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Dos superpotencias, dos direcciones: China acelera hacia la electrificación mientras EEUU 'se aferra' al petróleo

China y Estados Unidos. El yin y el yang. Dos potencias que luchan por entenderse mientras compiten por dominar la geopolítica mundial y cuyos intereses han chocado notablemente por aspectos como el militar o nuclear. Sin embargo, han tomado direcciones muy diferentes en el ámbito de la industria del automóvil. Mientras China apuesta claramente por una electrificación de los vehículos y se mantiene como el máximo exponente del globo, EEUU reniega de las cero emisiones y sigue aferrándose al petróleo.El gigante asiático tomó a principios de siglo la decisión de encaminarse hacia la energía eléctrica como su fuente principal. Y lo está cumpliendo, pues la electricidad ya ha superado al petróleo y carbón como la principal energía consumida en el país, una diferencia que seguirá acrecentándose para 2050, de acuerdo con el New Energy Outlook elaborado por analistas de BloombergNEF. Una tendencia que se aprecia si se tiene en cuenta que, de los 35 millones de vehículos vendidos en 2025, veintisiete correspondían con fabricantes nacionales. Tal es la situación que algunos fabricantes han decidido también exportar a Europa sus vehículos electrificados. Y por el momento no les está yendo nada mal, pues las calles del viejo continente cuentan cada vez con más unidades de marcas como MG, Ebro, Omoda & Jaecoo, o BYD, que acaparan cada vez más cuota de mercado. Una estrategia que no se queda ahí, sino que en muchos casos ha dado ‘un paso’ más, tal y como ha ocurrido con Leapmotor o Ebro, que ya fabrican en España. EEUU, más expuesto al precio del crudoA pesar del gran desarrollo de los electrificados en el viejo continente, el ritmo es bien diferente al de China. Para los asiáticos, este 2026 podría darse un punto de inflexión en China: la venta de eléctricos podría igualar a la de combustión. Pero, ¿qué ocurre con Estados Unidos? Los analistas señalan que el petróleo seguirá siendo la estrella en un país en el que su presidente, Donald Trump, ha eliminado recientemente los incentivos para este tipo de motores, a la par que ha fomentado la continuidad del diésel y la gasolina. Una decisión que tiene una consecuencia clara: el avance a la electrificación del país americano será mucho más lento, donde los vehículos a pila crecerán a un ritmo mucho más lento. Decisiones dispares, caminos diferentes, y que, a su vez, pueden tener algunas consecuencias (para bien o para mal). Ante una situación geopolítica supeditada a lo que ocurra en Oriente Próximo y a un precio del crudo que puede variar de la noche a la mañana, Estados Unidos seguirá estando más expuesto que la República Popular a posibles interrupciones del suministro. Mientras tanto, el país asiático reduce notablemente su dependencia del oro líquido.En su estrategia y empeño por convertirse en el máximo exponente del vehículo eléctrico, China también ha apuntado a lo más alto en cuanto a baterías para surtir a estos vehículos. Compañías como BYD se han convertido en una de las líderes, al igual que lo ha hecho CATL (con fábrica en Figueruelas, junto a Stellantis), pero parece que no han tocado techo, según apuntan los analistas. De acuerdo con el estudio de costes de sistemas de almacenamiento de energía, todo apunta a que gigantes como estos van a reducir sus costes, por lo que podría seguir prolongando su liderazgo internacional hasta 2040.¿Cómo han llegado a este punto?Una de las claves que han llevado al país asiático a dominar el mundo del vehículo eléctrico se remonta al inicio de siglo. Fue en 2001 cuando incluyeron como prioridad nacional las tecnologías destinadas al vehículo eléctrico en su décimo plan quinquenal. Una estrategia con la que buscaban hacer frente al dominio con puño de hierro de la industria europea y los motores de combustión. A partir de aquel momento se produjo el clic’. Un cambio de mentalidad respaldado por el Gobierno, que introdujo beneficios y exenciones fiscales para la compra de vehículos eléctricos en 2014. Desde entonces hasta 2022 la Administración había invertido unos 30.000 millones de euros, mientras que a finales de 2023 el Ministerio de Finanzas anunció una concesión de un nuevo paquete de 66.300 euros durante cuatro años para la compra de electrificados y vehículos de hidrógeno. Inversiones que no solo han servido para adquirir este tipo de vehículos, sino para crear un gran ecosistema con una infraestructura difícil de igualar, donde la fabricación de baterías se ha convertido en un gran pilar. Un hecho que EEUU y Europa no podrán igualar durante décadas, tal y como apunta la misma fuente. Mientras que para la República Popular la electrificación ha sido una cuestión de Estado, para el país americano parece no haber tenido apenas relevancia, al menos en la última legislatura. Porque todo ha ido variando según el ciclo político. Con el mandato del demócrata Joe Biden se impulsó el eléctrico con ayudas fiscales a la compra, subvenciones para la fabricación de baterías o con normas de emisiones mucho más estrictas. Incluso el expresidente llegó a fijar en un 50% el objetivo de electrificación de cara a 2030, por lo que convirtió el asunto en una prioridad nacional. La vuelta de Donald Trump a inicios de 2025, sin embargo, hizo que todo el avance quedara en agua de borrajas. De hecho, a finales del pasado año aprobó una orden ejecutiva para favorecer a los coches de combustión. Un precepto que suponía relajar los estándares de emisiones con la justificación de que esta medida favorecería que las familias pudieran comprar coches más baratos. En definitiva, un paso más hacia una política en la que ha defendido la libertad de elección del consumidor y el aprovechamiento de la abundancia del petróleo en el país. 

Publicado: junio 14, 2026, 6:00 am

La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/superpotencias-china-electrificacion-eeuu-aferra-petroleo_6981156_0.html

China y Estados Unidos. El yin y el yang. Dos potencias que luchan por entenderse mientras compiten por dominar la geopolítica mundial y cuyos intereses han chocado notablemente por aspectos como el militar o nuclear. Sin embargo, han tomado direcciones muy diferentes en el ámbito de la industria del automóvil. Mientras China apuesta claramente por una electrificación de los vehículos y se mantiene como el máximo exponente del globo, EEUU reniega de las cero emisiones y sigue aferrándose al petróleo.

El gigante asiático tomó a principios de siglo la decisión de encaminarse hacia la energía eléctrica como su fuente principal. Y lo está cumpliendo, pues la electricidad ya ha superado al petróleo y carbón como la principal energía consumida en el país, una diferencia que seguirá acrecentándose para 2050, de acuerdo con el New Energy Outlook elaborado por analistas de BloombergNEF. Una tendencia que se aprecia si se tiene en cuenta que, de los 35 millones de vehículos vendidos en 2025, veintisiete correspondían con fabricantes nacionales. 

Tal es la situación que algunos fabricantes han decidido también exportar a Europa sus vehículos electrificados. Y por el momento no les está yendo nada mal, pues las calles del viejo continente cuentan cada vez con más unidades de marcas como MG, Ebro, Omoda & Jaecoo, o BYD, que acaparan cada vez más cuota de mercado. Una estrategia que no se queda ahí, sino que en muchos casos ha dado ‘un paso’ más, tal y como ha ocurrido con Leapmotor o Ebro, que ya fabrican en España. 

EEUU, más expuesto al precio del crudo

A pesar del gran desarrollo de los electrificados en el viejo continente, el ritmo es bien diferente al de China. Para los asiáticos, este 2026 podría darse un punto de inflexión en China: la venta de eléctricos podría igualar a la de combustión. Pero, ¿qué ocurre con Estados Unidos? Los analistas señalan que el petróleo seguirá siendo la estrella en un país en el que su presidente, Donald Trump, ha eliminado recientemente los incentivos para este tipo de motores, a la par que ha fomentado la continuidad del diésel y la gasolina. 

Una decisión que tiene una consecuencia clara: el avance a la electrificación del país americano será mucho más lento, donde los vehículos a pila crecerán a un ritmo mucho más lento. Decisiones dispares, caminos diferentes, y que, a su vez, pueden tener algunas consecuencias (para bien o para mal). Ante una situación geopolítica supeditada a lo que ocurra en Oriente Próximo y a un precio del crudo que puede variar de la noche a la mañana, Estados Unidos seguirá estando más expuesto que la República Popular a posibles interrupciones del suministro. Mientras tanto, el país asiático reduce notablemente su dependencia del oro líquido.

En su estrategia y empeño por convertirse en el máximo exponente del vehículo eléctrico, China también ha apuntado a lo más alto en cuanto a baterías para surtir a estos vehículos. Compañías como BYD se han convertido en una de las líderes, al igual que lo ha hecho CATL (con fábrica en Figueruelas, junto a Stellantis), pero parece que no han tocado techo, según apuntan los analistas. De acuerdo con el estudio de costes de sistemas de almacenamiento de energía, todo apunta a que gigantes como estos van a reducir sus costes, por lo que podría seguir prolongando su liderazgo internacional hasta 2040.

¿Cómo han llegado a este punto?

Una de las claves que han llevado al país asiático a dominar el mundo del vehículo eléctrico se remonta al inicio de siglo. Fue en 2001 cuando incluyeron como prioridad nacional las tecnologías destinadas al vehículo eléctrico en su décimo plan quinquenal. Una estrategia con la que buscaban hacer frente al dominio con puño de hierro de la industria europea y los motores de combustión. A partir de aquel momento se produjo el clic’. Un cambio de mentalidad respaldado por el Gobierno, que introdujo beneficios y exenciones fiscales para la compra de vehículos eléctricos en 2014. 

Desde entonces hasta 2022 la Administración había invertido unos 30.000 millones de euros, mientras que a finales de 2023 el Ministerio de Finanzas anunció una concesión de un nuevo paquete de 66.300 euros durante cuatro años para la compra de electrificados y vehículos de hidrógeno. Inversiones que no solo han servido para adquirir este tipo de vehículos, sino para crear un gran ecosistema con una infraestructura difícil de igualar, donde la fabricación de baterías se ha convertido en un gran pilar. Un hecho que EEUU y Europa no podrán igualar durante décadas, tal y como apunta la misma fuente. 

Mientras que para la República Popular la electrificación ha sido una cuestión de Estado, para el país americano parece no haber tenido apenas relevancia, al menos en la última legislatura. Porque todo ha ido variando según el ciclo político. Con el mandato del demócrata Joe Biden se impulsó el eléctrico con ayudas fiscales a la compra, subvenciones para la fabricación de baterías o con normas de emisiones mucho más estrictas. Incluso el expresidente llegó a fijar en un 50% el objetivo de electrificación de cara a 2030, por lo que convirtió el asunto en una prioridad nacional. 

La vuelta de Donald Trump a inicios de 2025, sin embargo, hizo que todo el avance quedara en agua de borrajas. De hecho, a finales del pasado año aprobó una orden ejecutiva para favorecer a los coches de combustión. Un precepto que suponía relajar los estándares de emisiones con la justificación de que esta medida favorecería que las familias pudieran comprar coches más baratos. En definitiva, un paso más hacia una política en la que ha defendido la libertad de elección del consumidor y el aprovechamiento de la abundancia del petróleo en el país. 

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