Míchigan y Abdul el Sayed: los demócratas se la juegan con un musulmán que puede hacer historia - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia


Míchigan y Abdul el Sayed: los demócratas se la juegan con un musulmán que puede hacer historia

En estas elecciones legislativas en EE.UU., el demócrata Abdul el Sayed es quizá el candidato del que más se habla: desde Míchigan, podría convertirse en el primer senador musulmán de la historia del país. Pero en Dearborn, una ciudad a las afueras de … Detroit, pocos quieren hablar ahora de él. Es la gran comunidad musulmana y árabe de EE.UU. y la tensión se palpa en sus calles desoladas, a la vuelta de la gran planta histórica de Ford, un símbolo industrial de América.
Una señora con hiyab sale despavorida cuando se le pregunta por la elección. Un veterano dice que él no sabe de política. Una joven dice que no con los ojos detrás de su niqab. El dueño de un restaurante se excusa con el jaleo de su local, aunque está semivacío. Solo Sami se para antes de entrar a un supermercado, uno de los pocos lugares donde hay vida un domingo pocos días antes de la elección.

«Estamos todos entusiasmados, muy contentos de que vaya al Senado por primera vez alguien como El Sayed», asegura. Si de algún estado podía llegar el primer senador musulmán, tenía que ser Míchigan. Aunque el electorado árabe solo represente el 3% del total, es el más concentrado de todo el país. «Le vamos a apoyar al máximo», dice Sami.

Noticia relacionada

Javier Ansorena

El Sayed va a necesitar ese apoyo. En las elecciones del 3 de noviembre para renovar las dos cámaras del Congreso, los demócratas van a favor de la corriente. El desgaste de Donald Trump, su impopularidad por la guerra de Irán y sus efectos económicos pesan en los candidatos republicanos. Aquí, en Míchigan, un estado muy igualado entre republicanos y demócratas, las encuestas dan ventaja a los segundos en la elección de gobernador y en muchos distritos de la Cámara de Representantes. Pero la elección de El Sayed es diferente.
Los sondeos muestran que las cosas van muy parejas con su rival republicano, Mike Rogers. La razón es que El Sayed es un candidato incómodo para algunos electorados del Partido Demócrata y para los independientes y moderados que quieren dar la espalda a Trump. En un final de campaña abrasivo, Rogers y los republicanos han puesto su religión y su origen -sus padres son inmigrantes egipcios- en el centro de los ataques. Sus rivales le acusan de relaciones con el extremismo yihadista, le vinculan con Hamás, con los Hermanos Musulmanes, con Al Qaida.

Lo que importa es América

«Aquí estamos en América, lo que nos importa es América. Las cosas de fuera son de fuera», se defiende Sami. Pero esas cuestiones son parte esencial en la capacidad de El Sayed de ganar o no la elección. Y con ella, la capacidad de los demócratas de recuperar el Senado, algo que parecía imposible hace un año y que la impopularidad de Trump ha dado una oportunidad. La apuesta de los demócratas de Míchigan por El Sayed, que ganó las primarias por la mínima en agosto contra una candidata del ‘establishment’, les podría salir cara: perder un escaño en una campaña favorable, con la posibilidad de que les cueste el Senado.

Newsletter

A cuarenta minutos en coche de Dearborn, en la zona este de Detroit, un grupo de simpatizantes republicanos se reúne en la oficina local del partido para seguir un debate entre El Sayed y Rogers. «Es una camisa vacía. Se ve bien por fuera, pero no tiene ninguna profundidad. Y lo que defiende va en contra de los intereses de EE.UU.», dice Kurt O’Keefe antes de entrar.

«Se ve bien por fuera, pero no tiene ninguna profundidad (El Sayed). Y lo que defiende va en contra de los intereses de EE.UU.»

Kurt O’Keefe

El Sayed es un candidato con una imagen atractiva. Joven -tiene 41 años-, sonriente y lleno de músculos. Hasta algunos en el izquierdismo de EE.UU. le han acusado de ser una versión de ‘macho man’ a lo demócrata. Es también elocuente, con mucha experiencia en comunicación pública. Para los republicanos, es un lobo con piel de cordero. En el debate, Rogers insiste en la que es la tónica del final de campaña: retratarle como un extremista. Repite alusiones a vínculos con organizaciones terroristas islámicas, pese a su lejanía -la cuestión de si su madre fue activa con los Hermanos Musulmanes en la década de 1970- o poca consistencia -haber recibido donaciones de grupos o entidades que han mostrado simpatía por Hamás-.

Acusaciones

«No nos podemos permitir el coste de Abdul, no podemos correr el riesgo de su ideología», proclama Rogers. Desde la Casa Blanca, Trump va más allá. Dedica un vídeo a los votantes de Míchigan en el que llama al candidato ‘Mohammed el Sayed’ (obviando su primer nombre, Abdul, más digerible para los estadounidenses): «Es un musulmán radical, es un miembro de los Hermanos Musulmanes, aunque lo niegue», acusa. «No es para nosotros y odia a nuestro país». El vicepresidente de EE.UU., J. D. Vance, le llama «rata».
«Los republicanos han decidido que los ataques a su identidad funcionan mejor que las acusaciones sobre socialismo o extremismo económico», explica Matt Grossman, profesor de Políticas de la Universidad Míchigan State. Es un proceso que ha quedado claro en los dos últimos meses. Cuando El Sayed ganó las primarias en agosto, la crítica inmediata era la de que era un candidato socialista. Trump le calificó de «comunista» (El Sayed no forma parte de los Socialistas Demócratas de América, la facción más izquierdista del partido, pero tiene fuertes vínculos con ella).
Eso ha quedado ahora en un segundo plano y los ataques van por el lado de la religión y la identidad.

«Los republicanos han decidido que los ataques a su identidad funcionan mejor que las acusaciones sobre socialismo o extremismo económico»

Matt Grossman
Profesor de Políticas en la Universidad de Míchigan

Es algo que puede funcionar. «En nuestras encuestas, una parte de los votantes de Míchigan ven lo musulmán como algo negativo. Un 20% asegura que es menos probable que apoye a un candidato musulmán, algo que no ocurre cuando se trata de candidatos negros o hispanos, por ejemplo», explica Grossmann.
La realidad es que El Sayed sufre en electorados que son clave para los demócratas en Míchigan. Por supuesto, entre el voto judío. Ha mantenido posiciones muy duras contra Israel desde la guerra de Gaza y ha tenido comentarios muy dolorosos para la comunidad judía. Por ejemplo, esta primavera, cuando un musulmán con familiares fallecidos en Gaza atacó una sinagoga en Detroit. «Cuando se hace daño, se hace daño», dijo entonces como una forma de justificación.

Mensajes racistas

Tras ganar las primarias, El Sayed ha pedido disculpas por esos comentarios y ha buscado ganarse la confianza de los judíos demócratas. Pero muchos no los olvidarán, al igual que su cercanía a figuras controvertidas, como el influencer de extrema izquierda Hasan Piker, que ha llegado a decir que EE.UU. «merecía» los ataques del 11S. Como muestra de esa debilidad, durante ese debate, El Sayed no es capaz de pronunciarse sobre qué país es más enemigo de EE.UU. si Israel o Irán. Los republicanos que lo observan se echan las manos a la cabeza, y muchos demócratas deben estar haciendo lo mismo en su casa.
«Yo no le apoyé en primarias, me preocupaba que tuviera menos opciones de ganar el escaño», reconoce Wes Nichols, un votante demócrata a la salida de un mitin en el centro de Detroit. «Y aunque mantenga dudas sobre El Sayed, todavía hay más sobre Rogers», dice sobre el rival republicano, sobre el que pesa la sombra de Trump.
Un problema mayor para El Sayed es el voto negro, fundamental en Míchigan y donde hay una tradicional desconfianza cultural hacia los musulmanes.
«Esta debería ser una elección fácil para El Sayed, pero aquí no estamos siendo inteligentes, estamos cayendo en los mensajes racistas encubiertos sobre su condición de musulmán», reconoce Bryan Waldron, un líder comunitario de un barrio negro de Detroit. «La comunidad musulmana de Dearborn lleva ahí toda la vida, nunca fue un problema. Los ataques contra El Sayed son descaradamente racistas».
Todo esto puede quedar en segundo plano en función de cuánto pese el elemento central de estas elecciones: la impopularidad de Trump. «Sigue siendo el gran lastre para los republicanos, también en Míchigan, también para Rogers», sostiene Grossmann, el profesor de Michigan State. «Si el bandazo de voto hacia los demócratas es el que reflejan algunas encuestas a nivel nacional (doce puntos de diferencia), dará igual cómo sean las campañas en estados como Míchigan», dice sobre los ataques contra El Sayed.

Publicado: octubre 17, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/michigan-abdul-sayed-democratas-juegan-musulman-puede-20261017012345-nt.html

En estas elecciones legislativas en EE.UU., el demócrata Abdul el Sayed es quizá el candidato del que más se habla: desde Míchigan, podría convertirse en el primer senador musulmán de la historia del país. Pero en Dearborn, una ciudad a las afueras de … Detroit, pocos quieren hablar ahora de él. Es la gran comunidad musulmana y árabe de EE.UU. y la tensión se palpa en sus calles desoladas, a la vuelta de la gran planta histórica de Ford, un símbolo industrial de América.

Una señora con hiyab sale despavorida cuando se le pregunta por la elección. Un veterano dice que él no sabe de política. Una joven dice que no con los ojos detrás de su niqab. El dueño de un restaurante se excusa con el jaleo de su local, aunque está semivacío. Solo Sami se para antes de entrar a un supermercado, uno de los pocos lugares donde hay vida un domingo pocos días antes de la elección.

«Estamos todos entusiasmados, muy contentos de que vaya al Senado por primera vez alguien como El Sayed», asegura. Si de algún estado podía llegar el primer senador musulmán, tenía que ser Míchigan. Aunque el electorado árabe solo represente el 3% del total, es el más concentrado de todo el país. «Le vamos a apoyar al máximo», dice Sami.

Noticia relacionada


  • Javier Ansorena

El Sayed va a necesitar ese apoyo. En las elecciones del 3 de noviembre para renovar las dos cámaras del Congreso, los demócratas van a favor de la corriente. El desgaste de Donald Trump, su impopularidad por la guerra de Irán y sus efectos económicos pesan en los candidatos republicanos. Aquí, en Míchigan, un estado muy igualado entre republicanos y demócratas, las encuestas dan ventaja a los segundos en la elección de gobernador y en muchos distritos de la Cámara de Representantes. Pero la elección de El Sayed es diferente.

Los sondeos muestran que las cosas van muy parejas con su rival republicano, Mike Rogers. La razón es que El Sayed es un candidato incómodo para algunos electorados del Partido Demócrata y para los independientes y moderados que quieren dar la espalda a Trump. En un final de campaña abrasivo, Rogers y los republicanos han puesto su religión y su origen -sus padres son inmigrantes egipcios- en el centro de los ataques. Sus rivales le acusan de relaciones con el extremismo yihadista, le vinculan con Hamás, con los Hermanos Musulmanes, con Al Qaida.

Lo que importa es América

«Aquí estamos en América, lo que nos importa es América. Las cosas de fuera son de fuera», se defiende Sami. Pero esas cuestiones son parte esencial en la capacidad de El Sayed de ganar o no la elección. Y con ella, la capacidad de los demócratas de recuperar el Senado, algo que parecía imposible hace un año y que la impopularidad de Trump ha dado una oportunidad. La apuesta de los demócratas de Míchigan por El Sayed, que ganó las primarias por la mínima en agosto contra una candidata del ‘establishment’, les podría salir cara: perder un escaño en una campaña favorable, con la posibilidad de que les cueste el Senado.

Newsletter

A cuarenta minutos en coche de Dearborn, en la zona este de Detroit, un grupo de simpatizantes republicanos se reúne en la oficina local del partido para seguir un debate entre El Sayed y Rogers. «Es una camisa vacía. Se ve bien por fuera, pero no tiene ninguna profundidad. Y lo que defiende va en contra de los intereses de EE.UU.», dice Kurt O’Keefe antes de entrar.

«Se ve bien por fuera, pero no tiene ninguna profundidad (El Sayed). Y lo que defiende va en contra de los intereses de EE.UU.»

Kurt O’Keefe

El Sayed es un candidato con una imagen atractiva. Joven -tiene 41 años-, sonriente y lleno de músculos. Hasta algunos en el izquierdismo de EE.UU. le han acusado de ser una versión de ‘macho man’ a lo demócrata. Es también elocuente, con mucha experiencia en comunicación pública. Para los republicanos, es un lobo con piel de cordero. En el debate, Rogers insiste en la que es la tónica del final de campaña: retratarle como un extremista. Repite alusiones a vínculos con organizaciones terroristas islámicas, pese a su lejanía -la cuestión de si su madre fue activa con los Hermanos Musulmanes en la década de 1970- o poca consistencia -haber recibido donaciones de grupos o entidades que han mostrado simpatía por Hamás-.

Acusaciones

«No nos podemos permitir el coste de Abdul, no podemos correr el riesgo de su ideología», proclama Rogers. Desde la Casa Blanca, Trump va más allá. Dedica un vídeo a los votantes de Míchigan en el que llama al candidato ‘Mohammed el Sayed’ (obviando su primer nombre, Abdul, más digerible para los estadounidenses): «Es un musulmán radical, es un miembro de los Hermanos Musulmanes, aunque lo niegue», acusa. «No es para nosotros y odia a nuestro país». El vicepresidente de EE.UU., J. D. Vance, le llama «rata».

«Los republicanos han decidido que los ataques a su identidad funcionan mejor que las acusaciones sobre socialismo o extremismo económico», explica Matt Grossman, profesor de Políticas de la Universidad Míchigan State. Es un proceso que ha quedado claro en los dos últimos meses. Cuando El Sayed ganó las primarias en agosto, la crítica inmediata era la de que era un candidato socialista. Trump le calificó de «comunista» (El Sayed no forma parte de los Socialistas Demócratas de América, la facción más izquierdista del partido, pero tiene fuertes vínculos con ella).

Eso ha quedado ahora en un segundo plano y los ataques van por el lado de la religión y la identidad.

«Los republicanos han decidido que los ataques a su identidad funcionan mejor que las acusaciones sobre socialismo o extremismo económico»

Matt Grossman

Profesor de Políticas en la Universidad de Míchigan

Es algo que puede funcionar. «En nuestras encuestas, una parte de los votantes de Míchigan ven lo musulmán como algo negativo. Un 20% asegura que es menos probable que apoye a un candidato musulmán, algo que no ocurre cuando se trata de candidatos negros o hispanos, por ejemplo», explica Grossmann.

La realidad es que El Sayed sufre en electorados que son clave para los demócratas en Míchigan. Por supuesto, entre el voto judío. Ha mantenido posiciones muy duras contra Israel desde la guerra de Gaza y ha tenido comentarios muy dolorosos para la comunidad judía. Por ejemplo, esta primavera, cuando un musulmán con familiares fallecidos en Gaza atacó una sinagoga en Detroit. «Cuando se hace daño, se hace daño», dijo entonces como una forma de justificación.

Mensajes racistas

Tras ganar las primarias, El Sayed ha pedido disculpas por esos comentarios y ha buscado ganarse la confianza de los judíos demócratas. Pero muchos no los olvidarán, al igual que su cercanía a figuras controvertidas, como el influencer de extrema izquierda Hasan Piker, que ha llegado a decir que EE.UU. «merecía» los ataques del 11S. Como muestra de esa debilidad, durante ese debate, El Sayed no es capaz de pronunciarse sobre qué país es más enemigo de EE.UU. si Israel o Irán. Los republicanos que lo observan se echan las manos a la cabeza, y muchos demócratas deben estar haciendo lo mismo en su casa.

«Yo no le apoyé en primarias, me preocupaba que tuviera menos opciones de ganar el escaño», reconoce Wes Nichols, un votante demócrata a la salida de un mitin en el centro de Detroit. «Y aunque mantenga dudas sobre El Sayed, todavía hay más sobre Rogers», dice sobre el rival republicano, sobre el que pesa la sombra de Trump.

Un problema mayor para El Sayed es el voto negro, fundamental en Míchigan y donde hay una tradicional desconfianza cultural hacia los musulmanes.

«Esta debería ser una elección fácil para El Sayed, pero aquí no estamos siendo inteligentes, estamos cayendo en los mensajes racistas encubiertos sobre su condición de musulmán», reconoce Bryan Waldron, un líder comunitario de un barrio negro de Detroit. «La comunidad musulmana de Dearborn lleva ahí toda la vida, nunca fue un problema. Los ataques contra El Sayed son descaradamente racistas».

Todo esto puede quedar en segundo plano en función de cuánto pese el elemento central de estas elecciones: la impopularidad de Trump. «Sigue siendo el gran lastre para los republicanos, también en Míchigan, también para Rogers», sostiene Grossmann, el profesor de Michigan State. «Si el bandazo de voto hacia los demócratas es el que reflejan algunas encuestas a nivel nacional (doce puntos de diferencia), dará igual cómo sean las campañas en estados como Míchigan», dice sobre los ataques contra El Sayed.

Artículos Relacionados