¿Se puede vencer a la muerte? El caso de un ingeniero fallecido que fue 'revivido' gracias a la IA
La posibilidad de poder ‘vencer a la muerte’ ya no es solo cosa de la ciencia ficción, ya que gracias a la inteligencia artificial algunos investigadores están intentando recrear a personas fallecidas a partir de sus datos digitales. Uno de los casos más conocidos es el de Román Mazurenko, un ingeniero bielorruso fallecido a los 35 en un accidente de tráfico.Su historia se ha convertido en un ejemplo real de hasta dónde puede llegar esta idea y también en un motivo de debate sobre sus consecuencias tanto éticas como morales, pero que también deja ver hasta dónde puede llegar la tecnología.El caso de Roman Mazurenko y Roman 2.0Tal y como cuentan desde el medio norteamericano Popular Mechanics, tras su muerte en 2016, su entorno creó una primera versión digital en forma de chatbot para poder, de alguna forma, hablar con él. Aquel experimento relacionado con el duelo, que no ha sido el único que se ha registrado a lo largo de estos años, acabó desapareciendo por decisiones empresariales.De hecho, algunos consideran que Mazurenko murió dos veces: primero físicamente y después cuando su versión digital dejó de existir. Pero años después, el investigador transhumanista Alexey Turchin decidió recuperarlo con un nuevo proyecto llamado Román 2.0. Explican que el nuevo sistema funciona de forma diferente a un asistente virtual normal.Es decir, en lugar de intentar copiar el cerebro humano, utilizan un método llamado «carga lateral». Lo que hacen es recoger mucha información de la persona (mensajes, publicaciones, entrevistas o recuerdos) y la organiza para predecir cómo pensaría o respondería. Cuentan que, además, Roman 2.0 tiene memoria continua, una característica muy importante.Gracias a ella puede recordar conversaciones anteriores, aprender de ellas y cambiar sus respuestas con el tiempo. Según su creador, esto lo hace más avanzado que un chatbot común porque intenta simular un pensamiento antes de contestar. Por si había alguna duda, Turchin reconoce claramente que «no es una persona real», ya que «no tiene cuerpo, ni sentidos, ni conciencia como la humana».Riesgos emocionales: debate moral y éticoInsiste en que el objetivo final del proyecto va más allá del software y cree que estas versiones digitales no deberían apagarse porque sería como «provocar otra muerte». Incluso plantea que en el futuro podrá integrarse en cuerpos robóticos para interactuar con el mundo físico, algo que hoy todavía está en desarrollo.Eso sí, como era de esperar, no todo el mundo ve esto de forma positiva y es que algunos expertos advierten de que estas recreaciones son solo simulaciones y no personas reales. Se aferran a que hay riesgos emocionales porque hablar con una copia digital de alguien fallecido podría causar confusión. Además de que, lógicamente, surgen dudas importantes sobre si es correcto recrear a alguien sin su consentimiento. Es decir, el debate moral y ético ante esta técnica está más que servido.

