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¿Cómo educar a las siguientes generaciones de las familias empresarias?

Un gran reto para cualquier familia empresaria, es cómo formar a las siguientes generaciones, para que todos se mantengan unidos y comprometidos con sus empresas, de manera que se pueda garantizar que ese patrimonio que se creó con tanto esfuerzo no desaparezca fácilmente.

Publicado: junio 26, 2021, 10:07 am

Por Gonzalo Gómez Betancourt

Hace algunos días fui invitado al IADEF, Instituto Argentino de la Empresa Familiar, a dar unas reflexiones sobre cómo educar a las siguientes generaciones de las familias empresarias, debido a un artículo que escribí hace un tiempo en esta misma revista llamado “S.O.S. para reforzar el concepto de la propiedad privada en las siguientes generaciones”, quedé sorprendido que el documento fue compartido en varias partes de Hispanoamérica, debido a que el sentimiento de frustración está vigente en muchos países del mundo. Cada vez asistimos a una generación que ha sido educada, incluso en universidades privadas, sobre el concepto de la inconveniencia de la existencia de la propiedad privada. He querido ahora con estas líneas trasmitir lo que he aprendido sobre este tema, y empiezo por decir que la única forma de educar a las siguientes generaciones es siendo protagonistas de su desarrollo y no abdicándola a unas instituciones que son de apoyo, es decir colegios y universidades. Para ello es necesario comprender qué cosas son del ámbito de la familia y cuáles son de las instituciones. Cuando se trata de hacer un plan de educación, debemos iniciar por entender que los miembros de las siguientes generaciones van a tener formas de desarrollo diferentes, así: a) Algunos desearán seguir el camino de la administración de las empresas, b) otros desearán ser directivos de las empresas, c) otros podrán llegar a ser miembros de la junta directiva pero finalmente, d) todos seguirán siendo propietarios y e) miembros de familia.

Para poder comprender que se les debe enseñar sigamos la misma lógica, en el punto “a” unos pocos están llamados a ser administradores; es decir, tendrán que tener conocimientos técnicos para estas tareas. Por ejemplo, ser ingenieros industriales, lo que los podría convertir en jefes de planta, una vez cumplida la experiencia mínima, o podrán estudiar finanzas, con lo que podrán llegar a ser jefes de presupuestos, etc. Entonces sin pensarlo mucho, para llegar a un cargo de responsabilidad administrativa pues es simple, debe conocer la técnica y además haber tenido una experiencia mínima comprobada. Como es lógico la familia debe estar observando, qué es lo que están aprendiendo en la universidad y si ven que algo no esté bien, corregir inmediatamente, ya sea de manera privada o con refuerzos de otro tipo de instituciones. Para el punto “b” llegar a ser un directivo, es claro que la tarea pasa de lo técnico a algo más difícil, que es saber trabajar con equipos de personas, este tipo de competencias son adquiridas con el tiempo y con la experiencia. Sin embargo, existen algunas instituciones educativas donde es posible mejorar esas competencias, al enfrentarse con ellas como en un simulador, con el método del caso por ejemplo, entonces tiene mucho sentido hacer un MBA. Es decir que, para ser un buen directivo, es necesario ser un líder consciente, tema que se puede formar. En este punto, aún es más necesario hacer seguimiento, mi sugerencia es tener un coach directivo, que le hace “mentoring” a la persona, de manera que va corrigiendo el curso de acción cuando ve comportamientos inadecuados en la empresa y fuera de ella, ser un buen directivo casi siempre se basa en ser una buena persona, por lo tanto, es el ejercicio de las virtudes directivas lo que debe primar, y para ello es necesario de mucho apoyo al interior del grupo empresarial. Para el punto “c”, los que quieran llegar a ser miembros de la junta directiva, tendrán un camino más largo o difícil, porque se debe haber demostrado realmente que puede estar en el órgano más importante de la empresa, por lo tanto, debe ser una persona de éxito empresarial comprobado y contar con las mayores habilidades directivas y técnicas.

Igualmente, la familia debe facilitar el aprendizaje para ser miembro de junta directiva, se puede hacer mediante la observación de aquellos que han tenido la experiencia, también formación en gobierno corporativo, pero es imprescindible la comprobación del éxito de su gestión en otras empresas o en la propia, esta tarea es individual. Para el punto “d”, ser propietario de empresa implica también conocimientos técnicos desde aspectos de gobierno corporativo, legales, tributarios, responsabilidad social, de la propiedad privada, finanzas y control, manejo de portafolios, de riesgo, específicos para cumplir bien su función. Las asambleas de accionistas son el lugar para ejecutar su tarea, y deben tener la experiencia de haber participado en ellas y contar con un mentor para explicar los aspectos relevantes de la propiedad. Finalmente, para el punto “e” ser un buen miembro de familia también se deben tener conocimientos técnicos, que hoy en día se pueden aprender, desde cómo ser una familia altamente eficiente, el perdón, el castigo, la reparación, la comunicación, etc.

Todo lo anterior, son temas principalmente técnicos, que podemos delegar en universidades, escuelas de negocios, escuelas de propietarios, sin abdicar, pues es necesario estar corrigiendo. Pero hay algo que no podemos delegar que es la “Educación de la Voluntad”. Esto quiere decir que las personas pueden tener el conocimiento y no querer aplicarlo o usarlo en beneficio de la familia. Pero ¿se puede educar la voluntad?, la respuesta es que sí, por supuesto, es más fácil cuando las personas van creciendo que cuando ya están mayores. Existen los momentos de verdad cuando un padre y una madre deben estar presentes, para trasmitir aquellos valores y virtudes necesarias en un ser humano, para ser una buena persona, y con esto tener la voluntad de actuar hacia el bien común de una familia o de una sociedad. Hace unos días estuvimos con una familia empresaria en la que establecimos los valores fundamentales, y llegamos al acróstico de HELISA: Honestidad, Excelencia, Laboriosidad, Iniciativa, Sencillez, y Austeridad. Logramos establecer que esos eran los valores fundamentales que los habían hecho ser grandes empresarios, y la pregunta posterior fue ¿cómo hacemos para preservarlos?, ¿cómo hacemos para educar a los hijos en esos valores?, la respuesta fue unánime, toca trabajar unidos y hacerlos virtuosos a todos. Es decir, para que los hijos sean honestos, se debe trabajar entre todos para que logremos que lo sean, y si algún miembro de la familia ve que otro está actuando mal, debemos corregirlo inmediatamente. A cada valor se le colocaron mecanismos de respuesta y planes de acción, y se le permitió de una manera coordinada, que los abuelos y tíos pudieran corregir a los sobrinos en el momento de la verdad. Es así como se llega a ser una única familia, aunque pertenezca a otros núcleos familiares.

Ph.D. – CEO Legacy and Management Consulting Group.

 

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