La NASA repara el retrete de la nave Orion y se revive el desafío humano más terrenal en el espacio
El retrete de la nave Orion ha sido uno de los temas más controvertidos de la misión Artemis II. Los primeros contratiempos surgieron en el momento posterior del despegue porque se identificó una luz de advertencia intermitente que correspondía a un «inconveniente en el controlador» del inodoro. El funcionario de la NASA Amit Kshatriya dio a conocer en una rueda de prensa que el diagnóstico y la reparación del fallo tomaría varias horas, pero la astronauta Christina Koch fue la encargada de arreglar el retrete gracias a la ayuda de los ingenieros en tierra.Después de solucionar este incidente, se dio a conocer que las bajas temperaturas del exterior estaban congelando la orina, de manera que no podía salir del tanque para liberar espacio de la manguera que va unida a un tubo. Viendo la situación, los astronautas de Artemis II decidieron maniobrar con Orion para que el tanque y las tuberías del retrete estuvieran expuestas al Sol, así pues, la orina podía descongelarse y liberarse sin problemas. Sin embargo, este movimiento no fue lo suficiente, debido a que la exposición solar no fue la adecuada para descongelar la orina.Finalmente, la NASA advirtió a los astronautas que no utilizaran el inodoro, sino los urinarios de contingencia plegables para evitar los olores «calentador quemado». Sin embargo, pese a ello, en la rueda de prensa de la agencia espacial que tuvo lugar este miércoles, la NASA anunció que el retrete por fin vuelve a funcionar.23 millones de dólares tirados por el ‘desagüe’Sus numerosos fallos desde el momento del despegue evidencian que la exploración espacial aún no ha resuelto un desafío humano: cómo gestionar las funciones básicas del cuerpo y preservar la salud en un ambiente donde la gravedad hace que los líquidos se comporten de forma impredecible. De hecho, el astronauta canadiense Jeremy Hansen, dijo al control de misión que al abrir el área del baño, «el resto de la tripulación lo podía oler de inmediato».El retrete no es una pieza cualquiera y tampoco es un inodoro convencional, ya que forma parte del Universal Waste Management System y tuvo una inversión de 23 millones de dólares. No obstante, a raíz de los problemas, Debbie Korth, portavoz de la NASA, informó que la tripulación de Artemis II tuvo que recurrir a dispositivos alternativos porque los baños espaciales son «difíciles de gestionar», teniendo en cuenta que los contratiempos mencionados no representaron ningún riesgo inminente.La NASA sabía que este retrete no era completamente fiableEn la Tierra, la gravedad facilita que los líquidos y desechos desciendan de forma natural, pero en condiciones de microgravedad, como dentro de la nave Orion, todo ese proceso depende de sistemas como ventiladores, succión, embudos, mangueras, separadores de líquidos y gases, y depósitos herméticos.Cuando alguno de estos componentes falla, el inconveniente no es sólo práctico, ya que también repercute en la limpieza del vehículo, el ánimo de la tripulación y, en misiones prolongadas, incluso en la seguridad de las operaciones.Para esta ocasión, la propia NASA utilizó la Estación Espacial Internacional como campo de pruebas para dichos sistemas y admitió los problemas de fiabilidad en órbita, pero, aun así, se lograron varios avances porque los astronautas de las misiones Apolo ni siquiera tenían baño como tal. Para la orina usaban dispositivos rudimentarios y, para los desechos sólidos, bolsas adhesivas que debían colocarse directamente sobre el cuerpo.

