Vuelven los aguadores a La Habana - Colombia
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Vuelven los aguadores a La Habana

Para beber, cocinar o bañarse, cada vez más habaneros tienen que comprar el agua. En medio de una de las peores crisis de abastecimiento de las últimas décadas, un oficio que parecía cosa del pasado vuelve a convertirse en una forma de sobrevivir.No es … una actividad reconocida oficialmente, pero la crisis ha propiciado un nuevo mercado. Los aguadores recorren la ciudad en carretillas, bicicletas adaptadas o triciclos eléctricos, cargados con grandes tanques que después venden directamente a la población.

«Ayudo a quienes lo necesitan y ellos me ayudan a mí», afirma uno de los vendedores a ABC. El precio depende de la cantidad solicitada y de la distancia que deba recorrer. Algunos ofrecen incluso llevar el agua hasta el interior de las viviendas, llenar cisternas o subirla a los tanques elevados.

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Camila Acosta

«Antes lo hacíamos a cubos, pero ya logré comprarme un motor para impulsar el agua con una maguera y no pasamos tanto trabajo», explica otro aguador, quien lleva unos dos meses dedicado al negocio junto a su hijo
Los vendedores aseguran que suelen abastecerse en zonas donde todavía hay suministro o incluso en lugares donde una avería permite acceder temporalmente al agua.

El efecto de los apagones

En Cuba, agua y electricidad están cada vez más conectadas. Los prolongados apagones dificultan el funcionamiento de los sistemas de bombeo y, cuando finalmente llega el agua a algunas viviendas, quienes viven en edificios o zonas elevadas pueden no tener electricidad para llevarla hasta los depósitos.

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«Cuando hay agua, entonces no hay corriente, y viceversa. Conclusión: llevamos más de tres semanas sin agua», relata a ABC una residente en La Habana Vieja.
Para algunas familias, la situación afecta incluso la higiene básica. «Ni siquiera he podido lavar el uniforme de la escuela a mi hija; imagínate que hasta tenemos que hacer las necesidades en javas desechables para no ensuciar el baño. A veces nos bañamos las dos con medio cubo de agua que consigo pidiendo a los vecinos», relató Amalia, una madre soltera.

«No he podido lavar el uniforme de la escuela a mi hija, y a veces nos bañamos las dos con medio cubo de agua que consigo pidiendo a los vecinos»

Amelia
Residente en La Habana

Un tanque de 55 galones comprado a los aguadores puede costar alrededor de 2.500 pesos cubanos (alrededor de tres euros). La cantidad puede parecer pequeña, pero se convierte en un gasto considerable cuando una familia necesita decenas o cientos de litros para afrontar varios días sin suministro.
El salario medio mensual en Cuba es de 6.930 pesos, el equivalente a 8,7 euros, según datos de 2025 de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). Para quienes viven de un salario en pesos, comprar agua varias veces durante un mes puede convertirse en un gasto difícil de asumir.
«Entre mi salario y el de mi esposa no llegamos a 25.000 pesos mensuales (31 euros aproximadamente). Con eso tenemos que sobrevivir el mes entero, por lo que no nos alcanza para pagar a los aguadores», aseguró Julio desde una de las averías en La Habana Vieja, que se ha convertido en un punto de abastecimiento.

Un hombre llena varios bidones con agua.

(C. A.)

Por eso, cuando sale del trabajo, Julio se convierte él mismo en aguador improvisado. Camina tres calles hasta la fuente, llena sus recipientes y realiza hasta cinco viajes para llevar agua a su casa.
La escena se repite en otros puntos de la capital. Vecinos llegan con cubos, tanques y cualquier recipiente capaz de contener agua. Algunos la transportan a pie; otros utilizan carretillas, automóviles, triciclos o bicicletas.
Los adultos mayores enfrentan una dificultad adicional. Muchos viven solos después de años de emigración, que han dividido a numerosas familias cubanas. Para quienes dependen de una pensión –de unos cinco euros al mes-, pagar por agua puede ser especialmente difícil.

Un servicio «gratuito»

El Estado mantiene el servicio de distribución mediante pipas, pero los vecinos consultados aseguran que no siempre logra cubrir la demanda. En el mercado informal, conseguir una puede implicar desembolsos que llegan a decenas de miles de pesos.
«En mi barrio solo las mipymes pueden pagar las pipas de agua, y a veces nos dejan coger un poco para ayudarnos. Sé que en los edificios de varios apartamentos los vecinos a veces se unen para recolectar dinero y pagar una de estas pipas», explica otro de los entrevistados.
Así, una necesidad básica termina dependiendo cada vez más de la capacidad de pago de cada familia.
Las autoridades reconocen desde hace años las dificultades del sistema hidráulico, pero las interrupciones se han agravado en paralelo con el deterioro de la infraestructura y la crisis energética.
El mandatario Miguel Díaz-Canel aseguró que a finales de septiembre deberían comenzar a apreciarse resultados en «dos o tres» de los principales sistemas de abastecimiento de la capital. Asimismo, reconoció que los sistemas hidráulicos necesitan entre diez y doce horas de estabilidad eléctrica para funcionar adecuadamente, una condición difícil de garantizar en medio de los actuales apagones.
Mientras el discurso oficial vuelve a apelar a la resistencia y promete soluciones, los habaneros siguen buscando alternativas por su cuenta. Los aguadores son una de las expresiones más visibles de ese fenómeno.
En una ciudad acostumbrada a convivir con apagones, escasez de alimentos y cocinar con leña, el agua se ha convertido en otra necesidad básica que muchas familias deben procurarse por sus propios medios.

Publicado: septiembre 20, 2026, 6:46 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/vuelven-aguadores-habana-20260919011820-nt.html

Para beber, cocinar o bañarse, cada vez más habaneros tienen que comprar el agua. En medio de una de las peores crisis de abastecimiento de las últimas décadas, un oficio que parecía cosa del pasado vuelve a convertirse en una forma de sobrevivir.

No es una actividad reconocida oficialmente, pero la crisis ha propiciado un nuevo mercado. Los aguadores recorren la ciudad en carretillas, bicicletas adaptadas o triciclos eléctricos, cargados con grandes tanques que después venden directamente a la población.

«Ayudo a quienes lo necesitan y ellos me ayudan a mí», afirma uno de los vendedores a ABC. El precio depende de la cantidad solicitada y de la distancia que deba recorrer. Algunos ofrecen incluso llevar el agua hasta el interior de las viviendas, llenar cisternas o subirla a los tanques elevados.

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  • Camila Acosta

«Antes lo hacíamos a cubos, pero ya logré comprarme un motor para impulsar el agua con una maguera y no pasamos tanto trabajo», explica otro aguador, quien lleva unos dos meses dedicado al negocio junto a su hijo

Los vendedores aseguran que suelen abastecerse en zonas donde todavía hay suministro o incluso en lugares donde una avería permite acceder temporalmente al agua.

El efecto de los apagones

En Cuba, agua y electricidad están cada vez más conectadas. Los prolongados apagones dificultan el funcionamiento de los sistemas de bombeo y, cuando finalmente llega el agua a algunas viviendas, quienes viven en edificios o zonas elevadas pueden no tener electricidad para llevarla hasta los depósitos.

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«Cuando hay agua, entonces no hay corriente, y viceversa. Conclusión: llevamos más de tres semanas sin agua», relata a ABC una residente en La Habana Vieja.

Para algunas familias, la situación afecta incluso la higiene básica. «Ni siquiera he podido lavar el uniforme de la escuela a mi hija; imagínate que hasta tenemos que hacer las necesidades en javas desechables para no ensuciar el baño. A veces nos bañamos las dos con medio cubo de agua que consigo pidiendo a los vecinos», relató Amalia, una madre soltera.

«No he podido lavar el uniforme de la escuela a mi hija, y a veces nos bañamos las dos con medio cubo de agua que consigo pidiendo a los vecinos»

Amelia

Residente en La Habana

Un tanque de 55 galones comprado a los aguadores puede costar alrededor de 2.500 pesos cubanos (alrededor de tres euros). La cantidad puede parecer pequeña, pero se convierte en un gasto considerable cuando una familia necesita decenas o cientos de litros para afrontar varios días sin suministro.

El salario medio mensual en Cuba es de 6.930 pesos, el equivalente a 8,7 euros, según datos de 2025 de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). Para quienes viven de un salario en pesos, comprar agua varias veces durante un mes puede convertirse en un gasto difícil de asumir.

«Entre mi salario y el de mi esposa no llegamos a 25.000 pesos mensuales (31 euros aproximadamente). Con eso tenemos que sobrevivir el mes entero, por lo que no nos alcanza para pagar a los aguadores», aseguró Julio desde una de las averías en La Habana Vieja, que se ha convertido en un punto de abastecimiento.


Un hombre llena varios bidones con agua.


(C. A.)

Por eso, cuando sale del trabajo, Julio se convierte él mismo en aguador improvisado. Camina tres calles hasta la fuente, llena sus recipientes y realiza hasta cinco viajes para llevar agua a su casa.

La escena se repite en otros puntos de la capital. Vecinos llegan con cubos, tanques y cualquier recipiente capaz de contener agua. Algunos la transportan a pie; otros utilizan carretillas, automóviles, triciclos o bicicletas.

Los adultos mayores enfrentan una dificultad adicional. Muchos viven solos después de años de emigración, que han dividido a numerosas familias cubanas. Para quienes dependen de una pensión –de unos cinco euros al mes-, pagar por agua puede ser especialmente difícil.

Un servicio «gratuito»

El Estado mantiene el servicio de distribución mediante pipas, pero los vecinos consultados aseguran que no siempre logra cubrir la demanda. En el mercado informal, conseguir una puede implicar desembolsos que llegan a decenas de miles de pesos.

«En mi barrio solo las mipymes pueden pagar las pipas de agua, y a veces nos dejan coger un poco para ayudarnos. Sé que en los edificios de varios apartamentos los vecinos a veces se unen para recolectar dinero y pagar una de estas pipas», explica otro de los entrevistados.

Así, una necesidad básica termina dependiendo cada vez más de la capacidad de pago de cada familia.

Las autoridades reconocen desde hace años las dificultades del sistema hidráulico, pero las interrupciones se han agravado en paralelo con el deterioro de la infraestructura y la crisis energética.

El mandatario Miguel Díaz-Canel aseguró que a finales de septiembre deberían comenzar a apreciarse resultados en «dos o tres» de los principales sistemas de abastecimiento de la capital. Asimismo, reconoció que los sistemas hidráulicos necesitan entre diez y doce horas de estabilidad eléctrica para funcionar adecuadamente, una condición difícil de garantizar en medio de los actuales apagones.

Mientras el discurso oficial vuelve a apelar a la resistencia y promete soluciones, los habaneros siguen buscando alternativas por su cuenta. Los aguadores son una de las expresiones más visibles de ese fenómeno.

En una ciudad acostumbrada a convivir con apagones, escasez de alimentos y cocinar con leña, el agua se ha convertido en otra necesidad básica que muchas familias deben procurarse por sus propios medios.

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