Tecnología - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

TECNOLOGÍA

Los robots humanoides asustan en la media maratón de Pekín: rebajan casi dos horas el tiempo del año pasado

Los robots humanoides han rebajado este domingo en casi dos horas la marca del ganador del año pasado en la media maratón de Pekín. Ha sido el equipo autónomo ‘Qitian Dasheng’ el que se ha impuesto con un tiempo de 50 minutos y 26 segundos, tras una carrera en la que la máquina más rápida en cruzar la meta ha competido bajo control remoto. El robot ‘Shandian’ (relámpago en chino mandarín), también de la empresa Honor, ha sido en realidad el primero en completar los 21 kilómetros con un tiempo neto de 48 minutos y 19 segundos, a pesar de caerse a apenas 100 metros de la línea de meta. Sin embargo, su resultado quedó por detrás al aplicarse el coeficiente previsto en el reglamento para los equipos no autónomos, que penaliza su marca en la clasificación final. En concreto, las marcas de los robots controlados a distancia se multiplican por 1,2 en la clasificación, lo que relega su posición frente a los sistemas autónomos con tiempos similares.La prueba, celebrada en el distrito tecnológico de Yizhuang de la capital china, ha reunido a más de un centenar de equipos de robots humanoides junto a unos 12.000 corredores humanos de acuerdo a la organización, en un recorrido urbano de 21,0975 kilómetros, en la segunda edición de un evento concebido como banco de pruebas para este tipo de tecnologías.El trazado ha incluido distintos tipos de terreno, como curvas, pendientes o tramos estrechos, diseñados para poner a prueba la estabilidad y la capacidad de adaptación de los robots en condiciones reales.Un salto de rendimientoLa mejora de los tiempos respecto a 2025, cuando el robot ‘Tiangong’, diferente modelo a los ‘Shandian’, ganó con 2 horas, 40 minutos y 42 segundos, refleja el rápido avance en capacidades como la velocidad, la estabilidad o la gestión energética, en una prueba en la que los mejores registros se han situado ya en torno a los 50 minutos, cerca del récord mundial humano de media maratón, fijado en 57 minutos y 20 segundos, aunque bajo condiciones no equiparables.»No es una sorpresa», ha afirmado un ingeniero del equipo de desarrollo citado por el diario local The Beijing News, que ha asegurado que estos resultados ya se habían observado en pruebas previas, aunque ha calificado de «muy emocionante» el rendimiento logrado en competición.El evento ha combinado robots con navegación autónoma y otros guiados de forma remota, en una competición con clasificación unificada que pondera los resultados según el grado de intervención humana, con el objetivo de incentivar el desarrollo de soluciones capaces de operar sin asistencia.Entre los participantes figuraran también equipos internacionales procedentes de instituciones como la Universidad Técnica de Múnich (Alemania) o la Universidad Paris-Saclay (Francia), además de formaciones conjuntas con Macao y Brasil.En paralelo, la carrera ha servido de escaparate para nuevas aplicaciones, como un robot de tráfico que ha debutado en el recorrido dando indicaciones a los corredores y que las autoridades prevén incorporar de forma progresiva a tareas de gestión urbana, de acuerdo a la televisión estatal CCTV.En la categoría humana, el chino Zhao Haijie se ha impuesto en la prueba masculina con un tiempo de 1 hora, 7 minutos y 47 segundos, mientras que Wang Qiaoxia ha ganado la femenina con 1 hora, 18 minutos y 6 segundos, según datos de la organización.La carrera forma parte de la estrategia de Pekín para impulsar la robótica humanoide como industria, utilizando pruebas en entornos reales para acelerar su desarrollo y evaluar su posible aplicación en ámbitos como la inspección industrial, la asistencia o los servicios urbanos. «Promover la investigación, la industria y la aplicación a través de la competición es el objetivo central», ha señalado un responsable del área de desarrollo tecnológico de Yizhuang a los medios al término de la carrera.

Los astronautas de Artemis II: «Si hubiéramos tenido las llaves del módulo de aterrizaje, habríamos alunizado»

Tras completar una misión histórica de diez días alrededor de la Luna, la tripulación de Artemis II ha reaparecido en Houston con una mezcla de cansancio, euforia y algo difícil de traducir en palabras. Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen han compartido cómo han vivido un viaje que no solo ha batido récords y validado tecnologías clave para el programa Artemis, sino que también les ha dejado una huella más íntima: la de haber visto la Tierra desde tan lejos que todo, de pronto, parece cobrar otra escala.Volver a casa después de rodear la Luna no se parece demasiado a volver de ningún otro sitio. Quizá por eso la rueda de prensa de la tripulación de Artemis II no ha sonado a comparecencia al uso, sino a cuando intentas contar una experiencia tan grande que todavía no cabe del todo en palabras.Wiseman ha dado las gracias a sus compañeros y al resto del mundo y ha hablado de una unión que, según ha dicho, va más allá de la amistad. “Eso es lo más cerca que cuatro humanos pueden estar sin ser familia”, ha asegurado, al recordar los diez días que han compartido dentro de Orion, la nave que ellos mismos bautizaron como Integrity. “Salimos de la Tierra como amigos y hemos vuelto como mejores amigos”, ha subrayado.Un viaje que ya es historiaArtemis II ha sido la primera misión tripulada del programa Artemis y, con ella, la NASA ha devuelto seres humanos al entorno lunar más de medio siglo después de Apollo. La tripulación ha sobrevolado la cara oculta de la Luna, se ha acercado a unos 6.500 kilómetros de su superficie y ha alcanzado una distancia de 406.600 kilómetros de la Tierra, superando el récord del vuelo tripulado más lejano. Sobre el papel, esos son los grandes hitos. En la práctica, lo que han descrito sus protagonistas ha sido algo más difícil de medir. Han hablado de profundidad, de fragilidad, de perspectiva. De mirar por la ventana y sentir que la galaxia tenía, por primera vez, volumen.Hansen, astronauta de la agencia espacial canadiense, ha intentado ponerle forma a esa impresión. Ha dicho que una de las cosas que más le ha impactado ha sido esa sensación de tridimensionalidad del universo, como si las estrellas, la Luna y la Tierra dejaran de ser una imagen plana para adquirir una presencia física nueva, casi abrumadora. “Me voló la cabeza”, ha confesado. Y después ha añadido algo que resume bien el tono general de la rueda de prensa: que allí arriba se ha sentido “infinitesimalmente pequeño”, pero al mismo tiempo poderoso como ser humano y como parte de un grupo.Algo más que una misión técnicaLa misión tenía un objetivo claro: probar por primera vez con astronautas a bordo todos los sistemas de la nave Orion en el espacio profundo. Ha habido maniobras de navegación, demostraciones de proximidad, validación de procedimientos, comprobaciones de sistemas y varios pequeños problemas que han obligado a mantener la atención muy alta. Wiseman ha hablado de una fuga de presión, de incidencias con la línea de ventilación del inodoro y hasta de una alarma de humo que ha sonado cuando aún estaban a unos 80.000 kilómetros de casa. “Si quieres llamar la atención de alguien muy rápido, haz que suene la alarma de incendio en tu nave espacial”, ha bromeado.A su juicio, Orion “se ha manejado muy bien” y, si dependiera solo de su confianza en el vehículo, la nave de Artemis III podría ponerse mañana mismo sobre un cohete SLS y despegar con garantías, la tripulación estaría en perfectas condiciones para volar. Además, al hablar del proceso de reentrada a la atmósfera terrestre, ha reiterado esta idea describiendo el descenso como “un viaje muy suave”.La frase más llamativa de toda la rueda de prensa ha llegado cuando un periodista ha preguntado por el futuro del programa Artemis y una presencia humana estable en la Luna.Entonces Wiseman ha dejado una de esas declaraciones que inevitablemente acaban en titular. Ha dicho que una vez allí, rodeando la Luna, comprendió que la distancia mental entre orbitarla y alunizar no le parece ya tan inmensa como antes. “Si nos hubierais dado las llaves del módulo de aterrizaje, lo habríamos bajado y habríamos alunizado”.La frase tiene bastante de entusiasmo posmisión. Pero también encierra una idea importante: Artemis II ha servido para demostrar a la tripulación que lo que no has visto intimida mucho más. Hansen lo ha formulado de manera precisa: “Esta misión me ha enseñado que lo desconocido asusta mucho más que lo conocido”. Cada vez que han completado un objetivo de prueba, ha explicado, la sensación ha sido la misma: ha requerido muchísimo trabajo, sí, pero una vez allí, haciéndolo, ha dejado de parecer inalcanzable.Se trata de una afirmación relevante sobre todo ahora que la arquitectura del programa Artemis ha cambiado y Artemis III, prevista para 2027, se centrará en probar sistemas y capacidades operativas en órbita terrestre, mientras que el primer alunizaje de esta nueva etapa se desplaza a Artemis IV, en 2028. La Luna, la Tierra y una experiencia difícil de explicarHa habido una pregunta especialmente reveladora en la rueda de prensa: cuál ha sido la experiencia más notable que no puede transmitirse de forma completa ni con fotos ni con vídeo. Las respuestas no han girado tanto alrededor de un momento concreto como de una sensación general de extrañeza, belleza y desborde.Koch ha hablado del impacto que ha tenido descubrir que la misión ha emocionado a personas muy distintas entre sí, más allá de identidades o fronteras. Ha contado que su marido, durante una videollamada, le dijo que realmente estaban marcando una diferencia. Y que al escucharlo se le llenaron los ojos de lágrimas. “Eso es todo lo que siempre quisimos”, ha dicho.Wiseman ha contado que, ya de vuelta en el barco de recuperación, ha pedido hablar con el capellán de la Marina. No se ha definido como una persona religiosa, pero ha dicho que no encontraba otra vía para empezar a explicar lo que acababan de vivir. “No creo que la humanidad haya evolucionado hasta el punto de comprender lo que estamos mirando ahora mismo”, ha recordado haberle dicho a Glover cuando el Sol se eclipsaba detrás de la Luna.Glover, por su parte, ha reconocido que aún no ha tenido tiempo de “desempacar” del todo la experiencia. Apenas llevan una semana de vuelta y desde el amerizaje han encadenado pruebas médicas, evaluaciones físicas, sesiones científicas y el protocolo habitual de reacondicionamiento. Todo eso ha dejado poco margen para procesar algo que, a juzgar por sus palabras, sigue resonando con fuerza. La reentrada: 13 minutos y 36 segundos de intensidadSi el viaje de ida fue la promesa de lo desconocido, la vuelta tuvo la forma de una caída larga, caliente y violenta a través de la atmósfera. Glover ha sido quien mejor ha descrito ese tramo final, especialmente el instante en el que se liberaron los paracaídas de frenado y la cápsula volvió a sentirse, durante unos segundos, en ‘caída libre’ hasta que los paracaídas principales salieron. “Fue glorioso”, ha dicho.La tripulación también ha hablado del escudo térmico de Orion y del buen comportamiento que ha mostrado durante la reentrada. Wiseman ha explicado que la NASA ha aprendido mucho del análisis exhaustivo del escudo de Artemis I y que en esta ocasión la trayectoria se ha modificado para entrar más rápido y más caliente, evitando así los problemas de la misión anterior.Y también han señalado que la sensación de microgravedad no desaparece rápido. Koch ha contado que, al despertarse en los primeros días en la Tierra, en ocasiones ha seguido sintiendo que estaba flotando. Y que ha llegado a sorprenderse al ver caer una camisa que había dejado en el aire.Más allá de lo épico del viaje, Artemis II ha dejado algo muy útil para el futuro inmediato del programa: certezas sobre Orion, sobre la tripulación y sobre qué funciona, qué incomoda, qué se puede simplificar y qué conviene rediseñar antes de las siguientes misiones. Así que su gran hito puede que no sea haber ido más lejos que ningún otro humano, sino haber hecho que el siguiente paso para volver a la Luna parezca menos remoto.

Europa obliga a cambiar los móviles a partir de 2027: baterías reemplazables y más fáciles de reparar

La obsolescencia programada es la estrategia comercial de diseñar dispositivos con una vida útil limitada para que se vuelvan inservibles o desactualizados tras un periodo de tiempo, de esta manera, se fuerza al usuario a comprar un nuevo. Desde marzo de 2021, los usuarios europeos tienen por ley el ‘derecho a reparar’ porque, según dictaminó la Unión Europea, los fabricantes que venden neveras, lavadoras, secadoras, televisores o móviles en la UE deben asegurar que pueden repararse hasta por diez años para «para reducir la enorme montaña de desechos eléctricos que se acumulan cada año en el continente».Esta iniciativa se enmarca dentro de un plan más amplio orientado a disminuir el impacto ambiental de los productos manufacturados, apostado por hacerlos más duraderos y eficientes desde el punto de vista energético. Es decir, se exige a los fabricantes garantizar la disponibilidad de piezas durante al menos diez años, además, desde entonces, los dispositivos deben incluir manuales de reparación y estar diseñados de forma que puedan desmontarse con herramientas habituales cuando ya no sea posible arreglarlos, facilitando así su reciclaje.También, a todo ello se sumó una propuesta de la Comisión Europea para reforzar los derechos de los consumidores ante averías en aparatos como televisores o lavadoras, obligando a los fabricantes a repararlos, en lugar de sustituirlos, durante un periodo de hasta diez años desde su compra. Asimismo, para fomentar la reparación de dispositivos para que se usen durante más tiempo, desde junio del año pasado, los dispositivos electrónicos que se venden en la Unión Europea deben llevar una etiqueta energética para saber si un móvil, tablet o televisor son eficientes, fáciles de reparar y resistentes, entre otros requisitos.Ahora, en un nuevo giro que endurece las políticas de sostenibilidad para reducir el volumen de residuos electrónicos, la Unión Europa tiene decidido que los móviles con fecha de caducidad temprana deben llegar a su fin.Concretamente, el reglamento indica que, a partir de 2027, los smartphones comercializados en los Estados miembros de la UE tendrán baterías más duraderas para soportar un mayor número de ciclos de carga sin perder capacidad, además, será obligatorio que las baterías puedan ser reemplazadas por el propio usuario —esto quiere decir que los fabricantes dirán hasta siempre a los diseños unibody que requieren herramientas especializadas para extraer una batería—.Podrás extraer la batería de tu móvil a partir de 2027Con esta medida, el derecho a reparar deja de ser una simple recomendación para convertirse en un requisito técnico que influirá directamente en el diseño de los futuros smartphones. Más allá del hardware, la normativa europea también incide en la vida útil de los dispositivos a través del servicio posventa. Así, las marcas no solo deberán garantizar el acceso a piezas de repuesto originales durante largos periodos, sino que también estarán obligadas a proporcionar actualizaciones de software durante un tiempo mínimo asegurado.En definitiva, se trata de la respuesta de Bruselas frente a la obsolescencia programada, con el objetivo de evitar que un dispositivo quede desfasado por falta de compatibilidad. Además, aunque el marco legal ya está definido, el sector dispondrá un periodo de adaptación para cumplir con las nuevas exigencias, ya que los fabricantes tendrán los próximos meses para ajustar sus procesos de producción y logística antes de la entrada en vigor en 2027.Desde Bruselas defienden que priorizar la reparación siempre que sea viable no solo contribuye a reducir costes, sino que también responde a los objetivos del Pacto Verde, al disminuir la generación de residuos y el consumo de materiales en la fabricación de nuevos productos.

Se acabaron los sustos al ver películas de miedo: esta aplicación te avisa de las escenas de terror

Una noche tranquila con manta y palomitas puede convertirse en un ‘mal trago’ si elegimos ver una película de terror. Hay personas a las que les encanta este tipo de cine, aunque no tanto los sustos que les hacen saltar del sofá o la tensión que ello genera. Cierto es que esa es la gracia, pero para quienes quieren disfrutar de la historia sin pasar miedo todo el rato, existe una solución llamada Binge, una aplicación para iPhone que te avisa de los momentos más intensos mientras se ve una película.Cómo funcionaSegún recogen desde Digital Trends, funciona de una forma sencilla. Solo hay que abrir la app al mismo tiempo que empieza la película y el iPhone muestra alertas en la pantalla de bloqueo justo antes de que ocurra un susto. También permite elegir el nivel de avisos para que solo notifique las escenas más fuertes.Dicho esto, explican que tiene una serie de detalles que hay que tener en cuenta. Binge no está conectada a plataformas de streaming, por lo que hay que iniciarla de forma manual cuando empieza la película. Eso sí, si se pausa la película, hay que hacer lo mismo con la app para que las alertas sigan siendo precisas.Más allá de los avisos, incluye información útil sobre las películas, como el reparto, duración, premios y críticas, e incluso tiene un buscador que te dice en qué plataforma se puede ver. Además, ofrece datos sacados de IMDb, algo bastante útil para saber más datos sobre la película.¿Cuánto cuesta la app de Binge?Binge se puede descargar gratis desde la App Store, pero la función de avisos de sustos es de pago. Cuesta 1,99 dólares al mes, 17,99 al año o 49,99 en un solo pago para siempre. Está disponible en iPhone, iPad y Mac.

De vuelta a casa: Artemis II culmina su histórico viaje con un emocionante amerizaje en el Pacífico

© 20 Minutos Editora, S.L.
Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual. Asimismo, a los efectos establecidos en el artículo 33.1 de Ley de Propiedad Intelectual, la empresa hace constar la correspondiente reserva de derechos, por sí y por medio de sus redactores o autores.

Artemis II culmina su misión con un amerizaje perfecto tras llevar de nuevo astronautas a la Luna después de medio siglo

La misión Artemis II ha llegado a la Tierra con éxito. Tras más de diez días en el espacio profundo y un recorrido de alrededor de 1,1 millones de kilómetros, la cápsula Orion ha completado su reentrada en la atmósfera antes de amerizar en el océano Pacífico, frente a la costa de California, en una operación que ha concentrado en apenas 13 minutos buena parte del riesgo de la misión.El amerizaje pone fin a una misión histórica: la primera tripulada que ha viajado más allá de la órbita baja terrestre en más de medio siglo. A bordo, Reid Wiseman, Victor Glover, Jeremy Hansen y Christina Koch han regresado tras haber sobrevolado la Luna y batido el récord de distancia alcanzada por seres humanos, alejándose hasta más de 406.000 kilómetros de la Tierra.El momento clave del regreso ha sido la reentrada. La cápsula Orion ha atravesado las capas altas de la atmósfera a velocidades cercanas a los 40.000 kilómetros por hora, lo que ha provocado un aumento extremo de la temperatura, por encima de los 2.500 grados, y ha convertido a la nave en una auténtica bola de fuego.Pero el calor no ha sido el único desafío. Durante la desaceleración, los astronautas han soportado fuerzas de hasta tres o cuatro veces la gravedad terrestre. Tras días en microgravedad, su cuerpo se ha visto sometido a una presión repentina que ha multiplicado su peso y ha puesto a prueba su resistencia física.A ello se ha sumado el conocido blackout, un apagón de comunicaciones de unos seis minutos provocado por la formación de plasma alrededor de la cápsula, que ha impedido cualquier contacto con la Tierra en el momento más crítico del descenso.Una reentrada ajustada tras Artemis ILa reentrada de Artemis II ha incorporado además cambios relevantes respecto a la misión no tripulada anterior. Tras Artemis I, la NASA detectó grietas y desprendimientos en el escudo térmico de Orion, fabricado con material ablativo Avcoat.Aunque no comprometieron la integridad de la nave, sí llevaron a la agencia a optar por un perfil de descenso más directo y controlado, con el objetivo de reducir el estrés térmico y garantizar un comportamiento más predecible del escudo.Este sistema, de unos cinco metros de diámetro, es el mayor jamás utilizado en una cápsula tripulada y está diseñado para degradarse de forma controlada durante la reentrada, disipando el calor extremo y protegiendo la estructura de la nave.Superada la fase más violenta, Orion ha iniciado su descenso final. A gran altitud se ha desplegado una secuencia de hasta 11 paracaídas —piloto, de frenado y principales— para reducir progresivamente la velocidad hasta permitir un amerizaje controlado en el Pacífico.Tras el impacto con el agua, se han activado automáticamente cinco flotadores para estabilizar la cápsula y mantenerla en posición segura. A partir de ese momento ha comenzado el operativo de recuperación, con buzos y equipos especializados encargados de asegurar la nave antes de abrir la escotilla.Aproximadamente una hora después del amerizaje, la tripulación será evacuada de la cápsula Orion. Los astronautas serán trasladados en helicópteros de la Armada estadounidense hasta el buque USS John P. Murtha, donde comenzarán las primeras evaluaciones médicas.Una vez atendidos por el equipo médico, regresarán a tierra y volarán hacia el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston.Un paso clave hacia la LunaMás allá del amerizaje, Artemis II deja varios hitos relevantes. La misión ha demostrado la capacidad de Orion para operar con tripulación en el espacio profundo, ha validado sistemas críticos de navegación, comunicaciones y soporte vital, y ha confirmado la viabilidad de futuras misiones lunares.En el calendario actual del programa Artemis, la agencia prevé dos misiones con alunizaje en 2028, mientras que Artemis III, inicialmente concebida para ese objetivo, se limitará a un vuelo en órbita terrestre baja previsto para 2027.

Europa se queda sin medios para detectar pornografía infantil en WhatsApp

La Unión Europea ya no permite a las grandes tecnológicas buscar material de abuso sexual infantil en las comunicaciones de los usuarios. La decisión, tomada por el Parlamento a finales de marzo, es efectiva desde este mes de abril y está siendo duramente … criticada por centenares de organizaciones centradas en la protección de los menores y por las grandes tecnológicas. Acusan a Bruselas de actuar de forma «irresponsable» y de tomar un camino que «tendrá consecuencias devastadoras» para la seguridad de los más pequeños.
«Sentimos una preocupación tremenda. Hasta hace unos días contábamos con una medida para detectar algo tan grave como el abuso sexual infantil en línea; ahora nos hemos quedado sin ella y eso supone un paso atrás enorme en la protección de los menores», explica en conversación con ABC Sonsoles Bartolomé, directora del departamento jurídico de las líneas de ayuda de la Fundación ANAR, dedicada a prestar ayuda a los niños y adolescentes en situación de riesgo.

MÁS INFORMACIÓN

Esta asociación es una de las 247 organizaciones europeas que han firmado recientemente un comunicado en el que «condenan enérgicamente el fracaso de los responsables políticos de la UE a la hora de prorrogar la base legal que permitía estas actividades de detección». Según explican, desde 2021, grandes empresas tecnológicas como Meta (propietaria de WhatsApp, Facebook e Instagram), Google o TikTok contaban con permiso temporal de la Unión Europea para buscar material de abuso sexual infantil entre las comunicaciones que intercambian los usuarios. Esta operación se llevaba a cabo mediante tecnologías de detección automatizada y era completamente voluntaria.

Caída en las detecciones

Durante los últimos años, varios países de la UE, entre ellos España, han trabajado activamente en la aprobación de una nueva ley que obligaría directamente a las tecnológicas a buscar contenido de abuso infantil en sus servicios. Sin embargo, la medida fue descartada una vez tras otra debido al temor de que pudiera provocar daños en la privacidad de las conversaciones que mantienen los usuarios.
Las organizaciones de protección infantil se muestran preocupadas por la posibilidad de que ahora, con la desaparición de la ley, «las denuncias de material de abuso sexual infantil caigan drásticamente» en Europa. Consideran que «las fuerzas del orden perderán pistas cruciales para destapar casos de abuso sexual y los menores seguirán atrapados en situaciones de abuso».
Las asociaciones recuerdan que la última vez que surgió una laguna similar, en 2021, las denuncias de este tipo procedentes de cuentas con sede en la UE al Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados -organización estadounidense que funciona como un centro de información de casos de abuso sexual- cayeron un 58% durante dos meses y medio.
Las tecnológicas también se han mostrado contrariadas por la situación actual. En otro comunicado conjunto, Meta (propietaria de WhatsApp, Instagram y Facebook), Google, Microsoft y Snapchat, señalan que con el final de este permiso, «Europa corre el riesgo de dejar a los niños de todo el mundo menos protegidos de los daños más abominables»: «Nos decepciona este fracaso a la hora de alcanzar un acuerdo para mantener los esfuerzos establecidos para proteger a los niños en línea».
Las empresas aseguran comprender que, en esta nueva situación, Bruselas espere que sean ellas las que «tomen medidas para garantizar la seguridad infantil». Les preocupa la actual laguna jurídica, pero han tomado la determinación de «seguir adoptando medidas voluntarias en relación con nuestros servicios de comunicación interpersonal pertinentes». Esto implica que tienen intención de seguir buscando material abusivo aunque no tengan permiso directo para ello, algo que podría ir en contra de la directiva de privacidad europea, que protege la confidencialidad de las comunicaciones electrónicas.
La situación de las tecnológicas no es sencilla. Cabe recordar que en base a la Ley de Servicios Digitales de la UE, las cuatro compañías detrás del manifiesto -como cualquier otra que cuente con, al menos, 45 millones de usuarios únicos mensuales en suelo comunitario- tienen la obligación de eliminar cualquier contenido ilegal alojado en sus plataformas, lo que incluye la material de abuso infantil. Si no cumplen, pueden recibir multas que ascienden hasta el 6% de sus ingresos anuales globales.

Una solución

Para acabar con la incertidumbre y las lagunas jurídicas, las tecnológicas han hecho un llamamiento «a las instituciones de la UE para que concluyan con urgencia las negociaciones sobre un (nuevo) marco regulatorio» lo antes posible. Lo mismo esperan desde las ONG. «Parece que en Europa les está costando llegar a un acuerdo, pero deben entender que nos han dejado sin cobertura para controlar el envío de contenido abusivo. No sé cuándo llegará esa regulación que nos permita proteger a los niños, pero queda claro que es necesaria», remarca Bartolomé.
Fuentes de la UE señalan que, actualmente, se está trabajando en el desarrollo de una nueva legislación que permita solventar esta situación, aunque por el momento no está claro cuándo se aprobará y será efectiva.