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TECNOLOGÍA

Un solo ciberdelincuente vulneró la seguridad de 9 agencias gubernamentales con esta técnica de IA

La inteligencia artificial no solo está cambiando la forma de trabajar, sino también las estrategias que emplean los ciberdelincuentes para robar información personal y datos bancarios.La compañía de ciberseguridad CrowdStrike reveló que los actores maliciosos se aprovechan de esta tecnología para analizar sistemas en busca de puntos débiles, desarrollar malware, robar contraseñas o evitar controles de seguridad sin ser detectados. Además, en otro estudio, la entidad Palisade Research dio a conocer que los modelos de IA pueden llegar a infiltrarse en ordenadores, obtener acceso no autorizado a ellos, replicarse y usarse como nuevas versiones para lanzar ciberataques.No cabe duda que el auge de esta tecnología está provocando que se aceleren las capacidades de los ciberdelincuentes, al mismo tiempo que los ataques maliciosos provocados por la IA empiezan a ser cada vez más frecuentes porque han pasado de la fase experimental al despliegue criminal rutinario. Así lo da a conocer la tecnológica Check Point Software en un estudio, donde advierte que un solo operador logró comprometer nueve agencias gubernamentales utilizando IA comerciales entre diciembre de 2025 y mediados de febrero de este año.¿Cómo llegó a comprometer 9 agencias gubernamentales?Tal y como da a conocer Check Point Software, el atacante ejecutó más de 5.000 comandos automatizados ejecutando dos sistemas de IA comerciales en paralelo, uno dedicado a la explotación en tiempo real y otro al procesamiento de los datos extraídos. Pero, ¿cómo atacó a los organismos?Check Point Software informa que la técnica empaquetaba cadenas completas de ataque que generaban correos de phishing adaptados al estilo de las víctimas, de esta manera, extraía datos financieros de miles de bandejas de entrada y coordinaba de forma automatizada invitaciones falsas de calendario para presionar de forma multicanal la realización de transferencias bancarias.Según la compañía, este caso muestra que la IA está cambiando la forma de atacar a las empresas o agencias gubernamentales, ya que es capaz de engañar los filtros de seguridad y modificar los archivos de configuración de las herramientas de código. Otras amenazas con IA que se han detectadoEl informe también pone el foco en el creciente valor de las credenciales y claves API de proveedores como OpenAI, Anthropic, Grok o Mistral, que se han convertido en objetivo de campañas de recopilación masiva. El motivo es que estas credenciales permiten a los atacantes operar durante largos periodos haciéndose pasar por usuarios legítimos. Además, el estudio advierte que la inteligencia artificial está acelerando notablemente los ciberataques. Vulnerabilidades recién publicadas pueden convertirse en exploits plenamente funcionales en cuestión de horas, un proceso que hasta hace poco podía prolongarse durante semanas.

Llevo meses usando una freidora de aire de cristal: lo mejor no es cocinar, es todo lo que pasa después

Valoración:Las freidoras de aire han pasado de ser un capricho de cocina a convertirse en uno de esos aparatos que mucha gente tiene ya en casa. No han sustituido a la sartén, ni al horno, ni a la olla de toda la vida, pero sí se han colado en nuestras rutinas. Según el Informe de Consumo Alimentario en España 2024, representan el 4 % de las preparaciones de alimentos en el hogar. No es una cifra enorme, pero sí suficiente para confirmar algo que se ve en cualquier conversación de oficina, grupo de WhatsApp o vídeo de recetas: la air fryer ha encontrado su sitio.Yo he sido bastante escéptica con este tipo de electrodomésticos. No porque no les vea utilidad, sino porque la cocina no es infinita. Y porque hay algo que todos sabemos: si un pequeño electrodoméstico (o cualquier dispositivo en general) acaba dentro de un armario, lo más probable es que lo uses dos veces y desaparezca de tu vida. Da igual que prometa cocinar más sano, más rápido o más limpio. Si da pereza sacarlo, montarlo y limpiarlo, está perdido.Con la Ninja CRISPi me ha pasado algo distinto. Llevo meses usando el modelo original, la freidora de aire de cristal que Ninja lanzó en España en 2025, y creo que su mayor virtud no está exactamente en cómo fríe con aire, sino en cómo resuelve algunas pequeñas molestias del día a día. No todas, desde luego. Pero sí unas cuantas.La CRISPi original llegó con una idea bastante llamativa: cambiar el cajón opaco típico de muchas freidoras de aire por recipientes de cristal. No es la única marca que lo propone, pero sí ha sido de las primeras en introducir el concepto en España. Incluye uno pequeño de 1,4 litros y otro más grande de 3,8 litros, y funciona con un módulo superior, el PowerPod, que se coloca encima del recipiente para cocinar con aire caliente.La primera ventaja es obvia: ves la comida mientras se hace. Puede parecer una tontería, pero no lo es tanto. En una freidora de aire convencional metes el cajón y cocinas un poco a ciegas. Aquí ves si las patatas se están dorando, si el pollo necesita unos minutos más o si aquello que has metido medio improvisado va por buen camino.Tiene algo de mirar el horno que conecta con ‘lo de antes’ y, sobre todo, hace que cocinar sea un poco más intuitivo. No tienes que abrir tantas veces para comprobar qué está pasando.Pero para mí lo más interesante no es eso. Lo más práctico de la CRISPi es que el recipiente deja de ser solo ‘la cubeta de la freidora’. Es un recipiente de cristal que puedes sacar, llevar a la mesa, dejar enfriar, tapar y guardar en la nevera. Sin cambiar la comida a otro táper. Sin manchar más de la cuenta. Sin ese trasvase absurdo que siempre parece poca cosa, pero que en el día a día acaba importando.Y ahí es donde creo que Ninja acierta al resolver un problema muy concreto: cocinar algo rápido y que todo lo que viene después dé menos pereza.La americanización de la cocina también va de estoHay un contexto más amplio que me interesa mucho. En España seguimos teniendo una cultura muy de fuego, sartén, olla, horno y comida hecha con paciencia. La cocina tradicional no desaparece porque llegue una freidora de aire.Pero al mismo tiempo nuestras cocinas se están pareciendo cada vez más a las de los catálogos estadounidenses. Open concept, islas, electrodomésticos a la vista, cafeteras enormes, robots, tostadoras con mil funciones y aparatos que prometen solucionarte una parte concreta de la rutina. Queremos cocinas grandes, bonitas y despejadas, pero las llenamos de máquinas.Y ahí está la contradicción. Una freidora de aire puede ser comodísima, pero ocupa. Si es pequeña, se queda corta para una familia. Si es grande, te conquista media encimera. Y si la guardas, probablemente no la uses.Por eso me parece interesante la CRISPi original. No porque sea revolucionaria, que es una palabra que se usa demasiado alegremente y, muchas veces, completamente vacía, sino porque intenta ser menos aparatosa dentro de una categoría que suele pecar justo de eso. Se desmonta fácil, se limpia sin drama y los recipientes tienen vida más allá del aparato. Eso ayuda mucho a que no parezca otro trasto más.Lo que me ha gustado después de meses de usoMe gusta ver la comida mientras se cocina. Me gusta más de lo que pensaba. No cambia el sabor, claro, pero sí cambia la sensación de control. Ves el proceso y eso, en una freidora de aire, tiene bastante sentido.Me gusta también que los recipientes sean de cristal. No solo por una cuestión estética o de materiales, sino porque se integran mejor en la cocina real. No es lo mismo sacar una cubeta negra de freidora que sacar un recipiente que puedes tapar y guardar.Y me gusta especialmentesu sistema de tapas. Es una de esas ideas simples que funcionan. Cocinas unas verduras, unas patatas, un poco de pollo… dejas que se temple y a la nevera. Para sobras, raciones pequeñas o comidas de diario, es muy cómodo.También tiene un punto portátil, aunque conviene no exagerarlo. No es un aparato para meter en una mochila, pero sí es el típico electrodoméstico que puedes llevarte al pueblo o a una segunda residencia si vas a pasar unos días. Ocupa menos que muchas freidoras de aire grandes y eso juega a su favor.Sus limitaciones son bastante clarasLa CRISPi original no es perfecta. La primera limitación está en el control. Es un aparato sencillo, quizá demasiado sencillo si eres de los que quieren ajustar la temperatura con precisión. Tiene cuatro modos, pero no está pensada para cocinar jugando con cada grado. Para mucha gente eso será una ventaja, porque simplifica. Para otros, puede quedarse corta.La segunda limitación es la capacidad. El recipiente grande de 3,8 litros sirve para muchas cosas, pero no convierte a la CRISPi en una freidora familiar. Para una persona, una pareja, guarniciones, sobras o cenas rápidas, la veo muy bien. Para cocinar cantidades grandes de verdad, no tanto. Ahí el horno sigue teniendo todo el sentido del mundo.Para resolver estas limitaciones Ninja acaba de lanzar en España la CRISPi PRO, una versión más grande y más completa de esta misma idea. No creo que haya que leerla como una revolución dentro de la gama, sino como una evolución bastante lógica.La nueva versión aumenta la capacidad con un recipiente grande de 5,7 litros y otro de 2,3 litros, añade siete funciones y permite controlar manualmente la temperatura, con un máximo de 240 ºC. También sube de precio: pasa de los 179,99 euros comunicados para la CRISPi original a 249,99 euros.Es decir, Ninja ha hecho justo lo esperable: mantener la idea del cristal y corregir las dos pegas más evidentes del primer modelo, que eran la capacidad y la falta de control más preciso. Tiene sentido, sobre todo, para familias o para quien ya usa mucho la freidora de aire y se quedaba corto.Pero eso no convierte automáticamente a la CRISPi original en una mala opción. Al contrario, la define mejor. La original tiene sentido si quieres algo más compacto, más manejable y pensado para un uso diario sin demasiadas pretensiones. La PRO tiene sentido si necesitas más litros y más margen de cocinado. No todo el mundo necesita ese salto.Veredicto: no sustituye a todo, pero sí resuelve algo concretoDespués de meses usándola, creo que la Ninja CRISPi original funciona porque no promete más de lo que debería. No sustituye al horno, no elimina la cocina tradicional y no convierte cualquier receta en algo saludable por arte de magia. Pero sí hace más fácil una parte bastante concreta de la rutina: cocinar rápido, ver lo que pasa, ensuciar menos y guardar sin cambiar de recipiente.Su mejor virtud no está solo en freír con aire. Está en todo lo que pasa alrededor. En que no da tanta pereza. En que el recipiente sirve para algo más. En que puedes usarla para una cena rápida y no sentir que has puesto en marcha media cocina.Tiene límites, claro. No es muy grande, no es muy configurable y no es especialmente bonita. Pero se entiende. Y eso, en un electrodoméstico que compite por un hueco en la encimera, ya es bastante. Valoración Nota 8Lo mejorVer la comida mientras se cocina da una sensación de control que se agradece en el día a día.El recipiente de cristal no es solo una cubeta: puedes cocinar, servir, tapar y guardar las sobras en la nevera sin cambiar de táper.Es cómoda de usar, se desmonta fácilmente y no da tanta pereza limpiarla como otras freidoras de aire más aparatosas.Lo peorLa capacidad del modelo original se queda algo corta si quieres cocinar para varias personas o preparar mucha cantidad de una vez.No permite ajustar la temperatura con tanta precisión como otros modelos, así que puede resultar limitada para quien quiera más control.

¿Ves un punto verde en la pantalla de tu móvil Android? Este es su verdadero significado y función

A la hora de utilizar un smartphone, dependiendo de si tienes un móvil Android o un iPhone, seguro que has observado que existe un punto verde o naranja que aparece de vez en cuando en la parte superior de la pantalla. En caso de Android, ese punto verde asoma en una esquina de la pantalla y a veces desaparece al momento y vuelve al usar otra aplicación.Algunas personas creen que indica una notificación, aviso de batería e incluso un fallo del teléfono, pero no tiene nada que ver. En realidad, tiene una función muy importante, ya que protege tu privacidad mientras utilizas el móvil.Qué significa el punto verde que aparece en la pantalla del móvil AndroidA partir de la llegada de Android 12, todos los teléfonos con el sistema operativo de Google incluyen una serie de avisos de privacidad. Estos informan al usuario cuando una app está utilizando permisos sensibles del dispositivo, como la cámara, el micrófono o la ubicación. El punto verde tiene la misión de hacer saber al usuario que una aplicación está grabando video, audio o accediendo a la localización del móvil.Lo normal es que aparezca a la hora de hacer una foto, grabar un audio, tener una videollamada o utilizar aplicaciones como Google Maps. En esos casos no hay de qué preocuparse, pues el móvil solo está avisando de que esos permisos están activados. El único motivo para preocuparse sería que ese punto verde aparezca sin que se esté usando nada de lo anterior.En ese caso, podría indicar que existe una app funcionando en segundo plano y accediendo a estos permisos sin que el usuario se dé cuenta. De hecho, este fue uno de los motivos para incorporar el punto verde, para que el usuario sepa en todo momento lo que está activo.Para saber qué aplicaciones tienen acceso a la cámara y al micrófono del móvil Android, solo hay que deslizar la barra de notificaciones y pulsar en el punto verde. Ahí se puede apreciar la lista de todas las apps que tienen acceso y otorgar o quitar permisos desde el Panel de Privacidad de Android.

«Los restos son potencialmente peligrosos»: el aviso de la Fuerza Espacial tras la explosión del cohete de Blue Origin

La explosión del cohete New Glenn de Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, durante una prueba en tierra en Cabo Cañaveral ha obligado a la Fuerza Espacial de Estados Unidos (USSF) a emitir un aviso de seguridad ante la posible aparición de restos en zonas costeras de acceso público.El incidente se ha producido durante un test de encendido estático, una maniobra en la que los motores del cohete se activan mientras el vehículo permanece sujeto a la plataforma. Blue Origin ha confirmado que el New Glenn ha sufrido una “anomalía” durante el ensayo y asegura que todo el personal está a salvo.Tras la explosión, Space Launch Delta 45, la unidad de la USSF encargada del Eastern Range, ha advirtido de que los restos derivados de la anomalía podrían llegar a la costa en los próximos días o semanas. Por ese motivo, piden a la población que no toque ningún fragmento y que avise al 911 para que pueda ser retirado de forma segura.“Los restos de vehículos de lanzamiento son potencialmente peligrosos”, señala la Fuerza Espacial en su aviso, en el que recuerda que el contacto directo puede suponer un riesgo para la salud y el bienestar de las personas.La unidad militar también indica que el Eastern Range mantiene su capacidad operativa para lanzamientos espaciales de seguridad nacional y que continúa prestando apoyo al resto de los complejos de lanzamiento, incluido el Centro Espacial Kennedy de la NASA.La investigación sobre la explosión del New Glenn, el gran cohete orbital de Blue Origin con el que Bezos quiere competir con Starship de Elon Musk, deberá determinar ahora qué provocó la anomalía y qué impacto puede tener en los próximos vuelos previstos.

Por qué ha explotado el cohete de Blue Origin y qué consecuencias puede tener para el imperio espacial de Jeff Bezos

Un cohete no tripulado de Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, ha explotado esta madrugada en la plataforma de lanzamiento que la compañía tiene en Florida durante una prueba. De momento no se conocen las causas del incidente y la explicación oficial se ha limitado a señalar que se produjo “una anomalía” y que todo el personal está a salvo.Sin embargo, la explosión del cohete New Glenn no solo ha dejado imágenes espectaculares. También abre un nuevo frente para Bezos en uno de sus proyectos más ambiciosos: convertir a Amazon Leo, la antigua Project Kuiper, en una alternativa real a Starlink, la red de internet por satélite de Elon Musk. Su primera constelación está diseñada para reunir 3.236 satélites en órbita baja terrestre, aunque la compañía aún está en las primeras fases del despliegue.El revés podría afectar a varios aspectos del programa. Por un lado, el cohete no estaba surcando los cielos ni había llegado a despegar, sino que se encontraba en pleno ensayo previo al lanzamiento en el que los motores se encienden mientras el vehículo permanece sujeto a tierra. Se trata de una prueba conocida como hot-fire test o encendido estático y es una de las más importantes antes de autorizar el despegue, porque permite comprobar el comportamiento de los motores y de los sistemas del vehículo sin que este abandone la plataforma.Por eso, el problema podría tener consecuencias más allá del propio cohete. En una prueba de este tipo, el vehículo está en la plataforma, conectado a sistemas de tierra, cargado con propelentes y rodeado de una infraestructura crítica para cualquier lanzamiento posterior. Aunque Blue Origin no ha detallado todavía el alcance de los daños, una explosión en el propio complejo de lanzamiento puede obligar a revisar no solo el cohete, sino también la torre, los sistemas de alimentación, las conducciones, los equipos de soporte y los procedimientos de seguridad antes de intentar una nueva misión.Además, en el peor de los escenarios, si esos daños afectan a elementos esenciales de la plataforma, el complejo podría quedar fuera de servicio de forma temporal. Eso convertiría el accidente en un problema mucho más serio para Blue Origin: no bastaría con sustituir el cohete perdido, sino que habría que reparar, certificar y volver a poner a punto la infraestructura desde la que despega New Glenn.Ese punto es importante porque New Glenn no es un cohete más dentro del calendario de Blue Origin. Es la gran apuesta orbital de la compañía de Bezos y una pieza clave para que Amazon pueda acelerar el despliegue de Amazon Leo, su red de internet por satélite. El lanzamiento que se estaba preparando debía llevar a órbita baja 48 satélites de esta constelación, aunque la carga no estaba integrada en el cohete en el momento del incidente.Y ahí está el otro punto en el que la explosión podría afectar al programa: investigar la causa del fallo y revisar la infraestructura antes de retomar los lanzamientos desde ese complejo puede traducirse en retrasos, especialmente si el daño afecta a elementos de tierra que no se sustituyen con tanta rapidez como una pieza del cohete. Si bien los satélites no se han perdido, porque todavía no estaban instalados en el cohete, el calendario sí puede verse afectado.Amazon Leo ya ha comenzado a desplegar sus satélites, pero necesita aumentar mucho el ritmo si quiere convertir su red en un servicio global y competitivo. Según los datos oficiales, de momento se han completado once misiones y se han superado los 300 satélites desplegados. La buena noticia es que, aunque New Glenn es una pieza muy importante del plan, Amazon no depende solo de Blue Origin: también ha contratado lanzamientos con otros vehículos, como Atlas V, Ariane 6, Vulcan y Falcon 9.La NASA también está en el punto de miraEl problema no afecta únicamente al negocio de internet espacial. New Glenn también forma parte de los planes de Blue Origin para ganar peso en misiones institucionales y lunares. La NASA ha contado con la compañía de Bezos para distintos programas vinculados a la exploración de la Luna, y cualquier incidente relevante en un lanzador pesado obliga a revisar plazos, riesgos y garantías técnicas.Eso no significa que el programa quede paralizado ni que Blue Origin esté fuera de la carrera. Las explosiones y los fallos forman parte del desarrollo de cohetes, incluso en compañías muy avanzadas. SpaceX también ha sufrido accidentes muy visibles durante sus pruebas.Pero en el caso de New Glenn, el momento es más delicado, ya que Bezos necesita demostrar que su compañía puede lanzar de forma regular, fiable y con una cadencia suficiente para atraer clientes comerciales, misiones científicas y contratos institucionales.

Anthropic supera a OpenAI y se convierte en la startup de IA más valiosa del mundo

Noviembre de 2022. OpenAI pone en línea a ChatGPT y el mundo se queda pasmado ante las posibilidades de esa nueva máquina capaz de responderlo casi todo. Algunos incluso piensan que, en el medio plazo, la herramienta sustituirá a Google como principal albacea de … toda esa información que, segundo tras segundo, se vuelca en la red. Casi cuatro años después, ni su chatbot es claramente el más popular ni la startup es la más valiosa de su clase.
Anthropic ha superado a OpenAI y se ha convertido en la compañía de inteligencia artificial más valiosa del mundo. La creadora de Claude anunció este jueves un nuevo acuerdo de financiación de 65.000 millones de dólares que eleva su valoración total hasta los 965.000 millones de dólares. La empresa de ChatGPT está en los 852.000 millones.

«Claude es cada vez más indispensable para nuestra creciente comunidad global de clientes, y trabajamos incansablemente para que herramientas como Code y Cowork sean más útiles, potentes y adaptables a sus necesidades», ha señalado a raíz del anuncio Krishna Rao, director financiero de Anthropic. «Esta financiación nos ayudará a atender la demanda histórica que estamos experimentando, a mantenernos a la vanguardia de la investigación y a llevar Claude a más lugares donde se desarrolla el trabajo», ha zanjado.

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La nueva ronda de financiación, liderada por Altimeter Capital, Dragoneer, Greenoaks y Sequoia Capital, demuestra el buen momento por el que pasa Anthropic, tanto a nivel de desarrollo como de imagen pública. La firma liderada por Darío Amodei -que siempre ha estado más dirigida al mundo de la empresa que al usuario corriente- cuenta con uno de los mejores chatbots y con Claude Code, considerada por muchos desarrolladores como la mejor herramienta para programar con IA.
Anthropic también se ha visto beneficiada a nivel reputacional por el reciente enfrentamiento que protagonizó con el Pentágono, con el que se encuentra inmersa en una batalla legal provocada por la negativa de la firma al uso de su tecnología para crear armas autónomas o sistemas de vigilancia en suelo estadounidense. Algo que provocó que la empresa entrase en la lista negra de Washington y que su tecnología pasara a ser considerada como una amenaza para la seguridad nacional.
La empresa también ha conseguido ganarse el favor del Vaticano. Su cofundador, Christopher Olah, fue el único representante de los gigantes de la IA en la presentación de ‘Magnifica Humanitas’, la primera encíclica del Papa León XIV en la que que se realiza una defensa decidida de la humanidad en los nuevos tiempos de los algoritmos. Durante el evento, Olah alertó, entre otras cosas, sobre el peligro de que la inteligencia artificial genere desempleo «a gran escala» y de que su desarrollo se está concentrando en «un puñado de naciones ricas».

Los problemas de OpenAI

Mientras tanto, la reputación de OpenAI se ha visto afectada recientemente por el enfrentamiento judicial que protagonizó con Elon Musk. Durante su desarrollo, varios exejecutivos de la empresa acusaron a Sam Altman de «mentir» de forma recurrente y de ser una persona poco fiable. La empresa también se ha visto forzada a hacer cambios en su modelo de negocio y comenzar a centrarse en el mundo de la empresa para aumentar los ingresos generados directamente por su tecnología. Anunció la muerte de Sora, la herramienta de la empresa para la generación de vídeo, y dejó a un lado los planes para darle funciones de chatbot erótico a ChatGPT.
La firma también ha visto como su chatbot ha dejado de ser el más popular entre los usuarios. La semana pasada Google anunció que Gemini, su alternativa a ChatGPT, ha conseguido superar los 900 millones de usuarios, lo que le pone al nivel, sino por encima, de la herramienta de OpenAI.

El plan de Google para conseguir que España confíe en su nube

El Cloud AI Live que Google celebró este jueves en Madrid llegó justo después del Google I/O, su evento para desarrolladores donde presentaron 100 novedades, y un mes después de Cloud Next; de modo que su función ha sido traer a la capital … el aluvión reciente de anuncios y darle, en palabras de la compañía, «un sabor español». Bajo esa etiqueta amable se esconde un ritual conocido, subir al escenario a una procesión de clientes a contar sus casos de éxito, como el Ayuntamiento de Madrid, Prosegur, Unicaja, Vocento, Fundación ONCE, entre los más de cincuenta que han participado hoy.
Lo relevante, sin embargo, no estaba en los modelos de inteligencia artificial, que cambian tan rápido que ya casi no son noticia por ello. Estaba en una palabra que llevamos años escuchando y pocas veces se cumple: la soberanía de los datos. Google ha anunciado una alianza con Telefónica para ofrecer el servicio Data Boundary, donde la información que una organización española sube a Cloud se cifra con claves que genera y custodia Telefónica en su propia nube soberana y desde territorio español.

La consecuencia práctica, que es lo que importa, es que Google no puede acceder a los datos que almacena. La llave la tiene el operador, no el dueño de la nube. Es el nivel de privacidad que llevaban años esperando administraciones públicas y empresas privadas para mover a la nube información que seguía en servidores propios. Isaac Hernández, director general de Google Cloud para Iberia, lo resumió con esta frase: «No debería haber conflicto entre la soberanía digital de España y su competitividad económica». Este movimiento resuelve, de paso, el principal freno comercial que la tecnológica arrastraba con el sector público y los entornos regulados: la desconfianza.

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Isaac apuntaló su argumento con ejemplos que rara vez se oyen desde Google, como los contratos recientes con los ministerios de defensa británico y alemán que llevan la nube a entornos militares con el llamado ‘kill switch’, la garantía de que nadie, desde fuera, pueda interrumpir esos sistemas. Del extremo castrense a la nube pública, sostiene, hay todo un abanico de «sabores», incluida una nube distribuida que la compañía puede desplegar físicamente en las instalaciones del cliente. Que una empresa vendedora de nube reconozca un mundo híbrido y multicloud, en lugar de empujar todo hacia sus servidores, es una concesión más grande de lo que parece.
En ABC preguntamos a Isaac por el abismo entre la velocidad a la que el usuario adopta la IA y la parálisis de las empresas, nos explicó las dos trampas en las que caen las compañías. La primera, el ruido, citando a Thomas Kurian para comparar esta revolución con la industrial, que va diez veces más rápida, el efecto es una sensación generalizada de ir medio perdido. La segunda es el piloto eterno, que sufren aquellas compañías cautivas de la prueba de concepto que nunca llega a producción y una mayoría atascada en lo que llamó «productividad personal», es decir, el empleado jugando con un chatbot.
Isaac nos relató que Google procesa cerca del orden de los cuatrillones de tokens sumando uso propio y de clientes, y es capaz de levantar un clúster virtualizado con un millón de TPU sobre la octava generación de sus chips. El Gemini 3.5 Flash recién lanzado sería, según la casa, cuatro veces más rápido y tres veces más barato que el anterior. Pero aquí viene el ‘pero’: con agentes que actúan de forma autónoma, advirtió, darle total libertad a la máquina es como entregarle a un empleado una tarjeta de crédito sin límite. El resultado es lo que ya hemos leído esta semana con Uber, que ha llegado a replantearse el coste de programar con IA, como muchos otros.
Está claro que Google ha llegado tarde a la fiesta de la programación con IA, donde Claude Code, de Anthropic, lleva la delantera. Cuando preguntamos a Isaac sobre el tema, defendió Antigravity con un argumento corporativo; integración y cumplimiento normativo. Pero el dato más elocuente fue que el 75% del código que escribe la propia Google ya está asistido por IA. Cuando quien predica lo practica a esa escala, el «llegamos tarde» se convierte en «llegamos con prisa».