Internacional - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

Salvados del incendio de Hong Kong por la rutina: «En las casas solo había ancianos y niños»

Chak Ming Yau se despertó el miércoles sin saber que ese día lo perdería todo. Aquella era una mañana normal, de modo que como tantas otras apagó el despertador, se vistió, desayunó un bocado rápido, se despidió de su mujer y su hijo y salió … a las calles de Tai Po camino de las oficinas de la Alianza Misionera Cristiana, una iglesia protestante en la que trabaja como pastor. Acababa de abandonar un hogar al que nunca podría regresar.
El instante en el que descubrió que su vida había cambiado permanece, perenne, en la pantalla de su teléfono móvil. «Estábamos empezando los preparativos de Navidad de la parroquia, así que había salido a comprar harina para hacer galletas cuando el director del colegio donde organizamos nuestros eventos me escribió», rememora mientras muestra el intercambio. «Hay un incendio en Wang Fuk, ¿estás bien?».
El mensaje data de las 15:19. El fuego había empezado apenas 28 minutos antes. «Al principio pensé que se trataba de un pequeño incidente». Por eso, avanzó con parsimonia por la avenida Kwong Fuk hasta que, a la altura del río, alcanzó a divisar su urbanización. Este hombre de fe se encontró entonces ante algo parecido al infierno.
El señor Yau recibe a ABC en esas mismas oficinas, al cabo de tres días en los que, en perverso ripio del Nuevo Testamento, caben una vida y muchas más muertes. Todo adquiere un significado nuevo, más solemne –empezando por el cartel que recuerda la prohibición de tomar el ascensor en caso de incendio– a la luz de las llamas que arrasaron el complejo residencial. Aunque su trágica magnitud todavía no se ha cuantificado con exactitud, esta es ya una de las catástrofes más devastadoras en la historia moderna de Hong Kong.
Las cifras oficiales recogen 128 fallecidos, un cómputo que podría seguir aumentando a medida que concluyan las labores de rescate. Quedan por resolver 150 «peticiones de auxilio» –la ambigua métrica que las autoridades han empezado a emplear en lugar de «desaparecidos»–. Fuentes policiales explicaban el viernes a ABC antes de iniciar la batida de reconocimiento que dentro de los bloques podría haber hasta «un centenar» de cuerpos.

Refugios y andamios de bambú
En la primera imagen, el pastor Chak Ming Yau junto a su hijo, con las donaciones almacenadas en las oficinas de su iglesia; en la segunda, andamios de bambú en el centro de Hong Kong; en la última un espacio de las oficinas de la iglesia reconvertido en refugio para las víctimas del incendio
J. Santirso

Cuando el señor Yau llegó, solo dos de los ocho bloques ardían –acabarían siendo siete–. Su vivienda familiar en la trigésima planta de Wang Tao, el cuarto edificio, permanecía intacta. «Sabía que mi mujer y mi hijo no estaban dentro, ella estaba impartiendo sus clases de pintura y él en el instituto. Así que mi primer impulso fue el de entrar para llevarme algunos objetos personales, pero los bomberos me cortaron el paso».
El juego fantasioso para identificar las posesiones más preciadas se vuelve en su caso un amargo lamento. «De haber podido, hubiera querido rescatar los pasaportes, el dinero, una memoria externa con fotos de la infancia de mi hijo y el álbum familiar».

79 criadas desaparecidas

«Para entonces ya tenía la certeza de que era una gran tragedia», prosigue. «Sentía un enorme pesar porque sabía que había muchas personas dentro». Así, salvaron la vida quienes tenían la obligación de ganársela, con la rutina por rescate. En el interior permanecían, en su mayoría, jubilados y niños pequeños con sus cuidadoras –79 asistentas de nacionalidad indonesia continúan en paradero desconocido, según informa su consulado–.
Retratos de unos y otros recubren la pared del centro comunitario Kwong Fuk, un espacio a la vuelta de la esquina donde acuden familiares de los desaparecidos, en busca de respuestas que hagan definitiva la ausencia.
«Estaba ahí plantado sin saber qué hacer, impotente, viendo cómo las chispas empezaban a saltar al tercer bloque». El señor Yau decidió que no tenía sentido quedarse a ver cómo su piso desaparecía. Se giró, dando la espalda a un hogar pronto reducido a cenizas, y desanduvo el camino hacia las oficinas. «Ni siquiera tenía miedo, solo sentía un vacío». La familia se congregó allí, y pasaron la noche juntos en casa de un miembro de su congregación.
El señor Yau está sin afeitar, viste un chándal prestado y el agotamiento se lee en su rostro. «He estado recorriendo sin parar los centros comunitarios en busca de información para los afectados». De momento ha recibido 30.000 dólares hongkoneses (3.300 euros) y las llaves de una vivienda de protección oficial en Ma On Shan. «Todavía no sé cuánto tengo que pagar ni cuánto tiempo podremos quedarnos», confiesa.
«Mi mujer lloró cuando nos entregaron el certificado de víctima, fue el momento en que aceptó la realidad». ¿Y él? «Es como si no fuera yo mismo. A veces al recordar lo sucedido, por ejemplo ahora, siento que necesito llorar, pero no me sale», apunta titubeante, antes de recuperar la entereza y zanjar: «No es el momento de llorar, hay muchas cosas que solucionar».
En este particular estado emocional, no obstante, sí hay espacio para un sentimiento. «Estoy muy enfadado, por supuesto. Nos habíamos mudado a este piso en septiembre de 2024. La renovación de la fachada había empezado unos meses antes, pero era evidente que no había suficiente supervisión». Dichas obras, y las malas prácticas de la empresa encargada –en particular la colocación de planchas de poliestireno sobre las ventanas y la desactivación de la alarma antiincendios– son el motivo por el que el fuego adquirió dimensiones tan destructivas.
Las autoridades ya han detenido a once personas relacionadas con el proyecto, entre ellas a tres responsables de la firma, Prestige Construction and Engineering, acusados de homicidio imprudente. Ahora bien: no son los únicos.

Detenido por quejarse

Las fuerzas de seguridad han invocado la Ley de Seguridad Nacional –la ley impuesta por el Partido Comunista de China para cercenar los derechos y libertades de Hong Kong– para arrestar al impulsor de una petición que reclamaba una investigación independiente de los hechos, según reveló ayer el diario local ‘South China Morning Post’. Se trata de una despótica maniobra para impedir que el descontento social adquiera dimensión política.
El señor Yau, por su parte, se centra en aquello que está en su mano, tanto en su infortunio personal como en el de los demás. «En un primer momento las necesidades de nuestra comunidad eran materiales, por eso alojamos a veinte personas en las oficinas», cuenta. «Ahora las necesidades son espirituales, varios fieles han perdido a seres queridos».
Tras la conversación, se despide, pues tiene que terminar de preparar el servicio dominical de hoy, el primero tras el incendio. Lo único que tiene claro es su temática: «La existencia de Dios en la tragedia».

Peter Heather: «Todo imperio crea fuerzas externas que acaban destruyéndolo»

El historiador británico Peter Heather (Belfast, 1960) se ha pasado la vida explorando cómo se construyen y desmoronan las civilizaciones. Profesor en el King’s College de Londres, formado en Oxford y con una breve etapa en el Tesoro británico, combina la precisión del … historiador con la mirada estructural del economista. Es autor, junto al politólogo John Rapley, del ensayo Por qué caen los imperios (Taurus), en el que analiza las causas del auge y declive de Roma para comprender las tensiones del mundo actual. Su tesis central es incómoda: los imperios más longevos no son derribados por enemigos externos ni por decadencia interna, sino por el éxito con el que transforman el mundo que los rodea. Heather vino a España para intervenir en un congreso internacional organizado por el Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra.

Usted ha sostenido que el Imperio romano no se transformó, sino que colapsó. ¿Por qué es importante esa diferencia?
Porque la idea de ‘transformación’ suaviza algo que, en realidad, fue un derrumbe acelerado. Roma tenía tensiones internas, pero no las que pueden destruir un sistema tan sofisticado. Lo decisivo fue que el imperio había modificado profundamente a sus vecinos. La globalización romana creó estructuras políticas nuevas: grupos que antes no existían. Los visigodos, por ejemplo, no son una continuación de pueblos antiguos, sino un producto político del siglo V surgido dentro del territorio romano. Es decir: el colapso no vino de la disfunción interna, sino de la transformación del entorno que Roma había provocado. El imperio creó, sin quererlo, a quienes lo harían caer.
¿Entonces los imperios caen más por presiones externas que por debilidad interna?
Depende. Hay imperios, como el carolingio, que se desintegraron por pura debilidad del centro. Pero el romano, o los grandes imperios modernos, son otra cosa: estructuras muy poderosas y duraderas que transforman profundamente su entorno. Mi coautor y yo sostenemos que los imperios que perduran siglos —como Roma o el bloque occidental moderno— terminan generando su propia caída. No porque alguien los ataque desde fuera, sino porque su propio éxito crea nuevas potencias a su alrededor. Las presiones externas no surgen de la nada: son un producto del propio sistema imperial. Los imperios siempre creen que son distintos. Pero lo que la historia muestra es que, cuanto más se transforman sus vecinos, más difícil les resulta seguir siendo lo que eran. Ese es el momento en que descubren que ya no dominan el mundo, sino que el mundo los ha transformado a ellos.
¿Está ocurriendo eso hoy con Estados Unidos y China?
Sí, y no necesariamente en forma de hostilidad. Los imperios generan centros de poder alternativos. En el caso de Estados Unidos, China es uno de ellos. Pero esa relación no tiene por qué ser bélica: puede ser de competencia, de tensión o incluso de cooperación. La creación de nuevas potencias significa, simplemente, que el imperio ya no puede dominar su entorno como antes. Lo que vemos ahora es una renegociación del equilibrio global, no el fin de la globalización.
¿Cree en la ‘trampa de Tucídides’ entre Estados Unidos y China?
No, en absoluto. Los políticos pueden hacer cosas muy estúpidas, pero no hay una fatalidad que condene a las grandes potencias a enfrentarse. La cuestión de Taiwán es delicada, pero no implica que haya intereses vitales irreconciliables. Lo que sí es cierto es que los políticos tienden a pensar a corto plazo. Necesitan ganar las elecciones del año siguiente, no los próximos veinte. Eso ha sido así desde el Imperio romano: las decisiones inmediatas pesan más que las estratégicas. Esa miopía puede llevar a un conflicto, pero no es inevitable.

Sociedad envejecida
«Los sistemas de pensiones se pensaron hace 80 años. El modelo no se adapta a la realidad de que vivimos 20 años más. Este es el tipo de problemas que acaban con un imperio»

¿Qué episodio histórico le recuerda más al pulso entre Washington y Pekín?
El enfrentamiento entre Persia y el Imperio romano de Oriente en los siglos VI y VII. Durante más de un siglo ambas potencias cooperaron, evitaron guerras por puro pragmatismo. Luego, por razones políticas, decidieron hacer justo lo contrario: pelear por todo. Resultado: medio siglo de guerra total que destruyó a ambos. De ese desastre solo sobrevivió una cuarta parte del Imperio Bizantino. Es un ejemplo escalofriante de cómo las decisiones erróneas pueden convertir tensiones manejables en catástrofes. Por eso me preocupa que Estados Unidos y China opten algún día por hacer algo realmente estúpido.
¿Qué enseña la caída del imperio soviético?
Que los sistemas imperiales también se derrumban por la comparación con el exterior. La URSS cayó porque Gorbachov perdió la fe en la viabilidad del sistema al ver cómo Occidente prosperaba. Las sociedades satélite —Alemania Oriental, Hungría, Checoslovaquia— podían ver la diferencia con sus propios ojos. Era insostenible. Putin, en cambio, ha apostado por la fuerza bruta. Pero su guerra en Ucrania demuestra que ese modelo está agotado. La presión interna dentro de Rusia es enorme, aunque la propaganda diga lo contrario. Es el viejo reflejo imperial: negar la realidad hasta que te aplasta.
Usted insiste en la contingencia: que nada es inevitable hasta que ocurre. ¿Puede aplicarse eso a Estados Unidos?
Por supuesto. La historia no avanza por fatalidad, sino por decisiones. Lo más difícil de escribir historia es entender qué opciones reales existían. Siempre hay alternativas. Que algo haya pasado no significa que no pudiera haber sido de otra manera. En política ocurre igual: hay que distinguir entre lo deseable y lo posible. La historia no es destino. Los imperios no caen porque ‘tengan que caer’, sino porque sus líderes toman decisiones concretas que los llevan al colapso.
Trabajó en el Tesoro británico. ¿Estamos ante el fin de la globalización?
No, lo que estamos viendo es una recolocación. Las placas tectónicas de la economía mundial ya se movieron. No hay vuelta atrás. Lo que sí ha ocurrido es que la globalización benefició sobre todo a una parte de la sociedad —las élites urbanas y financieras— mientras la clase trabajadora industrial se empobrecía. Ese desequilibrio explica fenómenos como Trump o el Brexit. Los imperios económicos también se resquebrajan cuando una parte de su población deja de creer en las promesas del sistema. Todo sistema imperial acaba generando desigualdad entre su núcleo y su periferia. Y cuando la periferia se siente traicionada, el sistema se tambalea.
¿Necesitamos más economistas o más políticos?
Necesitamos economistas que entiendan de historia. No basta con mirar el PIB: hay que ver cómo se distribuye. Y necesitamos políticos capaces de pensar más allá del próximo ciclo electoral. En Europa, el gran problema será el envejecimiento de la población. Los sistemas de pensiones de nuestro estado del bienestar se concibieron en los años cuarenta, cuando la esperanza de vida apenas superaba la jubilación en tres o cuatro años. Hoy los ciudadanos viven veinte años más y requieren atención sanitaria durante todo ese tiempo. El modelo fiscal no se ha adaptado a esa realidad. Es un ejemplo claro de cómo los sistemas políticos pueden volverse prisioneros de sus propias conquistas: la longevidad, que es un éxito social, se convierte en un desafío fiscal. Nos estamos endeudando para mantener un sistema que ya no encaja con la demografía actual. Ningún político quiere decirlo, pero es la verdad incómoda de nuestras democracias maduras. Este es el tipo de problema que puede desestabilizar incluso a un imperio moderno.
¿Sigue habiendo un vínculo entre economía y poder imperial?
Por supuesto. Todo imperio es, en el fondo, un sistema de distribución de recursos: decide quién se beneficia del intercambio y quién queda fuera. Roma no era solo un aparato militar, sino un mecanismo de redistribución. Cuando esa redistribución se desequilibra —cuando demasiados pierden mientras unos pocos ganan—, el consenso se rompe. Lo mismo ocurre hoy con el capitalismo global. Los desequilibrios económicos son los nuevos ‘bárbaros’ que presionan las fronteras del sistema.
En tiempos de posverdad, ¿qué papel le queda a la historia?
La historia debe mantener el rigor de los hechos sin renunciar a la pluralidad de perspectivas. No todo es relativo: hay verdades verificables —el Tylenol no causa autismo, por ejemplo—, pero también hay verdades de experiencia. El mismo acontecimiento puede vivirse de formas opuestas por distintos grupos. La tarea del historiador es integrar esas voces en una narrativa común sin diluir la precisión factual. Defender la verdad no significa imponer una sola versión, sino reconocer la complejidad de la realidad.
Muchos analistas hablan hoy de un ‘siglo multipolar’. ¿Cree que los imperios pueden sobrevivir en un mundo donde el poder está cada vez más disperso?
Creo que el término ‘multipolaridad’ describe bien el momento actual, pero no creo que sea nuevo. Roma también vivió fases multipolares, igual que las potencias europeas del siglo XIX o la Guerra Fría en el XX. La cuestión no es si hay varios polos, sino si esos polos son capaces de aceptar que ya no pueden imponer unilateralmente sus reglas. Los imperios pueden sobrevivir en un mundo multipolar, pero solo si renuncian a la fantasía de control absoluto. La hegemonía del siglo XX no volverá. Lo que sí puede existir es una capacidad de liderazgo: coordinar, influir, marcar normas. Estados Unidos podría seguir siendo una potencia dominante, pero no será la única. La multipolaridad no destruye imperios por sí misma; lo que los destruye es su incapacidad para adaptarse a ella. En ese sentido, el mayor peligro para un imperio es seguir creyéndose imprescindible cuando el mundo ya ha cambiado a su alrededor.

«Calificar a Khashoggi de controvertido no justifica asesinarlo ni descuartizarlo»

Han pasado siete años desde que Jamal Khashoggi entró en el consulado saudí de Estambul y nunca volvió a salir. Siete años en los que su viuda, Hanan Elatr Khashoggi, ha vivido, como ella misma dice, un infierno. Durante la reciente visita del heredero saudí Mohamed bin Salman a Washington … , mientras el Príncipe heredero recibía honores en la Casa Blanca y Donald Trump descartaba en público las conclusiones de la Inteligencia estadounidense sobre la autoría del asesinato, ella decidió plantarse frente al Capitolio para exigir algo tan básico como la verdad.
Nacida en Egipto, residente durante décadas en Dubái y hoy asilada en Estados Unidos, ha pasado por detenciones, vigilancia, arresto domiciliario y una campaña transnacional de persecución. Es la mujer que compartió con Khashoggi su exilio, su defensa de los derechos humanos en su Arabia Saudí natal y su enfrentamiento silencioso con los aparatos de seguridad de su país. Y es también quien, en estos días, ha pedido la publicación íntegra de una llamada que Trump mantuvo con Bin Salman justo tras el asesinato, una conversación que un diputado que la ha leído califica de «perturbadora».
Hanan Elatr relata a ABC qué le duele del discurso oficial de Trump, qué espera de Estados Unidos y por qué insiste en que revelar el contenido de esa llamada es indispensable para que, al fin, haya una mínima forma de justicia.

-¿Hay procesos abiertos o cualquier iniciativa relacionada con el asesinato de su marido, tanto en Estados Unidos como en el extranjero?
-No existe ninguna investigación activa. No hay ningún proceso en marcha que muestre al mundo que se está haciendo justicia por Jamal Khashoggi o por mí. Estoy intentando mover mi propio caso, con ayuda de mi familia, en varios países. En Estados Unidos tengo muchos registros y elementos documentales, y confío en la Justicia americana, pero por coincidencias legales no ha funcionado en mi caso. Por eso estoy centrada ahora en Europa y Canadá. Estuve 22 años como tripulante de cabina en Emirates y Etihad, y durante ese tiempo aterricé en muchos países en los que ya estaba siendo vigilada. Eso me da derecho a presentar casos en esas jurisdicciones, que es exactamente lo que estoy haciendo. Ahora mismo estoy preparando acciones legales en Francia y el Reino Unido, y buscando abogados en Turquía y Canadá, donde también quiero presentar denuncias. Turquía bloqueó mi vía legal en su momento. Intimidaron a cualquier abogado que quisiera representar a Jamal. Yo sigo intentándolo.

Elatr reclama la desclasificación de una llamada entre Trump y Bin Salman

ABC

-Si estos países confirman que usted fue espiada ilegalmente, ¿qué podrían aportar sus sistemas judiciales?
-Tenemos pruebas concluyentes. Citizen Lab confirmó que estaba bajo vigilancia desde 2017, mucho antes del asesinato de Jamal, porque yo era la persona más cercana a él. En cuanto a los países, sus leyes son distintas a las estadounidenses: algunos permiten investigar y juzgar hechos ocurridos hace más de diez años. En Turquía, al tratarse del lugar del asesinato, debería haber margen legal, pero depende de encontrar un abogado que se atreva a asumir el caso. Estoy estudiando también Canadá y Noruega.
-Para dejarlo claro: ¿ya ha iniciado procesos en Francia y el Reino Unido?
-Sí. En Francia y el Reino Unido ya estoy en marcha. En Turquía, Canadá y Noruega sigo buscando abogados dispuestos a llevar el caso.
-Citizen Lab confirmó que usted fue vigilada…
-Absolutamente. Es definitivo. Dijeron que yo estaba siendo espiada desde 2017, y que esa vigilancia se utilizó para seguir a Jamal. Yo era la vía de acceso a él.
-¿Cómo vivió personalmente la visita de Mohamed bin Salman a Donald Trump la semana pasada?
-Primero, me dolió no tener a Jamal aquí. Él no tenía nada contra el Príncipe heredero ni contra el Reino. Pero decidieron arrebatarle la vida. Me decepcionó cómo describieron a mi marido en el Despacho Oval. Lo calificaron de «controvertido» o «no querido». Eso no refleja quién era Jamal, y tampoco justifica secuestrarlo, torturarlo, matarlo y descuartizarlo. Es un acto terrorista. También sentí alivio al ver que su nombre volvía a aparecer en todo el mundo. Han intentado enterrar su caso, pero no lo han conseguido. Su legado sigue vivo, y yo estoy aquí para mantenerlo. Me emocionó ver a periodistas como usted, como Mary Bruce [de la cadena de televisión estadounidense ABC News] y otros, intentando que su nombre no desaparezca. Les estoy agradecida.
-A pesar de la confusión de ese día, ¿tiene la sensación de que el foco mundial volvió a situarse sobre Jamal?
-Sí. Completamente. Aunque lo ocurrido en la Casa Blanca fue doloroso, lo que quedó al final fue su nombre. Lo vi en todo el mundo. Intentaron silenciarle, pero salió al revés. La gente recordó quién era y se indignó por cómo lo describieron. Fue un error grave del presidente. Ningún periodista independiente ha dicho jamás que Jamal fuera «controvertido» o «no querido».
-¿Cree que los medios siguen haciendo su trabajo en este caso?
-Sí. En la última semana he visto un respaldo enorme a Jamal, y me ha hecho sentir orgullosa. Es lo que yo temía perder: que se olvidara su sacrificio. Para mí ha sido muy importante ver que periodistas de muchos países siguen hablando de él.
-¿Cree que aún quedan cosas por conocer? ¿Hay elementos que la prensa debería seguir investigando?
-Sí. Y pido apoyo para el diputado Eugene Vindman. Él conoce el contenido de la llamada entre el presidente Trump y el Príncipe heredero en 2019. Necesitamos que se haga pública. La transcripción es esencial, también para mis casos en el extranjero. Como ocurrió con los documentos del caso Epstein, la presión periodística puede obligar a una desclasificación. Esa conversación debe conocerse.
-¿Vindman ha podido compartir algún detalle con usted?
-No. Es información clasificada. No podía hacerlo. En la rueda de prensa tampoco reveló el contenido. Por eso pedimos que la Casa Blanca desclasifique y publique la transcripción. No vemos qué puede haber en ella que requiera secreto por razones de seguridad nacional.
-¿Ha notado usted una ofensiva mediática para frenar o silenciar el caso de Jamal?
-Por supuesto. Le pondré un ejemplo: en las negociaciones del Acuerdo de Abraham impulsado por Kushner, una de las primeras exigencias saudíes fue que Estados Unidos dejara de hablar de Jamal Khashoggi. Que su caso no se mencionara. Arabia Saudí ha intentado enterrarlo usando herramientas muy poderosas: dinero, medios afines, patrocinio cultural, deportes, figuras públicas. Pero no han tomado ninguna medida real para rectificar el crimen. El Príncipe heredero dijo en televisión que asumía la responsabilidad, pero no ha hecho nada. No me ha pedido perdón. No me ha compensado por la destrucción de mi vida. No ha liberado a los presos de conciencia, salvo un caso reciente porque tenía pasaporte estadounidense. Mi propio abogado en Arabia Saudí está desaparecido desde hace tres años por representarme. Nada de esto es una rectificación.
-¿Qué sería suficiente para usted?
-Una disculpa oficial. Una compensación justa. La liberación de presos de opinión. Y algo más: tolerancia. Escuchar otras voces. Y dejar de perseguir a quienes intentan ayudarme. Eso demostraría un cambio real. Nada de eso ha ocurrido.
-Muchos siguen preguntándose por qué hicieron esto a su marido. ¿Por qué cree usted que lo eligieron a él?
-No lo sé. Me lo pregunto cada día. Jamal estaba dispuesto a volver al país si le garantizaban seguridad. Lo habló muchas veces conmigo. Creo que el entorno del Príncipe heredero -no necesariamente él- le transmitió información falsa. Intereses, celos, intolerancia. Estoy convencida de que el Príncipe nunca leyó realmente los artículos de Jamal. En una entrevista hace dos años dijo que no había leído nunca una columna suya. Y le creo. Si hubiera leído lo que escribía, si hubiera entendido su visión, le habría invitado a hablar. Jamal quería un futuro mejor para su país. Fue eliminado por personas que no toleraban una opinión distinta.

Trump revocará las órdenes ejecutivas firmadas por Biden con el 'autopen': «Son aproximadamente el 92%»

28/11/2025

Actualizado a las 21:49h.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha informado este viernes de que todas las órdenes ejecutivas con firma automática de la anterior administración, liderada por el exmandatario demócrata Joe Biden, han sido rescindidas y no tienen «validez».
«Cualquier documento firmado … por el aletargado Joe Biden con el autopen (bolígrafo), que representaban aproximadamente el 92 por ciento de ellos, queda por la presente rescindido y no tendrá validez ni efecto», ha señalado en un mensaje publicado en Truth Social.

El magnate republicano ha asegurado que «los lunáticos de la izquierda radical» le «arrebataron» la Presidencia a Biden, en alusión a que las personas de las que se rodeaba eran las que tomaban las decisiones. «Cancelo todas las órdenes ejecutivas y cualquier otra cosa que no haya sido firmada directamente por el corrupto Joe Biden, porque quienes operaron el ‘autopen’ lo hicieron ilegalmente», ha sentenciado.
«I am hereby cancelling all Executive Orders, and anything else that was not directly signed by Crooked Joe Biden, because the people who operated the Autopen did so illegally.» – President Donald J. Trump 🇺🇸 pic.twitter.com/D5mzIl1Cai— The White House (@WhiteHouse) November 28, 2025
Trump, que ha afirmado que Biden no participó en el proceso de firma automática, ya anunció el pasado mes de junio una investigación para determinar si el exmandatario abusó de este método, aludiendo a un posible «deterioro cognitivo» del demócrata.

Supervivientes del horror en Hong Kong: «No nos queda nada»

El incendio que desde hace dos días asola el complejo de rascacielos de Wang Fuk por fin se extinguió ayer, convertido ya en una de las catástrofes más devastadoras en la historia moderna de Hong Kong. Sus trágicas dimensiones están todavía por dilucidar … con exactitud. La cifra oficial de fallecidos se elevaba anoche a 128, aunque se teme que estas sigan aumentando a medida que avanzan las labores de rescate.
Unas 200 personas permanecen en paradero desconocido y fuentes policiales han alertado a ABC de que dentro de los bloques podría haber hasta «un centenar» de cadáveres. «Hasta ahora los bomberos solo han despejado los escombros, no han recogido los cuerpos porque su prioridad era buscar supervivientes. Lo que hacían era fotografiar los rostros reconocibles y apuntar el piso donde los encontraban», explican a este medio agentes involucrados en la operación.
Dichas imágenes, «en su mayoría ancianos y niños», acaban colgadas en una gran pared en el interior del centro comunitario Kwong Fuk, un espacio a la vuelta de la esquina donde acuden familiares de los desaparecidos, en busca de respuestas definitivas tanto o más dolorosas que la incertidumbre.

Con las llamas ya apagadas y la seguridad de la zona garantizada, los bomberos y la Policía iniciaron por la tarde una batida de arriba abajo por los edificios, con el propósito de retirar los cuerpos que aguardan en su interior. Una operación que se prevé larga y podría durar hasta dos días, dado que el complejo está compuesto de ocho bloques -siete de los cuales ardieron- de 31 plantas cada uno para un total de 1.900 viviendas, reducidas en su mayoría a cenizas.

«Muchos de nuestros vecinos y amigos han fallecido, a nosotros no nos queda nada», afirman dos de los supervivientes

Así, quien mantiene la vida ha perdido todo lo demás. Kenneth Tse y su mujer estaban en sus respectivos puestos de trabajo cuando vieron en redes sociales las primeras imágenes del desastre y reconocieron con horror la fachada de su edificio. «No sabemos expresar lo que sentimos, muchos de nuestros vecinos y amigos han fallecido, a nosotros no nos queda nada», musitan mientras sujetan una bolsa repleta de pañales para su hijo de tres años. «De momento nos estamos quedando en casa de unos familiares».

Bomberos trasladan cadáveres para su identificación

AFP

Las posesiones de Maple y su marido, un matrimonio de sexagenarios, han quedado reducidas a una maleta de mano que arrastra con gesto de amargura. También ellos estaban fuera de casa cuando empezó el incendio, y también ellos han sabido de la muerte de muchos de sus vecinos. Por eso ella se confiesa, pese a todo, «afortunada». La mayoría de los objetos que contiene la maleta, además, ni siquiera son suyos, sino artículos de primera necesidad obtenidos en la Escuela Secundaria Iglesia de Cristo en China Fung Leung Kit, la cual estos días sirve como refugio para los desplazados que no tienen otro lugar donde ir.
Solo el apabullante despliegue de solidaridad alivia el sufrimiento. La explanada adyacente contiene tal cantidad de productos que unos cartones trazan un improvisado mapa, como si se tratara de un centro comercial sin lucro alguno. Cientos de voluntarios zigzaguean a toda velocidad portando rebosantes cajas de cartón. «He venido esta mañana dispuesto a ayudar. He llevado unas bolsas al refugio, pero al llegar me han dicho que no necesitaban más cosas», cuenta Alvin, un treintañero criado en el barrio. «Es un episodio muy triste, deberían investigar y llegar al fondo de la cuestión».
Las autoridades, entretanto, avanzan en su investigación criminal y ayer arrestaron a otras ocho personas vinculadas con el proyecto de renovación del complejo, valorado en 330 millones de dólares hongkoneses (36 millones de euros). Estos se unen a la detención el jueves de tres responsables de la empresa que ejecutaba las obras, acusados de homicidio imprudente por emplear materiales no homologados.

Negligencias en la reforma

Las pruebas preliminares muestran que la red del andamiaje cumplía con los estándares legales, según ha revelado el secretario de Seguridad Chris Tang. No así las planchas de poliestireno aplicadas en las ventanas, altamente inflamables, que provocaron la rápida expansión de las llamas y la ruptura de los cristales, lo que introdujo el aire ardiente en el interior de las viviendas. El origen específico del fuego todavía no se ha esclarecido.
Todo ello apunta a prácticas negligentes por parte de la firma encargada de la renovación, Prestige Construction and Engineering. Esta había recibido hasta dieciséis inspecciones del departamento de Construcción, organismo oficial que llegó a reportar tres violaciones del protocolo antiincendios en las obras de Wang Fuk, la última de ellas el pasado 20 de noviembre. La empresa ya había sido sancionada en años recientes por prácticas ilícitas en otras construcciones.
Las circunstancias trazan, pues, la silueta de una catástrofe evitable, pero en Wang Fuk tanto dolor no deja espacio -todavía- a la indignación. «No estoy pensando en la corrupción, estoy muy conmovido por este despliegue», asegura con ojos llorosos Nelson. «Mis padres vivían en una de las torres pero estaban fuera de casa cuando el incendio empezó. Vi las noticias y acudí de inmediato a recogerles. Ahora se están quedando en mi casa», rememora el hombre, trabajador en la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, quien, emocionado, acaba por echarse en brazos del reportero en busca de consuelo.
En la explanada, centenares de paseantes y curiosos contemplan, incrédulos, el negro espectro de los siete bloques calcinados. Entre la cháchara y el trajín se oye algún sollozo. En una esquina, unos ancianos juegan al ajedrez chino. Les contempla un niño que come una chocolatina mientras su cuidadora descansa inmersa en su teléfono móvil. La vida, por definición, sigue.

Orbán desafía a la UE prometiendo a Putin que seguirá comprando petróleo ruso

El presidente ruso Vladímir Putin este viernes recibió en el mismo Kremlin al líder europeo con el que tiene más comprensión, el primer ministro húngaro Viktor Orbán. La atmosfera era relajada en el Palacio en el corazón de Moscú: nada que ver con la … larga mesa en la que se sentó Macron en 2022 justo antes de la guerra. En tiempos de sanciones y de tensión entre Bruselas y Moscú, el país magiar ha sido el más reticente (junto con Eslovaquia) a sancionar a Rusia y a dejar de comerciar con el país euroasiático. Los principales temas en la mesa eran la reunión entre el mandatario eslavo y su homólogo estadounidense Donald Trump que se preveía en Budapest y la relación entre Hungría y Rusia.
«Nuestra reunión de hoy me brinda la oportunidad de confirmar, señor Presidente, que Hungría está dispuesta a proporcionar una plataforma para dichas negociaciones y a contribuir a la culminación exitosa de este proceso» aseguró el invitado. Putin, que remarcó que dicho encuentro no se había cancelado sino pospuesto, señaló que «Rusia agradece a Hungría su disposición a acoger en Budapest la cumbre entre Moscú y Washington». El mismo líder eslavo señaló que fue una idea de Trump. apostillado.

Cooperación entre ambos estados

También comentaron la cooperación entre ambos estados. El país centroeuropeo sigue comprando gustosamente hidrocarburos rusos, siendo uno de los pocos países que no ha bajado la cantidad de petróleo y gas rusos que compra. Sin embargo señaló el anfitrión que «incluso en este ámbito hay cuestiones y problemas que requieren debate». Explicó que la disminución del comercio entre Hungría y Rusia «se debió a restricciones externas, pero este año se ha registrado un crecimiento pequeño (…), pero aún superior al 7%«. La respuesta del invitado mostró la sinergia entre ambos. «Hungría tiene la intención de continuar la cooperación con Rusia y espera que interacción beneficie en gran medida a los pueblos de ambos países» fueron las palabras de Orbán.

La postura húngara de evitar armar a Kiev y mostrarse «neutral» según sus estándares, ha sido un gesto muy apreciado en Moscú

Él mismo defendió que a pesar de lo que tilda como presión extranjera, su país mantiene una «política soberana» y añadió que espera que «Budapest espera seguir dialogando con Moscú sobre temas energéticos». Lamentó la actual situación y confirmó el diagnóstico de Putin. «La economía húngara sufrió pérdidas significativas a causa del conflicto en Ucrania y el bloqueo del comercio entre la Unión Europea y Rusia» explicó. Es por estas razones que el líder magiar ha sido el más reticente a las sanciones europeas contra Rusia y ha encontrado en Robet Fico, el líder eslovaco, un firme aliado.
La postura húngara de evitar armar a Kiev y mostrarse «neutral» según sus estándares, ha sido un gesto muy apreciado en Moscú. «Moscú destaca la postura equilibrada de Budapest con respecto a la cuestión ucraniana» declaró Putin sobre este aspecto. Por su parte Orbán aseguró que su país está muy interesado en «en la culminación exitosa de las iniciativas de paz en Ucrania».