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TECNOLOGÍA

El superordenador que nació en una capilla: así trabaja MareNostrum 5, el cerebro europeo que acelera la ciencia y la IA

En la antigua capilla de Torre Girona, en Barcelona, la tecnología ha ido cambiando de forma, de tamaño y de ambición. Allí se instaló en 2004 MareNostrum 1, el primer gran superordenador de la saga: una máquina que ocupaba buena parte de aquel espacio, rodeada de cristal, y que entonces llegó a ser la cuarta más potente del mundo. Hoy, dos décadas después, uno solo de los miles de chips acelerados de MareNostrum 5 tiene más potencia que aquel primer sistema completo.La comparación parece pensada para titulares, pero sirve para entender mejor la velocidad a la que avanza la supercomputación. En apenas 20 años, lo que antes llenaba 180 metros cuadrados cabe ahora, en términos de capacidad de cálculo, en un chip de unos ocho centímetros cuadrados.MareNostrum 5 ya no cabe en la capilla. El último superordenador del Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación ocupa una sala de unos 800 metros cuadrados, una superficie similar a tres pistas de tenis, y necesita otros 2.000 metros cuadrados para servicios auxiliares como refrigeración, transformadores eléctricos y sistemas de soporte. Bajo el suelo técnico discurren cables, tuberías de agua y fibras de red. En total, sus cables de cobre y fibra óptica suman 160 kilómetros: puestos en línea recta, llegarían desde Barcelona hasta Fraga.Pero MareNostrum 5 no es un monumento a la potencia bruta. Es una infraestructura científica pensada para que investigadores españoles y europeos puedan abordar problemas que serían inasumibles con ordenadores convencionales: simular el clima con más precisión, diseñar nuevos fármacos y vacunas, estudiar materiales y enfermedades, entrenar modelos de lenguaje o explorar la fusión nuclear.Mateo Valero, director fundador del BSC y una de las figuras clave de la supercomputación en España, suele resumirlo con una imagen sencilla: los supercomputadores permiten crear gemelos digitales, representaciones virtuales de fenómenos que queremos ver por primera vez o entender mejor. Es decir, permiten ensayar el futuro antes de que ocurra. 314.000 billones de cálculos por segundoMareNostrum 5 tiene una capacidad máxima de 314 petaflops. Traducido a un lenguaje menos técnico, puede realizar hasta 314.000 billones de operaciones por segundo. La cifra se entiende mejor con otra comparación: los cálculos que esta máquina hace en una hora llevarían 46 años a un portátil de gama media-alta.Su arquitectura combina varias formas de computación. Por un lado, cuenta con una partición de propósito general destinada a la computación clásica y especialmente útil para problemas científicos complejos que requieren flexibilidad y capacidad de ejecutar varias tareas al mismo tiempo. Por otro, incorpora una partición acelerada pensada para inteligencia artificial, simulación numérica y cargas de trabajo extremadamente intensivas.La partición de propósito general, fabricada por Lenovo y con tecnología de Intel, alcanza un rendimiento pico de 45,4 petaflops. Es la más grande del planeta basada en la arquitectura computacional x86. La partición acelerada llega a 260 petaflops, ha sido desarrollada por Eviden, cuenta con 4.480 procesadores NVIDIA Hopper y es la tercera más potente de Europa y octava del mundo.Ambos sistemas por separado se sitúan entre los 20 superordenadores de mayor capacidad en todo el mundo, aunque desde el propio BSC subrayan que en supercomputación los rankings envejecen muy rápido y lo importante no es solo figurar arriba en una lista, sino disponer de la mejor herramienta para que la comunidad investigadora resuelva los problemas que necesita resolver.La máquina está organizada en más de 180 racks, esos grandes armarios negros que contienen nodos con chips, memoria RAM, tarjetas de red y discos duros. Tiene más de 8.000 nodos, que trabajan de forma coordinada. La lógica es aparentemente sencilla: un gran problema se divide en partes pequeñas, cada nodo calcula una de ellas, los resultados se intercambian a través de una red de alta velocidad y el proceso se repite hasta llegar a una solución.Pero calcular no basta. Un superordenador como MareNostrum 5 también necesita guardar cantidades gigantescas de información y moverla muy rápido de un punto a otro. Su capacidad de almacenamiento ha pasado de los 15 petabytes de MareNostrum 4 a 650 petabytes: 248 petabytes en discos, para los datos que deben consultarse con más rapidez, y otros 402 petabytes en cintas magnéticas, pensadas para conservar información a largo plazo de forma más eficiente. El sistema podría almacenar 1.280 copias de todos los libros catalogados a lo largo de la historia.La otra pieza clave es la red interna que conecta los más de 8.000 nodos. MareNostrum 5 utiliza una especie de ‘autopista de alta velocidad’ que permite que intercambien información mientras trabajan sobre un mismo problema.En la práctica, esa coordinación entre miles de piezas es lo que convierte un superordenador en algo mucho más sofisticado que una simple acumulación de máquinas.MareNostrum 5 es 23 veces más potente que su predecesor MareNostrum 4, y cerca de 10.000 veces más potente que el primero de la saga, MareNostrum 1.La capilla cuánticaMientras MareNostrum 5 trabaja fuera de la capilla, el antiguo espacio de Torre Girona ha vuelto a llenarse de tecnología puntera. Allí se ha instalado el primer ordenador cuántico del BSC, desarrollado con tecnología 100 % europea dentro del proyecto Quantum Spain, y el centro prepara también su integración con sistemas cuánticos europeos.La computación cuántica todavía no tiene el grado de madurez ni de aplicación de la supercomputación clásica. Es, por ahora, una tecnología en fase de exploración, con grandes promesas y muchas incertidumbres. Pero su potencial apunta a campos como la optimización logística, la simulación molecular, el diseño de materiales, la criptografía o la ciberseguridad.El ordenador cuántico del BSC funciona en un entorno extremo. El procesador, donde están los cúbits, se encuentra protegido dentro de un criostato y refrigerado con helio hasta temperaturas cercanas al cero absoluto, alrededor de -273 ºC. Es, literalmente, uno de los puntos más fríos del universo. Los pulsos de microondas modifican el estado de los cúbits para realizar operaciones lógicas y, al final del proceso, los resultados se traducen de nuevo en bits clásicos, unos y ceros, para que puedan ser interpretados por un ordenador convencional.Para entenderlo de forma sencilla, el ordenador cuántico no funciona como un portátil ni como un servidor convencional. El usuario envía las instrucciones desde un ordenador clásico y esas órdenes llegan a un sistema de control, que las transforma en señales de microondas.Esas señales viajan hasta el interior del criostato, una especie de nevera científica muy potente. Allí, protegido del exterior y enfriado al extremo, está el procesador cuántico. En él se encuentran los cúbits, las unidades básicas de información de la computación cuántica. Los cúbits son muy delicados. Para que puedan trabajar correctamente, necesitan estar aislados del ruido, de los cambios de temperatura y de cualquier perturbación externa. Por eso el sistema utiliza helio para enfriarlos, escudos de protección para aislarlos y equipos de control que envían señales muy precisas. Cuando termina el cálculo, el resultado vuelve al ordenador clásico convertido en lenguaje binario, que puede entender. Toda esta potencia tiene un costeLos superordenadores consumen mucha energía y necesitan sistemas complejos de refrigeración. Valero no lo esquiva: el gran consumo energético es uno de los problemas fundamentales de estas máquinas. “Ponte tú en tu casa a enchufar un millón de procesadores al enchufe…”, bromea. Pero detrás de la imagen hay una realidad económica muy concreta: según su director, el BSC paga alrededor de 12 millones de euros al año en factura eléctrica y trabaja con una potencia de unos 12 MW.En ese contexto, la eficiencia es una cuestión ambiental, pero también económica. En MareNostrum 5, la refrigeración por agua es clave. Los circuitos enfrían los elementos del supercomputador de forma más eficiente que una refrigeración exclusivamente por aire. Así, los circuitos de los chips enfrían alrededor del 90 % del ordenador y el calor se reutiliza para calefactar el edificio. Esto permite recircular el agua y reducir el gasto hídrico. El consumo eléctrico, en cambio, sigue siendo la gran magnitud a vigilar.La ciencia que no se ve, pero usamos cada díaEl objetivo del BSC es desarrollar modelos y herramientas que sirvan para hacer mejor ciencia, reforzar el ecosistema público y apoyar a empresas que no podrían acceder por sí solas a este tipo de infraestructura. Ahí encaja la BSC AI Factory, vinculada a la ampliación de MareNostrum 5 para inteligencia artificial. La idea es abrir parte de la capacidad del superordenador también al sector privado, especialmente a startups, pymes y administraciones públicas, mediante convocatorias competitivas y evaluación de propuestas. Ya ha dado servicio a centenares de entidades.El matiz es importante: no se trata de convertir el BSC en un proveedor comercial más, sino de usar una infraestructura pública para que el tejido empresarial europeo no quede descolgado en una carrera dominada por gigantes tecnológicos estadounidenses y asiáticos.Porque la supercomputación ha dejado de ser un concepto lejano reservado a físicos o matemáticos. Está detrás de investigaciones que terminan afectando a la vida cotidiana, aunque casi nunca se perciban como tal. La predicción meteorológica, la medicina personalizada, los nuevos materiales o la inteligencia artificial dependen cada vez más de la capacidad de procesar cantidades enormes de datos y ejecutar simulaciones complejas.Valero sentencia sobre su versatilidad: “Te diría que casi no hay ciencia o ingeniería que no la utilice”.En clima, MareNostrum 5 permite trabajar con modelos de mayor resolución. Esto significa pasar de simulaciones que representan fenómenos en escalas de cientos de kilómetros a otras capaces de incorporar procesos que ocurren en escalas de pocos kilómetros. Esa diferencia puede ser clave para mejorar las predicciones y para proyectos como Destination Earth, la iniciativa europea que busca construir una réplica virtual del planeta para analizar los efectos del cambio climático y probar escenarios de desarrollo más sostenible.Pero MareNostrum 5 está especialmente diseñado para reforzar la investigación médica europea en el diseño de nuevos fármacos, desarrollo de vacunas y simulaciones de propagación de virus. Paula Petrone, investigadora del departamento de Ciencias de la Vida del BSC, trabaja precisamente en esa frontera entre inteligencia artificial, datos y medicina. Su equipo colabora estrechamente con profesionales médicos para desarrollar herramientas que les ayuden en su trabajo, sobre todo en diagnóstico por imágenes, aunque también analizan señales fisiológicas procedentes de electrocardiogramas, estetoscopios digitales y dispositivos wearables que miden variables como la presión arterial, la saturación de oxígeno, la frecuencia respiratoria o la temperatura corporal.Uno de los ámbitos más claros es la radiómica, donde los algoritmos pueden detectar patrones en las imágenes a nivel de píxel que incluso un ojo experto podría pasar por alto. Petrone cita también proyectos concretos en cardiología, desarrollados en colaboración con la Unidad de Resonancia Magnética Cardíaca del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau: algoritmos que analizan electrocardiogramas para detectar patologías cardíacas como el infarto, sistemas que interpretan imágenes de resonancia magnética cardíaca y una herramienta que revisa informes médicos para identificar inconsistencias y ambigüedades, ayudando a los cardiólogos a redactar reportes más claros y estandarizados.

La NASA iniciará este año la construcción de una base en la Luna en colaboración con Blue Origin, la empresa espacial de Jeff Bezos

La NASA prevé enviar a la Luna,  entre septiembre y noviembre, un alunizador no tripulado de Blue Origin para comenzar a asentar los cimientos de la futura base lunar. A esta misión le seguirán otras dos similares programadas para antes de que finalice 2026, según ha informado este martes la agencia espacial en una rueda de prensa en Washington.La nave elegida para la primera misión es el módulo de aterrizaje Blue Origin Mark One Endurance, diseñado por la empresa espacial de Jeff Bezos, el fundador de Amazon, ha explicado el administrador de la NASA, Jared Isaacman. Denominada ‘Moon Base One’, será la primera misión de un aterrizador lunar financiada de forma privada en la historia y se dirigirá a la cresta del cráter de Shackleton, en el polo Sur de la Luna.»Además de transportar dos cargas científicas de la NASA, el objetivo de la misión es demostrar capacidades críticas que reduzcan el riesgo para las misiones del Sistema de Aterrizaje Humano», ha añadido Isaacman. El segundo lanzamiento, programado para finales de 2026, enviará al satélite terrestre un aterrizador diseñado por la empresa estadounidense Astrobotic Technology, y transportará más de 500 kilogramos de carga, incluido un róver, a la superficie lunar.Mientras, el tercer aterrizador correrá a cargo de Intuitive Machines e investigará los orígenes de las anomalías magnéticas de la Luna. Los tres lanzamientos se enmarcan en la fase inicial de la construcción de la base, que prevé el traslado de más de cuatro toneladas de material de carga a la Luna repartidos en 25 lanzamientos y 21 alunizajes hasta 2029.La NASA anunció en marzo un ambicioso plan para construir una base en el polo Sur de la Luna, una zona con regiones en sombra permanente que permiten la presencia de hielo, lo que facilitará la estancia constante de astronautas en su superficie. «Visualizamos la base lunar como una extensión de cientos de millas cuadradas, dotada de diversos recursos que, en conjunto, contribuyen al objetivo de establecer una presencia lunar permanente», ha dicho en la rueda de prensa el científico español Carlos García Galán, responsable del programa Moon Base.La segunda etapa de su construcción abarca entre 2029 y 2032 y prevé 27 lanzamientos y 24 alunizajes, además del traslado de 60 toneladas de material, que permitan establecer la infraestructura inicial de la base, con misiones tripuladas semestrales. La tercera será la definitiva, con 29 despegues y 28 alunizajes con capacidad para transportar 150 toneladas, y la presencia continua de humanos en la Luna.»Vamos a tener constelaciones de satélites que permitirán la comunicación, la navegación, el apuntamiento y la observación. Vamos a tener róvers y vehículos lunares, y también vamos a tener drones», ha agregado el científico español. El clima extremo será uno de los principales desafíos que afrontarán los habitantes de la base, ya que el satélite puede alcanzar temperaturas de hasta 120 centígrados durante el día -que se prolonga por dos semanas terrestres- y descender por debajo de los -120 grados centígrados durante la noche, de igual duración. La generación de electricidad es otra de las complicaciones, aunque García Galán ha precisado que prevén emplear la energía solar y nuclear para ello.»Prevemos una capacidad de generación de energía de entre 2 y 15 kilovatios, pudiendo alcanzar hasta los 20 kilovatios en el caso de utilizar un sistema nuclear, junto con una capacidad de almacenamiento de cientos de kilovatios/hora», ha detallado.

La NASA iniciará este año la construcción de una base en la Luna en colaboración con Blue Origin, la empresa espacial de Jeff Bezos

La NASA prevé enviar a la Luna,  entre septiembre y noviembre, un alunizador no tripulado de Blue Origin para comenzar a asentar los cimientos de la futura base lunar. A esta misión le seguirán otras dos similares programadas para antes de que finalice 2026, según ha informado este martes la agencia espacial en una rueda de prensa en Washington.La nave elegida para la primera misión es el módulo de aterrizaje Blue Origin Mark One Endurance, diseñado por la empresa espacial de Jeff Bezos, el fundador de Amazon, ha explicado el administrador de la NASA, Jared Isaacman. Denominada ‘Moon Base One’, será la primera misión de un aterrizador lunar financiada de forma privada en la historia y se dirigirá a la cresta del cráter de Shackleton, en el polo Sur de la Luna.»Además de transportar dos cargas científicas de la NASA, el objetivo de la misión es demostrar capacidades críticas que reduzcan el riesgo para las misiones del Sistema de Aterrizaje Humano», ha añadido Isaacman. El segundo lanzamiento, programado para finales de 2026, enviará al satélite terrestre un aterrizador diseñado por la empresa estadounidense Astrobotic Technology, y transportará más de 500 kilogramos de carga, incluido un róver, a la superficie lunar.Mientras, el tercer aterrizador correrá a cargo de Intuitive Machines e investigará los orígenes de las anomalías magnéticas de la Luna. Los tres lanzamientos se enmarcan en la fase inicial de la construcción de la base, que prevé el traslado de más de cuatro toneladas de material de carga a la Luna repartidos en 25 lanzamientos y 21 alunizajes hasta 2029.La NASA anunció en marzo un ambicioso plan para construir una base en el polo Sur de la Luna, una zona con regiones en sombra permanente que permiten la presencia de hielo, lo que facilitará la estancia constante de astronautas en su superficie. «Visualizamos la base lunar como una extensión de cientos de millas cuadradas, dotada de diversos recursos que, en conjunto, contribuyen al objetivo de establecer una presencia lunar permanente», ha dicho en la rueda de prensa el científico español Carlos García Galán, responsable del programa Moon Base.La segunda etapa de su construcción abarca entre 2029 y 2032 y prevé 27 lanzamientos y 24 alunizajes, además del traslado de 60 toneladas de material, que permitan establecer la infraestructura inicial de la base, con misiones tripuladas semestrales. La tercera será la definitiva, con 29 despegues y 28 alunizajes con capacidad para transportar 150 toneladas, y la presencia continua de humanos en la Luna.»Vamos a tener constelaciones de satélites que permitirán la comunicación, la navegación, el apuntamiento y la observación. Vamos a tener róvers y vehículos lunares, y también vamos a tener drones», ha agregado el científico español. El clima extremo será uno de los principales desafíos que afrontarán los habitantes de la base, ya que el satélite puede alcanzar temperaturas de hasta 120 centígrados durante el día -que se prolonga por dos semanas terrestres- y descender por debajo de los -120 grados centígrados durante la noche, de igual duración. La generación de electricidad es otra de las complicaciones, aunque García Galán ha precisado que prevén emplear la energía solar y nuclear para ello.»Prevemos una capacidad de generación de energía de entre 2 y 15 kilovatios, pudiendo alcanzar hasta los 20 kilovatios en el caso de utilizar un sistema nuclear, junto con una capacidad de almacenamiento de cientos de kilovatios/hora», ha detallado.

Google quiere sacar a Gemini del móvil: gafas inteligentes, agentes y una IA transversal que funciona con solo pedirlo

Google quiere que Gemini deje de ser solo una aplicación. La compañía ha aprovechado Google I/O para enseñar una de sus apuestas más claras de futuro: unas gafas inteligentes con inteligencia artificial, desarrolladas dentro de Android XR, la plataforma creada junto a Samsung y Qualcomm. La idea es que Gemini pueda acompañar al usuario mientras camina, compra, cocina, viaja o consulta mensajes sin tener que sacar el móvil del bolsillo.Habrá dos tipos de gafas. Por un lado, modelos con una pequeña pantalla en la lente, como las Meta Ray-Ban Display, pensados para mostrar indicaciones de Maps, traducciones en directo o información contextual justo delante de los ojos. Por otro, unas gafas de audio que llegarán este otoño y en las que Gemini hablará al usuario al oído de forma privada. Estas primeras gafas permitirán escuchar música, hacer llamadas, tomar fotos, consultar aplicaciones del teléfono o pedir ayuda a Gemini sin usar las manos. Funcionarán tanto con Android como con iOS y llegarán de la mano de Samsung, Gentle Monster y Warby Parker.La demo ha resumido muy bien la ambición de Google. Las gafas han podido recordar el lugar en el que la usuaria había quedado con una amiga la semana anterior, iniciar una ruta, sugerir una parada para tomar café y preparar un pedido en una tienda. La IA no compra sola: deja el pedido listo y pedía confirmación antes de completarlo. También ha resumido mensajes pendientes, añadido una cena familiar al calendario y generar una foto editada desde las propias gafas. Google presume de escala: 3.200 billones de tokens al mesAntes de enseñar sus nuevos productos, Sundar Pichai ha querido dejar clara la escala sobre la que Google construye esta ofensiva. Según el consejero delegado de la compañía, Google procesa ya 3.200 billones de tokens al mes, frente a los 480 billones del año pasado y los 9,7 billones de hace dos años. Los tokens son las unidades básicas de información que procesan los modelos y sirven, según Pichai, para medir el uso real de la IA.Google también ha reivindicado el alcance de sus productos de consumo. La compañía cuenta con 13 servicios con más de 1.000 millones de usuarios, cinco de ellos por encima de los 3.000 millones: Google, Gmail, Android, Chrome y YouTube. AI Overviews supera los 2.500 millones de usuarios mensuales, AI Mode alcanza los 1.000 millones en solo un año y la app de Gemini ha pasado de 400 millones a más de 900 millones de usuarios activos mensuales. Además, las peticiones diarias a Gemini se han multiplicado por siete y los modelos Nano Banana ya han generado más de 50.000 millones de imágenes. Search se prepara para dejar atrás las palabras claveUno de los anuncios más relevantes afecta al corazón del negocio de Google: el buscador. Search quiere dejar de funcionar como una caja en la que escribir dos o tres palabras clave y acercarse más a una conversación. El usuario podrá hacer preguntas largas, mezclar texto, imágenes, archivos o vídeos y seguir afinando la respuesta sin empezar de cero.Google también llevará agentes al buscador. Estos sistemas podrán trabajar en segundo plano para vigilar temas concretos y avisar cuando haya novedades: cambios en acciones, pisos disponibles, lanzamientos de productos o cualquier información que dependa del momento. Además, Search podrá crear pequeñas herramientas a medida, como gráficos interactivos, planificadores o paneles personalizados, en lugar de limitarse a mostrar una respuesta de texto. Las experiencias de interfaz generativa llegarán este verano, mientras que las herramientas personalizadas empezarán por los suscriptores. Gemini se rediseña y gana un agente personalLa app de Gemini también cambia. Google ha enseñado una nueva interfaz, llamada Neural Expressive, que quiere alejarse del muro de texto y organizar las respuestas con tarjetas, imágenes interactivas, líneas de tiempo, vídeos y elementos visuales generados en tiempo real. Gemini está disponible en más de 230 países y más de 70 idiomas y Google quiere convertirlo en un asistente universal para el día a día.Dentro de esa nueva Gemini aparece Daily Brief, un resumen personalizado para empezar la mañana con lo importante del correo, el calendario y las tareas. Algo similar a lo que hace Samsung con Now Brief. También llega Gemini Spark, un agente personal capaz de trabajar en segundo plano. La idea es que pueda organizar eventos, revisar documentos, preparar borradores, crear hojas de cálculo o dividir una petición complicada en varias tareas pequeñas.Gemini Spark llegará primero a testers de confianza y después en beta a usuarios de Google AI Ultra en Estados Unidos. Más adelante tendrá versión para Workspace y Gemini Enterprise. Google también ha mostrado la app nativa de Gemini para macOS, con nuevas capacidades de voz previstas para este verano. En la demostración, Gemini ha leído documentos seleccionados en el Finder, extraído información de varios PDF e imágenes y convertido una instrucción hablada en un correo estructurado con una tabla. Omni, Docs Live y creación con IAEn creación, el anuncio más ambicioso ha sido Gemini Omni, un modelo multimodal que Google resume con una promesa: cualquier entrada puede generar cualquier salida. Puede partir de texto, imágenes o vídeo para generar o editar vídeos mediante lenguaje natural. El usuario podrá subir un clip y pedir cambios sucesivos: modificar el entorno, cambiar el estilo, añadir efectos, alterar el ángulo de cámara o transformar una escena sin perder coherencia. La primera versión, Gemini Omni Flash, llega a productos de Google, incluida la app de Gemini para usuarios de pago.También llega Docs Live, una función para crear documentos hablando con Gemini. En lugar de escribir un prompt perfecto, el usuario podrá volcar sus ideas por voz y pedir que Gemini las ordene, les dé estructura y recupere información de Drive o Gmail. Docs Live llegará este verano para suscriptores Pro y Ultra y capacidades similares de voz se incorporarán también a Gmail y Keep.A esto se suman Ask YouTube, para hacer preguntas sobre vídeos, recibir resúmenes y saltar directamente al fragmento útil; y Ask Maps, pensado para consultas más largas y contextuales dentro de Google Maps.Google también ha reforzado sus herramientas creativas. Ha enseñado Pix, una herramienta de creación y edición de imágenes para Workspace; nuevas funciones de Stitch, su producto para diseñar interfaces a partir de instrucciones en lenguaje natural, y novedades en Flow, su plataforma para crear vídeos, imágenes y música con IA. NotebookLM, por su parte, ya se ha usado para crear más de 1.500 millones de cuadernos, pódcasts, presentaciones y otros contenidos. La IA también quiere entrar en las comprasGoogle también quiere llevar sus agentes al comercio electrónico. La compañía ha presentado un carrito universal que podrá llenarse desde Search, Gemini, YouTube o Gmail y trabajar en segundo plano para encontrar ofertas, avisar de bajadas de precio, detectar productos agotados o advertir incompatibilidades.El ejemplo elegido por Google es muy sencillo: si alguien monta un PC y añade una placa base que no encaja con el procesador elegido, el carrito podría detectarlo y sugerir una alternativa. La compañía también ha hablado de nuevos protocolos para comercio y pagos con agentes, pensados para que la IA actúe siempre bajo límites definidos por el usuario y con confirmación antes de completar una compra. Más chips, más inversión y más velocidadToda esta ambición exige infraestructura. Pichai ha recordado que Google gastaba 31.000 millones de dólares anuales en 2022 y que este año espera elevar esa cifra hasta entre 180.000 y 190.000 millones. Una parte clave son sus TPU de octava generación, divididas en chips especializados para entrenamiento e inferencia. Según Google, permitirán escalar entrenamientos sobre más de un millón de unidades de TPU, alcanzar velocidades cercanas a 1.500 tokens por segundo y duplicar el rendimiento por vatio.La compañía también ha presentado Gemini 3.5 Flash, orientado a agentes, programación y tareas largas, y reforzado Antigravity, su plataforma para desarrolladores. Para demostrar su potencial, Google ha enseñado cómo varios agentes construyeron un sistema operativo funcional en 12 horas. No una simple aplicación, sino el software básico que permite que un ordenador arranque y ejecute programas. La prueba ha terminado con ‘Doom’ funcionando dentro de ese sistema. Ciencia, seguridad y transparenciaLa keynote también ha reservado espacio para la otra cara de la generación masiva de contenido: la verificación. Google ampliará SynthID, su marca de agua invisible para contenidos generados con IA, que ya ha marcado más de 100.000 millones de imágenes y vídeos y el equivalente a 60.000 años de audio. Esta verificación llegará a Search y Chrome y compañías como OpenAI (que se suma a Nvidia) la adoptarán en más contenidos generados con IA.El cierre ha mirado hacia la ciencia. Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, ha defendido que la inteligencia artificial general (AGI) está en el horizonte y ha presentado Gemini for Science, un conjunto de herramientas para ayudar a investigadores a revisar estudios, generar hipótesis, convertir objetivos en código y trabajar con simulaciones. Entre los ejemplos ha citado AlphaEarth Foundations, una especie de gemelo digital del planeta; WeatherNext, sus modelos meteorológicos con IA; y el trabajo de Isomorphic Labs en nuevos tratamientos en fase preclínica. «Basta con pedirlo»Después de todos estos anuncios, la idea que une la presentación queda más clara: Google quiere que la IA se convierta en la nueva interfaz de sus productos. Search, Gemini, Docs, Gmail, YouTube, Maps, Chrome, las compras, la programación, la ciencia y ahora también unas gafas funcionan bajo una misma lógica: pedir algo en lenguaje natural y dejar que el sistema lo convierta en acción.La promesa resulta sencilla de formular y difícil de cumplir. Google quiere que el usuario no tenga que aprender menús, comandos o flujos complejos, sino explicar lo que necesita. El reto será demostrar que esa IA que busca, compra, resume, programa, crea y guía también resulta fiable, privada y útil cuando salga del escenario y llegue al uso diario.

Así es el videojuego viral de Donald Trump que parodia la tensión entre Estados Unidos e Irán

El panorama de los videojuegos ha evolucionado radicalmente en las dos últimas décadas, ya que han pasado de ser un entretenimiento minoritario a liderar los ingresos del mercado del ocio mundial. Hoy en día, son reconocidos como una forma de arte participativo y un fenómeno social de masas. Además, en un contexto donde las redes sociales y la cultura influyen cada vez más en el debate público, han surgido títulos independientes que mezclan la estética retro y las referencias a la actualidad política.En este sentido, ha surgido ‘Operation Epic Furious: Strait to Hell’, un videojuego arcade que parodia la figura de Donald Trump y la tensión entre Estados Unidos e Irán. Qué es y cómo funcionaDesarrollado por el grupo artístico The Secret Handshake, este juego se ha viralizado en los últimos días después de que dicho grupo instalara varias máquinas arcade físicas en el DC War Memorial (Washington D.C., Estados Unidos), como parte de una acción artística vinculada a la guerra y la propaganda política.Pero, ¿qué es exactamente y cómo funciona? Acorde a la información compartida por el diario Wired, ‘Operation Epic Furious: Strait to Hell’ emplea una estética inspirada en videojuegos clásicos de los años 90, con gráficos pixelados. El jugador controla una versión caricaturizada de Donald Trump en una aventura ambientada en un conflicto ficticio con Irán y, a lo largo de la partida, aparecen personajes basados en figuras reales de la política estadounidense, incluyendo miembros de su administración y empresarios cercanos.El funcionamiento mezcla exploración, diálogos y combates con situaciones humorísticas, teniendo en cuenta que el objetivo principal consiste en recolectar petróleo, publicar mensajes en redes sociales y avanzar por distintos escenarios mientras el juego plantea una crítica a la espectacularización de la política y los conflictos bélicos.DisponibilidadWired informa que ‘Operation Epic Furious: Strait to Hell’ surgió como respuesta a la forma en que algunos contenidos políticos se presentan actualmente en internet con estética de videojuegos. Asimismo, busca cuestionar cómo determinados discursos convierten conflictos reales en espectáculos digitales consumidos como entretenimiento.No obstante, ¿cómo y dónde se puede jugar a ‘Operation Epic Furious: Strait to Hell’? Aunque inicialmente fue presentado en máquinas arcade instaladas en Estados Unidos, el videojuego ya puede jugarse online de forma gratuita a través de internet.

Google enseña los dientes: monumental contraataque de Gemini en la guerra de la IA

No nos engañemos. Durante los últimos meses, la sensación generalizada en el mundillo tecnológico era que el gigante de Mountain View estaba contra las cuerdas. Hemos sido testigos de una competición feroz, casi descarnada, en el terreno de la inteligencia artificial. Actores que hace no … tanto parecían secundarios o formaban parte de un ecosistema más de nicho, como OpenAI (con sus incesantes mejoras de ChatGPT) o Anthropic (con el sofisticado y empático Claude), lograron lo que parecía impensable: un auténtico ‘sorpasso’ tecnológico. Por un momento, dio la impresión de que Google, el mismísimo titán que nos enseñó a ordenar y buscar la información del mundo, se había quedado rezagado, atrapado en su propia burocracia en la carrera más trascendental del siglo XXI.
Pero no era así. Y es que en tecnología, como en el ajedrez, a veces conviene dar un paso atrás temporal, solo el tiempo justo para preparar un jaque mate. Y hoy, Sundar Pichai ha vuelto a equilibrar las cosas. Con la tranquilidad de quien sabe que tiene las mejores cartas en la mano, el CEO de Google se subió al escenario del Google I/O 2026 para desatar una auténtica catarata de novedades. Ha sido un despliegue abrumador, una demostración de fuerza bruta y refinamiento técnico que deja un mensaje claro: el imperio contraataca.

De la nube a nuestros ojos

La presentación de hoy no ha sido para mostrar unos cuantos productos aislados. Lo que hemos visto es un nuevo ecosistema entero cobrando vida y reclamando su territorio. Pichai recordó a la audiencia que hace exactamente diez años Google dio un giro de timón para convertirse en una empresa ‘AI first’ (la inteligencia artificial primero). Y hoy esa visión a largo plazo se traduce en cifras que marean incluso al más pintado.

MÁS INFORMACIÓN

Para muestra, un botón. Google está procesando la friolera de 3.200 billones (‘trillions’ en inglés) de ‘tokens’ (las unidades básicas de información que ‘leen’ estos modelos) al mes. «Nunca imaginé que diría ‘trillions’ en una keynote de I/O, pero aquí estamos», confesó Pichai, utilizando la escala numérica anglosajona.
El evento nos ha dejado anuncios formidables que van desde nuevos modelos fundacionales mucho más rápidos y económicos (Gemini 3.5 Flash), hasta hardware revolucionario como las Intelligent Eyewear, unas gafas inteligentes que prometen cambiar nuestra forma de interactuar con el mundo y que llegarán este mismo otoño. Y también hemos asistido al nacimiento de Gemini Science, una herramienta asombrosa capaz de realizar simulaciones predictivas para científicos que ya está salvando vidas, y de Google Spark, un ‘mayordomo’ digital que nunca duerme.
Pero vayamos por partes, porque el futuro que Google nos ha dibujado hoy tiene distintos pilares.

Gemini Omni, la IA que comprende las leyes de la física

El corazón de este contraataque tiene un nombre propio: Gemini Omni. Hasta ahora, los modelos de lenguaje eran excelentes ‘loros estocásticos’, sistemas increíblemente buenos prediciendo la siguiente palabra en una frase. Pero Omni va mucho más allá y supone, de hecho, un salto evolutivo fundamental: pasa de predecir texto a simular la realidad. Demis Hassabis, el cerebro detrás de Google DeepMind, lo expuso con toda claridad: «La inteligencia artificial general (AGI) está a solo unos años de distancia». Una predicción que, sin duda, despertará todo tipo de comentarios. La AGI, en efecto, es un tipo de IA, hoy por hoy hipotética, que sería capaz de igualar, e incluso de superar, las capacidades cognitivas humanas. A diferencia de los sistemas actuales (que son expertos sólo en tareas específicas), la inteligencia artificial general podría aprender, razonar y adaptarse de forma autónoma en cualquier campo o situación.
Gemini Omni es lo que los expertos denominan un ‘modelo de mundo’, capaz de combinar la inteligencia de razonamiento de Gemini con la capacidad de generar y alterar cualquier formato multimedia a partir de cualquier entrada de datos (texto, audio, vídeo…). Para entender la magnitud de este avance, Google recurrió a un ejemplo que se mostró en directo: un usuario le pide a la IA que cree un vídeo explicativo, con estilo de animación ‘stop-motion’ de plastilina, sobre cómo se pliegan las proteínas. Omni no solo genera el vídeo de la nada, sino que demuestra entender la física intuitiva que subyace a la petición. La herramienta comprende la gravedad, la energía cinética y cómo los objetos tridimensionales interactúan entre sí en el espacio. Y aplica esos conocimientos a las peticiones que recibe para mejorar los resultados.
Más aún, es posible proporcionarle un vídeo grabado por nosotros mismos dando un paseo y, usando un lenguaje totalmente coloquial, pedirle que convierta el entorno de la grabación en ‘otra cosa’. Puede, por ejemplo, transformar un simple charco en un agujero negro que distorsiona la luz a su alrededor, manteniendo intacto nuestro movimiento original y ajustando la iluminación de toda la escena.
La primera versión de esta familia, Gemini Omni Flash, está disponible desde hoy mismo a nivel global para los suscriptores de pago (Google AI Plus, Pro y Ultra) directamente en la renovada aplicación de Gemini.

El nuevo Nano Banana

Si Omni es el cerebro analítico, Nano Banana se consolida como el gran motor creativo de la compañía. Este modelo de generación de imágenes ha sido la estrella indiscutible durante el último año, superando los 50.000 millones de imágenes generadas por los usuarios.
Pero hoy ha ido más allá. La gran novedad es que Nano Banana otorga ahora un control creativo casi quirúrgico a través de nuevas herramientas como Google Pics (integrado en Workspace). Ya no se trata solo de teclear ‘un astronauta montando a caballo’ y rezar para que el resultado sea el esperado. Ahora, la inteligencia artificial comprende la relación espacial y semántica de los objetos dentro del lienzo. Podemos generar una imagen, pasar el cursor por encima de un elemento que no nos gusta, hacer clic y eliminarlo, o redimensionar un objeto para que encaje perfectamente en el encuadre, todo sin saber absolutamente nada de diseño gráfico. Y, en un más que notable esfuerzo en aras de la transparencia, todos estos contenidos irán marcados por SynthID, una marca de agua invisible que permite distinguir la realidad de la generación sintética. Estas capacidades visuales avanzadas se irán desplegando a lo largo de este mismo verano.

Google Spark: el asistente total

Y llegamos a la que, sin lugar a dudas, es la revolución más palpable y transformadora para el usuario de a pie. Olvídense de los tradicionales chatbots a los que hay que hacerles preguntas de una en una, esperando pacientemente la respuesta en la pantalla. «Hemos entrado en una nueva era agéntica en todo Google», sentenció Pichai. La era de los ‘agentes autónomos’, y el indiscutible rey de esta nueva etapa se llama Google Spark.
Pero veamos. Spark es un asistente personal de inteligencia artificial puro. No vive encadenado a la pestaña del navegador, sino que se ejecuta en máquinas virtuales dedicadas en la nube de Google, lo que significa que trabaja para nosotros las 24 horas del día, los 7 días de la semana. De modo que podemos encargarle una tarea compleja, cerrar la tapa del portátil, irnos a dormir, y Spark seguirá trabajando en segundo plano.
¿Pero en qué consiste exactamente? Para ilustrar un concepto tan complejo, la compañía ofreció un ejemplo deliberadamente cotidiano: organizar una fiesta en nuestro vecindario. Un usuario abre Spark y le lanza una instrucción simple: «Ayúdame a organizar la fiesta. Revisa todos los correos electrónicos para ver quién ha confirmado su asistencia, haz una hoja de cálculo con lo que va a traer cada uno y mándale un recordatorio a los vecinos que aún no han contestado».
Hecho esto, podemos irnos tranquilamente, por ejemplo, a hacer la compra, Spark se pone manos a la obra. Se sumerge en Gmail, lee e interpreta las respuestas, abre un archivo en Google Sheets, anota metódicamente quién viene y qué comida traerá. A continuación, detecta qué vecinos faltan por responder y redacta borradores de correo electrónico personalizados para cada uno de ellos, dejándolos listos en nuestra bandeja de salida para que solo tengamos que darle al botón de enviar. Incluso es capaz de rebuscar entre los PDFs de nuestro Google Drive para leer los estatutos de la comunidad de vecinos y advertirnos, de forma proactiva, de que no podemos instalar el castillo hinchable antes del viernes por la tarde. Spark, en definitiva, subdivide problemas enormes en microtareas, utiliza nuestras propias herramientas (Docs, Calendar, Maps) y ejecuta planes complejos a la perfección.
Esta maravilla digital empezara a desplegarse esta misma semana para un grupo reducido de ‘testers’ de confianza, y llegará en fase beta la próxima semana (finales de mayo) para los suscriptores de Google AI Ultra en Estados Unidos. Ni una palabra, por ahora, sobre su posterior llegada a Europa

Intelligent Eyewear

El hardware también tuvo su momento de gloria durante la presentación, y de qué manera. Shyam Srinivasan subió al escenario para mostrar las nuevas Intelligent Eyewear, unas gafas inteligentes impulsadas por Android XR que verán la luz este mismo otoño.
A diferencia de intentos pasados, la gran apuesta de este año son las ‘gafas de audio’. Es decir, no tienen pantallas intrusivas que nos aíslen del entorno. Construidas en colaboración con gigantes como Samsung y firmas icónicas de diseño como Warby Parker y Gentle Monster, estas gafas son elegantes y discretas. Se comunican con nosotros directamente al oído, de forma totalmente privada. Al usar las pequeñas cámaras integradas en la montura, la IA ve exactamente lo que vemos nosotros. En una demostración en vivo, vimos cómo un usuario caminaba por la calle y le decía a sus gafas: «Pide mi pedido habitual en esa cafetería de ahí delante». Gemini, operando silenciosamente el teléfono móvil guardado en el bolsillo del usuario, abrió la aplicación DoorDash, seleccionó un café ‘nitro cold brew’, añadió una propina del 20% y pidió confirmación por voz al usuario. Todo sin mirar una pantalla, sin usar las manos. Una integración de la tecnología en la vida real sencillamente espectacular.

Gemini Science: simulando el mismísimo planeta

El evento también dedicó un espacio vital a los grandes retos de la humanidad con Gemini Science. Se trata de un ecosistema diseñado para acelerar descubrimientos científicos mediante simulaciones que hasta hace poco parecían magia. Demis Hassabis nos habló de modelos como WeatherNext, que el año pasado logró predecir la trayectoria de un huracán de categoría 5 hacia Jamaica con tres días de antelación respecto a los sistemas tradicionales, permitiendo evacuaciones que salvaron innumerables vidas.
Asimismo, se citó a AlphaFold Foundations, descrito como «lo más parecido que tenemos a un gemelo digital del planeta», capaz de simular ecosistemas enteros para combatir la deforestación. Y, por supuesto, la asombrosa labor de Isomorphic Labs, que ya está utilizando estos modelos para simular interacciones moleculares y diseñar nuevos tratamientos en fase preclínica contra trastornos inmunológicos y el cáncer. «Nuestro objetivo es, algún día, resolver todas las enfermedades», afirmó Hassabis, palabras mayores que, respaldadas por esta tecnología, suenan menos a utopía y más a hoja de ruta.

La batalla acaba de empezar

Tras casi dos horas de anuncios incesantes, la sensación que quedó en el ambiente es de un profundo vértigo tecnológico. Ver a un enjambre de agentes de IA programando un sistema operativo completo en 12 horas (como demostró la herramienta Antigravity 2.0), observar el salto cuántico en el razonamiento de Omni, o atisbar un futuro donde delegamos nuestra burocracia vital en asistentes como Spark, demuestra sin atisbo de duda que Google no estaba, como algunos decían, dormido. Simplemente, estaba forjando en la oscuridad una armadura completamente nueva.
Sin embargo, a pesar de lo apabullante de los anuncios de hoy, debemos mantener la cabeza fría. Porque lo que hemos presenciado en este Google I/O 2026 no es, ni mucho menos, el final de la contienda. Estamos, muy al contrario, ante una única batalla que se libra dentro de una guerra tecnológica mucho mayor, a escala planetaria y que nadie sabe ni cuándo, ni cómo acabará. OpenAI moverá ficha más pronto que tarde, Anthropic presentará su respuesta, y el ciclo vertiginoso de la innovación se acelerará aún más.
Pero hoy, no cabe duda, Pichai puede sonreír y acostarse tranquilo. Google ha reclamado su silla en la cabecera de la mesa y ha dado un golpe que resonará durante meses en los cimientos de Silicon Valley. Y vaya si se ha hecho escuchar.

La Unión Europea impondrá el cargador único USB-C para casi todos los dispositivos

En diciembre de 2024, la Unión Europea tomó la decisión de imponer el UBC-C como el único estándar permitido para la comercialización de los dispositivos en Europa. Desde ese día, todos los móviles, tablets, auriculares, cámaras, consolas y ordenadores portátiles, aunque en este caso comenzó el pasado 28 de abril, están obligados a incorporar el puerto USB-C para cumplir con la normativa.Ya sabemos que la UE lleva años creando normas para que los productos tecnológicos sean más seguros, fáciles de usar y compatibles entre sí, y todo ello se agrupa bajo el famoso Marcado CE. Este sello es el que aparece en móviles, electrodomésticos u otros dispositivos e indica que cumple los requisitos europeos.Un cargador para muchos dispositivos Ahora, Bruselas pretende que el control vaya más allá y uno de los cambios principales en relación con esto afecta a los cargadores: quieren que un mismo cargador sirva para varios aparatos. Es decir, que un usuario pueda cargar el móvil, auriculares u otro dispositivo con el mismo cable USB-C, además de que todos deberán ser compatibles con USB Power Delivery.El plan de la Unión Europea es reducir la cantidad de cargadores distintos que se acumulan en las casas y disminuir los residuos electrónicos. También buscan acabar con los accesorios de tipo exclusivo que algunas marcas utilizaban para obligar a los usuarios a adquirir cargadores específicos.Dejando a un lado el tema de los cargadores, las nuevas normas hacen hincapié en una mayor atención al software y la ciberseguridad. Los fabricantes tendrán que garantizar actualizaciones de seguridad y proteger mejor los datos de los usuarios, sobre todo en dispositivos conectados a internet, durante toda su vida útil.