Publicado: junio 29, 2026, 8:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/luis-perezoramas-venezuela-estado-canibal-20260629031407-nt.html
Ha escrito en estos días trágicos para Venezuela, cuando aún temblaba la piel de la tierra, cuando aún vivían los que no fueron rescatados a tiempo bajo el escombro del doble terremoto, un notable interlocutor de las ‘redes’ que el Estado chavista ha terminado … por ser un Estado caníbal.
Otro amigo, recordando un argumento que alguna vez produje sobre la misteriosa figura de nuestro primer pintor moderno, Armando Reverón, recordaba el ‘arco de las majas’ reveronianas que se iniciaron en Macuto como una noche mágica y concluyeron allí como una niebla cegadora, entre 1919 y 1954. Son esos los años en que nuestro pintor levantaba su casa primitiva, su refugio de piedras y palmas, mientras Venezuela descubría el rostro de la modernidad, su primera y monumental infraestructura moderna. Nacían bajo ese arco de tiempo los grandes edificios, las escuelas y avenidas, los hoteles y aeropuertos, cuarteles y hospitales, universidades y plazas que signaron la topografía de la Venezuela moderna.
Hace 48 horas, aturdido por la imagen de esas grandes estructuras reducidas a la ruina repentina, viendo surgir de ellas los cuerpos doloridos de las víctimas, y sobre ellas la soledad abismal de una heroica sociedad civil en labores de rescate me retumbaba incesante la pregunta sin respuesta que me persigue desde hace años: ¿Cómo fue moderna Venezuela? ¿Porqué la más luminosa de sus imágenes se hizo en el tiempo más oscuro? ¿Cómo fue posible una modernidad sin voluntad de poder (ser) modernos?
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Sunmin Moon
Quizás los venezolanos no hemos asimilado la lección de Reverón: que es posible alcanzar la luz de la modernidad sin poseer una tanática voluntad de poder; que es posible ser modernos sin imponer autoritariamente nada de esa modernidad a nadie; que es posible desde el margen alzar el más emblemático de los estandartes.
Pero también hemos vivido de espejismos: hacernos potencia, confundir riqueza y abundancia, escupir contra quien nos ha salvado, igualar al petróleo con el diablo, desconociendo la ingente labor humana que ha estado detrás de cada gota negra.
Allí donde vivía Reverón la naturaleza con su furor indiferente se ha cebado ya dos veces, dibujando también otro arco sombrío de muerte y destrucción, borrando de la faz de la tierra aquella casa de artista, y a su alrededor todo techo, todo abrigo, todo predio. El tiempo que no existe en las ecuaciones básicas de la realidad, el tiempo que los humanos le proyectamos a la duración del mundo para imponerle la ficción de una dirección indicaría que aquel arco marcaba, entre 1999 y 2026, el nacimiento y la muerte del estado caníbal, del Gobierno que se alimenta de su pueblo, nutriéndose de sus vísceras famélicas y sobreviviendo a costa del decaimiento, o de la huida sin fin de sus sujetos orgánicos, los venezolanos.
Manducación caníbal del chavismo
Tal ha sido el esperpento político inaugurado por Hugo Chávez, que ha mantenido, perfeccionado hasta el crimen y consolidado hasta el martirio de un país por Nicolás Maduro, los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello, el más extraño de los triunviratos de poder nunca impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos, contra toda verosimilitud y contra la nación que los execra.
El Ejército venezolano, que comporta más generales y almirantes que todos los Ejércitos de la OTAN reunidos, no ha dado la cara durante las primeras 48 horas en las zonas de muerte que el terremoto ha generado. Abundan peroratas ridículas de gobernantes locales posando en las redes ante las grúas que hacen falta críticamente en las zonas siniestradas. La dictadura impide que la ciudadanía espontánea –las denomina ‘fuerzas opositoras’– se organice para recabar insumos y colaborar en la búsqueda de desaparecidos o en la remoción de escombros. Sólo el partido del Gobierno está autorizado para centralizar ayudas. Estamos ante la tragedia natural más grande de la historia de esa nación. Pero estamos también ante la tragedia política más espantosa que la nación haya sufrido nunca.
No debería sobrevivir este régimen sobre la oscuridad de esta fosa funeral. La precariedad de las infraestructuras, la ausencia de normativas que garanticen la construcción antisísmica, la mediocrización de la educación técnica, la salvaje politización nacional, la censura mediática tras la tragedia, la ausencia de medios no tutelados por el Gobierno, la persecución a ONG, y la intervención política de la Cruz Roja. Todo esto, sin resquicio alguno, indica la manducación caníbal que el Estado venezolano, haciéndose trizas a sí mismo, ha efectuado sobre y contra el cuerpo político, la polis ciudadana, de su propia nación.
Nuestros vecinos en Brasil inventaron una modernidad desde el mito caníbal. Se trataba de alimentarse de culturas –no cuerpos– extranjeras para metabolizar lo propio: utopía melancólica. Venezuela tendrá que encontrarse de nuevo con su destino moderno superando el canibalismo político que la ha humillado y destruido desde 1999. Solo así habrá país, más allá de la utopía. Sólo así habrá otra vez futuro asentado sobre la fortaleza invencible de un pueblo generoso y solidario que hoy, abandonado en la soledad de un campo santo en ruinas, intenta escarbar entre lágrimas de duelo e impotencia, en medio de los escombros del pasado, el cuerpo de una esperanza por venir.
Luis Pérez-Oramas
Poeta venezolano-estadounidense
Luis Pérez-Oramas (Caracas, 1960) es un poeta, ensayista e historiador del arte venezolano, reconocido internacionalmente por su labor como curador del MoMA (Museum of Modern Art).
