La crisis de Ormuz pone en marcha el plan para esquivar el estrecho
El anuncio de Irán el viernes de que reabriría “completamente” el estrecho de Ormuz mientras durase el alto el fuego con Estados Unidos ha durado poco. Las tensiones volvieron a escalar el sábado y alejaron las posibilidades de un acuerdo inmediato. Irán ha retomado el cierre de esta vía esencial, mientras Washington ha abierto la puerta a reanudar los ataques si no hay avances antes del próximo miércoles, cuando vence el alto el fuego. El resultado es un escenario en el que el estrecho vuelve a estar lejos de operar con normalidad. En este contexto, la crisis ha activado movimientos que apuntan en otra dirección: reducir la dependencia de Ormuz.El mercado petrolero está mostrando una capacidad de adaptación mayor de lo previsto tras el bloqueo, con un déficit de oferta que podría situarse más cerca del 5% que del 10%, según el análisis de Julius Baer. La activación de rutas alternativas, el uso de inventarios y la reconfiguración de los flujos comerciales están amortiguando el impacto inicial y alejando, al menos por ahora, los escenarios más extremos de escasez. Si el mercado es capaz de absorber un shock de este tamaño mejor de lo esperado, la dependencia real de Ormuz empieza a parecer menos absoluta de lo que se asumía.El plan para rodear Ormuz si falla la treguaLas alternativas no parten de cero ni mucho menos. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos ya disponen de oleoductos que permiten desviar en torno a 8,5 millones de barriles diarios fuera del estrecho, una capacidad relevante pero que hasta ahora se consideraba suficiente solo como respaldo. En ese contexto, distintos análisis apuntan a que otros países del Golfo están evaluando también nuevas conexiones terrestres y la posible reactivación de corredores históricos hacia el Mediterráneo.Entre las opciones que vuelven a considerarse figuran enlaces con infraestructuras existentes como el sistema egipcio SUMED, que permite transportar petróleo entre el mar Rojo y el Mediterráneo sin pasar por Ormuz, o la recuperación de antiguos trazados como el Tapline, un oleoducto que conectaba Arabia Saudí con el Mediterráneo y cuyo recorrido todavía existe en parte, lo que podría facilitar su reaprovechamiento.Escasez pese a la calma en preciosMientras tanto, el mercado está reflejando tensiones que no siempre encajan con el mensaje más tranquilo que transmiten los precios. Desde la firma Lazard advierten de que la situación actual implica escasez real, no solo subidas puntuales, en un contexto en el que más de 1.000 buques han quedado afectados y los flujos posteriores al inicio del conflicto no están compensando las salidas anteriores.La diferencia entre lo que descuenta el mercado financiero y lo que ocurre en el mercado físico empieza a ser significativa, porque los futuros pueden anticipar una normalización que, en la práctica, depende de que el suministro vuelva a fluir con cierta estabilidad. Hasta que eso no ocurra, el problema no es tanto el precio como la disponibilidad efectiva de crudo.Esa tensión se está trasladando con especial intensidad a Asia, que absorbe alrededor del 80% del petróleo de Oriente Medio y donde ya se están adoptando medidas poco habituales para gestionar la situación. Desde reducciones en el consumo hasta ajustes en la actividad económica, varios países están reaccionando ante la dificultad de asegurar suministros constantes.Dentro de este contexto, China adquiere una relevancia particular por su capacidad para amortiguar este tipo de disrupciones. El país ha acumulado en los últimos años una de las mayores reservas de crudo del mundo, con estimaciones que sitúan sus inventarios totales, incluyendo reservas estratégicas y comerciales, por encima de los 1.200 millones de barriles, e incluso en algunos cálculos cerca de 1.300 millones.Esa estrategia no se ha detenido con la crisis actual, sino que se ha intensificado. Solo en el primer trimestre de 2026, China ha seguido acumulando crudo a un ritmo superior a 1,4 millones de barriles diarios, reforzando su posición como el mayor centro de almacenamiento a nivel global.La reapertura no implica normalidadLa reapertura anunciada por Irán ha dado un respiro inmediato al mercado, con caídas de doble dígito en el precio del petróleo. Teherán ha confirmado que permitirá el tránsito comercial por el estrecho de Ormuz mientras dure el alto el fuego, aunque persisten dudas sobre el alcance temporal de esa tregua y su encaje en las distintas negociaciones abiertas en la región.A esa apertura se suma una condición relevante desde el lado estadounidense. Donald Trump ha celebrado la medida y ha asegurado que el paso está listo para el tránsito pleno, pero mantiene el bloqueo naval sobre los buques iraníes hasta que se cierre completamente el acuerdo en curso, lo que introduce un funcionamiento parcial y condicionado del estrecho.Este escenario encaja con advertencias previas de la Agencia Internacional de la Energía sobre la dificultad de recuperar la normalidad en el suministro. Su director, Fatih Birol, ya había señalado que incluso con una reanudación parcial de la operativa, la producción mundial podría tardar cerca de dos años en regresar a los niveles previos al conflicto, en un contexto en el que los flujos, la logística y la capacidad productiva necesitan tiempo para estabilizarse.
