Publicado: mayo 7, 2026, 6:45 pm
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Llevaba días enfermo pero, cuando escuchó en su casa el ‘Habemus Papam’, Louis Prevost salió de un salto de la cama. «Me curé de repente. Quizá fue su primer milagro», bromea. Un año después del cónclave que convirtió a su hermano pequeño Robert Francis —« … Rob», en casa— en León XIV, este veterano de la Marina de Estados Unidos afincado en Florida tiene un título que no encaja en el protocolo vaticano: el hermano ‘MAGA’ del Papa. Donald Trump lo elogió en el mismo mensaje en que atacó duramente al Pontífice en abril y lo ha invitado a Mar-a-Lago. Louis no esconde sus ideas políticas ni le incomoda la etiqueta, pero por supuesto pone en primer lugar a su hermano: «Creo que Trump y León XIV tienen más en común de lo que la mayoría de la gente piensa», asegura en esta entrevista con ABC, con el orgullo tranquilo de quien conoce a ambos.
—¿Cómo vivió usted la elección?
—Yo estaba acostado, no me encontraba bien. Mi mujer Deborah me avisó de la fumata blanca y encendí la televisión en el dormitorio. Cuando el cardenal Dominique Mamberti anunció el ‘Habemus Papam’ y dijo su nombre, «Roberto», pensé que había otro cardenal que se llamaba igual. Luego añadió «Francisco» y comprendí que se refería a mi hermano. Salté de la cama, corrí al salón, encendí la televisión grande y me volví loco de emoción y felicidad. Se me pasó la enfermedad de improviso. Quizá fue su primer milagro — dice riéndose.
—¿Se imaginaba que lo habrían elegido?
—Me parecía improbable que lo eligieran, aunque ya entonces pensaba que era el mejor cualificado, conociendo sus antecedentes y las experiencias que había vivido en Perú y como prior antes de ser nombrado cardenal.
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Javier Martínez-Brocal
—¿Qué se dijeron antes del cónclave?
—La noche antes de que empezara, mi hermano John y yo le tomábamos el pelo con la posibilidad de que pudiera ser el próximo Papa, pero ninguno de nosotros pensaba realmente que fuera a ser elegido. Era joven y era estadounidense.
—¿Tardó mucho en hablar con el nuevo Papa?
—Tardé unos días… La cuestión era si debíamos viajar a Roma para la ceremonia de inicio de pontificado. Por una parte, yo me estaba recuperando y, por otra, a él le resultaría difícil encontrar tiempo para estar juntos. Por eso, decidimos quedarnos aquí. Luego el vicepresidente J. D. Vance nos invitó a acompañarle en la comitiva. Fue el viaje de mi vida, como puede imaginar.
«No ha cambiado nada desde que fue elegido Papa. Sigue siendo mi hermano pequeño»
—¿Enviará ahora un regalo a León XIV por el aniversario?
—Le enviamos una caja con regalos de Navidad y todavía no la ha recibido. Así que no le vamos a enviar nada más. Cuando vayamos a Roma a verlo, le llevaremos algo.
—¿Ha cambiado mucho su hermano desde entonces?
—No ha cambiado nada, sigue siendo mi hermano pequeño. Hablamos al menos una vez a la semana para ponernos al día. A veces tocamos temas de actualidad y sus planes, tanto a corto como a largo plazo. Incluso nos las arreglamos para contarnos chistes. No espero que cambie ni creo que lo necesite.
—¿Le ha contado que vendrá a España en unas semanas?
—Sí, me lo dijo hace unos días, pero no me dio detalles.
—Su prioridad ha sido promover la reconciliación y mitigar la polarización en la vida pública. ¿Cómo espera que sea el próximo año?
—Seguirá ese mismo camino. De cara a su segundo año, lo veo continuando con su labor de unir a las personas, fomentando la armonía en todo el mundo, trabajando por la paz, poniendo fin a los conflictos actuales y evitando que surjan otros nuevos. Si consigue que la gente dialogue, habrá menos violencia en la sociedad. Algunos podrían ver esto como una debilidad, pero es una fortaleza.
«No creo que haya animadversión real entre el presidente Trump y el Papa. Espero que algún día, pronto, los dos puedan sentarse juntos, conversar y conocerse mejor»
—¿Cómo ha cambiado la vida de su familia desde la elección?
—Ha habido muchos aspectos positivos, junto con algunas dificultades. Tras el cónclave, el gobernador nos llamó para felicitarnos y también para advertirnos de que nuestras vidas cambiarían a formas para las que probablemente no estuviéramos preparados. En nuestra vida cotidiana, ahora tenemos que estar constantemente atentos. Cuando nos reconocen, nos estrechan la mano por ser familia del Papa. Otros intentan hacerse amigos nuestros con la esperanza de obtener un acceso especial a León XIV o pedirle favores. En general, ha sido una experiencia positiva con solo algunos retos. Ahora somos más cautelosos y estamos más atentos cuando salimos de casa, a menudo con medidas de seguridad adicionales. Pero además de eso, hemos conocido al presidente Donald Trump y a muchos miembros de su equipo en la Casa Blanca, llegando incluso a hacernos amigos suyos. De hecho nos invitó a su casa de Mar-a-Lago.
—El presidente Trump le mencionó a usted en un mensaje en abril en el que sin embargo criticaba a su hermano. Dijo que usted le cae mejor. ¿Les divide la política?
—Entiendo el punto de vista de mi hermano y puedo decir con toda sinceridad que, de vez en cuando, tenemos desacuerdos sobre política o medidas gubernamentales, pero nunca hasta el punto de enfadarnos entre nosotros. Aceptamos que no estamos de acuerdo y seguimos riendo y disfrutando de la vida. Como he dicho antes, me gusta considerar al presidente Trump como a un amigo.
—¿Cree que Donald Trump podría haber sido un poco más moderado en sus comentarios?
—Siempre se expresa de un modo franco y directo, él es así. Pero no creo que haya animadversión real entre el presidente Trump y el Papa. Espero que algún día, pronto, los dos puedan sentarse juntos, conversar y conocerse mejor. Conociéndolos a ambos, creo que tienen más en común de lo que la mayoría de la gente piensa.
