Sudán, la guerra olvidada - Colombia
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Sudán, la guerra olvidada

Una mañana tranquila, una taza de ‘shai magnan’, un té especiado típico sudanés, y una dulce conversación con tu familia en el salón de tu casa. Todo aparenta calma, pero todo es efímero y se puede romper en apenas un instante. De repente, estalla el … fuego, caen las bombas y atrona un ruido ensordecedor. Hombres armados, ya sean de un bando o de otro, han entrado en tu pueblo, en el oeste de Sudán, y todo se vuelve caos. Sin apenas tiempo para entender qué está pasando, tienes que coger lo imprescindible y huir de tu hogar. ¿A dónde? A donde sea. No tienes ningún lugar al que irte, pero tampoco te puedes quedar.
El camino no es más liviano que la huida. Cada paso duele un poco más, y no son solo los pies de andar, es tu corazón. Has dejado atrás a familiares y amigos, que no han logrado sobrevivir a los ataques. Otros sí han podido escapar, pero no han conseguido resistir el trayecto. Sus cadáveres se apilan en los caminos y, ya en ese momento, eres consciente de que nadie va a venir a buscarles.

Pasan días en los que caminas sin rumbo y en el viaje encuentras a tantos otros sudaneses que, como tú, lo han perdido todo. Lo que antes era una casa con ciertas comodidades, ahora es una tienda de campaña precaria en un campo de refugiados. Si antes de la guerra podías ir al mercado a comprar alimentos para tu familia, ahora no sabes cuándo será el próximo día que comeréis algo. Ya ni siquiera puedes cerrar los ojos tranquilo para dormir, porque el temor a que te puedan volver a atacar inunda la oscuridad de la noche.

Noticia relacionada

Marina Martínez

A pesar de la distancia, tanto geográfica como de realidades, esta historia busca un acercamiento a la tragedia que asuela Sudán desde hace más de tres años. La vivencia de Mohamed Dafallah, un técnico anestesista sudanés, es la experiencia de otros 14 millones de personas que se han visto obligados a abandonar sus hogares, víctimas de la mayor crisis de desplazados del mundo. Desde 2023, el conflicto entre el Ejército de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido, un grupo paramilitar que previamente formaba parte de las Fuerzas Armadas sudanesas, ya ha afectado a más de 33 millones de personas. Aproximadamente, la mitad de la población del país ha visto como sus medios de subsistencia han quedado completamente destruidos y su supervivencia más inmediata depende de la asistencia humanitaria.
Sin embargo, estos meros datos no logran reflejar la dramática realidad del país. «Detrás de cada cifra hay una persona. Son hombres, mujeres, niños y niñas», señala Muskilda Zancada, delegada de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Madrid. Y este es precisamente el mensaje que quiere transmitir la exposición inmersiva Esperanza a la Fuerza de Médicos Sin Fronteras. «Queremos acercar a la ciudadanía las historias de quienes están viviendo la guerra en primera persona», explica Muskilda. El proyecto, que cuenta con una experiencia de realidad virtual y un cuadro del artista sudanés Rashid Diab, está expuesto entre el 1 y el 15 de julio en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y pretende mostrar las graves condiciones en las que viven, o sobreviven, tantos sudaneses.

La exposición de Médicos Sin Fronteras Esperanza a la fuerza se puede visitar en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza del 1 al 15 de julio.

(MSF)

Médicos Sin Fronteras denuncia que es «una guerra contra las personas». Su delegada regional relata que «se está llevando a cabo una violencia indiscriminada contra la gente, con una devastación absoluta de las infraestructuras civiles». Los enfrentamientos entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido no se limitan al frente de batalla, sino que se libran también en los mercados, en los hogares y en infraestructuras civiles que deberían estar protegidas por el derecho internacional.

Los civiles, las principales víctimas del conflicto

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Las principales víctimas del conflicto son los ciudadanos, que sufren los ataques y no tienen ninguna forma de defenderse. Un reciente informe publicado por Amnistía Internacional este mes de julio denuncia que las Fuerzas de Apoyo Rápido cometieron crímenes de lesa humanidad y limpieza étnica en El Fasher, en el estado sudanés de Darfur Septentrional, entre principios de 2024 y octubre de 2025. La investigación de la organización detalla asesinatos, agresiones, persecuciones y torturas a civiles, completamente vulnerables a los ataques del grupo armado. Asimismo, recoge pruebas sobre incendios y destrucción de viviendas con el objetivo marcado de que la población se vea obligada a abandonar sus hogares y no puedan regresar jamás, explica Amnistía Internacional.
Otro blanco de los ataques son los centros sanitarios y, consecuentemente, los pacientes que se encuentran en su interior. Médicos Sin fronteras ha reclamado que el 60% de los hospitales del país han sido bombardeados y saqueados, dificultando la atención médica a los sudaneses. Además, la situación empeora, ya que los enfermos no pueden ser trasladados a otras clínicas ni los medicamentos pueden repartirse por el país porque muchas vías de transporte están cerradas por los combates. Esta suma de problemas afecta a los ciudadanos víctimas de agresiones directas y también de enfermedades endémicas que se propagan entre la población sin control. Sin embargo, esta precariedad de la red sanitaria agrava todavía más la emergencia en Sudán. Carla Agulló, una anestesista de MSF que ha trabajado sobre el terreno, relata que «faltan recursos, material, quirófanos…faltan hasta manos para trabajar». Con contundencia, sentencia que «el sistema sanitario está roto, al borde del colapso».

«Se está llevando a cabo una violencia indiscriminada contra la gente, con una devastación absoluta de las infraestructuras civiles»

Muskilda Zancada
Delegada de Médicos Sin Fronteras en Madrid

A pesar de todas estas carencias, lo que más falta hace es la acción de la comunidad internacional. «No hay interés, no hay iniciativas por parte de quienes pueden y deben tomar cartas en el asunto para que haya una resolución del conflicto», reclama Muskilda. Desde Médicos Sin Fronteras señalan que la guerra de Sudán no recibe la misma atención que otros conflictos, como Ucrania o Gaza. Este apagón informativo se traduce en una escasez de apoyo para las víctimas del conflicto. La ONG recalca que «hay que dar visibilidad a una guerra que está totalmente silenciada y está teniendo un impacto tremendo en las personas».
Al final, mientras los días pasan sin lograr un acuerdo de paz, los sudaneses continúan sufriendo y no tienen medios para aliviar su situación. Toda la población del país, como el protagonista de esta historia, Mohamed Dafallah, necesita protección frente a la violencia y ayuda para subsistir. Y si no podemos dárselo, al menos podemos hablar de ellos.

Publicado: julio 9, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/poblacion-sudan-victima-violencia-olvido-guerra-solucion-20260706014304-nt.html

Una mañana tranquila, una taza de ‘shai magnan’, un té especiado típico sudanés, y una dulce conversación con tu familia en el salón de tu casa. Todo aparenta calma, pero todo es efímero y se puede romper en apenas un instante. De repente, estalla el fuego, caen las bombas y atrona un ruido ensordecedor. Hombres armados, ya sean de un bando o de otro, han entrado en tu pueblo, en el oeste de Sudán, y todo se vuelve caos. Sin apenas tiempo para entender qué está pasando, tienes que coger lo imprescindible y huir de tu hogar. ¿A dónde? A donde sea. No tienes ningún lugar al que irte, pero tampoco te puedes quedar.

El camino no es más liviano que la huida. Cada paso duele un poco más, y no son solo los pies de andar, es tu corazón. Has dejado atrás a familiares y amigos, que no han logrado sobrevivir a los ataques. Otros sí han podido escapar, pero no han conseguido resistir el trayecto. Sus cadáveres se apilan en los caminos y, ya en ese momento, eres consciente de que nadie va a venir a buscarles.

Pasan días en los que caminas sin rumbo y en el viaje encuentras a tantos otros sudaneses que, como tú, lo han perdido todo. Lo que antes era una casa con ciertas comodidades, ahora es una tienda de campaña precaria en un campo de refugiados. Si antes de la guerra podías ir al mercado a comprar alimentos para tu familia, ahora no sabes cuándo será el próximo día que comeréis algo. Ya ni siquiera puedes cerrar los ojos tranquilo para dormir, porque el temor a que te puedan volver a atacar inunda la oscuridad de la noche.

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  • Marina Martínez

A pesar de la distancia, tanto geográfica como de realidades, esta historia busca un acercamiento a la tragedia que asuela Sudán desde hace más de tres años. La vivencia de Mohamed Dafallah, un técnico anestesista sudanés, es la experiencia de otros 14 millones de personas que se han visto obligados a abandonar sus hogares, víctimas de la mayor crisis de desplazados del mundo. Desde 2023, el conflicto entre el Ejército de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido, un grupo paramilitar que previamente formaba parte de las Fuerzas Armadas sudanesas, ya ha afectado a más de 33 millones de personas. Aproximadamente, la mitad de la población del país ha visto como sus medios de subsistencia han quedado completamente destruidos y su supervivencia más inmediata depende de la asistencia humanitaria.

Sin embargo, estos meros datos no logran reflejar la dramática realidad del país. «Detrás de cada cifra hay una persona. Son hombres, mujeres, niños y niñas», señala Muskilda Zancada, delegada de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Madrid. Y este es precisamente el mensaje que quiere transmitir la exposición inmersiva Esperanza a la Fuerza de Médicos Sin Fronteras. «Queremos acercar a la ciudadanía las historias de quienes están viviendo la guerra en primera persona», explica Muskilda. El proyecto, que cuenta con una experiencia de realidad virtual y un cuadro del artista sudanés Rashid Diab, está expuesto entre el 1 y el 15 de julio en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y pretende mostrar las graves condiciones en las que viven, o sobreviven, tantos sudaneses.


La exposición de Médicos Sin Fronteras Esperanza a la fuerza se puede visitar en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza del 1 al 15 de julio.


(MSF)

Médicos Sin Fronteras denuncia que es «una guerra contra las personas». Su delegada regional relata que «se está llevando a cabo una violencia indiscriminada contra la gente, con una devastación absoluta de las infraestructuras civiles». Los enfrentamientos entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido no se limitan al frente de batalla, sino que se libran también en los mercados, en los hogares y en infraestructuras civiles que deberían estar protegidas por el derecho internacional.

Los civiles, las principales víctimas del conflicto

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Las principales víctimas del conflicto son los ciudadanos, que sufren los ataques y no tienen ninguna forma de defenderse. Un reciente informe publicado por Amnistía Internacional este mes de julio denuncia que las Fuerzas de Apoyo Rápido cometieron crímenes de lesa humanidad y limpieza étnica en El Fasher, en el estado sudanés de Darfur Septentrional, entre principios de 2024 y octubre de 2025. La investigación de la organización detalla asesinatos, agresiones, persecuciones y torturas a civiles, completamente vulnerables a los ataques del grupo armado. Asimismo, recoge pruebas sobre incendios y destrucción de viviendas con el objetivo marcado de que la población se vea obligada a abandonar sus hogares y no puedan regresar jamás, explica Amnistía Internacional.

Otro blanco de los ataques son los centros sanitarios y, consecuentemente, los pacientes que se encuentran en su interior. Médicos Sin fronteras ha reclamado que el 60% de los hospitales del país han sido bombardeados y saqueados, dificultando la atención médica a los sudaneses. Además, la situación empeora, ya que los enfermos no pueden ser trasladados a otras clínicas ni los medicamentos pueden repartirse por el país porque muchas vías de transporte están cerradas por los combates. Esta suma de problemas afecta a los ciudadanos víctimas de agresiones directas y también de enfermedades endémicas que se propagan entre la población sin control. Sin embargo, esta precariedad de la red sanitaria agrava todavía más la emergencia en Sudán. Carla Agulló, una anestesista de MSF que ha trabajado sobre el terreno, relata que «faltan recursos, material, quirófanos…faltan hasta manos para trabajar». Con contundencia, sentencia que «el sistema sanitario está roto, al borde del colapso».

«Se está llevando a cabo una violencia indiscriminada contra la gente, con una devastación absoluta de las infraestructuras civiles»

Muskilda Zancada

Delegada de Médicos Sin Fronteras en Madrid

A pesar de todas estas carencias, lo que más falta hace es la acción de la comunidad internacional. «No hay interés, no hay iniciativas por parte de quienes pueden y deben tomar cartas en el asunto para que haya una resolución del conflicto», reclama Muskilda. Desde Médicos Sin Fronteras señalan que la guerra de Sudán no recibe la misma atención que otros conflictos, como Ucrania o Gaza. Este apagón informativo se traduce en una escasez de apoyo para las víctimas del conflicto. La ONG recalca que «hay que dar visibilidad a una guerra que está totalmente silenciada y está teniendo un impacto tremendo en las personas».

Al final, mientras los días pasan sin lograr un acuerdo de paz, los sudaneses continúan sufriendo y no tienen medios para aliviar su situación. Toda la población del país, como el protagonista de esta historia, Mohamed Dafallah, necesita protección frente a la violencia y ayuda para subsistir. Y si no podemos dárselo, al menos podemos hablar de ellos.

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