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Trump cierra la campaña alertando de la llegada de «yihadistas» como el demócrata Abdul el Sayed

Donald Trump empezó hablando de algas y terminó advirtiendo de la llegada de comunistas y yihadistas al Capitolio. El cierre de campaña en Washington, junto al icónico obelisco de la capital de Estados Unidos, tuvo este lunes algo de inauguración de obra y mucho de … defensa de su propia presidencia: él había limpiado el enorme estanque que hay en ese lugar, arreglado las fuentes y, según su relato, puesto en orden el país. Ahora pedía a los estadounidenses que no se lo entregaran a quienes, aseguraba, iban a estropearlo todo, dejarlo hecho unos zorros.
Entre el césped nuevo y las amenazas a las que se enfrenta la nación, Trump encontró tiempo para prometer, como ya ha hecho antes, 5.000 dólares (4.466 euros) a cada adulto si ganaban los suyos. El Capitolio quedaba al fondo, como recordatorio de que se decide este martes si alguien puede poner límites al presidente.

El presidente señaló al candidato demócrata al Senado por Míchigan, Abdul el Sayed, y afirmó que había buscado firmas en una mezquita radical donde llamaban a Estados Unidos «la casa de Satán». «Nosotros lo llamamos la casa de Dios», añadió. A partir de esa acusación extendió el ataque a toda la oposición: «Un partido que odia a Estados Unidos no puede gobernar a la gente que construyó nuestro país».
Este martes se eligen los 435 miembros de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 senadores. También se votan gobernadores en 36 estados y numerosos cargos estatales y locales. Aunque se decide quién controla el Congreso durante los dos últimos años del mandato de Trump, la presidencia no está en juego.

Noticia relacionada

ELECCIONES DE MEDIO MANDATO EN EE.UU.

Javier Ansorena

Pero Trump sí ha actuado como si también se jugara la presidencia. Ha dado 29 mítines en dos semanas y media, con actos en estados como Texas, Misisipi, Iowa y Kansas. Ha ido hasta a Alaska, y en todos los lugares ha pedido a quienes lo llevaron de nuevo a la Casa Blanca que vuelvan a votar para defenderlo, aunque esta vez su nombre no aparezca en la papeleta. Se juega la libertad de acción de sus dos últimos años: conservar un Congreso que facilite su programa o encontrarse con una oposición capaz de bloquear sus leyes, disputar sus presupuestos e investigar a su Gobierno, hasta el extremo de un nuevo ‘impeachment’ (juicio por destitución).
Eso sí, en este último acto, en una capital donde los demócratas ganan con mayorías abrumadoras, de más del 90%, Trump se detuvo largo y tendido en sus reformas, más propias de un alcalde: las fuentes que vuelven a funcionar, las farolas reparadas, las pintadas borradas y el césped nuevo de la Casa Blanca. Explicó la importancia de una buena capa de tierra, elogió el helipuerto de la Casa Blanca y avanzó el nuevo Arco Triunfal y un nuevo campo de golf. Por momentos parecía un promotor entregando una obra. Todo servía para el mismo argumento electoral: había encontrado una capital deteriorada y la había arreglado; ahora pedía otros dos años de mayoría republicana para seguir haciendo lo mismo con el resto del país país.

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El lugar elegido era además revelador: en verano pintó de azul y reabrió el estanque, famoso por ser inmortalizado en películas como ‘Forrest Gump’, pero pronto se llenó de algas y suciedad, y tuvo que ser vaciado y reparado. Este lunes marcó su reapertura.

Promesas frente a la inflación

Hay una desconexión entre ese balance triunfal y el malestar por los precios con el que muchos estadounidenses llegan a las urnas, con una inflación del 3,7%. Trump describió un país que está «prosperando como nunca» y asegura que «hemos cumplido todas las promesas», incluso más de las que hizo. Habló de ingresos personales récord y de una pobreza en mínimos históricos, pero esas magnitudes, que presentó sin matices, no explican cuánto cuesta hacer la compra, pagar el alquiler o deber una factura médica.
Su respuesta al encarecimiento del combustible fue anunciar que el petróleo «va a bajar mucho más» porque Estados Unidos está «ganando fácilmente» la guerra con Irán, aunque esta se demora ya largos meses. En ese alegato, los problemas están resueltos o a punto de estarlo, y el peligro es que los demócratas regresen para deshacerlo todo.
A estos los presentó como «la lista de candidatos más extremista y peligrosa de la historia estadounidense», y afirmó que comparten una agenda de fronteras abiertas, subidas de impuestos, restricciones a las armas y eliminación del petróleo y el gas como combustibles porque contaminan demasiado. Los acusó también de querer permitir la entrada de millones de inmigrantes para conseguir sus votos.
También calificó al partido de «muy, muy corrupto» y denunció como «fraude electoral» la presencia en Alaska de otro candidato llamado Dan Sullivan, igual que el senador republicano que se presenta a la reelección. Una investigación del diario ‘The New York Times’ reveló que los demócratas buscaron y animaron a presentarse a otro Dan Sullivan como independiente, para beneficiar a la demócrata Mary Perolta. Su acusación general, a modo de cierre, fue: «Un partido que odia a Estados Unidos no puede gobernar a la gente que construyó nuestro país».

Publicado: noviembre 2, 2026, 3:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-cierra-campana-washington-capital-renovada-pais-20261101213038-nt.html

Donald Trump empezó hablando de algas y terminó advirtiendo de la llegada de comunistas y yihadistas al Capitolio. El cierre de campaña en Washington, junto al icónico obelisco de la capital de Estados Unidos, tuvo este lunes algo de inauguración de obra y mucho de … defensa de su propia presidencia: él había limpiado el enorme estanque que hay en ese lugar, arreglado las fuentes y, según su relato, puesto en orden el país. Ahora pedía a los estadounidenses que no se lo entregaran a quienes, aseguraba, iban a estropearlo todo, dejarlo hecho unos zorros.

Entre el césped nuevo y las amenazas a las que se enfrenta la nación, Trump encontró tiempo para prometer, como ya ha hecho antes, 5.000 dólares (4.466 euros) a cada adulto si ganaban los suyos. El Capitolio quedaba al fondo, como recordatorio de que se decide este martes si alguien puede poner límites al presidente.

El presidente señaló al candidato demócrata al Senado por Míchigan, Abdul el Sayed, y afirmó que había buscado firmas en una mezquita radical donde llamaban a Estados Unidos «la casa de Satán». «Nosotros lo llamamos la casa de Dios», añadió. A partir de esa acusación extendió el ataque a toda la oposición: «Un partido que odia a Estados Unidos no puede gobernar a la gente que construyó nuestro país».

Este martes se eligen los 435 miembros de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 senadores. También se votan gobernadores en 36 estados y numerosos cargos estatales y locales. Aunque se decide quién controla el Congreso durante los dos últimos años del mandato de Trump, la presidencia no está en juego.

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Pero Trump sí ha actuado como si también se jugara la presidencia. Ha dado 29 mítines en dos semanas y media, con actos en estados como Texas, Misisipi, Iowa y Kansas. Ha ido hasta a Alaska, y en todos los lugares ha pedido a quienes lo llevaron de nuevo a la Casa Blanca que vuelvan a votar para defenderlo, aunque esta vez su nombre no aparezca en la papeleta. Se juega la libertad de acción de sus dos últimos años: conservar un Congreso que facilite su programa o encontrarse con una oposición capaz de bloquear sus leyes, disputar sus presupuestos e investigar a su Gobierno, hasta el extremo de un nuevo ‘impeachment’ (juicio por destitución).

Eso sí, en este último acto, en una capital donde los demócratas ganan con mayorías abrumadoras, de más del 90%, Trump se detuvo largo y tendido en sus reformas, más propias de un alcalde: las fuentes que vuelven a funcionar, las farolas reparadas, las pintadas borradas y el césped nuevo de la Casa Blanca. Explicó la importancia de una buena capa de tierra, elogió el helipuerto de la Casa Blanca y avanzó el nuevo Arco Triunfal y un nuevo campo de golf. Por momentos parecía un promotor entregando una obra. Todo servía para el mismo argumento electoral: había encontrado una capital deteriorada y la había arreglado; ahora pedía otros dos años de mayoría republicana para seguir haciendo lo mismo con el resto del país país.

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El lugar elegido era además revelador: en verano pintó de azul y reabrió el estanque, famoso por ser inmortalizado en películas como ‘Forrest Gump’, pero pronto se llenó de algas y suciedad, y tuvo que ser vaciado y reparado. Este lunes marcó su reapertura.

Promesas frente a la inflación

Hay una desconexión entre ese balance triunfal y el malestar por los precios con el que muchos estadounidenses llegan a las urnas, con una inflación del 3,7%. Trump describió un país que está «prosperando como nunca» y asegura que «hemos cumplido todas las promesas», incluso más de las que hizo. Habló de ingresos personales récord y de una pobreza en mínimos históricos, pero esas magnitudes, que presentó sin matices, no explican cuánto cuesta hacer la compra, pagar el alquiler o deber una factura médica.

Su respuesta al encarecimiento del combustible fue anunciar que el petróleo «va a bajar mucho más» porque Estados Unidos está «ganando fácilmente» la guerra con Irán, aunque esta se demora ya largos meses. En ese alegato, los problemas están resueltos o a punto de estarlo, y el peligro es que los demócratas regresen para deshacerlo todo.

A estos los presentó como «la lista de candidatos más extremista y peligrosa de la historia estadounidense», y afirmó que comparten una agenda de fronteras abiertas, subidas de impuestos, restricciones a las armas y eliminación del petróleo y el gas como combustibles porque contaminan demasiado. Los acusó también de querer permitir la entrada de millones de inmigrantes para conseguir sus votos.

También calificó al partido de «muy, muy corrupto» y denunció como «fraude electoral» la presencia en Alaska de otro candidato llamado Dan Sullivan, igual que el senador republicano que se presenta a la reelección. Una investigación del diario ‘The New York Times’ reveló que los demócratas buscaron y animaron a presentarse a otro Dan Sullivan como independiente, para beneficiar a la demócrata Mary Perolta. Su acusación general, a modo de cierre, fue: «Un partido que odia a Estados Unidos no puede gobernar a la gente que construyó nuestro país».

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