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Liderazgo: es más cuestión del ser que del saber

«Donde veas un negocio exitoso, alguien tomó alguna vez una decisión valiente.» Peter Drucker

Por: Alfredo Ceballos

Si en el mundo de la administración hay un consenso, este es el de reconocer a Peter Drucker como uno de sus mejores exponentes. Una de sus más valiosas contribuciones fue el anuncio de la llegada del trabajador del conocimiento.  Este vendría a reemplazar al trabajador de la mano de obra, que la ofrecía para obedecer ciegamente las instrucciones de sus supervisores.

En esa nueva era, el hombre como un ser humano integral, debía ser el centro de la nueva administración, cuya tarea central debía ser la coordinación de las acciones humanas para lograr la mayor contribución de sus capacidades y conocimientos. Estos se convertían en los más valiosos recursos y la clave para el éxito de la empresa. Ello en consonancia con el enfoque cientifista y determinista que prevaleció desde cuando Newton, el Príncipe de la Ciencia, enunció las leyes de la naturaleza. Desde entonces, la norma fue la búsqueda del factor que optimiza los resultados. La certeza sobre su existencia exigía hacer los esfuerzos necesarios para identificarlo. El saber precedía al hacer.

Pero en el siglo XX se consolidó la tesis que nuestro mundo es un proceso de cambio permanente originado por múltiples redes de interdependencias que generan una mayor complejidad y hacen inevitable la incertidumbre. Un nuevo mundo que se ha venido a calificar como el mundo VICA -Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo. Vivimos en un proceso de cambio permanente en el que la incertidumbre no permite la predicción de las condiciones futuras.

¿Cómo enfrentar la ineludible presencia de la incertidumbre?, se convierte en el interrogante central. Su respuesta requiere tres consideraciones.

Primera. La incertidumbre sobre el futuro es la gran oportunidad que nos brinda la ausencia del determinismo. Si este siguiera vigente, nuestro futuro estaría predeterminado y solo tendríamos la opción de resignarnos ante sus designios. Por fortuna, no somos esclavos impotentes ante las imposiciones de unas circunstancias externas. Nuestro futuro no está predeterminado y por ello tenemos la posibilidad de construirlo. El futuro no se predice; se construye con nuevas acciones. La construcción de ese futuro es el verdadero reto. Las limitaciones del conocimiento para dar solución al problema de la incertidumbre se insinúan en las palabras del mismo Drucker: «en algún momento tendrás que arriesgar y hacer algo que solo tu intuición, tu capacidad de predicción, tu conocimiento del negocio te dirá que estás en lo cierto, pero no podrás asegurarlo ni demostrarlo. La cuestión es no tener miedo de tomar esa decisión valiente, prepárate para ella y acéptala como es.»

Segunda. La incertidumbre es una condición del futuro. Siempre estamos atrapados entre la certeza del pasado y la incertidumbre del futuro. Aunque el futuro no es una réplica del pasado, las lecciones de la experiencia son las únicas fuentes de información, que sugieren cómo podría llegar a ser. La certeza del pasado es la lámpara de la historia, la luz que ilumina la llegada del futuro incierto. No podemos aproximarnos al futuro que deseamos sin juzgar de manera objetiva la trayectoria de nuestros logros y fracasos en el pasado reciente. El diagnóstico objetivo de nuestro desempeño es información esencial para identificar y luego emprender las innovaciones que se deben introducir para obtener mejores resultados.

Tercero. La incertidumbre y la inexistencia de causas únicas nos obligan a actuar sin conocer las consecuencias. Nos obligan a ensayar, a apostar a que ciertas acciones producirán los resultados esperados. Nos obligan a diseñar hipótesis estratégicas. Nos fuerzan a asumir riesgos y vencer los temores que genera lo desconocido.

Y esos temores se vencen con valentía, con convicción, con valores y principios que hasta ameritan sacrificios. Nuestra inteligencia emocional es el verdadero soporte para actuar en condiciones de incertidumbre. Con los resultados de nuestras acciones logramos el conocimiento para identificar y emprender las nuevas acciones que buscan mejorarlos. Las acciones preceden el aprendizaje.

La incertidumbre nos brinda la oportunidad de asumir el liderazgo sobre el proceso de construir nuestro futuro, que siempre requerirá la cooperación con terceros.  La coordinación de ese esfuerzo cooperativo no es solo cuestión de saber, de conocimientos y estrategias, sino de valores y principios, de humildad y respeto por los compañeros de brega. La sofisticación y refinamiento del pensamiento estratégico no son suficientes; ellos solo pueden generar unas hipótesis. La valentía para asumir los riesgos y la empatía con nuestros compañeros de lucha son los fundamentos del liderazgo en estas nuevas condiciones.

MBA Stanford University y DBA Harvard University. Presidente y Fundador de Iara Consulting Group.

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