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TECNOLOGÍA

Llevo meses usando una freidora de aire de cristal: lo mejor no es cocinar, es todo lo que pasa después

Valoración:Las freidoras de aire han pasado de ser un capricho de cocina a convertirse en uno de esos aparatos que mucha gente tiene ya en casa. No han sustituido a la sartén, ni al horno, ni a la olla de toda la vida, pero sí se han colado en nuestras rutinas. Según el Informe de Consumo Alimentario en España 2024, representan el 4 % de las preparaciones de alimentos en el hogar. No es una cifra enorme, pero sí suficiente para confirmar algo que se ve en cualquier conversación de oficina, grupo de WhatsApp o vídeo de recetas: la air fryer ha encontrado su sitio.Yo he sido bastante escéptica con este tipo de electrodomésticos. No porque no les vea utilidad, sino porque la cocina no es infinita. Y porque hay algo que todos sabemos: si un pequeño electrodoméstico (o cualquier dispositivo en general) acaba dentro de un armario, lo más probable es que lo uses dos veces y desaparezca de tu vida. Da igual que prometa cocinar más sano, más rápido o más limpio. Si da pereza sacarlo, montarlo y limpiarlo, está perdido.Con la Ninja CRISPi me ha pasado algo distinto. Llevo meses usando el modelo original, la freidora de aire de cristal que Ninja lanzó en España en 2025, y creo que su mayor virtud no está exactamente en cómo fríe con aire, sino en cómo resuelve algunas pequeñas molestias del día a día. No todas, desde luego. Pero sí unas cuantas.La CRISPi original llegó con una idea bastante llamativa: cambiar el cajón opaco típico de muchas freidoras de aire por recipientes de cristal. No es la única marca que lo propone, pero sí ha sido de las primeras en introducir el concepto en España. Incluye uno pequeño de 1,4 litros y otro más grande de 3,8 litros, y funciona con un módulo superior, el PowerPod, que se coloca encima del recipiente para cocinar con aire caliente.La primera ventaja es obvia: ves la comida mientras se hace. Puede parecer una tontería, pero no lo es tanto. En una freidora de aire convencional metes el cajón y cocinas un poco a ciegas. Aquí ves si las patatas se están dorando, si el pollo necesita unos minutos más o si aquello que has metido medio improvisado va por buen camino.Tiene algo de mirar el horno que conecta con ‘lo de antes’ y, sobre todo, hace que cocinar sea un poco más intuitivo. No tienes que abrir tantas veces para comprobar qué está pasando.Pero para mí lo más interesante no es eso. Lo más práctico de la CRISPi es que el recipiente deja de ser solo ‘la cubeta de la freidora’. Es un recipiente de cristal que puedes sacar, llevar a la mesa, dejar enfriar, tapar y guardar en la nevera. Sin cambiar la comida a otro táper. Sin manchar más de la cuenta. Sin ese trasvase absurdo que siempre parece poca cosa, pero que en el día a día acaba importando.Y ahí es donde creo que Ninja acierta al resolver un problema muy concreto: cocinar algo rápido y que todo lo que viene después dé menos pereza.La americanización de la cocina también va de estoHay un contexto más amplio que me interesa mucho. En España seguimos teniendo una cultura muy de fuego, sartén, olla, horno y comida hecha con paciencia. La cocina tradicional no desaparece porque llegue una freidora de aire.Pero al mismo tiempo nuestras cocinas se están pareciendo cada vez más a las de los catálogos estadounidenses. Open concept, islas, electrodomésticos a la vista, cafeteras enormes, robots, tostadoras con mil funciones y aparatos que prometen solucionarte una parte concreta de la rutina. Queremos cocinas grandes, bonitas y despejadas, pero las llenamos de máquinas.Y ahí está la contradicción. Una freidora de aire puede ser comodísima, pero ocupa. Si es pequeña, se queda corta para una familia. Si es grande, te conquista media encimera. Y si la guardas, probablemente no la uses.Por eso me parece interesante la CRISPi original. No porque sea revolucionaria, que es una palabra que se usa demasiado alegremente y, muchas veces, completamente vacía, sino porque intenta ser menos aparatosa dentro de una categoría que suele pecar justo de eso. Se desmonta fácil, se limpia sin drama y los recipientes tienen vida más allá del aparato. Eso ayuda mucho a que no parezca otro trasto más.Lo que me ha gustado después de meses de usoMe gusta ver la comida mientras se cocina. Me gusta más de lo que pensaba. No cambia el sabor, claro, pero sí cambia la sensación de control. Ves el proceso y eso, en una freidora de aire, tiene bastante sentido.Me gusta también que los recipientes sean de cristal. No solo por una cuestión estética o de materiales, sino porque se integran mejor en la cocina real. No es lo mismo sacar una cubeta negra de freidora que sacar un recipiente que puedes tapar y guardar.Y me gusta especialmentesu sistema de tapas. Es una de esas ideas simples que funcionan. Cocinas unas verduras, unas patatas, un poco de pollo… dejas que se temple y a la nevera. Para sobras, raciones pequeñas o comidas de diario, es muy cómodo.También tiene un punto portátil, aunque conviene no exagerarlo. No es un aparato para meter en una mochila, pero sí es el típico electrodoméstico que puedes llevarte al pueblo o a una segunda residencia si vas a pasar unos días. Ocupa menos que muchas freidoras de aire grandes y eso juega a su favor.Sus limitaciones son bastante clarasLa CRISPi original no es perfecta. La primera limitación está en el control. Es un aparato sencillo, quizá demasiado sencillo si eres de los que quieren ajustar la temperatura con precisión. Tiene cuatro modos, pero no está pensada para cocinar jugando con cada grado. Para mucha gente eso será una ventaja, porque simplifica. Para otros, puede quedarse corta.La segunda limitación es la capacidad. El recipiente grande de 3,8 litros sirve para muchas cosas, pero no convierte a la CRISPi en una freidora familiar. Para una persona, una pareja, guarniciones, sobras o cenas rápidas, la veo muy bien. Para cocinar cantidades grandes de verdad, no tanto. Ahí el horno sigue teniendo todo el sentido del mundo.Para resolver estas limitaciones Ninja acaba de lanzar en España la CRISPi PRO, una versión más grande y más completa de esta misma idea. No creo que haya que leerla como una revolución dentro de la gama, sino como una evolución bastante lógica.La nueva versión aumenta la capacidad con un recipiente grande de 5,7 litros y otro de 2,3 litros, añade siete funciones y permite controlar manualmente la temperatura, con un máximo de 240 ºC. También sube de precio: pasa de los 179,99 euros comunicados para la CRISPi original a 249,99 euros.Es decir, Ninja ha hecho justo lo esperable: mantener la idea del cristal y corregir las dos pegas más evidentes del primer modelo, que eran la capacidad y la falta de control más preciso. Tiene sentido, sobre todo, para familias o para quien ya usa mucho la freidora de aire y se quedaba corto.Pero eso no convierte automáticamente a la CRISPi original en una mala opción. Al contrario, la define mejor. La original tiene sentido si quieres algo más compacto, más manejable y pensado para un uso diario sin demasiadas pretensiones. La PRO tiene sentido si necesitas más litros y más margen de cocinado. No todo el mundo necesita ese salto.Veredicto: no sustituye a todo, pero sí resuelve algo concretoDespués de meses usándola, creo que la Ninja CRISPi original funciona porque no promete más de lo que debería. No sustituye al horno, no elimina la cocina tradicional y no convierte cualquier receta en algo saludable por arte de magia. Pero sí hace más fácil una parte bastante concreta de la rutina: cocinar rápido, ver lo que pasa, ensuciar menos y guardar sin cambiar de recipiente.Su mejor virtud no está solo en freír con aire. Está en todo lo que pasa alrededor. En que no da tanta pereza. En que el recipiente sirve para algo más. En que puedes usarla para una cena rápida y no sentir que has puesto en marcha media cocina.Tiene límites, claro. No es muy grande, no es muy configurable y no es especialmente bonita. Pero se entiende. Y eso, en un electrodoméstico que compite por un hueco en la encimera, ya es bastante. Valoración Nota 8Lo mejorVer la comida mientras se cocina da una sensación de control que se agradece en el día a día.El recipiente de cristal no es solo una cubeta: puedes cocinar, servir, tapar y guardar las sobras en la nevera sin cambiar de táper.Es cómoda de usar, se desmonta fácilmente y no da tanta pereza limpiarla como otras freidoras de aire más aparatosas.Lo peorLa capacidad del modelo original se queda algo corta si quieres cocinar para varias personas o preparar mucha cantidad de una vez.No permite ajustar la temperatura con tanta precisión como otros modelos, así que puede resultar limitada para quien quiera más control.

¿Ves un punto verde en la pantalla de tu móvil Android? Este es su verdadero significado y función

A la hora de utilizar un smartphone, dependiendo de si tienes un móvil Android o un iPhone, seguro que has observado que existe un punto verde o naranja que aparece de vez en cuando en la parte superior de la pantalla. En caso de Android, ese punto verde asoma en una esquina de la pantalla y a veces desaparece al momento y vuelve al usar otra aplicación.Algunas personas creen que indica una notificación, aviso de batería e incluso un fallo del teléfono, pero no tiene nada que ver. En realidad, tiene una función muy importante, ya que protege tu privacidad mientras utilizas el móvil.Qué significa el punto verde que aparece en la pantalla del móvil AndroidA partir de la llegada de Android 12, todos los teléfonos con el sistema operativo de Google incluyen una serie de avisos de privacidad. Estos informan al usuario cuando una app está utilizando permisos sensibles del dispositivo, como la cámara, el micrófono o la ubicación. El punto verde tiene la misión de hacer saber al usuario que una aplicación está grabando video, audio o accediendo a la localización del móvil.Lo normal es que aparezca a la hora de hacer una foto, grabar un audio, tener una videollamada o utilizar aplicaciones como Google Maps. En esos casos no hay de qué preocuparse, pues el móvil solo está avisando de que esos permisos están activados. El único motivo para preocuparse sería que ese punto verde aparezca sin que se esté usando nada de lo anterior.En ese caso, podría indicar que existe una app funcionando en segundo plano y accediendo a estos permisos sin que el usuario se dé cuenta. De hecho, este fue uno de los motivos para incorporar el punto verde, para que el usuario sepa en todo momento lo que está activo.Para saber qué aplicaciones tienen acceso a la cámara y al micrófono del móvil Android, solo hay que deslizar la barra de notificaciones y pulsar en el punto verde. Ahí se puede apreciar la lista de todas las apps que tienen acceso y otorgar o quitar permisos desde el Panel de Privacidad de Android.

Roborock Saros 20: un robot aspirador que consigue que te olvides de limpiar

Valoración:Durante el último mes he estado conviviendo con el Roborock Saros 20 en casa. Y digo conviviendo porque, cuando un robot aspirador está bien resuelto, deja de ser un gadget para convertirse en parte del día a día. En este caso, la sensación ha sido clara desde el principio: no es que haga cosas radicalmente distintas a otros robots de gama alta, es que las hace con menos fricción.Enchufar, mapear y limpiarLa puesta en marcha es un buen ejemplo. Roborock lleva tiempo afinando este punto y se nota. Sacarlo de la caja, conectarlo y tenerlo funcionando es cuestión de minutos. La app guía bien, el mapeo es rápido y no hay esa sensación de estar peleándote con la tecnología. Es, en esencia, lo que debería ser cualquier producto doméstico: que funcione sin tener que pensar demasiado en él.El robot utiliza el sistema de navegación StarSight Autonomous System 2.0, basado en sensores 3D ToF y cámara RGB, y es capaz de reconocer más de 300 tipos de obstáculos, según los datos oficiales de la marca.A partir de ahí, lo esperable: aspira, friega o combina ambas cosas. Aquí mantengo mi mantra habitual y es que es mejor separar tareas. Primero aspirar, luego fregar. El resultado es más limpio y, sobre todo, más higiénico. No es una limitación del robot, es simplemente cómo mejor funcionan este tipo de dispositivos.El mantenimiento importa más que la potenciaDonde sí empieza a marcar diferencias es en algo menos visible pero mucho más importante: el mantenimiento. Porque no, todavía no existe el robot aspirador completamente autónomo. Todos requieren cierta atención. Pero este Saros 20 consigue que esa atención sea menor que en la mayoría de modelos que he probado.Los depósitos no son enormes, lo que ayuda a que la base no se convierta en un mueble imposible, pero están bien dimensionados. Por ponerle nombre y apellidos: la base RockDock integra un depósito de agua limpia de 4 litros, otro de agua sucia de 3,5 litros y una bolsa de polvo de 2,5 litros.En mi caso, usándolo unos cinco días a la semana, no tengo que estar pendiente constantemente: relleno y vacío una o dos veces por semana. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. Es justo ese tipo de cosas lo que determina si acabas usando el robot o dejándolo olvidado. Y luego está la parte menos glamourosa: limpiarlo. Porque sí, el robot que limpia también necesita que alguien lo limpie. En este modelo, eso se traduce en un mantenimiento más espaciado. En mi rutina, una limpieza a fondo al mes y revisiones puntuales si veo que algo lo necesita. También ayuda que el sistema antienredos funcione bastante bien: hay menos pelos acumulados y menos tiempo invertido en desmontar rodillos. Aquí entran en juego el cepillo principal DuoDivide y el cepillo lateral FlexiArm Arc, dos elementos pensados específicamente para reducir enredos de pelo.Aspirado y fregado: potente, rápido y bastante equilibradoEn cuanto a la limpieza en sí, el comportamiento es sólido. Es rápido, bastante silencioso y eficiente. Sobre el papel, Roborock presume de una potencia máxima de 36.000 Pa gracias a su motor HyperForce, una cifra muy alta incluso dentro de la gama premium.En una casa con vida real –mascotas, niños, polvo que aparece donde no debería– cumple muy bien. No es perfecto, pero sí lo suficientemente bueno como para olvidarte de pasar la aspiradora cada día, que al final es lo importante.El fregado está a buen nivel, aunque aquí sí hay margen de mejora si lo comparas con lo más puntero del mercado. Limpia bien, mantiene el suelo en condiciones, pero no llega a ese punto de profundidad que empiezan a ofrecer algunos sistemas más avanzados. El Saros 20 utiliza dos mopas giratorias, que pueden elevarse 15 milímetros, y aplica una presión de entre 8 y 13N según el nivel de suciedad detectado.Aun así, dentro del conjunto, encaja: es un robot equilibrado, no uno que destaque en una sola cosa.Navegación: donde más se nota el saltoDonde sí sorprende de verdad es en cómo se mueve. Hace años los robots aspirador eran casi un espectáculo: golpes contra muebles, cables enredados, rescates constantes, paredes invisibles. Eso ya quedó atrás en la gama alta, pero aquí se da un paso más. Navega con precisión, evita objetos pequeños y, sobre todo, transmite la sensación de que sabe lo que está haciendo. El sistema StarSight 2.0 trabaja con más de 21.600 puntos de detección y una frecuencia de muestreo de 38.400 Hz, 21 veces superior a la de un sistema LDS convencional, según Roborock.Hay un momento clave en cualquier prueba: cuando lo dejas solo y te vas. Con muchos robots sigues teniendo ese punto de duda. Con este, no tanto. Y eso es probablemente lo más valioso que puede ofrecer.Diseño elegante, pero con pegasEl diseño, sin embargo, tiene su cara y su cruz. Por un lado, el acabado en negro brillante es poco agradecido. Huellas, polvo… aparece todo en cuestión de minutos. En un producto de este precio, sorprende que no se haya apostado por algo más práctico.Pero por otro lado, ese mismo diseño tiene un propósito claro. Al prescindir de la típica torreta superior, el robot es más bajo y eso cambia completamente su capacidad para moverse por la casa. Mide 35 x 35,3 x 7,98 centímetros, una altura que le permite entrar bajo muebles donde otros modelos con torreta LiDAR directamente no caben.En mi caso ha entrado en zonas donde otros directamente no podían o se quedaban atascados. Es ahí donde entiendes que la estética pasa a un segundo plano: lo importante es llegar donde otros no llegan.La base sigue siendo grande, como en todos estos modelos, pero no llega a ser exagerada (sus dimensiones son de 38,1 x 47,5 x 48,8 centímetros). Está bien resuelta, no desentona demasiado y, sobre todo, funciona. No tienes que estar pendiente constantemente de ella, que es justo lo que se espera en este tipo de dispositivos. Además, lava las mopas con agua a 100 ºC, las seca con aire caliente a 55 ºC, vacía el polvo automáticamente y dosifica detergente.También conviene tener claro que su batería es de 6.400 mAh, ofrece hasta 200 minutos de autonomía y puede cubrir hasta 224 metros cuadrados de aspirado en una sesión, siempre según las condiciones de prueba de la marca.¿Lo recomiendo?El precio es de alrededor de los 1.500 euros. No es un robot accesible, ni lo pretende. ¿Merece la pena? Depende de lo que busques. Si quieres simplemente un robot que aspire, hay opciones mucho más baratas. Si lo que quieres es reducir al mínimo tu implicación en la limpieza diaria, entonces empieza a tener sentido.Después de un mes, la conclusión es bastante sencilla: es un robot muy funcional, práctico y completo. No es perfecto, pero hace muy bien lo que tiene que hacer y, sobre todo, consigue que te olvides de él sin preocuparte. Porque al final de eso va tener este tipo de aparatos en casa, de que hagan el trabajo sucio por ti. Valoración Nota 8Lo mejorRequiere menos mantenimiento que otros robots aspirador de gama alta.Navegación muy precisa: se mueve bien, esquiva obstáculos y da confianza al dejarlo solo.Buena potencia de aspirado, especialmente útil en casas con mascotas, niños y suciedad diaria.Sistema antienredos eficaz: los pelos se acumulan menos en los cepillos.Base bastante completa: autovaciado, lavado de mopas a 100 ºC, secado y dosificación de detergente.Diseño muy bajo, capaz de entrar bajo muebles donde otros robots no llegan.Lo peorEl acabado negro brillante acumula polvo y huellas con demasiada facilidad.El precio: 1.489 euros lo colocan en una gama muy poco accesible.El fregado es bueno, pero no el más profundo que he probado.Sigue necesitando mantenimiento manual, aunque menos que otros modelos.La base ocupa espacio y no es fácil esconderla.

Un robot que sube escaleras y un frigorífico que sirve agua con gas

Dreame apuesta por Europa. La empresa ha aprovechado un evento en París para dejar de ser una marca de robots aspiradora y convertirse en un actor del hogar inteligente. Muchas de las novedades anunciadas ya fueron mostradas en el CES de Las Vegas … del pasado enero, pero ahora sabemos que llegarán a todo el continente y, evidentemente, también a España.
«Dreame ha evolucionado mucho más allá de ser una empresa de tecnología de limpieza», resumió Sean Chen, presidente de Dreame para Europa Occidental. «En cuestión de meses la marca pasará a vender lavadoras, secadoras, frigoríficos con agua carbonatada integrada, camas térmicas para perros y sistemas de hidratación para mascotas con monitorización en directo.»

El producto más efectista entre fue el Cyber X. Se trata del primer robot aspirador del mundo con un sistema biónico de cuatro orugas capaz de subir escaleras. Salva pendientes de hasta 42 grados y desciende limpiando con succión propia de 6.000 Pa. Eso sí, no funciona solo, necesita tener un robot de la nueva serie X60 Pro acoplado al que transfiere la suciedad recogida durante el descenso.

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La solución es elegante sobre el papel, paro el X60 Pro, hay que sumarle los 999 euros del Cyber X, y ya nos acercamos a las 2.500 euros. Además, habrá que ver cómo se comporta con escaleras alfombradas, suelos con peldaños desiguales o tramos de caracol estrechos, todos ellos escenarios reales en muchas viviendas españolas.
Sea como sea, la serie X60 Pro es la columna vertebral del catálogo, y llega con tres variantes: Ultra Complete, Ultra Matrix y Master. Los dispositivos comparten lo esencial, brazos extensibles para llegar a esquinas y bordes, 42.000 Pa de succión, reconocimiento de obstáculos con IA actualizado a más de 320 categorías y cepillo anti enredos. El modelo Ultra Matrix es el más interesante desde el punto de vista funcional, cambia automáticamente de tipo de mopa según la habitación y el suelo.
En el segmento de aspiradoras verticales en seco y húmedo, las que se conocen ya popularmente como fregonas eléctricas, Dreame renueva la serie T con la T16 Pro Heat diseñada con 9,85 cm de perfil ultraplano. Es reclinable a 180 grados, tiene succión de 30.000 Pa, agua caliente a 90°C y un brazo robótico con IA que extiende automáticamente la mopa hacia los bordes. Además, incorpora sistema de autolimpieza con aire caliente a 95°C y secado, indispensable para que no huela mal.

Tecnología para mascotas

El producto más extraño del lanzamiento es el FizzFresh, un frigorífico de 524 litros que integra un dispensador de agua carbonatada con tres niveles de gasificación. Buen producto para el mercado alemán, pero el español no es tan dado al agua con gas. También surte de hielo, cuenta con cajón de frutas y verduras con control de humedad y purificación de aire interior. El precio se mueve entre 1.699 y 1.799 euros según su versión, en línea con frigoríficos premium de marcas asiáticas como Hisense o TCL.
La siguiente sorpresa del lanzamiento es la línea Dreame Pet, con cinco productos pensados para perros y gatos que cubren higiene, descanso, alimentación, hidratación y transporte. El arenero modular Moduloo Pure ofrece dos módulos opcionales de control de olores, la cama Moduloo Clima calienta y enfría entre 20 y 32 grados, el sistema de alimentación Lumina Feast integra cámara 2K, audio bidireccional, depósito sellado con UVC y seguimiento de la ingesta directamente desde el cuenco.
Cierran el catálogo dos productos que completan la oferta de limpieza, la aspiradora vertical sin cable Aqua Air, que rebaja el peso de mano por debajo de los 900 gramos y ofrece limpieza en seco y húmedo, y el robot limpiacristales Pano 10 Station, con brazo extensible para llegar a bordes y estación de mantenimiento de diez funciones. Es interesante porque se trata de uno de los pocos limpiacristales del mercado que combina robot, estación y limpieza térmica con película de agua a 45°C.

China obliga a sus robots humanoides a usar DNI, igual que los ciudadanos

No cabe duda de que China es el país que más fuerte está apostando por el desarrollo de robots humanoides: esas máquinas con brazos y piernas que, en el futuro, podrían empezar a trabajar como mayordomos, camareros u obreros. O al menos eso es … lo que espera el buen puñado de tecnológicas que los están desarrollando. Ahora, el Gobierno del país asiático tiene intención de dotar a cada uno de estos sistemas con un código digital único que lo diferenciará de los demás.
Según ‘South China Morning Post’, este sistema de identificación se utilizará para seguir el rastro de los robots a lo largo de todo su ciclo de vida, desde su construcción hasta que dejen de estar operativos. Independientemente de si pasan toda su vida útil en el país asiático o acaban funcionando en el extranjero.

La iniciativa, desarrollada por el Comité de Estandarización de Robótica Humanoide, dependiente del ministerio de Industria y Tecnología de la Información, ya está siendo aplicada a cerca de 30.000 robots pertenecientes a 200 modelos diferentes y desarrollados por más de un centenar de compañías.

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El código está dividido en cuatro partes. La primera sirve para hacer un seguimiento de las ventas. La segunda permite identificar al fabricante. Las dos últimas marcan el modelo y la unidad concreta.

China, en cabeza

Efectivamente, China es el país que más fuerte está apostando por la popularización de los robots humanoides. De acuerdo con un informe de IDC, el gigante asiático lideró en 2025 el mercado mundial de este tipo de dispositivos, que experimentó el año pasado un aumento interanual de aproximadamente el 508%. Los envíos totales alcanzaron aproximadamente los 18.000 robots y los ingresos rondaron los 440 millones de dólares.
La mayoría de grandes fabricantes del mercado, con envíos que rondan en algunos casos los 5.000 humanoides anuales, son chinos. Y el país no deja de mostrar músculo. El pasado abril, un humanoide logró acabar la media maratón de Pekín más rápido que cualquiera de los competidores humanos y batió el récord mundial por cerca de siete minutos. En la prueba participaron cerca de 200 máquinas de esta clase.

El superordenador que nació en una capilla: así trabaja MareNostrum 5, el cerebro europeo que acelera la ciencia y la IA

En la antigua capilla de Torre Girona, en Barcelona, la tecnología ha ido cambiando de forma, de tamaño y de ambición. Allí se instaló en 2004 MareNostrum 1, el primer gran superordenador de la saga: una máquina que ocupaba buena parte de aquel espacio, rodeada de cristal, y que entonces llegó a ser la cuarta más potente del mundo. Hoy, dos décadas después, uno solo de los miles de chips acelerados de MareNostrum 5 tiene más potencia que aquel primer sistema completo.La comparación parece pensada para titulares, pero sirve para entender mejor la velocidad a la que avanza la supercomputación. En apenas 20 años, lo que antes llenaba 180 metros cuadrados cabe ahora, en términos de capacidad de cálculo, en un chip de unos ocho centímetros cuadrados.MareNostrum 5 ya no cabe en la capilla. El último superordenador del Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación ocupa una sala de unos 800 metros cuadrados, una superficie similar a tres pistas de tenis, y necesita otros 2.000 metros cuadrados para servicios auxiliares como refrigeración, transformadores eléctricos y sistemas de soporte. Bajo el suelo técnico discurren cables, tuberías de agua y fibras de red. En total, sus cables de cobre y fibra óptica suman 160 kilómetros: puestos en línea recta, llegarían desde Barcelona hasta Fraga.Pero MareNostrum 5 no es un monumento a la potencia bruta. Es una infraestructura científica pensada para que investigadores españoles y europeos puedan abordar problemas que serían inasumibles con ordenadores convencionales: simular el clima con más precisión, diseñar nuevos fármacos y vacunas, estudiar materiales y enfermedades, entrenar modelos de lenguaje o explorar la fusión nuclear.Mateo Valero, director fundador del BSC y una de las figuras clave de la supercomputación en España, suele resumirlo con una imagen sencilla: los supercomputadores permiten crear gemelos digitales, representaciones virtuales de fenómenos que queremos ver por primera vez o entender mejor. Es decir, permiten ensayar el futuro antes de que ocurra. 314.000 billones de cálculos por segundoMareNostrum 5 tiene una capacidad máxima de 314 petaflops. Traducido a un lenguaje menos técnico, puede realizar hasta 314.000 billones de operaciones por segundo. La cifra se entiende mejor con otra comparación: los cálculos que esta máquina hace en una hora llevarían 46 años a un portátil de gama media-alta.Su arquitectura combina varias formas de computación. Por un lado, cuenta con una partición de propósito general destinada a la computación clásica y especialmente útil para problemas científicos complejos que requieren flexibilidad y capacidad de ejecutar varias tareas al mismo tiempo. Por otro, incorpora una partición acelerada pensada para inteligencia artificial, simulación numérica y cargas de trabajo extremadamente intensivas.La partición de propósito general, fabricada por Lenovo y con tecnología de Intel, alcanza un rendimiento pico de 45,4 petaflops. Es la más grande del planeta basada en la arquitectura computacional x86. La partición acelerada llega a 260 petaflops, ha sido desarrollada por Eviden, cuenta con 4.480 procesadores NVIDIA Hopper y es la tercera más potente de Europa y octava del mundo.Ambos sistemas por separado se sitúan entre los 20 superordenadores de mayor capacidad en todo el mundo, aunque desde el propio BSC subrayan que en supercomputación los rankings envejecen muy rápido y lo importante no es solo figurar arriba en una lista, sino disponer de la mejor herramienta para que la comunidad investigadora resuelva los problemas que necesita resolver.La máquina está organizada en más de 180 racks, esos grandes armarios negros que contienen nodos con chips, memoria RAM, tarjetas de red y discos duros. Tiene más de 8.000 nodos, que trabajan de forma coordinada. La lógica es aparentemente sencilla: un gran problema se divide en partes pequeñas, cada nodo calcula una de ellas, los resultados se intercambian a través de una red de alta velocidad y el proceso se repite hasta llegar a una solución.Pero calcular no basta. Un superordenador como MareNostrum 5 también necesita guardar cantidades gigantescas de información y moverla muy rápido de un punto a otro. Su capacidad de almacenamiento ha pasado de los 15 petabytes de MareNostrum 4 a 650 petabytes: 248 petabytes en discos, para los datos que deben consultarse con más rapidez, y otros 402 petabytes en cintas magnéticas, pensadas para conservar información a largo plazo de forma más eficiente. El sistema podría almacenar 1.280 copias de todos los libros catalogados a lo largo de la historia.La otra pieza clave es la red interna que conecta los más de 8.000 nodos. MareNostrum 5 utiliza una especie de ‘autopista de alta velocidad’ que permite que intercambien información mientras trabajan sobre un mismo problema.En la práctica, esa coordinación entre miles de piezas es lo que convierte un superordenador en algo mucho más sofisticado que una simple acumulación de máquinas.MareNostrum 5 es 23 veces más potente que su predecesor MareNostrum 4, y cerca de 10.000 veces más potente que el primero de la saga, MareNostrum 1.La capilla cuánticaMientras MareNostrum 5 trabaja fuera de la capilla, el antiguo espacio de Torre Girona ha vuelto a llenarse de tecnología puntera. Allí se ha instalado el primer ordenador cuántico del BSC, desarrollado con tecnología 100 % europea dentro del proyecto Quantum Spain, y el centro prepara también su integración con sistemas cuánticos europeos.La computación cuántica todavía no tiene el grado de madurez ni de aplicación de la supercomputación clásica. Es, por ahora, una tecnología en fase de exploración, con grandes promesas y muchas incertidumbres. Pero su potencial apunta a campos como la optimización logística, la simulación molecular, el diseño de materiales, la criptografía o la ciberseguridad.El ordenador cuántico del BSC funciona en un entorno extremo. El procesador, donde están los cúbits, se encuentra protegido dentro de un criostato y refrigerado con helio hasta temperaturas cercanas al cero absoluto, alrededor de -273 ºC. Es, literalmente, uno de los puntos más fríos del universo. Los pulsos de microondas modifican el estado de los cúbits para realizar operaciones lógicas y, al final del proceso, los resultados se traducen de nuevo en bits clásicos, unos y ceros, para que puedan ser interpretados por un ordenador convencional.Para entenderlo de forma sencilla, el ordenador cuántico no funciona como un portátil ni como un servidor convencional. El usuario envía las instrucciones desde un ordenador clásico y esas órdenes llegan a un sistema de control, que las transforma en señales de microondas.Esas señales viajan hasta el interior del criostato, una especie de nevera científica muy potente. Allí, protegido del exterior y enfriado al extremo, está el procesador cuántico. En él se encuentran los cúbits, las unidades básicas de información de la computación cuántica. Los cúbits son muy delicados. Para que puedan trabajar correctamente, necesitan estar aislados del ruido, de los cambios de temperatura y de cualquier perturbación externa. Por eso el sistema utiliza helio para enfriarlos, escudos de protección para aislarlos y equipos de control que envían señales muy precisas. Cuando termina el cálculo, el resultado vuelve al ordenador clásico convertido en lenguaje binario, que puede entender. Toda esta potencia tiene un costeLos superordenadores consumen mucha energía y necesitan sistemas complejos de refrigeración. Valero no lo esquiva: el gran consumo energético es uno de los problemas fundamentales de estas máquinas. “Ponte tú en tu casa a enchufar un millón de procesadores al enchufe…”, bromea. Pero detrás de la imagen hay una realidad económica muy concreta: según su director, el BSC paga alrededor de 12 millones de euros al año en factura eléctrica y trabaja con una potencia de unos 12 MW.En ese contexto, la eficiencia es una cuestión ambiental, pero también económica. En MareNostrum 5, la refrigeración por agua es clave. Los circuitos enfrían los elementos del supercomputador de forma más eficiente que una refrigeración exclusivamente por aire. Así, los circuitos de los chips enfrían alrededor del 90 % del ordenador y el calor se reutiliza para calefactar el edificio. Esto permite recircular el agua y reducir el gasto hídrico. El consumo eléctrico, en cambio, sigue siendo la gran magnitud a vigilar.La ciencia que no se ve, pero usamos cada díaEl objetivo del BSC es desarrollar modelos y herramientas que sirvan para hacer mejor ciencia, reforzar el ecosistema público y apoyar a empresas que no podrían acceder por sí solas a este tipo de infraestructura. Ahí encaja la BSC AI Factory, vinculada a la ampliación de MareNostrum 5 para inteligencia artificial. La idea es abrir parte de la capacidad del superordenador también al sector privado, especialmente a startups, pymes y administraciones públicas, mediante convocatorias competitivas y evaluación de propuestas. Ya ha dado servicio a centenares de entidades.El matiz es importante: no se trata de convertir el BSC en un proveedor comercial más, sino de usar una infraestructura pública para que el tejido empresarial europeo no quede descolgado en una carrera dominada por gigantes tecnológicos estadounidenses y asiáticos.Porque la supercomputación ha dejado de ser un concepto lejano reservado a físicos o matemáticos. Está detrás de investigaciones que terminan afectando a la vida cotidiana, aunque casi nunca se perciban como tal. La predicción meteorológica, la medicina personalizada, los nuevos materiales o la inteligencia artificial dependen cada vez más de la capacidad de procesar cantidades enormes de datos y ejecutar simulaciones complejas.Valero sentencia sobre su versatilidad: “Te diría que casi no hay ciencia o ingeniería que no la utilice”.En clima, MareNostrum 5 permite trabajar con modelos de mayor resolución. Esto significa pasar de simulaciones que representan fenómenos en escalas de cientos de kilómetros a otras capaces de incorporar procesos que ocurren en escalas de pocos kilómetros. Esa diferencia puede ser clave para mejorar las predicciones y para proyectos como Destination Earth, la iniciativa europea que busca construir una réplica virtual del planeta para analizar los efectos del cambio climático y probar escenarios de desarrollo más sostenible.Pero MareNostrum 5 está especialmente diseñado para reforzar la investigación médica europea en el diseño de nuevos fármacos, desarrollo de vacunas y simulaciones de propagación de virus. Paula Petrone, investigadora del departamento de Ciencias de la Vida del BSC, trabaja precisamente en esa frontera entre inteligencia artificial, datos y medicina. Su equipo colabora estrechamente con profesionales médicos para desarrollar herramientas que les ayuden en su trabajo, sobre todo en diagnóstico por imágenes, aunque también analizan señales fisiológicas procedentes de electrocardiogramas, estetoscopios digitales y dispositivos wearables que miden variables como la presión arterial, la saturación de oxígeno, la frecuencia respiratoria o la temperatura corporal.Uno de los ámbitos más claros es la radiómica, donde los algoritmos pueden detectar patrones en las imágenes a nivel de píxel que incluso un ojo experto podría pasar por alto. Petrone cita también proyectos concretos en cardiología, desarrollados en colaboración con la Unidad de Resonancia Magnética Cardíaca del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau: algoritmos que analizan electrocardiogramas para detectar patologías cardíacas como el infarto, sistemas que interpretan imágenes de resonancia magnética cardíaca y una herramienta que revisa informes médicos para identificar inconsistencias y ambigüedades, ayudando a los cardiólogos a redactar reportes más claros y estandarizados.

La NASA iniciará este año la construcción de una base en la Luna en colaboración con Blue Origin, la empresa espacial de Jeff Bezos

La NASA prevé enviar a la Luna,  entre septiembre y noviembre, un alunizador no tripulado de Blue Origin para comenzar a asentar los cimientos de la futura base lunar. A esta misión le seguirán otras dos similares programadas para antes de que finalice 2026, según ha informado este martes la agencia espacial en una rueda de prensa en Washington.La nave elegida para la primera misión es el módulo de aterrizaje Blue Origin Mark One Endurance, diseñado por la empresa espacial de Jeff Bezos, el fundador de Amazon, ha explicado el administrador de la NASA, Jared Isaacman. Denominada ‘Moon Base One’, será la primera misión de un aterrizador lunar financiada de forma privada en la historia y se dirigirá a la cresta del cráter de Shackleton, en el polo Sur de la Luna.»Además de transportar dos cargas científicas de la NASA, el objetivo de la misión es demostrar capacidades críticas que reduzcan el riesgo para las misiones del Sistema de Aterrizaje Humano», ha añadido Isaacman. El segundo lanzamiento, programado para finales de 2026, enviará al satélite terrestre un aterrizador diseñado por la empresa estadounidense Astrobotic Technology, y transportará más de 500 kilogramos de carga, incluido un róver, a la superficie lunar.Mientras, el tercer aterrizador correrá a cargo de Intuitive Machines e investigará los orígenes de las anomalías magnéticas de la Luna. Los tres lanzamientos se enmarcan en la fase inicial de la construcción de la base, que prevé el traslado de más de cuatro toneladas de material de carga a la Luna repartidos en 25 lanzamientos y 21 alunizajes hasta 2029.La NASA anunció en marzo un ambicioso plan para construir una base en el polo Sur de la Luna, una zona con regiones en sombra permanente que permiten la presencia de hielo, lo que facilitará la estancia constante de astronautas en su superficie. «Visualizamos la base lunar como una extensión de cientos de millas cuadradas, dotada de diversos recursos que, en conjunto, contribuyen al objetivo de establecer una presencia lunar permanente», ha dicho en la rueda de prensa el científico español Carlos García Galán, responsable del programa Moon Base.La segunda etapa de su construcción abarca entre 2029 y 2032 y prevé 27 lanzamientos y 24 alunizajes, además del traslado de 60 toneladas de material, que permitan establecer la infraestructura inicial de la base, con misiones tripuladas semestrales. La tercera será la definitiva, con 29 despegues y 28 alunizajes con capacidad para transportar 150 toneladas, y la presencia continua de humanos en la Luna.»Vamos a tener constelaciones de satélites que permitirán la comunicación, la navegación, el apuntamiento y la observación. Vamos a tener róvers y vehículos lunares, y también vamos a tener drones», ha agregado el científico español. El clima extremo será uno de los principales desafíos que afrontarán los habitantes de la base, ya que el satélite puede alcanzar temperaturas de hasta 120 centígrados durante el día -que se prolonga por dos semanas terrestres- y descender por debajo de los -120 grados centígrados durante la noche, de igual duración. La generación de electricidad es otra de las complicaciones, aunque García Galán ha precisado que prevén emplear la energía solar y nuclear para ello.»Prevemos una capacidad de generación de energía de entre 2 y 15 kilovatios, pudiendo alcanzar hasta los 20 kilovatios en el caso de utilizar un sistema nuclear, junto con una capacidad de almacenamiento de cientos de kilovatios/hora», ha detallado.