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El DNI ya se puede llevar en el móvil: así puedes activarlo en muy pocos pasos

El DNI ya se puede llevar en el móvil desde el 2 de abril gracias a la aplicación MiDNI. Esta app permite tener el Documento Nacional de Identidad en el teléfono sin necesidad de llevarlo físicamente en la cartera, además, al estar conectada al sistema centralizado de expedición del DNI para asegurar su validez y autenticidad, ofrece la posibilidad de acreditar la identidad en trámites presenciales ante la Administración, demostrar la mayoría de edad para acceder a diferentes establecimientos, comprar billetes nominativos o abrir cuentas bancarias, entre otros usos.Tal y como anunció el Ministerio del Interior en un comunicado oficial, «con la puesta en funcionamiento de MiDNI, el uso del DNI digital crea una nueva forma de acreditar la identidad de los ciudadanos con las mismas garantías y la misma validez que el formato físico». Pero, ¿cómo se puede meter el DNI en el móvil? Desde 20bits te explicamos todos los pasos y para qué puedes usarlo.Cómo llevar el DNI en el móvilEn primer lugar, los interesados tienen que registrarse previamente en el Portal MiDNI y estar en posesión del Documento Nacional de Identidad electrónico (DNIe) con los certificados digitales en vigor y de un lector de tarjetas.De ser así, para activar el DNI, los usuarios tienen que descargarse la app MiDNI en sus móviles Android o iOS, introducir los datos de activación —número de DNI y número de soporte—, crear una contraseña o mecanismo biométrico, meter el código de verificación que se recibe por SMS y, después, empezar a usar MiDNI. Una vez hechos estos pasos, los ciudadanos dispondrán de su documento nacional de identidad en el móvil, sin necesidad de llevarlo en la cartera.Cabe mencionar que los ciudadanos pueden decidir qué datos quieren mostrar en función del uso que se vaya a dar, siendo las siguientes opciones disponibles:DNI EDAD: Muestra la fotografía, el nombre y la mayoría de edad.DNI SIMPLE: Refleja la fotografía, el nombre, apellidos, sexo y validez de DNI.DNI COMPLETO: Enseña todos los datos del documento físico.Una vez elegida una de las tres opciones, la aplicación genera un código QR que se muestra en la pantalla del teléfono del titular del DNI. Dicho código está generado por la Policía Nacional y asegura que los datos son auténticos en ese mismo momento, además, permanece visible durante un corto período de tiempo para facilitar la verificación. Pasado este período, pierde su validez y será necesario generar uno nuevo.Para qué se puede usar el DNI en el móvilCon el DNI en el móvil se puede acreditar presencialmente la identidad y en trámites presenciales ante la administración, ejercer el derecho a voto, establecer cualquier tipo de relación jurídica, firmar escrituras ante notario, llevar a cabo trámites administrativos presenciales en universidades y centros docentes, acreditar la mayoría de edad o abrir una cuenta bancaria.También, formalizar seguros de cualquier tipo, hacer registros en un hotel, alquilar un vehículo, comprar entradas o billetes nominativos, realizar transacciones comerciales presenciales en las que se requiera un DNI en vigor o acreditar la identidad del interesado, hacer un control de acceso a edificios, acceder a diferentes locales, recoger paquetes y retirar medicamentos en farmacias.

El vídeo del histórico despegue de la misión Artemis II rumbo a la Luna más de 50 años después

Pasaban 35 minutos de la madrugada ya del jueves 2 de abril cuando la misión Artemis II despegaba de Cabo Cañaveral para poner rumbo a la Luna más de medio siglo después del histórico viaje de Neil Armstrong y Buzz Aldrin.Ha sido una cuenta atrás llena de tensión, pues el despegue corrió peligro unos minutos antes por un pequeño problema que pudo ser resuelto a tiempo. Poco después, el reloj volvía a pararse diez minutos antes del momento clave, pero era solo un pequeño susto, pues estaba previsto para dar el repaso final a todos los sistemas. Uno por uno, todos los responsables fueron dando el ok: el momento se acercaba.Y, por fin, llegó la cuenta atrás y todo Cabo Cañaveral tronó por encima de los 175 decibelios, un nivel de ruido más que perjudicial para la salud humana, cuando el cohete despegó y puso rumbo a la historia, en una secuencia recogida por todos los medios de comunicación y multiplicada hasta el infinito en las redes sociales.

Llegó la hora de Artemis II, la misión de la NASA para probar que la humanidad está preparada para colonizar la Luna

La misión Artemis II de la NASA ya ha despegado de la Tierra rumbo a la Luna. Es un momento histórico para la humanidad, pues será la primera vez en más de 50 años que una nave tripulada viaje hasta nuestro satélite natural. A diferencia de Neil Armstrong y Buzz Aldrin en 1969, los astronautas en esta ocasión no abandonarán la cápsula espacial y su aventura se limitará ‘solo’ a recorrer la órbita lunar y volver a casa.Se podría pensar que es un hito menor si se tiene en cuenta que los humanos ya hemos estado allí. Pero muchas cosas han cambiado en este medio siglo y, pese a que los tripulantes de Artemis II no pondrán sus pies en la superficie lunar, su misión es mucho más importante que eso: los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hanse serán los encargados de probar toda la tecnología que hará posible que, dentro de un par de años según los planes de la NASA, podamos establecer una base humana en la Luna.Esta misión es el resultado de un esfuerzo de más de quince años y de muchos países implicados, incluido España, que ha participado en diferentes aspectos, como por ejemplo en el sistema que mantendrá con vida a los astronautas rumbo a la Luna. Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. Cuando la NASA definió el calendario del programa la humanidad no sabía que se iba a producir una pandemia mundial. Pero la COVID no es la única culpable: Artemis II no llega tarde por una sola razón, sino por una acumulación de problemas técnicos, decisiones políticas y complejidad industrial.Por qué Artemis II se ha retrasado tantoEl primer gran aviso llegó tras el éxito de Artemis I, la misión no tripulada que voló alrededor de la Luna en 2022. Aunque el vuelo cumplió sus objetivos, el análisis posterior detectó un comportamiento inesperado en el escudo térmico de la cápsula Orion durante la reentrada en la atmósfera terrestre. No fue un fallo crítico, pero sí lo suficientemente relevante como para obligar a la NASA a revisar el diseño de la nave y realizar nuevas pruebas.El cohete Space Launch System (SLS), la pieza central del lanzamiento, también ha contribuido a los retrasos. Se trata de uno de los vehículos más potentes jamás construidos por la NASA, pero también de uno de los más complejos. Su desarrollo ha estado marcado por problemas de integración, revisiones técnicas, una cadena de suministro extremadamente fragmentada, con decenas de contratistas implicados, y tensiones políticas y económicas. Incluso, hace menos de un año, hubo una explosiónArtemis II no es una repetición de Artemis I, sino el primer vuelo tripulado del programa. Eso implica certificar todos los sistemas para uso humano, desde el soporte vital o la protección ante la radiación hasta los controles manuales o los protocolos de emergencia. Cada uno de estos elementos debe superar estándares mucho más exigentes, lo que alarga inevitablemente los tiempos.A esa complejidad industrial se añade el contexto externo. El programa Artemis ha estado sujeto a cambios de calendario, presión política para acelerar plazos y ajustes presupuestarios que, en algunos momentos, fijaron objetivos poco realistas.Cuál es el objetivo de la misiónDurante décadas, la exploración espacial tripulada se ha quedado en la órbita baja terrestre. La Estación Espacial Internacional ha sido el principal laboratorio humano en el espacio, pero no hemos ido más allá desde las misiones Apolo. Artemis II será la primera vez en más de medio siglo que humanos se adentren en el espacio profundo, aunque, a diferencia de los viajes de los años 70, en esta ocasión no se trata solo de plantar una bandera y demostrar que se puede llegar.
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Ahora la meta es mucho más ambiciosa: establecer una presencia sostenida en la Luna y utilizarla como banco de pruebas para futuras misiones a Marte. Artemis II es, en esencia, el primer paso real hacia ese nuevo modelo de exploración.Qué va a pasar exactamente durante el viaje de Artemis IITodo comenzará en la histórica rampa 39B del Centro Espacial Kennedy. El cohete SLS despegará con un estruendo (176 decibelios) que no se escucha desde la era Apolo y, en apenas ocho minutos, habrá hecho su trabajo: primero se desprenderá de los propulsores laterales, después del sistema de escape y, finalmente, apagará su etapa central para dejar a la cápsula Orion viajando sola por el espacio.Pero la misión no apunta directamente a la Luna. Antes, la nave se colocará en una órbita alta alrededor de la Tierra, donde pasará unas 24 horas comprobando que todo funciona: los astronautas tomarán el control manual durante un par de horas, testearán los sistemas de navegación y pondrán a prueba el soporte vital en condiciones reales. También simularán maniobras clave, como un acoplamiento, que serán esenciales en futuras misiones.Solo cuando todo esté validado llegará el momento decisivo: la inyección translunar. Es el encendido que saca a la nave de la órbita terrestre y la lanza hacia la Luna. A partir de ahí comienza un viaje de unos cuatro días en el que Orion recorrerá cientos de miles de kilómetros, alejándose de la Tierra hasta entrar en el espacio profundo.El punto álgido llegará al sobrevolar la cara oculta de la Luna, a unos 6.500 kilómetros de su superficie. Allí, los astronautas estarán a unos 400.000 kilómetros de casa, más lejos de lo que ha llegado ningún ser humano en décadas (7.500 kilómetros más allá de la cara oculta de la Luna). No habrá alunizaje: la nave aprovechará la gravedad lunar como una honda para darse la vuelta y emprender el regreso en una trayectoria diseñada para que, incluso si algo falla, la cápsula pueda volver por sí sola.El viaje de vuelta durará otros cuatro días. Durante ese tiempo, se realizarán pequeños ajustes para afinar la trayectoria hasta el último momento. Antes de entrar en la atmósfera, Orion se separará de su módulo de servicio y comenzará una de las fases más críticas: la reentrada. La cápsula impactará contra el aire a unos 40.000 kilómetros por hora, soportando temperaturas extremas, antes de desplegar sus paracaídas y amerizar en el océano Pacífico.Si todo sale según lo previsto, diez días después del despegue, los cuatro astronautas habrán recorrido más de un millón de kilómetros y completado el primer viaje humano más allá de la órbita terrestre en más de medio siglo.Quiénes son los tripulantes de Artemis IIA bordo de la nave Orion viajarán cuatro astronautas con perfiles muy distintos, pero complementarios:Reid Wiseman, comandante y veterano de la Estación Espacial Internacional.Victor Glover, piloto, que se convertirá en el primer hombre negro en viajar hacia la Luna.Christina Koch, ingeniera y astronauta, que será la primera mujer en una misión lunar.Jeremy Hansen, de la agencia espacial canadiense, el primer no estadounidense en esta clase de misión.Más allá de su trayectoria, representan algo más amplio: una nueva etapa de la exploración espacial más diversa, internacional y menos centrada en un solo país.Cuatro astronautas listos para hacer historiaLos cuatro astronautas dieron el pasado domingo una rueda de prensa en la que respondieron preguntas de los medios de comunicación. Para la tripulación de Artemis II, lo que está a punto de ocurrir no es una hazaña épica en el sentido clásico, sino un vuelo de prueba que servirá para dar un primer paso. “Esta es la primera vez que vamos a intentarlo”, reconocía el comandante Reid Wiseman ante las preguntas de la prensa.No lo decía como una advertencia, sino casi como una declaración de intenciones, algo que atraviesa toda la misión: Artemis II no se concibe como una gesta cerrada, sino como un proceso abierto, un ensayo en condiciones reales en el que cada fase debe validarse antes de dar el siguiente paso. De hecho, el propio Wiseman insistía en rebajar cualquier expectativa de automatismo en el calendario: “Iremos cuando este vehículo nos diga que está listo”, asumía, dejando claro que incluso a pocos días del lanzamiento la posibilidad de aplazamientos forma parte del plan tanto como el propio despegue.Esa forma de entender la misión —más cercana a la ingeniería que a la épica— se trasladaba también a la manera en la que la tripulación describía su trabajo a bordo. Lejos de la imagen del astronauta como figura individual, la operación se plantea como un ejercicio coral en el que cada miembro cumple un rol preciso y complementario. “Es una actividad de tripulación de principio a fin”, explicaba Wiseman, detallando cómo, durante maniobras críticas, uno de ellos pilotará la nave mientras otro gestiona las comunicaciones con Tierra, un tercero supervisa los procedimientos y un cuarto vigila los sistemas de seguridad. “Somos los cuatro en los controles”, resumía, casi como una forma de desmontar cualquier narrativa heroica tradicional.Ese enfoque se vuelve especialmente relevante en uno de los momentos clave de la misión: el control manual de la cápsula Orion. Allí, en pleno espacio, los astronautas deberán ejecutar maniobras complejas en seis grados de libertad y aproximarse a su etapa superior hasta apenas unos metros, sin la ayuda de instrumentos habituales en este tipo de operaciones. “No hay datos que nos digan la distancia”, explicaba Victor Glover, subrayando la naturaleza casi artesanal de una tarea que, paradójicamente, se desarrolla en uno de los entornos tecnológicos más avanzados jamás construidos. “Estos ojos serán el sistema principal de evitación de peligros”, añadía, reivindicando el papel insustituible del juicio humano incluso en una misión profundamente automatizada.Pero más allá de la tecnología, lo que Artemis II pone a prueba es también al propio ser humano. La misión servirá para recoger datos sobre el comportamiento del organismo en el espacio profundo, un entorno que no ha sido explorado por astronautas desde hace más de medio siglo. “Tenemos experimentos científicos a bordo que van a observar nuestras propias células”, señalaba Wiseman, en referencia a una batería de estudios que buscan entender cómo afecta la radiación o el aislamiento prolongado al cuerpo y a la mente. En ese mismo sentido, Christina Koch recordaba que incluso los trajes espaciales forman parte de ese sistema de seguridad integral: “No son solo trajes, son sistemas de supervivencia”, diseñados para mantener con vida a la tripulación “hasta 144 horas, seis días” en caso de una emergencia grave. Ese margen, explicaba, no es casual, sino que define los límites operativos de la misión y marca el punto hasta el cual sería posible un regreso seguro.Aun así, en medio de esa precisión técnica, hay espacio para una dimensión más amplia, casi filosófica, que atravesaba en la rueda de prensa buena parte de las respuestas de la tripulación. Artemis II no se presenta como un proyecto exclusivamente estadounidense, sino como un esfuerzo colectivo con vocación global. “No somos tres estadounidenses y un canadiense”, señalaba Jeremy Hansen, subrayando que, en realidad, “son personas literalmente en todo el mundo” las que forman parte de este viaje. La Luna, en ese contexto, deja de ser un objeto distante para convertirse en un destino compartido, en una idea que, como apuntaba Wiseman, aspira a ser apropiada por cualquiera: “Esperamos que esta misión sea el comienzo de una era en la que todos puedan mirar a la Luna y pensar en ella como un destino”.Quizá por eso, cuando se les preguntaba por su estado de ánimo a las puertas del lanzamiento, el tono no era de tensión ni de solemnidad, sino de una calma sorprendente, casi doméstica. Había referencias a desayunos compartidos, a familias recién llegadas al centro espacial, a la necesidad de proteger el estado mental antes de afrontar lo que describían como un “sprint de diez días”. En ese equilibrio entre la magnitud histórica y la rutina cotidiana se movía toda la conversación, como si la mejor forma de enfrentarse a lo extraordinario fuera, precisamente, despojarlo de cualquier gesto innecesario. “Nuestro trabajo es simplemente hacer para lo que nos han entrenado y dejar que el entrenamiento tome el control”, resumía Glover, en una frase que, sin pretenderlo, encapsula el verdadero espíritu de Artemis II.Todo listo para despegar (y preparado para lo inesperado)En la última rueda de prensa, celebrada el lunes 30 de marzo, los responsables de la misión confirmaron que el Equipo de Gestión de la Misión (MMT) ha dado luz verde al despegue.Los sistemas del vehículo, las comunicaciones y el hardware se encuentran en condiciones óptimas, y las soluciones aplicadas a problemas detectados en el pasado —como las fugas en los sellos de hidrógeno y helio— han sido validadas. A ello se suma una previsión meteorológica favorable: la ventana de lanzamiento, de dos horas, cuenta con un 80% de probabilidad de condiciones adecuadas. Mientras, la tripulación afronta las últimas horas antes del despegue centrados en descansar, completar las reuniones informativas finales y pasar tiempo con sus familias.Uno de los aspectos que también se abordó fue el impacto del entorno espacial. Ese mismo día se había producido una erupción solar, pero la NASA descartó cualquier efecto relevante sobre la misión. Según explicó el administrador asociado Amit Kshatriya, no se espera que la eyección de masa coronal afecte al vuelo, aunque el equipo mantiene una vigilancia constante del clima espacial a través de organismos como la NOAA y grupos especializados en análisis de radiación. En caso de que se produjera un evento durante la misión, Orion dispone de un área preparada como refugio, donde la tripulación podría protegerse hasta que el nivel de radiación volviera a ser seguro.La seguridad, de hecho, atraviesa todo el diseño de Artemis II. Durante la rueda de prensa se recordó que la NASA cuenta con escenarios de aborto definidos desde el lanzamiento hasta el regreso a la Tierra. Si se produjera un problema durante el ascenso, la misión podría desviarse hacia el océano Atlántico o completar una única órbita antes de amerizar en el Pacífico. Además, se han preparado instalaciones en distintas regiones del Atlántico con equipamiento médico específico para atender a la tripulación en caso de emergencia.Más allá del lanzamiento, también existen planes alternativos para cada fase del viaje. Durante las primeras horas, antes de la inyección translunar, los equipos evaluarán todos los sistemas de la nave. Si algo no funciona como debería, la misión podría transformarse en un vuelo en órbita terrestre alta y regresar sin dirigirse a la Luna. Incluso una vez iniciado el viaje, la trayectoria está diseñada para priorizar la seguridad: en lugar de realizar maniobras bruscas, Orion puede seguir una ruta de retorno libre, utilizando la gravedad de la Luna para volver a casa de forma natural y predecible.En el escenario más extremo, como una pérdida de presión en la cabina, los astronautas cuentan con trajes que funcionan como sistemas autónomos de supervivencia durante un máximo de seis días. Un margen que, como ya explicaron los propios tripulantes, condiciona todas las decisiones críticas de la misión.

China se adelanta a Neuralink con un chip cerebral menos invasivo que puede tratar la parálisis

Elon Musk empezó a transformar la vida de las personas con trastornos neurológicos graves gracias a su compañía Neuralink. Hace dos años, dicha entidad implementó el primer chip cerebral en Estados Unidos tras abordar las preocupaciones de seguridad planteadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) y, desde entonces, más de diez personas con parálisis tienen el chip implementado para controlar dispositivos con la mente y, así, recuperar un parte de su movilidad. No obstante, Neuralink no es la única compañía que tiene interfaces cerebro-ordenador (BCI, por sus siglas en inglés), puesto que hay otras empresas como Paradromics o Starfish Neuroscience que también están poniendo a prueba sus chips en humanos.Ahora, en mitad de esta carrera por desarrollar el mejor chip cerebral dentro del ámbito neurológico, China también ha recibido la aprobación regulatoria para comercializar su interfaz cerebro-ordenador. La revista Nature afirma que dicho implante se llama NEO, está desarrollado por Neuracle Medical Technology y fue autorizado por la Administración Nacional de Productos Médicos para ayudar a las personas a recuperar el movimiento de sus manos.Pero, ¿quién podría verse beneficiado por dicho chip? Nature afirma que el implante estará disponible para personas de entre 18 y 60 años que padecen parálisis que afecta a todas las extremidades y que es causada por una lesión en la zona cervical de la médula espinal.Respecto a su cirugía, Neuracle Medical Technology explica a Nature que este «milagro médico» es un dispositivo inalámbrico del tamaño de una moneda que se coloca en la superficie externa del cerebro sin penetrar el tejido, de esta manera, una vez implantado, NEO puede leer las señales neuronales del paciente para traducirlas en movimientos de manos gracias a los ocho electrodos que están conectados sobre un lado del cerebro. Además, cabe mencionar que las señales se envían a un ordenador para su decodificación y se utilizan para controlar un guante, lo que permite a las personas coger y mover objetos para realizar actividades cotidianas.Primeras pruebas y ¿futura venta?»La tecnología BCI es importante porque no existen formas efectivas de tratar a las personas que sufren lesiones en la médula espinal”, afirma Chen Liang, neurocirujano del Hospital Huashan de la Universidad, a Nature. Por lo tanto, la aprobación supone un hito para el campo de la investigación en interfaces cerebro-ordenador porque, de cara a un futuro, se podría permitir su venta.No obstante, hasta que llegue su futura comercialización, Liang afirma que hasta 32 personas han recibido el implante NEO para mejorar el movimiento de agarre con la ayuda de un guante robótico flexible.Por otro lado, ante dicho avance por parte de China, Avinash Singh, investigador de interfaces cerebro-computadora en la Universidad Tecnológica de Sídney (Australia), ha querido comentar a Nature que el chip «parece seguro y funciona». Además, se diferencia de otros implantes —como el de Neuralink— porque es menos invasivo, por lo tanto, esto podría explicar por qué NEO ha sido aprobado con tanta rapidez, mientras que otras interfaces cerebro-ordenador aún se encuentran en fase de ensayos clínicos.

Un nuevo 'ojo' de España en el espacio: así serán los satélites para anticipar incendios y desastres

El espacio se ha convertido en una pieza clave para entender —y anticipar— lo que ocurre en la Tierra. En ese contexto, el Gobierno ha anunciado una inversión de 325 millones de euros para reforzar la Constelación Atlántica (ESCA+), un ambicioso sistema de satélites desarrollado entre España y Portugal que promete ofrecer datos casi en tiempo real sobre fenómenos climáticos extremos.Durante su intervención en la VI edición del Foro Económico de elDiario.es, el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, ha asegurado que estos satélites reforzarán nuestra «capacidad de respuesta». Para ello, los dispositivos llevarán tecnología de vanguardia que permitirá gestionar desastres naturales, pero también mejorar el seguimiento de cultivos y la gestión de ayudas agrícolas, analizar recursos hídricos y procesos de deforestación, reforzar la vigilancia marítima y contribuir a la planificación urbana y territorial.El proyecto tiene una dimensión industrial relevante. El Gobierno estima un impacto de más de 200 millones de euros en contratos entre 2026 y 2027, con participación de empresas, universidades y centros de investigación. Satélites más pequeños, pero mucho más avanzadosLos nuevos dispositivos que se incorporarán a la constelación no serán grandes plataformas como los satélites tradicionales, sino sistemas más compactos y versátiles. Según la información disponible, cada uno contará con cargas útiles de entre 200 y 250 kilos, lo que los sitúa dentro de la categoría de microsatélites avanzados.Este tamaño reducido responde a una tendencia clara en la industria espacial: constelaciones de satélites más pequeños, más baratos de lanzar y capaces de trabajar en red para ofrecer cobertura continua. La clave no está en un único satélite, sino en cómo todos operan conjuntamente.Estarán diseñados para observar la Tierra combinando distintas tecnologías. Contarán con cámaras ópticas de muy alta resolución capaces de captar imágenes detalladas del terreno, algo fundamental para detectar incendios, cambios en cultivos o daños en infraestructuras. A esto se suman cámaras térmicas infrarrojas, que permiten medir temperaturas y localizar focos de calor o analizar episodios de sequía.Una de las piezas más relevantes será el radar de apertura sintética, una tecnología que permite obtener imágenes incluso en condiciones adversas, como de noche o con nubosidad, lo que garantiza una vigilancia constante. También se prevé la incorporación de sensores electromagnéticos orientados a captar señales no visibles en el espectro óptico, sino por radiofrecuencia. Por ejemplo, pueden captar emisiones de radares o sistemas de comunicación, identificar interferencias o detectar actividad marítima e industrial.Más allá de los sensores, el proyecto contempla integrar tecnologías avanzadas de comunicación, como enlaces entre satélites y sistemas de cifrado basados en distribución cuántica de claves (QKD), además de mecanismos de desorbitado para reducir el impacto de la basura espacial.Uno de los grandes objetivos de la Constelación Atlántica es mejorar la frecuencia de revisita, es decir, el tiempo que tarda un satélite en volver a observar el mismo punto de la Tierra. Gracias a este enfoque, será posible disponer de datos prácticamente en tiempo real, algo determinante en situaciones críticas.Esto permitirá seguir la evolución de incendios forestales a medida que avanzan, detectar inundaciones o vertidos con rapidez o analizar el impacto de fenómenos extremos casi al instante, facilitando la toma de decisiones por parte de las autoridades. Así funciona la Constelación AtlánticaLa Constelación Atlántica no es un proyecto que empiece desde cero. España y Portugal llevan tiempo trabajando en esta iniciativa en colaboración con la Agencia Espacial Europea, dentro de una estrategia más amplia de observación de la Tierra.Uno de los avances más relevantes ha sido la adjudicación a la empresa española Open Cosmos para liderar el desarrollo del componente nacional. La compañía está desarrollando ocho microsatélites que incorporan cámaras multiespectrales, sensores de reflectometría GNSS para analizar la humedad del suelo o las condiciones oceánicas, sistemas de identificación automática de buques y conectividad IoT para recoger datos en zonas remotas.El modelo ESCA+ apuesta por un enfoque colaborativo en el que distintos países aportan satélites que funcionan como un sistema integrado. Esto permite crear una red de observación capaz de generar datos continuos y compartirlos entre administraciones, investigadores y empresas.El objetivo es que esta constelación se integre en iniciativas europeas de observación de la Tierra, reforzando la autonomía tecnológica y la capacidad de respuesta ante crisis climáticas.

Arturo Béjar, exdirectivo que testificó en contra de Meta: «Instagram enseña vídeos de tus hijos a pedófilos»

Han pasado más de 15 años, pero el ingeniero Arturo Béjar todavía recuerda perfectamente su primera etapa como trabajador de Facebook. Corría el año 2009, y aunque la red social ya prometía cambiar radicalmente la forma en la que nos comunicamos, el ambiente … era positivo. «Imperaba el idealismo, aspirábamos a conectar a la gente con sus familiares y amigos. Sin embargo, viéndolo con retrospectiva, ya había cosas que no estaban bien», explica en conversación con ABC.
Recuerda que en su primera semana le dijeron que el mensaje de recordatorio de los cumpleaños era lo que mejor funcionaba para traer de vuelta a la gente a la red social: «Me acuerdo también de mi primera junta con Mark Zuckerberg. Yo le hablé de la seguridad de los menores. A la semana, mi jefe directo me llamó la atención y me dijo que a Mark no le había gustado nada lo que había dicho. Lo que quería oír eran datos. No le interesaba la seguridad por definición».

Béjar dejó la compañía en 2015, pero decidió retornar como consultor en 2019 después de que su hija de 14 años comenzara a recibir insinuaciones de adultos y fotos de desnudos a través de Instagram. Esperaba ayudar a solucionar este tipo de problemas. Pero le fue imposible: «Entonces se hacía todo por competir con TikTok El único objetivo era lanzar el producto más agresivo para dominar el sector. No les interesaba investigar para poder proteger mejor a los menores y evitar problemas de adicción».

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Carmen Burné

Esta mala experiencia provocó que el ingeniero abandonase la sede de Menlo Park en 2021. Esta vez para siempre. Afirma que no siente ningún remordimiento por el tiempo que dedicó a que la tecnológica se convirtiera en el gigante que es. Si tiene alguna culpa, considera que la está expiando ahora, que dedica la mayor parte de su tiempo a alertar sobre los peligros de las redes. Su reciente testimonio ante jurado fue fundamental para que la tecnológica perdiese esta semana dos juicios históricos en Estados Unidos. El primero, en Nuevo México, donde fue encontrada culpable de facilitar la explotación sexual de menores en sus redes y condenada a pagar 375 millones de dólares. El segundo, en Los Ángeles. Allí se la condenó, junto a Google, a pagar 3 millones de dólares a una menor que afirma haberse vuelto adicta a las redes sociales por culpa del diseño de Instagram o YouTube. Meta está disconforme con el resultado de los dos casos y ya ha anunciado que piensa apelar.
«La multa de 375 millones no le importa nada a la empresa. Podrían ser 1.000 y no pasaría nada. Lo importante es lo que puede ocurrir a partir de aquí», señala Béjar. El exdirectivo espera que estos juicios, «en los que se ha encontrado culpable a la empresa de poner en peligro a los niños y volverlos adictos», sean el primer paso para que Meta se vea forzada a cambiar radicalmente el funcionamiento de sus plataformas y, quizá, en el futuro, a abandonar prácticas potencialmente nocivas, como el ‘scroll’ infinito: «Cuando yo estaba ahí, los cambios que se producían solían ser producto del trabajo de las fiscalías, que la obligaban. Lo que espero ahora es que más fiscalías se atrevan a llevar a Meta a los tribunales».

«Para Meta una multa de 375 millones no significa nada. Cuando estaba ahí vi que todos los cambios eran porque les obligaba la fiscalía»

Arturo Béjar
Exdirectivo de Meta

A pesar de ello, el ingeniero cree que con la dirección actual, encabezada por Zuckerberg, resultará complicado que la red social acometa cambios reales en el producto que eliminen los peligros para los jóvenes y se evite el riesgo de causar adicción. Si se quieren cambios reales, tiene claro que habrá que forzarlos.

Enseñar el ombligo

Durante su segunda etapa en Meta, Béjar desarrolló un botón para Instagram destinado a que el usuario lo pulsara cada vez que ve en pantalla algo que le molesta o que considera inapropiado. «Cuando se lo enseñé a Mosseri (jefe de Instagram) me dijo que si quería que Mark (Zuckerberg) aceptase la idea tenía que haber una recompensa para la empresa». Y el plan nunca llegó a buen puerto.
Meta acabó apostando por las cuentas de adolescente: una suerte de control parental que, entre otras cosas, bloquea determinados contenidos inapropiados o los mensajes de adultos extraños. El exempleado publicó un estudio el pasado otoño, avalado por dos universidades estadounidenses, en el que señala que el sistema está roto. «Me di cuenta de que Instagram seguía facilitando la conexión de los usuarios menores con extraños. También vi que los filtros no funcionaban, y que si un niño empezaba a buscar contenido relacionado con el suicidio o el sexo lo podía encontrar».

«El control parental de Instagram no funciona. Los niños todavía pueden ver contenido sobre sexo y suicidio»

Arturo Béjar
Exdirectivo de Meta

La empresa tachó los resultados de Béjar de erróneos y lo acusó de «tergiversar» su trabajo: «Siempre hacen lo mismo, cuando un estudio les deja en mal lugar solo dicen que es falso en lugar de reconocer su responsabilidad y apostar por arreglar las cosas». En su opinión, para solucionarlas, Instagram tendría que cambiar por completo, porque «el producto está mal hecho»: «Es muy fácil verlo. Una niña que sube un vídeo a Instagram en el que se le ve el ombligo se da cuenta de que recibe 500.000 visualizaciones en lugar de 200. El algoritmo es el que hace eso, te enseña a exponerte para tener visualización. Es el que está haciendo que los vídeos de tu hija los pueda ver un pedófilo. Se los están enseñando. Y si pudo encontrar a una niña, el pederasta ya sabe que va a poder encontrar a 1.000 dentro de la aplicación».
Consultado sobre los consejos que le daría a un padre cuyos hijos menores tengan cuenta en Instagram, el ingeniero subraya la importancia de que estos se sientan «seguros de compartir cualquier problema que experimenten en su interior»: «Debemos ayudarles a navegar estas aguas tan turbulentas y la mejor manera de hacerlo es a través de la escucha». Pero si los menores no están todavía dentro, mejor: «En ese caso intenta que aguanten todo lo posible antes de hacerse la cuenta». También hace un llamamiento a los gobiernos para que suban la edad mínima de acceso, algo que en España ya se está barajando.

España se cuela en Artemis II: así es la tecnología que mantendrá con vida a los astronautas rumbo a la Luna

Más de cincuenta años después de las misiones Apolo, el ser humano se prepara para regresar al entorno de la Luna. Esta vez no lo hace solo. La nueva carrera espacial, liderada por la NASA con su programa Artemis, tiene un marcado carácter internacional y en ese escenario Europa —y en particular España— juega un papel más relevante de lo que podría parecer a simple vista.La misión Artemis II, cuyo lanzamiento está previsto para el 1 de abril, será el primer vuelo tripulado del programa y llevará a cuatro astronautas a orbitar la Luna antes de regresar a la Tierra. No aterrizarán todavía, pero el viaje servirá para probar todos los sistemas críticos de cara a futuras misiones que sí contemplan el alunizaje y la creación de una presencia humana sostenida en el satélite.En ese complejo engranaje tecnológico hay una pieza esencial que se ha diseñado y fabricado en España. Se trata de parte del Módulo de Servicio Europeo (ESM), desarrollado por Airbus, que acompaña a la nave Orion y del que depende, en buena medida, la supervivencia de la tripulación. Es uno de los pocos casos en los que la NASA ha confiado a Europa el desarrollo de un elemento crítico en una misión tripulada, un hito que refleja el peso creciente de la industria aeroespacial europea.Dentro de ese módulo, una de las unidades más delicadas —la encargada de controlar la temperatura y de gestionar el suministro de aire y agua— ha sido desarrollada íntegramente en las instalaciones de Airbus-Crisa, en Tres Cantos. Su función es tan silenciosa como decisiva: monitorizar en tiempo real cientos de parámetros a través de unos 230 sensores y, en función de esos datos, accionar los sistemas que permiten mantener unas condiciones habitables en el interior de la nave. Todo ello en un entorno extremo, donde las temperaturas pueden desplomarse hasta los 270 grados bajo cero o elevarse hasta los 100 grados en zonas iluminadas por el Sol.Unos 30 ingenieros españoles han participado en el diseño y fabricación de las dos Unidades de Control Térmico (TCU) que viajarán en la nave —un sistema duplicado para garantizar respaldo en caso de fallo—.En este contexto, el responsable de la arquitectura de las TCU de Orion ESM de Airbus Crisa, Jesús Ortiz, subraya su importancia: “Es una unidad fundamental para el soporte vital de los astronautas ya que controla la temperatura dentro de la nave Orión y también regula el suministro de agua y aire para los astronautas”, ha explicado en declaraciones a Europa Press.El empuje hacia la LunaEl Módulo de Servicio Europeo no solo actúa como soporte vital. También es el encargado de proporcionar energía, gracias a sus paneles solares, y de ejecutar maniobras clave de propulsión. De hecho, será el responsable de dar el impulso necesario para que la nave alcance una órbita lejana alrededor de la Luna, hasta situarse a unos 7.500 kilómetros más allá del satélite y a más de 400.000 kilómetros de la Tierra, un punto que marcará la mayor distancia a la que han viajado seres humanos.El viaje, que durará alrededor de diez días, incluirá varias vueltas a la Tierra antes de poner rumbo a la Luna en un trayecto de cuatro días. Tras rodearla, la nave iniciará el regreso. Aunque pueda parecer un ensayo, la misión tiene un enorme valor: es el paso imprescindible antes de que los astronautas vuelvan a pisar la superficie lunar, algo que no ocurre desde 1972.La participación española no se limita a Airbus. Otras empresas han contribuido en distintos ámbitos, desde la validación de componentes críticos hasta el desarrollo de sistemas capaces de detectar anomalías durante el vuelo o monitorizar la salud de los astronautas. Incluso habrá tecnología española participando en el seguimiento de la misión desde la Tierra, con una antena instalada en la Universidad de Sevilla que formará parte de la red internacional de monitorización.Una presencia discreta, pero clave, en una misión que marcará el regreso del ser humano al entorno lunar.