Publicado: mayo 25, 2026, 12:45 pm
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La posibilidad de un acuerdo de mínimos entre EE.UU. e Irán crece, pero Donald Trump ya ha mostrado cuál es su siguiente movimiento: aprovechar el final de la guerra para revitalizar y ampliar el gran logro internacional de su primer mandato, los Acuerdos … de Abraham.
El presidente de EE.UU. ha asegurado este lunes que ha exigido a varios países de Oriente Próximo, desde Arabia Saudí a Turquía, que se sumen a estos acuerdos como parte del final de la guerra de Irán. Es decir, que reconozcan y establezcan relaciones diplomáticas con Israel, como ya hicieron en 2020 cuatro países: Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Marruecos y Sudán. Se sumaban así a los dos únicos países con relaciones con Israel, Egipto y Jordania. Kazajstán se unió a finales del año pasado.
La ampliación de los Acuerdos de Abraham sería un logro diplomático formidable para Trump y podría darle una salida airosa ante una resolución de la guerra de Irán todavía incierta. No está claro cómo se va a materializar el acuerdo entre EE.UU. e Irán, pero es posible que Trump no consiga los objetivos maximalistas que se marcó en el inicio de la guerra. En especial, su exigencia de que Irán renuncie por completo a su programa nuclear. Pero tampoco otros que formuló cuando emprendió la guerra, como propiciar un cambio de régimen y poner el Gobierno de Irán en manos de los ciudadanos iraníes.
Un acuerdo regional que abra un nuevo orden en Oriente Próximo basado en el reconocimiento a Israel sería una victoria con la que cerrar una guerra muy impopular en EE.UU. y que amenaza con destruir las mayorías republicanas en el Congreso en las elecciones de este otoño. Otra cosa diferente es que pueda conseguirlo.
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Adrián Peñacoba
«Las negociaciones con la República Islámica de Irán van muy bien», celebró Trump en su mensaje, con su proverbial optimismo, salpimentado con amenazas. «Será un gran acuerdo para todos o no habrá acuerdo, y habrá que volver al frente y a los disparos, pero mayores y más fuertes que nunca, y nadie quiere eso», añadió, en un momento en el que ambos lados rebajan la posibilidad de un acuerdo inminente.
Trump detalló que había mantenido conversaciones con los líderes de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto, Jordania y Bahrein y que les había dicho que «debería ser obligatorio para todos esos países que, como mínimo, simultáneamente, se unan a los Acuerdos de Abraham».
Pero en el mismo mensaje el propio Trump quitaba peso a su exigencia y aseguraba que «es posible que uno o dos de esos países tengan razones para no hacerlo, y eso se aceptará», en un reconocimiento de las dificultades internas que muchos tendrán para sumarse a los acuerdos.
«Pero la mayoría deberían estar listos y capaces para hacer del acuerdo con Irán un evento mucho más histórico», escribió el multimillonario neoyorquino, en una posible indicación de sus planes: esta victoria diplomática podría compensar un acuerdo -todavía no materializado- que no incluya una renuncia completa de Irán a su programa nuclear.
Frente a un acuerdo con Irán que amenaza con quedar por debajo de las propias expectativas de Trump, el presidente podría buscar compensarlo con una expansión de la normalización de las relaciones con Israel en Oriente Próximo. Algo que, en sus propias palabras, significaría «la paz en Oriente Próximo por primera vez en 5.000 años» (algo que ya anunció que había conseguido el año pasado, cuando se puso final a la guerra de Gaza), un acuerdo «con un nivel de importancia y prestigio sin paralelos».
El optimismo de Trump le llevó a deslizar que incluso Irán podría unirse a los Acuerdos de Abraham y reconocer a Israel, el mismo país que sus líderes se han comprometido a borrar del mapa durante décadas. El presidente aseguró que en su conversación con los líderes de Oriente Próximo quedó claro que sería «un honor para ellos» que Irán se sumara. «¡Guau, eso sí que sería algo especial! Este será el acuerdo más importante que ninguno de estos países grandes, pero siempre en conflicto, firmarán en su historia. Nada en el pasado o en el futuro lo superará», proclamó.
Trump imprimió una especial presión a los dos países más decisivos en el proyecto de normalización de relaciones con Israel: Arabia Saudí y Qatar. Exigió que ambos países firmen «de inmediato» su adhesión a los Acuerdos de Abraham. «Después, todo el mundo les seguirá». Y unió su petición a una amenaza: «Si no lo hacen, no deberían ser parte de este acuerdo (con Irán), muestra mala intención».
Arabia Saudí siempre se ha considerado la pieza clave para unos Acuerdos de Abraham que de verdad transformen Oriente Próximo. Es una potencia regional, un rival de Irán y un cooperador estrecho de EE.UU., tanto en el plano militar como, cada vez más, en el económico. Qatar es una bisagra decisiva en Oriente Próximo: al mismo tiempo, ha buscado mantener los canales diplomáticos abiertos a Teherán -incluso tras los bombardeos que ha sufrido en esta guerra- y acoge la mayor base militar estadounidense en la región.
