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Irán activa a sus grupos aliados en la región para golpear a Estados Unidos e Israel

Miles de iraníes desafiaron a los bombardeos y tomaron este viernes las calles de las principales ciudades del país en solidaridad con Palestina. Dos semanas de duros ataques de Israel y Estados Unidos no pudieron con la tradicional marcha del último viernes de ramadán y … el régimen ofreció a sus enemigos una exhibición de apoyo y fuerza, acompañada en el campo de batalla por los ataques de Hizbolá y de las milicias chiíes de Irak, a la espera de la entrada en acción de los hutíes en Yemen.
Mientras el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, decía que los líderes de Irán se esconden «como ratas», el presidente Masud Pezeshkian; el máximo responsable de seguridad, Ali Lariyani; o el jefe del poder judicial, Gholam Hossein Mohseni Ejei, participaron en la manifestación en un claro gesto de desafío a Donald Trump.

Quien no estuvo presente en la marcha fue el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, lo que mantiene la incertidumbre sobre su estado de salud tras haber resultado herido en un bombardeo, según informaron medios estadounidenses.

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Tras los ataques

David Alandete

La única aparición del líder desde su nombramiento fue el jueves a través de un supuesto discurso suyo que leyeron los presentadores de los canales oficiales. Además de clamar venganza y apostar por mantener cerrado el estrecho de Ormuz, Jamenei agradeció su trabajo a «los combatientes del Frente de la Resistencia» y recordó que «consideramos a los miembros Frente de la Resistencia como nuestros mejores amigos».
Este frente o eje al que se refiere el líder fue el proyecto en el que trabajó durante muchos años Irán para tener grupos armados aliados en la región y lo forman Hizbolá, en el Líbano; varias milicias chiíes en Irak; Hamás, en Gaza, y los hutíes de Yemen.
Irán se prepara para una guerra de desgaste y, hasta el momento, solo los libaneses han entrado de lleno. La estrategia pasa por ir activando a estos grupos con el paso del tiempo para crear nuevos focos de tensión regional y global. Trump parece apurado por acabar una guerra para la que los iraníes llevan preparándose décadas.
Hizbolá y los Guardianes de la Revolución lanzaron el miércoles su primer ataque simultáneo de cohetes contra Israel. Aunque la milicia está muy debilitada por los golpes sufridos en 2024 y su lucha armada ha sido declarada ilegal por las autoridades de Beirut, los milicianos han demostrado que se han reorganizado, han obligado a un éxodo masivo de israelíes del norte del país y se preparan para frenar la entrada por tierra del enemigo.
En Irak, el movimiento es más lento y menos popular de lo esperado después de tantos años de apoyo iraní a los grupos chiíes. Varias milicias unidas bajo el nombre de Resistencia Islámica en Irak aseguraron haber llevado a cabo decenas de ataques con drones y cohetes contra lo que describieron como «bases de ocupación» en el país y en la región. Han reivindicado acciones contra campos petrolíferos en el sur del país, y contra intereses estadounidenses en Erbil, en el Kurdistán, donde se han registrado más de 100 ataques con drones.
Estas milicias se atribuyeron también el derribo del avión cisterna estadounidense KC-135, que costó la vida a sus seis tripulantes. Estados Unidos investiga lo sucedido, pero negó que el aparato hubiese sido alcanzado por fuego enemigo en el espacio aéreo iraquí.
La Organización Badr, una de las mayores milicias chiíes y el aliado más antiguo de Teherán en el Irak, aún no se ha implicado. Tampoco ha habido movimientos por parte del Gran Ayatolá Ali Sistani, máxima autoridad religiosa del chiismo, cuya fatua llamando a la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico en 2014 frenó el avance del califato en Irak.

La amenaza de los hutíes

Una de las sorpresas del discurso de Jamenei fue la referencia a los hutíes de Yemen, sobre quienes dijo que «también harán su parte». Unas horas después de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán, Abdul Malik al Houthi, líder supremo de los hutíes, calificó el ataque de «un acto flagrante, criminal y bárbaro contra el pueblo musulmán iraní». Además, expresó su «solidaridad total» con la república islámica, pero desde entonces guarda silencio y sus hombres no han disparado un solo misil.
Joe Biden, Donald Trump y Benjamin Netanyahu ya han bombardeado a los rebeldes yemeníes en los últimos años, pero conservan el control del norte y centro del país y la capacidad de amenazar con drones y misiles a los barcos comerciales en el estrecho de Bab el-Mandeb, vía marítima que conecta el Mediterráneo con el océano Índico a través del canal de Suez y el mar Rojo.
En declaraciones a ‘The New Yorker’, Ahmed Nagi, analista sénior sobre Yemen del International Crisis Group, señaló que Irán y sus aliados creen en una «escalada gradual», entendiendo que quizá no sea «sabio usar todas tus cartas al mismo tiempo».
Junto a Hizbolá, por su proximidad a Israel, los hutíes son la carta más importante de la república islámica debido a su capacidad de hacer globales las consecuencias del conflicto si atacan a cargueros desde sus costas, como ya hicieron en el pasado. La alternativa a Suez es bajar por el océano Índico y rodear el cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, lo que dispara los costes del transporte.

La Justicia rechaza citar a Jerome Powell al entender que la causa abierta contra él es «endeble e infundada»

El juez federal encargado del caso abierto contra Jerome Powell por su supuesta negligencia en la renovación de la sede del banco central ha suspendido las citaciones emitidas por el Departamento de Justicia contra el presidente de la Reserva Federal (Fed) al entender que … la causa abierta es de naturaleza política.
«Hay una gran cantidad de pruebas que indican que el Gobierno presentó estas citaciones a la Junta para presionar a su presidente a que votara a favor de una bajada de los tipos de interés o a que dimitiera», ha razonado el magistrado James Boasberg en su dictamen.

Además, ha insistido en que la Administracion no ha aportado «prácticamente ninguna prueba» que permita la sospecha de que Powell haya cometido algún delito. «De hecho, sus argumentos son tan endebles e infundados que este tribunal no puede sino concluir que se trata de un pretexto», ha abundado.

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Javier Ansorena

Pese a que la investigación iniciada a instancias de la Casa Blanca buscaba forzar un recorte de tipos desde la Fed, no todos los republicanos se han mostrado de acuerdo con la decisión de la Administración Trump de investigar a Powell.
En este sentido, el senador republicano por Carolina del Norte Thom Tillis advirtió de que bloquearía la nominación del próximo presidente de la Fed, Kevin Warsh, el cual fue elegido en enero por Trump, a menos que se diera carpetazo definitivo al asunto.

Trump reduce las sanciones a Venezuela para contener el coste de la guerra con Irán

En plena escalada de precios de la energía por la guerra en Irán, la Administración Trump ha dado este 13 de marzo un nuevo paso en el alivio de las sanciones sobre Venezuela al ampliar tres licencias generales de la Oficina de Control de Activos … Extranjeros, OFAC por sus siglas en ingles, con un doble objetivo: aumentar la producción petrolera venezolana y abrir la puerta a la exportación directa de fertilizantes y otros productos petroquímicos al mercado de Estados Unidos.
La decisión más importante es que Estados Unidos permite ya a empresas estadounidenses comprar, importar, vender y transportar petróleo venezolano y también productos petroquímicos procedentes de Venezuela. Entre esos productos están los fertilizantes y las materias químicas necesarias para fabricarlos.

Eso significa, en la práctica, que Washington abre la puerta a que lleguen a EE.UU. no solo más barriles de crudo venezolano, sino también urea, nitratos, fosfatos, sulfato amónico y otras materias incluidas expresamente en los anexos de las licencias. Para incrementar estas exportaciones se necesita además la cooperación del régimen venezolano de Delcy Rodriguez.

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El principio del fin en Cuba

Camila Acosta

La motivación de la Casa Blanca es abaratar cuanto antes el petróleo y los fertilizantes en EE.UU. en plena guerra con Irán, después de que los ataques iraníes y el cuello de botella de petroleros en el Golfo Pérsico dispararan los costes de la energía y amenazaran con trasladar esa subida a la inflación y al precio de los alimentos.
En ese contexto, Trump y el Tesoro usan a Venezuela como suministro alternativo rápido para amortiguar el impacto doméstico del conflicto, proteger a los agricultores estadounidenses y evitar un deterioro adicional del coste de la vida.
La decisión también encaja en una estrategia más amplia de reintegración económica entre Estados Unidos y Venezuela tras la caída de Maduro, pero el móvil inmediato es claro: compensar el shock de oferta provocado por la guerra con Irán y enfriar el riesgo político de una nueva escalada de precios dentro de EE.UU.
EE.UU. autoriza negociar y firmar contratos contingentes para nuevas inversiones en los sectores del petróleo, gas, petroquímicos y electricidad en Venezuela, incluidas nuevas exploraciones, ampliación de operaciones existentes y creación de nuevas joint ventures o entidades relacionadas con esas actividades.
Pero la propia licencia subraya que la ejecución de esos contratos sigue condicionada a una autorización separada. Es decir, Washington permite preparar el terreno, negociar y estructurar operaciones, pero se reserva el control final sobre su puesta en marcha.
En lo económico, favorece que empresas estadounidenses vuelvan a comprar crudo y petroquímicos venezolanos y que participen en la modernización de infraestructuras clave, sobre todo la red eléctrica y sectores asociados a la producción energética. También busca diversificar el abastecimiento de fertilizantes para el mercado estadounidense, algo especialmente sensible para la agricultura.
En lo político, consolida una línea de flexibilización selectiva de sanciones bajo la presidencia de Trump, pero sin desmantelar del todo el andamiaje coercitivo: las licencias mantienen restricciones sobre pagos no comerciales, oro, criptomonedas oficiales venezolanas, buques bloqueados y operaciones con personas o entidades vinculadas a Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba y, en varios supuestos, China.
Algo crucial: Los contratos con el Gobierno de Venezuela, PDVSA (la petrolera estatal venezolana) o entidades controladas por PDVSA deben regirse por leyes de EE.UU. o de alguna de sus jurisdicciones y prever resolución de disputas en territorio estadounidense. Además, determinados pagos a personas bloqueadas deben ir a fondos de depósito designados por el Tesoro, y quienes operen bajo estas licencias deben remitir informes detallados a las autoridades estadounidenses.
En su primer mandato, Trump fue endureciendo por fases la presión sobre el petróleo venezolano. Primero bloqueó en agosto de 2017 el acceso del Gobierno de Venezuela y de PDVSA a nueva financiación en los mercados estadounidenses con una orden ejecutiva (decreto). Después, en noviembre de 2018 permitió sancionar a quienes operaran en sectores clave de la economía venezolana. El golpe central llegó el 28 de enero de 2019, cuando OFAC sancionó formalmente a PDVSA por operar en el sector petrolero venezolano, congeló sus bienes sujetos a jurisdicción de EE.UU. y desvió los pagos por ventas a cuentas bloqueadas.
En marzo de 2019 Washington amplió la presión al sector financiero, y en mayo de 2019 añadió el sector de defensa y seguridad a las áreas sancionables bajo esa misma orden. El 5 de agosto de 2019 Trump dio otro salto y bloqueó los bienes e intereses del Gobierno de Venezuela en Estados Unidos y consolidó un embargo de hecho sobre el aparato estatal chavista. A lo largo de 2019 y 2020, el Tesoro fue sancionando además navieras, intermediarios y buques que movían crudo venezolano, en especial hacia Cuba, para cerrar vías de evasión.

Pena de muerte para todos: China elimina las mafias del fraude en el sudeste asiático

Había que organizar la ceremonia de adhesión de un nuevo miembro, así que Chen Dawei ordenó a sus secuaces que eligieran a alguien entre los miles de individuos que … la mafia Wei mantenía secuestrados. El desgraciado resultó ser un joven de nombre Ma Moude, a quien maniataron e hicieron arrodillar frente al cañón del revólver.
—¿Acaso no era un ser humano? ¿Un ser humano viviente? —insiste el policía.
—No sentí nada —zanja, sin más gesto que una ligera sacudida de cabeza.
Chen, pelo rapado, rostro granujiento, bigotillo de adolescente, ataviado con un chaleco azul que deja asomar tatuajes sobre brazo y pecho, ya no está en la jungla birmana sino en el interior de una celda acolchada. Contesta a las preguntas de los agentes chinos encajado en una ‘silla del tigre’ manchada de un líquido rojo de aspecto similar a la sangre, pero su confesión no parece fruto de los golpes sino de la indolencia. Solo por un instante su resignación adopta la altivez supuesta al heredero de una organización criminal.

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Poderosa banda criminal

—Pues que la ley china me castigue.
La ley china en efecto le castigará –si no lo ha hecho ya– con la más alta pena, tal y como viene castigando a sus comparsas, aquellos cuatro clanes que hicieron del mal práctica hogareña. La penitencia ya ha comenzado: hace tres semanas, China ejecutó a once miembros de la familia Ming.
En septiembre, una corte provincial les declaró culpables de homicidio, detención ilegal, fraude y explotación de locales de juego, todas ellas actividades esenciales de los centros de estafa que regentaban al otro lado de la frontera con Myanmar, la antigua Birmania, donde obtuvieron más de 10.000 millones de yuanes (1.221 millones de euros) y acabaron con la vida de al menos catorce ciudadanos chinos. En noviembre, el Tribunal Supremo rechazó su apelación, «pues los acusados cometieron delitos de extrema gravedad, con circunstancias y consecuencias particularmente atroces», según medios oficiales. En enero, «el Tribunal Popular Intermedio de Wenzhou llevó a cabo las ejecuciones de conformidad con la ley».

Complejos del horror

La existencia de estas redes criminales en la zona de Laukkaing se remonta a 2009, cuando las fuerzas armadas derrotaron al caudillo local, Peng Jiasheng, y a su milicia, el Ejército de la Alianza Democrática Nacional de Myanmar (MNDAA, por sus siglas en inglés). Dirigió la operación Min Aung Hlaing, cuyo éxito cimentaría una reputación que le llevaría a comandar las tropas estatales primero, después todo el país tras el golpe de Estado de 2021.
La región fronteriza quedó bajo control de Bai Suocheng, mano derecha del caído, a quien había traicionado. Este, a su vez, facilitó la entrada de otros tres clanes: los Ming, los Wei y los Liu. Juntos transformaron el erial en un emporio del crimen, con un centenar de complejos dedicados al juego y la prostitución.
Las familias se repartieron las tareas. Los Bai controlaban las conexiones políticas con la Junta Militar, los Wei las bandas armadas y los Liu las finanzas e infraestructuras esenciales. Los Ming, por su parte, poseían el más infame de los establecimientos:la Villa del Tigre Agazapado.
Allí, a apenas veinte kilómetros de la frontera china, los casinos y los burdeles pronto dieron paso a un nuevo modelo de negocio: los fraudes ‘online’. Estos eran ejecutados por personas secuestradas por las mafias, quienes eran captados con falsas ofertas de empleo y obligados a realizar todo tipo de estafas a través de internet.
Esta industria ilícita está valorada, según datos de Naciones Unidas, en más de 50.000 millones de dólares (42.000 millones de euros) y sus redes trafican con cientos de miles de personas. La mayoría de sus responsables son chinos, como lo son también sus víctimas, a quienes extraen ingentes cantidades de dinero.
La Villa del Tigre Agazapado llegó a albergar 10.000 rehenes, obligados a trabajar bajo un régimen de torturas. «En una habitación a oscuras, siete u ocho personas me dieron una paliza con tubos de PVC y porras. Me arrancaron las uñas con alicates. Luego me cortaron dos dedos con un cuchillo de cocina», narraba uno de los supervivientes en declaraciones a la televisión estatal CCTV.

Ofensiva regional

Los clanes mafiosos, entretanto, vivían entre banquetes, helicópteros, coches de lujo y demás privilegios. Hasta que China, frustrada con la inacción cómplice de la Junta Militar ante un problema cada vez más público, facilitó la ofensiva del MNDAA y con ella la venganza del fallecido Peng Jiasheng a manos de su hijo, Peng Daxun.

El jerarca de los Ming se quitó la vida durante la detención en Myanmar, pero su hijo y su nieta fueron extraditados a China

Esta milicia se unió a otras tres guerrillas rebeldes para formar la Alianza de las Tres Hermandades y juntas tomaron el noroeste del país, Laukkaing. El jerarca de los Ming, Ming Xuechang, se quitó la vida durante la detención, pero su hijo, Ming Guoping, y su nieta, Ming Zhenzhen, fueron extraditados a China. De nada sirvió una confesión leída con tono desganado: su suerte estaba echada.
La Junta Militar, preocupada por la posible pérdida de su principal apoyo internacional y las consecuencias que ello tendría para la guerra civil, recapacitó. «La mayoría de los analistas sitúan el inicio de la cooperación de la Junta a partir de la toma de Laukkaing», explica Selina Ho, vicedecana de la Lee Kuan Yew School of Public Policy en la Universidad Nacional de Singapur.
«En esencia, China jugó a dos bandas. Aprovechó el éxito de la Alianza de las Tres Hermandades para aumentar la presión sobre la Junta y forzarla a actuar contra los grupos criminales que estaban atacando a ciudadanos chinos. Con el tiempo, también ayudó a negociar un alto el fuego entre la Alianza y la Junta».
Así, la aparición en enero de 2024 de Bai Suocheng, esposado y con un cartel al cuello, en un avión rumbo al gigante asiático completó la campaña. Él y otros cinco miembros de su clan fueron sentenciados a muerte en noviembre. Los Liu y los Wei –entre ellos Chen Dawei– aguardan asimismo veredicto.

El poder de las mafias en Laukkaing se fortaleció tras la operación militar liderada por Min Aung Hlaing.

(AFP)

China, haciendo valer su condición de potencia regional, también ha logrado que Tailandia y Camboya entreguen a los cabecillas de otras mafias estafadoras, como She Zhijiang, quien levantó la ciudad de Shwe Kokko, o Chen Zhi, impulsor del Prince Group, respectivamente. Desde el comienzo de la operación, el Ministerio de Seguridad Pública ha realizado un total de 57.000 arrestos.
«Sin acceso a datos no podemos afirmar con certeza si las actividades de estafa han disminuido, pero la disrupción en toda la región durante los últimos seis meses ha sido considerable, muchos complejos están hoy vacíos», apunta Ivan Franceschini, profesor de Estudios Chinos en la Universidad de Melbourne y autor del libro reciente ‘Estafas: Dentro de los complejos de ciberdelincuencia del Sudeste Asiático’, sin edición en español.
«Se trata de la ofensiva más seria que hemos visto hasta la fecha, pero tendrá que mantenerse en el tiempo para evitar que vuelvan a llenarse cuando decaiga la atención», añade. «Otros países también deberán permanecer alerta, ya que es probable que las organizaciones busquen nuevas bases, más seguras, desde las que operar».

Irán, un país de cultura milenaria y poesía, atravesado por la protesta contra un régimen opresor

En 1979, Shadi (que no da su apellido para proteger su identidad) vivía en Londres con su marido. Ambos iraníes, él ingeniero y ella artista, se habían mudado a la capital británica desde Shiraz para estudiar y decidieron quedarse. Él encontró un buen trabajo, … ella montó su propio estudio y tuvieron una hija. Con la niña recién nacida, Shadi viajó a Irán para que su familia pudiera conocerla. La revolución estalló y, en medio de la parálisis del país, la suspensión de vuelos y el colapso del estado, ella no pudo salir de Irán ni su marido logró entrar. Quedaron separados sin saber cuándo podrían volver a verse. Meses después, según relata Shadi,su marido se quitó la vida, vencido por la desesperación.
«Y yo me quedé atrapada en este país que antes amaba, en este infierno, y en este velo, que es lo que más odio porque es el símbolo de todo lo que nos duele aquí», explica. «Recuerdo mi pelo suelto en la universidad, lo recuerdo en Londres, paseando con mi esposo, y aquí solo puedo ver el mío, el de mi hija y el de mis dos nietas, dentro de las cuatro paredes de mi casa. Solo encerrada puedo ver mi cabello, mis brazos, mi cuerpo, a mí misma… aunque dentro poco queda, porque me han robado el alma».

Esta conversación, tan sentida como reveladora, tuvo lugar en un vuelo entre Shiraz e Isfahan en 2017, durante un viaje de esta periodista de dos semanas a Irán, como turista, en un momento en el que entrar al país era relativamente sencillo y las autoridades parecían abrirse, con cautela, a los visitantes extranjeros.

«Este velo es lo que más odio porque es el símbolo de lo que nos duele aquí»

La limitada infraestructura turística y el deseo de conocer el país más allá de los circuitos oficiales propiciaron el alojamiento en casas de familias locales, a través de una plataforma de hospitalidad entre particulares, compartiendo, así, techo y mesa con completos desconocidos.
Con algunas de esas familias el contacto se ha mantenido a lo largo de los años, hasta que la censura digital, los bloqueos intermitentes de internet y la creciente vigilancia impusieran una comunicación fragmentada, hecha de nombres ficticios, números alternativos y mensajes que desaparecen en cuanto son leídos.

Hospitalidad iraní, en la imagen de arriba. La periodista nos abre el álbum de su recorrido por Irán..

(ivannia Salazar)

Eran aquellos los tiempos del presidente Hasán Rouhaní, considerado un político «moderado» dentro del sistema político del país, especialmente en comparación con las corrientes más conservadoras. En Irán, sin embargo, todas las etiquetas son relativas. Nadie que compita por el poder cuestiona el sistema islámico ni la autoridad última del líder supremo, Alí Jamenei. Rouhaní pudo maniobrar en una coyuntura excepcional, marcada por el acuerdo nuclear y por un clima de distensión internacional que coincidió con la presidencia de Barack Obama en Estados Unidos. Aquella ventana de apertura, breve pero perceptible, se notaba también en la calle: en la curiosidad hacia el extranjero, en las conversaciones improvisadas, en la sensación de que quizá algo podía empezar a cambiar.

No al aperturismo

Ese margen se cerró con la retirada estadounidense del acuerdo, decidida bajo la presidencia de Donald Trump, y con el regreso de unas sanciones que reforzaron en Teherán la idea de que cualquier gesto de apertura tenía un alto coste interno. En un Oriente Próximo cada vez más inestable, Irán volvió a atrincherarse y Occidente a aislarlo. El resultado ha sido una fase más dura, en la que la represión se ha convertido, una vez más en su historia, en uno de los principales instrumentos de estabilidad del régimen.
Pero Irán no es un país resignado ni silencioso. Desde hace años, y con especial intensidad desde 2022, las protestas recorren sus calles pese a la represión, las detenciones masivas y las condenas ejemplarizantes. Mujeres jóvenes, estudiantes, trabajadores y familias enteras han salido a manifestarse en las grandes ciudades y también en zonas menos visibles, pagando un precio altísimo por hacerlo. El apagón informativo, los cortes de internet y la persecución no han logrado sofocar del todo un descontento que se expresa una y otra vez, incluso sabiendo que cada gesto de protesta puede tener consecuencias irreversibles.

Irán no es un país resignado ni silencioso: a pesar del alto precio que se paga por salir a la calle, hay numerosas movilizaciones

Irán es también el heredero de una civilización milenaria que existía mucho antes de la República Islámica. Este es territorio de Persépolis, de columnas que aún se alzan en el desierto como testimonio de un imperio antiguo, de jardines diseñados para crear sombra y agua en medio de la aridez, de una arquitectura pensada para la contemplación. Esa memoria sigue viva en los gestos cotidianos: en la amabilidad, en la insistencia casi ritual por ofrecer té, fruta o dulces, en la manera de compartir la mesa y la conversación como un acto de hospitalidad.
Esa herencia cultural se percibe en la vida diaria. En parques y jardines, familias enteras extienden mantas para hacer pícnic mientras los niños recitan de memoria versos de grandes poetas persas. En Shiraz, ciudad de flores y de poetas, los naranjos en flor perfuman las avenidas y, al caer la tarde, se comparten helados tradicionales de rosa y azafrán, el faloodeh, orgullo local servido con zumo de lima. La belleza allí no es un decorado, es una forma de resistencia íntima.
La tumba de Hafez no es un lugar solemne y silencioso, sino un espacio vivo. Jóvenes, ancianos y familias enteras se acercan a recitar versos de memoria o a abrir al azar su libro como quien busca orientación. La poesía no pertenece al pasado, forma parte de la conversación cotidiana.

Las restricciones severas que sufren ellas

Esa delicadeza convive con restricciones severas, especialmente para las mujeres. No pueden bailar ni montar en bicicleta en la vía pública, miden cada gesto fuera de casa y reciben advertencias constantes sobre cómo vestir o comportarse. Narges vive en Kashan, cerca del desierto. Dentro de su casa se declara atea, escucha a Shakira y viste leggings. «Aquí no hay protestas», explica. «Solo escuchamos lo que pasa en las grandes ciudades». Aun así, asegura que si las hubiera en su entorno, saldría. «Esta lucha es de todos, pero sobre todo de las mujeres, aunque arriesguemos la vida».
Para muchos fuera de sus fronteras, el nombre de Irán provoca una reacción casi instintiva de recelo, incluso de miedo, construida más desde el titular que desde la experiencia. Es un país asociado en el imaginario occidental a consignas políticas, amenazas nucleares y eslóganes repetidos en televisión, una palabra cargada de significados que rara vez incluyen a las personas que lo habitan. Ese rechazo nace del desconocimiento y de una geografía convertida en abstracción, donde el matiz desaparece y todo se simplifica. Al cruzar sus fronteras y escuchar historias como la de Shadi, se comprende hasta qué punto esa imagen ignora una realidad mucho más compleja, hecha de hospitalidad, sonrisas y vidas que transcurren lejos del ruido que acompaña a su nombre en los periódicos.

El día de la bicicleta

Ese miedo también existe dentro del país. Hace casi una década, Reza y Maryam vivían en Isfahan. Ella estaba embarazada. Temían que el bebé fuera niña, «porque en este país las mujeres sufren la peor parte de la opresión», pero también que fuera niño, «porque el servicio militar obligatorio destruye física y emocionalmente a los hombres». El bebé nació niña y la familia logró emigrar a Canadá. Su corazón, sin embargo, sigue en Irán. «Tener hijos, seguir apostando por la vida, es demostrar que aún hay esperanza», escribe Maryam. «Y si el régimen cae, volveríamos sin pensarlo». Entonces, añade, le regalarían a su hija una bicicleta nueva. «Porque sabemos que llegará el día en que pueda montarla en la calle, como lo hace aquí».
«He visto otras revoluciones, otras protestas… en algunas participé incluso con mi hija», dice en cambio Shadi. «Y el resultado es siempre el mismo: nos aplastan, nos callan, nos silencian». Cuando se le pregunta si cree que algo cambiará, responde sin rodeos: «No. Al menos no creo que sea algo que vayan a ver mis ojos».
Desde Kashan, Narges de muestra más optimista. «Lo vamos a ver», escribe. «Vamos a ser libres, mi hijo será testigo», y recuerda una excursión al desierto de Maranjab, donde durante unas horas ella y esta redactora pudieron quitarse el velo porque «la Guardia Revolucionaria no llega hasta allí». «Allí éramos como queremos ser siempre», explica. «Las muertes de nuestras hermanas y hermanos, como Mahsa Amini y tantas otras, no serán en vano», asevera.
Irán es un país atravesado por la protesta, por la represión y por la valentía cotidiana. Un lugar donde la belleza, el arte, la música y la alegría conviven con la violencia implacable del poder teocrático, y donde muchos hombres y mujeres imaginan la libertad como aquel día con Narges en el desierto, sin velo y sin miedo, con el pelo suelto bajo un cielo tan grande que ni siquiera ese Gran Hermano que es el ayatolá alcanza a vigilar.

Los países grandes de la UE estudian cooperar en inteligencia sin España

El grupo de los cinco países europeos con más potencia militar está estudiando la posibilidad de constituirse en una comunidad de inteligencia para aumentar su autonomía estratégica sin depender de Estados Unidos como hasta ahora. Los ministros de Defensa de estos cinco países (Polonia, Francia, … Italia, Alemania y el Reino Unido) se han reunido recientemente en Polonia y han decidido analizar esta posibilidad de constituir una especie de versión europea del llamado grupo de los ‘Five Eyes’ o ‘cinco ojos’ que funciona entre cinco países anglosajones.
Los ministros de Defensa de estos países, los más activos en la expansión militar dentro de Europa y entre los que no está España, se reúnen frecuentemente desde hace dos años para intentar coordinar sus políticas y aunque uno de ellos, el Reino Unido, no forma parte de la UE, podrían acabar siendo el embrión de la futura Europa de la Defensa. Significativamente, en la reunión de la semana pasada en Cracovia ya participaron la Alta Representante para la política exterior europea, Kaja Kallas, y la secretaria general adjunta de la OTAN, Radmila Sekerinska. También intervino, en su caso por teleconferencia, el ministro de Defensa de Ucrania, Mykhailo Fedorov, lo que da una idea de la importancia de esta reunión.

El mecanismo conocido como ‘Five Eyes’ (FVEY) es una alianza para asuntos de inteligencia y espionaje integrada por Australia, Canadá, Nueva Zelanda, el Reino Unido y Estados Unidos. Estos países que comparten idioma e historia colaboran estrechamente en el análisis de mensajes y comparten los datos interceptados y los datos de vigilancia para monitorear amenazas a escala mundial. El hecho de que la política de Estados Unidos hacia Europa se haya vuelto más imprevisible y que en la guerra de Ucrania la información estratégica se ha convertido en un asunto vital, ha llevado al ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, a plantear esta propuesta a sus colegas de los otros cuatro países.

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Javier Ansorena

En principio, lo único que ha trascendido es que se trataría de crear un Centro Conjunto de Análisis de Amenazas en el que esos países podrían compartir sus datos o incluso ciertas infraestructuras espaciales. El papel del Reino Unido, que de algún modo estaría en los dos organismos, tendría que ser bien definido.
La idea se volverá a plantear en la próxima reunión del grupo de los cinco ministros de Defensa que está previsto que se celebre en Francia.

Desinterés de España

A pesar de su tamaño en la UE, España no ha mostrado hasta ahora ningún interés en formar parte de este grupo, en parte porque uno de los objetivos de estos países es precisamente el rearme y el uso lo más eficiente posible del aumento del gasto militar. Este G5 militar está sustituyendo a la Cooperación Reforzada Permanente en materia de defensa que se planteó en la UE en 2022, inicialmente para que se unieran los países más interesados en desarrollar una defensa europea complementaria con la OTAN, pero al final participan todos los países menos Malta, lo que lo convierte en un instrumento tan lento en la toma de decisiones como la propia UE.
Hasta ahora, el Gobierno de Pedro Sánchez se empeña en mantener una política disidente dentro de la OTAN y se niega a asumir el acuerdo de todos los aliados para alcanzar el 5% en materia de gastos de defensa. La ausencia de España del grupo de los países grandes que cooperan más estrechamiento en materia de defensa es consecuencia de esa política.