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TECNOLOGÍA

Fitbit Air es la pulsera de Google para quienes quieren datos, pero no otra pantalla más en su vida

Durante años, los wearables han seguido una dirección bastante previsible: más pantalla, más brillo, más aplicaciones, más notificaciones y más funciones heredadas del móvil. Cada nuevo reloj inteligente parecía obligado a hacer un poco más que el anterior. Medir mejor, sí, pero también permitir contestar mensajes, mirar llamadas, consultar mapas, pagar, abrir apps, recibir alertas y convertir la muñeca en otra pequeña bandeja de entrada.La nueva Google Fitbit Air va justo en sentido contrario. No tiene pantalla, no pretende sustituir al móvil y tampoco busca competir con un smartwatch lleno de funciones. Su propuesta es bastante más simple, pero también más interesante de lo que parece: registrar datos de salud, descanso y actividad física sin reclamar atención constantemente.Sobre el papel, es una pulsera mínima, ligera y pensada para llevarse todo el día. Google la vende en España por 99,99 euros, con tres meses de prueba de Google Health Premium, y promete seguimiento cómodo las 24 horas, sensores avanzados y hasta una semana de batería. También la conecta con el nuevo Google Health entrenador, diseñado con Gemini y disponible a partir del 26 de mayo.La duda en cuestión, por tanto, no es solo qué mide. La pregunta interesante es otra: ¿tiene sentido lanzar en 2026 una pulsera sin pantalla? Y la respuesta quizá sea que sí. Precisamente ahora.Los wearables ya son masivosFitbit Air no llega a un mercado vacío. Los dispositivos ‘ponibles’ forman parte de la rutina diaria de millones de personas. IDC calcula que en 2025 se enviaron 611,5 millones de wearables en todo el mundo, un 9,1 % más que el año anterior. Es decir, no hablamos de una categoría de nicho, sino de un mercado enorme y todavía en crecimiento.En España, el dato también es significativo. Según el INE, el 37,4% de la población de 16 a 74 años utiliza “reloj inteligente, pulsera de fitness, etc.” por diferentes motivos. El mismo bloque estadístico sitúa en el 11,6 % el uso de dispositivos conectados para la salud, como controlar presión arterial, nivel de azúcar en sangre o peso.Esto deja una lectura clara: hay una base de usuarios acostumbrada a llevar tecnología en la muñeca, pero no necesariamente todos buscan lo mismo. Algunos quieren un reloj casi completo. Otros solo quieren métricas. Y otros, quizá cada vez más, quieren datos sin tener que mirar otra pantalla. Ahí es donde Fitbit Air puede encontrar su hueco.No inventa el wearable invisible, pero lo lleva a una zona más popularConviene no comprar el relato de la novedad absoluta. La idea de un dispositivo discreto, sin pantalla y centrado en salud, sueño y recuperación no nace con Fitbit Air. Los anillos inteligentes llevan tiempo trabajando justo esa filosofía: desaparecer del día a día, medir en segundo plano y dejar la interpretación para después.De hecho, el mercado de los smart rings está creciendo con fuerza, aunque todavía parte de cifras mucho más pequeñas. Omdia estima que los envíos globales de anillos inteligentes superaron las 850.000 unidades en 2023, subieron a 1,8 millones en 2024 y podrían situarse ligeramente por encima de los 4 millones en 2025.La diferencia es que Google no propone un anillo. Propone volver a la muñeca, pero quitando casi todo lo que ha convertido a muchos wearables en una extensión del teléfono. Fitbit Air no es un reloj recortado, o al menos no debería entenderse así. Es más bien una pulsera que adopta parte del atractivo de los smart rings —discreción, seguimiento continuo, ausencia de pantalla— y lo lleva a un formato más reconocible, más barato y probablemente menos exigente para el usuario medio.Entrenar sin que te persigan las notificacionesAquí está, para mí, una de las ideas más potentes del producto. Fitbit Air no solo mide: también te deja en paz. Si estás harto de que tu jefe, tu pareja, tu madre o el grupo de WhatsApp del colegio te saquen de la concentración mientras entrenas, una pulsera sin pantalla empieza a tener bastante sentido. No sirve para contestar mensajes, no muestra llamadas, no invita a revisar alertas y no convierte cada vibración en una interrupción pendiente de interpretar. Y eso, que podría parecer una carencia, puede ser su mayor virtud.Hay gente que no quiere estar pendiente de una pantalla mientras hace ejercicio. No quiere mirar el ritmo cada veinte segundos. No quiere saber si ha llegado un correo. No quiere leer una notificación mientras está corriendo, haciendo fuerza, caminando o intentando desconectar un rato mientras baila. Yo soy esa gente. Y me seduce la idea de que el dispositivo registre lo que tenga que registrar y que, después, en casa o al final del día, pueda ver cómo estoy evolucionando.En ese sentido, Fitbit Air recupera algo del espíritu de las clásicas bandas de pecho de los corredores: medir durante el esfuerzo, desaparecer mientras entrenas y dejar los datos para cuando toca analizarlos. Técnicamente no es lo mismo, y habrá que ver hasta qué punto sus sensores están a la altura en entrenamientos intensos, pero la lógica de uso se parece más a eso que a la de un smartwatch lleno de estímulos.La idea encaja especialmente bien si miramos cómo se practica deporte en España. Según la Encuesta de Hábitos Deportivos 2024/25 del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y el CSD, el 62,7 % de la población española practicó deporte durante el último año, ya fuera de forma periódica u ocasional. Entre quienes lo hacen, el 25,5 % practica a diario y el 53,9 %, al menos una vez por semana.Pero no todo es running competitivo de alto rendimiento ni entrenamiento obsesivo por zonas. Muchas personas van al gimnasio, hacen fuerza, caminan, practican pilates, salen en bici o simplemente intentan moverse más, y para ellas la pantalla no siempre aporta. A veces incluso estorba. Lo importante no es recibir información constante en mitad de la actividad, sino tener una lectura útil después: si se ha dormido mejor, si se está recuperando peor, si conviene bajar el ritmo o si la tendencia general va en la dirección adecuada.Controlar el sueño sin molestarte al dormirEl otro gran argumento de Fitbit Air no está en el gimnasio, sino en la cama. Una pulsera sin pantalla, pequeña y ligera tiene mucho sentido si la idea es llevarla también mientras dormimos. Google habla de seguimiento del descanso, fases del sueño, frecuencia cardiaca, oxígeno en sangre y recomendaciones a través de Google Health.Y aquí los datos vuelven a acompañar. La Sociedad Española de Neurología señaló en marzo de 2026 que el 56 % de la población adulta española no duerme el número de horas recomendadas y que más del 50 % no tiene un sueño reparador.Esto explica por qué tantos wearables han desplazado parte de su discurso desde el deporte hacia el descanso. Ya no se trata solo de contar pasos o registrar entrenamientos, cada vez interesa más saber si dormimos suficiente, si recuperamos bien, si el estrés se acumula o si el cuerpo está pidiendo bajar el ritmo.De la misma manera que creo que aquí encaja bien un anillo por su tamaño (dormir con un smartwatch grande no siempre es cómodo o no lo es para todo el mundo), pienso que puede ser una razón para valorar su compra. Otra cosa será que los datos sean precisos y que las recomendaciones sean útiles, pero la premisa encaja.El verdadero producto no es solo la pulsera: es Google HealthFitbit Air cuesta 99,99 euros, pero su promesa más ambiciosa vive dentro de Google Health Premium, que en España aparece desde 8,99 euros. Google lo presenta como una suscripción con asesoramiento sobre actividad física, sueño y salud, con un entrenador personal diseñado con Gemini.Ese detalle es clave. Fitbit Air puede parecer poca cosa si se mira solo como hardware: una pulsera sin pantalla, con sensores y batería de una semana. Lo que puede convertirla en algo más interesante es el software. Es decir, que Google Health no solo enseñe gráficos, sino que detecte tendencias, haga recomendaciones sensatas, adapte planes de entrenamiento y ayude a entender el descanso de una forma que no suene a plantilla genérica.Si el Coach de Google Health funciona bien, Fitbit Air puede convertirse en una puerta de entrada barata al seguimiento personal basado en IA. Si se queda en consejos obvios, el producto corre el riesgo de parecer una pulsera básica con una narrativa muy bien empaquetada.

¿Por qué las empresas siguen sin confiar en la IA?

Hay una gran contradicción con la inteligencia artificial, a pesar del entusiasmo de las grandes empresas, todavía hay muchas que siguen sin aplicarla en decisiones críticas. La usan, como lo hacemos todos, para resumir reuniones, redactar correos y depurar código, es decir, como herramienta … de productividad: no para estrategia de negocio, como podría ser conceder créditos, decidir tratamientos médicos o aprobar contratos. Ese es el fallo que Matt Calkins, fundador y CEO de Appian, lleva años identificando en la IA, y en la decimoquinta edición de Appian World, celebrada recientemente, volvió a llamar la atención al respecto.
Calkins abrió la sesión inaugural proyectando una diapositiva que ponía de manifiesto los problemas que están sufriendo las empresas incorporando la inteligencia artificial. Para ello, aprovechó los datos de tres de las consultoras más respetadas del mundo. Empezó por PwC, que concluye que un 56% de las inversiones en IA no han producido ningún retorno financiero. McKinsey eleva la cifra al 61% cuando se mide el impacto económico real. BCG la deja en el 60% para el valor material. Y un dato todavía más demoledor: un estudio de Harvard Business Review añade que sólo el 18% de las grandes organizaciones ha conseguido integrar la IA en sus procesos, aunque el 71% lo está intentando.

El ejecutivo apunta que la base de clientes de Appian que ya está utilizando IA en producción ha crecido un 139% en el último año, y el uso de IA dentro de la plataforma se ha multiplicado por catorce. Es decir, dos terceras partes de las mayores farmacéuticas del mundo, las quince agencias del gobierno federal estadounidense, los mayores bancos del planeta, excluyendo los chinos, se mueven en dirección contraria.

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El problema para el ejecutivo no es que la IA no funcione. Es que no se le confían las tareas que generan valor. La pregunta entonces es por qué, y la respuesta de Calkins es clara, falta de fiabilidad. «La IA es probabilística», explicó. «Si le preguntas dos veces seguidas cuánto es uno más uno, puede darte respuestas distintas. Eso no es un defecto, es la naturaleza de la tecnología. Pero significa que no puedes ponerla a tomar decisiones de negocio sin un control».

IA de la Costa Este

Calkins ha empezado a llamar a su enfoque -medio en broma, medio en serio- IA de la Costa Este de Estados Unidos. Mientras que la cultura de Silicon Valley desde hace dos décadas es producir rápido y arreglar por el camino, Appian tiene como sus mayores clientes gobiernos, farmacéuticas, aseguradoras y bancos. En esos sectores, los errores no son una posibilidad. «Esto no va de elegir el mejor modelo de inteligencia artificial», dijo el ejecutivo. «Va de darle al modelo la estructura, los datos, las restricciones y los compañeros de equipo que necesita para hacer su trabajo de forma fiable».
Lo que Appian propone es meter a la IA en una «caja» con reglas estrictas, y un humano siempre «al volante». Como prueba de concepto, Appian presentó DocCenter, su herramienta de procesamiento inteligente de documentos. La media de la industria en este tipo de soluciones ronda el 60% de precisión. Appian asegura estar consiguiendo un 99%, incluso sobre tipos de documento con los que el modelo no ha sido entrenado.
Pero donde realmente se necesita fiabilidad la empresa es en el desarrollo de software. Las aplicaciones de una organización se ordenan según el grado de fiabilidad que requieren, medido en nueves. Una aplicación con 90% de fiabilidad tiene un nueve, porque podría fallar una de cada diez veces. Con 99%, dos. Con 99,99%, cuatro. Por ejemplo, la NASA, cuando manda astronautas al espacio, opera con cinco o seis nueves de fiabilidad. Las compañías de seguros que deciden si conceden o no una póliza, con cuatro. Los sistemas regulatorios, igual. Los procesos que aprueban un crédito hipotecario, también.
«El llamado ‘vibe coding’ crea aplicaciones de un nueve, donde un fallo no tiene consecuencias fatales. Pero es algo que la NASA no se puede permitir, por ejemplo, en la misión Artemis», dijo Calkins.
La nueva versión de Composer, presentada es la apuesta de Appian para llevar el desarrollo en lenguaje natural con una fiabilidad de varios nueves. Cuando le das a Composer una especificación, no escribe código directamente para que tú lo revises, lo edites y lo valides antes de que nada se ejecute. El resultado son objetos sobre la propia plataforma de Appian, que heredan todo lo que la plataforma trae de serie como la orquestación, el data fabric o la escalabilidad.
Para desarrollar con Composer, el usuario debe ser experto en el dominio del problema, no necesariamente desarrollador, pero sí alguien capaz de leer una especificación detallada y reconocer si es correcta. «Si no eres lo bastante experto para validar lo que Composer te propone», dijo Calkins, «entonces lo que has hecho es vibe coding, y tu aplicación no puede tener más nueves de los que tú tienes».
Teniendo en cuenta que tres cuartas partes de las aplicaciones empresariales del mundo tienen más de veinte años y están escritas sobre tecnologías obsoletas y, sobre todo, suponen un agujero de seguridad que las nuevas IA saben explotar, Composer puede ayudar a modernizarlas. «La seguridad de cualquier organización», advirtió Calkins, «es tan fuerte como su aplicación más débil. Y hoy esa aplicación más débil tiene veinte años, está mal mantenida y nadie en la plantilla recuerda exactamente cómo funciona».
La otra gran novedad del congreso fue el anuncio de alianza con Snowflake, que integra el data fabric de Appian con Snowflake Cortex AI a través del Model Context Protocol. Es la respuesta de Appian a una conversación que, como nos explicó Mike Beckley, CTO y cofundador de la compañía, en una entrevista, ha cambiado radicalmente en los últimos doce meses.
«Hace un año todo el mundo hablaba de ‘prompt engineering’. Hace seis meses, de ‘context engineering’. Ahora la conversación es sobre ‘harness engineering’ y ‘environment engineering’. Es decir, ya no se trata sólo de cómo hablamos a la IA o qué datos le damos, se trata de cómo limitamos lo que la IA puede hacer, qué reglas le imponemos, cómo nos aseguramos de que cuando hace algo no borre el negocio entero», dice Beckley.
La apuesta de Appian con Snowflake apunta precisamente a esa dirección. El ‘data fabric’, su capa de unificación de datos empresariales, se conecta directamente con los servicios de IA de Snowflake. Así, los agentes pueden razonar sobre los datos sin sacarlos del entorno gobernado del cliente.

¿Quién sustituye a quién?

La parte más interesante de Appian World no fue sólo la sesión inaugural, sino el caso expuesto por Ann Fury, vicepresidenta de Pfizer, responsable del proceso global de gestión de reuniones, contratos y compromisos con profesionales sanitarios.
Pfizer migró a Appian en 2017, en 143 países, con más de 75.000 empleados, los contratos que tardaban entre seis y ocho semanas en firmarse, ya se realizan en menos de 24 horas. Pero ahora, con IA y automatización integradas, han recortado el número de clics necesarios para procesar una transacción de 160 a 50. Han eliminado un 25% de los campos obligatorios. La carga masiva de asistentes ahorra un 35% del tiempo. Replicar una transacción anterior con un solo clic ahorra entre tres y seis horas. Y la extracción automática de datos por IA -desde correos, agendas y presentaciones de PowerPoint- ahorra entre una y tres horas adicionales por transacción. En el resultado neto han pasado de cinco días y medio a medio día para iniciar una transacción, y de dieciséis días a menos de dos para aprobarla.
El dato más demoledor en cuanto a productividad llegó al final: «En el tiempo que un usuario experto necesitaba para crear una transacción», dijo Fury, «un usuario novato puede crear ahora cuatro».
Cuando preguntamos a Calkins por el futuro de Appian, después de que hace unos meses muchos titulares declararon muerto al sector SaaS por culpa de la IA, el ejecutivo respondió con una sonrisa: «¿Preocuparme? Yo soy quien va a hacer el reemplazo. Si la IA va a sustituir aplicaciones va a necesitar nuestra ayuda para hacerlo de forma fiable. No me veo como un proveedor de software al que la IA pueda reemplazar. Me veo como la pieza que la IA necesita para reemplazar a otros».

Samsung demuestra que su Galaxy Watch predice desmayos cinco minutos antes de que ocurran

Los smartwatch o relojes inteligentes ya no solo se utilizan para contar pasos o medir el ejercicio, y eso en Samsung lo tienen muy presente. La firma coreana lleva tiempo ampliando las funciones de salud en sus Galaxy Watch y trabajando en nuevas herramientas que permiten ayudar a detectar con antelación enfermedades cognitivas como, por ejemplo, la pérdida de la memoria o la demencia.Samsung pretende que este dispositivo sea un asistente de salud cada vez más completo y ahora ha presentado un avance muy importante para ello: una función capaz de avisar antes de que una persona sufra un desmayo.Así es como el Galaxy Watch predice un desmayoTal y como explican en un estudio realizado junto al Hospital Gwangmyeong de la Universidad Chung-Ang, en Corea del Sur, un Galaxy Watch 6 puede detectar señales previas a un síncope vasovagal, el tipo de desmayo más común, utilizando los sensores incluidos en el reloj.Este suceso ocurre cuando la frecuencia cardiaca y la presión arterial bajan de golpe y puede aparecer en situaciones de estrés, cansancio o fatiga, provocando una pérdida repentina del conocimiento. El desmayo en si no suele ser grave, pero el problema está en que la caída puede causar lesiones importantes como golpes en la cabeza, traumatismos, entre otras.El sistema creado por Samsung analiza la variación del ritmo cardiaco mediante el sensor PPG del reloj, una tecnología que mide el flujo sanguíneo a través de la piel. Cuando recopila esos datos, el sistema de IA puede detectar patrones relacionados con el desmayo antes de que ocurra. Durante las pruebas, los investigadores estudiaron a 132 personas con síntomas relacionados con síncopes y lograron predecir los episodios.En concreto, cinco minutos antes, con una precisión del 84,6 % y una sensibilidad del 90 %. De hecho, el profesor de Hospital Gwangmyeong, Junhwan Cho, explicó que “hasta un 40 % de las personas experimenta síncope vasovagal a lo largo de su vida, y un tercio sufre episodios recurrentes”, por lo que con esta solución todo podría reducirse y evitar situaciones mucho más graves.

WhatsApp dice adiós a los avatares: Meta está retirando la función a todos los usuarios de Android y iPhone

Los avatares de WhatsApp llegaron a finales de 2022 con la finalidad de que los usuarios pudieran crear una versión digital de sí mismos dentro de la app. Se podían crear, diseñar personajes eligiendo rasgos físicos, ropa y estilo, además de que servían para generar stickers y usarlos en los chats. Con el paso del tiempo, Meta fue mejorando la herramienta con nuevas opciones, pero la mayoría de usuarios no llegó a utilizarla con frecuencia y su popularidad ha ido a menos hasta el día de hoy.Teniendo en cuenta este escenario, WhatsApp ha decidido eliminar los avatares de forma progresiva en los móviles Android y iPhone. Según informan desde WaBetaInfo, este proceso ya venía gestándose discretamente durante los últimos meses para los usuarios de WhatsApp en iOS y Android, pero ahora se ha generalizado, afectando a un mayor número de cuentas.Los avatares de WhatsApp desaparecerán prontoWhatsApp está quitando poco a poco la posibilidad de acceder a esta función y algunos usuarios ya ven un aviso dentro de la app indicando que no pueden editar su avatar y que este desaparecerá pronto. En otros casos, la sección de avatares ha desaparecido sin avisar dentro de la configuración, algo que indica que el proceso de retirada está en marcha.La eliminación de los avatares también afecta a los chats y WhatsApp está quitando la opción de usarlos desde el teclado. Esto significa que ya no se podrán enviar como stickers nuevos, pero los que ya se enviaron no se borrarán y seguirán estando disponibles en las conversaciones y en la lista de recientes o favoritos.Por el momento, Meta no ha dado una explicación oficial del porqué de la decisión, aunque desde el medio citado indican que podría deberse a que poca gente utilizaba la función. Al no tener mucho éxito, parecen haber decidido centrarse en otras funciones más populares y concentrar sus recursos en ellas.

Probamos el Honor 600, un móvil de gama media con inteligencia artificial 'de cine'

Honor acaba de presentar oficialmente su nueva serie Honor 600, compuesta por un modelo estándar y otro Pro. En ABC hemos tenido ya ocasión de probar a fondo el nuevo terminal, y nuestras impresiones iniciales confirman que estamos ante un dispositivo que aspira … a establecer nuevos estándares para la categoría de gama media ‘premium’.
Empezamos por el diseño y la pantalla. Nada más sacar el móvil de la caja, las sensaciones en mano son buenas. Al recordar el análisis que hicimos el año pasado del anterior modelo, el Honor 400, la evolución en los materiales y el refinamiento es evidente. El nuevo terminal, de hecho, está fabricado mediante un proceso de artesanía de tallado en frío de grado insignia, esculpiendo un cuerpo ‘unibody’ sin fisuras que se siente robusto y ‘premium’.

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Su marco de metal mate con acabado satinado repele las huellas con eficacia. Y a pesar de ser un móvil amplio, con unas dimensiones de 156.0 x 74.7 x 7.8 mm, resulta inesperadamente ligero para el día a día. Pesa solo 185 gramos, batería incluida. Visualmente destaca por tener el bisel más estrecho de toda la industria, con apenas 0.98 mm de grosor. Y todo blindado con la máxima resistencia al agua y polvo IP68, IP69 e IP69K, además de ostentar una certificación SGS de 5 estrellas en rendimiento ante caídas y aplastamientos.
Y vamos con la pantalla, que es una de las más interesantes que hemos probado este año. Monta un panel AMOLED de formato recto de 6.57 pulgadas que alcanza un brillo máximo de 8.000 nits. En nuestras pruebas en exteriores y a plena luz del sol, el dispositivo mantuvo una claridad absoluta, entregando hasta 4.000 nits al 20% APL gracias a su modo luz solar. Además, cualquier contenido fluye a la perfección gracias a su tasa de refresco de 120 Hz y a la atenuación sin riesgo de 3.840 Hz, pensada para evitar la fatiga visual.

Crear vídeos a partir de tus fotos

Como ya vimos en modelos anteriores, si hay algo que destaca en este nuevo Honor 600 es su apuesta por la inteligencia artificial, impulsada en su ecosistema por Google Gemini. Hemos puesto a prueba su sistema de cámaras (denominado AiMAGE), especialmente en fotografía nocturna. El sensor principal es una Cámara Nocturna Ultra Clara de 200 MP, con un tamaño de 1/1.4 pulgadas, el más grande de su clase. En nuestras rutas fotográficas de noche, hemos comprobado lo que dicen las especificaciones: que gracias a la tecnología E2E AI Remosaic el terminal capta mucha más luz (un 24% más) que su predecesor. Las fotografías son nítidas, sin ruido, y están apoyadas por un motor de color de IA exclusivo que corrige el balance de blancos de forma muy convincente. El conjunto lo completa una lente ultra gran angular y macro de 12 MP y una cámara frontal de 50 MP buena para retratos.
Pero sin duda lo más interesante ha sido probar el nuevo AI Image to Video 2.0, sistema con el que Honor ha conseguido integrar el primer modelo de generación de vídeo multimodal unificado de la industria directamente en el dispositivo. Si en el Honor 400 la primera versión ya logró que los usuarios generaran más de 13,4 millones de segundos de vídeo, esta iteración es pura magia. Se accede rápidamente a través del nuevo botón de IA dedicado del teléfono, se seleccionan imágenes de nuestra galería y se añaden instrucciones en lenguaje natural. Y ya está.
El sistema genera secuencias de vídeo dinámicas de 3 a 8 segundos. A diferencia del modelo anterior, ahora podemos introducir dos imágenes distintas como fotograma inicial y final, y la IA crea una transición fluida entre ellas. Los resultados tienen una calidad casi cinematográfica.

Batería grande y ecosistema

En el apartado energético el nuevo Honor 600 es un portento. La firma, de hecho, ha logrado incorporar una gigantesca batería de 6.400 mAh. ¿Cómo es posible en un chasis de solo 7.8 mm? La respuesta está en el uso pionero de baterías con ánodos de silicio-carbono y un diseño de apilamiento laminar que maximiza el espacio. Para ponerlo en perspectiva con otros terminales de altísima gama, rivales como el Samsung Galaxy S26 Ultra se han quedado estancados en los 5.000 mAh. En nuestra semana larga de uso intenso exprimiendo la cámara, las redes sociales y la IA, el Honor 600 nos ha entregado consistentemente dos días completos de autonomía. Y para cuando no hay más remedio que enchufarlo a la corriente, el terminal soporta carga súper rápida de 80W y carga inversa de 27W.
En cuanto a rendimiento, el terminal responde a las mil maravillas gracias a su procesador Snapdragon 7 Gen 4 y su sistema MagicOS 10 basado en Android 16. Y una grata sorpresa: hemos comprobado su fluida integración con el ecosistema de Apple mediante el sistema OneHop, que permite compartir archivos con un solo toque con un iPhone o un Mac.

El hermano mayor

Aunque en ABC todavía no hemos tenido ocasión de probarlo en persona, Honor también ha anunciado el Honor 600 Pro. Un dispositivo que se diferencia gracias a la inclusión del potentísimo procesador Snapdragon 8 Elite de 3 nm, lo que se traduce en mejoras de rendimiento del 45% en la CPU. En el ámbito fotográfico, la versión Pro suma una cámara Teleobjetivo Periscópica de 50 MP con un aumento óptico de 3.5X que puede llegar hasta un zoom de 120x. A esto se le suma el modo fotográfico SuperMoon 2.0 y carga inalámbrica de 50W.
Pero no todo son luces en los nuevos terminales. Y examinando la letra pequeña, lo cierto es que también hay espacio para algunas críticas. Por ejemplo, el hecho de que la función estrella de los nuevos teléfonos, AI Image to Vídeo 2.0, es en realidad un servicio premium opcional (y de pago) que requiere conexión constante a internet. Para los compradores, existe una asignación de 10 usos gratuitos al día, pero solo durante los primeros 76 días. Una vez agotado ese plazo, el servicio se bloquea y los usuarios deberán pagar por usos adicionales. Por otro lado, los más entusiastas de la fotografía echarán seguramente en falta el teleobjetivo óptico, que queda reservado exclusivamente para la versión Pro, también en el modelo estándar.
Los terminales, disponibles en naranja, blanco, dorado y negro, llegarán con la siguiente configuración y precios de lanzamiento, vigentes del 4 al 31 de mayo de 2026:
En su versión más básica, el Honor 600 llega con un precio promocional de 499 euros que, luego, pasarán a ser 599. Incluye un cargador de 100W de regalo. El 600 Pro parte de los 899 euros, que con el tiempo se convertirán en 999. Este modelo incorpora, además del cargador, un proyector Honor Choice.
En resumen, podemos decir que la nueva serie Honor 600 puede presumir de IA y de una enorme batería que puede convivir en un diseño extraordinariamente fino. El Honor 600 es un terminal que, con toda seguridad, se convertirá en uno de los principales rivales a batir de la gama media premium de este año.

Guerra de titanes tecnológicos: Elon Musk reconoce que usó la IA de OpenAI para entrenar a su chatbot Grok

Elon Musk mantiene una guerra activa con Sam Altman sobre qué debe ser la inteligencia artificial y quién debe controlarla. En agosto de 2024, el CEO de SpaceX, xAI y Tesla alegó que dos de los fundadores de OpenAI —concretamente, Altman y Greg Brockman— violaron la misión fundadora de desarrollar una IA para «el beneficio de la humanidad» y, en diciembre del mismo año, Musk criticó que OpenAI se ‘desviaba’ de su misión inicial como organización sin ánimo de lucro, sosteniendo que la reestructuración para captar más fondos traicionaba su misión altruista.En respuesta, los de Altman lanzaron una ofensiva hacia Elon Musk, afirmando en un comunicado que OpenAI nació como una organización sin fines de lucro y que era necesario cambiar la estructura para atraer el capital necesario. Ahora, en plena testificación ante un tribunal federal de California (Estados Unidos) en el marco del juicio que enfrenta a la tecnológica con OpenAI, Musk ha afirmado que no habría invertido en la fundación de la compañía de haber sabido que abandonaría su misión sin fines de lucro y en favor de la humanidad.Concretamente, el magnate sostiene que fue engañado por Altman y Brockman para financiar la fundación de OpenAI, bajo la promesa de que la tecnología mantendría la mayoría de su estructura como una empresa sin ánimo de lucro. Además, en su testimonio, destaca que no habría aportado sus recursos, de más de 40 millones de dólares, si la intención de la empresa hubiera sido obtener beneficios económicos.En reacción a las afirmaciones de Musk, OpenAI ha calificado la demanda como un intento infundado y motivado por la envidia que busca obstaculizar a un competidor directo mediante el uso del sistema judicial.Elon Musk reconoce que entrenó a Grok con los modelos de OpenAIPor si fuera poco, más allá de la demanda interpuesta por Musk contra Altman por transformar OpenAI en una entidad con fines de lucro, el CEO de xAI también ha admitido que utilizaron los modelos de OpenAI para entrenar a Grok y mejorar su funcionamiento mediante la técnica de destilación.En este sentido, Musk alega que es «una práctica habitual usar otras inteligencias artificiales para validar tu IA». Sin embargo, a pesar que el propietario de la red social X se ha escudado en que la destilación es una práctica muy común en la industria de los modelos de IA, compañías como OpenAI o Anthropic ya han denunciado este comportamiento de otras tecnológicas anteriormente, aunque las acusaciones se habían centrado exclusivamente en empresas chinas.¿El motivo? Aunque la destilación es una técnica que se utiliza ampliamente en los laboratorios de IA de vanguardia para crear versiones más pequeñas y ofrecer distintos servicios a los clientes, puede haber casos en los que se utilice de forma ilícita. Por el momento, aún no está claro que la destilación sea explícitamente ilegal, sino que podría infringir los términos de servicio que las empresas establecen para los usuarios de sus productos.OpenAI denuncia otros casos de destilaciónEn el caso de OpenAI, la compañía de Altman ha denunciado que DeepSeek utilizó la destilación de los modelos de ChatGPT para entrenar sus modelo de código abierto, subrayando posibles problemas de propiedad intelectual.Por lo tanto, como consecuencia, las compañías de IA han empezado a implementar funciones para frenar este tipo de técnicas, identificando patrones de ataques de destilación en el tráfico de las PI, reforzando la verificación de cuentas y desarrollando salvaguardias a nivel de producto.

La función de WhatsApp que ya no vas a poder utilizar en la 'app'

WhatsApp no deja de incorporar nuevas funcionalidades. Algunas resultan tremendamente útiles, como la posibilidad de editar mensajes o de enviar fotos que solo pueden verse una vez. Otras, sin embargo, acaban cayendo en el olvido. Ese es el caso de los avatares digitales que, … desde 2022, los usuarios podían crear dentro de la aplicación y que, próximamente, dejarán de estar disponibles.
Según el portal especializado WABetaInfo, encargado de adelantar la noticia, WhatsApp ya está mostrando avisos a usuarios de iOS y Android en los que informa de que «dentro de poco» no podrán modificar sus avatares. Además, advierte de que eliminará los que ya estén creados. Todo apunta, por tanto, a que la compañía planea retirar por completo esta función.

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Por el momento, la aplicación no ha explicado públicamente los motivos de la decisión. No obstante, WABetaInfo apunta a que lo más probable es que haya concluido que «solo una pequeña parte de los usuarios interactuaba con la función o mostraba interés en ella». Esa es, por tanto, la razón más probable que ha llevado a su retirada.
Todavía se desconoce la fecha exacta en la que la herramienta dejará de estar disponible. WhatsApp la incorporó en 2022, justo coincidiendo en el tiempo con la gran apuesta de Meta por el metaverso, una suerte de nuevo mundo digital en el que la compañía aspiraba a que los usuarios interactuaran, cada vez más, mediante avatares. Sin embargo, la iniciativa no terminó de despegar y, en los últimos meses, la empresa ha reducido de forma significativa su inversión en este proyecto.