Jorgen Watne Frydnes: «La tolerancia no es un valor abstracto. Es algo que debe practicarse» - Colombia
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Jorgen Watne Frydnes: «La tolerancia no es un valor abstracto. Es algo que debe practicarse»

Mayo es el mes de la libertad de prensa en el mundo. Este 2026, Noruega lideró una vez más el ranking que Reporteros Sin Fronteras publica desde hace 25 años. Si alguien conoce de ese tema es Jorgen Watne Frydnes, el actual secretario general … de PEN Noruega (Norsk PEN) y presidente del Comité Noruego del Premio Nobel. Suyo fue el discurso de entrega del Nobel de la Paz a María Corina Machado el pasado 2025. Como líder de la rama noruega de PEN Internacional, Frydnes trabaja en la protección de escritores perseguidos y la libertad de expresión en todo el mundo. Con una destacada trayectoria en la defensa de los derechos humanos, Watne gestionó la reconstrucción de la isla de Utoya tras la matanza de julio de 2011. A esa experiencia dedicó el libro ‘Ningún hombre es una isla’. Sobre democracia, el papel del premio Nobel de la paz y el rol de Europa, habla en esta entrevista concedida en Oslo a ABC.
—Su discurso de entrega de Nobel de la Paz 2025 desideologizó el drama venezolano. ¿El Comité es consciente de haber aportado una mirada inesperada?

—Nuestro trabajo es anunciar quién debe recibir el Premio Nobel de la Paz. Lo hacemos en octubre. Luego, cuando llega diciembre, queremos darle a la gente la posibilidad de entender por qué creemos que esa es la elección correcta. Es uno de los criterios establecidos por Alfred Nobel: el premio debe reconocer a aquel que más ha hecho por la humanidad en el año precedente. Así que el discurso de diciembre en el Ayuntamiento de Oslo es nuestra comprensión de la situación y una manera de expresar por qué creemos que ese debía de ser el enfoque del Premio Nobel ese año. Uno de los factores interesantes era que Europa, y quizá Noruega, había sido un lugar donde cierta cooperación y cierto diálogo se habían desarrollado.
—¿Qué significa hoy la palabra paz cuando la alianza atlántica se debilita? ¿El Premio Nobel de la Paz sigue teniendo el mismo significado?
—Creo que el significado es diferente. Pero también creo que hay diferentes caminos hacia la paz. Y la historia del Premio Nobel de la Paz muestra claramente que existen muchos caminos distintos hacia ella. En 2024 destacamos la importancia de los supervivientes de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Cómo ellos, contando historias, escribiendo y usando su voz, utilizaron la memoria como herramienta para ayudar a crear el tabú nuclear. Eso es muy diferente de una persona como María Corina Machado y la oposición venezolana, que luchan por la democracia. La historia del Premio Nobel de la Paz muestra que hay muchas maneras de construir paz.
—La paz hoy es es todo menos paz.
—Nuestra responsabilidad es interpretar, en nombre de Alfred Nobel y de su voluntad escrita en 1895, qué significa hoy. Cada año tenemos que interpretar y expresar nuestra comprensión de la paz en un mundo cambiante. Pero esa también es la historia del premio.
—Como escribió John Donne, y como usted mismo sugiere en su libro homónimo: ¿qué ocurre cuando las sociedades eligen comportarse como islas?
—Tanto los países como los seres humanos somos seres sociales. La sociedad crece cuando trabajamos juntos.
—Lo dice en un momento en el que los nacionalismos rebrotan.
—Históricamente, ese tipo de nacionalismo está relacionado con la violencia y el miedo. Esto lo digo no solo como presidente del Comité del Nobel sino como persona: esa no es la sociedad en la que quiero vivir. Esto no significa que no debamos permitir que la gente sea nacionalista. Pero si eso se convierte en xenofobia, racismo o extremismo, entonces es un camino peligroso.
—¿Cuántos años tenía usted cuando ocurrieron los ataques supremacistas de Utoya?
—Veintiséis —hace una pausa—. Me pidieron ser responsable de la reconstrucción y de decidir qué debíamos hacer con esa pequeña isla, a cuarenta minutos de Oslo, donde 69 personas fueron brutalmente ejecutadas, a sangre fría. Asesinadas a tiros.
—¿Cómo cambió eso su percepción del trabajo con derechos humanos?
—En Noruega, en 2011, no teníamos experiencia con terrorismo o violencia masiva. Debíamos escuchar. Pasé cuatro, cinco, seis años viajando por el país, visitando familia tras familia, superviviente tras superviviente. Necesitaba entenderlos a ellos y sus necesidades. El terrorista quería destruir los valores de esos jóvenes que iban allí a luchar por la solidaridad internacional y por una Noruega multicultural. Y nosotros, como sociedad, no podíamos aceptar que el terror dictara quiénes somos. Había muchísimo dolor. Pero avanzando paso a paso conseguimos devolverle la vida al lugar mientras manteníamos el diálogo con las familias.
—¿Hemos perdido la capacidad global de escucharnos?
—Discutir y debatir casi siempre es algo bueno. Porque si queremos encontrar soluciones necesitamos traer diferentes perspectivas. Por eso la libertad de expresión es tan importante. El gran peligro aparece cuando dejamos de escucharnos. Si dejamos de escuchar, incluso cuando estamos en desacuerdo, entonces tenemos un problema. La tolerancia no es solo un valor abstracto. Es algo que debe practicarse.
—Las instituciones asociadas al diálogo —la diplomacia, la prensa, el multilateralismo— se debilitan. ¿Cómo lidia el Comité del Nobel con eso?
—Muchas de estas instituciones liberales están en una posición débil. ¿Significa eso que debamos abandonarlas? No. Quizá necesiten cambiar drásticamente para seguir funcionando. Pero renunciar a la libertad de prensa, a la libertad de expresión o a la democracia es renunciar a los valores de Alfred Nobel. Por eso muchos de los laureados representan esos valores liberales: tolerancia, democracia y la idea de que todas las personas tienen el mismo valor. Si observas la historia del premio y entras en la sala del comité del Nobel de la Paz, donde tenemos las reuniones, en las paredes están los retratos de todos los laureados desde 1901. Y esos rostros no cuentan necesariamente una historia de éxito. Cuentan una historia de nunca rendirse. Sudáfrica es un buen ejemplo. En los años 60 el premio fue para alguien que luchaba contra el ‘apartheid’. Décadas después fueron Nelson Mandela y Frederik de Klerk. Pasaron más de treinta años entre el primer reconocimiento y el final del ‘apartheid’. Eso muestra que el Nobel no premia únicamente el éxito. Premia continuar el trabajo.
—¿Cuál es la posición del Comité del Nobel con el gesto de María Corina Machado de dejar su medalla a Donald Trump?
—Hicimos una aclaración en ese momento: el premio nunca puede regalarse. Tú lo recibes, lo aceptas y es tuyo. Así que no fue el premio lo que se entregó, sino la medalla. Y existen muchos ejemplos de cómo los laureados utilizan la medalla. Dmitri Muratov, de ‘Novaya Gazeta’ en Rusia, vendió la suya y donó el dinero a Unicef para su trabajo en Ucrania. Diferentes laureados utilizan la medalla para apoyar sus causas. No es la primera vez y probablemente no será la última. Pero lo importante para nosotros es que el reconocimiento del Premio Nobel de la Paz nunca puede ser transferido.

Publicado: mayo 10, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/jrgen-watne-frydnes-tolerancia-valor-abstracto-debe-20260507011908-nt.html

Mayo es el mes de la libertad de prensa en el mundo. Este 2026, Noruega lideró una vez más el ranking que Reporteros Sin Fronteras publica desde hace 25 años. Si alguien conoce de ese tema es Jorgen Watne Frydnes, el actual secretario general de PEN Noruega (Norsk PEN) y presidente del Comité Noruego del Premio Nobel. Suyo fue el discurso de entrega del Nobel de la Paz a María Corina Machado el pasado 2025. Como líder de la rama noruega de PEN Internacional, Frydnes trabaja en la protección de escritores perseguidos y la libertad de expresión en todo el mundo. Con una destacada trayectoria en la defensa de los derechos humanos, Watne gestionó la reconstrucción de la isla de Utoya tras la matanza de julio de 2011. A esa experiencia dedicó el libro ‘Ningún hombre es una isla’. Sobre democracia, el papel del premio Nobel de la paz y el rol de Europa, habla en esta entrevista concedida en Oslo a ABC.

—Su discurso de entrega de Nobel de la Paz 2025 desideologizó el drama venezolano. ¿El Comité es consciente de haber aportado una mirada inesperada?

—Nuestro trabajo es anunciar quién debe recibir el Premio Nobel de la Paz. Lo hacemos en octubre. Luego, cuando llega diciembre, queremos darle a la gente la posibilidad de entender por qué creemos que esa es la elección correcta. Es uno de los criterios establecidos por Alfred Nobel: el premio debe reconocer a aquel que más ha hecho por la humanidad en el año precedente. Así que el discurso de diciembre en el Ayuntamiento de Oslo es nuestra comprensión de la situación y una manera de expresar por qué creemos que ese debía de ser el enfoque del Premio Nobel ese año. Uno de los factores interesantes era que Europa, y quizá Noruega, había sido un lugar donde cierta cooperación y cierto diálogo se habían desarrollado.

—¿Qué significa hoy la palabra paz cuando la alianza atlántica se debilita? ¿El Premio Nobel de la Paz sigue teniendo el mismo significado?

—Creo que el significado es diferente. Pero también creo que hay diferentes caminos hacia la paz. Y la historia del Premio Nobel de la Paz muestra claramente que existen muchos caminos distintos hacia ella. En 2024 destacamos la importancia de los supervivientes de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Cómo ellos, contando historias, escribiendo y usando su voz, utilizaron la memoria como herramienta para ayudar a crear el tabú nuclear. Eso es muy diferente de una persona como María Corina Machado y la oposición venezolana, que luchan por la democracia. La historia del Premio Nobel de la Paz muestra que hay muchas maneras de construir paz.

—La paz hoy es es todo menos paz.

—Nuestra responsabilidad es interpretar, en nombre de Alfred Nobel y de su voluntad escrita en 1895, qué significa hoy. Cada año tenemos que interpretar y expresar nuestra comprensión de la paz en un mundo cambiante. Pero esa también es la historia del premio.

—Como escribió John Donne, y como usted mismo sugiere en su libro homónimo: ¿qué ocurre cuando las sociedades eligen comportarse como islas?

—Tanto los países como los seres humanos somos seres sociales. La sociedad crece cuando trabajamos juntos.

—Lo dice en un momento en el que los nacionalismos rebrotan.

—Históricamente, ese tipo de nacionalismo está relacionado con la violencia y el miedo. Esto lo digo no solo como presidente del Comité del Nobel sino como persona: esa no es la sociedad en la que quiero vivir. Esto no significa que no debamos permitir que la gente sea nacionalista. Pero si eso se convierte en xenofobia, racismo o extremismo, entonces es un camino peligroso.

—¿Cuántos años tenía usted cuando ocurrieron los ataques supremacistas de Utoya?

—Veintiséis —hace una pausa—. Me pidieron ser responsable de la reconstrucción y de decidir qué debíamos hacer con esa pequeña isla, a cuarenta minutos de Oslo, donde 69 personas fueron brutalmente ejecutadas, a sangre fría. Asesinadas a tiros.

—¿Cómo cambió eso su percepción del trabajo con derechos humanos?

—En Noruega, en 2011, no teníamos experiencia con terrorismo o violencia masiva. Debíamos escuchar. Pasé cuatro, cinco, seis años viajando por el país, visitando familia tras familia, superviviente tras superviviente. Necesitaba entenderlos a ellos y sus necesidades. El terrorista quería destruir los valores de esos jóvenes que iban allí a luchar por la solidaridad internacional y por una Noruega multicultural. Y nosotros, como sociedad, no podíamos aceptar que el terror dictara quiénes somos. Había muchísimo dolor. Pero avanzando paso a paso conseguimos devolverle la vida al lugar mientras manteníamos el diálogo con las familias.

—¿Hemos perdido la capacidad global de escucharnos?

—Discutir y debatir casi siempre es algo bueno. Porque si queremos encontrar soluciones necesitamos traer diferentes perspectivas. Por eso la libertad de expresión es tan importante. El gran peligro aparece cuando dejamos de escucharnos. Si dejamos de escuchar, incluso cuando estamos en desacuerdo, entonces tenemos un problema. La tolerancia no es solo un valor abstracto. Es algo que debe practicarse.

—Las instituciones asociadas al diálogo —la diplomacia, la prensa, el multilateralismo— se debilitan. ¿Cómo lidia el Comité del Nobel con eso?

—Muchas de estas instituciones liberales están en una posición débil. ¿Significa eso que debamos abandonarlas? No. Quizá necesiten cambiar drásticamente para seguir funcionando. Pero renunciar a la libertad de prensa, a la libertad de expresión o a la democracia es renunciar a los valores de Alfred Nobel. Por eso muchos de los laureados representan esos valores liberales: tolerancia, democracia y la idea de que todas las personas tienen el mismo valor. Si observas la historia del premio y entras en la sala del comité del Nobel de la Paz, donde tenemos las reuniones, en las paredes están los retratos de todos los laureados desde 1901. Y esos rostros no cuentan necesariamente una historia de éxito. Cuentan una historia de nunca rendirse. Sudáfrica es un buen ejemplo. En los años 60 el premio fue para alguien que luchaba contra el ‘apartheid’. Décadas después fueron Nelson Mandela y Frederik de Klerk. Pasaron más de treinta años entre el primer reconocimiento y el final del ‘apartheid’. Eso muestra que el Nobel no premia únicamente el éxito. Premia continuar el trabajo.

—¿Cuál es la posición del Comité del Nobel con el gesto de María Corina Machado de dejar su medalla a Donald Trump?

—Hicimos una aclaración en ese momento: el premio nunca puede regalarse. Tú lo recibes, lo aceptas y es tuyo. Así que no fue el premio lo que se entregó, sino la medalla. Y existen muchos ejemplos de cómo los laureados utilizan la medalla. Dmitri Muratov, de ‘Novaya Gazeta’ en Rusia, vendió la suya y donó el dinero a Unicef para su trabajo en Ucrania. Diferentes laureados utilizan la medalla para apoyar sus causas. No es la primera vez y probablemente no será la última. Pero lo importante para nosotros es que el reconocimiento del Premio Nobel de la Paz nunca puede ser transferido.

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