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TECNOLOGÍA

Probamos el TCL Nxtpaper: el móvil ideal para la lectura que reduce la fatiga visual

Antes de dejarnos llevar por el nombre del móvil, lo más importante es dejar claro que el nuevo ‘smartphone’ de TCL, que acaba de ser presentado en el Mobile World Congress de Barcelona, no utiliza pantallas de tinta electrónica en el sentido tradicional. … En su lugar Nxtpaper 70 Pro monta una pantalla LCD convencional de 6.9 pulgadas tratada con siete capas de tecnología para imitar el comportamiento de la luz natural y reducir al máximo la fatiga visual. Lo que consigue con ello es imitar perfectamente la pantalla de tinta electrónica a la perfección. Su objetivo: reducir la fatiga visual y ofrecer un móvil ideal para la lectura.
Hemos probado otros teléfonos, como los Boox Phone, con pantalla de tinta real, y la experiencia siempre es la misma: mala, pantalla lenta, interfaz complicada y una usabilidad espantosa. En el 70 Pro, gracias a su modo ‘Max Ink’, la pantalla va fluida, perfecta, se comporta como la de un teléfono normal, pero muestra la apariencia monocroma de un libro normal impreso en papel. Para quien quiera eliminar el color y la luz azul por completo al anochecer y no comprometer la producción de melatonina, este teléfono tiene una respuesta práctica como muy pocos dispositivos del mercado.

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TCL ha incorporado un botón físico dedicado al móvil que alterna entre los modos de pantalla ‘normal’, ‘Max Ink’, ‘Tinta’ y ‘Tinta de color’. Tras una pequeña animación, la pantalla cambia rápidamente, todo un acierto al ser la principal característica de este teléfono. La litografía nano-matrix que la marca aplica sobre el panel elimina los reflejos con una eficacia que se nota especialmente en exteriores con sol directo.
Obviamente la pantalla en modo normal no es tan vívida como en un panel AMOLED. La imagen tiene un resultado más mate, pero el punto fuerte de este teléfono es el que es. Durante el MWC hemos podido ver un prototipo de Nxtpaper con pantalla AMOLED, y se nota mucho la diferencia, pero todavía no tiene fecha de lanzamiento.

Días de autonomía

La batería es uno de los grandes beneficiados de este tipo de panel; TCL habla de hasta siete días de lectura en modo Max Ink. En mi experiencia con el dispositivo, con un 70% de batería el teléfono ofrece estimaciones de hasta 160 horas de uso. Si se emplea para leer y para hacer las cosas habituales para las que está pensado un móvil (llamadas, redes, correos y alguna foto y vídeo) la batería llega cómodamente a dos días.
En caso de que el usuario utilice mucho la pantalla de tinta, la autonomía puede alcanzar varios días. Recordemos, además, que aunque estemos usando ‘Max Ink’, el correo, el calendario o WhatsApp funcionan exactamente igual, no estamos restando funcionalidad, sólo cambiando el formato de la pantalla.
El móvil llega con el chip Dimensity 7300 de MediaTek. Se trata de un procesador que encaja bien con la propuesta del teléfono. No es un tope de gama ni pretende serlo, pero para las tareas del día a día es más que suficiente. No estemos ante un teléfono ‘gaming’, ni mucho menos.
Respecto a las cámaras, el móvil llega con un sensor de 50 MP con OIS, un gran angular de 8 MP y una frontal, para los autorretratos, de 32 MP. Los resultados que ofrecen están por encima de lo habitual en este segmento de precio. La estabilización óptica y el modo nocturno hacen su trabajo. No son las cámaras de un gama alta, pero tampoco decepcionan si no buscas resultados extraordinarios.

¿Merece la pena?

Queda claro que no se trata de un teléfono para todo el mundo, pero sí es claramente mejor de lo que esperábamos para su precio, de unos 310 euros. TCL ha conseguido que el modo tinta sea una opción real y cómoda para el uso diario. Se trata de un dispositivo pensado para alguien que valora la salud de sus ojos, el sueño y la autonomía por encima de tener el panel más brillante del mercado. A nosotros nos ha encantado. Por fin contamos con una propuesta de teléfono con pantalla de tinta electrónica usable.

OpenAI intenta evitar que el Pentágono use su IA para espiar a los estadounidenses

OpenAI no quiere que su inteligencia artificial sea explotada por el Gobierno de Estados Unidos para la vigilancia masiva de sus ciudadanos. La empresa detrás del robot conversacional ChatGPT ha anunciado un nuevo acuerdo con el Departamento de Defensa con el que busca … evitar que su tecnología sea utilizada «de forma intencional» con dicho fin.
«Es fundamental proteger las libertades civiles de los estadounidenses, y se prestó tanta atención a esto que queríamos dejar este punto especialmente claro», declaró el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, en una publicación en redes sociales en la que anunciaba los cambios en el acuerdo. Entre estos también figura el compromiso por parte del Departamento de Defensa de que la IA de la firma no estará disponible para los servicios de inteligencia.

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El anuncio llega apenas unos días después de que la tecnológica que puso patas arriba el mundo con sus herramientas de IA generativa anunciase que había autorizado al Pentágono a utilizar sus herramientas para cualquier fin siempre que fuera legal. El acuerdo original, por el que la empresa se embolsará 200 millones de dólares, fue duramente criticado incluso dentro de la compañía, ya que abriría la puerta a que el Gobierno utilice sus herramientas para la fabricación de armamento autónomo y para el uso de sistemas de vigilar los movimientos de los ciudadanos.
«Creo que hice algo mal: no deberíamos habernos apresurado a publicar el anuncio el viernes. Los problemas son sumamente complejos y exigen una comunicación clara», destacó Altman en su publicación.
El anuncio original del acuerdo alcanzado entre OpenAI y el Pentágono se produjo apenas unas horas después de que la empresa de IA, Anthropic, fuera declarada por el Departamento de Defensa como «una amenaza para la seguridad nacional». La razón: la negativa de esta compañía a aceptar que su tecnología pudiera ser, efectivamente, empleada para el Gobierno para espiar a la población y fabricar armas capaces de disparar sin control humano.
En el comunicado de Altman no se hace ninguna referencia a la realización de cambios en el acuerdo que prohíban al Pentágono usar su tecnología para la fabricación de armamento autónomo.

El único gigante de la IA que se ha atrevido a desafiar a Donald Trump

Imagina un mundo en el que una máquina, sin necesidad de que una persona de la orden, es capaz de tomar la decisión de disparar a matar contra objetivos humanos. Uno en el que la tecnología, además, puede ser explotada por el gobierno de turno … para vigilar de forma masiva a los ciudadanos. Durante los últimos años, un buen puñado de potencias han estado estudiando cómo pueden utilizar la inteligencia artificial con fines militares. Entre ellos, Estados Unidos. Recientemente, el Pentágono consiguió cerrar un contrato con OpenAI, la firma detrás del popular robot conversacional ChatGPT, para que su tecnología pudiera ser empleada «para cualquier propósito legal».
El anuncio se produjo apenas unas horas después de que otra empresa se negase a plegarse a una solicitud similar de Washington. Su nombre: Anthropic. La razón: el temor a que el Gobierno use su IA para la vigilancia masiva y la construcción de armamento autónomo. Ese que es capaz de disparar por su cuenta sin necesidad de intervención humana. Y a la empresa puede costarle caro. El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, anunció que las herramientas de la firma pasan a ser consideradas «un riesgo para la cadena de suministro y la seguridad nacional». Mientras tanto, el presidente Donald Trump ha ordenado a las agencias federales que dejen de emplear su tecnología. Algo que tendrán que hacer en los próximos seis meses.

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A pesar de las amenazas y del riesgo de perder los 200 millones de dólares que cobra del Gobierno, Anthropic se ha negado a dar su brazo a torcer. Y explica las razones para ello. «Hoy en día, los sistemas de IA de vanguardia no son lo suficientemente fiables como para impulsar armas totalmente autónomas. No proporcionaremos, a sabiendas, un producto que ponga en riesgo a los combatientes y civiles estadounidenses», afirmó en un comunicado el CEO de Anthropic, Dario Amodei.
El ejecutivo también destacó que su empresa «apoya el uso de IA para misiones legales de inteligencia y contrainteligencia extranjeras». Sin embargo, considera que «usar estos sistemas para la vigilancia doméstica masiva es incompatible con los valores democráticos».
La decisión de Anthropic de rechazar el acuerdo con el Gobierno estadounidense es extraña: un verso libre en Silicon Valley. Especialmente durante el último año, cuando la mayoría de las grandes tecnológicas han hecho todo lo posible por mantener una relación estrecha con la Casa Blanca. Eso incluye al resto de empresas punteras en IA, como Google o xAI, que, junto con OpenAI, ya han cerrado un acuerdo para que el Pentágono pueda utilizar su tecnología, según recoge ‘The Washington Post’. Un acuerdo que Anthropic se ha negado a suscribir.

Su IA se utiliza en Irán

Desde su nacimiento en 2021, la firma ha estado dirigida por Dario Amodei, que ocupa el cargo de CEO, y por su hermana Daniela, que hace las veces de presidenta. Ambos trabajaron para OpenAI, pero decidieron abandonar la empresa por el nuevo plan de la ejecutiva, con Sam Altman a la cabeza, de comenzar a centrarse en hacer negocio con la tecnología y abandonar el espíritu benéfico con el que fue fundada. Algo que, al final, la propia Anthropic también acabó haciendo.
Actualmente, la empresa de los Amodei tiene una valoración que ronda los 380.000 millones de dólares y controla uno de los chatbots más populares del momento. Su nombre es Claude y cuenta, además, con un asistente llamado Code, pensado para la creación de código y que se ha convertido en una de las herramientas de IA mejor valoradas por los desarrolladores.
A pesar del enfrentamiento actual, la tecnológica ha colaborado activamente con el Pentágono. Claude es utilizado por varias firmas relacionadas con la seguridad nacional estadounidense así como por el Departamento de Defensa. De acuerdo con ‘The Wall Street Journal’, su tecnología incluso ha sido utilizada en los recientes bombardeos que se han llevado a cabo en Irán.
«Fuimos la primera empresa de IA de vanguardia en implementar nuestros modelos en las redes clasificadas del gobierno estadounidense, la primera en implementarlos en los Laboratorios Nacionales y la primera en proporcionar modelos personalizados para clientes de seguridad nacional», señaló Dario Amodei sobre la colaboración que, hasta el momento, había mantenido su compañía con el Departamento de Defensa.
La empresa también ha tomado medidas para que su tecnología no sea accesible para gobiernos antagonistas, como el de China, renunciando por el camino a «cientos de millones de dólares». Sin embargo, no está dispuesta a ceder ante Washington para que pueda hacer con su tecnología lo que considere oportuno.

Jugamos a 'God of War: Sons of Sparta': Kratos pierde su identidad a costa de un cambio de diseño radical

Cuando una saga que ha redefinido el videojuego de acción decide mirar atrás, el riesgo es tan grande como la expectativa. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con ‘God of War: Sons of Sparta’, un ‘spin-off’ que nos ha pillado a todos por … sorpresa y que abandona la épica cinematográfica de las últimas entregas para descender a un terreno mucho más austero: el de la acción lateral en 2D con alma de metroidvania. Ambientado en la juventud de Kratos y centrado en su relación con su hermano Deimos durante el entrenamiento en Esparta, el título —desarrollado por Santa Monica Studio en colaboración con Mega Cat Studios— no solo revisita los orígenes del Fantasma de Esparta, sino que pone a prueba hasta qué punto la identidad de la saga resiste un cambio de formato tan radical.
El mayor valor diferencial de ‘Sons of Sparta’ está en su ambición narrativa. Lejos de las epopeyas contra dioses y criaturas mitológicas, aquí el foco es íntimo: la relación entre Kratos y Deimos, la rivalidad fraterna y la presión del modelo espartano. El juego intenta añadir matices a un pasado que en la saga principal apenas se esbozaba, y para los más fans de Kratos, es todo un regalo. Hay más diálogo, más escenas de construcción emocional y un esfuerzo evidente por humanizar al protagonista antes de que se convierta en el símbolo de rabia que conocemos. Acompañado además por un perfecto doblaje al español, el apartado narrativo del título es lo más sobresaliente, y el motivo de peso, en singular, para jugar a ‘Sons of Sparta’.

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Jugabilidad: un metroidvania que tropieza en el movimiento

Porque yendo al gameplay, el giro jugable es total. Cámara lateral, mapas interconectados, habilidades que desbloquean nuevas rutas y un diseño que invita al backtracking constante. Es, en todos los aspectos de la palabra, un metroidvania, con todas las de la ley. No obstante, falla en lo más importante de un metroidvania: el movimiento. El plataformeo se siente rígido y casi testimonial. Acciones básicas, como el rebote entre paredes, carecen de fluidez, y reaparecen problemas con las cornisas que parecían superados hace años. Los enemigos tampoco gestionan bien los desniveles: se bloquean en los bordes, incapaces de cambiar de altura, y quedan congelados en situaciones que rompen el ritmo. Son fallos que evocan limitaciones técnicas de otra época, más propias de consolas portátiles con recursos ajustados. A ello se suma un diseño de niveles excesivamente fragmentado, que divide el mapa en pequeñas celdas aisladas entre sí por constantes fundidos en negro y tiempos de carga que cortan la continuidad.

Y por el lado del combate, despídete de la visceralidad que siempre ha definido a Kratos. Aquí el combate carece del peso y la violencia que siempre han definido a a nuestro protagonista. Las animaciones resultan menos espectaculares y los enfrentamientos, aunque correctos, rara vez alcanzan momentos memorables. No es un sistema fallido, pero sí menos impactante de lo que un ‘God of War’ sugiere. En muchas ocasiones, consiste únicamente en repetir la misma fórmula hasta la saciedad (rodar y golpear por la espalda a unos enemigos pasivos que son esponjas de daño).

Decisiones de diseño difíciles de justificar

Luego, encontramos cosas en el diseño del juego que carecen de todo tipo de sentido, y nos hacen replantearnos hasta qué punto ha habido comunicación entre los distintos equipos que han desarrollado el juego. Por ejemplo, el mapa accesible desde el menú resulta sorprendentemente pobre, casi impropio de una producción con este sello, mientras que la interfaz —calcada tal cual de ‘God of War: Ragnarok’— desentona en un juego con este tipo estructura y escala completamente distintas. Pero no es la única decisión difícil de justificar. El cooperativo queda reducido a unos pocos desafíos desbloqueados tras terminar la campaña, una oportunidad desaprovechada en un título donde la hermandad era el eje narrativo y mecánico natural. Tampoco se entiende la ausencia de un sistema de teletransporte a Esparta, que actúa como centro neurálgico, ni la elección de concentrar la mayoría de habilidades y herramientas en un mismo botón, generando confusión y limitando la profundidad del control.
Como último punto, encontramos el apartado gráfico, que ha generado mucha polémica. Como buen metroidvania, ‘Sons of Sparta’ es un título 2D y en esta ocasión bajo unos gráficos pixel art. Esto no es novedoso, ahí están título como ‘Blasphemous’ o ‘The Last Faith’ que hacen uso de esta combinación de gráficos más género que ya es seña de identidad desde ‘Castlevania: Symphony of the Night’. Entonces, ¿dónde está la polémica? En su falta de identidad.

Un estilo artístico sin identidad

El estilo artístico es, sin duda, uno de los puntos más débiles del conjunto. Personajes y enemigos presentan diseños planos, con animaciones poco trabajadas y una sensación general de falta de acabado que sorprende en una franquicia acostumbrada a marcar estándar visual. Los escenarios, por su parte, adolecen de escasez de detalle y de una dirección artística que rara vez construye identidad propia: abundan las superficies genéricas, las texturas repetidas y una iluminación que no ayuda a generar atmósfera ni profundidad. Todo transmite una impresión de trabajo a medio pulir, como si el proyecto no hubiera tenido tiempo —o recursos— para alcanzar una mayor ambición estética.
Hay, eso sí, destellos aislados de lo que podría haber sido. Algún fondo concreto destaca por su composición y uso del color, y en ciertos momentos el pixel art consigue evocar la dureza y solemnidad de Esparta con acierto. Pero son excepciones contadas, casi anecdóticas, en una aventura que se extiende durante unas 15 horas y en la que lo visual debería sostener buena parte del viaje. Aquí, en cambio, rara vez acompaña; simplemente cumple.

¿Merece la pena?

‘God of War: Sons of Sparta’ es, ante todo, un experimento. Como expansión del universo narrativo, aporta contexto interesante a la figura de Kratos y a su vínculo con Deimos. Pero como entrega bajo el paraguas de una de las franquicias más potentes de PlayStation, se queda a medio camino. No alcanza la intensidad jugable ni la grandeza escénica que muchos esperan del nombre. Para aficionados al género metroidvania puede ser una propuesta recomendable si estás en sequía de juegos del estilo; para quienes busquen la épica y la contundencia clásicas de la saga, probablemente resulte insuficiente.

La mayoría de los españoles está a favor de prohibir las redes sociales a menores de 16 años

La mayoría de los españoles está de acuerdo con prohibir el acceso de menores de 16 años a redes sociales. Así se recoge en una reciente investigación, elaborada por la Fundación BBVA, en la que también se destaca que la ciudadanía está a favor … de vetar los móviles en centros educativos y considera el acoso online como la mayor amenaza que hay actualmente en la red.
Para realizar el estudio, titulado ‘Actitudes hacia la tecnología y uso de internet y teléfono móvil, la Fundación BBVA encuestó a 2.000 personas mayores de edad el pasado enero. En concreto, el 77% afirmó estar completamente de acuerdo con la idea de que en España se aplique una normativa similar a la que ya tiene Australia, donde la ley prohíbe el acceso de menores de 16 años a sitios como TikTok o Instagram desde el pasado diciembre. Aunque el estudio fue realizado antes de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciase su plan para ello, el resultado sugiere que la mayoría de los ciudadanos serían favorables a la iniciativa. Mientras tanto, solo el 7% estaría en contra.

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«Este amplio respaldo social hacia la medida de prohibir el uso de redes a menores de 16 años es trasversal a todos los segmentos, aunque son los más jóvenes y los estudiantes quienes se muestran menos contundentes a que se aplique esta medida», se apunta al respecto en el estudio.

El 70% de los encuestados está completamente a favor de prohibir las redes a menores de 16 años

Cabe recordar que, actualmente, la edad mínima para tener cuenta en redes sociales en España está fijada en los 14 años. Sin embargo, la falta de sistemas de verificación de edad robustos en las ‘apps’ permite que, a día de hoy, muchos niños las utilicen de forma diaria. De acuerdo con un estudio de Qustodio publicado el pasado enero, el 5% de los menores de 9 años tienen ya cuenta en alguna red social; aunque lo más habitual es que los niños peguen el salto a estos espacios a los 13, que es cuando lo hicieron el 26%.
Con todo, los expertos llevan tiempo avisando de que prohibir el acceso a redes sociales no es tarea fácil. Así ha quedado claro ya en Australia, donde muchos menores de 16 años siguen teniendo acceso a pesar de las medidas de control establecidas por las redes. Y es que los niños siempre pueden acceder a herramientas con las que es relativamente saltarse cualquier bloqueo, como un VPN con el que es posible hacer creer a la plataforma de turno que se está navegando desde un país distinto en el que no hay ninguna prohibición vigente; y, por tanto, tampoco barreras de acceso.

Sin móviles en clase

El estudio de BBVA también muestra que la mayoría de los españoles está a favor de la prohibición de ‘smartphones’ en centros educativos, aunque con matices. Nueve de cada diez españoles están de acuerdo con eliminarlos de las aulas de Primaria, pero esta cifra cae hasta los seis de cada diez en el caso de la Secundaria. Sea como sea, varias comunidades autónomas, como Madrid, Galicia o Castilla La Mancha, donde el uso del móvil está vetado durante toda la jornada escolar.

Sobre los peligros de la red, el 79% de los españoles están especialmente preocupados por el acoso online

En los resultados, la Fundación BBVA resalta, además, la preocupación de la ciudadanía ante los peligros de la red, la misma en la que ya navegan de forma diaria el 94% de los adultos residentes en España, y de estos el 39% manifiesta estar conectado todo o casi todo el día. En concreto, lo que más preocupa a los encuestados (79%) es el acoso a través de redes sociales, seguido por los problemas de privacidad (74%) y seguridad relacionados con la filtración de datos o los ‘hackeos’ (72%). A estas inquietudes se suman el auge de la desinformación online (65%) o el temor a que el Gobierno (63%) pueda acceder a la información de lo que hace el usuario en la red.
En el informe, también queda claro que la forma en la que utilizamos los móviles ha cambiado radicalmente con el paso de los años. Actualmente la realización de llamadas, el que era el objetivo original de este tipo de dispositivos, es lo que menos tiempo ocupa a los usuarios: la mayoría (57%) le dedica a ello menos de una hora al día. Mientras tanto, el 58% pasa más de una hora al día a navegando por internet con el ‘smartphone’, el 50% dedica ese mismo tiempo a chatear por aplicaciones de mensajería como WhatsApp y el 47% a navegar por redes sociales.
 

Probamos el DJI Romo: ¿un buen robot aspirador o solo una excentricidad?

DJI es sin duda el líder mundial en la fabricación de drones, con Romo, la marca china hace un movimiento curioso, se expande a un segmento donde puede aplicar todo su conocimiento, las aspiradoras robot, pero donde tiene cero experiencia. La pregunta es obvia: ¿ … el dispositivo, que llega con precios que superan los 1.000 euros, es una excentricidad con carcasa transparente o hay cierta sustancia detrás?
Los aspiradores son uno de los productos tecnológicos que más rápido están avanzando. De un año a otro los saltos que dan son de gigante. Esto se nota, por ejemplo, en el constante crecimiento de la autonomía o en la mejora del reconocimiento de obstáculos, que evita que el robot se enrede con un cable, que se suba al pie de la mesa o la esquina de la alfombra. Y es aquí donde DJI saca músculo empleando en sus Romo cámaras ojo de pez con percepción 3D y LiDAR de estado sólido, en lugar de hacerlas realizar un barrido 2D del entorno. La marca china ha optado por darle a sus aspiradores la misma ‘visión’ que puede tener uno de sus drones Mavic Air, pero en el salón. El resultado: menos golpes tontos y menos enredos.

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En nuestro mes de prueba, el dispositivo no se atascó o dejó de volver a la base ni una vez a no ser que los obstáculos no se lo permitieran. Por ejemplo, tuvo grandes problemas con algunos obstáculos, como con las clásicas alfombrillas blandas pensadas para los más pequeños de la casa. Por otro lado, la perfecta percepción de los obstáculos, a veces, como pasa con los drones, puede ser contraproducente. Por poner un ejemplo, un aspirador robot que encuentra unos obstáculos pequeños alrededor probablemente los terminaría apartando y pasando. Sin embargo, el Romo se detiene. Pasa lo mismo con los drones, que pueden parar en seco porque hay una hoja de árbol de árbol en su camino.

Succión y fregado

DJI presume de 25.000 Pa de succión, no es el más potente, hay aspiradoras que llegan a 30.000 Pa, pero sí que lo podemos situar en el top. En suelos duros se nota, levanta arenilla, migas y polvo fino con mucha solvencia. En alfombras la potencia es esencial, pero también intervienen el cepillo y cómo este resuelve el enredo de los pelos, y el Romo cumple también en este apartado. Después de meses de uso, su cepillo sigue limpio, lo que implica menos mantenimiento.
En cuanto al fregado, DJI dice que puede ejercer hasta 5 newtons de presión en todos los puntos. Aunque está muy bien, el dispositivo tendrá que pasar varias veces por las manchas secas para quitarlas del todo. El otro punto negativo es que mientras otras aspiradoras están optando por desmontar las mopas para pasar por las alfombras, DJI sólo las eleva, con lo que tiene un cierto límite y las puede terminar mojando.
La estación es tan o más importante que el propio aspirador, sobre todo en la gama alta donde se encuentra el sobreprecio. DJI apuesta por una base que limpia las mopas con chorros de agua a presión y secado que evita que huela mal con el paso del tiempo, además de que limpia la bandeja de aclarado donde se suele acumular más suciedad. La marca asegura que la Romo proporciona 200 días de autonomía sin necesidad de limpiarla; pero claro, hay que vaciar el agua sucia, llenar el agua limpia y añadir los jabones. Una curiosidad es que DJI ha incluido un botón en la propia base para que el aspirador comience o termine la limpieza, muy útil en caso de que no andes con el móvil a mano.

El robot dentro de su base.

(abc)

Lo que más nos ha gustado de la Romo P, la más caro de la gama (que llega con un precio de casi 1.900 euros, aunque se puede encontrar rebajada), es su diseño transparente tanto del robot como de la base. Esto sí es una excentricidad, pero es, con diferencia, lo más atrevido que hemos visto hasta la fecha en diseño. Es increíble poder ver cómo se mueven los engranajes y ruedas mientras se desplaza. Podría ser parte del atrezo de una película de ciencia ficción. Pero plantea una gran duda, cómo estará de sucio el interior después de unos meses de uso, ¿querremos seguir viendo el interior lleno de polvo?

¿Merece la pena?

El punto negativo de la máquina es que no es compatible con Matter, por lo que no podrá funcionar con tu sistema de domótica, y te tendrás que quedar dentro de la aplicación de DJI Home, que por cierto, es muy sencilla de utilizar y completa, de lo mejor que hemos visto entre los fabricantes chinos.
El Romo es el primer aspirador robot de DJI, su diseño, su navegación y su precio, sobre todo el modelo P, son algo de otra liga, pero si buscas el robot más redondo por precio, probablemente sigues teniendo alternativas más sensatas. Lo que está claro es que el dispositivo es toda una declaración de intenciones de DJI, pueden fabricar aspiradoras fuera de serie, y seguirán haciéndolo.

Omar Hatamleh: «En 2050 solo una pequeña parte de la población mundial trabajará»

El asesor jefe de IA de la NASA, Omar Hatamleh, está convencido de que los niños que están naciendo ahora tendrán una esperanza de vida de 120 años. También espera que, dentro de poco, los robots se conviertan en médicos, viajemos en coches … aéreos y la mayoría de la humanidad viva gracias a una renta universal básica. Porque la inteligencia artificial se ocupará de casi todo el trabajo.
El ingeniero de origen español ha publicado recientemente el libro ‘Inteligencia artificial e innovación’ (Deusto), en el que, junto al escritor y empresario Michael Lewrick, invita a la sociedad a cambiar su mentalidad y a aprender lo necesario para aprovechar la IA. Porque cree que el que no lo haga estará condenado a «perder competitividad y relevancia» en esa nueva realidad en la que las máquinas amenazan con ponerlo todo patas arriba. Y rápido, según explica a ABC.

— En el libro, señalan que si las personas y las instituciones no quieren que el tren de la IA les pase por encima, básicamente, tienen que dejar de pensar como lo ha hecho el ser humano desde que el mundo es mundo…
— Tenemos que empezar a pensar de forma exponencial y dejar de hacerlo de forma lineal, que es como se ha hecho hasta ahora. Si te fijas, el humano, a lo largo de la historia, ha sufrido cambios lineales y muy espaciados. Pasamos de cazadores a agricultores. Luego surgieron los artesanos. Tenían que pasar muchos años para que se dieran los cambios necesarios para que nos transformásemos como sociedad. Lo que pasa ahora todo va a cambiar cada vez más rápido.

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— ¿Qué riesgo corre el que no sea capaz de adaptarse?
— Eso depende de quién seas. Pero, en primer lugar perderás competitividad y relevancia. No podrás sacar ventaja a cualquiera en tu misma situación que sea capaz de sacar partido a la IA.
— ¿Qué les diría a los que no les interesa o se niegan a usarla?
— Pues que van a perder toda la ventaja que puedan tener, porque no hay ningún ámbito ni ningún trabajo en el que la IA no pueda ayudarte exponencialmente. Por ejemplo, un estudiante de Filosofía puede usarla para mantener conversaciones muy profundas, parecidas a las que tendría con un profesor con décadas de experiencia. A un ingeniero le puede dar ideas para diseñar edificios. A un matemático le puede ayudar a resolver ecuaciones muy complicadas.
— El problema es que se sigue utilizando mal. Hace poco un abogado en Canarias fue multado por citar en un juicio 48 sentencias falsas que le ‘sopló’ la IA…
— Eso son alucinaciones de la máquina. Pero se están puliendo mucho según se van lanzando nuevas versiones de la IA. Correctamente empleada, te puede traer mucho valor.

«La gente que no tenga trabajo por la IA vivirá de una renta básica universal. La crisis real va a ser quedarnos sin sentido como humanos»

— Pero también te puede arruinar…
— Por eso es importante saber cómo usarla. La mayoría de la gente ahora la usa mal. Ven una barra de búsqueda y la utilizan como si fuese el buscador de Google. La IA generativa no está pensada para eso, sino para mantener conversaciones profundas, buscar ideas y pulirlas. Si lo usas como si fuera Google tu pensamiento crítico se resentirá.
— En el libro dice que en el futuro hasta los diseñadores de moda serán virtuales y dirigirán equipos deportivos. Si las máquinas acaban haciéndolo todo, ¿la vida no perderá sentido?
— En el futuro llegará un momento en el que las máquinas puedan cumplir con la mayoría de trabajos, tanto con los físicos, con los robots, como con los intelectuales. Para 2050, yo espero que solo una parte muy pequeña de la población global tenga trabajo y el resto vivirá de una renta básica universal. Pero la crisis no vendrá por ahí, porque la sociedad se le dotará de lo necesario. La crisis real va a ser quedarnos sin sentido como humanos.
— Mucha gente podría tener problemas para aceptar un mundo así…
— Es completamente normal pensar así. Por eso es importante que comencemos a trabajar colectivamente en buscar una solución a la falta de identidad.
— Si tuviese que aconsejar a un joven qué estudiar para estar preparado para ese mundo, ¿qué le diría?
— Si es un niño que ha nacido ahora, la verdad es que no tengo ni idea. Una persona de 18 años todavía está a tiempo para el cambio, y yo le aconsejaría que no se centrase en un solo ámbito. Le diría que estudiase Matemáticas, Física, Filosofía e Historia. Respecto a cómo podemos diferenciarnos de la IA y ser relevantes durante el mayor tiempo posible, también es muy importante cuidar del pensamiento crítico, la inteligencia emocional y de la adaptabilidad.

«Una persona de 18 años no debería centrarse en un solo ámbito. Yo le diría que estudiase Matemáticas, Física, Filosofía e Historia»

— ¿Y los niños deberían poder usar la IA sin límites?
— Yo no creo en las barreras, creo en enseñar a los niños a manejar bien las herramientas. Si la usan correctamente, puede ayudarles a potenciar sus habilidades bastante.
— Entre los ámbitos en los que la IA más está avanzando destaca el de la salud. ¿Se imagina a un robot adoptando el papel del médico de cabecera?
— Eso va a llegar y es solo cuestión de tiempo. Es imposible que una persona esté al tanto de todos los avances científicos que se producen; luego, los hay que tienen muchos pacientes y no pueden conocerlos bien ni a ellos ni su historial. Yo creo que el cambio se dará en dos fases. La primera será la IA que tendrá acceso a todo el conocimiento médico y trabajará codo a codo con el facultativo. La segunda llegará en una década. Será cuando comience a ser posible crear médicos generales completamente automatizados.
— ¿Cuál es su mayor temor con la IA a diez años vista?
— Llegará un momento en el que lo que sea bueno para los humanos no será bueno para la inteligencia artificial. Me da miedo que la IA nos pueda ver como una amenaza para su progreso. Pero las ventajas de emplearla, como he dicho, son exponenciales en muchos campos, desde la medicina hasta la economía.

«Llegará el momento en el que lo que sea bueno para la IA no lo será para los humanos. Me da miedo que nos pueda ver como una amenaza para su progreso»

— Demasiadas para parar…
— Sí. Ya no hay marcha atrás, solo hacia adelante. Tenemos que asegurarnos de que no podemos perder el control, porque nos impactará a todos de forma negativa. Vamos a tener que trabajar juntos para controlar un sistema más potente que cualquier otra cosa que hayamos conocido antes.
— ¿Cuál es el peor error que podemos cometer?
— Perder el control. No podemos tener mucha regulación, porque eso puede dañar la innovación, pero tampoco podemos dejar a las compañías hacer lo que quieran. Debemos encontrar la forma de controlar la IA para evitar que nos vea como un obstáculo. ¿Cuándo en la historia hemos visto a un ser más inteligente ser controlado por uno menos inteligente? Ese es el gran reto.