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TECNOLOGÍA

La IA guía las bombas

Imagine una herramienta basada en inteligencia artificial tan avanzada que, solo a partir de los datos que maneja, es capaz de seleccionar con precisión los objetivos que deben ser atacados durante una guerra y el orden de prioridad. Esa tecnología existe, y está siendo empleada … activamente en la guerra de Irán desde su inicio el sábado de la semana pasada. De acuerdo con varios expertos consultados por ABC, parece la principal responsable de que Estados Unidos e Israel consiguieran atacar cerca de 900 objetivos iraníes solo en las primeras 12 horas de la contienda. Algo inaudito que solo se explica mediante el empleo de la IA generativa.
«Nunca se habían visto tantos ataques en un periodo tan corto de tiempo», destaca el analista de defensa Carlos Delgado. El experto apunta que el papel que juega la IA en la guerra actual es cada vez más importante, pero que, al menos por el momento, no tiene nada que ver con lo que se pudo ver en películas futuristas y distópicas como ‘Terminator’. Las máquinas no atacan solas, al menos de momento. Pero sí ayudan a golpear donde más le duele al enemigo.

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Después de firmar con el Pentágono

«Lo que estamos viendo ahora mismo en Irán es cómo la inteligencia artificial acelera al máximo la toma de decisiones, agiliza los procesos y facilita la selección de objetivos. Te dice lo que debes atacar y el orden en el que hacerlo. Ahora bien, puede cometer errores. No hay ningún sistema que sea infalible», añade Delgado.
El país mejor preparado para ello parece ser, precisamente, Estados Unidos. El Pentágono cuenta con drones capaces de detectar objetivos y analizar imágenes mediante inteligencia artificial, y se sabe que lleva años experimentando con armamento autónomo. Pero en lo que respecta al conflicto iraní, el sistema más destacado por el momento sigue siendo Project Maven. Desarrollado inicialmente con la colaboración de varias empresas tecnológicas -entre ellas Palantir Technologies-, se trata de una herramienta capaz de analizar grandes volúmenes de datos de inteligencia, como fotografías tomadas por drones y satélites, identificar posibles objetivos y priorizar amenazas en el campo de batalla.

«La IA está agilizando la toma de decisiones. Te dice lo que debes atacar y el orden en el que hacerlo»

Carlos Delgado
Analista de defensa

Desde 2024, el sistema está reforzado por el modelo avanzado de inteligencia artificial Claude, desarrollado por la empresa Anthropic. Este tipo de IA permite ir más allá del simple análisis de imágenes: puede leer informes de inteligencia, cruzar información procedente de distintas agencias gubernamentales y ofrecer una interpretación rápida de la situación. No toma decisiones, pero sí que es de gran ayuda a la hora de trabajar con los datos y organizar los ataques.

Un portaviones estadounidense durante el inicio de la ofensiva.

(CENTCOM)

El uso de esta tecnología -que, según ‘The Wall Street Journal’, ya habría jugado un papel importante en la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro- ha sido crucial en los primeros días del conflicto iraní. «Dado que la IA Claude de Anthropic es la única de su clase aprobada para funcionar en redes que contienen información militar clasificada, lo más probable es que sea la que ahora mismo se está utilizando para seleccionar objetivos», explica a este diario Peter Asaro, experto en IA militar, profesor universitario y vicepresidente de Stop Killer Robots, organización que trata de frenar el desarrollo de armamento completamente autónomo.

Difícil de sustituir

La relación entre Anthropic y el Gobierno estadounidense no pasa por su mejor momento. La semana pasada, el Pentágono catalogó a la tecnológica como «un riesgo en la cadena de suministro para la seguridad nacional» y ordenó al ejército dejar de utilizar su IA. La razón: la insistencia de la firma y de su CEO, Dario Amodei, en mantener dos líneas rojas: que su IA no se utilice para vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses ni para el desarrollo de armas completamente autónomas.

La IA de Anthropic se ha convertido en un elemento esencial en las operaciones del Ejército de Estados Unidos

A pesar de la ruptura, el ejército estadounidense ha seguido utilizando la tecnología de Claude. Principalmente, porque no tiene preparada la alternativa y, a estas alturas, su IA se ha convertido en una herramienta imprescindible y de uso diario para varias agencias gubernamentales, de acuerdo con fuentes consultadas por ‘The Washington Post’. Además, eliminarla de los sistemas en los que ya está operando no parece tarea fácil. Quizá por eso el Gobierno se ha dado un plazo de seis meses para ello. Mientras se cumple ese tiempo, el Pentágono y Anthropic han vuelto a sentarse para ver si es posible arreglar sus diferencias, según reconoció el propio Amodei este jueves.
Sea como sea, el Departamento de la Guerra estadounidense cerró la semana pasada un acuerdo con OpenAI, creadora de ChatGPT, para añadir su tecnología a los sistemas de defensa estadounidenses. En caso de que las negociaciones con Anthropic no lleguen a buen puerto, la tecnología de esta firma será la que sustituya a Claude.

Gaza, el banco de pruebas

Aunque la guerra de Irán ha sido el conflicto en el que el uso de IA generativa ha resultado más evidente, esta tecnología ya se había puesto a prueba anteriormente con fines militares. «El banco de pruebas fue Gaza», explica a este periódico Ulises Cortés, catedrático de Inteligencia Artificial en la Universidad Politécnica de Barcelona. «Los informes sobre la guerra israelí en Gaza dejan claro que han estado utilizando sistemas de IA en combate, principalmente para analizar inteligencia y elaborar listas de objetivos, así como para rastrear y seleccionar objetivos individuales», añade Asaro.
Sobre los sistemas que actualmente podría estar empleando en Irán el Ejército de Israel, destaca especialmente Lavender, tecnología que ya jugó un papel importante durante la guerra en Gaza. Se trata de un sistema diseñado para identificar personas concretas que podrían pertenecer a grupos armados y generar listas de posibles blancos.

Israel ya utilizó en Gaza sistemas como Lavender o Gospel, con los que es posible detectar enemigos y organizar ataques

Israel también tiene una herramienta llamada Gospel que, como Maven, analiza grandes cantidades de datos de vigilancia y genera recomendaciones de objetivos para bombardeos. «Parece muy probable que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) estén utilizando sistemas similares para elaborar listas de objetivos humanos en Irán, aunque con diferentes tipos y fuentes de datos de inteligencia que los utilizados contra Hamás», destaca Asaro a este respecto.

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Por el momento no está claro si Irán está recurriendo a la IA para seleccionar los objetivos de sus ataques. Sus acciones durante el conflicto se han basado principalmente en el uso de misiles balísticos y drones dirigidos contra Israel y contra bases estadounidenses en la región. Aun así, el volumen de estas acciones sigue siendo muy inferior al que han alcanzado sus adversarios en la contienda. El país afirma que, desde 2025, utiliza inteligencia artificial para la detección de misiles; aunque esto no ha impedido que se hayan registrado más de 2.000 ataques contra su territorio solo en los cuatro primeros días de enfrentamientos.

Irán explotó la Wikipedia para intentar hacer propaganda favorable al régimen

Según una investigación del sitio especializado ‘Neutral POV’, editores proiraníes habrían estado realizando cambios constantes en Wikipedia con el fin de hacer propaganda a favor del régimen de Irán. Según se recoge, este tipo de acciones se estarían llevando a cabo desde hace … años, pero han ganado especial protagonismo durante los últimos meses, sobre todo con el inicio de las protestas populares a finales del pasado diciembre.
Siempre según el citado medio, durante el mes de enero, una red de editores alineados con el Gobierno de Irán y con el régimen encabezado hasta hace una semana por Alí Jamenei se dedicó a hacer cambios en cientos de artículos relacionados con el régimen. Una segunda investigación desveló la subida masiva de más de 10.000 imágenes y vídeos relacionados con las protestas a Wikimedia Commons, el repositorio global de medios de Wikipedia, procedentes de medios estatales iraníes.

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Con este tipo de acciones, los editores afines al régimen buscarían hacer propaganda y controlar la narrativa. Con el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel y el régimen iraní, Wikipedia está tratando de evitar que los artículos relacionados puedan sufrir sesgos. Algunas páginas incluso han sido bloqueadas temporalmente para impedir nuevas ediciones, según explican a ABC desde la Fundación Wikimedia, la encargada de mantener y proteger los contenidos de Wikipedia.
«Este tipo de acciones suelen ser realizadas por enciclopedistas nuevos que no llevan mucho tiempo colaborando en Wikipedia», señala Miguel Ángel García, administrador de Wikipedia, abogado y antiguo miembro de la Junta Directiva de Wikimedia España.

Guerras de ediciones

Cuando hay algún conflicto internacional, Wikimedia suele estar muy pendiente de los cambios que se realizan en las entradas más sensibles. Además, cuanto mayor es el interés y la actualidad de un tema, más enciclopedistas revisan lo que se añade y lo que se elimina. Por ejemplo, el artículo principal del conflicto de Irán actualmente puede llegar a sufrir más de 150 cambios en una sola hora.
«Es más fácil que los artículos de Irán estuviesen sesgados hace unos días que ahora. En estos momentos hay muchos editores leyendo e interesándose por el conflicto, por lo que nos resulta mucho más sencillo detectar si hay sesgos o desinformaciones», explica García.
Con todo, el wikipedista reconoce que es fácil que se inicien guerras de ediciones, en las que «unos editores defienden una postura concreta, mientras que otros se muestran en contra». Esto provoca que una misma entrada pueda recibir constantes cambios en los que los sesgos igual aparecen que desaparecen. Lo normal en estos casos es que se genere una protección de la página.
«A partir de ese momento solo pueden modificarla editores consagrados que llevan ya mucho tiempo compartiendo contenido en Wikipedia y llevan cientos de ediciones», prosigue el enciclopedista. En caso de que los editores más experimentados no se pongan de acuerdo «se podría bloquear la página por completo», lo que provocaría que solo puedan participar los administradores, que tienen capacidad para borrar y recrear páginas enteras o bloquear usuarios, entre otras cosas.
García señala que el artículo sobre la muerte de Alí Jamenei, creado el 28 de febrero, acumula ya más de 80 ediciones y que, de momento, «no se han detectado razones para impedir los cambios». Eso no pasa con el artículo principal dedicado al exlíder del régimen, que está bloqueado por Wikipedia desde el 1 de marzo, y así seguirá hasta este domingo 8. Precisamente para evitar la desinformación y las guerras de ediciones.

OpenAI pierde la carrera de la IA y los expertos temen por la supervivencia de la empresa

Es noviembre de 2022 y Sundar Pichai, CEO de Google, está preocupado. Hace apenas unos días, una startup llamada OpenAI puso en línea una máquina que, aparentemente, es capaz de resolver cualquier duda que tenga el usuario. Su nombre es ChatGPT, y el … ejecutivo indio teme que, con el tiempo, acabe dejando obsoleto a su motor de búsqueda, el sitio al que todo el mundo acude cuando navega por internet. Hay que responder; y por eso entra en un bucle de reuniones en las que trata de encontrar la mejor forma de hacerlo. Necesita nuevos productos para competir y no quedarse atrás. Y los necesita rápido si quiere que Google siga manteniendo su estatus de albacea principal de toda la información que se cuelga en la red.
Tres años después, la empresa de Mountain View no solo no ha perdido la carrera de la inteligencia artificial; sino que parece que, ahora mismo, la lidera. Y que va a ganarla. Para empezar, porque tiene lo más importante: dinero. Hace apenas unos días, anunció su intención de duplicar sus gastos anuales hasta alcanzar los 185.000 millones de dólares; y una parte importante de ese dinero irá destinado, directamente, a la mejora de su inteligencia artificial y, más en concreto, de ‘su ChatGPT’: Gemini.

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Mientras tanto, OpenAI sigue tratando de encontrar fórmulas que le permitan aumentar los ingresos generados por su tecnología, que sigue lejos -a años luz- de ser rentable. La firma, liderada por Sam Altman, espera sufrir pérdidas de 100.000 millones de dólares en los próximos cuatro años. Su supervivencia sigue dependiendo de las inyecciones de fondos procedentes de terceros, como los 110.000 millones que va a recibir de Amazon, SoftBank o Nvidia, y de los acuerdos a los que llega con empresas e instituciones para el uso de su tecnología, como el que firmó recientemente con el Pentágono, de 200 millones. Y es que, aunque pueda sorprender, el uso de ChatGPT provoca más gastos a la compañía que beneficios; y esta, a diferencia de Google, no cuenta con un imperio de aplicaciones y publicidad online que le ayude a sostener su IA.
Recientemente algunos analistas de negocio y expertos en IA, como Sebastian Mallaby en ‘The New York Times’, han apuntado que la firma, la misma que inició la carrera de los robots parlantes, corre riesgo de quebrar «en los próximos 18 meses». Y otros expertos están de acuerdo. «El riesgo existe, efectivamente», explica en conversación con ABC Miguel Lucas, director global de innovación en Llorente y Cuenca. «El éxito en la adopción de ChatGPT tiene una relación directa con las pérdidas que está teniendo la empresa. Tiene muchos usuarios, pero también muchos gastos para mantener su servicio. Para este 2026 se espera que las pérdidas hasta dupliquen las del año pasado (9.000 millones de dólares en 2025 frente a unos 17.000 en 2026, según las filtraciones)», remata el experto.

OpenAI tuvo unas pérdidas de 9.000 millones de dólares solo en 2025. Este año podrían ser del doble, según las filtraciones

Joe Haslam, director ejecutivo del programa de Scaleup de propietarios del IE Business School, no tiene tan claro que esto ocurra, aunque no le extrañaría nada que, en el futuro, OpenAI termine siendo propiedad de otra compañía. «Creo que alguien intervendría y adquiriría la tecnología o se cerraría algún tipo de acuerdo para garantizar la supervivencia», apunta el docente a este diario. A pesar de ello, remarca que la sensación que tiene actualmente es que «pase lo que pase, Google lo tiene ya todo para ganar»: «Fabrica sus propios chips, no tiene problemas de talento y tiene un gran negocio basado en la publicidad que le permite seguir invirtiendo en mejorar su IA».

Google invierte en la competencia

ChatGPT sigue siendo la máquina conversacional más empleada por los usuarios. Se estima que, cada mes, unas 810 millones de personas usan el robot para hacer consultas; pero solo el 5% de ellos tiene contratado alguno de los planes de pago. Una cifra demasiado baja como para cubrir los gastos operativos del chatbot. Y, mientras tanto, la competencia le pisa los talones. Recientemente, Sundar Pichai anunció que Gemini había alcanzado los 750 millones mensuales, 100 más de los que tenía en el trimestre anterior. ¿La razón? Gemini 3, una nueva versión de la máquina del buscador que, temporalmente, llegó a estar bastante por encima de lo que eran capaz de ofrecer la mayoría de robots de la competencia.

La IA de Google cuenta con 750 millones de usuarios mensuales. Ha ganado 100 millones en un trimestre y ya está cerca de ChatGPT

«Los que usamos Gemini y ChatGPT nos damos cuenta de que la herramienta de Google no tiene nada que envidiar a las demás. Incluso es bastante mejor en algunos apartados, como en la generación de imágenes», dice Lucas. El experto destaca, además, que Google tiene menos dificultades que OpenAI para conseguir usuarios porque su tecnología está presente en muchos más servicios que ChatGPT, como en su propio buscador o en herramientas como Gmail. Y la influencia de Google llega mucho más allá, incluso a tecnológicas que, en teoría, le están haciendo la competencia dentro del terreno de la IA.
Actualmente, la empresa liderada por Sundar Pichai es la propietaria del 14% de Anthropic, startup creada por extrabajadores de OpenAI y que está detrás de una de las herramientas de IA más populares del momento: Claude Code, que se ha convertido en una de las herramientas favoritas de los desarrolladores y ha provocado parcialmente que, la empresa haya alcanzado una valoración de 380.000 millones de dólares. Además, Google ha comenzado a tener participación en xAI, la empresa de IA de Elon Musk, después de que esta se fusionase con SpaceX hace unas semanas. El buscador mantiene desde 2015 el 7% de la propiedad de la compañía aeroespacial. «Es todo un foso de seguridad en torno a la IA. Pase lo que pase con sus propias herramientas, se garantiza sacar algo de los demás», dice el director global de innovación de Llorente y Cuenca.
Google también ha reducido al mínimo la dependencia de la tecnología de otras empresas. Ni siquiera necesita los chips de Nvidia, claves para poder entrenar a las máquinas y que estas sean capaces de responder las solicitudes que reciben. Google se fabrica los suyos. «Todavía están un paso por detrás de los de Nvidia, pero son mucho más eficientes. Al consumir menos energía pueden ahorrar dinero en el entrenamiento de su IA », explica Lucas.

ChatGPT añade anuncios para buscar nuevos ingresos

Desde hace escasos días, los usuarios de ChatGPT en Estados Unidos han comenzado a ver anuncios relacionados con sus consultas. En concreto en la versión gratuita y en Go, que actualmente tiene un precio de unos 10 euros mensuales. En un comunicado, la empresa de IA señala que el funcionamiento de su máquina «requiere una infraestructura importante y una inversión continua», y que «la publicidad ayuda a financiar ese trabajo».
«Al menos tienen que intentar encontrar cómo hacer más caja», señala Haslam sobre el anuncio. Sea como sea, la llegada de publicidad a la plataforma no ha debido ser una decisión sencilla para OpenAI. En 2024, Sam Altman se refirió a su incorporación como «un último recurso» y algo que resultaría «especialmente inquietante». Temía que los usuarios perdieran confianza en los resultados del chatbot, que creyesen que, cuando este les hablaba sobre un producto concreto, lo hiciese realmente porque una tercera empresa había pagado para promocionarlo.
«Hay que al menos intentar hacer caja. Hacen lo que tienen que hacer», apunta Haslam al respecto. Sarah Friar, directora financiera de OpenAI, también ha dejado caer en varias ocasiones durante las últimas semanas que la compañía está estudiando la posibilidad de comenzar a solicitar recompensas a las empresas que realicen descubrimientos apoyándose en su tecnología, por ejemplo, a las farmacéuticas.

Jugamos a 'God of War: Sons of Sparta': Kratos pierde su identidad a costa de un cambio de diseño radical

Cuando una saga que ha redefinido el videojuego de acción decide mirar atrás, el riesgo es tan grande como la expectativa. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con ‘God of War: Sons of Sparta’, un ‘spin-off’ que nos ha pillado a todos por … sorpresa y que abandona la épica cinematográfica de las últimas entregas para descender a un terreno mucho más austero: el de la acción lateral en 2D con alma de metroidvania. Ambientado en la juventud de Kratos y centrado en su relación con su hermano Deimos durante el entrenamiento en Esparta, el título —desarrollado por Santa Monica Studio en colaboración con Mega Cat Studios— no solo revisita los orígenes del Fantasma de Esparta, sino que pone a prueba hasta qué punto la identidad de la saga resiste un cambio de formato tan radical.
El mayor valor diferencial de ‘Sons of Sparta’ está en su ambición narrativa. Lejos de las epopeyas contra dioses y criaturas mitológicas, aquí el foco es íntimo: la relación entre Kratos y Deimos, la rivalidad fraterna y la presión del modelo espartano. El juego intenta añadir matices a un pasado que en la saga principal apenas se esbozaba, y para los más fans de Kratos, es todo un regalo. Hay más diálogo, más escenas de construcción emocional y un esfuerzo evidente por humanizar al protagonista antes de que se convierta en el símbolo de rabia que conocemos. Acompañado además por un perfecto doblaje al español, el apartado narrativo del título es lo más sobresaliente, y el motivo de peso, en singular, para jugar a ‘Sons of Sparta’.

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Jugabilidad: un metroidvania que tropieza en el movimiento

Porque yendo al gameplay, el giro jugable es total. Cámara lateral, mapas interconectados, habilidades que desbloquean nuevas rutas y un diseño que invita al backtracking constante. Es, en todos los aspectos de la palabra, un metroidvania, con todas las de la ley. No obstante, falla en lo más importante de un metroidvania: el movimiento. El plataformeo se siente rígido y casi testimonial. Acciones básicas, como el rebote entre paredes, carecen de fluidez, y reaparecen problemas con las cornisas que parecían superados hace años. Los enemigos tampoco gestionan bien los desniveles: se bloquean en los bordes, incapaces de cambiar de altura, y quedan congelados en situaciones que rompen el ritmo. Son fallos que evocan limitaciones técnicas de otra época, más propias de consolas portátiles con recursos ajustados. A ello se suma un diseño de niveles excesivamente fragmentado, que divide el mapa en pequeñas celdas aisladas entre sí por constantes fundidos en negro y tiempos de carga que cortan la continuidad.

Y por el lado del combate, despídete de la visceralidad que siempre ha definido a Kratos. Aquí el combate carece del peso y la violencia que siempre han definido a a nuestro protagonista. Las animaciones resultan menos espectaculares y los enfrentamientos, aunque correctos, rara vez alcanzan momentos memorables. No es un sistema fallido, pero sí menos impactante de lo que un ‘God of War’ sugiere. En muchas ocasiones, consiste únicamente en repetir la misma fórmula hasta la saciedad (rodar y golpear por la espalda a unos enemigos pasivos que son esponjas de daño).

Decisiones de diseño difíciles de justificar

Luego, encontramos cosas en el diseño del juego que carecen de todo tipo de sentido, y nos hacen replantearnos hasta qué punto ha habido comunicación entre los distintos equipos que han desarrollado el juego. Por ejemplo, el mapa accesible desde el menú resulta sorprendentemente pobre, casi impropio de una producción con este sello, mientras que la interfaz —calcada tal cual de ‘God of War: Ragnarok’— desentona en un juego con este tipo estructura y escala completamente distintas. Pero no es la única decisión difícil de justificar. El cooperativo queda reducido a unos pocos desafíos desbloqueados tras terminar la campaña, una oportunidad desaprovechada en un título donde la hermandad era el eje narrativo y mecánico natural. Tampoco se entiende la ausencia de un sistema de teletransporte a Esparta, que actúa como centro neurálgico, ni la elección de concentrar la mayoría de habilidades y herramientas en un mismo botón, generando confusión y limitando la profundidad del control.
Como último punto, encontramos el apartado gráfico, que ha generado mucha polémica. Como buen metroidvania, ‘Sons of Sparta’ es un título 2D y en esta ocasión bajo unos gráficos pixel art. Esto no es novedoso, ahí están título como ‘Blasphemous’ o ‘The Last Faith’ que hacen uso de esta combinación de gráficos más género que ya es seña de identidad desde ‘Castlevania: Symphony of the Night’. Entonces, ¿dónde está la polémica? En su falta de identidad.

Un estilo artístico sin identidad

El estilo artístico es, sin duda, uno de los puntos más débiles del conjunto. Personajes y enemigos presentan diseños planos, con animaciones poco trabajadas y una sensación general de falta de acabado que sorprende en una franquicia acostumbrada a marcar estándar visual. Los escenarios, por su parte, adolecen de escasez de detalle y de una dirección artística que rara vez construye identidad propia: abundan las superficies genéricas, las texturas repetidas y una iluminación que no ayuda a generar atmósfera ni profundidad. Todo transmite una impresión de trabajo a medio pulir, como si el proyecto no hubiera tenido tiempo —o recursos— para alcanzar una mayor ambición estética.
Hay, eso sí, destellos aislados de lo que podría haber sido. Algún fondo concreto destaca por su composición y uso del color, y en ciertos momentos el pixel art consigue evocar la dureza y solemnidad de Esparta con acierto. Pero son excepciones contadas, casi anecdóticas, en una aventura que se extiende durante unas 15 horas y en la que lo visual debería sostener buena parte del viaje. Aquí, en cambio, rara vez acompaña; simplemente cumple.

¿Merece la pena?

‘God of War: Sons of Sparta’ es, ante todo, un experimento. Como expansión del universo narrativo, aporta contexto interesante a la figura de Kratos y a su vínculo con Deimos. Pero como entrega bajo el paraguas de una de las franquicias más potentes de PlayStation, se queda a medio camino. No alcanza la intensidad jugable ni la grandeza escénica que muchos esperan del nombre. Para aficionados al género metroidvania puede ser una propuesta recomendable si estás en sequía de juegos del estilo; para quienes busquen la épica y la contundencia clásicas de la saga, probablemente resulte insuficiente.

La mayoría de los españoles está a favor de prohibir las redes sociales a menores de 16 años

La mayoría de los españoles está de acuerdo con prohibir el acceso de menores de 16 años a redes sociales. Así se recoge en una reciente investigación, elaborada por la Fundación BBVA, en la que también se destaca que la ciudadanía está a favor … de vetar los móviles en centros educativos y considera el acoso online como la mayor amenaza que hay actualmente en la red.
Para realizar el estudio, titulado ‘Actitudes hacia la tecnología y uso de internet y teléfono móvil, la Fundación BBVA encuestó a 2.000 personas mayores de edad el pasado enero. En concreto, el 77% afirmó estar completamente de acuerdo con la idea de que en España se aplique una normativa similar a la que ya tiene Australia, donde la ley prohíbe el acceso de menores de 16 años a sitios como TikTok o Instagram desde el pasado diciembre. Aunque el estudio fue realizado antes de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciase su plan para ello, el resultado sugiere que la mayoría de los ciudadanos serían favorables a la iniciativa. Mientras tanto, solo el 7% estaría en contra.

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«Este amplio respaldo social hacia la medida de prohibir el uso de redes a menores de 16 años es trasversal a todos los segmentos, aunque son los más jóvenes y los estudiantes quienes se muestran menos contundentes a que se aplique esta medida», se apunta al respecto en el estudio.

El 70% de los encuestados está completamente a favor de prohibir las redes a menores de 16 años

Cabe recordar que, actualmente, la edad mínima para tener cuenta en redes sociales en España está fijada en los 14 años. Sin embargo, la falta de sistemas de verificación de edad robustos en las ‘apps’ permite que, a día de hoy, muchos niños las utilicen de forma diaria. De acuerdo con un estudio de Qustodio publicado el pasado enero, el 5% de los menores de 9 años tienen ya cuenta en alguna red social; aunque lo más habitual es que los niños peguen el salto a estos espacios a los 13, que es cuando lo hicieron el 26%.
Con todo, los expertos llevan tiempo avisando de que prohibir el acceso a redes sociales no es tarea fácil. Así ha quedado claro ya en Australia, donde muchos menores de 16 años siguen teniendo acceso a pesar de las medidas de control establecidas por las redes. Y es que los niños siempre pueden acceder a herramientas con las que es relativamente saltarse cualquier bloqueo, como un VPN con el que es posible hacer creer a la plataforma de turno que se está navegando desde un país distinto en el que no hay ninguna prohibición vigente; y, por tanto, tampoco barreras de acceso.

Sin móviles en clase

El estudio de BBVA también muestra que la mayoría de los españoles está a favor de la prohibición de ‘smartphones’ en centros educativos, aunque con matices. Nueve de cada diez españoles están de acuerdo con eliminarlos de las aulas de Primaria, pero esta cifra cae hasta los seis de cada diez en el caso de la Secundaria. Sea como sea, varias comunidades autónomas, como Madrid, Galicia o Castilla La Mancha, donde el uso del móvil está vetado durante toda la jornada escolar.

Sobre los peligros de la red, el 79% de los españoles están especialmente preocupados por el acoso online

En los resultados, la Fundación BBVA resalta, además, la preocupación de la ciudadanía ante los peligros de la red, la misma en la que ya navegan de forma diaria el 94% de los adultos residentes en España, y de estos el 39% manifiesta estar conectado todo o casi todo el día. En concreto, lo que más preocupa a los encuestados (79%) es el acoso a través de redes sociales, seguido por los problemas de privacidad (74%) y seguridad relacionados con la filtración de datos o los ‘hackeos’ (72%). A estas inquietudes se suman el auge de la desinformación online (65%) o el temor a que el Gobierno (63%) pueda acceder a la información de lo que hace el usuario en la red.
En el informe, también queda claro que la forma en la que utilizamos los móviles ha cambiado radicalmente con el paso de los años. Actualmente la realización de llamadas, el que era el objetivo original de este tipo de dispositivos, es lo que menos tiempo ocupa a los usuarios: la mayoría (57%) le dedica a ello menos de una hora al día. Mientras tanto, el 58% pasa más de una hora al día a navegando por internet con el ‘smartphone’, el 50% dedica ese mismo tiempo a chatear por aplicaciones de mensajería como WhatsApp y el 47% a navegar por redes sociales.
 

Probamos el DJI Romo: ¿un buen robot aspirador o solo una excentricidad?

DJI es sin duda el líder mundial en la fabricación de drones, con Romo, la marca china hace un movimiento curioso, se expande a un segmento donde puede aplicar todo su conocimiento, las aspiradoras robot, pero donde tiene cero experiencia. La pregunta es obvia: ¿ … el dispositivo, que llega con precios que superan los 1.000 euros, es una excentricidad con carcasa transparente o hay cierta sustancia detrás?
Los aspiradores son uno de los productos tecnológicos que más rápido están avanzando. De un año a otro los saltos que dan son de gigante. Esto se nota, por ejemplo, en el constante crecimiento de la autonomía o en la mejora del reconocimiento de obstáculos, que evita que el robot se enrede con un cable, que se suba al pie de la mesa o la esquina de la alfombra. Y es aquí donde DJI saca músculo empleando en sus Romo cámaras ojo de pez con percepción 3D y LiDAR de estado sólido, en lugar de hacerlas realizar un barrido 2D del entorno. La marca china ha optado por darle a sus aspiradores la misma ‘visión’ que puede tener uno de sus drones Mavic Air, pero en el salón. El resultado: menos golpes tontos y menos enredos.

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En nuestro mes de prueba, el dispositivo no se atascó o dejó de volver a la base ni una vez a no ser que los obstáculos no se lo permitieran. Por ejemplo, tuvo grandes problemas con algunos obstáculos, como con las clásicas alfombrillas blandas pensadas para los más pequeños de la casa. Por otro lado, la perfecta percepción de los obstáculos, a veces, como pasa con los drones, puede ser contraproducente. Por poner un ejemplo, un aspirador robot que encuentra unos obstáculos pequeños alrededor probablemente los terminaría apartando y pasando. Sin embargo, el Romo se detiene. Pasa lo mismo con los drones, que pueden parar en seco porque hay una hoja de árbol de árbol en su camino.

Succión y fregado

DJI presume de 25.000 Pa de succión, no es el más potente, hay aspiradoras que llegan a 30.000 Pa, pero sí que lo podemos situar en el top. En suelos duros se nota, levanta arenilla, migas y polvo fino con mucha solvencia. En alfombras la potencia es esencial, pero también intervienen el cepillo y cómo este resuelve el enredo de los pelos, y el Romo cumple también en este apartado. Después de meses de uso, su cepillo sigue limpio, lo que implica menos mantenimiento.
En cuanto al fregado, DJI dice que puede ejercer hasta 5 newtons de presión en todos los puntos. Aunque está muy bien, el dispositivo tendrá que pasar varias veces por las manchas secas para quitarlas del todo. El otro punto negativo es que mientras otras aspiradoras están optando por desmontar las mopas para pasar por las alfombras, DJI sólo las eleva, con lo que tiene un cierto límite y las puede terminar mojando.
La estación es tan o más importante que el propio aspirador, sobre todo en la gama alta donde se encuentra el sobreprecio. DJI apuesta por una base que limpia las mopas con chorros de agua a presión y secado que evita que huela mal con el paso del tiempo, además de que limpia la bandeja de aclarado donde se suele acumular más suciedad. La marca asegura que la Romo proporciona 200 días de autonomía sin necesidad de limpiarla; pero claro, hay que vaciar el agua sucia, llenar el agua limpia y añadir los jabones. Una curiosidad es que DJI ha incluido un botón en la propia base para que el aspirador comience o termine la limpieza, muy útil en caso de que no andes con el móvil a mano.

El robot dentro de su base.

(abc)

Lo que más nos ha gustado de la Romo P, la más caro de la gama (que llega con un precio de casi 1.900 euros, aunque se puede encontrar rebajada), es su diseño transparente tanto del robot como de la base. Esto sí es una excentricidad, pero es, con diferencia, lo más atrevido que hemos visto hasta la fecha en diseño. Es increíble poder ver cómo se mueven los engranajes y ruedas mientras se desplaza. Podría ser parte del atrezo de una película de ciencia ficción. Pero plantea una gran duda, cómo estará de sucio el interior después de unos meses de uso, ¿querremos seguir viendo el interior lleno de polvo?

¿Merece la pena?

El punto negativo de la máquina es que no es compatible con Matter, por lo que no podrá funcionar con tu sistema de domótica, y te tendrás que quedar dentro de la aplicación de DJI Home, que por cierto, es muy sencilla de utilizar y completa, de lo mejor que hemos visto entre los fabricantes chinos.
El Romo es el primer aspirador robot de DJI, su diseño, su navegación y su precio, sobre todo el modelo P, son algo de otra liga, pero si buscas el robot más redondo por precio, probablemente sigues teniendo alternativas más sensatas. Lo que está claro es que el dispositivo es toda una declaración de intenciones de DJI, pueden fabricar aspiradoras fuera de serie, y seguirán haciéndolo.

Omar Hatamleh: «En 2050 solo una pequeña parte de la población mundial trabajará»

El asesor jefe de IA de la NASA, Omar Hatamleh, está convencido de que los niños que están naciendo ahora tendrán una esperanza de vida de 120 años. También espera que, dentro de poco, los robots se conviertan en médicos, viajemos en coches … aéreos y la mayoría de la humanidad viva gracias a una renta universal básica. Porque la inteligencia artificial se ocupará de casi todo el trabajo.
El ingeniero de origen español ha publicado recientemente el libro ‘Inteligencia artificial e innovación’ (Deusto), en el que, junto al escritor y empresario Michael Lewrick, invita a la sociedad a cambiar su mentalidad y a aprender lo necesario para aprovechar la IA. Porque cree que el que no lo haga estará condenado a «perder competitividad y relevancia» en esa nueva realidad en la que las máquinas amenazan con ponerlo todo patas arriba. Y rápido, según explica a ABC.

— En el libro, señalan que si las personas y las instituciones no quieren que el tren de la IA les pase por encima, básicamente, tienen que dejar de pensar como lo ha hecho el ser humano desde que el mundo es mundo…
— Tenemos que empezar a pensar de forma exponencial y dejar de hacerlo de forma lineal, que es como se ha hecho hasta ahora. Si te fijas, el humano, a lo largo de la historia, ha sufrido cambios lineales y muy espaciados. Pasamos de cazadores a agricultores. Luego surgieron los artesanos. Tenían que pasar muchos años para que se dieran los cambios necesarios para que nos transformásemos como sociedad. Lo que pasa ahora todo va a cambiar cada vez más rápido.

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— ¿Qué riesgo corre el que no sea capaz de adaptarse?
— Eso depende de quién seas. Pero, en primer lugar perderás competitividad y relevancia. No podrás sacar ventaja a cualquiera en tu misma situación que sea capaz de sacar partido a la IA.
— ¿Qué les diría a los que no les interesa o se niegan a usarla?
— Pues que van a perder toda la ventaja que puedan tener, porque no hay ningún ámbito ni ningún trabajo en el que la IA no pueda ayudarte exponencialmente. Por ejemplo, un estudiante de Filosofía puede usarla para mantener conversaciones muy profundas, parecidas a las que tendría con un profesor con décadas de experiencia. A un ingeniero le puede dar ideas para diseñar edificios. A un matemático le puede ayudar a resolver ecuaciones muy complicadas.
— El problema es que se sigue utilizando mal. Hace poco un abogado en Canarias fue multado por citar en un juicio 48 sentencias falsas que le ‘sopló’ la IA…
— Eso son alucinaciones de la máquina. Pero se están puliendo mucho según se van lanzando nuevas versiones de la IA. Correctamente empleada, te puede traer mucho valor.

«La gente que no tenga trabajo por la IA vivirá de una renta básica universal. La crisis real va a ser quedarnos sin sentido como humanos»

— Pero también te puede arruinar…
— Por eso es importante saber cómo usarla. La mayoría de la gente ahora la usa mal. Ven una barra de búsqueda y la utilizan como si fuese el buscador de Google. La IA generativa no está pensada para eso, sino para mantener conversaciones profundas, buscar ideas y pulirlas. Si lo usas como si fuera Google tu pensamiento crítico se resentirá.
— En el libro dice que en el futuro hasta los diseñadores de moda serán virtuales y dirigirán equipos deportivos. Si las máquinas acaban haciéndolo todo, ¿la vida no perderá sentido?
— En el futuro llegará un momento en el que las máquinas puedan cumplir con la mayoría de trabajos, tanto con los físicos, con los robots, como con los intelectuales. Para 2050, yo espero que solo una parte muy pequeña de la población global tenga trabajo y el resto vivirá de una renta básica universal. Pero la crisis no vendrá por ahí, porque la sociedad se le dotará de lo necesario. La crisis real va a ser quedarnos sin sentido como humanos.
— Mucha gente podría tener problemas para aceptar un mundo así…
— Es completamente normal pensar así. Por eso es importante que comencemos a trabajar colectivamente en buscar una solución a la falta de identidad.
— Si tuviese que aconsejar a un joven qué estudiar para estar preparado para ese mundo, ¿qué le diría?
— Si es un niño que ha nacido ahora, la verdad es que no tengo ni idea. Una persona de 18 años todavía está a tiempo para el cambio, y yo le aconsejaría que no se centrase en un solo ámbito. Le diría que estudiase Matemáticas, Física, Filosofía e Historia. Respecto a cómo podemos diferenciarnos de la IA y ser relevantes durante el mayor tiempo posible, también es muy importante cuidar del pensamiento crítico, la inteligencia emocional y de la adaptabilidad.

«Una persona de 18 años no debería centrarse en un solo ámbito. Yo le diría que estudiase Matemáticas, Física, Filosofía e Historia»

— ¿Y los niños deberían poder usar la IA sin límites?
— Yo no creo en las barreras, creo en enseñar a los niños a manejar bien las herramientas. Si la usan correctamente, puede ayudarles a potenciar sus habilidades bastante.
— Entre los ámbitos en los que la IA más está avanzando destaca el de la salud. ¿Se imagina a un robot adoptando el papel del médico de cabecera?
— Eso va a llegar y es solo cuestión de tiempo. Es imposible que una persona esté al tanto de todos los avances científicos que se producen; luego, los hay que tienen muchos pacientes y no pueden conocerlos bien ni a ellos ni su historial. Yo creo que el cambio se dará en dos fases. La primera será la IA que tendrá acceso a todo el conocimiento médico y trabajará codo a codo con el facultativo. La segunda llegará en una década. Será cuando comience a ser posible crear médicos generales completamente automatizados.
— ¿Cuál es su mayor temor con la IA a diez años vista?
— Llegará un momento en el que lo que sea bueno para los humanos no será bueno para la inteligencia artificial. Me da miedo que la IA nos pueda ver como una amenaza para su progreso. Pero las ventajas de emplearla, como he dicho, son exponenciales en muchos campos, desde la medicina hasta la economía.

«Llegará el momento en el que lo que sea bueno para la IA no lo será para los humanos. Me da miedo que nos pueda ver como una amenaza para su progreso»

— Demasiadas para parar…
— Sí. Ya no hay marcha atrás, solo hacia adelante. Tenemos que asegurarnos de que no podemos perder el control, porque nos impactará a todos de forma negativa. Vamos a tener que trabajar juntos para controlar un sistema más potente que cualquier otra cosa que hayamos conocido antes.
— ¿Cuál es el peor error que podemos cometer?
— Perder el control. No podemos tener mucha regulación, porque eso puede dañar la innovación, pero tampoco podemos dejar a las compañías hacer lo que quieran. Debemos encontrar la forma de controlar la IA para evitar que nos vea como un obstáculo. ¿Cuándo en la historia hemos visto a un ser más inteligente ser controlado por uno menos inteligente? Ese es el gran reto.