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Guerra en Irán, en directo | Irán ataca un petrolero de Kuwait en el puerto de Dubái

Irán ha atacado esta madrugada un petrolero con bandera de Kuwait en el puerto de Dubái. El ataque ha provocado un aparatoso incendio y daños en la embarcación, mientras las autoridades tratan de evitar una fuga de crudo al mar. Desde el 28 de febrero se han reportado 24 incidentes en barcos alrededor del estrecho de Ormuz, el estratégico canal bloqueado por Teherán por el que normalmente circula una quinta parte del comercio global de petróleo. En ese sentido, Irán avanza legislativamente en un proyecto para establecer el pago de peajes en el estrecho. Por otra parte, Irán ha amanecido este martes con explosiones en Teherán, que han provocado varios cortes de luz debido a daños en infraestructuras energéticas.

«Zapatero es, en el caso de Venezuela, una persona sin sentido moral»

Elliott Abrams (Nueva York, 1948) ha ocupado cargos de gran peso en la política exterior de Estados Unidos durante décadas. Fue una de las voces más influyentes en América Latina y Oriente Próximo bajo presidentes republicanos y, durante el primer mandato de Donald Trump, ejerció … como enviado especial para Venezuela y también para Irán. Conoce de primera mano cómo se comenzó a fraguar la campaña de máxima presión contra Nicolás Maduro y observa ahora, desde Washington, un giro que considera evidente. La prioridad ya no parece ser la democratización de Venezuela, sino una combinación imprecisa de interés energético, cálculo geopolítico y presión personal de Trump. En conversación con ABC, Abrams sostiene que el régimen chavista quiere alargar la situación todo lo posible, duda de la solidez de los argumentos que hoy se dan en Washington para justificar la nueva política y propone como solución una negociación real entre el chavismo y la oposición que desemboque en elecciones.
—¿Cómo ve la situación actual de la Administración Trump con Venezuela y este acercamiento con Delcy Rodríguez? ¿Cuánto tiempo puede durar?

—Creo que puede durar mucho tiempo. Mi impresión es que el régimen quiere que esto se alargue, primero hasta noviembre, porque piensa que entonces Trump puede perder la Cámara de Representantes y quizá también el Senado, y por tanto quedar más debilitado. Y creo que, en el fondo, lo que querrían es estirarlo durante tres años, hasta el final del mandato. Quieren arrastrarlo todo, demorarlo todo, posponerlo todo. Ahora bien, no sé si van a poder hacerlo, porque no estoy seguro de que esa sea la visión de Marco Rubio [el secretario de Estado]. A mí me parece que Rubio sí cree que debe haber elecciones, quizá no este año, pero desde luego el año próximo, y que tiene que haber avances reales hacia la democracia. El problema es que hay muchas cosas que podrían haberse hecho ya y no se ha hecho ninguna. Ni siquiera han liberado a todos los presos políticos: han soltado a aproximadamente la mitad, nada más. Así que creo que el régimen va a intentar aferrarse al poder y hacer el menor número posible de reformas y concesiones.

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Jorge Benezra

—¿Ve una diferencia de estrategia entre lo que pretendía la primera Administración Trump, cuando usted estaba en el Departamento de Estado, y lo que se busca ahora? ¿Ha cambiado el objetivo final?
—Sí, en un sentido sí. En el primer mandato estaba muy claro para todos nosotros que queríamos deshacernos del régimen y sustituirlo por una democracia. Ese era el objetivo. No había demasiada ambigüedad sobre eso. En este segundo mandato, en cambio, Trump parece personalmente mucho más interesado en el petróleo que en el cambio político. Esa es la diferencia principal que yo veo. Antes el fin era político y estructural: queríamos una transición democrática. Ahora no tengo tan claro que ese siga siendo el fin.
—En aquel primer mandato usted me explicó que, en la práctica, la Administración republicana había aplicado algo muy parecido a un embargo total sobre el petróleo venezolano. ¿Qué ha cambiado? ¿Ha cambiado Trump?
—La verdad es que no sé responder directamente a esa pregunta. Pero quizá hay que plantearla de otra forma: ¿por qué hizo Trump esto? ¿Por qué capturó a Maduro y lo metió en prisión? ¿Cuál era el objetivo? Hay gente que diría que la respuesta es drogas, migración y petróleo. A mí me parecen respuestas muy extrañas. Trump habla mucho del fentanilo, pero el fentanilo no viene de Venezuela. Habla de la migración, pero ya no hay migración desde Venezuela hacia Estados Unidos. La frontera sur está cerrada. Ese era un problema de Biden, no de ahora. Y luego está el petróleo. Primero, cuando se hizo esto en enero, todavía no existía la guerra con Irán. Así que la pregunta es: ¿quién necesitaba entonces el petróleo venezolano? ¿Y por qué cree Trump que hay tanto petróleo disponible allí? Eso también me sorprende.

«Trump ha cambiado: antes quería democracia, ahora mira al petróleo»

—¿No es tan rica Venezuela en petróleo como se dice?
—Venezuela había caído a unos 900.000 barriles diarios, quizá un poco menos o un poco más, pero por ahí. Y les llevaría dos años, es decir, hasta 2028, aumentar esa producción un 50% como mucho. La compañía en mejor posición para aumentar producción es Chevron. Chevron produce unos 250.000 barriles diarios y dice que en dos años podría incrementarlos un 50%. Eso significa pasar de 250.000 a 375.000. Francamente, eso no es nada en el mercado mundial del petróleo. Incluso si en dos años Venezuela pasara de un millón de barriles diarios a un millón y medio, ¿y qué? Sería bueno tener ese volumen ahora, en medio de la guerra con Irán, pero no lo tenemos y no lo vamos a tener. Así que esas tres explicaciones —migración, drogas, petróleo— me parecen muy débiles.
—Entonces, ¿cuál cree que es la verdadera explicación?
—Quizá la explicación está en la estrategia de seguridad nacional y en la estrategia de defensa. Tal vez la idea de Trump sea: este es nuestro continente, pertenece a Estados Unidos, y no se van a tolerar gobiernos hostiles. Eso podría ser una explicación. Lo curioso es que, en el primer mandato, esa lógica llevaba a intentar acabar con el régimen. En el segundo parece llevar a otra cosa: quitar a Maduro y poner a alguien más amistoso, alguien que haga lo que Trump le diga. Yo no creo que eso pueda funcionar realmente, porque hay demasiada gente que quiere un cambio más profundo. Una de esas personas es Rubio, creo yo, pero más importante aún son los propios venezolanos.
—Los venezolano-estadounidenses también cuentan mucho políticamente y son muchos. Si dentro de esta Administración hay personas que sí quieren un cambio democrático, ¿cuál sería para usted una hoja de ruta razonable desde ahora hasta unas elecciones?
—Creo que lo primero es que la Administración debería estar exigiendo ya una serie de cosas. La primera, la liberación de todos los presos políticos. Me parece increíble que Trump no haya insistido en eso. Han pasado tres meses. La segunda, que Estados Unidos intente propiciar una negociación entre el régimen y la oposición democrática. Evidentemente, del lado del régimen sería Jorge Rodríguez. Del lado de la oposición, no sé exactamente quién, pero tendría que ser alguien con capacidad y legitimidad. Y tendrían que empezar a negociar cuestiones concretas: el Consejo Nacional Electoral, la justicia transicional, la devolución de los partidos políticos a sus verdaderas direcciones, la fecha de unas elecciones. No digo que las elecciones tengan que celebrarse necesariamente este año, pero la fecha sí debería fijarse este año en esa negociación. Si uno piensa en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile o Perú, había situaciones distintas, porque muchas veces se trataba de dictaduras militares, pero siempre hubo negociaciones sobre este tipo de asuntos. Siempre hubo una conversación política seria sobre cómo se transitaba. Y eso es exactamente lo que, en mi opinión, debería estar organizando la Administración Trump.
—La oposición venezolana aquí en Washington, y también María Corina Machado, a quien muchos consideran la verdadera ganadora moral y política del último proceso electoral, está pasando por un momento difícil. ¿Qué consejo les daría?
—Creo que deben seguir hablando con la Administración. María Corina habla con el presidente y con Rubio, y otras personas hablan en otros niveles de la Administración. Eso hay que mantenerlo. Pero también creo que tienen una situación difícil, porque no quieren enfrentarse a la Administración. Y, sin embargo, necesitan aclarar cuál es la situación. Yo diría que deberían ser un poco más públicos en ciertos asuntos, por ejemplo el de los presos políticos, porque es el más sencillo de explicar y defender. Y también deberían explicar a la Administración todas las complicaciones que se derivan del pleno reconocimiento del régimen. No me refiero sólo a problemas para la oposición, sino a cuestiones legales y prácticas relacionadas con Citgo, PDVSA o la ley de hidrocarburos.
—¿No hay confianza en el sector petrolero?
—Es que ninguna gran petrolera va a invertir miles de millones de dólares basándose en una ley de hidrocarburos ilegítima, aprobada por este régimen y que puede ser modificada en cuanto vuelva la democracia. Lo que sería realmente útil, si de verdad se quiere reactivar la economía, es que el régimen hablara con la oposición y todos pudieran acordar una ley de hidrocarburos. Así habría seguridad de que esa ley es estable y no cambiará con un futuro gobierno democrático. Lo mismo ocurre con la llamada ley de amnistía, que en realidad es una amnistía para el régimen. Necesitan una ley real, que siga vigente después del cambio.
—Mi última pregunta. Delcy Rodríguez intenta lograr reconocimiento internacional invitando a José Luis Rodríguez Zapatero, y él está reivindicando públicamente que gracias a su intervención han salido muchos presos. ¿Cuál es su lectura? ¿Qué está haciendo allí y por qué dice eso?
—Zapatero es, en este caso, una persona sin sentido moral. Fue un defensor de Maduro. Fue un defensor de las peores cosas que hizo el régimen. No representa la democracia ni la libertad. Nada de lo que está haciendo supone una contribución positiva. Debería mantenerse al margen. Si España, o cualquiera en España, quiere ayudar de verdad a la democratización de Venezuela, tendrá que hacerlo a través de verdaderos demócratas, no de personas comprometidas por su implicación con el régimen.

El hombre más rico de África tiene ambiciosos planes para el continente

«La situación actual es una locura», afirma Aliko Dangote, el hombre más rico de África, en una entrevista concedida a The Economist el 12 de marzo en su despacho de Lagos, la capital comercial de Nigeria. Ha regresado tras unas horas de ausencia … y se ha encontrado con que los precios del crudo se han disparado un 10 % debido a las últimas noticias procedentes del Golfo. «Y creo que seguirá así durante un tiempo», añade.
Los empresarios africanos suelen ser actores secundarios en momentos de crisis global. Sin embargo, Dangote, de 68 años, no es un empresario cualquiera. En 2023, casi una década después de que se propusiera por primera vez, inauguró el mayor complejo de refinerías de África a las afueras de Lagos, una zona de casi la mitad del tamaño de Manhattan. Dado que puede procesar 650.000 barriles de petróleo al día, el teléfono de Dangote no deja de sonar con ofertas de posibles compradores. «La gente está dispuesta a pagar lo que sea en este momento», afirma, con solo cierta exageración.

La refinería es el emblema de la creciente riqueza y poder de Dangote. Es, con diferencia, el proyecto más grande propiedad del Grupo Dangote, el conglomerado que está detrás de su fortuna, estimada en 28.500 millones de dólares; se trata de una cantidad que lo convierte en el único africano que se encuentra entre las 100 personas más ricas del mundo, según Forbes. Sin embargo, Dangote sugiere que la refinería simboliza algo más: la necesidad de que el continente sea más autosuficiente. «Si los africanos no lideramos la industrialización de África, África nunca se industrializará», argumenta. Y aunque nadie debería confundir al magnate con un altruista, puede que tenga razón.

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Agustín Pery

Dangote no empezó fabricando productos. Al igual que muchos de sus parientes —su bisabuelo era un acaudalado comerciante de frutos secos, entre otros productos—, era comerciante. A partir de la década de 1970, importó productos básicos como la sal y el azúcar, para luego venderlos en Nigeria. Un cable filtrado del gobierno estadounidense redactado en 2005 afirmaba que su riqueza se «basaba en sus conexiones familiares y amistades políticas» y que, en algún momento, había ostentado derechos exclusivos de importación de cemento, azúcar y arroz.
A principios de siglo, animado por el presidente de entonces, Dangote pasó de importar cemento a fabricarlo. Dangote Cement se convirtió en los cimientos —de hormigón— de su fortuna. Es una de las tres filiales de Dangote que cotizan en la bolsa de valores de Nigeria (NGX) y tiene una capitalización bursátil de 13,6 billones de nairas (10.000 millones de dólares). Sus márgenes de beneficio de explotación pueden ser más del doble que los de otras multinacionales del cemento, superando incluso a los competidores en mercados frontera, donde los márgenes suelen ser más elevados.
Dangote sugiere que esto es una prueba de eficiencia. Los críticos sostienen que demuestra que se ha beneficiado de las exenciones fiscales del gobierno y de las prohibiciones de importación del cemento que antes traía al país, así como de una estrategia deliberada para aumentar la capacidad con el fin de ahuyentar a posibles competidores.

Para construir su xanadú industrial, Dangote tuvo que dragar un vasto pantano y construir un puerto para traer la gigantesca maquinaria

El ámbito de la refinería, sin embargo, es de una escala completamente diferente, tanto para él como para África. Para construir su xanadú industrial, Dangote tuvo que dragar un vasto pantano y construir un puerto para traer la gigantesca maquinaria. En una visita previa a la entrevista, The Economist recorrió un laberinto de tuberías y conductos, que cuenta con la torre de destilación más grande, más alta que la torre del reloj del Big Ben. Los casi 200 tanques de combustible del emplazamiento están diseñados para almacenar más de 4000 millones de litros de combustible, un volumen mayor que el que produce Francia en vino cada año. «De hecho, estamos construyendo una pista de aterrizaje allí», dice Dangote más tarde. Nadie cree que algo así exista en África. Podemos traer gente en avión para que venga a echar un vistazo», añade.

Un conglomerado indispensable

La refinería es una hazaña tanto macroeconómica como industrial. El año pasado, el FMI estimó que, si funcionara a pleno rendimiento, aumentaría el PIB no petrolero de Nigeria en un 1,5 % entre 2025 y 2026, al tiempo que incrementaría las reservas oficiales de dólares en 5500 millones de dólares anuales. Durante décadas, Nigeria, el mayor productor de crudo del África subsahariana, ha importado la mayor parte de su gasolina, que los gobiernos subvencionaban. La refinería de Dangote, que puede cubrir con creces el consumo interno de gasolina de Nigeria cuando funciona a pleno rendimiento, ayuda a reducir la demanda de dólares y respalda el valor de la naira. «Nigeria estaría ahora estancada sin la refinería», afirma Dangote.
Él niega que esté aplicando su estrategia habitual con la refinería, aprovechándose de las exenciones fiscales y las prohibiciones de importación. Los reguladores afirman que no están concediendo nuevas licencias de importación de gasolina —una medida que se asemejaría a lo ocurrido con el cemento—, si bien el Grupo Dangote sostiene que, en la práctica, esto no es así. Existen intereses creados en el statu quo, formados por lo que él denomina la «mafia del petróleo», creada en torno a las importaciones.
El uso de la refinería va más allá de la energía. Produce polipropileno para plásticos y pronto añadirá un producto químico clave para detergentes. En un almacén tan grande como un hangar de aeropuerto, las cintas transportadoras descargan montones de fertilizante sobre camiones propulsados por gas de la refinería, con destino al puerto, construido expresamente por Dangote. Estas son algunas de las tres millones de toneladas de fertilizante que puede producir al año, más que cualquier otra planta de África. El cierre de facto por los ataques iraníes del estrecho de Ormuz, el canal del Golfo por el que pasa una tercera del comercio marítimo mundial de fertilizantes, no hace sino confirmar la importancia de Dangote.
¿Cuál será la nueva iniciativa de Dangote? Quiere que una parte de la refinería cotice en la NGX —y quizá también en Londres, si bien nunca llegó a materializarse un plan para hacer lo mismo con el negocio del cemento— y, en los próximos tres años, ampliar la capacidad hasta casi la mitad de la de todas las instalaciones de Arabia Saudí juntas. También quiere utilizar el gas producido en el complejo para suministrar energía a los fabricantes que podrían instalarse en las cercanías.

Existen intereses creados en el statu quo, formados por lo que él denomina la «mafia del petróleo», creada en torno a las importaciones

El Grupo Dangote tiene planes más allá de Nigeria; ya opera en otros 16 países africanos. El año pasado anunció una empresa conjunta de 2500 millones de dólares con Etiopía para construir una planta de fertilizantes de un tamaño similar a la de Nigeria. Dangote afirma que invertirá otros 1000 millones de dólares en proyectos de cemento y energía en Zimbabue. Enumera otras ideas: la extracción de potasa y fosfato, el procesamiento de cobre en Zambia, el procesamiento de cacao en Ghana y Costa de Marfil, y un oleoducto desde Namibia hasta África Central.
«Sabemos que, si no invertimos, nadie vendrá a invertir en nuestro continente», argumenta Dangote. «¿Quién lideró la inversión en Asia Oriental?», pregunta retóricamente. «No fueron los europeos. La lideraron ellos mismos, los asiáticos». ¿Y los industriales que invierten en la India? «Todos son indios». De hecho, la refinería de Dangote y sus ambiciones continentales han suscitado comparaciones con Mukesh Ambani, el hombre más rico de la India, cuyo conglomerado, Reliance, gestiona la mayor refinería de ese país. «Estén atentos. Aliko Dangote está a punto de convertirse en el Ambani de África», sostiene Amit Jain, de la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur.
Porque, aunque Dangote habla de la necesidad de que los empresarios africanos inviertan en África, da a entender que la mayoría no puede o no quiere hacerlo. «No veo a ningún país africano construyendo hoy una refinería, y si lo intentaran, les deseo mucha suerte», afirma, reflexionando sobre el enorme esfuerzo que le supuso a él. «Es posible que los africanos en general no dispongan de este tipo de capital. Incluso cuando lo tienen, no quieren invertir. Les da miedo invertir. A nosotros no».

Ningún otro magnate cuenta con el respaldo necesario para estos proyectos

Dangote tiene 650.000 razones al día por las que está en la mejor posición para ser el industrial de África. Ningún otro magnate cuenta con el balance, respaldado por el negocio del cemento, necesario para financiar proyectos de este tipo. Ninguno tiene su trayectoria. Sin embargo, puede que a Dangote le guste que sea así. Y no está tan claro si es mejor para el continente tener un único Ambani o Rockefeller, en lugar de una pléyade de magnates que compiten entre sí.
Sus empresas también siguen dependiendo en gran medida de subcontratistas extranjeros para gran parte de sus procesos técnicos y altamente especializados, desde la construcción hasta el mantenimiento. La mayoría de los directivos de la refinería son indios. El negocio del cemento mantiene una relación de larga data con Sinoma, una gran empresa china. Dangote hace caso omiso de estas críticas. «Somos muy, muy innovadores», argumenta, mencionando la refinería y la producción de cemento, altamente automatizadas.
Cuando se levanta para marcharse, una multitud de empleados surge de la nada. Hay otra reunión a la que acudir: más acuerdos que cerrar. «Cuando vuelva dentro de tres años», dice Dangote a modo de despedida, «lo que ha visto hoy será tres veces mayor».
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El director de antiterrorismo de EE.UU. dimite por su oposición a la guerra de Irán

El Gobierno de Donald Trump ha sufrido este martes la primera defección relevante por oposición a la guerra de Irán: Joe Kent, hasta ahora director del Centro Nacional de Antiterrorismo, ha anunciado su dimisión por no poder «apoyar en buena conciencia» la campaña … militar de EE.UU. contra la República Islámica.
«Irán no suponía una amenaza inminente a nuestra nación y está claro que empezamos esta guerra por la presión de Israel y su poderoso lobby en EE.UU.», defendió en la carta de dimisión que envió a Trump y que compartió en sus redes sociales.

Kent, un aliado acérrimo de Trump, al que se le vinculó en sus campañas políticas con vínculos con la extrema derecha, se enmarca en la oposición a la guerra de Irán que ha surgido desde algunos sectores muy leales al multimillonario neoyorquino. Hasta ahora se había concentrado en figuras mediáticas influyentes en el electorado conservador, como Tucker Carlson o Megyn Kelly, ambos expresentadores de Fox News y que ahora trabajan en sus propios canales independientes. La guerra también había contado con la oposición de díscolos republicanos habituales y extremadamente minoritarios en el Congreso, como el diputado Thomas Massie.

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Mikel AyestaranEnviado especial a

Pero la salida de Kent es la primera aparición de oposición a la guerra desde dentro de la Administración Trump, y en la línea que incomoda a algunos trumpistas: el presidente de EE.UU. está haciendo en Irán lo que prometió tantas veces que no iba a hacer. Es decir, enredarse en guerras costosas en el extranjero en lugar de atender las necesidades de los estadounidenses. Joe Rogan, el presentador del podcast más popular de EE.UU., con mucho seguimiento entre conservadores e independientes, en especial hombres jóvenes, defendió la semana que es una «traición» a sus votantes.
«En su primer mandato, usted entendió mejor que ningún otro presidente moderno como aplicar poder militar de manera decisiva sin arrastrarnos a guerras interminables», dijo Kent a Trump en su carta, en la que menciona la eliminación de Qasam Soleimani, el que fuera líder de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, o la derrota de Daesh.
Pero Kent denunció que en su segundo mandato «altos cargos de Israel y miembros influyentes de la prensa estadounidense han desplegado una campaña de desinformación para debilitar su plataforma de ‘EE.UU.’ primero y crear sentimientos belicistas para animar una guerra contra Irán». Según Kent, que ha dirigido el organismo oficial que asesora al Gobierno en antiterrorismo, y que depende de la Oficina del Director Nacional de Inteligencia, Trump fue «engañado» sobre esa amenaza inminente que requería un ataque estadounidense y sobre la existencia de un camino fácil y rápido a la victoria militar.
«Esto era mentira, y es la misma táctica que los israelíes utilizaron para llevarnos a la desastrosa guerra de Irak, que costó a nuestra nación miles de vidas de nuestros mejores hombres y mujeres», advirtió. «No podemos cometer ese error otra vez».
Kent ha conocido en primera persona las consecuencias de la guerra para muchas familias estadounidenses. Como miembro de las fuerzas especiales, fue desplegado en once ocasiones en misiones de combate, sobre todo en Irak, desde los ataques del 11 de septiembre de 2001 hasta que se retiró en 2018. Un año después, su mujer, Shannon, murió en un ataque terrorista suicida en Siria. Eso llevó a Kent a involucrarse en política, con un mensaje conservador populista muy centrado en el ‘EE.UU. primero’ que enarboló Trump y como parte de la oleada republicana contra las constantes y costosas intervenciones militares de EE.UU. en el extranjero.
Kent se presentó a diputado por un distrito del estado de Washington en dos ocasiones, 2022 y 2024, pero en ambas campañas perdió frente a Marie Gluesenkamp Perez, que se convirtió en uno de los ejemplos demócratas de cómo ganar en territorios escorados a los republicanos. Kent enfrentó acusaciones de estar vinculados con grupos supremacistas blancos.
Tras la segunda derrota, la actual directora nacional de inteligencia, Tulsi Gabbard, ex demócrata, le fichó como jefe de Gabinete. Gabbard, también exmilitar, ha sido muy crítica con esas guerras interminables. En julio del año pasado se convirtió en director del Centro Nacional de Antiterrorismo.
«No puedo apoyar mandar a la siguiente generación para pelear y morir en una guerra que no beneficia al pueblo de EE.UU. ni justifica el coste de la guerra», aseguró Kent, en un momento en el que se plantea la posibilidad de operaciones terrestres para controlar el decisivo estrecho de Ormuz o para tomar el control de las instalaciones nucleares de Irán.
«Rezo porque usted reflexiones sobre lo que estamos haciendo en Irán y para quién lo estamos haciendo», cerró Kent su misiva a Trump. «Puede cambiar de rumbo y empezar un nuevo camino para nuestra nación o puede permitir que sigamos avanzando en el declive y el caos. Usted tiene las cartas».

Irán asegura haber incautado cientos de equipos de internet satelital Starlink procedentes de EEUU

Las autoridades iraníes anunciaron este martes haber incautado cientos de sistemas de internet satelital Starlink de procedencia estadounidense, en medio de la guerra de EE.UU e Israel contra Irán y de las restricciones de conectividad en el país.»Cientos de sistemas Starlink enviados por el enemigo sionista estadounidense en varias partes del país fueron descubiertos y confiscados durante una operación a nivel nacional», informó el Ministerio de Inteligencia iraní, a través de la agencia de noticias Mehr.La misma fuente calificó la operación de «combinada» y «de gran envergadura» y advirtió que continuará «hasta que se identifiquen por completo todos los terminales de internet satelital que, de alguna manera, están al servicio del enemigo».También recordó que la posesión de un equipo Starlink constituye un delito en Irán -con penas de varios años de cárcel-, y subrayó que los infractores «están sujetos a la pena más severa en tiempos de guerra».El pasado febrero, el Gobierno de Estados Unidos suministró de forma clandestina unos 6.000 terminales de internet satelital Starlink a Irán tras la brutal represión del régimen contra las manifestaciones de enero, según informó entonces The Wall Street Journal (WSJ).Desde el comienzo de la guerra de EE.UU e Israel contra Irán, el pasado 28 de febrero, Teherán ha intensificado las restricciones de acceso a internet y telefonía en su territorio.

Juzgado un alto cargo austriaco por entregar la fórmula del veneno Novichok a Rusia

El 5 de octubre de 2018, el entonces secretario general del Ministerio de Exteriores de Austria, Johannes Peterlik, acudió al piso de lujo de Egisto Ott, un miembro de la Inteligencia nacional que se había vendido por dinero a la agencia rusa Servicio … Federal de Seguridad (FSB, la antigua KGB). Ott fotografió los papeles que había llevado Peterlik en una carpeta y que horas antes había ordenado a su secretaria solicitar en su nombre a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ). Contenían información técnica muy precisa sobre un peligroso agente químico denominado Novichok.
La información terminó en manos de Jan Marsalek, el exdirectivo de Wirecard fugado y presuntamente vinculado al FSB ruso, que se movía como un fantasma entre Moscú y Dubái. La Inteligencia rusa utilizaría poco después el Novichok para asesinar en Salisbury a un espía ruso y a su hija. Tres meses después, murió una mujer británica que pulverizó en su muñeca Novichok oculto en un frasco de perfume francés. También fue utilizado para envenenar al disidente Aléxéi Navalni, que salvó su vida de milagro en esa ocasión, y otros muchos disidentes en el extranjero. Esa es al menos la versión que ha presentado la Fiscalía en el juicio que ha comenzado este martes en Viena.

En el edificio del Straflandesgericht, un bloque de hormigón que parece diseñado para guardar secretos, Johannes Peterlik ha tomado asiento en el centro de la sala. Impecable en sus maneras, como siempre, se ha declarado «no culpable». Su abogado, Michael Mössler, ha criticado lo que considera una «acusación extremadamente incompleta» y «errores de investigación». Estrictamente hablando, ha subrayado, «no existe un documento clasificado por el Estado de Austria, por lo que no procede la acusación de violación de confidencialidad o secretos».

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Borja Méndez

«Mi cliente nunca ha visto el documento del móvil de Ott», ha añadido. El segundo abogado defensor, Volkert Sackmann, ha prometido demostrar a lo largo del juicio que los documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores estaban perforados para su archivo de forma diferente a los de las fotos de Ott, por lo que no son los mismos. También ha reprochado al equipo fiscal basarse esencialmente en las declaraciones de un testigo que ya había dado falso testimonio varias veces y que, por tanto, también ha sido condenado por pruebas falsas.

Motivación económica

La fiscalía sostiene, sin embargo, que Peterlik actuó movido por un «interés privado», que no dejó rastro administrativo de su solicitud y que su relación con Ott iba más allá de lo profesional. Chats recuperados del teléfono del exagente muestran consultas, favores y un flujo de comunicación que, para los investigadores, sugiere una cercanía impropia entre un alto diplomático y un funcionario de inteligencia ya entonces bajo sospecha. Hay gran expectación por la comparecencia como testigo de Ott, acusado en un proceso paralelo de espionaje de dimensiones inéditas en el país.
Aquel otoño de 2018 fue un periodo turbulento para la seguridad austríaca. Tras la polémica redada en el servicio de inteligencia (BVT), su estructura estaba debilitada. Según documentos del caso Ott, circulaban planes para crear un «mini-servicio secreto» dentro del Ministerio de Exteriores, bajo la órbita de la entonces ministra Karin Kneissl, famosa por haber invitado a Vladímir Putin a su boda.
En ese clima, la llegada de un informe sobre Novichok a manos equivocadas no parece solamente un error administrativo, sino el fruto de una gran grieta en la arquitectura de seguridad del país que convirtió un documento técnico en un arma política, diplomática y estratégica.
Todo apunta a que Austria estaba siendo utilizada como plataforma para operaciones de influencia rusas en Europa. En la sala, la fiscalía habla de «daño a las relaciones internacionales» y de una violación grave de la obligación de proteger información sensible.