicalmente distintas.

Como se explica en mi libro ‘El eje del mundo que viene: Cómo el Indo-pacífico está transformando el orden global’ (Ariel), nuestra historia global no ha transcurrido ni ha sido percibida igual por todos, y esas diferencias definen hoy el equilibrio de poder. Y es que, si preguntamos a un europeo, a un ruso, a un estadounidense y a un chino cuándo terminó la Segunda Guerra Mundial —infierno arquetípico de cuyas cenizas nació el orden mundial actual— o, incluso, qué se celebra exactamente, cada uno dará una respuesta radicalmente distinta, representando los diferentes bloques actuales y la mutua incomprensión entre ellos.

Para los europeos, este 9 de mayo celebramos el paso del conflicto a la cooperación recordando la famosa Declaración de Schuman de 1950, germen del proyecto de unificación y reconciliación europeas, nacido de los horrores y la devastación de la guerra para evitar que ésta volviera al continente. Esta fraternal celebración sustituye festivamente en nuestra memoria la rendición incondicional de Alemania el 8 de mayo a las 22:43 (hora de Europa Central). Para Europa, la paz real no fue el fin de los disparos, sino la superación del odio y el hermanamiento en un proyecto europeo de potencias que durante décadas se habían matado unas a otras en los peores conflictos de la historia.

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  • Miriam González

Para Rusia, en cambio, esta fecha no conmemora la paz cooperativa, sino el triunfo militar del 9 de mayo (ya eran las 00:43 del día siguiente en Moscú cuando Alemania capituló) en un conflicto al que ni siquiera llaman Guerra Mundial, sino Gran Guerra Patriótica, y el surgimiento de un actor geopolítico global que hoy Putin quiere restituir. Así, el líder ruso ha encabezado el Desfile de la Victoria en la Plaza Roja empleando esta memoria de 1945 para reforzar su popularidad interna ante una guerra de Ucrania enquistada desde hace cuatro años, mientras se ve obligado a realizar la primera parada militar desde 2007 sin tanques ni equipo pesado militar ante la amenaza de ataques ucranianos. Una circunstancia que choca con su triunfalista discurso en el que ha proclamado que «Rusia lucha contra toda la OTAN».

Para Estados Unidos, y a pesar de celebrar el fin de la guerra en Europa, su cronología está marcada por el Pacífico: el conflicto termina oficialmente con la capitulación de Japón a bordo del USS Missouri en la Bahía de Tokio el 2 de septiembre, tras los devastadores bombardeos incendiarios de Tokio y los atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Este cierre marcó el nacimiento de la era atómica, la consolidación de EE.UU. como una superpotencia global con su principal capacidad de proyección asiática enraizada en Japón y el nacimiento de la Guerra Fría, una era donde Europa es más vista como una parte del tablero de juego global que como un jugador. Así, desde los pasillos de Washington, el Viejo Continente es considerado a menudo como el hermano débil al que ha habido que rescatar de sus propias dictaduras, como ha deslizado Donald Trump en su discurso donde ha destacado «el triunfo monumental estadounidense frente a la tiranía en Europa».

El fin de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico marcó el nacimiento de la era atómica

Por último, es en China donde el eje cronológico y geopolítico se desacopla completamente. Para el gigante asiático, la Segunda Guerra Mundial no terminó en 1945, sino que es un capítulo más del llamado Siglo de las Humillaciones que se inicia en 1839, con la Primera Guerra del Opio, y termina no con la expulsión de los japoneses en 1945, sino con el fin de la Guerra Civil China en 1949 y la fundación de la República Popular China. Un evento que provocó la retirada de las fuerzas nacionalistas del Kuomintang a Taiwán y su pervivencia bajo la forma de la República de China, hoy reconocida por apenas once estados miembros de la ONU y la Santa Sede, pero que puede ser la chispa que encienda la hojarasca de la competición hegemónica global entre EE.UU. y China.

Cuatro fechas del fin de la guerra más destructiva de la historia. Cuatro diferentes momentos de nacimiento del nuevo orden mundial. Cuatro visiones geopolíticas radicalmente distintas. Esta asincronía histórica explica por qué hoy nos cuesta tanto llegar a consensos: no es solo que tengamos intereses diferentes, es que habitamos memorias diferentes. Hoy, más que nunca, debemos ser conscientes de que no podemos construir un futuro común si seguimos ignorando cómo cada pueblo y potencia interpreta su pasado. Feliz Día de Europa.

Juan Luis López Aranguren

Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Zaragoza y autor de ‘El eje del mundo que viene’

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