Las reformas del régimen cubano, un parche para un sistema podrido - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia


Las reformas del régimen cubano, un parche para un sistema podrido

La reciente comparecencia del dictador Miguel Díaz-Canel, anunciando nuevas «reformas» económicas, llamando a inversores extranjeros y abriendo ciertos espacios a cubanos residentes en el exterior, no debe interpretarse como verdadera apertura. Es otra maniobra tardía, limitada y forzada por las circunstancias.El régimen castro- … comunista no reforma porque crea en la libertad económica. No abre espacios porque respete la iniciativa privada. No convoca a los cubanos del exilio porque reconozca sus derechos. Lo hace porque Cuba se hunde en una crisis terminal, porque las protestas ciudadanas crecen, porque el hambre, la miseria, los apagones y el colapso nacional son imposibles de ocultar, y porque las presiones de Estados Unidos se han intensificado.

Ya ha ocurrió antes. Después de las grandes protestas de julio de 2021, el régimen se vio obligado a permitir las llamadas MIPYMES como válvula de escape ante el descontento popular. No lo hizo por convicción ni por respeto al emprendimiento. Lo hizo para ganar tiempo, aliviar la presión social y proyectar la imagen de que algo estaba cambiando. Ahora repite la fórmula: ante una crisis mucho más profunda, vuelve con reformillas económicas, promesas imprecisas e invitaciones a invertir en una nación donde no existe Estado de derecho.

Noticia relacionada

Camila Acosta

Cuba no necesita parches. Cuba necesita una profunda reforma económica y una reforma política total. Necesita una economía de mercado real, donde se liberen las fuerzas productivas, se genere riqueza, se creen empleos, se produzcan alimentos, bienes y servicios sin el control asfixiante del Partido Comunista. Necesita que desaparezca el monopolio de la llamada empresa estatal socialista, responsable de décadas de improductividad, corrupción, ineficiencia y ruina.
Las empresas estatales deben pasar al sector privado, a cooperativas verdaderas, a propietarios reales, a emprendedores e inversionistas capaces de producir, competir y responder ante la sociedad.

Cuba necesita una economía de mercado real, donde se liberen las fuerzas productivas, se genere riqueza, se creen empleos, se produzcan alimentos, bienes y servicios sin el control asfixiante del Partido Comunista.

La agricultura cubana, destruida por la colectivización, el abandono y el control estatal, necesita una transformación radical. Las tierras deben ser devueltas a sus legítimos dueños cuando corresponda, y otras entregadas en propiedad plena a campesinos y ciudadanos verdaderamente interesados en hacerlas producir. Quien trabaje la tierra debe tener derecho a ser dueño de ella. Debe poder sembrar lo que desee, vender lo que produzca, importar maquinarias, fertilizantes, semillas, tecnología y todo cuanto necesite. También debe poder exportar libremente, sin intermediarios estatales, sin permisos políticos, sin confiscaciones y sin chantajes.

Newsletter

Esa es la liberalización que necesita Cuba: completa, profunda e irreversible. No una caricatura de apertura administrada por los mismos responsables del desastre.

Un hombre revisa su viejo Lada de la época soviética mientras el buque ARC Caribe de la Armada colombiana llega a La Habana con ayuda humanitaria.

(AFP)

Un régimen acorralado

La tesis fundamental es clara: el régimen solo concede pequeños espacios cuando se ve acorralado. Y cuando el escenario le resulta más favorable, retrocede. Lo hizo durante décadas. En los tiempos del subsidio soviético, colectivizó la economía, destruyó la propiedad privada, estatizó la agricultura y copió el modelo centralizado de tipo soviético. Cuando cayó el bloque socialista y se quedó sin oxígeno, permitió ciertos trabajos por cuenta propia. Pero cuando comenzó a recibir petróleo, dinero y apoyo político desde la Venezuela chavista, volvió a limitar, perseguir, ahogar y controlar esos pequeños espacios.
Eso mismo intentará hacer ahora si logra sobrevivir a las presiones actuales. Si en el futuro encuentra un nuevo padrino económico, una nueva Unión Soviética, una nueva Venezuela, o cualquier gobierno ideológico dispuesto a subvencionarlo; si consigue vivir de las ayudas de China, Rusia, Vietnam, México u otros aliados políticos; si logra que aumenten los recursos de proyectos de asistencia de la Unión Europea, Reino Unido, Noruega, Japón, Canadá u otros países occidentales, entonces volverá a cerrar los espacios que hoy promete abrir.
Porque el problema no es solamente económico. El problema es político y estructural. En Cuba no existe independencia de poderes. El sistema judicial depende del Partido Comunista. La Fiscalía, los tribunales, la policía, la Seguridad del Estado y la Asamblea Nacional, responden al mismo mando político. Por tanto, ningún inversionista, ningún emprendedor, ningún campesino y ningún cubano del exilio que decida invertir tendrá garantías reales.

Porque el problema no es solamente económico. El problema es político y estructural. En Cuba no existe independencia de poderes

Aunque el régimen escriba nuevas normas en papeles, esas normas no tendrán valor cuando choquen con la voluntad del poder. En una dictadura de partido único, la propiedad privada siempre está condicionada. El negocio privado existe mientras el régimen lo tolere. La empresa prospera mientras no incomode. El emprendedor avanza mientras no piense libremente, no reclame derechos, no financie causas independientes, no desafíe al poder político.
Por eso estas medidas no representan libertad económica. Representan supervivencia política. Son concesiones calculadas, revocables, condicionadas y vigiladas. No buscan empoderar al ciudadano, sino oxigenar a la dictadura. No buscan reconstruir la nación, sino salvar al régimen.

Cuba necesita garantías

Cuba necesita mucho más que permisos parciales para invertir. Necesita garantías constitucionales, libertad de empresa, propiedad privada plena, independencia judicial, pluralismo político, libertad de prensa, libertad sindical, elecciones libres y separación real de poderes. Sin eso, cualquier reforma económica será una trampa o una ilusión.
El régimen pretende remendar un traje completamente podrido. Pero Cuba no necesita remiendos. Cuba necesita cambiar de sistema y abrir de una vez las puertas a la libertad política y económica.
Mientras quienes destruyeron la nación sigan controlando las reglas del juego, ninguna «reforma» será confiable. Mientras el Partido Comunista conserve el monopolio del poder, toda apertura será reversible. Y mientras no exista libertad plena, el pueblo cubano seguirá siendo rehén de los mismos que provocaron la ruina y ahora pretenden presentarse como solucionadores.
Estas no son reformas, son parches. Y Cuba no necesita parches: necesita libertad.

José Daniel Ferrer

Ex-preso político y activista cubano
José Daniel Ferrer es un conocido opositor cubano que ha pasado al menos 14 años en las cárceles cubanas por denunciar la falta de libertades en la isla. Pertenece al conocido como grupo de los 75, que fueron encarcelados en la Primavera Negra, entre los que había periodistas, activistas y opositores. Tras años negándose a cambiar la cárcel por el exilio, finalmente salió de Cuba el pasado otoño, instalándose en Miami, desde donde sigue su labor para devolver la democracia a su país.

Publicado: junio 12, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/reformas-regimen-cubano-mero-parche-sistema-podrido-20260612013509-nt.html

La reciente comparecencia del dictador Miguel Díaz-Canel, anunciando nuevas «reformas» económicas, llamando a inversores extranjeros y abriendo ciertos espacios a cubanos residentes en el exterior, no debe interpretarse como verdadera apertura. Es otra maniobra tardía, limitada y forzada por las circunstancias.

El régimen castro-comunista no reforma porque crea en la libertad económica. No abre espacios porque respete la iniciativa privada. No convoca a los cubanos del exilio porque reconozca sus derechos. Lo hace porque Cuba se hunde en una crisis terminal, porque las protestas ciudadanas crecen, porque el hambre, la miseria, los apagones y el colapso nacional son imposibles de ocultar, y porque las presiones de Estados Unidos se han intensificado.

Ya ha ocurrió antes. Después de las grandes protestas de julio de 2021, el régimen se vio obligado a permitir las llamadas MIPYMES como válvula de escape ante el descontento popular. No lo hizo por convicción ni por respeto al emprendimiento. Lo hizo para ganar tiempo, aliviar la presión social y proyectar la imagen de que algo estaba cambiando. Ahora repite la fórmula: ante una crisis mucho más profunda, vuelve con reformillas económicas, promesas imprecisas e invitaciones a invertir en una nación donde no existe Estado de derecho.

Noticia relacionada


  • Camila Acosta

Cuba no necesita parches. Cuba necesita una profunda reforma económica y una reforma política total. Necesita una economía de mercado real, donde se liberen las fuerzas productivas, se genere riqueza, se creen empleos, se produzcan alimentos, bienes y servicios sin el control asfixiante del Partido Comunista. Necesita que desaparezca el monopolio de la llamada empresa estatal socialista, responsable de décadas de improductividad, corrupción, ineficiencia y ruina.

Las empresas estatales deben pasar al sector privado, a cooperativas verdaderas, a propietarios reales, a emprendedores e inversionistas capaces de producir, competir y responder ante la sociedad.

Cuba necesita una economía de mercado real, donde se liberen las fuerzas productivas, se genere riqueza, se creen empleos, se produzcan alimentos, bienes y servicios sin el control asfixiante del Partido Comunista.

La agricultura cubana, destruida por la colectivización, el abandono y el control estatal, necesita una transformación radical. Las tierras deben ser devueltas a sus legítimos dueños cuando corresponda, y otras entregadas en propiedad plena a campesinos y ciudadanos verdaderamente interesados en hacerlas producir. Quien trabaje la tierra debe tener derecho a ser dueño de ella. Debe poder sembrar lo que desee, vender lo que produzca, importar maquinarias, fertilizantes, semillas, tecnología y todo cuanto necesite. También debe poder exportar libremente, sin intermediarios estatales, sin permisos políticos, sin confiscaciones y sin chantajes.

Newsletter

Esa es la liberalización que necesita Cuba: completa, profunda e irreversible. No una caricatura de apertura administrada por los mismos responsables del desastre.


Un hombre revisa su viejo Lada de la época soviética mientras el buque ARC Caribe de la Armada colombiana llega a La Habana con ayuda humanitaria.


(AFP)

Un régimen acorralado

La tesis fundamental es clara: el régimen solo concede pequeños espacios cuando se ve acorralado. Y cuando el escenario le resulta más favorable, retrocede. Lo hizo durante décadas. En los tiempos del subsidio soviético, colectivizó la economía, destruyó la propiedad privada, estatizó la agricultura y copió el modelo centralizado de tipo soviético. Cuando cayó el bloque socialista y se quedó sin oxígeno, permitió ciertos trabajos por cuenta propia. Pero cuando comenzó a recibir petróleo, dinero y apoyo político desde la Venezuela chavista, volvió a limitar, perseguir, ahogar y controlar esos pequeños espacios.

Eso mismo intentará hacer ahora si logra sobrevivir a las presiones actuales. Si en el futuro encuentra un nuevo padrino económico, una nueva Unión Soviética, una nueva Venezuela, o cualquier gobierno ideológico dispuesto a subvencionarlo; si consigue vivir de las ayudas de China, Rusia, Vietnam, México u otros aliados políticos; si logra que aumenten los recursos de proyectos de asistencia de la Unión Europea, Reino Unido, Noruega, Japón, Canadá u otros países occidentales, entonces volverá a cerrar los espacios que hoy promete abrir.

Porque el problema no es solamente económico. El problema es político y estructural. En Cuba no existe independencia de poderes. El sistema judicial depende del Partido Comunista. La Fiscalía, los tribunales, la policía, la Seguridad del Estado y la Asamblea Nacional, responden al mismo mando político. Por tanto, ningún inversionista, ningún emprendedor, ningún campesino y ningún cubano del exilio que decida invertir tendrá garantías reales.

Porque el problema no es solamente económico. El problema es político y estructural. En Cuba no existe independencia de poderes

Aunque el régimen escriba nuevas normas en papeles, esas normas no tendrán valor cuando choquen con la voluntad del poder. En una dictadura de partido único, la propiedad privada siempre está condicionada. El negocio privado existe mientras el régimen lo tolere. La empresa prospera mientras no incomode. El emprendedor avanza mientras no piense libremente, no reclame derechos, no financie causas independientes, no desafíe al poder político.

Por eso estas medidas no representan libertad económica. Representan supervivencia política. Son concesiones calculadas, revocables, condicionadas y vigiladas. No buscan empoderar al ciudadano, sino oxigenar a la dictadura. No buscan reconstruir la nación, sino salvar al régimen.

Cuba necesita garantías

Cuba necesita mucho más que permisos parciales para invertir. Necesita garantías constitucionales, libertad de empresa, propiedad privada plena, independencia judicial, pluralismo político, libertad de prensa, libertad sindical, elecciones libres y separación real de poderes. Sin eso, cualquier reforma económica será una trampa o una ilusión.

El régimen pretende remendar un traje completamente podrido. Pero Cuba no necesita remiendos. Cuba necesita cambiar de sistema y abrir de una vez las puertas a la libertad política y económica.

Mientras quienes destruyeron la nación sigan controlando las reglas del juego, ninguna «reforma» será confiable. Mientras el Partido Comunista conserve el monopolio del poder, toda apertura será reversible. Y mientras no exista libertad plena, el pueblo cubano seguirá siendo rehén de los mismos que provocaron la ruina y ahora pretenden presentarse como solucionadores.

Estas no son reformas, son parches. Y Cuba no necesita parches: necesita libertad.

José Daniel Ferrer

Ex-preso político y activista cubano

José Daniel Ferrer es un conocido opositor cubano que ha pasado al menos 14 años en las cárceles cubanas por denunciar la falta de libertades en la isla. Pertenece al conocido como grupo de los 75, que fueron encarcelados en la Primavera Negra, entre los que había periodistas, activistas y opositores. Tras años negándose a cambiar la cárcel por el exilio, finalmente salió de Cuba el pasado otoño, instalándose en Miami, desde donde sigue su labor para devolver la democracia a su país.

Artículos Relacionados