Publicado: febrero 2, 2026, 9:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/jose-maria-peredo-pombo-orden-inteligente-20260202043056-nt.html
Groenlandia es el territorio geopolítico de moda y el Ártico el nuevo espacio geoestratégico donde compiten los intereses de las grandes potencias. Estados Unidos está presente en ambos, pero no tiene el dominio en ninguno de los dos. Donald Trump los ha situado en … el centro de sus aspiraciones estratégicas y de paso los ha convertido en tendencia en los últimos días, desviando así el foco informativo de otros escenarios como Ucrania y Gaza, y definiendo la agenda mediática según el criterio de Washington.
El hemisferio occidental es un área geopolítica donde la potencia combinada de Rusia y China ha conseguido rivalizar con el liderazgo estadounidense. En el Caribe y América del Sur a través del aprovisionamiento energético y la competición comercial. En el terreno político mediante la influencia social y la desestabilización fronteriza. Y en el espacio limítrofe del Ártico a través de la innovación tecnológica y la explotación conjunta de recursos. Estados Unidos cuenta con tres barcos rompehielos, frente a los 40 con los que operan conjuntamente China y, sobre todo Rusia, en el Ártico, mientras Huawei trabaja en el proyecto de conexión digital de Canadá con el Pacífico a través de nuevos tendidos de fibra.
La política exterior americana pretende reducir la presencia de sus rivales en el hemisferio y equilibrar de manera ventajosa su influencia en el Ártico. Pero con el asunto de Groenlandia, Trump ha puesto sobre la mesa un inoportuno argumento en torno a la revisión del orden internacional, que se enzarza en una jungla de demandas, como la de China en Taiwán y las de otras potencias y actores regionales en distintos territorios y archipiélagos. El revisionismo geopolítico ha sido una tendencia peligrosa en la historia y lo es hoy en la política internacional (Ucrania), y no es una fórmula inteligente para la estabilización del orden actual.
Aunque la geopolítica y el interés de las grandes potencias esté presente en cualquier configuración de un marco de convivencia internacional, tal y como la historia moderna ha demostrado, cada época tiene sus tendencias dominantes que determinan la evolución del proceso. La paz de Westfalia delimitó las fronteras en Europa, pero la tendencia transoceánica siguió modificando el espacio geoestratégico, mientras el humanismo renacentista y la Ilustración proyectaban un orden transformador desde el polo de atracción euroatlántico. El Concierto Europeo estabilizó el orden del siglo XIX, pero fue la revolución industrial la que determinó la jerarquía de potencias con Gran Bretaña a la cabeza. El final de la Guerra Fría consolidó el liderazgo de Estados Unidos, pero fueron la globalización y el liberalismo los encargados de universalizarlo.
El final de la Guerra Fría consolidó el liderazgo de Estados Unidos, pero fueron la globalización y el liberalismo los encargados de universalizarlo
Henry Kissinger advierte en el libro ‘Orden Mundial’ (2016) que la ciencia y la tecnología son los conceptos imprescindibles para gobernar nuestra era. «Lo nuevo en la era actual es la tasa de cambio de la potencia informática y la expansión de la tecnología de la información a todas las esferas de la existencia». Y haciendo un paralelismo con la era nuclear, Kissinger destaca en su emblemático ensayo que, de manera similar a como ocurrió con la disuasión nuclear, que evitó un choque devastador e incontrolable, el nuevo equilibrio en la era digital tendría que evitar un choque en el ciberespacio.
La conectividad además se multiplica con la capacidad de inmersión de la Inteligencia Artificial en los sistemas de seguridad, armamento, productivos y de comunicación a través de la programación, que convierte a esta tecnología en una tendencia hiper transformadora cuyo impacto aún no está determinado. Y con una influencia cada vez más determinante en el dominio cognitivo.
Cuando un orden es complejo, su dominio es improbable. La estabilización del orden internacional pasa por el espacio geopolítico de Groenlandia y el Ártico y también por la estabilización de regiones en conflicto. Pero la construcción de un nuevo orden basado en la inteligencia, política, humana y tecnológica, y su configuración a partir de una estrategia no consiste en dominar un espacio o vencer a un rival concreto. Porque el objetivo final no es la victoria, sino el dominio estratégico del orden.
