Tecnología - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

TECNOLOGÍA

Un solo ciberdelincuente vulneró la seguridad de 9 agencias gubernamentales con esta técnica de IA

La inteligencia artificial no solo está cambiando la forma de trabajar, sino también las estrategias que emplean los ciberdelincuentes para robar información personal y datos bancarios.La compañía de ciberseguridad CrowdStrike reveló que los actores maliciosos se aprovechan de esta tecnología para analizar sistemas en busca de puntos débiles, desarrollar malware, robar contraseñas o evitar controles de seguridad sin ser detectados. Además, en otro estudio, la entidad Palisade Research dio a conocer que los modelos de IA pueden llegar a infiltrarse en ordenadores, obtener acceso no autorizado a ellos, replicarse y usarse como nuevas versiones para lanzar ciberataques.No cabe duda que el auge de esta tecnología está provocando que se aceleren las capacidades de los ciberdelincuentes, al mismo tiempo que los ataques maliciosos provocados por la IA empiezan a ser cada vez más frecuentes porque han pasado de la fase experimental al despliegue criminal rutinario. Así lo da a conocer la tecnológica Check Point Software en un estudio, donde advierte que un solo operador logró comprometer nueve agencias gubernamentales utilizando IA comerciales entre diciembre de 2025 y mediados de febrero de este año.¿Cómo llegó a comprometer 9 agencias gubernamentales?Tal y como da a conocer Check Point Software, el atacante ejecutó más de 5.000 comandos automatizados ejecutando dos sistemas de IA comerciales en paralelo, uno dedicado a la explotación en tiempo real y otro al procesamiento de los datos extraídos. Pero, ¿cómo atacó a los organismos?Check Point Software informa que la técnica empaquetaba cadenas completas de ataque que generaban correos de phishing adaptados al estilo de las víctimas, de esta manera, extraía datos financieros de miles de bandejas de entrada y coordinaba de forma automatizada invitaciones falsas de calendario para presionar de forma multicanal la realización de transferencias bancarias.Según la compañía, este caso muestra que la IA está cambiando la forma de atacar a las empresas o agencias gubernamentales, ya que es capaz de engañar los filtros de seguridad y modificar los archivos de configuración de las herramientas de código. Otras amenazas con IA que se han detectadoEl informe también pone el foco en el creciente valor de las credenciales y claves API de proveedores como OpenAI, Anthropic, Grok o Mistral, que se han convertido en objetivo de campañas de recopilación masiva. El motivo es que estas credenciales permiten a los atacantes operar durante largos periodos haciéndose pasar por usuarios legítimos. Además, el estudio advierte que la inteligencia artificial está acelerando notablemente los ciberataques. Vulnerabilidades recién publicadas pueden convertirse en exploits plenamente funcionales en cuestión de horas, un proceso que hasta hace poco podía prolongarse durante semanas.

Llevo meses usando una freidora de aire de cristal: lo mejor no es cocinar, es todo lo que pasa después

Valoración:Las freidoras de aire han pasado de ser un capricho de cocina a convertirse en uno de esos aparatos que mucha gente tiene ya en casa. No han sustituido a la sartén, ni al horno, ni a la olla de toda la vida, pero sí se han colado en nuestras rutinas. Según el Informe de Consumo Alimentario en España 2024, representan el 4 % de las preparaciones de alimentos en el hogar. No es una cifra enorme, pero sí suficiente para confirmar algo que se ve en cualquier conversación de oficina, grupo de WhatsApp o vídeo de recetas: la air fryer ha encontrado su sitio.Yo he sido bastante escéptica con este tipo de electrodomésticos. No porque no les vea utilidad, sino porque la cocina no es infinita. Y porque hay algo que todos sabemos: si un pequeño electrodoméstico (o cualquier dispositivo en general) acaba dentro de un armario, lo más probable es que lo uses dos veces y desaparezca de tu vida. Da igual que prometa cocinar más sano, más rápido o más limpio. Si da pereza sacarlo, montarlo y limpiarlo, está perdido.Con la Ninja CRISPi me ha pasado algo distinto. Llevo meses usando el modelo original, la freidora de aire de cristal que Ninja lanzó en España en 2025, y creo que su mayor virtud no está exactamente en cómo fríe con aire, sino en cómo resuelve algunas pequeñas molestias del día a día. No todas, desde luego. Pero sí unas cuantas.La CRISPi original llegó con una idea bastante llamativa: cambiar el cajón opaco típico de muchas freidoras de aire por recipientes de cristal. No es la única marca que lo propone, pero sí ha sido de las primeras en introducir el concepto en España. Incluye uno pequeño de 1,4 litros y otro más grande de 3,8 litros, y funciona con un módulo superior, el PowerPod, que se coloca encima del recipiente para cocinar con aire caliente.La primera ventaja es obvia: ves la comida mientras se hace. Puede parecer una tontería, pero no lo es tanto. En una freidora de aire convencional metes el cajón y cocinas un poco a ciegas. Aquí ves si las patatas se están dorando, si el pollo necesita unos minutos más o si aquello que has metido medio improvisado va por buen camino.Tiene algo de mirar el horno que conecta con ‘lo de antes’ y, sobre todo, hace que cocinar sea un poco más intuitivo. No tienes que abrir tantas veces para comprobar qué está pasando.Pero para mí lo más interesante no es eso. Lo más práctico de la CRISPi es que el recipiente deja de ser solo ‘la cubeta de la freidora’. Es un recipiente de cristal que puedes sacar, llevar a la mesa, dejar enfriar, tapar y guardar en la nevera. Sin cambiar la comida a otro táper. Sin manchar más de la cuenta. Sin ese trasvase absurdo que siempre parece poca cosa, pero que en el día a día acaba importando.Y ahí es donde creo que Ninja acierta al resolver un problema muy concreto: cocinar algo rápido y que todo lo que viene después dé menos pereza.La americanización de la cocina también va de estoHay un contexto más amplio que me interesa mucho. En España seguimos teniendo una cultura muy de fuego, sartén, olla, horno y comida hecha con paciencia. La cocina tradicional no desaparece porque llegue una freidora de aire.Pero al mismo tiempo nuestras cocinas se están pareciendo cada vez más a las de los catálogos estadounidenses. Open concept, islas, electrodomésticos a la vista, cafeteras enormes, robots, tostadoras con mil funciones y aparatos que prometen solucionarte una parte concreta de la rutina. Queremos cocinas grandes, bonitas y despejadas, pero las llenamos de máquinas.Y ahí está la contradicción. Una freidora de aire puede ser comodísima, pero ocupa. Si es pequeña, se queda corta para una familia. Si es grande, te conquista media encimera. Y si la guardas, probablemente no la uses.Por eso me parece interesante la CRISPi original. No porque sea revolucionaria, que es una palabra que se usa demasiado alegremente y, muchas veces, completamente vacía, sino porque intenta ser menos aparatosa dentro de una categoría que suele pecar justo de eso. Se desmonta fácil, se limpia sin drama y los recipientes tienen vida más allá del aparato. Eso ayuda mucho a que no parezca otro trasto más.Lo que me ha gustado después de meses de usoMe gusta ver la comida mientras se cocina. Me gusta más de lo que pensaba. No cambia el sabor, claro, pero sí cambia la sensación de control. Ves el proceso y eso, en una freidora de aire, tiene bastante sentido.Me gusta también que los recipientes sean de cristal. No solo por una cuestión estética o de materiales, sino porque se integran mejor en la cocina real. No es lo mismo sacar una cubeta negra de freidora que sacar un recipiente que puedes tapar y guardar.Y me gusta especialmentesu sistema de tapas. Es una de esas ideas simples que funcionan. Cocinas unas verduras, unas patatas, un poco de pollo… dejas que se temple y a la nevera. Para sobras, raciones pequeñas o comidas de diario, es muy cómodo.También tiene un punto portátil, aunque conviene no exagerarlo. No es un aparato para meter en una mochila, pero sí es el típico electrodoméstico que puedes llevarte al pueblo o a una segunda residencia si vas a pasar unos días. Ocupa menos que muchas freidoras de aire grandes y eso juega a su favor.Sus limitaciones son bastante clarasLa CRISPi original no es perfecta. La primera limitación está en el control. Es un aparato sencillo, quizá demasiado sencillo si eres de los que quieren ajustar la temperatura con precisión. Tiene cuatro modos, pero no está pensada para cocinar jugando con cada grado. Para mucha gente eso será una ventaja, porque simplifica. Para otros, puede quedarse corta.La segunda limitación es la capacidad. El recipiente grande de 3,8 litros sirve para muchas cosas, pero no convierte a la CRISPi en una freidora familiar. Para una persona, una pareja, guarniciones, sobras o cenas rápidas, la veo muy bien. Para cocinar cantidades grandes de verdad, no tanto. Ahí el horno sigue teniendo todo el sentido del mundo.Para resolver estas limitaciones Ninja acaba de lanzar en España la CRISPi PRO, una versión más grande y más completa de esta misma idea. No creo que haya que leerla como una revolución dentro de la gama, sino como una evolución bastante lógica.La nueva versión aumenta la capacidad con un recipiente grande de 5,7 litros y otro de 2,3 litros, añade siete funciones y permite controlar manualmente la temperatura, con un máximo de 240 ºC. También sube de precio: pasa de los 179,99 euros comunicados para la CRISPi original a 249,99 euros.Es decir, Ninja ha hecho justo lo esperable: mantener la idea del cristal y corregir las dos pegas más evidentes del primer modelo, que eran la capacidad y la falta de control más preciso. Tiene sentido, sobre todo, para familias o para quien ya usa mucho la freidora de aire y se quedaba corto.Pero eso no convierte automáticamente a la CRISPi original en una mala opción. Al contrario, la define mejor. La original tiene sentido si quieres algo más compacto, más manejable y pensado para un uso diario sin demasiadas pretensiones. La PRO tiene sentido si necesitas más litros y más margen de cocinado. No todo el mundo necesita ese salto.Veredicto: no sustituye a todo, pero sí resuelve algo concretoDespués de meses usándola, creo que la Ninja CRISPi original funciona porque no promete más de lo que debería. No sustituye al horno, no elimina la cocina tradicional y no convierte cualquier receta en algo saludable por arte de magia. Pero sí hace más fácil una parte bastante concreta de la rutina: cocinar rápido, ver lo que pasa, ensuciar menos y guardar sin cambiar de recipiente.Su mejor virtud no está solo en freír con aire. Está en todo lo que pasa alrededor. En que no da tanta pereza. En que el recipiente sirve para algo más. En que puedes usarla para una cena rápida y no sentir que has puesto en marcha media cocina.Tiene límites, claro. No es muy grande, no es muy configurable y no es especialmente bonita. Pero se entiende. Y eso, en un electrodoméstico que compite por un hueco en la encimera, ya es bastante. Valoración Nota 8Lo mejorVer la comida mientras se cocina da una sensación de control que se agradece en el día a día.El recipiente de cristal no es solo una cubeta: puedes cocinar, servir, tapar y guardar las sobras en la nevera sin cambiar de táper.Es cómoda de usar, se desmonta fácilmente y no da tanta pereza limpiarla como otras freidoras de aire más aparatosas.Lo peorLa capacidad del modelo original se queda algo corta si quieres cocinar para varias personas o preparar mucha cantidad de una vez.No permite ajustar la temperatura con tanta precisión como otros modelos, así que puede resultar limitada para quien quiera más control.

¿Ves un punto verde en la pantalla de tu móvil Android? Este es su verdadero significado y función

A la hora de utilizar un smartphone, dependiendo de si tienes un móvil Android o un iPhone, seguro que has observado que existe un punto verde o naranja que aparece de vez en cuando en la parte superior de la pantalla. En caso de Android, ese punto verde asoma en una esquina de la pantalla y a veces desaparece al momento y vuelve al usar otra aplicación.Algunas personas creen que indica una notificación, aviso de batería e incluso un fallo del teléfono, pero no tiene nada que ver. En realidad, tiene una función muy importante, ya que protege tu privacidad mientras utilizas el móvil.Qué significa el punto verde que aparece en la pantalla del móvil AndroidA partir de la llegada de Android 12, todos los teléfonos con el sistema operativo de Google incluyen una serie de avisos de privacidad. Estos informan al usuario cuando una app está utilizando permisos sensibles del dispositivo, como la cámara, el micrófono o la ubicación. El punto verde tiene la misión de hacer saber al usuario que una aplicación está grabando video, audio o accediendo a la localización del móvil.Lo normal es que aparezca a la hora de hacer una foto, grabar un audio, tener una videollamada o utilizar aplicaciones como Google Maps. En esos casos no hay de qué preocuparse, pues el móvil solo está avisando de que esos permisos están activados. El único motivo para preocuparse sería que ese punto verde aparezca sin que se esté usando nada de lo anterior.En ese caso, podría indicar que existe una app funcionando en segundo plano y accediendo a estos permisos sin que el usuario se dé cuenta. De hecho, este fue uno de los motivos para incorporar el punto verde, para que el usuario sepa en todo momento lo que está activo.Para saber qué aplicaciones tienen acceso a la cámara y al micrófono del móvil Android, solo hay que deslizar la barra de notificaciones y pulsar en el punto verde. Ahí se puede apreciar la lista de todas las apps que tienen acceso y otorgar o quitar permisos desde el Panel de Privacidad de Android.

El router WiFi de tu casa podría estar espiándote sin que lo sepas a través de esta función oculta

El router WiFi ocupa un pequeño espacio en el salón de muchos hogares para que la señal llegue al mayor número de dispositivos posibles, sin embargo, lo que muchos usuarios desconocen es que este aparato esconde funciones que pueden comprometer la privacidad doméstica para robar información personal o bancaria.Por si fuera poco este problema de seguridad, una investigación reciente del Instituto de Tecnología de Karlsruhe ha demostrado que ciertas características presentes en routers modernos, como la información beamforming (BFI, por su abreviatura), pueden ser aprovechadas para identificar a personas con un gran nivel de precisión, incluso sin llevar sin dispositivos conectados. Concretamente, los investigadores explican que esta vulnerabilidad mencionada abre la puerta a nuevas formas de rastreo y espionaje, convirtiendo una red doméstica aparentemente inocente en una posible fuente de exposición ante ciberdelincuentes.Según el Instituto de Tecnología de Karlsruhe, en la práctica, un atacante no necesitaría instalar dispositivos adicionales ni acceder físicamente a la vivienda para obtener información relacionada con la presencia, movimientos o identidad de sus ocupantes.¿Por qué el beamforming es una amenaza para nuestra privacidad?Los investigadores han descubierto que los routers domésticos pueden espiar movimientos cotidianos mediante algoritmos de inteligencia artificial, sin necesidad de instalar ningún software malicioso. Pero, ¿qué tiene que ver el beamforming con esta situación?Muchas personas desconocen que el beamforming es una función integrada en los estándares del WiFi desde la llegada del WiFi 5, que está diseñada para dirigir las ondas inalámbricas y optimizar la cobertura. Sin embargo, el problema es que estos datos se transmiten por el aire sin cifrado, lo que abre la puerta a que un ciberdelincuente los interprete y analice para elaborar perfiles de los usuarios.En las pruebas realizadas con 197 participantes, el sistema fue capaz de identificar a personas concretas en apenas unos segundos al analizar cómo su cuerpo modifica la señal inalámbrica. Pero, ¿cómo fue posible? La ausencia de sensores visibles convierte al beamforming en un desafío silencioso para la privacidad doméstica, ya que el seguimiento puede producirse dentro del propio hogar sin que los usuarios perciban ninguna señal de alerta.Por lo tanto, ante dicho escenario, reforzar la configuración del router, actualizar el firmware, desactivar las funciones innecesarias cuando sea posible y revisar periódicamente los parámetros de seguridad de la red se convierten en medidas necesarias para dificultar posibles accesos no autorizados y reducir vulnerabilidades.

El inesperado efecto del auge de la IA en el mercado laboral: este es el perfil más buscado

El posible reemplazo de ciertos puestos de trabajo por la inteligencia artificial es un tema de conversación que, en cierta manera, ya no asusta tanto a la ciudadanía. Desde el lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022, no han parado de sonar las alarmas sobre los posibles perfiles que serán sustituidos por la IA, siendo los analistas, escritores, contadores e ingenieros de blockchain los perfiles que más papeletas tienden a sufrir este trágico final. No obstante, todavía hay quienes tienen la esperanza de que las personas no perderán sus empleos por culpa de la IA, sino por aquellos compañeros de trabajo que sepan usar dicha tecnología de forma efectiva.Sea como fuere, es cierto que la IA avanza más rápido de lo que muchas personas sienten que pueden adaptarse, debido a que los últimos modelos de IA son más intuitivos e inteligentes porque comprenden de forma rápida las intenciones del usuario para hacer «gran parte del trabajo» por sí mismos. Sin embargo, es importante mencionar que esta evolución tecnológica no solo está alimentando el temor a la desaparición de determinados empleos, sino que también está impulsando la demanda de otros perfiles profesionales.En la otra cara de la moneda, uno de los ejemplos más evidentes es el perfil del experto en ciberseguridad, cuya relevancia no ha disminuido con la llegada de la IA. A medida que las herramientas de inteligencia artificial se vuelven más sofisticadas, también lo hacen las amenazas digitales y las posibilidades de explotación de vulnerabilidades, por lo tanto, esta situación ha llevado a empresas y organizaciones a reforzar sus sistemas de protección y a buscar profesionales capaces de comprender y supervisar sin comprometer la seguridad.En otras palabras, la IA no está eliminando la necesidad de expertos en ciberseguridad, sino elevando aún más su valor en el mercado laboral, pese a que existan modelos —como GPT-5.4-Cyber de OpenAI y Claude Mythos de Anthropic— para detectar y explorar vulnerabilidades de software.¿Qué perfiles demandan las empresas tecnológicas?El periódico The New York Times revela que las ofertas en el sector de la ciberseguridad han crecido un 11% interanual en el primer trimestre de este año, teniendo en cuenta que las compañías están buscando responsables con experiencia en brechas de seguridad, protección de datos y revisión de código para proteger la información y, sobre todo, entender cómo la inteligencia artificial puede poner en riesgo a las empresas.Acorde a los últimos informes publicados por la compañía de ciberseguridad CrowdStrike y Check Point Software, los actores maliciosos se están aprovechando del auge de la IA para analizar sistemas en busca de puntos débiles, desarrollar malware, robar contraseñas o evitar controles de seguridad sin ser detectados. Por lo tanto, como respuesta, las empresas demandan a profesionales capaces de integrar medidas de protección en sistemas tecnológicos complejos donde la IA ya desempeña un papel clave.Así está la situación en EspañaEl Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE, por sus siglas) revela en ‘Estudio sobre la industria de la ciberseguridad en España 2025’ que, en España, «la ciberseguridad se consolida como uno de los grandes motores del sector tecnológico».El estudio revela que la industria genera cerca de 165.000 puestos de trabajo y prevé crecer a un ritmo anual del 14,25% hasta 2029, superando los 280.000 empleados llegado el año mencionado. Según el INCIBE, «la ciberseguridad no solo gana importancia por la necesidad de proteger entornos digitales, sino también por su capacidad de crear actividad económica y empleo cuantificado».En este sentido, José L. Pancorbo, presidente de la Confederación Española de Empresas de Tecnología de la Información, Comunicaciones y Electrónica, afirma en el estudio que «las empresas de ciberseguridad actúan como proveedores especializados y socios estratégicos para organizaciones que deben adaptarse, de forma ineludible, a amenazas crecientes y cada vez más sofisticadas. El tejido empresarial de ciberseguridad existente en España permite afirmar que nuestro país dispone de las capacidades necesarias para afrontar, con garantías, el reto de la soberanía en ciberseguridad».

Nueva tensión entre Elon Musk y el Pentágono: los drones kamikazes LUCAS han usado Starlink de forma improcedente

La relación entre Elon Musk y el Gobierno de Estados Unidos atraviesa un nuevo episodio de tensión tras una disputa por el uso de la red satelital Starlink en drones militares empleados durante la guerra con Irán.Acorde a la información compartida por la agencia Reuters, el origen del conflicto está en los drones LUCAS, unos dispositivos kamikazes de bajo coste que son comparables a los modelos Shahed utilizados por Irán. Estos sistemas, capaces de permanecer sobre un objetivo y lanzarse contra él al recibir una orden, operaban con la conectividad proporcionada por Starlink. No obstante, según Reuters, SpaceX ha considerado que el Pentágono estaba pagando una tarifa demasiado baja para el nivel de servicio realmente utilizado.La empresa de Musk ha argumentado que los drones no empleaban un plan estándar, sino un servicio de mayor capacidad y prestaciones, similar al destinado a aeronaves, cuyo precio rondaría los 25.000 dólares por terminal. Hasta entonces, el Pentágono abonaba alrededor de 5.000 dólares, por lo que SpaceX ha planteado multiplicar por cinco el coste del acceso satelital.Como consecuencia, desde el Departamento de Defensa han surgido objeciones inmediatas. Funcionarios estadounidenses defienden que esos planes premium están pensados para aviones y plataformas permanentes, no para drones concebidos para destruirse durante una misión. Aun así, según la investigación de Reuters, Washington ha terminado aceptando el incremento de la tarifa, lo que ha elevado significativamente el coste operativo de estos sistemas de ataque.Los drones kamikazes habrían usado Starlink en vez de StarshieldEsta también ha puesto de relieve una diferencia importante dentro del ecosistema de SpaceX: qué es Starlink y Starshield. Mientras Starlink nació como una red satelital para ofrecer conexión de banda ancha de alta velocidad y baja latencia a cualquier rincón del planeta, Starshield fue creada específicamente para clientes gubernamentales y aplicaciones militares, con mayores niveles de seguridad y capacidades adaptadas a la defensa.En una publicación de la red social X, Elon Musk ha cuestionado algunos detalles de esta polémica, e incluso ha reconocido el núcleo del problema al señalar que el fabricante de los drones habría utilizado inapropiadamente Starlink para fines militares, incumpliendo las condiciones de servicio establecidas por la compañía.No obstante, pese a las tensiones, la relación entre ambas organizaciones continúa siendo estratégica. El Pentágono sigue estudiando ampliar su adquisición de terminales y reforzar el uso de soluciones basadas en Starshield, mientras SpaceX mantiene un papel cada vez más relevante en las comunicaciones y operaciones militares de Estados Unidos.El Pentágono rebaja la tensiónPor su parte, el Pentágono ha tratado de contener la polémica y reducir la atención generada en torno al asunto. Sean Parnell, portavoz principal del organismo, ha defendido en la red social X que la relación con SpaceX mantiene intacta su relevancia estratégica, incluso ha destacado la existencia de una colaboración «estrecha y eficaz» entre ambos equipos.Asimismo, tanto Washington como SpaceX han intentado rebajar la tensión después de conocerse el nuevo acuerdo económico para emplear Starshield en los drones kamikaze LUCAS. No obstante, pese al evidente malestar provocado por la situación, ninguna de las dos partes ha desmentido el fondo de la información, lo que mantiene abierto el debate sobre las condiciones y el alcance de esta cooperación tecnológica y militar.

En España hemos inventado montones de cosas: esta la usas a diario y lleva mucha más tecnología de lo que crees

La imagen no podría ser más típica de una familia española: alguien está entre fogones, cocinando una comida abundante para llenar una mesa repleta de comensales. Y todo gira en torno a los platos, a la conversación y a esa buena sobremesa que tanto nos gusta en España.Puede que la foto sea distinta en algunas casas y, en lugar de ser muchos, son solo dos. A veces no es una comilona solemne y pensada, sino una cena rápida o una receta improvisada entre semana. Pero, incluso ahora que la cocina compite con prisas, delivery y pequeños electrodomésticos para casi todo, las cosas siguen pasando delante de un plato. Y esto, en un mundo cada vez más globalizado en el que se van perdiendo cultura y tradiciones, tiene cierto valor.Tiene aún más valor si pensamos en que parte de la historia para que esta imagen sea posible también se escribe desde nuestro país, concretamente desde Zaragoza. Durante décadas, la cocina fue sinónimo de llama, de gas, de mandos de ruleta y de superficies que había que tocar con cuidado. Pero entonces apareció una tecnología que al principio sonaba casi a truco: cocinar sin fuego y sin quemarte. Hace ahora 35 años, se crearon en la capital aragonesa las primeras placas de inducción.“Todo este camino lo hemos recorrido de la mano de investigadores de la Universidad de Zaragoza”, destaca desde el primer momento José Juste Pallarés, director de operaciones y tecnología de BSH Electrodomésticos en España. Fue a finales de los años 70 cuando un joven ingeniero llamado Mariano Sanz propuso a la compañía –entonces Balay– investigar el uso de la inducción en la cocina, hasta ese momento una tecnología reservada solo para operaciones industriales. Su perseverancia culminó en la creación de la primera cocina de inducción del mundo basada en semiconductores de efecto de campo.En la planta que la compañía tiene en el barrio rural de Montañana, donde hoy se desarrollan y fabrican placas que se venden en todo el mundo, aún se conserva la memoria de aquellas primeras pruebas. La primera impresión es que no parecían placas de cocina, sino aparatos llegados del futuro, con mandos separados y una electrónica que no cabía bajo el cristal. Entonces se hacían unas 15 al día, actualmente se producen hasta 10.000 unidades en una sola jornada.Sin embargo, ese salto industrial no ha sido de la noche a la mañana. La inducción tenía que convencer a hogares acostumbrados a intuir la temperatura por la intensidad de una llama o a esperar a que la resistencia de la vitro se pusiera al rojo.Cada año, BSH fabrica en España en torno a tres millones de electrodomésticos de distintas categorías, desde placas de inducción destinadas al mercado global hasta hornos, lavadoras o placas de gas. En los hogares españoles hay más de 35 millones de electrodomésticos de BSH instalados y uno de cada tres aparatos que se venden en nuestro país pertenece a alguna de sus marcas: Bosch, Siemens, Balay o Gaggenau.Pero, más allá de la dimensión empresarial, hay un dato que explica mejor el peso de Zaragoza en esta historia: una de cada cuatro placas de cocina de inducción que se venden en el mundo se fabrica ahí. La planta de Montañana se ha convertido así en uno de esos lugares industriales que rara vez aparecen en la conversación cotidiana, aunque estén detrás de algo que usamos a diario. Con alrededor de 1.500 empleados, está especializada en la producción de hornos y placas de inducción y produce anualmente más de 2,2 millones de unidades. De sus líneas sale un producto terminado cada seis segundos.La previsión para este 2026 resume el volumen de ese trabajo: de los tres millones de electrodomésticos que BSH fabrica al año en España, se espera que más de dos millones salgan de Montañana (unos 600.000 hornos, 1,4 millones de placas de inducción y unas 250.000 placas con extractor integrado). Y no todo se queda cerca: aproximadamente el 80% de la producción se exporta a más de 60 países.La tecnología que no se ve bajo el cristalDesde quienes crecieron viendo fogones, botones de ruleta y vitrocerámicas que quemaban hasta quienes hoy cocinan sobre una placa negra, limpia, silenciosa y casi invisible, la relación con el calor ha cambiado más de lo que parece. A veces esa superficie ya ni siquiera reclama protagonismo: se integra en una isla, se combina con extractores ocultos o desaparece visualmente en cocinas abiertas que funcionan también como comedor y salón.Hubo un tiempo en que una placa que no calentaba como esperábamos parecía una rareza. Hoy casi nadie se detiene a pensar en la electrónica, los sensores y las decisiones industriales que hay debajo del cristal. Apoyamos una sartén, subimos la potencia con un dedo y damos por hecho que aquello funciona.La explicación, contada de forma sencilla, es esta: una placa de inducción no calienta como el gas ni como una vitrocerámica tradicional. No hay llama ni una resistencia que se ponga al rojo. Bajo el cristal hay unas bobinas que generan un campo magnético. Cuando encima se coloca una olla o una sartén compatible, ese campo hace que se caliente directamente el metal del recipiente. La placa actúa casi como intermediaria: crea las condiciones para que aparezca el calor, pero quien se calienta de verdad es la sartén.Por eso la inducción responde tan rápido. No tiene que calentar primero una superficie para que esa superficie caliente después el recipiente. También por eso, cuando se retira el recipiente, la cocción se detiene casi de inmediato.Esa diferencia parece sencilla vista desde fuera, pero por dentro exige ser bien pensada. “La potencia sin control…”, recuerda Juste, usando una frase que sirve muy bien para explicar el reto. Una cosa es conseguir que un aparato caliente y otra muy distinta que lo haga de forma útil, segura, estable y fácil de manejar. En aquellos primeros desarrollos no bastaba con generar un campo electromagnético: había que lograr que la placa arrancara bien, se detuviera cuando debía, reconociera el recipiente y permitiera cocinar sin que el usuario tuviera que entender lo que estaba ocurriendo debajo.De los cuatro ‘fuegos’ a la placa invisibleLas primeras placas necesitaban una electrónica separada, instalada bajo el zócalo, y mandos externos que obligaban a intervenir en el mueble de cocina. Era una tecnología todavía aparatosa, pensada casi para demostrar que aquello funcionaba. Con el tiempo, la electrónica se fue compactando, los mandos se integraron en la propia placa y el producto fue perdiendo rareza hasta convertirse en algo familiar.La evolución no ha sido solo estética. Por debajo del cristal se ha ido sofisticando la electrónica de potencia, encargada de generar los campos electromagnéticos; los sistemas de control, que regulan cómo y cuándo se entrega la energía; y la sensórica, que permite detectar si hay un recipiente, si se ha movido o si una zona debe activarse. Lo que para el usuario es «subir al nueve» o «bajar al tres», por dentro implica una conversación constante entre bobinas, sensores, software y electrónica.Al principio, las placas de inducción imitaban en cierto modo la lógica de los fuegos tradicionales. Había círculos marcados sobre el cristal y cada uno correspondía a un tamaño determinado. La transición tenía sentido: si el usuario venía del gas o de la vitrocerámica, necesitaba reconocer algo familiar. Pero, con el tiempo, la inducción empezó a aprovechar mejor sus propias posibilidades.Llegaron zonas capaces de adaptarse a recipientes de distintos diámetros, espacios pensados para paelleras o cazuelas grandes y configuraciones que permiten utilizar bandejas alargadas. En algunos modelos, la placa puede activar solo la parte necesaria según dónde se coloque el recipiente. En otros, la flexibilidad se lleva más lejos, con numerosos inductores bajo el cristal y pantallas que representan la posición de la olla o la sartén. Para quien cocina, el gesto sigue siendo sencillo. Para quien diseña y fabrica, el reto se multiplica: más conexiones, más electrónica y más decisiones invisibles para que todo parezca natural.Tampoco toda innovación tiene por qué ser útil solo por existir. Juste lo resume con una idea sencilla: la tecnología tiene sentido cuando responde a una necesidad real. Añadir sensores, pantallas o conectividad puede ser valioso si mejora la experiencia, ahorra energía, facilita el mantenimiento o evita errores. Si solo complica el uso, se convierte en ruido.Quizá por eso la historia de la inducción resulta más interesante cuando no se cuenta como una carrera hacia la placa más inteligente, sino como una sucesión de pequeñas desapariciones. Desapareció la llama. Desaparecieron los mandos externos. Desapareció parte del calor residual. Desaparecieron algunos círculos rígidos sobre el cristal. Y, en las cocinas más recientes, incluso desaparece la campana. Lo que queda es una superficie negra, silenciosa y aparentemente simple sobre la que seguimos haciendo algo tan antiguo como cocinar.