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Probamos un aire acondicionado portátil en miniatura: ¿puede salvarte del calor del verano?

Llevamos décadas soñando con un escudo invisible que nos proteja de los rigores del verano o del gélido invierno. La ciencia ficción nos había prometido trajes termorreguladores maravillosos, pero la realidad, siempre un paso por detrás de la imaginación, nos había dejado tirados con el … tradicional abanico y la clásica botella de agua congelada. Sin embargo, parece que el futuro ha decidido llamar por fin a nuestra puerta, o más bien a nuestra nuca. Sony acaba de lanzar al mercado una nueva versión de su dispositivo térmico portátil, el Reon Pocket Pro Plus. Un aparato que promete ser capaz de convertirse en nuestro propio ecosistema climático personal en miniatura.
La serie tiene un origen, cuanto menos, curioso. Porque no nació como el típico producto estrella lanzado a bombo y platillo en una gran feria tecnológica internacional, sino que vio la luz allá por el año 2019 a través de una plataforma de micromecenazgo de la propia compañía en Japón. En sus inicios, era poco más que un audaz experimento diseñado en exclusiva para combatir los asfixiantes y húmedos veranos nipones. Los ingenieros buscaban una solución desesperada para los oficinistas que debían soportar el sofocante calor de Tokio enfundados en trajes y corbatas.

Aquella primera generación fue un éxito casi instantáneo, lo que demostró que había un mercado ávido de frescor portátil. Desde entonces, el dispositivo ha ido evolucionando de forma constante, puliendo sus lógicos defectos iniciales y perfeccionando su tecnología, hasta llegar a este nuevo modelo que aúna toda la experiencia adquirida durante un lustro.

MÁS INFORMACIÓN

A primera vista, parece un dispositivo médico del futuro, o puede que un ‘gadget’ sacado del atrezo de una película espacial. Está concebido para colocarse justo en la base del cuello, descansando sobre la parte superior de la espalda. Lejos de resultar aparatoso, la marca ha rediseñado por completo la forma en la que el aparato se adhiere a nuestra anatomía. Han bautizado este avance como un ‘diseño de sujeción adaptativa’, lo que en la práctica significa que han aumentado el grosor y el diámetro del tubo flexible mecánico que abraza nuestro cuello.
Con esa modificación han logrado incrementar la fuerza de agarre en un cuarenta por ciento en comparación con modelos anteriores. Los materiales de construcción se sienten ‘premium’, y resultan extremadamente suaves al tacto para evitar cualquier tipo de irritación en la piel con el roce, y se complementan a la perfección con un ingenioso mecanismo de salida de aire totalmente ajustable. El usuario puede modificar a su antojo la longitud y el ángulo de las rejillas de ventilación, un detalle clave que permite que el dispositivo pase lo suficientemente inadvertido bajo la ropa y disipe el calor sobrante sin importar qué tipo de cuello tenga la camisa o el vestido que llevamos puesto en ese momento.

Refrigeración en miniatura

Eso en cuanto al exterior, porque en las ‘tripas’ del dispositivo los ingenieros japoneses han logrado embutir una tecnología de refrigeración puntera en un chasis asombrosamente pequeño. Y, además, lo han hecho de forma que podemos entender su funcionamiento sin necesidad de ‘tragarnos’ un tedioso manual técnico lleno de aburridas listas de especificaciones. Todo fluye armónicamente gracias a un algoritmo de refrigeración recientemente optimizado que, combinado con un diseño térmico de alta eficiencia, consigue que este modelo sea hasta un veinte por ciento más potente y capaz que su hermano mayor.
Si activamos el modo ‘Smart Cool’, las entrañas del dispositivo trabajan a destajo para reducir la temperatura de la placa que toca nuestra piel en dos grados centígrados adicionales, convirtiéndose así en el sistema de enfriamiento más potente jamás fabricado en la historia de la serie. Para evitar que, por un exceso de potencia, acabemos convertidos en un bloque de hielo o suframos algún tipo de quemadura por frío, el aparato está plagado de finísimos sensores de altísima precisión que monitorizan la temperatura de nuestra piel en tiempo real, garantizando de esta forma una seguridad absoluta avalada por los estándares internacionales.

Un sensor externo

Este despliegue de miniaturización se complementa con un pequeño ‘escudero’ externo: el Reon Pocket Tag 2. Se trata de un diminuto sensor externo que viene incluido en el kit y que en esta generación ha adelgazado hasta ser un dieciocho por ciento más compacto. Este accesorio ha jubilado su viejo sistema de pinza trasera por un práctico agujero con mosquetón pensado para que lo colguemos de la cremallera de la mochila o de la trabilla del pantalón. Desde esa posición, el Tag medirá la humedad y la temperatura del entorno y le ‘chivará’ al dispositivo principal, por conexión inalámbrica, exactamente qué debe hacer y con qué intensidad debe trabajar para mantenernos frescos. O calientes, porque el nuevo Reon Pocket también sirve para calentarnos en invierno.
Sin embargo, la teoría (y los mensajes de márketing) son una cosa y la realidad otra muy distinta. Así que en ABC nos hemos lanzado a la calle con el dispositivo y hemos convivido con él durante un par de semanas para comprobar, en nuestras propias carnes, si de verdad es oro todo lo que reluce.

A la calle con él

La primera impresión, hay que admitirlo, te arranca una sonrisa nerviosa de pura sorpresa. Te pones el ligero collar, enciendes el aparato a través de su intuitiva aplicación móvil y, en cuestión de un par de segundos, te sientes exactamente igual que si alguien te hubiera colocado un cubito de hielo en plena columna vertebral. Es un frescor violento e instantáneo que alivia cuando estás caminando y el sol castiga sin piedad. Al andar por la ciudad a paso normal, la nueva sujeción adaptativa cumple lo que promete y el aparato apenas se mueve de su sitio.
No obstante, en honor a la verdad y al rigor, hay que dejar las cosas muy claras: el cacharro no hace magia. El frío es intenso y sumamente agradable, sí, pero está irremediablemente localizado en la pequeña zona del cuello y la espalda alta. Y el cerebro, que a veces es fácil de engañar, recibe una potente señal de que hace frío, lo que alivia enormemente la sensación de sofoco general.
Pero no nos engañemos, si estás a cuarenta grados al sol en pleno asfalto, tus brazos, tu frente y tus piernas van a seguir pasando calor e irremediablemente acabarás sudando. Además, hemos notado que la comodidad es total siempre y cuando mantengas una postura vertical, ya sea caminando o sentado recto frente al ordenador. Pero si decides tumbarte en el sofá o recostarte en la butaca a leer un buen libro con el dispositivo puesto, la dura placa central resulta bastante incómoda contra el respaldo y, casi con toda seguridad, te obligará a quitártelo.

Mejor en modo calor

Curiosamente, la mayor sorpresa de estas dos semanas de prueba intensiva no ha venido de la mano del modo de refrigeración, sino del modo de calor. En esas oficinas modernas donde el aire acondicionado está siempre a tope, activar el modo cálido del Reon proporciona un confort corporal absoluto en cuestión de segundos, lo que nos confirma que no es solo un capricho veraniego, sino un dispositivo verdaderamente útil para los gélidos días de invierno o los aires acondicionados traicioneros. Opinión que también comparten algunas de las personas (amigos y parientes) que, inevitablemente, han querido probar el dispositivo.
Pero si hay un aspecto que sin duda resulta destacable es la increíble rapidez con la que el Reon Pocket Pro Plus reacciona a los cambios en la aplicación móvil y lo sorprendentemente silencioso que resulta en la mayoría de sus niveles de potencia, lo que permite usarlo en reuniones de trabajo sin que nadie te mire raro. La gestión inteligente de la temperatura, ese modo que hace que el aparato se regule solo sin que haya que sacar el móvil del bolsillo constantemente, es otro punto que merece nuestro aplauso.

¿Demasiado caro?

En la otra cara de la moneda, está el precio, que es de 229 euros. Puede que demasiado para un ‘gadget’ cuya capacidad de enfriamiento, por pura física, no abarca la totalidad del cuerpo como lo haría el aire acondicionado de un coche. Por otra parte, hay que decir que el dispositivo se mantiene estable sobre nuestros hombros si estamos caminando, pero no sirve para salir a correr o jugar al pádel.
Llegados a este punto, la gran pregunta es obligada: ¿conviene hacerse con él o es mejor comprarse un buen ventilador y un helado? Es evidente que no estamos hablando de calderilla. Comprarlo supone una inversión considerable para un dispositivo que entra en la categoría del bienestar personal. Ahora bien, si eres de esas personas que sufren horrores con el calor en sus trayectos diarios, que llega a la oficina empapado con solo cruzar un par de calles al sol, o que padece diariamente los drásticos y gélidos cambios de temperatura en su entorno laboral, este pequeño invento le puede ser de utilidad.
Su capacidad para engañar a nuestro termostato interno y proporcionarnos un confort térmico inmediato y a la carta es asombrosa, y su versatilidad para usarlo también en invierno emitiendo un calor de lo más agradable le otorga una vida útil continuada de doce meses al año.
Si, por el contrario, lo que usted busca es un milagro tecnológico que le permita salir a correr al mediodía en pleno mes de agosto, pues lo mejor será ahorrarse el dinero que cuesta. Sony ha firmado un pequeño prodigio de la miniaturización térmica que no nos salvará del infierno de forma global, pero que sin la menor duda hará que nuestra parcela personal dentro de ese infierno sea más soportable.

Publicado: junio 10, 2026, 7:00 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/tecnologia/probamos-aire-acondicionado-portatil-miniatura-puede-salvarte-20260610133027-nt.html

Llevamos décadas soñando con un escudo invisible que nos proteja de los rigores del verano o del gélido invierno. La ciencia ficción nos había prometido trajes termorreguladores maravillosos, pero la realidad, siempre un paso por detrás de la imaginación, nos había dejado tirados con el tradicional abanico y la clásica botella de agua congelada. Sin embargo, parece que el futuro ha decidido llamar por fin a nuestra puerta, o más bien a nuestra nuca. Sony acaba de lanzar al mercado una nueva versión de su dispositivo térmico portátil, el Reon Pocket Pro Plus. Un aparato que promete ser capaz de convertirse en nuestro propio ecosistema climático personal en miniatura.

La serie tiene un origen, cuanto menos, curioso. Porque no nació como el típico producto estrella lanzado a bombo y platillo en una gran feria tecnológica internacional, sino que vio la luz allá por el año 2019 a través de una plataforma de micromecenazgo de la propia compañía en Japón. En sus inicios, era poco más que un audaz experimento diseñado en exclusiva para combatir los asfixiantes y húmedos veranos nipones. Los ingenieros buscaban una solución desesperada para los oficinistas que debían soportar el sofocante calor de Tokio enfundados en trajes y corbatas.

Aquella primera generación fue un éxito casi instantáneo, lo que demostró que había un mercado ávido de frescor portátil. Desde entonces, el dispositivo ha ido evolucionando de forma constante, puliendo sus lógicos defectos iniciales y perfeccionando su tecnología, hasta llegar a este nuevo modelo que aúna toda la experiencia adquirida durante un lustro.

A primera vista, parece un dispositivo médico del futuro, o puede que un ‘gadget’ sacado del atrezo de una película espacial. Está concebido para colocarse justo en la base del cuello, descansando sobre la parte superior de la espalda. Lejos de resultar aparatoso, la marca ha rediseñado por completo la forma en la que el aparato se adhiere a nuestra anatomía. Han bautizado este avance como un ‘diseño de sujeción adaptativa’, lo que en la práctica significa que han aumentado el grosor y el diámetro del tubo flexible mecánico que abraza nuestro cuello.

Con esa modificación han logrado incrementar la fuerza de agarre en un cuarenta por ciento en comparación con modelos anteriores. Los materiales de construcción se sienten ‘premium’, y resultan extremadamente suaves al tacto para evitar cualquier tipo de irritación en la piel con el roce, y se complementan a la perfección con un ingenioso mecanismo de salida de aire totalmente ajustable. El usuario puede modificar a su antojo la longitud y el ángulo de las rejillas de ventilación, un detalle clave que permite que el dispositivo pase lo suficientemente inadvertido bajo la ropa y disipe el calor sobrante sin importar qué tipo de cuello tenga la camisa o el vestido que llevamos puesto en ese momento.

Refrigeración en miniatura

Eso en cuanto al exterior, porque en las ‘tripas’ del dispositivo los ingenieros japoneses han logrado embutir una tecnología de refrigeración puntera en un chasis asombrosamente pequeño. Y, además, lo han hecho de forma que podemos entender su funcionamiento sin necesidad de ‘tragarnos’ un tedioso manual técnico lleno de aburridas listas de especificaciones. Todo fluye armónicamente gracias a un algoritmo de refrigeración recientemente optimizado que, combinado con un diseño térmico de alta eficiencia, consigue que este modelo sea hasta un veinte por ciento más potente y capaz que su hermano mayor.

Si activamos el modo ‘Smart Cool’, las entrañas del dispositivo trabajan a destajo para reducir la temperatura de la placa que toca nuestra piel en dos grados centígrados adicionales, convirtiéndose así en el sistema de enfriamiento más potente jamás fabricado en la historia de la serie. Para evitar que, por un exceso de potencia, acabemos convertidos en un bloque de hielo o suframos algún tipo de quemadura por frío, el aparato está plagado de finísimos sensores de altísima precisión que monitorizan la temperatura de nuestra piel en tiempo real, garantizando de esta forma una seguridad absoluta avalada por los estándares internacionales.

Un sensor externo

Este despliegue de miniaturización se complementa con un pequeño ‘escudero’ externo: el Reon Pocket Tag 2. Se trata de un diminuto sensor externo que viene incluido en el kit y que en esta generación ha adelgazado hasta ser un dieciocho por ciento más compacto. Este accesorio ha jubilado su viejo sistema de pinza trasera por un práctico agujero con mosquetón pensado para que lo colguemos de la cremallera de la mochila o de la trabilla del pantalón. Desde esa posición, el Tag medirá la humedad y la temperatura del entorno y le ‘chivará’ al dispositivo principal, por conexión inalámbrica, exactamente qué debe hacer y con qué intensidad debe trabajar para mantenernos frescos. O calientes, porque el nuevo Reon Pocket también sirve para calentarnos en invierno.

Sin embargo, la teoría (y los mensajes de márketing) son una cosa y la realidad otra muy distinta. Así que en ABC nos hemos lanzado a la calle con el dispositivo y hemos convivido con él durante un par de semanas para comprobar, en nuestras propias carnes, si de verdad es oro todo lo que reluce.

A la calle con él

La primera impresión, hay que admitirlo, te arranca una sonrisa nerviosa de pura sorpresa. Te pones el ligero collar, enciendes el aparato a través de su intuitiva aplicación móvil y, en cuestión de un par de segundos, te sientes exactamente igual que si alguien te hubiera colocado un cubito de hielo en plena columna vertebral. Es un frescor violento e instantáneo que alivia cuando estás caminando y el sol castiga sin piedad. Al andar por la ciudad a paso normal, la nueva sujeción adaptativa cumple lo que promete y el aparato apenas se mueve de su sitio.

No obstante, en honor a la verdad y al rigor, hay que dejar las cosas muy claras: el cacharro no hace magia. El frío es intenso y sumamente agradable, sí, pero está irremediablemente localizado en la pequeña zona del cuello y la espalda alta. Y el cerebro, que a veces es fácil de engañar, recibe una potente señal de que hace frío, lo que alivia enormemente la sensación de sofoco general.

Pero no nos engañemos, si estás a cuarenta grados al sol en pleno asfalto, tus brazos, tu frente y tus piernas van a seguir pasando calor e irremediablemente acabarás sudando. Además, hemos notado que la comodidad es total siempre y cuando mantengas una postura vertical, ya sea caminando o sentado recto frente al ordenador. Pero si decides tumbarte en el sofá o recostarte en la butaca a leer un buen libro con el dispositivo puesto, la dura placa central resulta bastante incómoda contra el respaldo y, casi con toda seguridad, te obligará a quitártelo.

Mejor en modo calor

Curiosamente, la mayor sorpresa de estas dos semanas de prueba intensiva no ha venido de la mano del modo de refrigeración, sino del modo de calor. En esas oficinas modernas donde el aire acondicionado está siempre a tope, activar el modo cálido del Reon proporciona un confort corporal absoluto en cuestión de segundos, lo que nos confirma que no es solo un capricho veraniego, sino un dispositivo verdaderamente útil para los gélidos días de invierno o los aires acondicionados traicioneros. Opinión que también comparten algunas de las personas (amigos y parientes) que, inevitablemente, han querido probar el dispositivo.

Pero si hay un aspecto que sin duda resulta destacable es la increíble rapidez con la que el Reon Pocket Pro Plus reacciona a los cambios en la aplicación móvil y lo sorprendentemente silencioso que resulta en la mayoría de sus niveles de potencia, lo que permite usarlo en reuniones de trabajo sin que nadie te mire raro. La gestión inteligente de la temperatura, ese modo que hace que el aparato se regule solo sin que haya que sacar el móvil del bolsillo constantemente, es otro punto que merece nuestro aplauso.

¿Demasiado caro?

En la otra cara de la moneda, está el precio, que es de 229 euros. Puede que demasiado para un ‘gadget’ cuya capacidad de enfriamiento, por pura física, no abarca la totalidad del cuerpo como lo haría el aire acondicionado de un coche. Por otra parte, hay que decir que el dispositivo se mantiene estable sobre nuestros hombros si estamos caminando, pero no sirve para salir a correr o jugar al pádel.

Llegados a este punto, la gran pregunta es obligada: ¿conviene hacerse con él o es mejor comprarse un buen ventilador y un helado? Es evidente que no estamos hablando de calderilla. Comprarlo supone una inversión considerable para un dispositivo que entra en la categoría del bienestar personal. Ahora bien, si eres de esas personas que sufren horrores con el calor en sus trayectos diarios, que llega a la oficina empapado con solo cruzar un par de calles al sol, o que padece diariamente los drásticos y gélidos cambios de temperatura en su entorno laboral, este pequeño invento le puede ser de utilidad.

Su capacidad para engañar a nuestro termostato interno y proporcionarnos un confort térmico inmediato y a la carta es asombrosa, y su versatilidad para usarlo también en invierno emitiendo un calor de lo más agradable le otorga una vida útil continuada de doce meses al año.

Si, por el contrario, lo que usted busca es un milagro tecnológico que le permita salir a correr al mediodía en pleno mes de agosto, pues lo mejor será ahorrarse el dinero que cuesta. Sony ha firmado un pequeño prodigio de la miniaturización térmica que no nos salvará del infierno de forma global, pero que sin la menor duda hará que nuestra parcela personal dentro de ese infierno sea más soportable.

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