Publicado: junio 24, 2026, 8:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/israel-palestina-viable-solo-estado-20260624012204-nt.html
Israel celebra elecciones generales en octubre, una cita con las urnas a la que el país llega exhausto después de tres años de guerra en Gaza y varios meses de conflicto bélico con el Líbano y con Irán. La posibilidad de poner fin al ‘ … eterno’ mandato de Benjamin Netanyahu -que lleva treinta años al frente de Israel, con interrupciones- constituye sin duda el mayor aliciente de esta cita. Otro será el comportamiento de la minoría árabe con derecho a voto.
Hay un dato poco conocido quizá fuera de Israel: el 21% de su electorado es árabe (más del 80% de éste es a su vez musulmán, un 8% cristiano y un 8% druso), y por regla general vota a partidos centrados en los intereses de esa minoría no judía del Estado hebreo.
Pese a que el porcentaje de árabes israelíes crece -por mero índice de natalidad- el hecho no plantea por ahora un problema político. En primer lugar porque su participación en las urnas es más baja que la de los hebreos; y porque ese voto se reparte entre al menos cuatro partidos árabes.
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Esta realidad puede cambiar a finales de año ante la tendencia a la concentración de fuerzas. Según el centro árabe-hebreo ‘Task Force’, el 82% de los palestinos con ciudadanía israelí desean que en octubre se presente una lista única árabe. Con esa acumulación de votos en un frente único, esa minoría lograría aumentar su representación en el Parlamento (Knéset) y podría incluso formar parte -si gana la oposición laica israelí- de un futuro gobierno de coalición en Israel.
La mayor preocupación de los árabes israelíes no es el eterno ‘proceso de paz’ y la constitución de un Estado palestino vecino al del Israel, sino cuestiones reales de su vida cotidiana: seguridad en los barrios donde viven, educación y mejores trabajos. La convivencia de los árabes israelíes con los judíos es relativamente buena, a diferencia de lo que ocurre en los llamados Territorios Ocupados de Cisjordania y Gaza. Los árabes israelíes quieren demostrar que es posible la convivencia común, aunque sus mundos sean distintos.
En sus memorias como arabista, el historiador británico-israelí Bernard Lewis relata una sorprendente anécdota con Muamar Gadafi. En 2006, el dictador libio invitó al viejo profesor a Trípoli para conocerle. En un momento de la conversación, Gadafi preguntó a Lewis si era cierto que los judíos y el entonces millón largo de árabes con ciudadanía israelí mantenían una buena convivencia. «Si eso es así», concluyó Gadafi, «¿por qué no crean un solo Estado, que se llame ‘Israetina’, y de ese modo podrían anexionarse sin problemas Gaza y Cisjordania?».
Propuesta impensable
Bernard Lewis no relata su respuesta a la propuesta de Gadafi, pero es fácil imaginar que la mera idea de que Israel pudiera ser un día un solo Estado compuesto por judíos y por árabes, a partes iguales, es algo impensable para los dirigentes de ambas comunidades. Los líderes de la población palestina -que en su mayoría viven en los Territorios Ocupados y en campamentos de refugiados en países vecinos- no renunciarían, por una cuestión de principios, a la aspiración nacionalista. Son muchas décadas de guerras, y el único acuerdo alcanzado hasta hoy es el de la negociación para constituir dos Estados, impulsada en Oslo en 1991.
En el terreno judío, la cuestión tampoco se plantea porque la mera posibilidad de que un día una mayoría no hebrea pudiese cambiar el rumbo de Israel genera sudores fríos en su liderazgo político. El Estado hebreo no es confesional, pero toda su legislación está impregnada por la Torá, la ley religiosa judía.
«¿Por qué no crean un solo Estado, que se llame ‘Israetina’, y de ese modo podrían anexionarse sin problemas Gaza y Cisjordania?»
Muamar Gadafi
Ex dictador de Libia
Israel mantiene no obstante su carácter de ser la única democracia de corte occidental de Oriente Próximo, lo que explica su nivel de libertades, entre ellas la política, que permite a las minorías no hebreas tener sus propios partidos y jugar en el sistema. Otra prueba del debate por asegurar un Estado aconfesional en Israel lo revela en estas fechas la disputa -política y judicial- ante la presión de los partidos ultrarreligiosos, que piden el privilegio de que sus varones puedan eludir el servicio militar obligatorio a cambio de sus años en los seminarios de la Torá.
