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TECNOLOGÍA

Fitbit Air es la pulsera de Google para quienes quieren datos, pero no otra pantalla más en su vida

Durante años, los wearables han seguido una dirección bastante previsible: más pantalla, más brillo, más aplicaciones, más notificaciones y más funciones heredadas del móvil. Cada nuevo reloj inteligente parecía obligado a hacer un poco más que el anterior. Medir mejor, sí, pero también permitir contestar mensajes, mirar llamadas, consultar mapas, pagar, abrir apps, recibir alertas y convertir la muñeca en otra pequeña bandeja de entrada.La nueva Google Fitbit Air va justo en sentido contrario. No tiene pantalla, no pretende sustituir al móvil y tampoco busca competir con un smartwatch lleno de funciones. Su propuesta es bastante más simple, pero también más interesante de lo que parece: registrar datos de salud, descanso y actividad física sin reclamar atención constantemente.Sobre el papel, es una pulsera mínima, ligera y pensada para llevarse todo el día. Google la vende en España por 99,99 euros, con tres meses de prueba de Google Health Premium, y promete seguimiento cómodo las 24 horas, sensores avanzados y hasta una semana de batería. También la conecta con el nuevo Google Health entrenador, diseñado con Gemini y disponible a partir del 26 de mayo.La duda en cuestión, por tanto, no es solo qué mide. La pregunta interesante es otra: ¿tiene sentido lanzar en 2026 una pulsera sin pantalla? Y la respuesta quizá sea que sí. Precisamente ahora.Los wearables ya son masivosFitbit Air no llega a un mercado vacío. Los dispositivos ‘ponibles’ forman parte de la rutina diaria de millones de personas. IDC calcula que en 2025 se enviaron 611,5 millones de wearables en todo el mundo, un 9,1 % más que el año anterior. Es decir, no hablamos de una categoría de nicho, sino de un mercado enorme y todavía en crecimiento.En España, el dato también es significativo. Según el INE, el 37,4% de la población de 16 a 74 años utiliza “reloj inteligente, pulsera de fitness, etc.” por diferentes motivos. El mismo bloque estadístico sitúa en el 11,6 % el uso de dispositivos conectados para la salud, como controlar presión arterial, nivel de azúcar en sangre o peso.Esto deja una lectura clara: hay una base de usuarios acostumbrada a llevar tecnología en la muñeca, pero no necesariamente todos buscan lo mismo. Algunos quieren un reloj casi completo. Otros solo quieren métricas. Y otros, quizá cada vez más, quieren datos sin tener que mirar otra pantalla. Ahí es donde Fitbit Air puede encontrar su hueco.No inventa el wearable invisible, pero lo lleva a una zona más popularConviene no comprar el relato de la novedad absoluta. La idea de un dispositivo discreto, sin pantalla y centrado en salud, sueño y recuperación no nace con Fitbit Air. Los anillos inteligentes llevan tiempo trabajando justo esa filosofía: desaparecer del día a día, medir en segundo plano y dejar la interpretación para después.De hecho, el mercado de los smart rings está creciendo con fuerza, aunque todavía parte de cifras mucho más pequeñas. Omdia estima que los envíos globales de anillos inteligentes superaron las 850.000 unidades en 2023, subieron a 1,8 millones en 2024 y podrían situarse ligeramente por encima de los 4 millones en 2025.La diferencia es que Google no propone un anillo. Propone volver a la muñeca, pero quitando casi todo lo que ha convertido a muchos wearables en una extensión del teléfono. Fitbit Air no es un reloj recortado, o al menos no debería entenderse así. Es más bien una pulsera que adopta parte del atractivo de los smart rings —discreción, seguimiento continuo, ausencia de pantalla— y lo lleva a un formato más reconocible, más barato y probablemente menos exigente para el usuario medio.Entrenar sin que te persigan las notificacionesAquí está, para mí, una de las ideas más potentes del producto. Fitbit Air no solo mide: también te deja en paz. Si estás harto de que tu jefe, tu pareja, tu madre o el grupo de WhatsApp del colegio te saquen de la concentración mientras entrenas, una pulsera sin pantalla empieza a tener bastante sentido. No sirve para contestar mensajes, no muestra llamadas, no invita a revisar alertas y no convierte cada vibración en una interrupción pendiente de interpretar. Y eso, que podría parecer una carencia, puede ser su mayor virtud.Hay gente que no quiere estar pendiente de una pantalla mientras hace ejercicio. No quiere mirar el ritmo cada veinte segundos. No quiere saber si ha llegado un correo. No quiere leer una notificación mientras está corriendo, haciendo fuerza, caminando o intentando desconectar un rato mientras baila. Yo soy esa gente. Y me seduce la idea de que el dispositivo registre lo que tenga que registrar y que, después, en casa o al final del día, pueda ver cómo estoy evolucionando.En ese sentido, Fitbit Air recupera algo del espíritu de las clásicas bandas de pecho de los corredores: medir durante el esfuerzo, desaparecer mientras entrenas y dejar los datos para cuando toca analizarlos. Técnicamente no es lo mismo, y habrá que ver hasta qué punto sus sensores están a la altura en entrenamientos intensos, pero la lógica de uso se parece más a eso que a la de un smartwatch lleno de estímulos.La idea encaja especialmente bien si miramos cómo se practica deporte en España. Según la Encuesta de Hábitos Deportivos 2024/25 del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y el CSD, el 62,7 % de la población española practicó deporte durante el último año, ya fuera de forma periódica u ocasional. Entre quienes lo hacen, el 25,5 % practica a diario y el 53,9 %, al menos una vez por semana.Pero no todo es running competitivo de alto rendimiento ni entrenamiento obsesivo por zonas. Muchas personas van al gimnasio, hacen fuerza, caminan, practican pilates, salen en bici o simplemente intentan moverse más, y para ellas la pantalla no siempre aporta. A veces incluso estorba. Lo importante no es recibir información constante en mitad de la actividad, sino tener una lectura útil después: si se ha dormido mejor, si se está recuperando peor, si conviene bajar el ritmo o si la tendencia general va en la dirección adecuada.Controlar el sueño sin molestarte al dormirEl otro gran argumento de Fitbit Air no está en el gimnasio, sino en la cama. Una pulsera sin pantalla, pequeña y ligera tiene mucho sentido si la idea es llevarla también mientras dormimos. Google habla de seguimiento del descanso, fases del sueño, frecuencia cardiaca, oxígeno en sangre y recomendaciones a través de Google Health.Y aquí los datos vuelven a acompañar. La Sociedad Española de Neurología señaló en marzo de 2026 que el 56 % de la población adulta española no duerme el número de horas recomendadas y que más del 50 % no tiene un sueño reparador.Esto explica por qué tantos wearables han desplazado parte de su discurso desde el deporte hacia el descanso. Ya no se trata solo de contar pasos o registrar entrenamientos, cada vez interesa más saber si dormimos suficiente, si recuperamos bien, si el estrés se acumula o si el cuerpo está pidiendo bajar el ritmo.De la misma manera que creo que aquí encaja bien un anillo por su tamaño (dormir con un smartwatch grande no siempre es cómodo o no lo es para todo el mundo), pienso que puede ser una razón para valorar su compra. Otra cosa será que los datos sean precisos y que las recomendaciones sean útiles, pero la premisa encaja.El verdadero producto no es solo la pulsera: es Google HealthFitbit Air cuesta 99,99 euros, pero su promesa más ambiciosa vive dentro de Google Health Premium, que en España aparece desde 8,99 euros. Google lo presenta como una suscripción con asesoramiento sobre actividad física, sueño y salud, con un entrenador personal diseñado con Gemini.Ese detalle es clave. Fitbit Air puede parecer poca cosa si se mira solo como hardware: una pulsera sin pantalla, con sensores y batería de una semana. Lo que puede convertirla en algo más interesante es el software. Es decir, que Google Health no solo enseñe gráficos, sino que detecte tendencias, haga recomendaciones sensatas, adapte planes de entrenamiento y ayude a entender el descanso de una forma que no suene a plantilla genérica.Si el Coach de Google Health funciona bien, Fitbit Air puede convertirse en una puerta de entrada barata al seguimiento personal basado en IA. Si se queda en consejos obvios, el producto corre el riesgo de parecer una pulsera básica con una narrativa muy bien empaquetada.

¿Por qué las empresas siguen sin confiar en la IA?

Hay una gran contradicción con la inteligencia artificial, a pesar del entusiasmo de las grandes empresas, todavía hay muchas que siguen sin aplicarla en decisiones críticas. La usan, como lo hacemos todos, para resumir reuniones, redactar correos y depurar código, es decir, como herramienta … de productividad: no para estrategia de negocio, como podría ser conceder créditos, decidir tratamientos médicos o aprobar contratos. Ese es el fallo que Matt Calkins, fundador y CEO de Appian, lleva años identificando en la IA, y en la decimoquinta edición de Appian World, celebrada recientemente, volvió a llamar la atención al respecto.
Calkins abrió la sesión inaugural proyectando una diapositiva que ponía de manifiesto los problemas que están sufriendo las empresas incorporando la inteligencia artificial. Para ello, aprovechó los datos de tres de las consultoras más respetadas del mundo. Empezó por PwC, que concluye que un 56% de las inversiones en IA no han producido ningún retorno financiero. McKinsey eleva la cifra al 61% cuando se mide el impacto económico real. BCG la deja en el 60% para el valor material. Y un dato todavía más demoledor: un estudio de Harvard Business Review añade que sólo el 18% de las grandes organizaciones ha conseguido integrar la IA en sus procesos, aunque el 71% lo está intentando.

El ejecutivo apunta que la base de clientes de Appian que ya está utilizando IA en producción ha crecido un 139% en el último año, y el uso de IA dentro de la plataforma se ha multiplicado por catorce. Es decir, dos terceras partes de las mayores farmacéuticas del mundo, las quince agencias del gobierno federal estadounidense, los mayores bancos del planeta, excluyendo los chinos, se mueven en dirección contraria.

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El problema para el ejecutivo no es que la IA no funcione. Es que no se le confían las tareas que generan valor. La pregunta entonces es por qué, y la respuesta de Calkins es clara, falta de fiabilidad. «La IA es probabilística», explicó. «Si le preguntas dos veces seguidas cuánto es uno más uno, puede darte respuestas distintas. Eso no es un defecto, es la naturaleza de la tecnología. Pero significa que no puedes ponerla a tomar decisiones de negocio sin un control».

IA de la Costa Este

Calkins ha empezado a llamar a su enfoque -medio en broma, medio en serio- IA de la Costa Este de Estados Unidos. Mientras que la cultura de Silicon Valley desde hace dos décadas es producir rápido y arreglar por el camino, Appian tiene como sus mayores clientes gobiernos, farmacéuticas, aseguradoras y bancos. En esos sectores, los errores no son una posibilidad. «Esto no va de elegir el mejor modelo de inteligencia artificial», dijo el ejecutivo. «Va de darle al modelo la estructura, los datos, las restricciones y los compañeros de equipo que necesita para hacer su trabajo de forma fiable».
Lo que Appian propone es meter a la IA en una «caja» con reglas estrictas, y un humano siempre «al volante». Como prueba de concepto, Appian presentó DocCenter, su herramienta de procesamiento inteligente de documentos. La media de la industria en este tipo de soluciones ronda el 60% de precisión. Appian asegura estar consiguiendo un 99%, incluso sobre tipos de documento con los que el modelo no ha sido entrenado.
Pero donde realmente se necesita fiabilidad la empresa es en el desarrollo de software. Las aplicaciones de una organización se ordenan según el grado de fiabilidad que requieren, medido en nueves. Una aplicación con 90% de fiabilidad tiene un nueve, porque podría fallar una de cada diez veces. Con 99%, dos. Con 99,99%, cuatro. Por ejemplo, la NASA, cuando manda astronautas al espacio, opera con cinco o seis nueves de fiabilidad. Las compañías de seguros que deciden si conceden o no una póliza, con cuatro. Los sistemas regulatorios, igual. Los procesos que aprueban un crédito hipotecario, también.
«El llamado ‘vibe coding’ crea aplicaciones de un nueve, donde un fallo no tiene consecuencias fatales. Pero es algo que la NASA no se puede permitir, por ejemplo, en la misión Artemis», dijo Calkins.
La nueva versión de Composer, presentada es la apuesta de Appian para llevar el desarrollo en lenguaje natural con una fiabilidad de varios nueves. Cuando le das a Composer una especificación, no escribe código directamente para que tú lo revises, lo edites y lo valides antes de que nada se ejecute. El resultado son objetos sobre la propia plataforma de Appian, que heredan todo lo que la plataforma trae de serie como la orquestación, el data fabric o la escalabilidad.
Para desarrollar con Composer, el usuario debe ser experto en el dominio del problema, no necesariamente desarrollador, pero sí alguien capaz de leer una especificación detallada y reconocer si es correcta. «Si no eres lo bastante experto para validar lo que Composer te propone», dijo Calkins, «entonces lo que has hecho es vibe coding, y tu aplicación no puede tener más nueves de los que tú tienes».
Teniendo en cuenta que tres cuartas partes de las aplicaciones empresariales del mundo tienen más de veinte años y están escritas sobre tecnologías obsoletas y, sobre todo, suponen un agujero de seguridad que las nuevas IA saben explotar, Composer puede ayudar a modernizarlas. «La seguridad de cualquier organización», advirtió Calkins, «es tan fuerte como su aplicación más débil. Y hoy esa aplicación más débil tiene veinte años, está mal mantenida y nadie en la plantilla recuerda exactamente cómo funciona».
La otra gran novedad del congreso fue el anuncio de alianza con Snowflake, que integra el data fabric de Appian con Snowflake Cortex AI a través del Model Context Protocol. Es la respuesta de Appian a una conversación que, como nos explicó Mike Beckley, CTO y cofundador de la compañía, en una entrevista, ha cambiado radicalmente en los últimos doce meses.
«Hace un año todo el mundo hablaba de ‘prompt engineering’. Hace seis meses, de ‘context engineering’. Ahora la conversación es sobre ‘harness engineering’ y ‘environment engineering’. Es decir, ya no se trata sólo de cómo hablamos a la IA o qué datos le damos, se trata de cómo limitamos lo que la IA puede hacer, qué reglas le imponemos, cómo nos aseguramos de que cuando hace algo no borre el negocio entero», dice Beckley.
La apuesta de Appian con Snowflake apunta precisamente a esa dirección. El ‘data fabric’, su capa de unificación de datos empresariales, se conecta directamente con los servicios de IA de Snowflake. Así, los agentes pueden razonar sobre los datos sin sacarlos del entorno gobernado del cliente.

¿Quién sustituye a quién?

La parte más interesante de Appian World no fue sólo la sesión inaugural, sino el caso expuesto por Ann Fury, vicepresidenta de Pfizer, responsable del proceso global de gestión de reuniones, contratos y compromisos con profesionales sanitarios.
Pfizer migró a Appian en 2017, en 143 países, con más de 75.000 empleados, los contratos que tardaban entre seis y ocho semanas en firmarse, ya se realizan en menos de 24 horas. Pero ahora, con IA y automatización integradas, han recortado el número de clics necesarios para procesar una transacción de 160 a 50. Han eliminado un 25% de los campos obligatorios. La carga masiva de asistentes ahorra un 35% del tiempo. Replicar una transacción anterior con un solo clic ahorra entre tres y seis horas. Y la extracción automática de datos por IA -desde correos, agendas y presentaciones de PowerPoint- ahorra entre una y tres horas adicionales por transacción. En el resultado neto han pasado de cinco días y medio a medio día para iniciar una transacción, y de dieciséis días a menos de dos para aprobarla.
El dato más demoledor en cuanto a productividad llegó al final: «En el tiempo que un usuario experto necesitaba para crear una transacción», dijo Fury, «un usuario novato puede crear ahora cuatro».
Cuando preguntamos a Calkins por el futuro de Appian, después de que hace unos meses muchos titulares declararon muerto al sector SaaS por culpa de la IA, el ejecutivo respondió con una sonrisa: «¿Preocuparme? Yo soy quien va a hacer el reemplazo. Si la IA va a sustituir aplicaciones va a necesitar nuestra ayuda para hacerlo de forma fiable. No me veo como un proveedor de software al que la IA pueda reemplazar. Me veo como la pieza que la IA necesita para reemplazar a otros».

Samsung demuestra que su Galaxy Watch predice desmayos cinco minutos antes de que ocurran

Los smartwatch o relojes inteligentes ya no solo se utilizan para contar pasos o medir el ejercicio, y eso en Samsung lo tienen muy presente. La firma coreana lleva tiempo ampliando las funciones de salud en sus Galaxy Watch y trabajando en nuevas herramientas que permiten ayudar a detectar con antelación enfermedades cognitivas como, por ejemplo, la pérdida de la memoria o la demencia.Samsung pretende que este dispositivo sea un asistente de salud cada vez más completo y ahora ha presentado un avance muy importante para ello: una función capaz de avisar antes de que una persona sufra un desmayo.Así es como el Galaxy Watch predice un desmayoTal y como explican en un estudio realizado junto al Hospital Gwangmyeong de la Universidad Chung-Ang, en Corea del Sur, un Galaxy Watch 6 puede detectar señales previas a un síncope vasovagal, el tipo de desmayo más común, utilizando los sensores incluidos en el reloj.Este suceso ocurre cuando la frecuencia cardiaca y la presión arterial bajan de golpe y puede aparecer en situaciones de estrés, cansancio o fatiga, provocando una pérdida repentina del conocimiento. El desmayo en si no suele ser grave, pero el problema está en que la caída puede causar lesiones importantes como golpes en la cabeza, traumatismos, entre otras.El sistema creado por Samsung analiza la variación del ritmo cardiaco mediante el sensor PPG del reloj, una tecnología que mide el flujo sanguíneo a través de la piel. Cuando recopila esos datos, el sistema de IA puede detectar patrones relacionados con el desmayo antes de que ocurra. Durante las pruebas, los investigadores estudiaron a 132 personas con síntomas relacionados con síncopes y lograron predecir los episodios.En concreto, cinco minutos antes, con una precisión del 84,6 % y una sensibilidad del 90 %. De hecho, el profesor de Hospital Gwangmyeong, Junhwan Cho, explicó que “hasta un 40 % de las personas experimenta síncope vasovagal a lo largo de su vida, y un tercio sufre episodios recurrentes”, por lo que con esta solución todo podría reducirse y evitar situaciones mucho más graves.

La UE alcanza acuerdo para prohibir que la IA cree imágenes sexuales falsas

Los estados miembros y el Parlamento Europeo alcanzaron un acuerdo este jueves para prohibir en la Unión Europea las herramientas de inteligencia artificial que pueden «desnudar» a personas sin su consentimiento.La iniciativa surgió después de que se introdujese hace varios meses una función en … Grok, el asistente de inteligencia artificial de Elon Musk, que permitía a los usuarios solicitar la creación de imágenes hiperrealistas (o deepfakes) de adultos y niños desnudos a partir de fotos reales, sin su consentimiento.

La función provocó un escándalo en varios países y llevó a la apertura de una investigación en la UE.

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Polémica en redes

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, denunció la difusión de fotos falsas con su imagen generadas por IA y lo calificó como una «herramienta peligrosa».
Según el Parlamento Europeo, la nueva prohibición se dirige a los sistemas que permiten crear imágenes, videos y sonidos de carácter pedopornográfico, o que representan las partes íntimas de una persona identificable, o la muestren participando en actividades sexuales, sin su consentimiento.
La nueva reglamentación se aplicará a partir del 2 de diciembre de 2026. Para esa fecha, los servicios de IA deberán contar con medidas de seguridad que les impidan generar este tipo de contenidos.
La medida fue adoptada como parte de una revisión de la legislación europea sobre la IA, una ley pionera aprobada formalmente hace dos años.
Los 27 países miembros y los eurodiputados también acordaron aplazar la entrada en vigor de las nuevas normas destinadas a regular la actividad de los denominados sistemas de inteligencia artificial de alto riesgo, los cuales operan en ámbitos sensibles como la seguridad, la salud o los derechos fundamentales.

El plan de Uber para el futuro: la IA sustituirá a sus trabajadores, e incluso a su propio CEO

Uber está dando un giro en su estrategia como empresa. En marzo, se dio a conocer que dicha plataforma estaba dispuesta a ofrecer servicios de taxis aéreos para transportar pasajeros en Dubái y, hace poco, confirmó que desplegará los primeros coches autónomos en Madrid antes de que termine 2026. Ahora, en mitad de estos despliegues que pretenden cambiar la movilidad urbana, el CEO de la empresa ha revelado que Uber tiene planes de sustituir a todos sus trabajadores por inteligencia artificial, incluido él mismo.Así lo ha reconocido Dara Khosrowshahi en el podcast Decoder del diario The Verge, debido a que Uber gastó su presupuesto anual de tokens e infraestructura de inteligencia artificial en menos de cuatro meses, por lo tanto, esto significa que a más procesamiento de IA menos personas en plantilla.Sin embargo, la inversión de 10.000 millones de dólares en autonomía para apostar por los modelos de conducción autónoma pone en duda la creencia del CEO de Uber, teniendo en cuenta que, a día de hoy, existen más de nueve millones de conductores humanos en la plataforma. Además, es importante mencionar que Uber ha retrasado el reclutamiento de nuevos conductores porque está priorizado la subida de ingresos del personal, sobre todo en aquellas ciudades donde los robotaxis tienen más fama.Por otro lado, en la misma entrevista, Khosrowshahi también menciona otras novedades para ampliar los servicios de Uber más allá del transporte. Todo apunta a la plataforma permita reservar hoteles desde la propia aplicación móvil gracias a una colaboración con la agencia de viajes Expedia, activar un nuevo ‘modo viaje’ que guiará a los pasajeros hasta el punto de recogida cuando aterricen en un aeropuerto, e incluso contratar un posible servicio de personal shopper para compras en tiendas físicas.Los coches autónomos de Uber llegan a MadridComo hemos mencionado al principio de la noticia, Uber desplegará sus primeros vehículos autónomos en Madrid antes de que termine el año. La compañía planea introducir una flota inicial de entre diez y 20 coches autónomos para poner a prueba dicho servicio, en el que los vehículos podrán solicitarse desde la propia aplicación móvil de Uber para que el algoritmo sea el que asigne un coche sin conductor al usuario.Respecto a la puesta en marcha de este servicio, Anabel Díaz, vicepresidenta de Uber, afirma en una entrevista para el diario elEconomista que el desarrollo se iniciará antes de que acabe 2026, a pesar que todavía no puede decir cuál es el momento exacto en el que se desplegarán los coches autónomos en Madrid porque aún siguen trabajando en ello.

Creó la Roomba hace 20 años y hoy quiere entrar de nuevo en tu casa con una mascota robot: Colin Angle lanza Familiar

Los robots humanoides tienen ese aire entre ‘Robocop’ y ‘Black Mirror’ que nos hace temer un posible apocalipsis mundial de la mano de hordas de androides descontrolados tras despertarse de su letargo y rebelarse contra las personas. ¿Demasiado siniestro? Es posible. Pero si aunque solo sea de forma leve esa imagen ha cruzado tu mente, estoy segura de que preferirás esta peculiar propuesta robótica para que te acompañe en casa.Se trata de Familiar, “una presencia que te apoya, aprende los ritmos y objetivos de tu hogar, responde con cariño y hace que la vida sea un poco más mágica”, dicen sus creadores, quienes son también parte esencial de la ecuación: el equipo que ha fundado Familiar Machines & Magic, la empresa detrás de este adorable robot, fue también en su día el que dio vida a la archiconocida compañía que desarrolló la Roomba, iRobot. Colin Angle, cofundador y ex consejero delegado de iRobot, se ha unido a otros veteranos de la compañía, como Chris Jones e Ira Renfrew, para ofrecernos una “IA física emocionalmente inteligente”.¿Qué quiere decir la compañía con IA física? Se refieren a sistemas de inteligencia artificial que no solo procesan información, sino que actúan en el mundo real: robots, dispositivos autónomos, asistentes domésticos, etc. Pero, hasta ahora, la mayor inversión en este terreno se ha concentrado en robots industriales (como brazos robóticos o los AMR en fábricas), automatización logística, almacenes robotizados, sistemas diseñados para mover, clasificar o transportar objetos y humanoides orientados a tareas productivas, del estilo de los Optimus de Tesla o los Atlas de Boston Dynamics, donde el foco está en eficiencia, fuerza o precisión. Y hacia este tipo de desarrollos, dicen, “están fluyendo decenas de miles de millones de dólares”.Sin embargo, en su opinión, “un robot que vive junto a las personas no necesita más potencia. Necesita leer la situación, recordar quién eres y ganarse la confianza a través de miles de pequeñas interacciones”. Y eso es lo que proponen con Familiar: en lugar de poner el foco en la eficiencia y la ejecución de tareas domésticas, ponerlo en que tu compañero robótico de casa sea más comprensivo socialmente.Esta mascota con circuitos no podrá recoger la compra, poner el lavavajillas o tender la lavadora, sino que su valor está en conceptos clave como la memoria contextual, la interpretación emocional, la interacción prolongada o la confianza y el vínculo humano. Es decir, menos robot mayordomo y más criatura doméstica con IA.No es una idea completamente nueva, ya que otras marcas como Sony con su perrito Aibo o SoftBank Robotics con su robot Pepper ya enfatizaban ese carácter de comprensión y de hacer compañía. También lo proponía el intento fallido de Samsung, Ballie. La diferencia es que ahora la inteligencia artificial está mucho más avanzada y, además, que Familiar es blandito y adorable, lo que hace que pueda apetecerte más tenerlo en casa. Esto último lo han explorado otras compañías, como Casio con Moflin o startups con conceptos como Mirumi, aunque en esos casos eran mascotas con menos opciones para interactuar.Angle, quien fue el director ejecutivo de iRobot durante más de tres décadas, ha sido el encargado de presentar la nueva empresa en un foro organizado por The Wall Street Journal. En este escenario, lo primero que reconoce el directivo es que el nombre original de la famosa compañía que creó la Roomba era Artificial Creatures Inc., como si de alguna manera las mascotas con IA que ahora presenta estuvieran predeterminadas a existir: “Prometíamos robots que puedan interactuar con nosotros, hemos esperado décadas hasta que la tecnología ha llegado a un punto en el que podemos realmente hacer eso”, confiesa.Es un mercado, el de la physical AI, que en total “va a representar una oportunidad de mercado de 5 billones de dólares en las próximas dos décadas”, pero que ahora solo se está enfocando en la mitad de esas oportunidades, es decir, lo que tiene que ver con lo industrial. “¿Pero no estáis desarrollando un humanoide, no? ¿Por qué? Todo el mundo lo hace ahora”, le pregunta el periodista a Angle. “La morfología establece las expectativas”, contesta, explicando una sencilla idea: cuando está en una fábrica, no importa realmente la morfología que tenga un robot siempre que cumpla con las necesidades que tiene la tarea para la que está creado, sin embargo, cuando su papel es relacionarse con humanos, “las cosas se complican”.Pone el ejemplo de Alexa: en un altavoz inteligente, Alexa hace las cosas que esperas de un dispositivo así, como poner música, responder tus dudas o escucharte, pero si le das una forma humana es posible que una persona espere de ella que, por ejemplo, haga tareas domésticas, porque su forma lo permitiría, sin embargo, esto no es para lo que Alexa ha sido creada.El directivo va más allá: “No necesitamos que la primera IA física enfocada en la conexión humana hable humano, debe escuchar y entender y esas serán parte de sus capacidades sensoriales, pero queríamos hacer algo con una forma más parecida a una mascota que a un humano, porque las mascotas tienen una habilidad increíble de interactuar y de llevar a cabo una orden”.Y así es como nace Familiar, el nuevo miembro de tu hogar del tamaño de un Border Collie pero con ojitos tiernos y patas de oso amoroso. Un robot de peluche extra suave y abrazable que te sigue por toda la casa y se adapta a tus hábitos diarios pero que “no reemplaza a los humanos ni a las mascotas”, sino que es “un complemento”. “No es un perro, no es gato, es algo así como un oso abstracto, porque la gente no sabe qué se supone que hace un oso en casa, así que imaginamos que ahí teníamos una oportunidad”, comenta Angle. Tiene sensores, cámaras, láseres, micrófonos y emite sonidos similares a los de un animal, pero no habla.Su objetivo es ofrecer “apoyo”, desde “involucrar a los niños en juegos sin pantallas hasta servir como oyente sin prejuicios cuando necesitas desahogarte”. Responde a las expresiones faciales, al tono de voz y al lenguaje corporal: “Te da un cariñoso roce cuando estás estresado, inclina la cabeza cuando sonríes y mueve la cola cuando estás emocionado”. Pero además, tiene un carácter fuerte: “Fomenta los hábitos que estás creando e interrumpe los patrones que estás rompiendo, desde un ligero toque con la pata cuando es hora de moverse, hasta un suave empujón cuando estás absorto en las redes sociales”.¿Y la privacidad? Llevará su propia IA en local (“no vamos a enviar audio y vídeo a la nube”, dice Angle). Para recordar quién eres, el sistema necesita datos personales, historial de interacciones y contexto doméstico continuo, no obstante, desde la compañía subrayan que se ha desarrollado con los máximos estándares de privacidad y seguridad. “Lo que sucede en tu casa se queda en tu casa”, afirman.En la presentación apareció Daphne, una demo de uno de estos Familiars, que estaba en parte operada por control remoto. Angle, no obstante, aseguró que la versión comercial será “completamente autónoma” cuando llegue al mercado, previsiblemente el año que viene.

La nueva era de Apple Intelligence: podrás elegir entre Gemini y Claude para ejecutar funciones en iOS 27

La Conferencia Mundial de Desarrolladores (WWDC) 2026 de Apple se celebra del 8 al 12 junio. A lo largo de estos días, la compañía de Tim Cook reunirá a desarrolladores de todo el mundo, anunciará las últimas novedades en inteligencia artificial, dará acceso exclusivo a nuevas herramientas y hará oficial las funciones del próximo sistema operativo.Los rumores sugieren que se avecina un cambio significativo en la forma en la que Apple Intelligence funciona en los dispositivos de la manzana de mordida, ya que el famoso filtrador Mark Gurman ha dado a conocer en el diario Bloomberg que iOS 27, iPadOS 27 y macOS 27 permitirán elegir entre diferentes modelos de IA de terceros para gestionar tareas en las funciones principales de la IA de Apple.Todo apunta a que dicha novedad se llame ‘Extensiones’ y permita acceder al menú de ‘Ajustes’ para elegir qué servicio de inteligencia artificial será el encargado de gestionar las herramientas de Apple Intelligence en el dispositivo, como, por ejemplo, las herramientas de escritura o los generadores de imágenes.Básicamente, esta función es como elegir el motor de búsqueda predeterminado, ya que se podrá seleccionar uno de los modelos de IA de proveedores adheridos a través de las aplicaciones de App Store, teniendo en cuenta que el informe de Gurman revela que Apple ya ha completado las primeras pruebas con Google y Anthropic, lo que convierte a Gemini y Claude como posibles opciones.Con esta integración, ChatGPT ya no será la única opción de IA externa integrada en Apple Intelligence porque los usuarios podrán elegir libremente qué modelo de IA utilizar en cada herramienta, teniendo un mayor control sobre cómo y dónde se aplica cada sistema de inteligencia artificial. Además, el filtrador revela que los usuarios podrán asignar diferentes voces a Siri, dependiendo del modelo de IA que esté gestionando el sistema.