Publicado: junio 11, 2026, 4:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-amenaza-hacerse-control-petroleo-irani-20260610154237-nt.html
Donald Trump elevó este jueves la presión sobre Irán al amenazar con nuevos y más duros ataques militares y sobre todo plantear incluso que Estados Unidos podría asumir el control de la industria petrolera y gasística iraní, en una escalada que hace peligrar el … alto el fuego alcanzado semanas atrás, que cada vez más se asemeja a papel mojado.
En un mensaje publicado en redes sociales, el presidente aseguró que Estados Unidos golpeará a Irán «muy duramente esta noche» y afirmó que Washington asumirá «el control total» de las industrias del petróleo y el gas de la república islámica, incluida la estratégica terminal de la isla de Jark, por donde transita cerca del 90% de las exportaciones energéticas iraníes.
Trump llegó a comparar ese escenario con la situación de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro el pasado enero, sugiriendo que EE.UU. podría acabar gestionando de facto recursos energéticos considerados esenciales para la economía iraní. A diferencia de en Venezuela, Trump parece no tener en Irán aliados como Delcy Rodríguez, dispuestos a ceder en todo lo que exija Washington.
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David Alandete
Las declaraciones de Trump se producen después de una segunda jornada consecutiva de ataques cruzados entre Washington y Teherán. Durante la madrugada del jueves, el Mando Central estadounidense lanzó una nueva oleada de bombardeos contra instalaciones militares iraníes, incluidos sistemas de vigilancia, comunicaciones y defensa aérea. Las explosiones se escucharon en Teherán, Bandar Abbas y otros puntos próximos al estrecho de Ormuz, según AP.
Irán respondió con lanzamientos de misiles hacia Bahréin, Kuwait y Jordania, tres países que albergan instalaciones militares estadounidenses. Las autoridades jordanas aseguraron haber interceptado una veintena de proyectiles, mientras que Bahréin informó de daños materiales y de una niña herida por restos de interceptaciones.
La amenaza de Trump sobre el control de los recursos energéticos iraníes representa uno de los mensajes más agresivos pronunciados hasta ahora por el presidente desde el inicio de la crisis. Más allá de los ataques militares, apunta directamente al principal activo económico del régimen iraní: sus exportaciones de petróleo y gas. En marzo amenazó con destruir toda la civilización iraní.
El trasfondo de la disputa sigue siendo el control del estrecho de Ormuz, por donde antes del conflicto circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido en el mundo. Irán anunció este jueves el cierre del paso marítimo, aunque EE.UU. cuestionó esa afirmación. Trump aseguró además que las Fuerzas Armadas estadounidenses han desarrollado en las últimas semanas una operación secreta para garantizar el tránsito de petróleo a través de la zona pese a las restricciones impuestas por Teherán.
Según el presidente, más de cien millones de barriles de crudo habrían logrado atravesar el Estrecho gracias a esas operaciones. La cifra no ha podido ser verificada de forma independiente, y de momento las únicas ponderaciones son las del propio Trump.
Mientras tanto, las negociaciones para poner fin a la guerra permanecen bloqueadas. El Ministerio de Exteriores iraní sostuvo que los últimos ataques estadounidenses han dejado el alto el fuego «sin sentido práctico», aunque evitó anunciar formalmente su abandono.
La crisis mantiene en alerta a los mercados energéticos internacionales y acerca de nuevo a Oriente Próximo al riesgo de una guerra abierta, total, entre Estados Unidos e Irán, con consecuencias graves para el suministro mundial de petróleo.
El alto el fuego pende
La nueva escalada tuvo su origen inmediato en el derribo, el lunes, de un helicóptero Apache del Ejército estadounidense en el estrecho de Ormuz, lo que llevó a Trump a ordenar ataques de represalia contra objetivos iraníes.
El episodio se produjo después de una cadena de ataques entre Israel e Irán iniciada el domingo, cuando Israel bombardeó en el sur de Beirut posiciones de Hizbolá, la milicia respaldada por Teherán. Esa secuencia ha dejado prácticamente en suspenso el alto el fuego de abril, aunque formalmente ninguna de las partes lo ha dado aún por enterrado.
Según medios estatales iraníes, la última ofensiva de Teherán tuvo como objetivo cinco instalaciones vinculadas a la presencia militar estadounidense en la región: las bases aéreas de Ali Al Salem y Ahmed Al-Jaber, en Kuwait; el cuartel general de la Quinta Flota y la base Sheikh Isa, en Bahréin; y la base Mowafq Al-Salti, en Jordania.
Las autoridades de Amán aseguraron haber interceptado veinte misiles lanzados desde Irán, mientras que Kuwait cerró temporalmente su espacio aéreo y Bahréin pidió a la población que buscara refugio ante los ataques con misiles y drones.
La presión diplomática también aumentó. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió de que el alto el fuego se parece ya más a un «fuego menor» que a una tregua real, y alertó de que ese fuego menor puede convertirse en una guerra abierta si no se detienen los ataques. Catar condenó la reanudación de los lanzamientos iraníes y pidió evitar que la región pague las consecuencias de una nueva espiral militar.
En visita a Guantánamo, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, defendió los bombardeos como una forma de reforzar tanto la posición militar como la capacidad negociadora de Estados Unidos. «Si tenemos que negociar con bombas, negociaremos con bombas», dijo.
