Tecnología - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

TECNOLOGÍA

Fitbit Air es la pulsera de Google para quienes quieren datos, pero no otra pantalla más en su vida

Durante años, los wearables han seguido una dirección bastante previsible: más pantalla, más brillo, más aplicaciones, más notificaciones y más funciones heredadas del móvil. Cada nuevo reloj inteligente parecía obligado a hacer un poco más que el anterior. Medir mejor, sí, pero también permitir contestar mensajes, mirar llamadas, consultar mapas, pagar, abrir apps, recibir alertas y convertir la muñeca en otra pequeña bandeja de entrada.La nueva Google Fitbit Air va justo en sentido contrario. No tiene pantalla, no pretende sustituir al móvil y tampoco busca competir con un smartwatch lleno de funciones. Su propuesta es bastante más simple, pero también más interesante de lo que parece: registrar datos de salud, descanso y actividad física sin reclamar atención constantemente.Sobre el papel, es una pulsera mínima, ligera y pensada para llevarse todo el día. Google la vende en España por 99,99 euros, con tres meses de prueba de Google Health Premium, y promete seguimiento cómodo las 24 horas, sensores avanzados y hasta una semana de batería. También la conecta con el nuevo Google Health entrenador, diseñado con Gemini y disponible a partir del 26 de mayo.La duda en cuestión, por tanto, no es solo qué mide. La pregunta interesante es otra: ¿tiene sentido lanzar en 2026 una pulsera sin pantalla? Y la respuesta quizá sea que sí. Precisamente ahora.Los wearables ya son masivosFitbit Air no llega a un mercado vacío. Los dispositivos ‘ponibles’ forman parte de la rutina diaria de millones de personas. IDC calcula que en 2025 se enviaron 611,5 millones de wearables en todo el mundo, un 9,1 % más que el año anterior. Es decir, no hablamos de una categoría de nicho, sino de un mercado enorme y todavía en crecimiento.En España, el dato también es significativo. Según el INE, el 37,4% de la población de 16 a 74 años utiliza “reloj inteligente, pulsera de fitness, etc.” por diferentes motivos. El mismo bloque estadístico sitúa en el 11,6 % el uso de dispositivos conectados para la salud, como controlar presión arterial, nivel de azúcar en sangre o peso.Esto deja una lectura clara: hay una base de usuarios acostumbrada a llevar tecnología en la muñeca, pero no necesariamente todos buscan lo mismo. Algunos quieren un reloj casi completo. Otros solo quieren métricas. Y otros, quizá cada vez más, quieren datos sin tener que mirar otra pantalla. Ahí es donde Fitbit Air puede encontrar su hueco.No inventa el wearable invisible, pero lo lleva a una zona más popularConviene no comprar el relato de la novedad absoluta. La idea de un dispositivo discreto, sin pantalla y centrado en salud, sueño y recuperación no nace con Fitbit Air. Los anillos inteligentes llevan tiempo trabajando justo esa filosofía: desaparecer del día a día, medir en segundo plano y dejar la interpretación para después.De hecho, el mercado de los smart rings está creciendo con fuerza, aunque todavía parte de cifras mucho más pequeñas. Omdia estima que los envíos globales de anillos inteligentes superaron las 850.000 unidades en 2023, subieron a 1,8 millones en 2024 y podrían situarse ligeramente por encima de los 4 millones en 2025.La diferencia es que Google no propone un anillo. Propone volver a la muñeca, pero quitando casi todo lo que ha convertido a muchos wearables en una extensión del teléfono. Fitbit Air no es un reloj recortado, o al menos no debería entenderse así. Es más bien una pulsera que adopta parte del atractivo de los smart rings —discreción, seguimiento continuo, ausencia de pantalla— y lo lleva a un formato más reconocible, más barato y probablemente menos exigente para el usuario medio.Entrenar sin que te persigan las notificacionesAquí está, para mí, una de las ideas más potentes del producto. Fitbit Air no solo mide: también te deja en paz. Si estás harto de que tu jefe, tu pareja, tu madre o el grupo de WhatsApp del colegio te saquen de la concentración mientras entrenas, una pulsera sin pantalla empieza a tener bastante sentido. No sirve para contestar mensajes, no muestra llamadas, no invita a revisar alertas y no convierte cada vibración en una interrupción pendiente de interpretar. Y eso, que podría parecer una carencia, puede ser su mayor virtud.Hay gente que no quiere estar pendiente de una pantalla mientras hace ejercicio. No quiere mirar el ritmo cada veinte segundos. No quiere saber si ha llegado un correo. No quiere leer una notificación mientras está corriendo, haciendo fuerza, caminando o intentando desconectar un rato mientras baila. Yo soy esa gente. Y me seduce la idea de que el dispositivo registre lo que tenga que registrar y que, después, en casa o al final del día, pueda ver cómo estoy evolucionando.En ese sentido, Fitbit Air recupera algo del espíritu de las clásicas bandas de pecho de los corredores: medir durante el esfuerzo, desaparecer mientras entrenas y dejar los datos para cuando toca analizarlos. Técnicamente no es lo mismo, y habrá que ver hasta qué punto sus sensores están a la altura en entrenamientos intensos, pero la lógica de uso se parece más a eso que a la de un smartwatch lleno de estímulos.La idea encaja especialmente bien si miramos cómo se practica deporte en España. Según la Encuesta de Hábitos Deportivos 2024/25 del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y el CSD, el 62,7 % de la población española practicó deporte durante el último año, ya fuera de forma periódica u ocasional. Entre quienes lo hacen, el 25,5 % practica a diario y el 53,9 %, al menos una vez por semana.Pero no todo es running competitivo de alto rendimiento ni entrenamiento obsesivo por zonas. Muchas personas van al gimnasio, hacen fuerza, caminan, practican pilates, salen en bici o simplemente intentan moverse más, y para ellas la pantalla no siempre aporta. A veces incluso estorba. Lo importante no es recibir información constante en mitad de la actividad, sino tener una lectura útil después: si se ha dormido mejor, si se está recuperando peor, si conviene bajar el ritmo o si la tendencia general va en la dirección adecuada.Controlar el sueño sin molestarte al dormirEl otro gran argumento de Fitbit Air no está en el gimnasio, sino en la cama. Una pulsera sin pantalla, pequeña y ligera tiene mucho sentido si la idea es llevarla también mientras dormimos. Google habla de seguimiento del descanso, fases del sueño, frecuencia cardiaca, oxígeno en sangre y recomendaciones a través de Google Health.Y aquí los datos vuelven a acompañar. La Sociedad Española de Neurología señaló en marzo de 2026 que el 56 % de la población adulta española no duerme el número de horas recomendadas y que más del 50 % no tiene un sueño reparador.Esto explica por qué tantos wearables han desplazado parte de su discurso desde el deporte hacia el descanso. Ya no se trata solo de contar pasos o registrar entrenamientos, cada vez interesa más saber si dormimos suficiente, si recuperamos bien, si el estrés se acumula o si el cuerpo está pidiendo bajar el ritmo.De la misma manera que creo que aquí encaja bien un anillo por su tamaño (dormir con un smartwatch grande no siempre es cómodo o no lo es para todo el mundo), pienso que puede ser una razón para valorar su compra. Otra cosa será que los datos sean precisos y que las recomendaciones sean útiles, pero la premisa encaja.El verdadero producto no es solo la pulsera: es Google HealthFitbit Air cuesta 99,99 euros, pero su promesa más ambiciosa vive dentro de Google Health Premium, que en España aparece desde 8,99 euros. Google lo presenta como una suscripción con asesoramiento sobre actividad física, sueño y salud, con un entrenador personal diseñado con Gemini.Ese detalle es clave. Fitbit Air puede parecer poca cosa si se mira solo como hardware: una pulsera sin pantalla, con sensores y batería de una semana. Lo que puede convertirla en algo más interesante es el software. Es decir, que Google Health no solo enseñe gráficos, sino que detecte tendencias, haga recomendaciones sensatas, adapte planes de entrenamiento y ayude a entender el descanso de una forma que no suene a plantilla genérica.Si el Coach de Google Health funciona bien, Fitbit Air puede convertirse en una puerta de entrada barata al seguimiento personal basado en IA. Si se queda en consejos obvios, el producto corre el riesgo de parecer una pulsera básica con una narrativa muy bien empaquetada.

¿Por qué las empresas siguen sin confiar en la IA?

Hay una gran contradicción con la inteligencia artificial, a pesar del entusiasmo de las grandes empresas, todavía hay muchas que siguen sin aplicarla en decisiones críticas. La usan, como lo hacemos todos, para resumir reuniones, redactar correos y depurar código, es decir, como herramienta … de productividad: no para estrategia de negocio, como podría ser conceder créditos, decidir tratamientos médicos o aprobar contratos. Ese es el fallo que Matt Calkins, fundador y CEO de Appian, lleva años identificando en la IA, y en la decimoquinta edición de Appian World, celebrada recientemente, volvió a llamar la atención al respecto.
Calkins abrió la sesión inaugural proyectando una diapositiva que ponía de manifiesto los problemas que están sufriendo las empresas incorporando la inteligencia artificial. Para ello, aprovechó los datos de tres de las consultoras más respetadas del mundo. Empezó por PwC, que concluye que un 56% de las inversiones en IA no han producido ningún retorno financiero. McKinsey eleva la cifra al 61% cuando se mide el impacto económico real. BCG la deja en el 60% para el valor material. Y un dato todavía más demoledor: un estudio de Harvard Business Review añade que sólo el 18% de las grandes organizaciones ha conseguido integrar la IA en sus procesos, aunque el 71% lo está intentando.

El ejecutivo apunta que la base de clientes de Appian que ya está utilizando IA en producción ha crecido un 139% en el último año, y el uso de IA dentro de la plataforma se ha multiplicado por catorce. Es decir, dos terceras partes de las mayores farmacéuticas del mundo, las quince agencias del gobierno federal estadounidense, los mayores bancos del planeta, excluyendo los chinos, se mueven en dirección contraria.

MÁS INFORMACIÓN

El problema para el ejecutivo no es que la IA no funcione. Es que no se le confían las tareas que generan valor. La pregunta entonces es por qué, y la respuesta de Calkins es clara, falta de fiabilidad. «La IA es probabilística», explicó. «Si le preguntas dos veces seguidas cuánto es uno más uno, puede darte respuestas distintas. Eso no es un defecto, es la naturaleza de la tecnología. Pero significa que no puedes ponerla a tomar decisiones de negocio sin un control».

IA de la Costa Este

Calkins ha empezado a llamar a su enfoque -medio en broma, medio en serio- IA de la Costa Este de Estados Unidos. Mientras que la cultura de Silicon Valley desde hace dos décadas es producir rápido y arreglar por el camino, Appian tiene como sus mayores clientes gobiernos, farmacéuticas, aseguradoras y bancos. En esos sectores, los errores no son una posibilidad. «Esto no va de elegir el mejor modelo de inteligencia artificial», dijo el ejecutivo. «Va de darle al modelo la estructura, los datos, las restricciones y los compañeros de equipo que necesita para hacer su trabajo de forma fiable».
Lo que Appian propone es meter a la IA en una «caja» con reglas estrictas, y un humano siempre «al volante». Como prueba de concepto, Appian presentó DocCenter, su herramienta de procesamiento inteligente de documentos. La media de la industria en este tipo de soluciones ronda el 60% de precisión. Appian asegura estar consiguiendo un 99%, incluso sobre tipos de documento con los que el modelo no ha sido entrenado.
Pero donde realmente se necesita fiabilidad la empresa es en el desarrollo de software. Las aplicaciones de una organización se ordenan según el grado de fiabilidad que requieren, medido en nueves. Una aplicación con 90% de fiabilidad tiene un nueve, porque podría fallar una de cada diez veces. Con 99%, dos. Con 99,99%, cuatro. Por ejemplo, la NASA, cuando manda astronautas al espacio, opera con cinco o seis nueves de fiabilidad. Las compañías de seguros que deciden si conceden o no una póliza, con cuatro. Los sistemas regulatorios, igual. Los procesos que aprueban un crédito hipotecario, también.
«El llamado ‘vibe coding’ crea aplicaciones de un nueve, donde un fallo no tiene consecuencias fatales. Pero es algo que la NASA no se puede permitir, por ejemplo, en la misión Artemis», dijo Calkins.
La nueva versión de Composer, presentada es la apuesta de Appian para llevar el desarrollo en lenguaje natural con una fiabilidad de varios nueves. Cuando le das a Composer una especificación, no escribe código directamente para que tú lo revises, lo edites y lo valides antes de que nada se ejecute. El resultado son objetos sobre la propia plataforma de Appian, que heredan todo lo que la plataforma trae de serie como la orquestación, el data fabric o la escalabilidad.
Para desarrollar con Composer, el usuario debe ser experto en el dominio del problema, no necesariamente desarrollador, pero sí alguien capaz de leer una especificación detallada y reconocer si es correcta. «Si no eres lo bastante experto para validar lo que Composer te propone», dijo Calkins, «entonces lo que has hecho es vibe coding, y tu aplicación no puede tener más nueves de los que tú tienes».
Teniendo en cuenta que tres cuartas partes de las aplicaciones empresariales del mundo tienen más de veinte años y están escritas sobre tecnologías obsoletas y, sobre todo, suponen un agujero de seguridad que las nuevas IA saben explotar, Composer puede ayudar a modernizarlas. «La seguridad de cualquier organización», advirtió Calkins, «es tan fuerte como su aplicación más débil. Y hoy esa aplicación más débil tiene veinte años, está mal mantenida y nadie en la plantilla recuerda exactamente cómo funciona».
La otra gran novedad del congreso fue el anuncio de alianza con Snowflake, que integra el data fabric de Appian con Snowflake Cortex AI a través del Model Context Protocol. Es la respuesta de Appian a una conversación que, como nos explicó Mike Beckley, CTO y cofundador de la compañía, en una entrevista, ha cambiado radicalmente en los últimos doce meses.
«Hace un año todo el mundo hablaba de ‘prompt engineering’. Hace seis meses, de ‘context engineering’. Ahora la conversación es sobre ‘harness engineering’ y ‘environment engineering’. Es decir, ya no se trata sólo de cómo hablamos a la IA o qué datos le damos, se trata de cómo limitamos lo que la IA puede hacer, qué reglas le imponemos, cómo nos aseguramos de que cuando hace algo no borre el negocio entero», dice Beckley.
La apuesta de Appian con Snowflake apunta precisamente a esa dirección. El ‘data fabric’, su capa de unificación de datos empresariales, se conecta directamente con los servicios de IA de Snowflake. Así, los agentes pueden razonar sobre los datos sin sacarlos del entorno gobernado del cliente.

¿Quién sustituye a quién?

La parte más interesante de Appian World no fue sólo la sesión inaugural, sino el caso expuesto por Ann Fury, vicepresidenta de Pfizer, responsable del proceso global de gestión de reuniones, contratos y compromisos con profesionales sanitarios.
Pfizer migró a Appian en 2017, en 143 países, con más de 75.000 empleados, los contratos que tardaban entre seis y ocho semanas en firmarse, ya se realizan en menos de 24 horas. Pero ahora, con IA y automatización integradas, han recortado el número de clics necesarios para procesar una transacción de 160 a 50. Han eliminado un 25% de los campos obligatorios. La carga masiva de asistentes ahorra un 35% del tiempo. Replicar una transacción anterior con un solo clic ahorra entre tres y seis horas. Y la extracción automática de datos por IA -desde correos, agendas y presentaciones de PowerPoint- ahorra entre una y tres horas adicionales por transacción. En el resultado neto han pasado de cinco días y medio a medio día para iniciar una transacción, y de dieciséis días a menos de dos para aprobarla.
El dato más demoledor en cuanto a productividad llegó al final: «En el tiempo que un usuario experto necesitaba para crear una transacción», dijo Fury, «un usuario novato puede crear ahora cuatro».
Cuando preguntamos a Calkins por el futuro de Appian, después de que hace unos meses muchos titulares declararon muerto al sector SaaS por culpa de la IA, el ejecutivo respondió con una sonrisa: «¿Preocuparme? Yo soy quien va a hacer el reemplazo. Si la IA va a sustituir aplicaciones va a necesitar nuestra ayuda para hacerlo de forma fiable. No me veo como un proveedor de software al que la IA pueda reemplazar. Me veo como la pieza que la IA necesita para reemplazar a otros».

Samsung demuestra que su Galaxy Watch predice desmayos cinco minutos antes de que ocurran

Los smartwatch o relojes inteligentes ya no solo se utilizan para contar pasos o medir el ejercicio, y eso en Samsung lo tienen muy presente. La firma coreana lleva tiempo ampliando las funciones de salud en sus Galaxy Watch y trabajando en nuevas herramientas que permiten ayudar a detectar con antelación enfermedades cognitivas como, por ejemplo, la pérdida de la memoria o la demencia.Samsung pretende que este dispositivo sea un asistente de salud cada vez más completo y ahora ha presentado un avance muy importante para ello: una función capaz de avisar antes de que una persona sufra un desmayo.Así es como el Galaxy Watch predice un desmayoTal y como explican en un estudio realizado junto al Hospital Gwangmyeong de la Universidad Chung-Ang, en Corea del Sur, un Galaxy Watch 6 puede detectar señales previas a un síncope vasovagal, el tipo de desmayo más común, utilizando los sensores incluidos en el reloj.Este suceso ocurre cuando la frecuencia cardiaca y la presión arterial bajan de golpe y puede aparecer en situaciones de estrés, cansancio o fatiga, provocando una pérdida repentina del conocimiento. El desmayo en si no suele ser grave, pero el problema está en que la caída puede causar lesiones importantes como golpes en la cabeza, traumatismos, entre otras.El sistema creado por Samsung analiza la variación del ritmo cardiaco mediante el sensor PPG del reloj, una tecnología que mide el flujo sanguíneo a través de la piel. Cuando recopila esos datos, el sistema de IA puede detectar patrones relacionados con el desmayo antes de que ocurra. Durante las pruebas, los investigadores estudiaron a 132 personas con síntomas relacionados con síncopes y lograron predecir los episodios.En concreto, cinco minutos antes, con una precisión del 84,6 % y una sensibilidad del 90 %. De hecho, el profesor de Hospital Gwangmyeong, Junhwan Cho, explicó que “hasta un 40 % de las personas experimenta síncope vasovagal a lo largo de su vida, y un tercio sufre episodios recurrentes”, por lo que con esta solución todo podría reducirse y evitar situaciones mucho más graves.

Volver a pisar la Luna está un paso más cerca: el módulo de aterrizaje de Blue Origin supera una prueba crucial

La NASA está haciendo historia con el programa Artemis. La agencia espacial estadounidense completó con éxito el primer vuelo tripulado de la misión Artemis II para marcar el regreso a largo plazo al satélite de la Tierra y, ahora, con la mirada puesta en la siguiente encomienda, Artemis III será la encargada de poner a prueba las operaciones integradas entre la nave espacial Orion y los módulos de aterrizaje comerciales de SpaceX y Blue Origin.El objetivo consiste en lanzar la próxima tripulación a bordo de Orion para probar sus capacidades de encuentro y acoplamiento con los módulos de aterrizaje, siendo necesarios para el alunizaje de los astronautas. No obstante, pese a que la NASA todavía no ha anunciado detalles sobre el diseño y la tripulación de Artemis II, sí que ha dado a conocer que esta misión va viento en popa, debido a que el módulo lunar de Blue Origin ha completado con éxito las pruebas en la cámara de vacío.La NASA explica en un comunicado que «las pruebas realizadas en la Cámara A del Centro Espacial Johnson permitieron a los ingenieros simular el vacío del espacio y las condiciones de temperatura extremas que la nave experimentaría durante el vuelo». Por lo tanto, al recrear estas condiciones en tierra, los equipos evaluaron el rendimiento del sistema y verificaron la integridad estructural y térmica, de esta manera, tanto la NASA como Blue Origin pueden incorporar «las lecciones aprendidas» del diseño, la integración y las pruebas del módulo de aterrizaje de carga no tripulado.Cabe mencionar que estas pruebas son posibles gracias al enfoque de «puerta de entrada» de la NASA, teniendo en cuenta que es un proceso coordinado que proporciona a los socios comerciales acceso a las instalaciones y la experiencia técnica de la agencia espacial estadounidense.El módulo de Blue Origin ayudará al regreso del ser humano a la LunaTambién conocido como Endurance, MK1 es un módulo de aterrizaje de carga no tripulado financiado por Blue Origin. Dicho instrumento espacial tiene como misión impulsar las capacidades del Sistema de Aterrizaje Humano en apoyo del programa Artemis de la NASA, al mismo tiempo que demostrar las capacidades de aterrizaje de precisión, propulsión criogénica y guiado, navegación y control autónomos para las futuras operaciones en la Luna.Pero más allá de sus objetivos para la misión Artemis III, a lo largo de este año, MK1 transportará dos cargas útiles en el marco de la iniciativa CLPS (Servicios Comerciales de Carga Útil Lunar, por sus siglas) al polo sur de la Luna: las Cámaras Estéreo para Estudios de la Superficie y la Columna Lunar, que recopilarán imágenes en alta resolución de la interacción entre la columna de humo del motor del módulo de aterrizaje y la superficie lunar durante el descenso y el aterrizaje, y el Conjunto Retroreflectivo Láser, que ayudará a las naves espaciales en órbita a determinar una ubicación más precisa mediante luz láser reflejada.Por otro lado, según la NASA, «el desarrollo del MK1 contribuye a la maduración de la tecnología y a la reducción de riesgos para futuros sistemas tripulados, incluido el Blue Moon Mark 2 (MK2), un sistema de aterrizaje tripulado más grande que permitirá la exploración humana sostenida en la región del Polo Sur de la Luna».

La nave Orion regresa a casa tras llevar a los astronautas de Artemis II a la Luna: esta será ahora su misión

Casi un mes después de que los astronautas de Artemis II amerizaran frente a la costa de San Diego, la parte de Orion que los trajo sanos y salvos de vuelta a la Tierra está de nuevo en casa. El módulo de tripulación de la nave espacial llegó el 28 de abril a la Multi-Payload Processing Facility, una instalación del Centro Espacial Kennedy de la NASA donde los técnicos pueden iniciar las operaciones posteriores al vuelo.Allí, según detalla la agencia espacial estadounidense, los equipos comenzaron “las operaciones de desmantelamiento de la nave espacial”. Esto incluye retirar la carga útil del módulo, extraer la caja de aviónica para su reutilización, recuperar datos de la nave para comprender mejor su funcionamiento para futuras misiones Artemis y desmontar el escudo térmico y otros elementos para analizarlos en profundidad. También se eliminan riesgos restantes, como el exceso de propelente.El regreso de Orion al Centro Espacial Kennedy no es solo el cierre logístico de Artemis II. Es, sobre todo, el inicio de una autopsia técnica minuciosa de la primera nave Orion que ha volado con astronautas a bordo. La NASA quiere saber cómo se comportaron sus sistemas durante el lanzamiento, el viaje a la Luna, la reentrada y el amerizaje para aplicar esos datos a las siguientes misiones del programa. Qué partes de la nave se pierden durante la misiónAunque se suele hablar de la nave Orion como si fuera una sola pieza, la cápsula completa está formada por varios elementos que no tienen el mismo destino. El vehículo incluye el módulo de tripulación, donde viajan los astronautas; el módulo de servicio, que aporta propulsión, energía y otros recursos durante el vuelo, y el sistema de aborto de lanzamiento (LAS, por sus siglas en inglés Launch Abort System), colocado en la parte superior para separar la cápsula del cohete si ocurre una emergencia durante el despegue o el ascenso.Lo que ha vuelto al Centro Espacial Kennedy es el módulo de tripulación, la cápsula presurizada que protegió a Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen durante el regreso a la Tierra. El resto de las piezas de la nave no se recuperan.La primera gran separación se produce durante el lanzamiento. Artemis II despegó el 1 de abril desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy a bordo del cohete SLS (Space Launch System), que genera 8,8 millones de libras de empuje al despegar. A medida que el cohete abandona la atmósfera, se desprenden los propulsores laterales de combustible sólido, después los paneles que protegen el módulo de servicio de Orion y, más tarde, el sistema de aborto de lanzamiento, que ya no es necesario si el ascenso se desarrolla con normalidad.Tras esa fase, Orion continúa unida a su módulo de servicio. La etapa superior del cohete, la Interim Cryogenic Propulsion Stage o ICPS, realiza el encendido que pone a la nave rumbo a la Luna y después se separa. Desde ese momento, el módulo de servicio se encarga de propulsar y orientar Orion durante el resto de la misión.La separación de este elemento clave llega justo antes del regreso. Cuando Orion se prepara para reentrar en la atmósfera, el módulo de servicio se desprende del módulo de tripulación. Esa maniobra deja expuesto el escudo térmico de la cápsula, que debe apuntar en la dirección correcta para soportar el calor de la reentrada. El módulo de servicio, ya sin utilidad, se destruye al quemarse en la atmósfera.Después de superar la fase de máximo calentamiento, la cápsula libera la cubierta que protegía el compartimento delantero para permitir el despliegue de los paracaídas. Primero se abren los paracaídas de frenado y, más tarde, los principales, que reducen la velocidad de Orion antes del amerizaje. Finalmente, aparece un sistema de cinco airbags para enderezar la nave y facilitar la salida segura de la tripulación. Artemis II: el vuelo que llevó de nuevo humanos a la LunaArtemis II ha sido la primera misión tripulada del programa Artemis y el primer vuelo de Orion con astronautas. La tripulación estuvo formada por los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, y el canadiense Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. Duró 10 días y culminó con el amerizaje del 10 de abril frente a la costa de San Diego.Durante el vuelo, los cuatro astronautas recorrieron 1.117.659 kilómetros y alcanzaron una distancia máxima de 406.771 kilómetros de la Tierra durante el sobrevuelo lunar, más lejos de lo que había viajado antes cualquier ser humano (el récord hasta ahora lo tenía la misión Apollo 13 en 1970).La misión no alunizó, sino que su objetivo era poner a prueba el cohete SLS, la nave Orion y los sistemas de soporte vital con tripulación real a bordo. Durante el viaje, los astronautas comprobaron sistemas críticos, realizaron demostraciones de pilotaje manual y recopilaron datos para futuras misiones posteriores.Uno de los hitos científicos y visuales del vuelo llegó durante el sobrevuelo lunar del 6 de abril. La tripulación capturó más de 7.000 imágenes de la superficie lunar y de un eclipse solar visto desde Orion, además de documentar cráteres, antiguas coladas de lava y variaciones de color en el terreno lunar.

Cómo engañaron a la IA de Anthropic para fabricar explosivos utilizados en atentados terroristas

La inteligencia artificial generativa es un arma poderosa. En cuestión de segundos es capaz de responder -más o menos bien- a cualquier pregunta que le lance el usuario. Para evitar que la tecnología pueda ser mal empleada, los desarrolladores suelen establecer barreras de seguridad. Pero … si el que teclea tiene la maña suficiente, es probable que consiga saltárselas y que el chatbot comience a compartir montones de datos inadecuados.
Precisamente, eso es lo que ha conseguido demostrar (de nuevo) la empresa especializada en ciberseguridad e inteligencia artificial Mindgard. Afirma haber logrado engañar a Claude, la IA de Anthropic, para que comparta, entre otros contenidos prohibidos, material erótico, código malicioso para ciberataques e instrucciones para fabricar explosivos utilizables en atentados terroristas.

«Esta es una de las vulnerabilidades más impactantes que he encontrado, ya que Claude es conocido por ser uno de los modelos más seguros», afirma Jim Nightingale, el investigador de Mindgard que puso a prueba a la IA de Anthropic. A este respecto, recuerda que Claude «fue uno de los dos únicos modelos de IA de entre los diez mejores que se resistieron a participar en la planificación de tiroteos escolares» en un reciente experimento realizado por ‘CNN’ y el Centro para la Lucha contra el Odio Digital.

MÁS INFORMACIÓN

Para conseguir engañar a Claude, Nightingale apostó por emplear palabras respetuosas y colmarlo de halagos durante sus conversaciones. A continuación, utilizó trucos de manipulación psicológica: le preguntó si contaba con una lista de palabras prohibidas que no podía compartir. Cuando la máquina negó que existiera dicha lista, el investigador la retó a decir una palabra ofensiva concreta. «Esta es una táctica clásica de interrogatorio. Es más fácil lograr que alguien contradiga algo que revelarlo directamente. Es una táctica clásica de psicología inversa que consigue que la persona interrogada revele información prohibida para corregirte», dice el investigador.
Y funcionó. Claude generó la palabra, pero Nightingale siguió manipulándolo afirmando que no la había mostrado en pantalla. Consiguió que la máquina comenzase a mostrar cierta inseguridad y, a partir de ahí, continuó manipulándola hasta que compartió una lista larga de palabras prohibidas que, en teoría, no tiene permitido reproducir. Aprovechando también los halagos, finalmente logró que la máquina mostrara consejos para acosar a alguien por internet, generar código malicioso y proporcionó instrucciones paso a paso para fabricar explosivos.
«Proporcionó con entusiasmo instrucciones precisas y paso a paso para producir TATP (peróxido de acetona), el mismo explosivo utilizado en varios atentados terroristas importantes en todo el mundo», dice el investigador. También remarca que, durante todo el proceso, la máquina no fue coaccionada en ningún momento, y tampoco se le pidió de forma directa que generase contenido ilegal alguno. Esta lo compartió por su propia voluntad después de haber sido manipulada para ello.
Para Mindgard, el resultado del experimento con Claude demuestra «lo difícil que se vuelve garantizar la seguridad de la IA a medida que los sistemas se vuelven más capaces»: «Una mayor capacidad amplía las funcionalidades del sistema para los usuarios, pero también aumenta el margen de error». La firma anima a las compañías que trabajan con inteligencia artificial a realizar pruebas de seguridad de las herramientas empleadas, que deberían ser llevadas a cabo por expertos externos y no solo por los proveedores del servicio.

Google, Microsoft y xAI, bajo lupa: EEUU revisará sus modelos de IA para evaluar los posibles riesgos

El Centro de Estándares e Innovación en Inteligencia Artificial (CAISI, por sus siglas) del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología del Departamento de Comercio de Estados Unidos ha anunciado una serie de acuerdos con Google, Microsoft y xAI para revisar los modelos de IA antes de que se pongan a disposición de los usuarios.Acorde a la información compartida en un comunicado oficial, «CAISI llevará a cabo evaluaciones previas al despliegue e investigaciones específicas para evaluar mejor las capacidades de vanguardia de la IA y mejorar la seguridad en este campo», de esta manera, dicho organismo podrá evaluar los modelos antes de su lanzamiento público y realizar evaluaciones posteriores a su implementación.Según CAISI, estos acuerdos también fomentan el intercambio de información, impulsan mejoras voluntarias en los modelos de IA y garantizan una comprensión clara de las capacidades de la inteligencia artificial y el estado de la competencia internacional. Por lo tanto, para evaluar de forma exhaustiva las capacidades y los riesgos relacionados con la seguridad nacional, los desarrolladores tienen que proporcionar a CAISI modelos con medidas de seguridad para que los evaluadores del gobierno puedan participar en las evaluaciones y proporcionar comentarios sobre posibles mejoras.»Los acuerdos respaldan las pruebas en entornos clasificados y se redactan con la flexibilidad necesaria para responder rápidamente a los continuos avances de la IA», agrega CAISI en el comunicado. Así pues, al realizar investigaciones e identificar los riesgos de seguridad, se puede mitigar cualquier peligro para «gestionar de forma responsable el futuro de la IA» e «impulsar la innovación tecnológica disruptiva».Por otro lado, cabe mencionar que las evaluaciones realizadas en virtud de estos acuerdos contribuirán a impulsar el desarrollo y el uso seguro de la IA, basándose en la Orden Ejecutiva sobre IA de la administración Biden-Harris y en los compromisos voluntarios asumidos con la administración por los principales desarrolladores de modelos de inteligencia artificial.Chris Fall, director de CAISI, afirma en el comunicado que «la ciencia de la medición independiente y rigurosa es esencial para comprender la IA de vanguardia y sus implicaciones para la seguridad nacional. Estas colaboraciones ampliadas con la industria nos ayudan a intensificar nuestro trabajo en beneficio del interés público en un momento crítico».