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TECNOLOGÍA

La revolución de los robotaxis llega a Madrid con Uber y WeRide: qué tecnología integran y qué normativa deben cumplir

La movilidad urbana en España podría estar a las puertas de un cambio significativo con la llegada de la conducción autónoma a gran escala. En este contexto de transformación tecnológica del transporte, la compañía WeRide y la plataforma Uber han anunciado sus planes para lanzar el primer programa piloto comercial de robotaxis en la Comunidad de Madrid.Este anuncio responde al modelo operativo de WeRide, basado en la optimización de activos y en la expansión comercial mediante alianzas con socios consolidados que aportan inversión en flotas y soporte para la plataforma. Además, acorde al comunicado oficial compartido por la compañía, dicho anuncio también «se basa en la trayectoria probada de WeRide y Uber en Oriente Medio, donde los servicios comerciales de robotaxis totalmente autónomos ya están disponibles en Abu Dabi y Dubái».No obstante, a comparación de estos dos emiratos, el servicio contará con la colaboración de AVOMO en Madrid, siendo una compañía integrada en el Grupo Moove Cars y socio de Uber. Además, tal y como se menciona en el comunicado, la Comunidad de Madrid se perfila como uno de los mercados más prometedores para el despliegue de robotaxis en Europa, ya que está impulsada por una elevada demanda de movilidad.Pero, ¿cuándo empezarán las primeras pruebas? Se prevé que el servicio comience a operar a finales de este año y que los viajes estén disponibles a través de la app Uber. Además, de cara a un futuro, ambas compañías esperan expandir este servicio comercial autónomo en las principales áreas urbanas y prevén ampliar la flota de forma gradual, que en una primera fase contará con conductores profesionales a bordo.Qué tecnología integran los robotaxis de Uber y WeRideWeRide afirma en su página oficial que «cuenta con una de las flotas de robotaxis comerciales más grandes del mundo», siendo los primeros modelos que «ofrecen una amplitud sin igual».Según la información compartida en la web, los robotaxis de WeRide cuentan con más de 20 sensores de alto rendimiento, una plataforma computación de alto rendimiento HPC 3.0, una potencia de procesamiento de IA de 2000 TOPS y ocho sistemas de redundancia principales. Además, alcanzan una velocidad máxima de 120 kilómetros por ahora.Esta es la normativa que deben cumplir en EspañaJavier Goikoetxea, CEO de Next Mobility, afirma a 20bits que, actualmente, la Dirección General de Tráfico (DGT) permite ensayos mediante el marco ES-AV, siendo un «paso importante porque facilita que las empresas prueben sus sistemas en vías abiertas bajo determinadas condiciones». No obstante, considera que «este nivel de ensayos queda muy lejos de lo que la industria necesita», agregando que «no da tiempo a establecer una normativa que permita la irrupción del vehículo autónomo en España en 2026».En este sentido, Goikoetxea señala que, «mientras otros mercados están experimentando y aprendiendo sobre el terreno, España sigue avanzando con mucha cautela»: «Esta prudencia tiene ventajas desde el punto de vista de la seguridad, pero también puede hacernos perder competitividad en una tecnología que va a definir la movilidad de las próximas décadas». Si las pruebas empiezan a finales de año, ¿cuándo se desplegarán de forma oficial?Según Goikoetxea, «cada anuncio relacionado con robotaxis genera la sensación de que la conducción autónoma total ya está lista para desplegarse masivamente», teniendo en cuenta que «el problema es que se sigue hablando de pruebas muy controladas y de vehículos que operan bajo condiciones específicas». Por lo tanto, los primeros despliegues oficiales de los robotaxis podrían verse «en un horizonte cercano a los cinco años». Así lo explica para 20bits: «Para hablar de una presencia extendida en las principales ciudades españolas, de una adopción significativa operando de forma habitual y sin supervisión humana constante, creo que estamos hablando de una transformación mucho más lenta. La movilidad cambia a ritmos largos y requiere adaptar regulación, infraestructuras, modelos de negocio y hábitos sociales. La tecnología puede avanzar rápido; la transformación del sistema de movilidad no tanto».Llegado el momento de su despliegue, Goikoetxea cree que «será una innovación muy importante» porque cambiará la forma en la que nos desplazamos, ya que «podremos movernos mientras disfrutamos del paisaje»: «Vamos hacia una movilidad con más vehículos autónomos, compartidos y con un uso mucho más eficiente de los recursos de transporte. Dentro de unos años probablemente no hablaremos del robotaxi como una tecnología aislada, sino como una de las piezas que ayudó a acelerar una movilidad más autónoma, compartida, eléctrica y sostenible. Será uno de los grandes símbolos del cambio hacia ciudades donde moverse sea más eficiente, más seguro y menos dependiente del coche en propiedad».Tesla, Waymo y Baidu también tienen robotaxis, aunque presentan serios problemasUber y WeRide no son las únicas compañías que ofrecen servicios de robotaxi, debido a que Tesla desplegó sus coches autónomos por Austin en junio del año pasado, marcando un hito para la industria automovilística porque, por primera vez, se pudo ver a un coche circulando de forma completamente autónoma sin conductor al volante.Los afortunados que pudieron probar esta experiencia coincidieron en que los robotaxis ofrecieron viajes «suaves y cómodos» durante 148 kilómetros, además, describieron la conducción como segura y «sorprendentemente humana». No obstante, un informe dio a conocer que estos vehículos registraron catorce accidentes en menos de diez meses.Pese a que los robotaxis se desenvuelven bien en situaciones complejas, dicha cifra sitúa la tasa de siniestralidad hasta cuatro veces por encima de la atribuida a los conductores humanos, teniendo en cuenta que los partes de los siniestros revelaron que las colisiones se produjeron a una velocidad moderada y, en la gran mayoría de los casos, constaban de daños materiales al chocar contra objetos estáticos y vehículos.Por su parte, Waymo es una empresa de tecnología de conducción autónoma especializada en el desarrollo de vehículos sin conductor, conocida principalmente por operar servicios de robotaxis. Hoy en día, Waymo ya opera servicios comerciales de robotaxi en algunas ciudades de Estados Unidos, teniendo en cuenta que sus coches utilizan una combinación de sensores (LiDAR, radares y cámaras) e inteligencia artificial para entender el entorno, tomar decisiones y conducir de manera segura.Sin embargo, en mayo de este año, Waymo dio a conocer que retiró unos 3.800 vehículos autónomos en Estados Unidos por riesgos de seguridad. En una carta publicada por la Administración Nacional de Seguridad Vial, la empresa matriz de Google decidió retirar estos robotaxis de la circulación porque identificó un fallo en el sistema de manejo autónomo, causando que los coches alcanzaran altas velocidades en vías cuando estaban inundadas.También, Baidu es una de las grandes tecnológicas chinas y uno de los actores más importantes en el desarrollo de robotaxis a través de su plataforma de conducción autónoma Apollo Go. En este ámbito, la compañía ha desplegado flotas de vehículos sin conductor en varias ciudades de China, convirtiéndose en uno de los principales competidores globales en movilidad autónoma junto a empresas como Waymo.Sin embargo, su avance también ha estado marcado por incidentes recientes. En abril de este año, China suspendió la concesión de nuevas licencias para robotaxis tras un fallo en el sistema que provocó que más de un centenar de vehículos quedaran bloqueados en Wuhan, generando caos en el tráfico y pasajeros atrapados temporalmente. Por lo tanto, este episodio puso en cuestión la seguridad y la madurez de la tecnología, frenando la expansión del sector y obligando a los reguladores a reforzar la supervisión antes de permitir nuevos despliegues a gran escala.

Los centros de datos ya usan tanta electricidad como Francia y en 2030 contaminarán como Reino Unido

Los centros de datos son clave para que, cada día, los usuarios podamos realizar búsquedas en internet, enviar correos electrónicos o pasar las horas muertas en Instagram. Sin embargo, también generan un coste ambiental que, con el paso de los años, se irá haciendo más … y más grande. Un nuevo informe de la ONU alerta de que, si no se toman cartas en el asunto, para 2030 este tipo de infraestructuras emitirán una cantidad de dióxido de carbono (CO2) similar a Reino Unido y consumirán la misma cantidad de agua potable que 1.300 millones de personas durante un año entero. En buena medida, debido al vertiginoso desarrollo de esa IA generativa que ya ha comenzado a transformar la cotidianidad de empresas y usuarios.
«El potencial de la inteligencia artificial es enorme, especialmente en ámbitos como la sanidad, la educación, la investigación científica o la adaptación al cambio climático», reconoce Tshilidzi Marwala, subsecretario general de las Naciones Unidas y coautor del estudio. «Sin embargo, la innovación sin una gestión responsable corre el riesgo de agravar las desigualdades y aumentar la presión sobre un medio ambiente que ya se encuentra sometido a una gran tensión», zanja.

En el informe, la ONU destaca que la huella ambiental provocada por la IA ya es enorme. En sus páginas se señala que si todos los centros de datos del mundo conformaran un solo país, serían el undécimo mayor consumidor de electricidad del planeta, con un gasto energético similar al de Francia. Asimismo, se apunta que la IA ya representa el 20% del consumo total de estas infraestructuras. Para 2030 se espera que este porcentaje suba al 40%, suficiente para abastecer de energía durante dos años las residencias de todos los habitantes del África subsahariana.

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Las emisiones de dióxido de carbono derivadas del auge de la IA también van en aumento. Solo en 2025, los centros de datos generaron 189 millones de toneladas de CO2. Para compensar dicha huella haría falta plantar 3.200 millones de árboles, tantos como hay en todo Reino Unido. Y la tendencia, efectivamente, apunta al alza: según la ONU, para 2030 las emisiones de estas infraestructuras podrían alcanzar los 400 millones de toneladas, una cantidad similar a la que se genera anualmente en el país británico. También hay un problema con el agua, imprescindible para la refrigeración de los centros de datos, que ya consumen 4,5 billones de litros de forma anual: suficiente para llenar 1,8 millones de piscinas olímpicas. A finales de década se espera que se alcancen los 9,3 billones.

La huella que dejas con ChatGPT

Atendiendo a estos datos, la ONU destaca la importancia de que la expansión de la inteligencia artificial vaya acompañada de una planificación adecuada en materia energética, hídrica y medioambiental, que debe ser llevada a cabo tanto por las empresas como por los gobiernos. También hace hincapié en el enorme efecto que tiene el uso cotidiano de la IA por parte de compañías y usuarios.

Para limpiar las emisiones de los centros de datos habría que plantar tantos árboles como hay en Reino Unido

«La huella ambiental de la inteligencia artificial no está escrita de antemano. Depende tanto de la infraestructura y las fuentes de energía que la sustentan como del uso que hacemos de ella», destaca a este respecto Miriam Aczel , investigadora del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWE, por sus siglas en inglés) y autora principal del informe.
Para ilustrar la magnitud del problema, el estudio llama la atención sobre el efecto que tiene ya el uso de herramientas como ChatGPT. Según el informe, el chatbot de OpenAI está procesando alrededor de 2.500 millones de consultas diarias, una actividad que requiere una enorme cantidad de energía y recursos. Los autores estiman que el consumo anual de agua solo de esta herramienta sería suficiente para cubrir las necesidades mínimas de agua potable de medio millón de personas durante un año.
El problema se agrava si tenemos en cuenta que la máquina de OpenAI ya ni siquiera es claramente la más empleada por los usuarios, que cada vez muestran un mayor interés por otros sistemas, como el Claude de Anthropic o el Gemini de Google. Precisamente, la ONU también llama la atención sobre los efectos de la apuesta de Alphabet, matriz de Google, por llevar la inteligencia artificial generativa a todas su herramientas; desde su buscador hasta el servicio de mensajería GMail.

Estas infraestructuras consumen 4,5 billones de litros de agua al año. Para 2030 el gasto alcanzará los 9,3 billones

«El consumo aumenta drásticamente cuando se tiene en cuenta la IA integrada en plataformas de uso masivo, como el buscador de Google», se apunta en el informe, en el que se remarca, además, que una búsqueda en internet mejorada por IA requiere diez veces más energía que una consulta convencional. También se señala que «el gasto energético por uso puede variar enormemente en función del tipo de contenido creado por la IA y de la longitud de la respuesta». Esto provoca que «tanto las decisiones de diseño de las plataformas como las elecciones de los usuarios influyan directamente en la huella ambiental».
Por eso, se recomienda evitar comentarios superfluo cuando se charle con un chatbot, como dar las gracias o pedir las cosas por favor. Y medir bien el uso que se le da a cada una de las herramientas, sobre todo a aquellas que te permiten crear vídeos en alta definición a partir de palabras, como es el caso del popular Nano Banana, de Google. Según la ONU, la generación de una única grabación provoca un gasto eléctrico superior al que requiere la creación de cientos de imágenes hechas con IA.
«En este contexto, el desarrollo y despliegue de modelos de IA más pequeños y especializados aparece como una vía prometedora para reducir el consumo energético sin renunciar a la utilidad de estas tecnologías», dice, en declaraciones recogidas por ‘SMC’, Pablo Haya, director del área de Business & Language Analytics del Instituto de Ingeniería del Conocimiento.

El origen de la energía

El informe recoge una comparativa entre las huellas medioambientales que están dejando los centros de datos en distintos países. «Por ejemplo, Francia, que es uno de los países con un mayor número de centros de datos de Europa, presenta una huella de carbono, agua y uso del suelo por kWh significativamente inferior a la de otros países con una elevada concentración de estas infraestructuras, como Reino Unido, Italia o Alemania», dice Haya. En opinión del experto, «este tipo de comparaciones pone de manifiesto que el impacto ambiental no depende únicamente de la magnitud de la capacidad instalada, sino también de las características del sistema energético que la sustenta».
Precisamente, la clave de los buenos resultados de Francia reside en la composición de su sistema eléctrico. El país obtiene buena parte de su electricidad de fuentes nucleares e hidroeléctricas, que generan muchas menos emisiones que los combustibles fósiles. Hay un gran contraste con estados como Indonesia, cuya red eléctrica depende en torno a un 90% de fuentes fósiles. Esto hace que sus centros de datos presenten una de las huellas de carbono más grandes a nivel global.

El FBI advierte sobre páginas falsas que suplantan a FIFA para el Mundial 2026: esta es la lista completa

El Mundial de fútbol es un evento que mucha gente espera con alta expectación y ganas al ser cada cuatro años. Muchos de los aficionados buscan viajes, entradas, merchandising o información relacionada con el torneo y, como con todo lo que mueve masas, los ciberdelincuentes intentan aprovecharse. En este contexto, el FBI ha detectado una campaña de fraude en internet de numerosas páginas web falsas que suplantan a la FIFA para aprovecharse de quienes buscan, como decimos, entradas o servicios relacionados con el Mundial 2026.Según explican desde el FBI, los estafadores están copiando la apariencia del sitio oficial de la FIFA (www.fifa.com) para que los usuarios crean que están navegando en una página web legítima. Una vez dentro, las víctimas son susceptibles de introducir información personal, datos bancarios a través de la compra de entradas o paquetes turísticos que en realidad no existen.Informan que una de las técnicas más utilizadas es crear direcciones web muy parecidas a las de la oficial, pero cambiando una letra, añadiendo una palabra o utilizando una extensión diferente para que la página parezca auténtica a simple vista. Este método es conocido bajo el nombre de «typosquatting» y consiste en aprovecharse de descuidos de los usuarios al describir una dirección en internet.Para no ser víctima, desde el FBI recomiendan acceder siempre escribiendo directamente la dirección oficial de FIFA en el navegador en lugar de hacerlo a través de búsquedas en internet. También aconsejan evitar los enlaces patrocinados, revisar con mucha atención la dirección de cada página y no compartir información personal o financiera si existe alguna duda sobre si el sitio web es auténtico o no.Estos son los sitios fraudulentos que suplantan a FIFAwww.fifa[.]cabwww.fifa[.]pinkwww.fifa[.]azulwww.fifa[.]pubCiudad de la FIFAFifa[.]biocerveza de la FIFAfifa[.]clicfifa[.]camfifa[.]ceofifa[.]ayudafilfa[.]orgfifa-online[.]comhttps://fifa-2026[.]xyzempleos-fifa[.]comfifa-hr[.]comfifa-careerhub[.]comCarreras en la Copa Mundial de la FIFA[.]comfifa-contratación[.]comfifahiring[.]comEntrada de la FIFA en vivofifastore.us[.]comventa de la Copa Mundial de la FIFA 26CopaMundialDeLaFifa26.xcover-staging[.]comworldcup2026-tickets.com[.]mxEntrada para la Copa del Mundo 26[.]comEntradas para la Copa Mundial de la FIFA 2026 en líneafwc2026[.]netfwc2026.web[.]appwww.fifa2026p[.]comCopa Mundial de la FIFA 2026[.]comwvvw-fifa[.]comwww-fifa[.]comfifa-com[.]comwww.fifa-com[.]servicesquiniela-fifa-2026.pages[.]dev

«Los restos son potencialmente peligrosos»: el aviso de la Fuerza Espacial tras la explosión del cohete de Blue Origin

La explosión del cohete New Glenn de Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, durante una prueba en tierra en Cabo Cañaveral ha obligado a la Fuerza Espacial de Estados Unidos (USSF) a emitir un aviso de seguridad ante la posible aparición de restos en zonas costeras de acceso público.El incidente se ha producido durante un test de encendido estático, una maniobra en la que los motores del cohete se activan mientras el vehículo permanece sujeto a la plataforma. Blue Origin ha confirmado que el New Glenn ha sufrido una “anomalía” durante el ensayo y asegura que todo el personal está a salvo.Tras la explosión, Space Launch Delta 45, la unidad de la USSF encargada del Eastern Range, ha advirtido de que los restos derivados de la anomalía podrían llegar a la costa en los próximos días o semanas. Por ese motivo, piden a la población que no toque ningún fragmento y que avise al 911 para que pueda ser retirado de forma segura.“Los restos de vehículos de lanzamiento son potencialmente peligrosos”, señala la Fuerza Espacial en su aviso, en el que recuerda que el contacto directo puede suponer un riesgo para la salud y el bienestar de las personas.La unidad militar también indica que el Eastern Range mantiene su capacidad operativa para lanzamientos espaciales de seguridad nacional y que continúa prestando apoyo al resto de los complejos de lanzamiento, incluido el Centro Espacial Kennedy de la NASA.La investigación sobre la explosión del New Glenn, el gran cohete orbital de Blue Origin con el que Bezos quiere competir con Starship de Elon Musk, deberá determinar ahora qué provocó la anomalía y qué impacto puede tener en los próximos vuelos previstos.

Por qué ha explotado el cohete de Blue Origin y qué consecuencias puede tener para el imperio espacial de Jeff Bezos

Un cohete no tripulado de Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, ha explotado esta madrugada en la plataforma de lanzamiento que la compañía tiene en Florida durante una prueba. De momento no se conocen las causas del incidente y la explicación oficial se ha limitado a señalar que se produjo “una anomalía” y que todo el personal está a salvo.Sin embargo, la explosión del cohete New Glenn no solo ha dejado imágenes espectaculares. También abre un nuevo frente para Bezos en uno de sus proyectos más ambiciosos: convertir a Amazon Leo, la antigua Project Kuiper, en una alternativa real a Starlink, la red de internet por satélite de Elon Musk. Su primera constelación está diseñada para reunir 3.236 satélites en órbita baja terrestre, aunque la compañía aún está en las primeras fases del despliegue.El revés podría afectar a varios aspectos del programa. Por un lado, el cohete no estaba surcando los cielos ni había llegado a despegar, sino que se encontraba en pleno ensayo previo al lanzamiento en el que los motores se encienden mientras el vehículo permanece sujeto a tierra. Se trata de una prueba conocida como hot-fire test o encendido estático y es una de las más importantes antes de autorizar el despegue, porque permite comprobar el comportamiento de los motores y de los sistemas del vehículo sin que este abandone la plataforma.Por eso, el problema podría tener consecuencias más allá del propio cohete. En una prueba de este tipo, el vehículo está en la plataforma, conectado a sistemas de tierra, cargado con propelentes y rodeado de una infraestructura crítica para cualquier lanzamiento posterior. Aunque Blue Origin no ha detallado todavía el alcance de los daños, una explosión en el propio complejo de lanzamiento puede obligar a revisar no solo el cohete, sino también la torre, los sistemas de alimentación, las conducciones, los equipos de soporte y los procedimientos de seguridad antes de intentar una nueva misión.Además, en el peor de los escenarios, si esos daños afectan a elementos esenciales de la plataforma, el complejo podría quedar fuera de servicio de forma temporal. Eso convertiría el accidente en un problema mucho más serio para Blue Origin: no bastaría con sustituir el cohete perdido, sino que habría que reparar, certificar y volver a poner a punto la infraestructura desde la que despega New Glenn.Ese punto es importante porque New Glenn no es un cohete más dentro del calendario de Blue Origin. Es la gran apuesta orbital de la compañía de Bezos y una pieza clave para que Amazon pueda acelerar el despliegue de Amazon Leo, su red de internet por satélite. El lanzamiento que se estaba preparando debía llevar a órbita baja 48 satélites de esta constelación, aunque la carga no estaba integrada en el cohete en el momento del incidente.Y ahí está el otro punto en el que la explosión podría afectar al programa: investigar la causa del fallo y revisar la infraestructura antes de retomar los lanzamientos desde ese complejo puede traducirse en retrasos, especialmente si el daño afecta a elementos de tierra que no se sustituyen con tanta rapidez como una pieza del cohete. Si bien los satélites no se han perdido, porque todavía no estaban instalados en el cohete, el calendario sí puede verse afectado.Amazon Leo ya ha comenzado a desplegar sus satélites, pero necesita aumentar mucho el ritmo si quiere convertir su red en un servicio global y competitivo. Según los datos oficiales, de momento se han completado once misiones y se han superado los 300 satélites desplegados. La buena noticia es que, aunque New Glenn es una pieza muy importante del plan, Amazon no depende solo de Blue Origin: también ha contratado lanzamientos con otros vehículos, como Atlas V, Ariane 6, Vulcan y Falcon 9.La NASA también está en el punto de miraEl problema no afecta únicamente al negocio de internet espacial. New Glenn también forma parte de los planes de Blue Origin para ganar peso en misiones institucionales y lunares. La NASA ha contado con la compañía de Bezos para distintos programas vinculados a la exploración de la Luna, y cualquier incidente relevante en un lanzador pesado obliga a revisar plazos, riesgos y garantías técnicas.Eso no significa que el programa quede paralizado ni que Blue Origin esté fuera de la carrera. Las explosiones y los fallos forman parte del desarrollo de cohetes, incluso en compañías muy avanzadas. SpaceX también ha sufrido accidentes muy visibles durante sus pruebas.Pero en el caso de New Glenn, el momento es más delicado, ya que Bezos necesita demostrar que su compañía puede lanzar de forma regular, fiable y con una cadencia suficiente para atraer clientes comerciales, misiones científicas y contratos institucionales.

Anthropic supera a OpenAI y se convierte en la startup de IA más valiosa del mundo

Noviembre de 2022. OpenAI pone en línea a ChatGPT y el mundo se queda pasmado ante las posibilidades de esa nueva máquina capaz de responderlo casi todo. Algunos incluso piensan que, en el medio plazo, la herramienta sustituirá a Google como principal albacea de … toda esa información que, segundo tras segundo, se vuelca en la red. Casi cuatro años después, ni su chatbot es claramente el más popular ni la startup es la más valiosa de su clase.
Anthropic ha superado a OpenAI y se ha convertido en la compañía de inteligencia artificial más valiosa del mundo. La creadora de Claude anunció este jueves un nuevo acuerdo de financiación de 65.000 millones de dólares que eleva su valoración total hasta los 965.000 millones de dólares. La empresa de ChatGPT está en los 852.000 millones.

«Claude es cada vez más indispensable para nuestra creciente comunidad global de clientes, y trabajamos incansablemente para que herramientas como Code y Cowork sean más útiles, potentes y adaptables a sus necesidades», ha señalado a raíz del anuncio Krishna Rao, director financiero de Anthropic. «Esta financiación nos ayudará a atender la demanda histórica que estamos experimentando, a mantenernos a la vanguardia de la investigación y a llevar Claude a más lugares donde se desarrolla el trabajo», ha zanjado.

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La nueva ronda de financiación, liderada por Altimeter Capital, Dragoneer, Greenoaks y Sequoia Capital, demuestra el buen momento por el que pasa Anthropic, tanto a nivel de desarrollo como de imagen pública. La firma liderada por Darío Amodei -que siempre ha estado más dirigida al mundo de la empresa que al usuario corriente- cuenta con uno de los mejores chatbots y con Claude Code, considerada por muchos desarrolladores como la mejor herramienta para programar con IA.
Anthropic también se ha visto beneficiada a nivel reputacional por el reciente enfrentamiento que protagonizó con el Pentágono, con el que se encuentra inmersa en una batalla legal provocada por la negativa de la firma al uso de su tecnología para crear armas autónomas o sistemas de vigilancia en suelo estadounidense. Algo que provocó que la empresa entrase en la lista negra de Washington y que su tecnología pasara a ser considerada como una amenaza para la seguridad nacional.
La empresa también ha conseguido ganarse el favor del Vaticano. Su cofundador, Christopher Olah, fue el único representante de los gigantes de la IA en la presentación de ‘Magnifica Humanitas’, la primera encíclica del Papa León XIV en la que que se realiza una defensa decidida de la humanidad en los nuevos tiempos de los algoritmos. Durante el evento, Olah alertó, entre otras cosas, sobre el peligro de que la inteligencia artificial genere desempleo «a gran escala» y de que su desarrollo se está concentrando en «un puñado de naciones ricas».

Los problemas de OpenAI

Mientras tanto, la reputación de OpenAI se ha visto afectada recientemente por el enfrentamiento judicial que protagonizó con Elon Musk. Durante su desarrollo, varios exejecutivos de la empresa acusaron a Sam Altman de «mentir» de forma recurrente y de ser una persona poco fiable. La empresa también se ha visto forzada a hacer cambios en su modelo de negocio y comenzar a centrarse en el mundo de la empresa para aumentar los ingresos generados directamente por su tecnología. Anunció la muerte de Sora, la herramienta de la empresa para la generación de vídeo, y dejó a un lado los planes para darle funciones de chatbot erótico a ChatGPT.
La firma también ha visto como su chatbot ha dejado de ser el más popular entre los usuarios. La semana pasada Google anunció que Gemini, su alternativa a ChatGPT, ha conseguido superar los 900 millones de usuarios, lo que le pone al nivel, sino por encima, de la herramienta de OpenAI.

El plan de Google para conseguir que España confíe en su nube

El Cloud AI Live que Google celebró este jueves en Madrid llegó justo después del Google I/O, su evento para desarrolladores donde presentaron 100 novedades, y un mes después de Cloud Next; de modo que su función ha sido traer a la capital … el aluvión reciente de anuncios y darle, en palabras de la compañía, «un sabor español». Bajo esa etiqueta amable se esconde un ritual conocido, subir al escenario a una procesión de clientes a contar sus casos de éxito, como el Ayuntamiento de Madrid, Prosegur, Unicaja, Vocento, Fundación ONCE, entre los más de cincuenta que han participado hoy.
Lo relevante, sin embargo, no estaba en los modelos de inteligencia artificial, que cambian tan rápido que ya casi no son noticia por ello. Estaba en una palabra que llevamos años escuchando y pocas veces se cumple: la soberanía de los datos. Google ha anunciado una alianza con Telefónica para ofrecer el servicio Data Boundary, donde la información que una organización española sube a Cloud se cifra con claves que genera y custodia Telefónica en su propia nube soberana y desde territorio español.

La consecuencia práctica, que es lo que importa, es que Google no puede acceder a los datos que almacena. La llave la tiene el operador, no el dueño de la nube. Es el nivel de privacidad que llevaban años esperando administraciones públicas y empresas privadas para mover a la nube información que seguía en servidores propios. Isaac Hernández, director general de Google Cloud para Iberia, lo resumió con esta frase: «No debería haber conflicto entre la soberanía digital de España y su competitividad económica». Este movimiento resuelve, de paso, el principal freno comercial que la tecnológica arrastraba con el sector público y los entornos regulados: la desconfianza.

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Isaac apuntaló su argumento con ejemplos que rara vez se oyen desde Google, como los contratos recientes con los ministerios de defensa británico y alemán que llevan la nube a entornos militares con el llamado ‘kill switch’, la garantía de que nadie, desde fuera, pueda interrumpir esos sistemas. Del extremo castrense a la nube pública, sostiene, hay todo un abanico de «sabores», incluida una nube distribuida que la compañía puede desplegar físicamente en las instalaciones del cliente. Que una empresa vendedora de nube reconozca un mundo híbrido y multicloud, en lugar de empujar todo hacia sus servidores, es una concesión más grande de lo que parece.
En ABC preguntamos a Isaac por el abismo entre la velocidad a la que el usuario adopta la IA y la parálisis de las empresas, nos explicó las dos trampas en las que caen las compañías. La primera, el ruido, citando a Thomas Kurian para comparar esta revolución con la industrial, que va diez veces más rápida, el efecto es una sensación generalizada de ir medio perdido. La segunda es el piloto eterno, que sufren aquellas compañías cautivas de la prueba de concepto que nunca llega a producción y una mayoría atascada en lo que llamó «productividad personal», es decir, el empleado jugando con un chatbot.
Isaac nos relató que Google procesa cerca del orden de los cuatrillones de tokens sumando uso propio y de clientes, y es capaz de levantar un clúster virtualizado con un millón de TPU sobre la octava generación de sus chips. El Gemini 3.5 Flash recién lanzado sería, según la casa, cuatro veces más rápido y tres veces más barato que el anterior. Pero aquí viene el ‘pero’: con agentes que actúan de forma autónoma, advirtió, darle total libertad a la máquina es como entregarle a un empleado una tarjeta de crédito sin límite. El resultado es lo que ya hemos leído esta semana con Uber, que ha llegado a replantearse el coste de programar con IA, como muchos otros.
Está claro que Google ha llegado tarde a la fiesta de la programación con IA, donde Claude Code, de Anthropic, lleva la delantera. Cuando preguntamos a Isaac sobre el tema, defendió Antigravity con un argumento corporativo; integración y cumplimiento normativo. Pero el dato más elocuente fue que el 75% del código que escribe la propia Google ya está asistido por IA. Cuando quien predica lo practica a esa escala, el «llegamos tarde» se convierte en «llegamos con prisa».