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Petro, un visitante incómodo en México para la relación de Sheinbaum con Trump

El expresidente colombiano Gustavo Petro explora diversos planes para su vida después del poder. Después de que su partido de izquierdas perdiera las elecciones el pasado 21 de junio a manos del ‘outsider’ Abelardo De la Espriella, el exmandatario asumió un perfil crítico hacia … el incipiente gobierno y eligió la Ciudad de México como su primer viaje al exterior ya una vez abandonada la Casa Nariño, a finales de agosto.
Petro fue bien recibido en el país gobernado por Claudia Sheinbaum, uno de los últimos reductos de la izquierda latinoamericana frente al avance de los gobiernos de derecha.

A lo largo de cinco días, el exguerrillero fue recibido por la presidenta mexicana en el Palacio Nacional, ofreció una conferencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), concedió entrevistas a la prensa y hasta tuvo tiempo para irse de compras a la tienda de lujo Palacio de Hierro, en el exclusivo barrio de Polanco.

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David Alandete

Según mencionaron en condición de anonimato a ABC desde el entorno del expresidente, Petro tiene previstos nuevos viajes a México, de hecho, tendría la posibilidad de ofrecer una nueva conferencia hacia fin de año en Guadalajara con motivo de la Feria del Libro. Al mismo tiempo, exploraría nuevas opciones del mundo académico como la investigación o estudios de tinte histórico, una faceta que le llevaría a pasar más tiempo en el país norteamericano.

Sancionado por EE.UU.

Esta presencia del exmandatario en México pone al Gobierno de Sheinbaum en una situación compleja. Petro está sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, producto de las fricciones que tuvo como presidente con Donald Trump y por supuestas sospechas de no haber combatido al narcotráfico en Colombia. Al pertenecer a la llamada ‘Lista Clinton’, el expresidente tiene fuertes limitaciones en el plano bancario y financiero y, lo más delicado, cualquier empresa, gobierno o entidad asociada con Petro queda expuesta a ser sancionada por el Tesoro.
Esto fue exactamente lo que pasó en su primera visita a México: Petro habría organizado su viaje a través de la aerolínea colombiana Avianca, pero la empresa, atemorizada por la posibilidad de recibir alguna sanción de EE.UU, decidió cancelarle los vuelos y reembolsarle el dinero. Finalmente, viajó con Aeroméxico.

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Petro fue sancionado en octubre del 2025 después de que el gobierno de EE.UU entendiera que, como presidente de Colombia, no hacía lo necesario para frenar la producción de cocaína que se exportaba a Norteamérica. Las sanciones también se aplicaron a los miembros de su familia y al ministro del Interior, Armando Benedetti.
Para México es un dilema. Petro fue aliado de Sheinbaum y el país tiene una larga tradición de dar asilo por cuestiones políticas. Sin embargo, expone a la presidenta a una mayor tensión con Trump, con el que ya tiene abiertos varios frentes en materia comercial, de seguridad y de migración.
Si EE.UU, que ha demostrado una sintonía absoluta con el Gobierno de De la Espriella, decidiera arrestar a Petro en México, Sheinbaum afrontaría una situación delicada tal y cómo aseguran fuentes del Palacio Nacional.
Petro ha adelantado que está escribiendo un libro sobre la derecha internacional y de qué forma esta influye en las redes sociales y procesos electorales, un tema con el que previsiblemente arremeterá contra Trump.
El presidente estadounidense ha acusado a Petro públicamente de estar relacionado con el crimen organizado, unas acusaciones que el exmandatario ha aprovechado para esgrimir un discurso soberanista.

Otros antecedentes

México ya vivió un antecedente similar durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024). En 2019, el entonces presidente boliviano Evo Morales, tras unas elecciones fraudulentas, escapó hacia México en un avión militar despachado por el que fuera su homólogo mexicano. El gobierno que sucedió a Morales se alineó de inmediato con EE.UU, donde gobernaba Trump.
Morales tenía previsto una estancia larga en México, según dijo a la prensa, pero la presión desde la Casa Blanca hizo que López Obrador lo destinara a Cuba, donde pasó unas semanas antes de poner rumbo a Buenos Aires. Morales dijo que la intención era estar más cerca de Bolivia. 
Este no es un caso único, el mismo gobierno también aceptó dar asilo en la Embajada de México en Lima, en 2022, al presidente izquierdista Pedro Castillo tras fracasar un autogolpe de Estado, pero este fue detenido antes de llegar a la legación. Más recientemente, recibió asilo en el país norteamericano la ex primera ministra de Perú, Betssy Chavez.

Regreso a la política colombiana el próximo año

Petro, además de estar señalado por la Casa Blanca, también cuenta con acusaciones en Colombia, desde supuesto uso indebido de información confidencial hasta presuntos pactos irregulares con organizaciones delictivas o presuntas irregularidades en los gastos de sus campañas electorales. En su paso por Ciudad de México, Petro aseguró de forma privada que tampoco descarta su regreso a la política el año que viene con motivo de las elecciones a la alcaldía de Bogotá, cargo que ya ocupó en el pasado.El diario ‘El Tiempo’ aseguró que el expresidente podría competir en sintonía con el senador de su espacio, Gustavo Bolívar, quien sería el candidato a Cundinamarca, el departamento que rodea la capital colombiana.

Pero quizá el caso más mediático, y que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre México y Ecuador, fue el asilo concedido al vicepresidente correísta Jorge Glas, con varios casos abiertos con la justicia ecuatoriana cuando buscó refugio, en 2023, en la embajada mexicana en Lima. En abril de 2024, el gobierno de López Obrador le concedió asilo y poco después entraron agentes policiales en el edificio para detener a Glas, lo que provocó una crisis entre ambos países que aún no se ha cerrado.

Guantánamo: los años que la Justicia perdió

En Guantánamo, lo provisional dura ya un cuarto de siglo. Entre colinas resecas y el aire caliente y salobre del mar Caribe, dentro de la base estadounidense en la costa de Cuba, las primeras jaulas dieron paso a edificios que iban a ser temporales y … ya son permanentes. Quedó aquella imagen que estremeció al mundo: cuerpos de mono naranja, arrodillados, con los ojos y los oídos tapados. Barack Obama y Joe Biden ordenaron cerrarla. Donald Trump ordenó mantenerla abierta. Y mientras, allí siguen los quince presos más importantes de la guerra contra el terrorismo. Veinticinco años después del 11-S, la justicia tiene otra cita en el calendario: junio de 2028. Para entonces, los familiares de las víctimas habrán esperado casi veintisiete años. Y si esta vez se cumple el plazo, lo que llegará será apenas el comienzo del juicio.

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Camila Acosta

El último revés para las familias de los muertos que aún no encuentran el consuelo de la Justicia llegó cuando el juicio acababa de encontrar otra fecha, una más. Este 28 de agosto de 2026, el juez militar Michael Schrama excluyó la confesión que Khalid Sheikh Mohammed, alias ‘KSM’, acusado de ser el ideólogo del atentado de 2001, hizo al FBI en esta misma prisión en 2007. La coacción, concluyó el juez, venía de largo: detrás estaban los años de aislamiento y tortura en las prisiones secretas de la CIA, incluidas 183 sesiones de ahogamiento simulado, el temido ‘waterboarding’. La Fiscalía había defendido durante años que aquella declaración era voluntaria. Pero el 4 de septiembre anunció que no recurriría: intentar recuperar una de sus principales pruebas podía costarle otro aplazamiento. Para conservar la fecha de 2028, decidió continuar sin ella.

KSM no es, desde luego, un preso cualquiera, está acusado de haberle llevado a Osama bin Laden la idea de convertir aviones de pasajeros en armas y de haber dirigido desde la distancia su ejecución. Ante agentes del FBI, en esa confesión de enero de 2007, admitió su participación en la trama. Dos meses después, en otro procedimiento en Guantánamo, se atribuyó abiertamente la operación «de la A a la Z». Ciudadano paquistaní, fue capturado el 1 de marzo de 2003 en Rawalpindi, cerca de Islamabad, en una operación de las autoridades de ese país y estadounidenses. Pasó más de tres años en las prisiones secretas de la CIA antes de ser trasladado a Guantánamo en septiembre de 2006. Lleva veintitrés años y medio detenido, veinte de ellos en la base de Cuba, sin que haya comenzado el juicio por los atentados.

En la cárcel de Campo Delta

Ya no hay visitas, pero varios corresponsales pudimos recorrer la cárcel de Campo Delta, en esa base, y entrar brevemente en sus recintos de máxima seguridad. Dentro, la mirada se iba de las celdas al techo, donde había heces pegadas. Puertas de acero, un camastro, un inodoro y un lavabo metálicos, una ventana estrecha y opaca que dejaba pasar la luz, pero impedía mirar afuera. Los guardias a los que vimos llevaban los nombres tapados con cinta negra y pantallas transparentes ante la cara para protegerse de los orines y el semen que les arrojaban. Veintitrés horas de aislamiento y una de patio: esa era la medida de los días en el régimen que conocimos. Recuerdo también una sala con un televisor y, enfrente, un sillón con grilletes. La televisión era un premio por buena conducta.

Desde 2002 y los primeros 20 hombres, la presión creció hasta los 780 reos, incluidos algunos menores. El más conocido es ‘KSM’, quien llevó a Bin Laden la idea de usar aviones como armas

Khalid Sheikh Mohammed, ‘KSM’
Foto de AP, de 2003

La cárcel abrió el 11 de enero de 2002, cuatro meses después de los atentados, por decisión del entonces presidente George W. Bush, para encerrar e interrogar a los sospechosos capturados en la guerra contra Al Qaeda y los talibanes. Aquel primer día llegaron veinte hombres y pasarían en total unos 780, incluidos algunos menores. El recinto fue creciendo hasta tener siete campos numerados y los anexos de aislamiento. Hoy los quince presos restantes caben en un solo edificio, mucho más reducido. Junto a KSM permanecen los otros cuatro acusados del caso del 11-S (Walid bin Attash, Mustafa al-Hawsawi, Ammar al-Baluchi y Ramzi bin al-Shibh) y también Abd al-Rahim al-Nashiri, acusado de organizar el atentado contra el destructor USS Cole en 1999. Hay también seis hombres sin cargos, tres de ellos con traslado autorizado porque se los considera que ya no son una amenaza, ahora hace falta un país que los reciba.

Primera imagen: se observa a un prisionero ejercitarse en la cárcel de la base naval de Guantánamo (Cuba). Segunda imagen: Esta foto de archivo del 30 de marzo de 2010 muestra a guardias militares estadounidenses trasladando a un detenido al interior del Campamento VI en la base de Guantánamo. Tercera, de 2010: los pies de un detenido de Guantánamo encadenados y con grilletes mientras asiste a una clase de «habilidades para la vida» dentro del centro de detención de alta seguridad Camp 6, en la base naval estadounidense de la Bahía de Guantánamo..

(Efe/Afp/Reuters)

La base de Guantánamo, donde está la prisión, está en el sureste de Cuba, en una bahía que Estados Unidos domina desde 1903, cuando logró el arrendamiento para una base naval como parte de las condiciones impuestas a la independencia cubana tras la guerra que perdió España. La soberanía sigue siendo de Cuba, pero dentro manda Washington. Esa es la clave para que Bush enviara allí a los presos, a sabiendas de que habría condiciones de encarcelamiento muy duras. Lo cierto es que disponía de un recinto militar aislado, bajo su control total, pero fuera del territorio soberano estadounidense, donde sostenía que los presos extranjeros no podían recurrir a sus tribunales para impugnar el encierro. El Supremo rechazó esa pretensión en 2004. Pero la prisión siguió allí, dentro de una base cuya devolución a Cuba nunca formó parte de la orden de cierre de Obama. La dictadura castrista reclama la devolución del territorio; Estados Unidos se ampara en los acuerdos que mantienen su presencia mientras no decida abandonarlo o ambos países pacten otra cosa.

Torturas

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Según una investigación oficial del Senado estadounidense, en esta prisión se privó a detenidos del sueño, se los sometió a desnudez forzada y posturas dolorosas y se emplearon perros para intimidarlos. Se buscaba quebrar su resistencia, hacerles desfallecer para sacarles información. Parte de aquellas técnicas procedían de los manuales que preparaban a los soldados estadounidenses para soportar torturas si caían en manos del enemigo. Aquel informe concluyó que la autorización de métodos agresivos de interrogatorio por Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Bush, fue una causa directa de los abusos en Guantánamo.
Con aquellas sombras recientes, Obama decretó el cierre el 22 de enero de 2009, dos días después de llegar a la Casa Blanca. Dio en total un año de plazo. Pero vaciar la cárcel exigía resolver el problema del destino de los presos y, sobre todo, dónde juzgar a los acusados del 11-S. El entonces fiscal general, Eric Holder, anunció que llevaría a KSM y a los otros cuatro a un tribunal civil de Manhattan, cerca de donde habían caído las Torres Gemelas. El plan desató una batalla política y el Capitolio terminó bloqueando el traslado de detenidos a Estados Unidos para juzgarlos.

Primera imagen, de 2007: Un guardia patrulla la zona de máxima seguridad «Camp V» —parte del complejo Camp Delta en la base naval estadounidense de la Bahía de Guantánamo. Segunda: los presos, colgando algunas pertenencias. Tercera imagen, de 2017: se observa una puerta de salida por la que se entrega a los detenidos liberados a los países que han aceptado recibirlos. .

(Afp / Reuters)

En abril de 2011, el Gobierno dio marcha atrás y el caso volvió a las llamadas comisiones militares de Guantánamo. Trump revocó en 2018 la orden de cierre y, al regresar a la presidencia en 2025, añadió otra misión a la base: recibir a inmigrantes sin documentos pendientes de expulsión. El 25 de febrero de aquel año, su secretario de Defensa, Pete Hegseth, recorrió las instalaciones para supervisar la operación.
Hegseth había servido allí como teniente dos décadas antes. Volvía al frente del Pentágono; la cárcel que Obama había dado un año para cerrar seguía abierta, y en la base había nuevos detenidos, por otra guerra, contra la inmigración ilegal.
Las comisiones militares son los tribunales especiales con los que EE.UU. ha decidido juzgar a los extranjeros acusados de crímenes de guerra y terrorismo. Tienen jueces militares y un jurado formado por oficiales, con reglas propias que el Capitolio mismo aprobó en 2006 y reformó en 2009. Las vistas se celebran dentro de la base de Guantánamo, en salas preparadas para manejar información secreta, la mayoría de las veces cerradas a la prensa, aunque hay excepciones. Allí, el procedimiento contra los cinco acusados del 11-S volvió a arrancar en 2012 y lleva más de catorce años sin superar la fase preliminar. Se han sucedido los gobiernos, los jueces, los recursos, las disputas sobre qué pruebas pueden utilizarse después de las torturas de la CIA. Antes de juzgar lo que hicieron los acusados, el tribunal ha tenido que examinar lo que EE.UU. les hizo durante su cautiverio, lo que se ha convertido en el gran problema de todo este proceso.

El gran problema de todo el proceso

Antes de juzgar a los responsables de los atentados del 11-S, el tribunal ha examinado lo que EE.UU. les hizo durante su cautiverio

En julio de 2024 hubo una salida que parecía estar al alcance de la mano. KSM, Attash y al-Hawsawi aceptaron declararse culpables a cambio de que la fiscalía renunciara a pedir su ejecución, que es una posibilidad. El acuerdo permitía avanzar hacia las condenas sin someter toda la acusación a un juicio marcado por las torturas. Pero el 2 de agosto, apenas dos días después de anunciarse el acuerdo, el secretario de Defensa de Biden, Lloyd Austin, lo revocó, desautorizando a los fiscales, por las críticas a que no hubiera juicio. Comenzó entonces otra disputa, esta vez sobre si el Gobierno podía retirar lo que sus propios fiscales habían pactado. En julio de 2025, un tribunal federal de casación de Washington avaló la decisión de la Administración Biden por dos votos contra uno. La pena de muerte sigue sobre la mesa.

2002, el inicio de la cárcel: detenidos de Al-Qaeda y los talibanes, vestidos con monos naranjas.

(Afp)

Sin la confesión de KSM ante el FBI, la Fiscalía pretende reconstruir la trama con otras piezas, como por ejemplo el rastro de las transferencias de dinero, conversaciones entre detenidos grabadas en los patios de la prisión y una entrevista que KSM concedió a la cadena Al Jazeera en 2002, antes de ser capturado. Son pruebas con las que los fiscales esperan sostener la acusación, aunque su uso y su alcance todavía pueden disputarse ante el juez.
Mientras tanto, los acusados envejecen y algunos ya no están en condiciones de someterse el proceso. Ramzi bin al-Shibh, señalado como enlace entre una célula yihadista en Hamburgo y los dirigentes de Al Qaeda, fue declarado mentalmente incapaz de ser juzgado en 2023. Su caso quedó separado del de los otros cuatro: las acusaciones siguen pendientes, por si recupera la capacidad de colaborar en su defensa. Fue capturado el 11 de septiembre de 2002, justo un año después de los atentados. Cuando llegue la fecha prevista para el juicio de sus compañeros, llevará casi veintiséis años detenido y seguirá necesitando una decisión médica antes de poder sentarse acusado en el banquillo ante el tribunal.

Rescatan a un niño de 15 años que estuvo tres días a la deriva en una barca volcada tras perder a su hermano y a su primo

Un adolescente de 15 años fue rescatado tras pasar tres días sobre un bote volcado en el gélido mar de Bering, en Alaska, hasta que fue interceptado por un barco pesquero esta semana, informó la Guardia Costera estadounidense.El hermano del menor y un primo habían muerto en el naufragio, en el que la pequeña embarcación volcó, según los rescatistas. Sus cuerpos fueron hallados después que el adolescente fuera llevado a un lugar seguro cerca de la isla de St. Lawrence, una remota isla de Alaska que de hecho está más cerca de Rusia que de Estados Unidos.El capitán del barco pesquero The Northwest Explorer afirmó que el menor se había aferrado al esquife durante casi tres días. «Ese chico es muy duro», declaró Adam White a la cadena local KTUU-TV, en Anchorage (Alaska).Aviones y helicópteros de la Guardia Costera comenzaron a buscar el bote el lunes por la mañana, después de que los familiares denunciaran la desaparición de los tres jóvenes la noche anterior. Las autoridades no dieron a conocer los nombres de los tres implicados.Los chicos habían salido de la isla de St. Lawrence el viernes y planeaba regresar el domingo por la mañana, indicó la Guardia Costera. Este cuerpo señaló que una de sus tripulaciones aéreas avistó al adolescente el lunes por la mañana y desplegó una balsa y suministros antes de contactar con el pesquero The Northwest Explorer.El menor presentaba síntomas de hipotermia cuando subió al barco, informó la Guardia Costera. La tripulación del barco pesquero lo calentó con mantas y compresas calientes, contó su capitán. La tripulación del barco pesquero lo calentó con mantas y compresas calientes.

Las manos después del terremoto: la solidaridad que sostiene a Cali tras la tragedia

Dicen que los colombianos son trabajadores, que han aprendido a levantarse a lo largo de los años después de cada una de las dificultades que ha atravesado su país. Dicen también que son amables y solidarios. Quienes llegan de visita suelen terminar reconociendo esa sonrisa … gentil y una capacidad particular para seguir adelante, incluso cuando las circunstancias parecen empeñadas en decir lo contrario.
Colombia conoce bien las tragedias. En 1985, la erupción del volcán Nevado del Ruiz provocó una avalancha que arrasó Armero, en el departamento del Tolima, y dejó una de las imágenes más dolorosas de la historia reciente del país. A ello se suman décadas de violencia y conflicto armado que han obligado a millones de colombianos a reconstruir sus vidas después de perder familiares, hogares o territorios.

Sí, los colombianos saben lo que significa empezar de nuevo cuando parece que todo se ha ido. Pero también han aprendido algo más: a extender la mano cuando es otro quien lo ha perdido todo. Y estos días, en Cali, esas manos están por todas partes.

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Stephanía Montero

Unas levantan escombros. Otras cargan cajas con alimentos. Algunas sostienen una linterna durante toda la noche para que un bombero pueda continuar buscando. También están las que preparan una cama para una familia que ya no tiene dónde dormir.
Después del terremoto del 10 de agosto, mientras la ciudad intenta comprender la magnitud de lo ocurrido, una red espontánea de solidaridad se extiende entre edificios clausurados, centros de acopio, albergues y zonas de rescate.

Perderlo todo y seguir en pie

Laura mira con tristeza el edificio que hasta hace unos días era su casa.

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Permanece unos minutos frente a él, casi inmóvil, intentando comprender todo lo que ha ocurrido desde aquella mañana. El edificio Sottomonte, situado en una de las zonas más afectadas del sur de Cali, permanece clausurado debido a los graves daños que sufrió su estructura. Una cinta amarilla rodea ahora el perímetro y marca una frontera sencilla pero dolorosa: de este lado se puede estar; del otro, ya no.
El terremoto del 10 de agosto obligó a Laura a bajar rápidamente por las escaleras. Salió entre polvo, escombros y el desconcierto de quienes todavía intentaban comprender por qué se movía todo a su alrededor.
Como muchos caleños, aquella mañana se preparaba para comenzar una semana laboral cualquiera. No hubo tiempo para recoger documentos, ropa ni objetos personales. Mucho menos para pensar qué llevarse. Solo había que salir.

La sociedad civil colombiana se ha volcado en ayudar a los afectados por el terremoto.

(Felipe Delgado)

El trabajo de años quedó atrapado en el tercer piso del edificio. Sus pertenencias siguen allí, detrás de una cinta que ahora le impide acercarse a aquello que hasta hace unos días formaba parte de su cotidianidad. Pero después del terremoto su primera preocupación no fue la casa. Fue su madre.
Jimena vivía a unos dos kilómetros de distancia y Laura salió inmediatamente a buscarla. Las calles que encontró en el camino eran distintas a las que había recorrido cientos de veces. Había caos y una bruma provocada por el polvo de las edificaciones que habían colapsado. Personas llorando, otras intentando llamar por teléfono, vecinos preguntando por familiares y hasta mascotas desorientadas que cruzaban de un lado a otro las vías sin que nadie pudiera detenerlas. Cada calle parecía tener su propia emergencia.
Cuando finalmente llegó al condominio Pío XII, en el barrio El Lido, el panorama tampoco era alentador. Un cúmulo de escombros dominaba la escena. Laura comenzó a preguntar por su madre a quienes permanecían en los alrededores.
En ese momento importaba poco lo demás. Segundos después encontró a Jimena cerca de la portería. En medio de una ciudad que contaba edificios derrumbados y viviendas destruidas, aquel abrazo se convirtió para ellas en la única cifra verdaderamente importante: las dos estaban vivas.
Ahora ninguna tiene certeza de dónde vivirá. En ambos conjuntos residenciales la orden está dada: no podrán regresar, al menos en el corto plazo. Tendrán que pensar después qué ocurre con sus pertenencias, dónde instalarse y cómo comenzar de nuevo.
La incertidumbre pesa. Pero Laura lo resume de una forma mucho más sencilla: por ahora están juntas. Han perdido sus casas, pero siguen en pie.

Luz en la oscuridad

Cuando el sol desaparece después de jornadas que superan los 30 grados en Cali, comienza otro problema. La noche transforma los rescates.
En algunos sectores afectados por el terremoto los cortes eléctricos dificultan todavía más el trabajo de bomberos y rescatistas. Encontrar un camino seguro entre hierros, concreto y estructuras inestables ya es complicado durante el día. Hacerlo en la oscuridad puede convertir cada movimiento en un riesgo.
Y fue precisamente allí donde Lucio Vidal descubrió que aquello que había utilizado durante años para crear imágenes también podía servir para encontrar personas.
Dedicado al mundo audiovisual, Vidal ha pasado buena parte de su vida entre cámaras, flashes y equipos de iluminación. Ha cubierto eventos, fotografiado artistas y creado imágenes a través de sus lentes. Para él, como para cualquier profesional audiovisual, la luz siempre ha sido fundamental. Es además una de las herramientas en las que más ha invertido durante su carrera. Lo que jamás imaginó es que después del 10 de agosto esas luces terminarían apuntando hacia edificios destruidos.

Los equipos que antes iluminaban un escenario, un artista o una producción audiovisual ahora permiten distinguir una grieta, observar una estructura inestable o señalar el punto exacto donde debe retirarse un bloque de concreto

Ante los cortes eléctricos y la iluminación precaria de algunas zonas de rescate, Vidal y otros profesionales audiovisuales de Cali decidieron llevar sus equipos hasta los puntos afectados.
«Nuestra labor específica es apoyar en la iluminación. Nosotros llegamos con luces de cine, de producción, incluso con luces 100, que son las más básicas. Con todo eso alcanzábamos a rodear todo el perímetro, que era lo que nos pedían los bomberos», explicó Vidal a ABC.
Él insiste en algo: su trabajo no sustituye al de un rescatista. No pretende hacerlo.
Pero cuando cae la noche, una luz colocada en el lugar correcto permite que quienes sí están preparados para buscar supervivientes puedan continuar trabajando. Los equipos que antes iluminaban un escenario, un artista o una producción audiovisual ahora permiten distinguir una grieta, observar una estructura inestable o señalar el punto exacto donde debe retirarse un bloque de concreto.
Las jornadas comienzan alrededor de las cinco de la tarde. Pueden terminar a las seis de la mañana del día siguiente. El sol es quien los releva.
Vidal reconoce que lo más difícil no ha sido el cansancio. Tampoco cargar los equipos o pasar toda una noche despierto. Es el dolor que encuentra alrededor. Saber que mientras transcurren las horas todavía hay personas atrapadas produce una mezcla de impotencia y tristeza difícil de abandonar cuando termina el turno. Ya son más de 30 profesionales audiovisuales los que forman estas cuadrillas y apoyan las labores en más de cinco edificaciones colapsadas.
Cuando muchos se marchan a descansar y la oscuridad cubre las zonas de emergencia, ellos llegan. Encienden sus equipos. Y durante unas horas cambian los estudios y escenarios por montañas de escombros. Son, literalmente, quienes ponen luz en la oscuridad.

De pista deportiva a albergue

Pero no todas las transformaciones provocadas por una tragedia tienen que ver con destrucción. Hay lugares que cambian para convertirse en refugio.
Hasta hace pocos días, la Unidad Deportiva Jaime Aparicio estaba dedicada al deporte. Allí conviven algunas de las principales disciplinas practicadas en la ciudad: atletismo, natación, hockey, béisbol y voleibol, entre otras. Entrenadores, gestores y trabajadores administrativos llegaban cada mañana pensando en deportistas, competencias, escenarios y entrenamientos.
Hoy hablan de colchones, alimentos, cobijas y damnificados.
Parte de la Unidad Deportiva se ha transformado en uno de los albergues de la ciudad, con capacidad para recibir a más de 150 personas afectadas, además de servir como punto de apoyo para rescatistas y para la distribución de la ayuda humanitaria que continúa llegando a la capital del Valle del Cauca. También cambiaron las funciones de quienes trabajan allí.
Los entrenadores dejaron temporalmente sus rutinas deportivas. Los gestores aplazaron parte de sus labores habituales. Los administrativos cambiaron reuniones y planificación por jornadas para recibir, cargar, clasificar y distribuir ayudas.

El terremoto necesitó apenas unos minutos para cambiar la vida de miles de personas. Reconstruir lo que dejó a su paso necesitará meses y, posiblemente, años

Desde el lunes, los turnos prácticamente no se detienen. Llegan camiones con alimentos, agua, bebidas hidratantes, cobijas, sábanas y otros elementos. Cada vehículo obliga a poner nuevamente en marcha una cadena de personas: alguien descarga, otro clasifica, otro registra y alguien más determina hacia dónde debe enviarse cada producto.
Aquí las profesiones parecen quedar suspendidas por unas horas. Importa poco quién era entrenador, fotógrafo, funcionario o vecino antes del terremoto. Importa ayudar.
Y quizá sea esa una de las imágenes que mejor permiten comprender la Cali de estos días. Una ciudad herida, con edificios que ya no pueden habitarse y familias que todavía intentan entender qué harán mañana, pero también una ciudad en la que cada persona parece buscar aquello que sabe hacer para ponerlo al servicio de los demás.
Laura no sabe cuándo podrá regresar a casa. Lucio no sabe cuántas noches más tendrá que cambiar los escenarios por zonas de rescate.
En la Unidad Deportiva tampoco saben durante cuánto tiempo las canchas tendrán que convivir con colchones, cajas y familias damnificadas. Nadie tiene todavía todas las respuestas.
El terremoto necesitó apenas unos minutos para cambiar la vida de miles de personas. Reconstruir lo que dejó a su paso necesitará meses y, posiblemente, años. Habrá edificios que no volverán a levantarse de la misma manera y familias que tendrán que comenzar desde cero.
Pero entre las grietas también ha aparecido otra cosa. Las manos.
Las de quien abraza a su madre después de pensar durante minutos que podía haberla perdido. Las de quien presta las herramientas con las que se gana la vida para que otros puedan seguir buscando supervivientes. Las de quien cambia una cancha por un albergue y un entrenamiento por una jornada descargando alimentos.
Dicen que los colombianos saben levantarse. En Cali, por estos días, quizá la explicación sea más sencilla: cuando uno cae, siempre aparece alguien dispuesto a tenderle la mano.

El vuelo secreto de Trump revela quién manda de verdad a su alrededor

En secreto, fuera de las cámaras y sin que buena parte de su propio Gobierno supiera lo que estaba ocurriendo, un vehículo de ‘catering’ sacó la tarde del 8 de julio a Donald Trump del Air Force One en una pista del aeropuerto … de Ankara. Pero el presidente no iba solo. Con él viajaban Natalie Harp, Dan Scavino y Walt Nauta. Ninguno pertenece al Gabinete. Son su asistente ejecutiva, su subjefe de gabinete y el director de Operaciones del Despacho Oval. Cuando llegó el momento de decidir quién debía permanecer junto al presidente, fueron ellos.
La operación de evacuación, organizada en respuesta a una amenaza iraní considerada creíble, dejó al descubierto algo más que una sofisticada maniobra de seguridad. También reveló quiénes forman, en realidad, el círculo más próximo al presidente de Estados Unidos cuando desaparecen las cámaras, se apagan los focos y el protocolo deja de importar.

Cuando el Servicio Secreto decidió que Trump no podía abandonar Ankara a bordo del Air Force One por el riesgo de un posible atentado, el presidente fue trasladado clandestinamente en un vehículo de catering hasta un C-32A de la Fuerza Aérea. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, embarcó de forma visible por la escalerilla exterior, reforzando la impresión de que él era la principal autoridad que viajaba en ese aparato, mientras altos cargos, parte del personal y la prensa permanecían en el Air Force One creyendo que Trump seguía a bordo.

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DESDE LA CASA BLANCA

David Alandete

Marco Rubio, secretario de Estado, no quedó integrado en ese núcleo inmediato. Scott Bessent, secretario del Tesoro, tampoco. Stephen Miller, otro subjefe de gabinete y uno de los hombres con mayor influencia política e ideológica de la Administración, permaneció igualmente fuera de ese reducido grupo. Habían acompañado a Trump a la cumbre de la OTAN, pero cuando el dispositivo de seguridad se dividió, el presidente quedó rodeado no por los ministros de mayor rango, sino por quienes llevaban años formando parte de su entorno más personal, desde la primera Casa Blanca hasta el largo paréntesis de Mar-a-Lago tras la derrota electoral de 2020.
La escena ayuda a entender cómo funciona el universo del segundo mandato de Trump y las bambalinas de la Casa Blanca. Existe un Gobierno formal, con secretarios, asesores de Seguridad Nacional y Comercio, funcionarios y departamentos que posan para las fotografías oficiales y participan en las largas reuniones del gabinete. Y existe, superpuesto a ese aparato, un séquito construido durante más de una década que sobrevivió a elecciones, derrotas, investigaciones judiciales, dos procesos de ‘impeachment’ y los cuatro años en los que Trump permaneció fuera del poder.

Los tres elegidos por Trump : Harp, Nauta y Scavino.

El poder de la impresora

Natalie Harp, de 35 años, es una presencia constante en esta nueva Casa Blanca y en los desplazamientos presidenciales, incluido aquel vuelo clandestino. Viaja habitualmente con Trump, sube con él al Marine One y forma parte del reducido grupo con acceso a sus cuentas en redes sociales, desde las que puede publicar mensajes en su nombre. Rubia, casi siempre subida a unos altos tacones y cargando grandes bolsos, en Washington se la conoce como la «impresora humana» porque lleva consigo copias en papel de noticias, mensajes, publicaciones y correos seleccionados para el presidente, especialmente noticias favorables, mensajes de apoyo y publicaciones de redes sociales.

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Harp apareció en la órbita de Trump en 2019. Enferma de cáncer óseo, pronunció un discurso muy emotivo durante un acto de la Coalición Fe y Libertad en el que aseguró que una ley federal impulsada por el presidente le había permitido acceder a un tratamiento experimental que, según su relato, le salvó la vida. Aquella intervención impresionó a Trump, que la incorporó al consejo asesor de su campaña de reelección y le dio un papel destacado en la Convención Nacional Republicana de 2020.

Harp hablaba ya entonces de Trump con la fe de una conversa y la gratitud de quien estaba convencida de deberle la vida. Le agradeció haber cumplido, según ella, todas sus promesas y presentó al presidente como el hombre que había rescatado a una «América olvidada» abandonada al borde del camino. «Así como usted luchó por nosotros, nosotros vamos a luchar por usted», le prometió entre aplausos. La promesa se mantuvo. Permaneció junto a él durante los años más difíciles, cuando muchos dirigentes republicanos se alejaban y Trump parecía un apestado incluso dentro de su propio partido.
Según relató el periodista Michael Wolff en su libro ‘Todo o nada’, Harp llegó incluso a dormir en el gimnasio de la mansión de Mar-a-Lago para estar disponible desde primera hora de la mañana. Aquella dedicación absoluta terminó consolidando su posición dentro del reducido círculo de confianza del presidente. Tras la victoria electoral de 2024 fue una de las primeras personas en instalarse de nuevo en el Ala Oeste.
En una Casa Blanca donde Trump consume enormes cantidades de información en papel y reacciona constantemente a cuanto publican los medios y las redes sociales, esa tarea aparentemente administrativa proporciona algo mucho más valioso: acceso. Harp controla parte del flujo de documentos que llega al presidente y puede entrar y salir del Despacho Oval con una libertad reservada a muy pocos. En el universo de Trump, donde la confianza personal pesa tanto o más que el cargo, esa cercanía vale más que muchos ministerios.

La operación ha abierto un frente político en el Congreso. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, exigió una explicación inmediata de la Casa Blanca y denunció que los legisladores fueran dejados «en la oscuridad»

La guardia pretoriana de poder

Dan Scavino, el otro asesor que acompañó al presidente en ese vuelo de Ankara a Reino Unido, representa la relación más larga y sólida de Trump con cualquiera de sus actuales colaboradores. Hoy es subjefe de gabinete de la Casa Blanca, pero su historia junto al presidente comenzó mucho antes de la política, en el campo de golf. Primero fue cadi para el hoy presidente, después trabajó en uno de sus campos de golf como gerente y para la Organización Trump y ya más tarde se convirtió en uno de los arquitectos de su comunicación digital durante la campaña de 2016.
Desde entonces ha sobrevivido a todos los cambios de gabinete, derrotas electorales e investigaciones judiciales. Mientras decenas de altos cargos abandonaban el entorno de Trump tras el asalto al Capitolio, Scavino permaneció a su lado en Mar-a-Lago. Su influencia rara vez se ejerce delante de las cámaras. Prefiere el segundo plano, pero es una de las pocas personas que pueden hablar con el presidente prácticamente a cualquier hora del día.
Walt Nauta completa ese triángulo de confianza. Veterano de la Armada estadounidense, comenzó como asistente personal de Trump durante su primer mandato y permaneció a su lado cuando abandonó la Casa Blanca en 2021. Su cercanía al expresidente lo convirtió después en una figura central de la investigación sobre los documentos clasificados de Mar-a-Lago. Los fiscales lo acusaron de ayudar presuntamente a mover y ocultar cajas con documentos y de mentir al FBI, cargos que siempre negó. Llegó a declarar ante un gran jurado federal, pero el caso quedó sin recorrido tras el regreso de Trump al poder. Hoy dirige las Operaciones del Despacho Oval, un puesto de carácter logístico que lo mantiene entre las personas con acceso más directo y cotidiano al presidente.

La falta de control legislativo

La operación ha abierto un frente político en el Congreso. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, exigió una explicación inmediata de la Casa Blanca y denunció que los legisladores fueran dejados «en la oscuridad» sobre una amenaza de asesinato contra el presidente y una maniobra de esa magnitud. También Mark Warner, principal demócrata del Comité de Inteligencia del Senado aseguró no haber sido informado.
A las críticas se sumó el senador Richard Blumenthal, de Connecticut, que calificó el episodio de «francamente inquietante» y reclamó saber qué medidas se adoptaron para proteger a los periodistas, militares y funcionarios que continuaron volando en el Air Force One utilizado como señuelo. «Quiero saber qué precauciones se tomaron para mantener a salvo a todas las personas que iban en ese avión», afirmó.
La prensa, por su parte, asumió que la prioridad del Servicio Secreto es siempre proteger al presidente, incluso cuando eso obliga a limitar la información en tiempo real y ser empleada hasta de cebo. Pero la presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Jacqui Heinrich, dijo haber trasladado a altos cargos de la Administración su preocupación por la seguridad de los periodistas, la capacidad del pool para mantener un registro independiente de los movimientos presidenciales y el riesgo de que los reporteros acaben transmitiendo, sin saberlo, información incorrecta.
Heinrich pidió además a la Casa Blanca un protocolo para futuras situaciones de este tipo que permita corregir el registro una vez desaparezca la amenaza y preservar así la credibilidad del sistema de cobertura presidencial.

Bill Gates, cofundador de Microsoft, sobre los robots que sustituyan trabajadores: «Si hacen lo mismo, se les debería cobrar impuestos»

El cofundador de Microsoft, Bill Gates, defendió en 2017, vaticinando el imparable avance de la inteligencia artificial, que en el futuro se debería gravar fiscalmente a las máquinas y sistemas que sustituyan a trabajadores humanos como fórmula para afrontar el impacto de la automatización sobre el empleo y evitar una caída de los ingresos públicos. Gates lo dijo en una entrevista durante el Foro Económico Mundial de hace ya 9 años. Según planteó el empresario, si una máquina realiza el mismo trabajo que una persona, debería contribuir de forma similar al sistema tributario. «Si un robot viene a hacer lo mismo que tú, lo correcto es cobrarle impuestos», señaló Gates.La propuesta, defendió Gates, parte de la necesidad de compensar la pérdida de ingresos vinculados al empleo a medida que las empresas incorporan robots y sistemas automatizados. El cofundador de Microsoft planteaba que los recursos obtenidos puedan destinarse a financiar la formación de trabajadores, crear nuevas oportunidades laborales y, al mismo tiempo, reforzar sectores en los que la intervención humana siga siendo necesaria.El debate cobra especial relevancia en la actualidad dado el avance constante de la inteligencia artificial, que hace que la medida propuesta por Gates prácticamente sea una cuestión actual. Las empresas han ampliado la automatización más allá de las fábricas y la IA permite ya realizar tareas administrativas, redactar documentos, analizar información o atender consultas.Los ingenieros planteaban gravar los beneficios de las empresas, no a los robotsLa propuesta, sin embargo, también recibió en ese momento críticas de la industria. La Federación Internacional de Robótica rechazaba un impuesto directo sobre los robots y planteaba como alternativa una mayor tributación de los beneficios empresariales derivados de la automatización.Los detractores de la medida advirtieron que gravar directamente las máquinas podría desincentivar la inversión en la industria tecnológica, ralentizar la innovación y perjudicar la competitividad de las empresas. Además, el desarrollo de la inteligencia artificial dificulta, defendieron, determinar qué sistemas sustituyen directamente a trabajadores y cuál es su aportación económica.La idea de Gates ha vuelto a cobrar fuerza ante el avance de la IA y cuenta con propuestas similares de otras figuras tecnológicas en la actualidad. El consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, planteo el 10 de junio una tasa vinculada a la inteligencia artificial para financiar un fondo destinado a los trabajadores, mientras que el empresario y político Andrew Yang ha defendido una mayor carga fiscal sobre la automatización y la IA.